En el N° 672 de la revista Todo es Historia del mes de enero de 2024, fué publicado el siguiente artículo sobre el Testamento del general José de San Martín, de autoría del director de este Blog, Norberto J. Chiviló
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domingo, 18 de febrero de 2024
El testamento del general San Martín - Revista Todo es Historia
domingo, 1 de septiembre de 2019
La tez blanca de Rosas y el jabón Reuter
Publicado en el Periódico El Restaurador - Año XIII N° 52 - Setiembre 2019 - Pag. 7
sábado, 1 de junio de 2019
¿Quién hizo vacunar a los indios?
Publicado en el Periódico El Restaurador - Año XIIi N° 51 - Junio 2019 - Pags. 12 y 13
¿Quién hizo vacunar a los indios?
Por el Prof. Jorge Oscar Sulé
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| El cacique Pincén y su familia |
Los iniciadores de la aplicación de la vacuna antivariólica
Si las epidemias de viruela hacían estragos entre los “blancos” en Hispanoamérica, que de alguna manera poseían defensas orgánicas ya que por ser descendientes de europeos que habían sufrido en carne propia ese flagelo y otros durante los siglos XIV y XV, eran portadores naturales de las mismas, sumado ello a una mejor alimentación, en el medio aborigen, desnudos de esas defensas, esas epidemias eran arrasadoramente mortales ya que no hubo ningún tipo de inmunización anterior y la dieta era de subsistencia (entre los pobladores “blancos” la mortandad llegaba a un 20%, entre los indios un 80%).
La vacuna antivariólica descubierta por el Dr. Eduardo Jenner en Inglaterra y aplicada allí desde 1796 llegó al país en 1805. Fue el sacerdote Saturnino Segurola quién, con patriótico y humanitario esfuerzo, conservó la linfa correspondiente, aprendió a inocularla y se dedicó a su propagación con abnegado altruismo.
Las dos personas que, ya en épocas de Rosas, tuvieron la responsabilidad de administrar el ejercicio médico de la aplicación de la vacuna fueron el licenciado médico Justo García Valdez y el Dr. Saturnino Pineda, quienes emitieron estos juicios recordando la actuación del sacerdote de la Parroquia del Socorro. El primero manifestó “Desde que el benemérito Dr. Deán Saturnino Segurola dejó de administrar por sí solo y a sus expensas la vacuna, que por más de dieciséis años ha desempeñado con tanto celo como desinterés pudiéndose decir, que por tan largo período, él solo ha sido el conservador y propagador de tan admirable específico”, el segundo expresó “…el benemérito Dr. D. Saturnino Segurola, padre puede decirse, de la vacuna en nuestro patrio suelo...con tal honroso propulsor cabe decir con Cicerón...’la historia es maestra de vida….’”
Servicio médico y descubrimiento extraordinario
Hacia 1829, cuando Rosas llegó al poder, existían tres centros de vacunación en Buenos Aires: la Casa Central, la Casa Auxiliar del Norte y la Casa Auxiliar del Sur dirigida por el licenciado médico Justo García Valdez, quién se desempeñó con eficacia hasta su fallecimiento en el año 1844, siendo reemplazado por el Dr. Saturnino Pineda. Durante el gobierno de Rosas se incrementó el suministro de la vacuna llegando el servicio a los pueblos de la campaña bonaerense en la que los médicos de policía se ocuparon de aplicarla.
El 13 de mayo de 1830, Rosas gobernador otorgó un sobresueldo al médico de policía de la campaña de la Sección Luján, Dr. Francisco Javier Muñiz y una asignación para cada uno de sus dos ayudantes.
Este médico, diez años después en su distrito de Luján, en una estancia de Juan Gualberto Muñoz; descubrió, en los pezones de una vaca, los granos que suministraban el fluido de la vacuna: el cowpox antivariólico; detectando la vacuna antivariólica. Este descubrimiento marcó un hito glorioso en la ciencia médica argentina y ganando para ella desde entonces un prestigio y un reconocimiento a nivel mundial, que sólo la obstinación historiográfica partidista intentó silenciar por tratarse de un descubrimiento efectuado en la época de Rosas.
El hecho, conocido en Inglaterra, provocó admiración y cierto estupor. Creían que solo las vacas de Gloucester, dadas las condiciones climáticas de ese lugar, eran las únicas que podían engendrar el cowpox antivariólico.
El suministro entre los indios
No se sabe con precisión la fecha en la que se inició la inoculación de la vacuna entre los distintos grupos indígenas. Sí sabemos que el diario “El Lucero”, de Buenos Aires, del 4 de enero de 1832, publicó la distinción que la Sociedad Real Jenneriana de Londres decidió otorgar al gobernador Juan Manuel de Rosas y a los médicos que la aplicaban, designándolo Miembro Honorario de esa Sociedad, “en obsequio de los grandes servicios que ha rendido a la Humanidad, introduciendo con el mejor éxito la vacuna entre los indígenas del país”.
Si la información de esta distinción llegó al Río de la Plata ni bien iniciado el año 1832, es dable suponer que, hacia 1831 o antes, la introducción de la vacuna en los medios indígenas ya era una práctica de su inicio y un hecho conocido.
Adolfo Saldías en “Historia de la Confederación Argentina” refiriéndose a una época inmediatamente después del parlamento que Rosas mantuvo por el Tandil con los indios pampas (circa fines de 1825 o principios de 1826) afirma que “en esas circunstancias se había desarrollado la viruela en algunas tribus. Como resistieron la vacuna Rosas citó ex profeso a los caciques con sus tribus y se hizo vacunar él mismo. Bastó esto para que los indios en tropel estirasen el brazo, por manera que en menos de un mes recibieron casi todos el virus”.
Es conocida también la información que suministra el embajador inglés Sir Woodbine Parish y que vuelca en su libro “Buenos Aires y las Provincias del Río de la Plata”, cuando relata que en uno de los tantos parlamentos efectuado por Rosas en la Chacarita de los Colegiales hacia 1831, se suministró la vacuna a muchos indios que integraban la comitiva de caciques pampas y vorogas. Además, en ese lugar existían otros alojamientos especiales destinados para indios enfermos. Este capítulo de la vida de Juan Manuel de Rosas, que lo enaltece, también ha sido virtualmente ignorado y silenciado por la direccionalidad partidista de la historiografía “oficial”.
De la preocupación de Rosas sobre el tema nos tiene al tanto una significativa y cuantitativa documentación ilustrativa.
Una nota del Dr. Saturnino Pineda del 17 de octubre de 1836 dirigida a Rosas le expresa “El día 3 de septiembre a las 3 y media de la tarde recibí la orden verbal de Vuestra Excelencia de asistencia médica a una comitiva indígena, afectados algunos por la viruela que me fué transmitida por el Sr. Edecán Coronel Don Manuel Corvalán y no obstante hallarme enfermo, con el mayor contento y sin pérdida de tiempo procedí a sus cumplimiento...” Cuenta en larga explicación el violento foco de contagio que significa la aglomeración de los indios en un mismo lugar, algunos con la viruela ya declarada, por lo que “el día 9 del mes de que se hace referencia fueron vacunados de brazo a brazo cincuenta y dos indios y niños de ambos sexos para cuyo efecto se condujeron desde la Chacarita de los Colegiales a la casa donde se hallaban alojados cuatro niños con vacuna de la más excelente. El 16 fueron reconocidos y en todos ellos se encontraron granos (reacción positiva) tan hermosos que juzgando por sus caracteres no pude menos que tranquilizarme…”
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| Indios. Pintura de Francisco Madero Marenco |
Las dificultades de su aplicación
No era fácil inocular la vacuna a la gente. La población “blanca” era renuente a su aplicación. Había que inducirlo a través de protocolos compulsivos.
En el Reglamento General de Escuelas de aquella época se determinaba que “Los Preceptores no recibirán en la escuela niños que no estén vacunados y apelarán a los que los padres no quisieron verificarlo, tomando las medidas que les dicte la prudencia para cerciorarse de la verdad de esta operación”. El Reglamento había sido redactado por el propio Segurola y regía en la época de Rosas. (1)
Es de imaginar entonces la resistencia que oponía el indígena que consideraba a la viruela un maleficio del hombre “blanco”. Las machi o brujas se oponían violentamente a la vacuna y su aplicación, ya sea porque la problemática invadía sus terapias cabalísticas o por calificar a la vacuna como un gualicho de los “blancos”. En un oficio del sargento Echevarría al coronel Vicente González de San Miguel del Monte, le informaba que le enviaba “cuatro chinas viejas indias para librarlas de ser sacrificadas por la barbarie e ignorancia de estos pobres indios pues decían que tenían gualicho”. Era costumbre de los indios, ante un brote de viruela, sacrificar a las viejas indias contagiadas, o no, para ahuyentar el virus. El oficio de Echevarría continúa explicando que conversó con el cacique Cachul y le informó que el “Ilustre Restaurador de nuestras leyes le había ordenado que a las viejas brujas había que mandárselas a él que sabía ponerlas en donde no pudieran causar daño”. De esta manera Rosas salvaba la vida de esas viejas indias, sustrayéndolas de la barbarie indígena.
Algunos métodos que Rosas utilizó para promover la vacunación
En primer lugar hay que recordar que el prestigio y la confianza que se había ganado Rosas entre las distintas comunidades indígenas facilitaron la tarea de la vacunación a pesar de sus dificultades.
Su propio ejemplo, haciéndose vacunar entre ellos removía el prejuicio del “gualicho”.
El mostrar la herida y la protuberancia producida por la vacuna era también un factor de persuasión.
No desestimaba el valor que podía infundir una carta suya. Transcribimos fragmentos de una carta enviada al cacique Catriel: “Ustedes son los que deben ver lo que mejor les convenga. Entre nosotros los cristianos este remedio es muy bueno, porque nos priva de la enfermedad terrible de la viruela, pero es necesario para administrar la vacuna que el médico la aplique con cuidado…hay cosas que el grano que ha salido es falso y en tal caso el médico debe hablar la verdad para que el vacunado sepa que no le ha prendido bien que el grano que el que le ha salido es falso, para que con este aviso sepa que para el año que viene debe volver a vacunarse ...Después de esto si quieren ustedes que vacune a la gente puede el médico empezar a hacerlo…” Obsérvese la sagacidad de Rosas: empieza afirmando que para los cristianos es un buen remedio pero que deben ser ellos, los indios, los que resuelvan. Señala la importancia del médico que es el que sabe cómo se administra la vacuna y entiende su evolución.
Además, es de inferir que un médico que puede entrar a una toldería no solamente vacunará sino que intentará curar otras enfermedades, gripes, infecciones varias y otras dolencias que puede controlar. Lo cierto es que Rosas facilitó la llegada de un médico a la toldería que de otra manera hubiera resultado imposible, no solamente por la negativa de los jefes, sino por las resistencias que hubieran presentado las machis y los adivinos de la tribu.
Pero hubo otro método que lo extraemos de otro hecho histórico: a fines de 1878 ya muerto Rosas, y durante la Campaña al Desierto de Roca, el cacique Vicente Pincen (Pin-Then que significa dueño del decir, hablar bien), es tomado prisionero y el coronel Villegas lo remite a Buenos Aires donde es alojado en el cuartel del Batallón 6 de Infantería de línea siendo visitado por personalidades como Roca, Estanislao Zevallos y otros para escuchar de labios del cacique sus hazañas en el desierto que al parecer sabía relatar muy bien haciendo honor a su nombre. En uno de sus cuentos, Pincen recordó que en su juventud llegó a conocer a Don Juan Manuel de Rosas, expresando “Juan Manuel ser muy bueno pero muy loco: nos regalaba potrancas, pero un gringo nos debía tajear el brazo, según él era un gualicho grande contra la viruela y algo de cierto debió ser porque no hubo más viruela por entonces”.
De ese recuerdo de Pincen, parece desprenderse otra metodología para inducir a la vacunación. Un pequeño chantaje. Iban los suministros, pero después iba la vacuna.
Dejamos abierto una parte del telón avizorando algo; invitamos a otros para que lo sigan corriendo. Hay en el interior del escenario mucho más que desmiente sobre Rosas la versión descalificadora de la historia “oficial”.
Notas
(1) En aquella época y parte del siglo XX la aplicación de la vacuna consistía en efectuar un pequeño corte o tajo en uno de los brazos y volcar en la pequeña herida abierta el fluido o linfa antivariólica. A pocos días en el lugar de la herida aún no cicatrizada del todo aparecía un grano bastante ostensible: era señal que el antídoto había prendido. Si no salía el grano había que repetir la operación al año siguiente.
Fuentes:
Chavez, Fermín. “La Vuelta de Juan Manuel”, Ed. Theoría, 1991.
“Gaceta Mercantil” del 19-10-1836 Hemeroteca de la Biblioteca Nacional
Parish, Woodbine. “Buenos Aires y las Provincias del Río de la Plata”, traducción de Justo Maeso. Colección “Pasado Argentino”, Buenos Aires, 1952.
Saldías Adolfo “Historia de la Confederación Argentina” T. I Ed. J. Granada 1967.
Sulé, Jorge Oscar. “Rosas y sus Relaciones con los Indios”, Ed. Corregidor, 2007.
Visiconte, Mario. “La Cultura en la Época de Rosas, Aspecto de la Medicina T. I” Ed. Aut., 1978.
Visiconte, Mario. “Nuevos Aportes sobre la Aplicación de la Vacuna” A.G.N. Sala X 25-2.2. También en la “Publicación del Segundo Congreso Nacional de Historia de la Medicina Argentina”.
Mensaje dirigido a la Magistratura por Rosas el 1° de enero de 1837. Biblioteca del Congreso de la Nación.
La última batalla del viejo soldado de la Independencia
Publicado en el Periódico El Restaurador - Año XIII N° 51 - Junio 2019 - Pags. 9 a 11
La última batalla del viejo soldado de la Independencia.
En el número anterior de este periódico, en el artículo de tapa, se pudo leer que en la primera carta que el Libertador envió a Rosas con motivo del bloqueo francés, le había ofrecido ponerse en “marcha para servir a la patria honradamente, en cualquier clase que se me destine”. Debido a los problemas de salud que en la misma carta le hacía saber a Rosas, éste después de valorar el ofrecimiento, consideraba “que permaneciendo V. en Europa, podrá prestar en lo sucesivo a esta República sus buenos servicios en Inglaterra o Francia”.
Si bien en aquella oportunidad no fue necesaria la intervención de San Martín, ya en 1845 con motivo de la nueva agresión de estas dos potencias en el Río de la Plata, ahora sí será efectiva –como veremos– esa actuación del Libertador para facilitar solucionar el conflicto y esa valiosa intervención del Libertador será la última batalla victoriosa librada por el viejo soldado de la Independencia, ya no con su sable, sino con su pluma.
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| George Frederik Dickson |
El cónsul de la Confederación Argentina en Londres, Mr. George Frederick Dickson, por un intermediario, requirió la opinión de San Martín sobre la intervención anglofrancesa, sus consecuencias y posibles derivaciones.
En esos momentos San Martín, estaba en Nápoles, tratando de reponer su salud y desde allí le hizo saber sus opiniones al respecto:
Sr. D. Federico Dickson, cónsul general de la Confederación Argentina en Londres.
Nápoles, 28 de diciembre de 1845
Señor de todo mi aprecio:
Por conducto del caballero Yackson, se me ha hecho saber los deseos de usted relativos a conocer mi opinión sobre la actual intervención de la Inglaterra y Francia en la República Argentina; no solo me presto gustoso a satisfacerlo, sino que lo haré con la franqueza de mi carácter y la más completa imparcialidad; sintiendo solo que el mal estado de mi salud no me permita hacerlo con la extensión que requiere este interesante asunto.
No creo oportuno entrar a investigar la justicia o injusticia de la citada intervención, como tampoco los perjuicios que de ella resultarán a los súbditos de ambas naciones con la absoluta paralización de las relaciones comerciales, igualmente que de la alarma y desconfianza que naturalmente habrá producido en los Estados sudamericanos la injerencia de dos naciones europeas, en sus contiendas interiores; y solo me ceñiré a demostrar si las dos naciones intervinientes conseguirán por los medios coactivos que hasta el presente han empleado, el objeto que se han propuesto; es decir, la pacificación de las dos riberas del Río de la Plata. Según mi íntima convicción, desde ahora diré a usted no lo conseguirán; por el contrario la marcha seguida hasta el día no hará otra cosa que prolongar por un tiempo indefinido los males que se tratan de evitar y sin que haya previsión humana capaz de fijar un término a su pacificación, me explicaré.
Bien sabida es la firmeza de carácter del jefe que preside la República Argentina: nadie ignora el ascendiente muy marcado que posee sobre todo en la vasta campaña de Buenos Aires y resto de las demás provincias; y aunque no dudo que en la capital tenga un número de enemigos personales, estoy convencido que bien sea por orgullo nacional, temor, o bien por la prevención heredada de los españoles contra el extranjero, ello es que la totalidad se le unirán y tomarán una parte activa en la actual contienda: por otra parte, es menester conocer (como la experiencia lo tiene ya demostrado) que el bloqueo que se ha declarado, no tiene en las nuevas repúblicas de América (sobre todo en la Argentina) la misma influencia que lo sería en Europa: él sólo afectará un corto número de propietarios, pero la masa del pueblo que no conoce las necesidades en estos países, le será bien indiferente su continuación. Si las dos potencias en cuestión quieren llevar más adelante las hostilidades, es decir, declarar la guerra - yo no dudo un momento podrán apoderarse de Buenos Aires con más o menos pérdida de hombres y gastos, pero estoy convencido que no podrán sostenerse por mucho tiempo en posesión de ella: los ganados, primer alimento, o por mejor decir, el único del pueblo, pueden ser retirados en muy pocos días a distancias de muchas leguas; lo mismo que las caballadas y demás medios de transporte; los pozos de las estancias inutilizados, en fin, formando un verdadero desierto de 200 leguas de llanuras sin agua ni leña, imposible de atravesarse por una fuerza europea, la que correrá tantos más peligros á proporción que ésta sea más numerosa, si trata de internarse. Sostener una guerra en América con tropas europeas, no sólo es muy costoso, sino más que dudoso su buen éxito tratar de hacerla con los hijos del país; mucho dificulto y aun creo imposible encuentren quien quiera enrolarse con el extranjero. En conclusión: con 8.000 hombres de caballería del país y 25 o 30 piezas de artillería, fuerzas que con mucha facilidad puede mantener el general Rosas, son suficientes para tener en un cerrado bloqueo terrestre a Buenos Aires, sino también impedir que un ejército europeo de 20.000 hombres salga a 30 leguas de la capital, sin exponerse a una completa ruina por falta de todo recurso; tal es mi opinión y la experiencia lo demostrará, a menos (como es de esperar) que el nuevo ministerio inglés no cambie la política seguida por el precedente.
Quedo celebrando esta ocasión que me proporciona asegurar a usted es su más atento servidor. Q.B.S.M.
José de San Martín.
Como apreciaremos, San Martín hacía un breve e imparcial análisis político y militar sobre las escasas por no decir nulas posibilidades que tenían las potencias interventores de imponerse en la contienda con la Confederación Argentina mediante medios coactivos. Mencionaba la nula influencia que tenía el bloqueo entre los habitantes del país, como así también que el incremento de las hostilidades y una posible ocupación de la ciudad de Buenos Aires, no darían el resultado esperado por estas potencias, no solo por las cualidades –firmeza de carácter– del gobernante argentino y el apoyo que tenía del total de la población, sino también por la extensión del país y las medidas que podrían tomar el gobierno y los habitantes en cuanto al retiro de recursos con una virtual tierra arrasada que harían imposible que las tropas invasoras pudieran obtener el control efectivo del territorio y los recursos necesarios para su subsistencia, además de la oposición que podría hacerle en forma efectiva el ejército nacional, aún con menores recursos que las tropas invasoras.
La población tomó conocimiento de esta carta con su publicación en el periódico londinense The Mourning Chronicle el día 12 de febrero de 1846, teniendo importante resonancia, no solo en el común de la gente, sino también entre las autoridades inglesas, por provenir tales apreciaciones de un militar que era respetado en toda Europa y también porque no había tomado parte en las cuestiones internas de los países americanos. Esta carta fue un contrapeso importantísimo ante la prédica que en el Reino Unido, como en toda Europa, hacían miembros del partido unitario, en especial en esos momentos por Florencio Varela, contra la Confederación Argentina y a favor de la intervención angloinglesa en la cuenca del Plata.
Dickson también se había tomado el trabajo de distribuir copias de la carta al Secretario de Relaciones Exteriores Lord Aberdeen, como así también a otros políticos y miembros del Parlamento, que eran proclives a la causa argentina y contrarios a la intervención en el Río de la Plata; así se lo hizo saber a San Martín, en una carta que le remitió y que dice:
Londres, 13 de febrero de 1846.
Excelentísimo señor general don José de San Martín
Mi estimado señor:
Tengo que tributar a usted mis nuevos agradecimientos por la comunicación interesante con que usted me ha favorecido sobre la intervención inicua de los anglofrancos en las desavenencias entre las repúblicas del Río de la Plata. A su recibo trasmití al lord Aberdeen una copia de la carta en la esperanza que su contenido lograse a iluminarle en algunos puntos de que había manifestado mucha preocupación e ignorancia en una entrevista que habíamos tenido (una diputación de cuatro individuos) con S.S. Por supuesto no me será posible cerciorarme de los efectos que pueda haber producido en sus disposiciones, pero me consta que en las altas oficinas ha merecido atención. A nuestro amigo antiguo el almirante Bowles también entregué copia -que me dijo había transmitido en primera ocasión al almirante Inglefield en el Río de la Plata- pues le parecía de tanto interés e importancia el tenor de dicho documento. Conociendo el interés que existirá repartí media docena de copias entre otros tantos amigos míos y de la causa de Buenos Aires, que produjeron tantas aplicaciones para su lectura que, con sanción de su apreciable yerno el señor Balcarce me determiné a darle la circulación más extensa que podría adelantar los intereses argentinos. Yo me lisonjeo que este paso no sea desaprobado por usted cuyo previo consentimiento la dilación de la correspondencia con Nápoles únicamente me impidió pedir. Es preciso ofrecer a usted el motivo para...apología y la satisfacción para usted de haber contribuido eficazmente a corregir en alguna parte las opiniones infundadas que se entretienen en este país sobre todo lo relativo a los estados de Sudamérica.
Con las expresiones más vivas de mi constante amistad y respeto soy servidor de V.E. su más atento y seguro servidor Q.B.S.M.
E.F. Dickson
Pocos días después, le escribió otra:
Londres, 17 de febrero de 1846.
Señor general San Martín.
Mi muy apreciado señor:
Apenas había despachado mis respetos del 13 cuando tuve el placer de recibir su estimada del 28 de enero, la que me apresuro a contestar para asegurarle que su adjunta para el señor presidente de la República Argentina será transmitida a S.E. en primera ocasión con todo cuidado y seguridad por el mismo medio que aprovechamos para la remisión en estas circunstancias de la correspondencia oficial para aquel gobierno. En la última carta que tuve la honra de dirigir a V.E. hice alguna observación sobre los efectos favorables que habían resultado a la causa de Buenos Aires de la circulación dada a la carta interesante que tuvo usted la bondad de escribir y en nada se disminuye el interés que ha excitado. Se me ha asegurado por un individuo influyente, que ha despertado un deseo de examinar e informarse sobre los negocios del Río de la Plata y su gobierno actual, en que antes se tomaba poco o ningún interés y se tenía casi ningún conocimiento limitado a los pocos individuos relacionados con aquellos países.
Tenemos algunos datos para formar opinión que este gobierno ya trata de variar su política hacia la República Argentina. Acaba de embarcarse al mando de una fragata de guerra que se dice deberá relevar al almirante Inglefield -el comandante más antiguo sir Thomas Herbert- antes estacionado en la Plata y que entonces fue distinguido por su parcialidad al general Rosas. Otro amigo nuestro, de quien se recordará V.E. el capitán Sherpe me dijo que se tiene la...por uno de los...del actual...y en una entrevista que tuvimos en diputación con el lord John Russell propuso de abstenerse de cuestiones a los ministros sobre los procedimientos en el Río de la Plata por algunos días, pues “era más probable” que ya se hallaban en camino instrucciones a Mr. Ouseley que darían otro curso a su conducta.
Nuestros avisos de la Plata son muy atrasados -avanzando a 5 de diciembre de Montevideo y 26 de noviembre de Buenos Aires. En este mismo día se esparcían rumores del combate en el puerto de Obligado, pero no había habido triunfo para indicar los efectos entonces fue distinguido por su parcialidad al general Rosas ni en el pueblo igualmente y aguardamos con mucha ansia la primeras noticias, confiando siempre en el influjo y la moderación del general Rosas para la protección de nuestros paisanos y sus intereses.
Tengo el honor de saludar a V.S. con todo afecto y respeto su seguro servidor.
E.F. Dickson
Esas importantes e interesantes opiniones de San Martín, sobre los efectos de la intervención anglofrancesa, dieron su resultado, pues unido ello a la fuerte y decidida oposición que recibió la flota invasora en Vuelta de Obligado y en los sucesivos combates que se dieron después hasta llegar a Corrientes y de regreso al Río de la Plata, le demostraron a los interventores que no se podrían navegar impunemente las aguas de los ríos argentinos, sin sufrir graves consecuencias, tanto en lo que concierne a vidas humanas como en los bienes materiales.
Así el gobierno inglés, viendo que con las medidas de fuerza que había tomado, no había obtenido ningún resultado de “pacificar” a las repúblicas de ambas orillas del Plata, sino que por el contrario, se había visto afectado su comercio, se decidió a iniciar unilateralmente, dejando a sus aliados de lado, tratativas para lograr la paz con la Confederación Argentina, levantando con posterioridad por su parte el bloqueo y firmando con nuestro país la paz a través de la Convención Arana-Southern, en noviembre de 1849, cumpliéndose este año el 170° aniversario de tan importante tratado, gloria de nuestra Nación.
La “Entente cordiale” entre Inglaterra y Francia se había quebrado, ahora quedaba sola Francia enfrentada a la Confederación. Francia también se encontraba dividida, entre quienes querían seguir apoyando a los emigrados de Montevideo con dinero y recursos, además de mandar una poderosa expedición militar para ganar la guerra “a cañonazos” y otros que quería que se llegara a la paz y restablecer de esa forma las buenas relaciones con nuestro país.
Muchísimos de los franceses residentes en Montevideo que años anteriores habían dejado Buenos Aires para radicarse allí, que habían luchado hasta ese momento contra orientales y argentinos, regresaron a Buenos Aires, todavía con sus manos manchadas de sangre argentina, sin que nadie aquí los molestara. Venían atraídos por la prosperidad que gozaba en esos momentos la Confederación. No había ningún motivo –como no lo hubo nunca- para que Francia siguiera su confrontación con la Argentina.
La carta que San Martín había escrito a Dickson, también hizo ruido del otro lado del Canal de la Mancha, así San Martín seguiría dando batalla con la pluma, ya que hubo una segunda intervención, esta vez con los franceses.
El 21 de diciembre de 1849 en la Asamblea Nacional francesa se dio un debate sobre la cuestión del Plata, en la que los diputados alegaron sobre la conveniencia o no de seguir el conflicto con la Argentina y Rosas y allí se leyó la carta que San Martín había dirigido cuatro años antes al cónsul Dickson, logrando un alto impacto entre los diputados.
Al día siguiente el diario parisino La Presse, en primera página, hizo referencia a esas discusiones del día anterior en la Asamblea y publicó aquella carta.
Hacía tiempo que San Martín había tenido conversaciones con políticos influyentes sobre estos temas en la casa de la esposa del Marqués de Aguado, cuyo esposo había sido el banquero que había ayudado económicamente a San Martín.
La muerte del representante diplomático de la Confederación, ante el gobierno francés, Manuel de Sarratea ocurrido el 24 de setiembre de 1849 había dejado acéfala la representación diplomática argentina, entonces San Martín, se propuso defender la causa argentina.
El día 23 de diciembre a pedido del Ministro Jean Pier Bineau, San Martín encontrándose en su lecho de enfermo, le dirigió la siguiente carta, que por su falta de visión, fue dictada a su hija Mercedes:
Señor Bineau, ministro de obras públicas
Boulogne-sur-mer, diciembre 23 de 1849
Mi querido señor:
Cuando tuve el honor de hacer vuestro conocimiento en la casa de Mme. Aguado, estaba muy distante de creer que debía algún día escribiros sobre asuntos políticos; pero la posición que hoy ocupáis, y una carta que el diario Le Presse acaba de reproducir el 22 de este mes, carta que había escrito en 1845 al Sr. Dickson sobre la intervención unida de la Francia y la Inglaterra en los negocios del Plata, y que se publicó sin mi consentimiento en esa época en los diarios ingleses, me obligan a confirmaros su autenticidad, y a aseguraros nuevamente que la opinión que entonces tenía no solamente es la misma aún, sino que las actuales circunstancias en que la Francia se encuentra sola, empeñada en la contienda, viene a darle una nueva consagración.
Estoy persuadido que esta cuestión es más grave que lo que se supone generalmente; y a los 11 años de guerra por la independencia americana, durante los que he comandado en jefe los ejércitos de Chile, del Perú y las provincias de la Confederación Argentina me han colocado en situación de poder apreciar las dificultades enormes que ella presenta, y que son debidas a la posición geográfica del país, al carácter de sus habitantes y a su inmensa distancia de la Francia. Nada es imposible al poder francés y a la intrepidez de sus soldados; más antes de emprender los hombres políticos pesan las ventajas que deben compensar los sacrificios que hacen.
No lo dudéis, os lo repito: las dificultades y los gastos serán inmensos, y una vez comprometida en esta lucha, la Francia tendrá a honor el no retrogradar, y no hay poder humano capaz de calcular su duración.
Os he manifestado francamente una opinión en cuya imparcialidad debéis tanto más creer cuanto que establecido y propietario en Francia 20 años ha, y contando acabar ahí mis días, las simpatías de mi corazón se hallan divididas entre mi país natal y la Francia, mi segunda patria.
Os escribo desde mi cama en que me hallo rendido por crueles padecimientos que me impiden tratar con toda la atención que habría querido un asunto tan serio y tan grave.
Tengo el honor, señor, con la más profunda consideración.
Vuestro muy obsecuente servidor.
José de San Martín
El 3 de enero de 1850, Mariano Balcarce, oficial de la Legación Argentina en París, le informaba al Ministro de Relaciones Exteriores de la Confederación, Camarista Felipe Arana, sobre las gestiones que había realizado su suegro, el general San Martín, con la carta que le remitió al Ministro Bineau, remitiéndole copia legalizada de la misma, explicándole que “Aunque el infrascripto no ha recibido autorización de su señor padre político el general San Martín, para remitir a V.E. copia de la carta que con fecha 23 del ppdo. diciembre dirigió al señor Bineau, ministro de obras públicas, está persuadido que no desaprobará este paso…”
Aquella carta que fue leída en el Consejo de Ministros, contribuyó a morigerar el ímpetu belicoso de muchos políticos franceses y así meses después se firmaría la convención Arana-Lepredour, que en los hechos representó la paz entre Francia y la Confederación Argentina y la República del Uruguay, si bien el tratado no fue ratificado por la Asamblea Nacional de Francia y más aún después del pronunciamiento de Urquiza en mayo de 1851.
Estas fueron en breve síntesis las gestiones realizadas por San Martín en Inglaterra y Francia.
viernes, 1 de septiembre de 2017
Opiniones sobre Rosas - Antonio Dellepiane
Publicado en el Periódico El Restaurador - Año XI N° 44 - Setiembre 2017 - Pags. 15 y 16
Opiniones
ANTONIO DELLEPIANE
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| Antonio Dellepiane |
Nació en Buenos Aires en 1864 y falleció en la misma ciudad en 1939. Fue escritor, jurista e historiador.
Estudió en el Colegio Nacional y se doctoró en derecho en la Universidad de Buenos Aires, donde posteriormente fue también profesor. Fue el primer profesor de Sociología en la Facultad de Derecho.
A partir de 1908 fue miembro de la Academia Nacional de la Historia la que presidió durante los años 1917-1919 y desde 1916 a 1932 se desempeñó como director del Museo Histórico Nacional.
Escribió varias e importantes obras jurídicas y muchas otras de carácter históricas entre las cuales podemos nombrar: La Tarja de Potosí, Dorrego y el federalismo argentino, El Himno Nacional. Estudio histórico-crítico, Rosas en el destierro (El testamento de Rosas. Rosas y sus visitantes. Rosas y Palmerston), Rosas.
Dellepiane fue un escritor de tendencia antirrosista propio de su época y sobre todo teniendo en cuenta que su esposa -hija del Presidente Nicolás Avellaneda- era nieta de Marco Avellaneda, llamado "el mártir de Metán", muerto por fuerzas federales al mando de Manuel Oribe el 3 de octubre de 1841.
Para él, no hay nada positivo en Rosas -al que siempre nombra como "tirano"-, siempre hay un "pero". Si Rosas, por ejemplo, para educarse leía el diccionario, él acota, "...Sin desconocer la utilidad y aún necesidad de la mencionada consulta, cabe afirmar su deficiencia como única fuente del saber, máxime cuando éste no se abreva en una verdadera enciclopedia, y si sólo en un simple vocabulario del idioma común".
También en varias partes de su obra habla de la antipatía de Rosas hacia los extranjeros. Ello no fue así y existen muchísimas pruebas; si hubo antipatía fue hacia gobiernos extranjeros, cuando estos pretendieron entrometerse en cuestiones internas o directamente atacaron al país. Rosas no se lo permitió y por eso los enfrentó.
Pero no obstante esto emite interesantes opiniones sobre el dictador.
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De su obra Rosas (Santiago Rueda Editor, Buenos Aires, 1950), extraemos estos interesantes párrafos.
"[Rosas] cuya vida nos proponemos seguir paso a paso dentro de la esfera privada a la vez que en su actuación pública, gozó de renombre, casi diríamos universal, de tirano; que pesó como gobernante en la historia de su país durante un cuarto de siglo; que influyó considerablemente en la de los países limítrofes al suyo y, en medida también no despreciable, en la de algunos grandes Estados del viejo continente, principalmente Francia y Gran Bretaña, ocupando la atención si no perturbando los sucesos de la Europa occidental. Rosas es, así, no sólo un personaje conspicuo en la historia argentina, sino también en la universal..."
"Rosas ha sido agrandado y deformado por la leyenda en uno y en otro sentido, para magnificarlo y aplaudirlo o bien para lapidarlo. Tanto la leyenda unitaria como la federal son falsas. Ni fue el gran Rosas de los primeros, ni el monstruo infernal de los segundos. Fue un hombre de carne y hueso con ciertas cualidades notables, de excepción extraordinaria, acompañadas de faltas y defectos, de inteligencia y de carácter. Lo mismo su acción, benéfica en cierta parte, perjudicial en otra. La historia debe reducirlo a sus justas proporciones, moderando las exageraciones, corrigiendo los errores de hecho o de interpretación".
"Explicar a Rosas es explicarnos a nosotros mismos. Como todo caudillo de verdad, resume en sí alguno de los rasgos del carácter argentino".
"Cada uno dentro de su esfera, tanto Rosas como Mitre y como Sarmiento fueron verdaderos autodidactos".
"Se ha dicho que Rosas, desde joven tuvo como libro de cabecera el diccionario de la lengua, que lo consultaba, con frecuencia, tanto como a un preceptor".
"En el desempeño de las funciones rurales aprendió el arte de manejar y de dominar hombres, a conocer la naturaleza humana, a leer en ella de corrido y a manejar con seguridad y destreza los resortes que la mueven, observando el alma simple y desnuda de los gauchos y de los indios, de los pobladores sencillos y rústicos de la pampa. Como ellos fue sobrio, estoico, continente, retobado, astuto, cauteloso, desconfiado. Llegó así a ser su dueño, y tanto como los comprendía, era, por lo mismo, incapaz de comprender a los que diferían de ellos notablemente".
"No hizo en el 'Rincón de López' vida muelle ni ociosa; la tarea era ruda, penosa, arriesgada; la naturaleza escenario agreste, desolado; el 'entourage' [entorno], primitivo, rústico, violento, bárbaro. Allí se hizo Rosas, brutal, sádico; allí bebió, hasta saturarse, su antipatía al extranjero; allí se hizo diestro en la intriga, en el engaño, en la hipocresía, en la astucia, combinadas hábilmente con la franqueza, la audacia, la valentía, la violencia, la crueldad, la disposición de emplear, según el caso o las circunstancias, el beneficio o el castigo, la verdad o la falsía".
"Juan Manuel no tuvo una juventud disipada. Se casó joven, cuando casi cumplía los 20 años y, tanto antes como después, vivía consagrado al trabajo rudo y penoso que lo obligaba a una existencia errabunda e incómoda, alejado de su hogar. Se forjó así un carácter poco sociable, serio, retirado, nada amigo de fiestas, estoico, habituado a bastarse a sí mismo, parco en sus gustos, sobrio en sus placeres, simple enemigo de todo refinamiento, de toda regalonería, retraído, huraño, refractario a los halagos cortesanos".
"Respeta a su mujer mientras ella vive y la glorifica después de muerta: ve en ella a la esposa abnegada que fue, sin duda, doña Encarnación. Por eso predica, elogia y practica la honestidad conyugal, la moralidad de la unión".
"Es imposible negarle a Rosas ciertas condiciones de caudillo político, sin las cuales no habría salido de la penumbra de la historia para actuar en primera fila en el escenario público, para elevarse de empleado a patrón, de patrón a jefe de Estado".
"Empezó a adquirir prestigio ante la opinión como administrador ejemplar, como la encarnación misma del espíritu de orden y método de trabajo".
"Uno de los hechos que surgen incontestables, al parecer es la simpatía y admiración que gozó Rosas entre los indios, así como la adhesión entusiasta que le manifestaron en todo tiempo, alguno de sus jefes más importantes. La obra de Rosas en el sentido de conservar, extender y consolidar la autoridad argentina en la pampa, ¿es realmente importante? ¿Quién se la daba? Sus métodos, el trato pacífico, oneroso y corrupto que empleó en las luchas civiles, ¿son aceptables?. ¿Qué conocimiento tenía Rosas de la lengua de los pampas?. Llegó tal vez, en su contacto desde niño con los indios, a comprender su habla rudimentaria y hasta expresarse en ella y ponerse en comunicación por su medio con los salvajes. Ello le permitiría escribir o hacerse escribir alguna proclama y leerla o declamarla con la mímica adecuada ante un auditorio de guerreros pampas. Actitud que, sin duda, no dejará de granjearle simpatía y consideración entre los habitantes del desierto. Ese prestigio se acrecentó con el de los favores que les otorgó generosamente, por cuenta del Estado, cuando lo sirvieron, y el castigo que les infligió cuando se opusieron a sus designios".
"Rosas no amaba el lujo y desdeñaba hasta el 'confort', indicio de extranjerismo". "No hacía vida social. No concurría a las recepciones de Manuela. Aparecía en ellas rara vez, haciendo acto de presencia para retirarse enseguida...Rosas se eclipsaba, rehuía las ceremonias oficiales. Solo tomaba parte de ellas por excepción".
"Maniático de la disciplina, empezó por imponérsela a sí mismo. Y ese espíritu de orden lo observará en todo: en sus actos, en sus hábitos, en su estilo y hasta en su grafía. El sentimiento del respeto a la autoridad está en él mismo vivamente arraigado".
"Llevaba cuenta y razón de todo, oficinescamente, como un dependiente, como un contador muy personal. Todo lo fiscalizaba, todo tenía que pasar por su mano y bajo su ojo escrutador y penetrante. Nada pequeño se le escapaba. Todo lo preveía, tenía vista doble, oído sutil, olfato de perdiguero".
jueves, 1 de septiembre de 2016
Combate del Paso del Quebracho
Publicado en el Periódico El Restaurador - Año X N° 40 - Setiembre 2016 - Pags. 14 a 16
Bicentenario de la Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas de Sud América el 9 de Julio de 1816
1846 - 4 de junio - 2016.
Homenaje a los 170 años del combate de Paso del Quebracho
Doctor Guillermo María Masciotra
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| Cuadro pintado por J. M. Gilbert |
El
teniente Lauchlan Bellingham Mackinnon, oficial en la corbeta HMS Alecto,
llegada a Montevideo desde Inglaterra, a fines de enero de 1846 y enviada a
remontar el Paraná para sumarse a la expedición anglofrancesa que el 20 de
noviembre había forzado las defensas argentinas en Vuelta de Obligado, fue el
encargado -ya en el regreso- de montar una batería de cohetes a la Congrève en
una isla frente a la Angostura del Quebracho para hacer frente a las fuerzas
argentinas que esperaban el regreso de la flota.
En este cuadro pintado por J. M. Gilbert, propiedad de Mackinnon y que publicó en su obra que en castellano fue traducida como "La escuadra Anglo-Francesa en el Paraná, 1846", se aprecia la intervención de esos cohetes en la batalla del 4 de junio de 1846
El Combate de Paso del Quebracho o de la Angostura, que se desarrolló en las cercanías del hoy Puerto San Martín, Provincia de Santa Fe, el 4 de junio de 1846, constituye una de las glorias de la Guerra del Paraná y de las luchas por la soberanía e independencia nacional.
En esa circunstancia, la flota de embarcaciones mercantes y de guerra que había forzado la defensa de Vuelta de Obligado un poco más de seis meses atrás y remontó el río para llegar a Corrientes, regresaba de su destino maltrecha y deseando salir de nuestro territorio, que le resultaba manifiestamente hostil.
La enorme pérdida económica para los comerciantes de Montevideo, las bajas en las tripulaciones y tropas, sumado a la pérdida de cargas y al deterioro de las naves, fortalecían el deseo de abandonar cuanto antes el Río Paraná y así en forma escalonada los convoyes invasores buscaban la llegada al Plata a pesar de su superior artillería y blindajes.
Pero también debemos decir que después de Obligado, la artillería volante con el concurso de Juan Bautista Thorne, Santiago Maurice, Álvaro de Alzogaray, José Félix Cerezo y Laureano de Anzoátegui, siguieron desde la costa a las fuerzas invasoras durante toda su travesía y siempre que por las condiciones del río y sus costas lo permitía, la atacaron. Con vigías en las espesuras de las costas, playas y barrancas, se emboscaba en forma continua a la flota invasora. Así de improviso se desplazaban las unidades de artillería, desarmadas de sus cureñas, las piezas eran cargadas en carros y caballos y colocadas nuevamente en posición aguardaban el momento para disparar y desaparecer.
La expedición de auxilio enviada desde Montevideo, bajo el amparo de navíos de guerra venidos desde Gran Bretaña, también había sido atacada mientras remontaba el río Paraná cuando pasó por San Lorenzo, dos meses antes.
En el combate de Vuelta de Obligado, los anglofranceses habían capturado el pailebote Federal (1), al cual rebautizaron como Vuelta de Obligado en homenaje por la reciente "victoria" que habían obtenido, poniéndolo en servicio de SMB y enarbolando desde entonces pabellón inglés. Este navío, por sus características de fácil maniobra y velocidad lo hacían apto para prestar servicio como buque correo de la escuadra invasora y su base en Montevideo.
Cuando en cumplimiento de su misión, este nave bajaba por el Paraná desde Corrientes y se encontró frente a San Lorenzo, encalló en la noche del 18 de abril. Al amanecer del siguiente, advertidos los argentinos de esa situación, cuatro cañones a cargo de Alzogaray la atacaron desde la costa, logrando averiarla. La tripulación y el comandante británico abandonaron el navío y huyeron. Alzogaray con algunos soldados abordaron la embarcación, lograron zafarla de su varadura y la llevaron al puerto de San Lorenzo, donde se retiró el poderoso cañón inglés de bronce, con que lo habían armado, emplazándoselo en la batería instalada en Punta del Quebracho. El pabellón británico que enarbolaba la nave, junto con el equipaje del comandante, correspondencia oficial y otra documentación que los tripulantes dejaron en su huída, fueron remitidos al gobernador Rosas.
El General Lucio Norberto Mansilla -veterano de las Guerras por la Independencia y contra el Imperio de Brasil-, secundado eficazmente por los Coroneles Manuel Virto, Martín Isidoro Santa Coloma y los artilleros veteranos de Vuelta de Obligado prepararon en Punta del Quebracho desde el mes de abril de 1846 una nueva defensa similar a la presentada en Paso del Tonelero y San Lorenzo, aguardando al núcleo principal de la flota invasora. Las fuerzas argentinas contaban con menos de veinte cañones que fueron emplazados en lo alto de una barranca, fuera del alcance de la artillería enemiga, y con un millar de hombres aproximadamente en total, formadas por los siempre aguerridos integrantes del 2do. Batallón de Patricios, los Lanceros de Santa Fe y el Regimiento Escolta del Gral. Mansilla como reserva. Mansilla era un experto en obtener ventajas en el terreno cuando la diferencia de armamento no le daban una situación favorable.
Los comandantes de las naves invasoras sospechaban fundadamente desde los puentes de sus buques, de una nueva defensa a todo trance que realizarían las fuerzas de la Confederación Argentina, cerca de San Lorenzo, por lo cual se detuvieron a escasas leguas del sitio durante días para reagruparse.
Finalmente el 4 de junio, la flota enemiga compuesta de 12 naves de guerra y 95 mercantes, decidió forzar la posición argentina, donde recibieron un daño mayor, en naves y mercaderías. En algunos casos las embarcaciones, debido a la confusión de las maniobras tendientes a evitar el fuego argentino que se les hacía desde la barranca, vararon en el lecho fangoso y fueron incendiadas por sus propios tripulantes para que no cayeran en manos argentinas. De una de las goletas en llamas los argentinos recuperaron mercaderías.
Luego de casi tres horas de duro combate, parte de las naves retrocedieron porque precisamente la eficaz artillería de Thorne les causaba severos daños.
El combate del Paso del Quebracho, fue una clara victoria de las fuerzas nacionales, decisiva en la solución del conflicto, ya que los invasores tuvieron cuantiosas pérdidas en las naves mercantes y también los navíos de guerra recibieron el fuego de las baterías argentinas, siendo algunos de ellos seriamente dañados, sufrieron también muchas bajas humanas, frente a las insignificantes de las fuerzas defensoras.
La finalidad de la expedición al Paraguay y Corrientes había fracasado. La ruina aguardaba a los comerciantes de Montevideo que creyeron haber encarado un próspero negocio, pero que les resultó lo contrario, ya que no solo no pudieron vender sus mercaderías, sino que gran parte las ellas se perdieron como consecuencia de la lucha.
Los invasores comprendieron que era imposible navegar impunemente los ríos interiores argentinos y de nada les servía la política de cañoneras en un territorio al cual se podía invadir pero del cual resultaba muy difícil salir indemne. Aprendieron la lección y ya nunca más intentaron adentrarse en ríos que eran argentinos.
La estrategia de Mansilla, fue la de correr y golpear, además de dar libertad de acción a sus comandantes para que con decisiones sobre la marcha de los acontecimientos, descargaran salvas en el momento imprevisto y en muchos episodios hasta la última carga de munición.
Tampoco los nuevos ataques de José Garibaldi -bajo las órdenes del gobierno enemigo de Montevideo- a Gualeguaychú y Paysandú cambiaron el curso final de la Guerra del Paraná ya que este enemigo de la Argentina, que había sido derrotado completamente por el almirante Brown en el combate naval de Costa Brava poco menos de cuatro años atrás (15 y 16 de Agosto de 1842), ahora había vuelto a la aventura y al saqueo, luego de que se le permitiera huir y así salvar la vida en las jornadas mencionadas, donde fuera batido por nuestra fuerza naval.
Las noticias del fracaso expedicionario anglofrancés también llegaron a Londres y Paris donde las bajas, las pérdidas de naves y la frustración de los comerciantes europeos que no podían comerciar en el Río de la Plata fueron comentadas en los círculos de los gobiernos inglés y francés y en toda la prensa europea. Tomás Guido -embajador en Río de Janeiro- resaltó que las ricas compañías comerciales de Liverpool y Manchester, también levantaron su voz al ver que tenían la mejor plaza del Atlántico Sur cerrada para sus productos y la Casa Baring Brothers hizo saber a sus inversores con preocupación, que uno de sus préstamos efectuado precisamente a la Argentina, era uno de los pocos que se pagaba en sus servicios puntualmente y que con el ataque a la Confederación Argentina seguramente peligraría en adelante su cumplimiento.
Además, la acción diplomática de Carlos María de Alvear desde Estados Unidos,- divulgador de la Doctrina Monroe en los propios Estados Unidos, la que a similitud de la Guerra de Malvinas no se invocó ni aplicó por el gobierno norteamericano-, de Mariano Balcarce en Francia y de Manuel Moreno en Inglaterra crearon tal conmoción que se resolvió cambiar el interlocutor para negociar con la Confederación Argentina y así llegó el plenipotenciario Thomas Hood para reunirse con Rosas y su canciller Felipe Arana, para finalizar el conflicto, pero pasarán tres años más para la firma de los Tratados Arana-Southern y Arana-Lepredour.
Guido desde Río de Janeiro, también advirtió sobre la llegada de dos regimientos de línea ingleses procedentes de Ciudad de El Cabo al Imperio de Brasil como modo de coacción, lo que en definitiva no se produjo.
La Confederación Argentina no cedió nunca en sus pretensiones de respeto a su soberanía sobre sus ríos interiores, a pesar que bajo la óptica del terreno estrictamente militar, la flota invasora pudo pasar en todas las oportunidades en las cuales se le presentó batalla, pero al costo que el saldo desfavorable de los combates para los argentinos, se transformó en una victoria política y diplomática que llegó hasta los Estados Vaticanos.
La posición de Juan Manuel de Rosas encargado de las relaciones exteriores de la Confederación Argentina, en materia de la navegación de los ríos interiores, era similar en argumentos a la adoptada y aplicada por las potencias europeas, entre ellas Francia é Inglaterra, ya que el Río Paraná era sin duda un río interior. Y es precisamente lo que esas naciones más tarde reconocieron en aquellos tratados mencionados, respecto a la soberanía nacional en los ríos Paraná y Uruguay.
Ha pasado una flota pero la realidad es que el Río Paraná no ha quedado libre para las banderas bloqueadoras, no hay víveres frescos en las costas del Paraná, el ganado ha sido retirado al interior lejos de las riberas, y no hay peor situación que haber invadido un territorio y no saber cómo y a qué precio salir.
Rosas, gran negociador, al tratar por separado con Francia e Inglaterra, consiguió formalmente evidenciar las diferencias que existían entre las dos potencias. Nuestra diplomacia interpretaba con acierto que este plan de invasión solo tenía un interés comercial y que el bloqueo era absolutamente ilegal y contrario a derecho.
Para fundar más aún la posición de la Confederación Argentina, es el hecho que el CONCEPTO DE LOS RIOS INTERNACIONALES, era desconocido en los foros internacionales, y recién se inició su desarrollo en la segunda mitad del siglo XIX.
(1) El pailebote Federal era una nave de construcción española, muy similar a una goleta, de silueta muy fina de solamente 3 m. de manga y una eslora de 28 m., con un desplazamiento de 115 tn. llegaba a ser identificada como la más veloz del Plata. Fue adquirida en 1844 para ser destinada al traslado de los prácticos que auxiliaban a las naves en el pilotaje en el Río de la Plata. Luego de su recuperación por Álvaro José de Alzogaray y ya bajo pabellón argentino y con el nombre originario Federal, su mando es ejercido hasta 1848 por el capitán Santiago Maurice, otro marino veterano de la Guerra del Paraná. Integró la Escuadrilla de Ramallo que operó en Corrientes, pasando luego por su versatilidad a ser asignado como aviso de la Armada Argentina. A partir de 1850 se pierde su actuación en los Registros de Buques.
Fuentes:
Busaniche, José Luis. Historia Argentina. - Caillet Bois, Teodoro. Los Marinos de la dictadura. - Galmarini, Hugo. Tomás Guido. - Gálvez, Manuel. Juan Manuel de Rosas. - Gerding, Eduardo. Recuerden Vuelta de Obligado. - Harguindeguy, Pablo. Apuntes sobre buques de la Armada Argentina. - Mackinnon, L.B. La escuadra Anglo Francesa en el Paraná 1846. - O´Donnell, Mario. La Gran Epopeya. - Piccirilli, Ricardo y Gianello Leoncio. Biografías Navales. - Ruiz Moreno, Isidoro. Campañas militares argentinas. - Saldías, Adolfo. Historia de la Confederación Argentina. - Tanzi, Héctor. Historia Marítima Argentina.
* * * * * * * * * * * * * * *
Canción
del Quebracho, escrita por el general Mansilla después del combate del
Quebracho
1°
- Quebrachito de eterna memoria / De los grandes recuerdos será / Ojalá de la
historia argentina / No se borre tu nombre jamás.
2°
Altanera de Junio en el cuatro / de esos viles la flota se vio / Invitando a
Mansilla a la lid / Que orgulloso jamás despreció.
3°
Ya se traba el ruidoso combate / Y entre el fragor se oye repetir: / Viva
Rozas, viva la Nación / Por la patria la gloria es morir.
4°
Entre el humo y las balas se vió / A las grandes naciones ceder / Al valor de
libres que hicieron / Vergonzosa su fuga emprender.
5°
Esos mismos que allá en Obligado / levantaron de nuevo el pendón / De
Inglaterra será el oprobio / de la Francia, vergüenza y borrón.
Fuente:
Dermidio T. González en "El hombre -
Reedición de la obra y apuntes históricos - Documentos y hechos desconocidos de
la historia argentina" (Arturo E. López editor, Buenos Aires, 1912)























