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sábado, 1 de diciembre de 2012

Rosas y el Estrecho de Magallanes

   Publicado en el Periódico El Restaurador - Año VII N° 25 - Diciembre 2012 - Pags. 12 a 16 

Rosas y el Estrecho de Magallanes

por Norberto J. Chiviló

Estrecho de Magallanes
Juan Manuel de Rosas. Litografía de la época (A)


En el anterior número de este periódico escribí sobre "Sarmiento y el Estrecho de Magallanes"; en éste  y como lo adelantamos en aquél artículo, me referiré a la actitud que Rosas asumió como encargado de la Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina, sobre ese delicado tema.

En primer lugar voy a hacer una aclaración. Un lector, me preguntó si yo había estudiado los antecedentes jurídicos del conflicto que nuestro país tuvo con el de Chile sobre los derechos al Estrecho de Magallanes. Debo aclarar que la intención del artículo no fue el de historiar -salvo en forma muy breve- los antecedentes jurídicos del entredicho, en primer lugar porque no puedo adentrarme en temas que exceden lo que pueda incluirse en estas páginas, no solo por la extensión que el tratamiento de ellos puedan demandar, sino también que éste periódico, además de ser leído por personas que están en el tema histórico, en realidad se dirige principalmente a la gente común, que a lo mejor no tienen profundos conocimientos de la historia. Además, la cuestión de Magallanes ya fue resuelta -para bien o para mal- por tratados firmados por nuestro país, con nuestro vecino, hace ya muchísimo tiempo y no tiene sentido, salvo para el estudioso del tema, desarrollar los antecedentes jurídicos del conflicto.

Sí quise historiar la actitud de un hombre -Faustino D. Sarmiento- a quien la historia oficial y el común de la gente, tiene colocado en uno de los más altos pedestales de nuestra nacionalidad -injustamente a mi entender- y que fue uno de los responsables, -para no decir el principal-, quien con su prédica impulsó a Chile a ocupar territorios que nunca le habían pertenecido. Este personaje con posterioridad, llegó ocupar la más alta Magistratura de nuestra Nación. Cosas que pasan en nuestro país.

Escritores e historiadores contrarios a Rosas, a la par que lo critican, porque según ellos, nada hizo para defender tales territorios, se callan bien la boca para referirse a quien con su prédica y la campaña llevada a cabo desde la prensa trasandina instigó y promovió la ocupación de un territorio patrio por una potencia extranjera, que a la postre significó la pérdida para nuestro país de ese importante y estratégico territorio. Los acontecimientos históricos no son analizados por muchos con la mesura y objetividad que merecen, pues no ven que esa campaña desatada por Sarmiento, no dañaba a Rosas sino en realidad dañaba a nuestro país. Esta es otra cosa que pasa en nuestro país.

Además, los acontecimientos y hechos históricos no están desgajados entre sí o son hechos aislados unos de otros, sino que para analizarlos debemos adentrarnos en la época en la que ocurrieron y analizarlos con relación a otros que se daban en forma simultánea, más aún en la cuestión de Magallanes. 

Chile aprovechó las oportunidades históricas que se le presentaron, como ser las guerras civiles en los países limítrofes, cuestiones internacionales que les eran favorables, debilidad de los gobiernos vecinos, todo ello para realizar planteos con la finalidad de expandirse y agrandar su territorio... y vaya si lo logró!. El Chile de hoy nada tiene que ver con el Chile de la época de su independencia. Prácticamente durante dos siglos, nuestro vecino triplicó su territorio. 

La fundación de Fuerte Bulnes en el Estrecho de Magallanes, por parte de los chilenos se produjo el 21 de setiembre de 1843, procediendo a la realización de una serie de actos formales que señalamos en el artículo anterior, lo que es demostrativo que Chile nunca había tenido antes la posesión del Estrecho.

Pero, ¿cuál era la situación de la Confederación Argentina en aquellos momentos?. 

No obstante la firma del tratado Arana-Mackau (fines de 1840), los problemas internacionales de la Argentina no habían terminado, ya que por el contrario se fueron incrementando. Fructuoso Rivera, quien había desplazado al legal Presidente del Uruguay, Manuel Oribe y se había posesionado de Montevideo, se encontraba en guerra contra la Confederación, contando con la ayuda y complicidad de los franceses e ingleses -y también de la Comisión Argentina, formada por unitarios expatriados-, quienes no habían mantenido las normas de neutralidad que el conflicto imponía, sino que por el contrario tomaron partido por aquél. La situación de la Confederación era muy complicada, se habían suscitado continuos problemas entre navíos argentinos y los de otras potencias (ingleses, franceses, estadounidenses), como publicamos en la pág. 4 del número anterior, posteriormente se produjo el robo de la escuadra argentina en agosto de 1845 y unos meses más, se produjo la desembozada intervención anglofrancesa, con una situación de guerra no declarada que denominamos la "Guerra del Paraná". Rosas no quería ni podía abrir un segundo frente de conflicto con los chilenos, ni estaba en condiciones materiales de hacerlo, lo que fue aprovechado evidentemente por estos para afianzarse en aquellos lejanos territorios de Magallanes. Pero lo que sí es inconcebible, es que "argentinos" en aquellas circunstancias, tomaran partido por Chile en un conflicto con la Argentina e "historiadores" oculten ese hecho o lo justifiquen de cualquier forma. El lector sabrá darles el calificativo correcto.

Pero cuando las cosas ya comienzan a tomar otra dirección en el Plata, con el levantamiento del bloqueo, Rosas se decide a tomar cartas en el asunto de Magallanes y así, el 15 de diciembre de 1847, el gobierno argentino, por medio del Canciller Felipe Arana, reclama al chileno por la ocupación de aquellos territorios que se consideraban nuestros.  

En dicha protesta, el gobierno nacional, dice: 

"Repetidas veces, había llamado la atención del Gobierno... sobre una nueva colonia que el Excmo. Gobierno de esa República había mandado formar en las costas del Estrecho de Magallanes y la que se denominaba «Colonia Magallanes» o Fuerte Bulnes en honor de su actual digno Presidente. Las urgentes atenciones de que por algunos años se veía rodeado y la necesidad de atender con preferencia a la defensa nacional y la independencia de la República amenazada por la inhumana intervención europea, le impidieron tomar seguros actos y conocimientos sobre la posición geográfica de dicha colonia, y si ella estaba situada en territorio chileno, si se había traspasado sus límites naturales y fundándose en el de la República Argentina. Pero en el decurso de este tiempo el Gobierno del infrascripto ha llegado a convencerse que la enunciada Colonia se halla situada en territorio de esta República (Argentina), y que ocupando el mismo lugar que en el tiempo de la monarquía española tuvo el puesto de San Felipe, conocido hoy por la generalidad de los geógrafos por Puerto del Hambre, está en la parte más austral de la península de Brunswick y por consiguiente casi al centro del Estrecho. Siendo tal la colocación de la colonia, es claro que ella está fundada en territorio argentino, atendido los límites mismos que la República de Chile se da en su propia constitución nacional. La gran cadena de los Andes ha limitado sus territorios para la Confederación Argentina, y estos límites naturales han sido los que en todo tiempo se han reconocido a la República de Chile. En la cumbre oriental de esa cadena empieza a nacer el territorio argentino que confina en toda su extensión hasta el Cabo de Hornos. Situado el fuerte «Bulnes» en la península indicada, su posición geográfica demarca que ella ocupa una parte central de la Patagonia y por consecuencia natural, que en su fundación se ha destruido la integridad del territorio argentino y su pleno dominio en las tierras que comprende el estrecho desde el mar Atlántico hasta el Pacífico a cuya embocadura en este mar alcanza la gran cordillera de los Andes, límite reconocido de la República de Chile. El Gobierno del infrascripto está animado a creer que el Excmo. de la República de Chile no abrigará la menor duda sobre los indisputables derechos del Gobierno argentino al Estrecho de Magallanes y tierras que lo circundan. De los tiempos más remotos en que la monarquía española tomó posesión de esta parte de América y en que estableció las gobernaciones e intendencias, tanto de la actual República de Chile, como las de la Confederación, las órdenes para la vigilancia y policía del Estrecho de Magallanes como para otros objetos que le eran relativos así como las de sus islas adyacentes y la Tierra del Fuego, siempre fueron dirigidas a los gobernadores y virreyes de Buenos Aires como autoridad a la que estaba sujeta toda esa parte de territorio". 

"Las repúblicas de la América del Sur, al desligarse de los vínculos que las unían a la Metrópoli, y al constituirse en estados soberanos e independientes, adoptaron por base de su división territorial la misma demarcación que existía entre los varios Virreynatos que la constituían. Sentado este principio, que es, de suyo inconcuso y siendo sin la menor duda el hecho de la autoridad que han ejercido los gobernantes de la de Buenos Aires sobre la vigilancia del estrecho de Magallanes, es evidente entonces que la colonia mandada fundar por el Excmo. Gobierno de Chile en dicho Estrecho, ataca la integridad del territorio argentino, y se avanza sobre sus propios límites, con mengua de su perfecto dominio y de sus derechos de soberanía territorial...".

Asimismo el gobierno encomendó a Pedro De Ángelis, quien en 1836/1837 había publicado su Colección de obras y documentos relativos a la historia antigua y moderna de las Provincias del Río de la Plata que contenía variada documentación de viajes y expediciones a las costas de la patagonia, que reuniera todos los antecedentes y redactara un trabajo sobre los derechos que le asistían a nuestro país, sobre la parte austral del continente hasta el Cabo de Hornos, instruyendo Rosas personalmente a De Ángelis, para que el trabajo fuera lo más completo posible "defendiendo la posesión y justo título que todos los gobiernos de América tienen a sus territorios, aun cuando no estén poblados hoy, y muy principalmente el de esta República, a todas las tierras de la  Patagonia hasta el Cabo de Hornos."

Así De Ángelis redactó una Memoria histórica sobre los derechos de soberanía y dominio de la Confederación  Argentina a la parte austral del continente americano. Afirmará De Ángelis en ese trabajo: "Si cada Estado, por ambición o egoísmo, abusase de su poder para ensanchar su territorio, muy luego todo este continente se convertiría en una palestra en que se verían combatir a los individuos de la misma familia, no para defenderlo contra los extranjeros que lo amagan, sino contra sus propios hermanos..." y allí reseña De Ángelis  las distintas intervenciones europeas en América para continuar "...Lejos de romper los lazos que unen a los Estados Americanos, deben esmerarse sus Gobiernos en hacerlos más firmes e indisolubles, para oponerse a las tendencias agresoras de la Europa. Sólo así pueden esperar librarse de sus acometimientos...". Ese argumento demostraba una posición americanista, como siempre la tuvo el gobierno de Rosas. La Memoria, estaba acompañada por casi un centenar de valiosos documentos de la Corona española, que daban sustento jurídico a la posición argentina. 

El jurista Dalmacio Vélez Sársfield, unitario, pero que residía en Buenos Aires -sin ser molestado e incluso era recibido en la casona de Rosas en Palermo, en las tertulias que organizaba Manuelita Rosas-, consultado por el gobierno acerca del trabajo realizado por De Ángelis, manifestó: "Yo, después de estudiar esa Memoria, contesté al Gobierno que la juzgaba una obra acabada, pues los documentos que su autor había reunido demostraban hasta la evidencia los indudables derechos de la república a todas las tierras que se extienden hasta el Cabo de Hornos". También manifestó que De Ángelis solo se había limitado a estudiar los derechos argentinos, pero no así los chilenos, seguramente porque en aquel momento no se conocían elementos de juicio que aparecieron posteriormente, fue entonces que el gobierno de Rosas en 1850 le encargó realizara ese trabajo que el jurista materializó en la obra Discusión sobre los títulos del gobierno de Chile a las tierras del estrecho de Magallanes, donde prueba que Chile nada había hecho -contrariamente a lo realizado por Buenos Aires- por explorar, colonizar y defender la Patagonia. A su trabajo -que fue finalizado un año y medio después de la caída de Rosas-, también suma una serie de Cédulas y Reales Ordenes para Buenos Aires sobre las tierras australes hasta el Cabo de Hornos. 

Lamentablemente todos esos trabajos que se prepararon para entablar una discusión con el país trasandino por los derechos a las tierras australes, prácticamente quedaron en la nada, ya que el gobierno de Rosas con posterioridad y al poco tiempo se vio inmerso en la segunda guerra contra el Imperio del Brasil, aliado éste de Justo José de Urquiza, que culminaría con la derrota argentina en Caseros y el exilio del Restaurador.   

"Pepita" Gómez (B)

Ya en el exilio y en su ancianidad, en carta que le envió a su amiga Josefa "Pepita" Gómez, el 9 de setiembre de 1872, Rosas le manifestó: 

"...En cuanto a la cuestión con Chile, son indudables los derechos de la Confederación Argentina a toda la región Patagónica, el Estrecho de Magallanes, las tierras de los Estados, las del fuego, Cabo de Hornos, y costas en ambos Océanos, hasta la intersección de la cordillera de los Andes. Todos los documentos originales que lo acreditan, se registran, con sus correspondientes carpetas relativas, y notas oficiales, en el Archivo general, y en el del Ministerio de R. Exteriores del Gobierno Bonaerense, encargado, entonces, de los correspondientes a la Confederación. Los redactores de la prensa chilena que han tratado sobre este asunto han escrito con mucho extravío, en orden a los principios del derecho de gentes, aplicables a la cuestión del estrecho de Magallanes, en ambos Océanos, y costa del Norte y Sud.

El Señor Dn. Francisco Xavier Rosales, en su carta en París a 13 de Enero de 1850, al redactor del Mercurio, dice:

«Si yo hubiera dicho que Chile no tenía derechos que hacer valer, o cosa parecida, justo sería la reprobación de esa aserción; pero cuando por el contrario digo, que no conozco los fundamentos en que el Gobierno se apoya, reconozco tácitamente los que haga valer, en defensa de ese dominio, y no vacilo en convenir desde ahora, que la Ley 12 de Indias, título 15, libro 2º de la Recopilación, de 17 de Febrero de 1606, bajo el Reynado de Felipe 3º, que la Crónica cita en uno de sus números, no deja duda de la legitimidad de nuestro dominio sobre el Estrecho, y que por consiguiente se debe sostener ileso el derecho de la República a colonizar el Estrecho».

Cuando eso escribió, no tuvo a la vista, o no se fijó, en que la Real Cédula de la Erección del Virreynato de Buenos Aires, del 1º de Agosto de 1777, publicada también en la “Crónica” de Chile el 29 de Julio de 1849, dice: «He venido en crearos por mi Virrey, Gobernador, y Capitán General, de las de Buenos Ayres, Paraguay, Tucumán, Santa Cruz de la Sierra, Charcas, y de todos los corregimientos, pueblos, y territorios a que se extiende la jurisdicción de aquella Audiencia, la cual podéis Presidir en el caso de ir a ella».

El Señor Dn. Baldomero García, hostilizado por sus contrarios políticos de un modo alarmante, se asustó de tal modo según su carácter tímido, que enfermó de miedo, nada hizo en cumplimiento de sus instrucciones, y suplicó encarecidamente a su Gobierno por el permiso para retirarse. El Gobierno, persuadido que el de Chile toleraba aquella licencia, concedió al Señor Ministro García el permiso para retirarse, y nombró en su lugar al Señor Otero.

El Gobierno, entonces, tan ocupado y contraído puramente a las atenciones de la Sublevación e invasión de S.E. el Señor General Urquiza, auxiliado por fuerzas extranjeras, y hechos coercitivos de otras naciones poderosas, no pudo ocuparse del envío del Señor Ministro Otero, y ese asunto, por ello, así quedó. Además de las cédulas  de la erección del Virreynato de Buenos Ayres; por la serie de Reales órdenes y cédulas, desde 1681 hasta 1792, se ve a clara luz que el Gobierno Español consideraba bajo la jurisdicción del Gobierno de Bs. As. las costas Patagónicas, el Estrecho de Magallanes, las tierras del fuego, y las de los Estados, en toda la extensión del Estrecho en ambos Océanos. Si no se rechazase, con claridad y firmeza, el título territorial alegado por Chile, como proveniente del dominio español, solamente con los del mismo origen se perjudicarían, además, la razón y principios sostenidos por el Gobierno Argentino, en la Guerra contra el General Santa Cruz, en la cuestión con el Paraguay, en la presente, con Chile; y que ha de servir de base siempre en cuantas cuestiones territoriales hayan de ventilarse, con el Brasil, Bolivia, y para la fijación de límites del Estado Oriental. Aún cuando por la ley Española, que cita la “Crónica” (se refiere a la del 17 de febrero de 1606), se adjudicaba por distrito a la Audiencia de Chile «lo que se redujere, poblare, y pacificare, dentro y fuera del Estrecho de Magallanes, y la tierra adentro, hasta la Provincia de Cuyo inclusive», esa disposición, repito, fue derogada posteriormente, así por la incorporación al virreynato de Buenos Ayres, de las Provincias de Cuyo, como por la jurisdicción, mando y dominio que el Gobierno Español dió a los virreyes de Buenos Ayres, por cédulas y órdenes reales posteriores, sobre la Costa Patagónica, Estrecho de Magallanes, tierras del fuego, y de los Estados, en toda la extensión del Estrecho, entre los dos Océanos; y por las expediciones posteriores, hasta la comandada por el General Rosas, que se hicieron por el Gobierno Argentino, en aquellas Regiones. En cuanto a los demás alegatos, unos son inaplicables al asunto en cuestión, otros totalmente contrarios al derecho natural, y de Gentes.

Entre los inaplicables se halla el principio equivocado de que, «un territorio limítrofe, pertenecerá a aquél de los Estados a quien aproveche su ocupación, sin dañar, ni menoscabar, los intereses del otro».

En el caso presente la ocupación aprovecha al Gobierno Argentino; la ocupación por Chile daña a los intereses de la Confederación; y por lo tanto el principio citado no es aplicable, y viene a ser negatorio, porque con el mismo se redarguye contra la ocupación que ha hecho Chile, contra la utilidad y daño de la Confederación. Y en cuanto al principio mismo, puede invocarse en todos los casos de usurpación, y conquista, constituyéndose un Estado, en Juez de los intereses de otro. Innovación inaudita en el derecho de las Naciones.

El principio de primer ocupante atribuido a Chile, no es aplicable a esta cuestión. El derecho de primer ocupante es reconocido por la Ley pública. Pero ese derecho perteneciente a la España se transmitió, y retrovertió, al Gobierno Argentino, al tiempo de la emancipación. Precisamente esa es la cuestión de los títulos territoriales, que se discute de parte de la Confederación y Chile, derivados del Gobierno Español. No es necesaria la posesión efectiva, desde que se sostenga el derecho de primer ocupante, o título primitivo, como le sucede a Chile, en los territorios desiertos de su descripción topográfica política, cuyo derecho sostiene, como derivado y transmitido del dominio Español. El principio de prescripción que también se alega en favor de Chile como el principio igualmente invocado de reconocimiento “tácito”, por parte del Gobierno de Buenos Ayres, son imaginarios, absolutamente desconocidos en la ley de las Naciones.

La posesión de un Estado sobre el derecho de otro es, por derecho de Gentes, una usurpación, y el título legal de la Nación despojada, no aparece aunque ésta, por motivos de necesidad, no puede reivindicarlo en largo tiempo. Debe, pues, tenerse en vista, que si la ley de Indias, citada por la Crónica de Chile, dice «lo que se descubriere, poblare, y pacificare, dentro, y fuera del Estrecho», eso sucedió en una época en que el Perú, Chile, y Buenos Ayres formaban una misma repartición Colonial, dependiente del Virrey del Perú. Tan cierto es esto, que los historiadores Dn. Jorge Juan, y Ulloa, al describir los límites del Perú, le dan por pertenencias, el Reino de Chile y la Gobernación y Capitanía General de Buenos Ayres; por límites los siguientes:

«Tiene principio el Virreynato del Perú, en la Ensenada de Guayaquil, desde la costa de Tumbez, que está en 3 grados 25 minutos de latitud Austral y llega hasta las tierras Magallánicas, en 45 grados, con corta diferencia de altura del mismo polo, que hacen 1012 leguas Marítimas. Por el Oriente confina, en parte, con el Brasil, sirviéndole de términos la celebrada línea, o meridiano de demarcación, que hace división a los dominios de las coronas de Castilla, y Portugal; y en parte las costas del mar del Norte, subiéndole las del Mar del Sud, de términos por la del Oriente».

Por consiguiente, el título que debe exhibir Chile, es alguno posterior a la separación de Buenos Ayres de la dependencia del Virrey del Perú, desde que el Gobierno de Buenos Ayres prueba que después de efectuada la separación, a él no al de Chile, lo erigió, y constituyó el Gobierno Español, con el mando y Océanos. Según el juicio que formé cuando estudié este asunto para las instrucciones que debió recibir el Señor Otero, nombrado Ministro Argentino cerca del Gobierno Chileno, pueden arreglarse pacíficamente las dificultades, de un modo honroso, digno y conveniente para las dos Naciones, si sus Gobiernos, poseídos de un espíritu amistoso, ceden, cada uno, algo, de sus pretensiones el Chileno, de sus derechos el Argentino”.

Después de la lectura de este artículo y el publicado en el número anterior, el lector podrá apreciar, cómo y en qué condiciones se perdió el Estrecho de Magallanes y si el gobierno de Rosas, comenzó o no a tomar las medidas correspondientes para lograr el reconocimiento de los derechos de nuestra República a esos territorios, los que se vieron truncados por su derrota en Caseros.

Fuentes:

Doallo, Beatriz C. "El exilio del Restaurador", Editorial Fabro, 2012.

Irazusta, Julio. "Vida política de Juan Manuel de Rosas, a través de su correspondencia, Tomo 7, La Confederación en su apogeo 1848-1849". Edición 1975

Sierra, Vicente. "Historia de la Argentina, Tomo IX, Gobierno de Rosas - Su caída - Hacia un nuevo régimen,1840-1852". Editorial Científica Argentina, 1972.


(A) Al concluir la campaña a los desiertos del sur, en la Proclama que Rosas dijo a sus soldados al licenciarlos, expresó "...las costas que se desenvuelven desde la cordillera de los Andes hasta el afamado Magallanes , quedan abiertas para nuestros hijos..."

(B) Josefa "Pepita" Gómez, la fiel amiga del Restaurador, con quien mantuvo una interesante correspondencia durante su exilio en Inglaterra.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Sarmiento y el Estrecho de Magallanes

   Publicado en el Periódico El Restaurador - Año VI N° 24 - Setiembre 2012 - Pags. 8 a 13 

Sarmiento y el Estrecho de Magallanes

Por Norberto Jorge Chiviló

Siguiendo con el tratamiento de distintos temas mencionados por el Dr. Omar López Mato, en su carta que se publicó en la edición N° 21 de este periódico (pág. 6), con el título "Otra Vuelta de Obligado", y como lo prometimos en el número anterior, vamos a referirnos ahora al tema de los canales fueguinos y la forma en que nuestro vecino, Chile, se adueñó de los mismos y a instancias de quién lo hizo. 

Estrecho de Magallanes
Tabula Magellianica (A)


Estrecho de Magallanes

¿Qué es un estrecho, geográficamente hablando?. El diccionario de la Real Academia Española, lo define como "Paso angosto comprendido entre dos tierras y por el cual se comunica un mar con otro". Ejemplos: El estrecho de Gibraltar, el de Magallanes.

Primero ubiquémonos geográficamente. El estrecho  de Magallanes es un paso marítimo que separa la parte sur del continente americano (Patagonia), con la Isla Grande de Tierra del Fuego. Es un paso natural entre los Océanos Atlántico y Pacífico. Esta vía interoceánica era y es de gran importancia estratégica por ser la ruta más corta y más segura que el traslado por el Cabo de Hornos. 


Breves reseñas históricas

El estrecho fue descubierto por el navegante portugués Fernando o Hernando de Magallanes al servicio de la Corona española, en su expedición alrededor del mundo. El día 21 de octubre de 1520 descubrió un cabo al cual bautizó de las "Once mil vírgenes" detrás del cual se divisaba una gran entrada de mar. Días después, el 1° de noviembre, día que la Iglesia Católica festeja el día de "Todos los Santos", Magallanes ingresó en el estrecho al que bautizó con ese nombre. También dio nombre al territorio situado al sur al que llamó "Tierra de los fuegos", por las grandes fogatas que originaba el gas natural que emanaba en esa zona.

Estrecho de Magallanes
Hernando o Fernando de Magallanes (B)


Tanto desde España, como desde la Gobernación de Chile y del Virreinato del Perú se enviaron varias expediciones al estrecho, intentando alguna de ellas el poblamiento de la zona pero las condiciones adversas del lugar -en especial climáticos-, impidieron que eso fuera posible y los intentos que se hicieron, fracasaron.

A fines del siglo XVI el estrecho también fue navegado por corsarios ingleses y también por navegantes holandeses y en los siglos siguientes lo atravesaron holandeses, franceses, ingleses, además de los españoles.

Ya durante el siglo XIX, llegaban allí en busca de refugio y provenientes de la Antártida naves foqueras, balleneras y loberas, tripuladas mayormente por ingleses y norteamericanos.

Las primeras autoridades patrias surgida en 1810 y las siguientes, durante más de una década, adoptaron diversas disposiciones jurisdiccionales, tales como ordenarle al comandante del fuerte del Carmen de Patagones la vigilancia de las costas situadas al sur del establecimiento.

Durante las décadas de 1820/1830 -y siendo ya Inglaterra la gran potencia marítima-, el Almirantazgo británico organizó varias expediciones -una de ellas al mando del capitán Robert Fitz Roy- a los fines de hacer relevamientos hidrográficos en el estrecho y canales adyacentes y la confección de una cartografía -que fue editada en 1837- que facilitara la navegación para sus naves.


Breves antecedentes jurídicos

Al establecerse en 1776 el Virreinato del Río de la Plata, el límite sur de la Capitanía General de Chile quedó limitado por el río Bío-Bío, con lo cual toda la Patagonia (a ambos lados de los Andes) y la Tierra del Fuego estaban bajo la jurisdicción de Buenos Aires.


La ocupación del Estrecho por los chilenos

Los chilenos no demostraron interés por la zona, sino recién en abril de 1842, como veremos más adelante, pero la idea de tomar posesión del Estrecho, la tuvo Bernardo O'Higgins, años antes (1836) cuando consideró la posibilidad de la utilización de barcos a vapor para remolcar los veleros que pasaban hacia el Océano Pacífico.

Por esos años el paso de los barcos a vela por el Cabo de Hornos duraba entre 40 y 60 días dependiendo ello de las condiciones del tiempo, mientras que un vapor que los remolcara por el estrecho de Magallanes, realizaba el cruce en 30 o 40 horas solamente.

Fue así que en abril de 1842, el presidente chileno Gral. Manuel Bulnes, dispuso que una fuerza expedicionaria tomara posesión del Estrecho y territorios adyacentes, lo que se concretó el 21 de setiembre de 1843. Un mes después se estableció un fortín que se llamó "Fuerte Bulnes".

La toma de posesión se realizó por los chilenos con el cumplimiento de las formalidades de la época: izamiento de bandera, saludos por disparos de tiros de cañón, labrado de acta, enterramiento de monedas, discurso, etc.

Es verdad que la zona se encontraba hasta ese momento despoblada, como se encontraban despobladas también inmensas zonas de nuestro país y de otros de América, incluso de Chile, pero esa situación no autorizaba, a ningún país vecino a tomarlas como si no fueran de nadie considerándolas res nullius, porque eso contrariaba el principio establecido a partir de 1810 entre las repúblicas hispanoamericanas del uti possidetis iure -como lo mencionamos en la pág. 13 del N° 22 de este periódico-, para determinar los límites territoriales de cada una de ellas.

Cinco años más tarde, los colonos del asentamiento, se trasladaron a un lugar más adecuado, más al norte, llamado Punta de Arena, dando así origen a lo que actualmente es la ciudad de Punta Arenas.


La campaña periodística de Sarmiento en Chile

Estrecho de Magallanes
Domingo F. Sarmiento

A fines de 1840, Domingo Faustino Sarmiento pasó a Chile como expatriado. Dos años después dirige el diario El Progreso, en la ciudad capital del país trasandino, que es subvencionado por el gobierno chileno. Desde ese diario, -y volvemos a repetirlo: financiado y sostenido por el gobierno chileno- comenzará Sarmiento una campaña incitando y promoviendo la ocupación de las tierras sobre el Estrecho de Magallanes. Según Sarmiento, lo hizo a instancia de un marino norteamericano, Jorge Mebon, quien lo interesó en la idea. Mebon había sido cazador de lobos y a fines de 1841 había solicitado una concesión al gobierno chileno para la explotación de un servicio de remolcadores en el estrecho. Ante ese pedido, el gobierno designó una comisión la que se expidió aconsejando la posesión efectiva del estrecho.

Pero podemos afirmar, que se inició esa campaña periodística, con el evidente concurso del gobierno de Santiago, quien de tal forma quería movilizar y obtener el apoyo de la opinión pública de aquél país para la realización de la empresa.

La participación de Sarmiento, fue decisiva, creando opinión como resulta de la carta que Pedro Díaz de Valdéz, le remitió a Jorge Mebon el 21 de noviembre de 1842: "Su estimable del 19 que acabo de recibir me ha llenado de satisfacción al ver que su asunto progresa rápidamente, gracias a los incomparables esfuerzos de su digno amigo Sarmiento. Tengo en mi poder todos los números de «El Progreso» que se han publicado hasta la fecha y debo confesar que la materia está tratada con mucha maestría..., la relación de Sarmiento es perfectamente satisfactoria..., y no deja nada bajo la posibilidad de ser cuestionable por nadie, en presencia de los inalterables documentos que presenta. Si Ud. lo ve no deje de saludarlo en mi nombre y expresarle mi gratitud por la parte activa que ha tomado en el negocio."

Nada mejor que seguir a Manuel Gálvez, en su obra biográfica "Vida de Sarmiento - El hombre de autoridad", quien con claridad desarrolla el tema.

Dice Gálvez:

"Va a salir El Progreso cuando se le presenta (a Sarmiento) el marinero norteamericano Jorge Mebon. Le habla de la ventaja para Chile de ocupar el estrecho de Magallanes y fundar allí una población, y le pide incitar al Gobierno a dar ese paso. Sarmiento se interesa. Promete estudiar el asunto y, pronto convencido, inicia "una serie de estudios -digámoslo con sus propias palabras, escritas posteriormente- que hoy, después de ocho años, no son del todo estériles". Sí, no han sido estériles para Chile...

Comienza esta campaña en el primer número de El Progreso, el 11 de noviembre de 1842, y termina el 28. Ocho artículos, dos de los cuales se publican en dos números cada uno. Sarmiento estudia la cuestión, sin hablar de la Argentina ni de sus derechos. Habla de que Chile puede, con la posesión de Magallanes, "asegurarse un porvenir colosal"; de las "inmensas ventajas que esta habilitación del Estrecho ha de acarrearnos"; de que sus artículos habrán mostrado "la necesidad absoluta" de adoptar providencias oportunas. Y termina con varias preguntas, entre las cuales ésta: "¿Quedan dudas, después de todo lo que hemos dicho, sobre la posibilidad de hacer segura la navegación del Estrecho y establecer allí poblaciones chilenas? Pero, ¿qué se hará para aclararlas o desvanecerlas? ¿Permanecer en la inacción meses y meses? ¿Abandonarse a discusiones estériles?" Como se ve, exige la mayor urgencia.

¿Es Sarmiento el primero que se interesa por que Chile ocupe el Estrecho? El escritor chileno Armando Braun Menéndez demuestra, en Fuerte Bulnes, que el general O'Higgins pensaba en eso por lo menos desde 1841. En febrero del 42 le había escrito al Presidente Bulnes, y en agosto del mismo año al ministro Irarrázaval, sobre sus deseos de que se colonizara el Estrecho. Bulnes aceptó la idea, tanto que el 6 de abril del 42 nombró una persona para que, desde Chiloé, estudiara el asunto e informara. Pero hasta la campaña de Sarmiento no se había salido de este período previo. Por otra parte, Mebon, tan enterado de cuanto se refiere a la marina mercante y al asunto de Magallanes, creía que nada se había hecho, por cuanto se dirigió a Sarmiento. Es evidente que Mebon nada espera del Gobierno chileno, a lo menos para esos días. Más aún: existe una comisión especial para estudiar un proyecto de Mebon de organizar un servicio de remolcadores en el Estrecho -lo que, naturalmente, está relacionado con la ocupación de sus márgenes- y esta comisión, que ha dejado pasar un año, se expide al mes siguiente de terminada la campaña de Sarmiento. Y en fin, aunque el Gobierno de Chile se hubiera preocupado de ocupar Magallanes, eso no cambia en lo más mínimo la situación de Sarmiento como argentino.

El Gobierno de Chile resuélvese a proceder con rapidez, según los consejos de Sarmiento, y organiza la expedición, que parte el 21 de mayo de 1843. Y el 21 de setiembre de ese año, los expedicionarios, entre los cuales va Mebon, ocuparán en nombre de Chile, esas tierras que la Argentina considera suyas...

Estas páginas de Sarmiento no figuran en sus obras completas. El compilador dice, en una nota del tomo XXXV, no poseer la colección de El Progreso correspondiente a ese año... Pero esto es falso, pues en el tomo II figuran nueve artículos publicados por los mismos días.

Y si el compilador argentino no hizo sino reproducir una edición anterior publicada en Chile, quiere decir que el compilador chileno escondió los artículos. Sarmiento, años más tarde, en su periódico La Crónica, defenderá, en otra campaña, los "derechos" de Chile. Y en Recuerdos de Provincia se alabará así: "La ocupación de Magallanes ha salido de los trabajos de El Progreso, como la reivindicación de los títulos de posesión de Chile salió después de las investigaciones de La Crónica".

¿Cómo explicar esta actitud antiargentina? ¿Deseaba agradecer a sus favorecedores? ¿Hacer algo por Chile, para que no se le maltratara? ¿Siéntese chileno? 


Estrecho de Magallanes
Manuel Bulnes (C)


En el último artículo, editorial, que se publicó en El Progreso, el 28 de noviembre de 1842, el "argentino" Sarmiento dirá: "Concluiremos con algunas  reflexiones generales la ya harto difusa investigación sobre la posibilidad y ventajas de la colonización del Estrecho ¿Qué falta mientras tanto para que todos esos bienes puedan contarse en el número de las cosas positivas, para que en lugar de ser meras conjeturas o ilusiones risueñas pasen a ser hechos? Nada. Pues que nada sería dar el primer paso que es mandar al Estrecho algunas compañías de soldados y los víveres necesarios para su mantenimiento..."

Años después y cuando el gobierno argentino en 1847, reclama por la ocupación del estrecho por parte de Chile, Sarmiento, esta vez, desde las páginas de La Crónica, periódico que él dirige y que se edita desde principios de enero de 1849 en la imprenta que su yerno Julio Belín, ha instalado en Santiago, se dedica a defender la ocupación chilena, contra la integridad territorial argentina.

Pero sigamos el interesante relato de Gálvez.

Su más importante trabajo en La Crónica aparece el 11 de marzo (de 1849). En él ataca al gobierno de Buenos Aires, que ha reclamado a Chile, poco antes, por la ocupación del estrecho de Magallanes.

Empieza condenando estas querellas internacionales por "intereses frívolos". Cuestiones como la que "tan a deshora" suscita Rosas son indignas, mezquinas y ociosas e "invierten fondos, tiempo, atención, que debieran ser consagrados a otros intereses"; y promoverlas es propio sólo de "gobiernos engañados por una falsa gloria". Esta cuestión "ociosa improductiva para el Gobierno que la provoca", es indigna de aumentar un escándalo más en América, una desavenencia, acaso una guerra, Así estima Sarmiento la pérdida, para su patria, de territorios de formidable valor estratégico, de una de las grandes rutas del mundo...

El primer argumento que da en favor de Chile es que "un territorio limítrofe pertenecerá a aquel de dos estados a quien aproveche su ocupación, sin dañar ni menoscabar los intereses del otro". El Estrecho y sus márgenes son necesarios a Chile, en su camino hacia Europa; y para la Argentina, una posesión inútil. Si Chile abandonara el estrecho -se pregunta- "¿lo ocuparía Buenos Aires? ¿Para qué?". Y agrega: "Magallanes, pues, pertenece a Chile, por el principio de conveniencia propia, sin daño de tercero".

A este argumento se le puede objetar: que no debe considerarse sólo el interés momentáneo sino también el futuro; que la posesión del Estrecho por Chile, nación que siendo vecina de nuestra patria, pudiera llegar a ser su rival, perjudica a nuestros intereses para el porvenir; que no existe tal "principio", pues lo que Sarmiento llama así es una invención suya; y, finalmente, que, aun cuando fuese cierto lo que dice, no le corresponde decirlo a un argentino. 

El segundo argumento es el del derecho del primer ocupante. Sarmiento pregunta: "¿Quién no se siente humillado -en Chile, hay que interrumpirle- a la idea sola de mandar Chile, a consecuencia de las reclamaciones de Buenos Aires, a recoger sus colores, destruir sus poblaciones y abandonar su posesión, por condescender con un gobierno extraño?" El derecho de Chile es para Sarmiento un derecho de decoro, de dignidad, que el gobierno de Buenos Aires, "hermano del de Chile, debe cuidar de no atropellar".

El tercer argumento es que Buenos Aires ha dado su aquiescencia tácita. Sostiene él que ese gobierno ha consentido con su silencio de seis años. Este argumento, como el anterior, es bueno para Chile, pero, por eso mismo, muy malo para la Argentina.

Sarmiento considera la "pretensión" de Rosas como extemporánea, infundada, atentatoria y "provocativa de un conflicto sin motivo, y manifestación pura de un capricho y de un pretexto para encubrir malquerencia e intenciones hostiles a Chile".

Y no sólo cree Sarmiento, que el Estrecho pertenece a Chile, sino también que puede pertenecerle toda la Patagonia. Después de citar la ley de Indias de 1609, agrega: "Quedaría por saber aún si el título de erección del Virreinato de Buenos Aires expresa que las tierras al sur de Mendoza, y poseídas aún hoy por chilenos, entraron en la demarcación del Virreinato, que, a no hacerlo, Chile pudiera reclamar todo el territorio que media entre Magallanes y las provincias de Cuyo". Hoy se defiende a Sarmiento afirmando que en esos años nadie cree en el valor de la Patagonia. Pero es falso. Alberdi, en Montevideo, en El Edén del 6 de abril de 1843, había dicho: "la Patagonia, tan rica en minerales, campos, bosques, bahías, ríos navegables"...

Termina diciendo que sus consejos a Buenos Aires de dejar a Chile el Estrecho, no significan ni entrometimiento ni reproche. Y asegura que los verdaderos intereses de los pueblos "y el blanco de una política sabia, justa y provechosa" son: comercio, industria, población, inmigración, educación pública. De modo que para Sarmiento la defensa de territorios que el país creía suyos no figura entre sus verdaderos intereses...

El 29 de abril nuevo artículo, titulado Cuestiones de límites. De la Argentina le han escrito que sus páginas del 11 de marzo han desagradado, aun a personas que le son muy adictas. El autor de la carta exprésale que Magallanes, por su posición topográfica, nos pertenece y que, al crearse el Virreinato, después de creada la Audiencia de Chile, se reconocía que de él formaban parte "las provincias de Cuyo y de Magallanes".

Sarmiento contesta: sus principios son absolutos, y no datan de hoy ni se refieren solamente a Magallanes. Son aplicables a todas las cuestiones americanas, "deplorables en sus resultados, inútiles en sus consecuencias, vergonzosas en el principio que las mueve". Como se ve, a Sarmiento le parece vergonzoso el reclamar territorios que consideramos nuestros...

Aconseja a los argentinos ocuparse en reconquistar "sus propias casas, amenazadas por los salvajes", en vez de inquietarse por lugares lejanos, "sin provecho próximo ni futuro". Dice que millones de pesos y millares de víctimas se han sacrificado en los últimos diez años "a lo que se llama la integridad del pueblo argentino, aunque en cambio hayan desaparecido del mapa ciudades del interior". ¿Qué ciudades han desaparecido?

Va a repetir sus argumentos. Pero antes, declara que la cuestión de Magallanes le interesa también por un motivo personal. Recuerda, cómo en 1842, llevando adelante una idea, fecunda en bienes para Chile, "insistimos porque se colonizase aquel punto". Ahora, como entonces, tiene la convicción de que ese territorio era útil a Chile e inútil a la Argentina. Luego habla de la Patagonia, que figura en los mapas europeos cómo tierra no ocupada, y, olvidándose de que los pueblos del interior y los campos se han despoblado por causa, de las guerras que unitarios y, extranjeros promovieron a Rosas, agrega: "y no sabemos si sería obra de caridad arrebatar el terreno, para poblarlo, a un gobierno como el argentino, que no es capaz de conservar poblado el que le dejó sometido y pacífico la España".

Estrecho de Magallanes
Bernardo de Irigoyen (D)



En Mendoza, la revista La Ilustración Argentina, cuyo primer número apareció el 1° de mayo de 1849, que dirigían Bernardo de Irigoyen y Juan Llerena, tenía entre sus finalidades apoyar los intereses argentinos en la cuestión Magallanes y también contrabalancear la campaña que Sarmiento hacía en Chile contra la política de la Confederación Argentina.

Sarmiento en un nuevo artículo del 14 de julio intenta refutar los argumentos de La lustración Argentina, e insiste en la importancia de la Cédula real de creación de la Audiencia de Chile. La Ilustración Argentina lo ha tildado de "traidor".

El 29 de julio, Sarmiento en un nuevo artículo, trata de refutar los argumentos de La Ilustración Argentina.

El 5 de agosto se publica un nuevo artículo de Sarmiento, en el que recuerda todos los antecedentes, la visita de Mebon quien le pidió su concurso para incitar al gobierno chileno a la ocupación del estrecho, etc.

Sigue contando Gálvez:

Va ahora a comparar los títulos de ambas naciones a la propiedad de Magallanes, según su entender; pero, antes, expresa que sus móviles, al ventilar esta cuestión, han sido: "Defender la colonia a cuya fundación había contribuido con mis escritos; ahorrar a los argentinos un nuevo enredo, del cual no saldrían en diez años sino por una guerra ruinosa; y romperle en las manos al tirano el instrumento con que esclaviza a mi patria". Y lo hace él, un argentino, en vez del Gobierno de Chile, para que el amor propio nacional no quede interesado. Transcribe los títulos a dos columnas, frente a frente: los de Buenos Aires -no dice "Rosas"- y los de Chile, y termina con estas palabras, que un verdadero argentino sólo las cree después de haberlas visto en La Crónica y firmadas por Sarmiento: "No me ocurre como se atreve el Gobierno de Buenos Aires, en vistas de estas demostraciones, a sostener ni mentar siquiera sus derechos al estrecho de Magallanes, si bien sé que una vez que toma el freno, no suele largarlo si no le rompen las quijadas a golpes. Pero para Chile, para los argentinos, para mí, bástenos la seguridad de que ni sombra ni pretexto de controversia le queda, con los documentos y razones que dejo colacionados".

Aún no concluye aquí el asunto. La Gaceta (de Buenos Aires) le cita documentos en favor de los derechos argentinos a Magallanes, cuyo valor probatorio reconocerá él mismo cerca de treinta años más tarde.

Poco menos de tres años más tarde, el 3 de febrero de 1852, Rosas es desalojado del poder. La cuestión de Magallanes deja de tener importancia para los gobiernos que lo suceden.

En 1868 Sarmiento, el que otrora y casi un cuarto de siglo atrás, había renegado de su nacionalidad argentina, es elegido nuevo presidente de la República Argentina. Pocos días antes del 12 de octubre de dicho año, fecha ésta en la cual debía ceñirse la banda presidencial, el diario La Nación Argentina, dirigido por Bartolomé Mitre, trae nuevamente a colación el tema Magallanes y la posición sostenida antes por Sarmiento.

Sigamos con el relato de Gálvez.

En el editorial El primer disparo, establece posición frente al nuevo gobierno, y, recogiendo una "tremenda acusación" que acaba de hacer al Presidente electo El Pueblo Argentino, asegura que Sarmiento "ha sostenido en Chile, contra su patria, los pretendidos derechos de un país extranjero para despojarla de su territorio". Como el sarmientista El Nacional, no pudiendo desmentir, dijera que el futuro Presidente, "cualesquiera que hayan sido sus opiniones no puede hoy tener otras que las que sostengan el decoro y la integridad de nuestro territorio", La Nación Argentina, arguye: "como si un argentino, por no ser Presidente, estuviera exonerado de los más sagrados deberes del patriotismo". Y termina con las siguientes palabras: "Si esto resultase plenamente probado; no creemos que haya ningún hombre, cualquiera que sea su nacionalidad, que intente justificar al señor Sarmiento; pues hasta hoy; todos los pueblos del mundo han condenado del modo más terrible al que atenta contra la integridad del territorio de su país, en beneficio de un gobierno extranjero".

La denuncia causa estupor. Muchos no la creen, la suponen una calumnia. Nadie sabía palabra del asunto de Magallanes, y sorprende que los enemigos de Sarmiento no hayan utilizado semejante arma terrible durante los días de la lucha presidencial. Pero el 6 de octubre la ciudad sale de dudas. Con el título El cuerpo del delito y sin mayores comentarios, La Nación Argentina reproduce el artículo publicado por Sarmiento en La Crónica, en Chile, el 4 de mayo de 1849. Son cuatro columnas y media, precedidas por estas frases: "Vamos a entrar a la prueba que hemos ofrecido". Dice también el diario que Sarmiento "ha sido el abogado de un gobierno extranjero contra su propio país y que él "ha sugerido, ha propagado y ha hecho triunfar la idea de hacer despojar a la República Argentina de sus territorios". Y terminada la transcripción del artículo, agrega que Sarmiento, después de eso, "inició en la prensa la tarea de probar que no pertenecían, a la República Argentina, sino a Chile los territorios de la Patagonia que hoy Chile señala en sus mapas bajo el nombre de Chile oriental".

El 8 de octubre, La Nación Argentina vuelve a hablar del asunto. Transcribe el Resumen de la Cuestión Magallanes, publicado por Sarmiento en La Crónica. Sucede también que, El Nacional, el diario de Vélez Sársfield, no encontrando modo de defender a Sarmiento, dice que esa cuestión de Magallanes la hizo por atacar a Rosas; recuerda que Florencio Varela y Valentín Alsina llamaron a las armas francesas contra Buenos Aires, e invita al diario mitrista a considerar como traidores a "esos venerables argentinos"; y vuelve a asegurar que Sarmiento no entregará a Chile las tierras magallánicas. A esto último contesta La Nación Argentina, sarcásticamente, que habrá que pedir "un voto de gracia para Sarmiento, por tanta generosidad". En cuanto a lo primero, pregunta si es atacar a Rosas o a la República Argentina "el aconsejar a los gobiernos extranjeros que le arrebaten sus territorios", y exclama: "¿Son acaso de Rosas o de la República Argentina, las tierras de Magallanes?" Y en cuanto a Varela y a Alsina, no niega el órgano mitrista, vale decir, liberal y unitario, que llamaran a las armas francesas, pero dice que ellas no entraron nunca en territorio argentino y que esos "venerables ciudadanos" no ofrecieron a Francia tierras argentinas. La Nación olvida que los franceses ocuparon Martín García, y que Varela, como está probado por el testimonio del general Paz, unitario como ellos, pretendía agregar al Uruguay; las provincias de Entre Ríos y de Corrientes. ¡Como habrá gozado en Southampton don Juan Manuel, al saber que sus antiguos enemigos se llaman traidores unos a otros!

Por esos días, el marino y patriota Luis Piedrabuena, quien tanto hizo por el sur argentino, tiene intenciones de ocupar la costa del Estrecho. Viene a Buenos Aires para obtener los recursos para la empresa. A pocos días de dejar la presidencia, Mitre le promete los recursos, pero Piedrabuena espera la asunción de Sarmiento para hablar con él. Sarmiento, según Piedrabuena, le dirá: "que no teníamos marina, que costaba mucho mantener un buque de guerra; que estábamos muy pobres y que ese territorio, más bien les convenía a los chilenos por ser el paso para el Pacífico..."

Hemos visto así, quien instigó la ocupación chilena del estrecho de Magallanes. Por falta de espacio en esta edición no podemos desarrollar el tema de la actitud que ante ese hecho asumió el gobierno de Rosas, pero lo abordaremos en el próximo número de este periódico.


Fuentes

Font Ezcurra, Ricardo. "La unidad nacional", Edición Theoría, Buenos Aires, 1961.

Gálvez, Manuel. "Vida de Sarmiento - El hombre de autoridad", 3° edición, Editorial Tor SRL, Buenos Aires, 1957.

Sierra, Vicente. "Historia de la Argentina, Tomo IX, Gobierno de Rosas - Su caída - Hacia un nuevo régimen,1840-1852". Editorial Científica Argentina, 1972.


(A) "Tabula Magellanica" realizada en 1635 por el cartógrafo holandés Willem Janszoon Blaeu.

(B) Fernando o Hernando de Magallanes (1480-1521), marino portugués al servicio de la Corona española.

(C) Gral. Manuel Bulnes, Presidente de Chile en el período 1841-1851. Pintura realizada en 1841 por Raymond Monvoisin.

(D) El joven Bernardo de Irigoyen, en "La Ilustración Argentina" defendió los derechos argentinos, sobre las tierras magallánicas.

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El escritor chileno José Miguel Irarrazábal Larrain llama a Sarmiento "el antiguo campeón de los derechos de Chile a la región de Magallanes".

"La ocupación de Magallanes había sido pedida muchas veces por la prensa"(Diego Barros Arana, historiador chileno, en Un Decenio en la Historia de Chile)

Francisco J. Rosales, encargado de negocios chileno en París, publica un folleto que titula "Apuntes sobre Chile", en el cual aconseja el abandono de la colonia instalada en el Estrecho, por considerar que el mismo se encontraba en territorio argentino.