Mostrando entradas con la etiqueta Jorge O. Sulé. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jorge O. Sulé. Mostrar todas las entradas

martes, 25 de abril de 2023

Juan Manuel de Rosas. La construcción de un liderazgo político - Raúl O. Fradkin y Jorge Gelman - Jorge O. Sulé

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

182    


En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 




Después de la publicación en 2016, del libro Juan Manuel de Rosas, la construcción de un liderazgo político, obra de los escritores Raúl O. Fradkin y Jorge Gelman, el profesor Jorge O Sulé dio a conocer en la nota que a continuación publicamos, consideraciones muy interesantes sobre afirmaciones contenidas en este libro. 



Tarde pero mal, no importa, va llegando 

por Jorge O. Sulé


Tarde pero mal, no importa, va llegando. Nos referimos a ciertas informaciones asentadas en el libro: “Juan Manuel de Rosas. La construcción de un liderazgo político” de Raúl O. Fradkin y Jorge Gelman, autores que se mueven en la presunción de objetividad e imparcialidad que se atribuyen a la investigación histórica...y algo han avanzado.
Señalaremos datos, errores, omisiones contextuales sin los cuales queda la información incompleta o directamente adulterada, circunstancias varias que nos suscita la lectura de este libro que, no obstante, recomendamos.
En las primeras páginas los autores afirman que Rosas dominaba el francés y el inglés. No es cierto. Rosas dominaba el castellano bien, el latín mal y el pampa indígena bien. Durante el bloqueo anglo- francés iniciado en 1845, y que duró unos años, el 12 de junio de 1847 Rosas recibió al embajador francés, conde Walewski, quien trajo como traductor a Brossard, funcionario de la embajada francesa que hablaba el castellano, por lo que ofició de intérprete entre Walewski, que no hablaba el castellano; y Rosas, que no hablaba el francés.
En cuanto al idioma inglés, durante casi tres meses de trayecto en el buque inglés Conflict que llevó a Rosas al exilio, tanto él como Manuelita fueron aprendiendo algunas expresiones de ese idioma, gracias a los buenos oficios de un marino inglés y un diccionario de dicha lengua.
En la página 204 les autores reconocen el “fuerte sustento legal e institucional” que tuvo Rosas: tuvieron que agregar el sustento popular que lo acompañó hasta sus últimos días y posteriormente -en su ausencia (en las pulperías rurales o en la evocación de provocadoras guitarras).
En la página 240, en la que se recuerda la campaña al desierto de 1833, se da por “acuchillado” al cacique Chocorí. Error. El blandengue Francisco Sosa, que lo persiguió y no lo alcanzó, le llevó a Rosas la lanza del cacique y su cota de malla (su coraza) compuesta por siete cueros superpuestos de venados que cubría el torso del cacique.
Se entendió entonces que un indio sin su lanza y desnudo en la Patagonia era hombre muerto. No fue así. Hacia 1841 apareció Chocorí con sus hijos Sayueque y Antiglif y pidió la paz a Rosas, quien lo aceptó y lo incorporó al “negocio pacífico”.
En la página 243, los autores recuerdan la cantidad de indios muertos en la campaña al desierto (entre 1400 a más de 3000). Se omite enumerar las bajas de los soldados de línea, ni a los miles de cautivos liberados. Al parecer para los autores un cristiano muerto no es igual a un indio muerto. Asoma acá la trampa dialéctica. Si matan los cristianos (españoles, criollos, blancos) a algún indio, o a muchos, será siempre un genocidio. Si en las pirámides truncadas de México se le arrebata el corazón a los indios prisioneros de guerra, o algunos blancos (cristianos) derrotados en algún entrevero, en homenaje. a algún dios, es explicado ese sacrificio como un sublime arrebato teológico.
Si miles de indios murieron esclavizados en las tribus, trabajando durante años en la construcción de monumentos faraónicos para depositar el cadáver de un rey, que era justamente quien los había exterminado hasta la muerte, los simpatizantes indigenistas hablarán de las maravillas de los testimonios arquitectónicos de los nativos. Ahora bien, si hubo indios que murieron trabajando en el sistema de mita, se son simplemente que el Estado español los oprimía cruelmente.
De tal modo, se llega a la conclusión que el mundo cristiano es mendaz y antihumano, y la indianidad generosa y buena por naturaleza y arquitectónicamente bella.
Después de esta disgresión que no les viene mal a repetidores y gacetilleros, también se hace necesario explicar el porqué de algunas órdenes de violencia que fueron dictadas por Rosas a algunos de sus subordinados en la Campaña del Desierto.
No todos los indios eran iguales. Los había dispuestos a tratar y otros no. Rosas, cuando organizó la expedición, siempre tuvo en su cabeza el punto neurálgico al que tenía que llegar y desbaratar. Ese lugar era Choele Choele, de excelente pastoreo en el Río Negro, lugar de concentración de la hacienda robada en estancias de Córdoba, San Luis y Buenos Aires, por indios ranqueles y vorogas, para luego ser trasladados para su venta a los hacendados chilenos. Ese lugar, dominado por Chocorí, sus indios; soldados y suboficiales desertores que pagaban con alcohol, y chucherías a sus socios ranqueles y vorogas y con mujeres para servicio y serrallo de los suyos.
Rosas tenía en su punto de mira fundamental ese lugar de comercialización y traslado. Sus órdenes de eliminación o de exterminio fueron para estos huilliches pehuenches (Chocorí y su gente). No así para otros, por ejemplo, para los tehuelches, con los cuales suscribió tratados de paz, sugiriéndoles que defendieran y comercializan con Carmen de Patagones y así lo hicieron.
En la página 307, se repite otro disparate: “Rosas en los altares de las Iglesias”. El inventor de la especie fue Rivera Indarte en “Rosas y sus opositores” sin mayor examen lo repitió Florencio Varela en el “Comercio del Plata”, estando exiliado, y lo reiteró ingenuamente Félix Frias en “La gloria del tirano Rosas”.
De allí lo tomaron todos los historiadores, novelistas, ensayistas y gacetilleros actuales. Esta repetición, que va desde los nombrados, pasando por Grosso hasta Levene, se convirtió en una tradición de errores, originada en un disparate de uno de los opositores. A ninguno se le ocurrió consultar las hemerotecas de la Biblioteca Nacional para estudiar las ceremonias religiosas de la época de Rosas. En la Gaceta Mercantil en 1839 se describe como el retrato de Rosas era “colocado en el pabellón que le estaba preparado en el presbiterio (en la catedral)”. En otros periódicos se” describe el espacio que estaba preparado en el presbiterio (La Merced); en otro “dos centinelas hacían de guarida de honor en el presbiterio (Balvanera)”. En ninguna parte se dice que el retrato fuera colocado en el altar. Dicho Jugar (el presbiterio) es el espacio más cercano al altar, su utilización no es una profanación. En la actualidad es el lugar que se reserva para el Presidente de la República y eventualmente su esposa. Para notificación de los gacetilleros repetidores: el rito venía de los tiempos españoles. Era costumbre llevar las efigies de los reyes hasta las iglesias y ser recibidas allí por los prelados y cleros, bajo palio, para conducirlos al presbiterio. Se ve entonces que los autores de turno no han ido a la hemeroteca, algunos sólo han repetido una tradición de errores.
En la página 310 se deslizan varios errores que por no investigar, repiten afirmaciones de María Sáenz Quesada, que incurre en inexactitudes que los autores repiten.
Nos referimos a la amante que tuvo Rosas después que fallece en 1838 su esposa Encamación que precisó atención por su dolencia terminal (cáncer) especialmente en sus dos últimos años 1837 y 1838 en el que falleció el 20 de octubre. Cuando Eugenia se incorpora (como una especie de empleada doméstica) ya venía embarazada. Tuvo a su primera hija Mercedes ese año 1838 y que llevó el apellido Costa porque fue engendrada por Sotero Costa Arguibel, un sobrino de Encarnación. Para sostener que Eugenia tiene amores con Rosas desde los trece años, María Sáenz Quesada afirma en su libro “Mujeres de Rosas”, citado abundantemente por los autores, que Eugenia nace entre 1823-1825, La autora desconoce el Censo de 1855 y 1869, en donde están asentados los datos de toda la familia de Eugenia Castro, que dicen que su año de nacimiento fue 1820, habiendo tenido su primera hija a los 18 años, Mercedes, por un Arguibel. Los autores del libro que comentamos, meros repetidores de una autora que tampoco investigó el tema, incurren en las mismas aseveraciones incorrectas de su fuente, Así nacen o se perpetúan las tradiciones de errores, todos llevados por sus detestos o prejuicios (¿la objetividad?). A Dios gracias queda en los documentos que los autores desconocen.
En la página 322 los autores cometen otro error sustancial al afirmar que Rosas impide el flujo de metálico al interior.
No leyeron el decreto de Rosas que prohíbe el flujo de metálico y la exportación de metálico “tan solo por agua”. Quien mira el mapa de la Argentina, se dará cuenta que el decreto está dirigido a las provincias del litoral, y parcialmente: Santa Fé, pero dejaría libre de esa traba al resto. Allí comienzan los enojos de Urquiza. Los historiadores cuando se refieren a esas prohibiciones se comen el final del decreto “tan solo por agua” y hacen recaer las prohibiciones sobre el resto del interior.
Ya sea por ignorancia o deshonestidad intelectual omiten la parte del decreto que dice “POR AGUA” y así alimentan la animosidad hacia Buenos Aires para hablar de su inveterado centralismo. De paso ocultan que acá se esconde uno de los enojos de Urquiza que lo llevará a Caseros.
En la página 318 haciendo alarde de imparcialidad y objetividad reconocen que Rosas hacía votar a toda la población incluyendo a todos los soldados: omiten decir que también los hacía votar a los indios “de sargento para arriba”. No seguimos adelante con la enumeración de otros errores, omisiones o verdades a medias que nos hacen creer que los grandes autores revisionistas mencionados en la extensa bibliografía citada no han sido prolijamente leídos. Apenas ha habido una mirada superficial y deficiente. Pero nos advierte que los nuevos cultores del revisionismo contemporáneo están totalmente ignorados, repitiéndose los libros de las corrientes historiográficas afines a los autores que los inhabilita a la tan aclamada ecuanimidad que pretenden esgrimir.
Por lo menos ya no hablan de la “tiranía sangrienta”, es un paso adelante,
Han reemplazado lo de la “tiranía sangrienta” por un “bendigo a tutti” que desde el púlpito neutral, como decía Jauretche a Félix Luna, intentan distribuir justicia mitad por mitad, eclécticamente.
¿Podrán hacerlo? ¿mandarlos a todos al Paraíso? Rosas se encontrará con Urquiza y le preguntará, “¿se recuerda en las escuelas que yo derroté a Francia e Inglaterra y que Ud. se unió con Brasil para combatir su propia patria?”. Urquiza quizás le responda, “no había otra alternativa para escribir el cuadernillo de 1853”. También se encontrarían Mitre y El Chacho y Mitre lo abrazaría con las dos manos al Chacho, pero este solamente lo abrazaría con una mano porque con la otra se estaría sosteniendo la cabeza que le cortaron en Olta. No está mal perseguir la ecuanimidad, ¿Podrá lograrse? ¡Pero investiguen muchachos, investiguen!

sábado, 4 de diciembre de 2021

Jorge O. Sule - Cuestión indigena

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

52 


Jorge O. Sulé




En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años.

En la Revista Juan Manuel de Rosas - Órgano del revisionismo Histórico, Año I N° 1, Segunda época, salió publicado el siguiente artículo del profesor Sulé.



 

La historia y las revalorizaciones románticas

por Jorge Oscar Sulé  

En una nota redactada en “Segunda Sección” de Clarín del sábado 30 de abril de 1994 firmada por Fabiana Fondevilla, se hace referencia a las vicisitudes dramáticamente sangrientas que tuvieron como protagonistas a los caciques Catriel de los pagos de Azul y Olavarría, y que una telenovela de moda pareciera rescatar a alguno de ellos.

Desearía aportar alguna información al respecto, para darle a los hechos y personajes, la  verdadera dimensión histórica al margen de ficciones literarias o novelescos.


Donde estaban ubicados los Catriel.

La autora de la nota afirma “Los Catriel, una tribu de indios “pampa” como se los conoció genéricamente, a pesar de su probable origen mapuche, se establecieron en 1854 en la zona de Azul y Olavaría y allí...”

En realidad este poblamiento indígena ya en el parlamento del Guanaco, celebrado con el gobierno de Buenos Aires en 1825, habitaban desde entonces y mucho antes las zonas de las sierras y tenían sus principales tolderías en Tan-lil [piedra que se mueve, Tandil), en el arroyo Azul (Calfú) y Tapalqué y fueron los que acompañaron a Juan Manuel de Rosas en su expedición al desierto en 1833. No solamente Rosas fue acompañado por Catriel sino por otros caciques como Cachul, llanquellen, Pablo y caciquillos como Nicasio y Antuán que lo apoyaron llevando más de 300 lanceros guerreros.

Con más precisión Juan Catriel y su gente estaban asentados a cuatro leguas al sur de Tapalquén (con el tiempo Tapaiqué), en las cercanías del fortín Estomba en campos conocidos como de Balcarce.

Hacia 1835, un año después de haber concluido la campaña al desierto, llega a esos pagos la noticia de que Rosas asume de nuevo el gobierno, por lo que el 24 de junio aparece en la Guardia del Azul una cabalgata de cuarenta jinetes indios encabezados por Catriel, Cachul y Nicasio para festejar. El primero embrazaba un gran retrato de Rosas y se dirigieron todos a la plaza del poblado donde Catriel pronunció un discurso frente a numeroso público "Juan Manuel es mi amigo. Nunca me ha engañado. Yo y todos mis hermanos moriremos por él. Si no hubiera sido por Juan Manuel, no viviríamos como vivimos en fraternidad con los cristianos. Mientras viva Juan Manuel pasaremos una vida tranquila al lado de nuestras mujeres e hijos. las palabras de Juan Manuel son lo mismo que la palabra de Dios. Todos los que están aquí saben que lo que Juan Manuel nos dijo ha sido cierto. Nunca nos mintió”. (Partes detallados de la expedición al desierto de Juan Manuel de Rosas en 1833, escritos comunicaciones y discursos”, recopilados por el coronel Juan Antonio Garretón, edit. Eudeba 1975, pág. 50/1).

La comitiva pernoctó ese 24 de junio de 1835 en Azul donde encendieron grandes hogueras durante los asados se llenaron y vaciaron las botellas. Al otro día continuaron la fiesta en Tapalqué.

 

Después de Caseros

Como se advierte, “los pampas” de Catriel se establecieron en Azul mucho antes de 1854 protagonizando los hechos que he mencionado. Caído Rosas en 1852 y olvidadas o suspendidas las “prestaciones” que Rosas hasta entonces había dispensado a las poblaciones indias (azúcar, yerba, bebidas, ropa, tabaco, potrancas, vacas y hasta vacunación antivariólica) se reiniciaron los grandes malones y las excursiones de pillaje organizadas por Cafulcurá que invitó a Catriel para que lo acompañara en sus excursiones. El saqueo se extendió a todos los poblados y estancias del sur de Córdoba, Mendoza, San Luis, Buenos Aires. Parte del saqueo era para el consumo, pero los grandes arreos de ganado, procedentes de las estancias eran vendidos a comerciantes y estancieros chilenos, entre los que se contaban los señores Arrejola, Prat, Bulnes, y otros (Historia Argentina 6° tomo de José María Rosa) estancieros chilenos que recibían los grandes rodeos en los valles transcordilleranos, en los altos del rio Neuquén y del Limay y lo pasaban hacia Chile.

Cafulcurá convertido en el gran intermediario y en el emperador de la pampa de acuerdo con pampas, ranqueles, boroganos, salineros, y picunches, asoló durante muchos años las regiones mencionadas.

La incapacidad de los gobiernos para solucionar este problema, al que contribuyeron las guerras entre Buenos Aires y la Confederación de Urquiza, los levantamientos del Chacho, Varela, López Jordán, la guerra contra el Paraguay, etc. fueron dilatando la solución del mismo. Entre 1852 y 1855 los malones fueron devastadores. Mitre salió con una fuerte expedición pero fue derrotado en Sierra Chica por Catriel y Cafulcurá en 1855. Durante la presidencia de Mitre se registraron más de quince malones en las regiones que antes había conquistado Rosas. Durante la presidencia de Sarmiento se padecen más de cuarenta malones: hacia 1871 pasan a Chile más de 250.000 cabezas de ganado. Para esa fecha ya ha muerto Catriel el Viejo [Juan] y sus hijos Cipriano, Marcelino y Juan José serán protagonistas de una dramática historia de violencias, sangre y muerte El primero que había heredado el mando del padre recibiría de Sarmiento el grado de Cacique General con uso de uniforme, quizás para neutralizarlo; además se ha cristianizado. “Era un fanático de las cosas cristianas... tenía casa de ladrillos en Azul y dormía en sábanas de hilo...“ dice Antonio del Valle en su libro “Recordando el pasado”. En realidad era un intermediario del mismo Cafulcurá para vender a comerciantes cristianos el fruto de lo robado por el Gran Gulmen en otras regiones: no era raro encontrar en estancias de Buenos Aires, ganado robado en estancias de Córdoba y esto además con conocimiento y participación de los comandantes de frontera que aprovechaban para hacer su “agosto”. En el libro de Estanislao Zeballos “Cafulcurá y la dinastía de los piedras”, relata la complicidad también de estancieros y comandantes de frontera en los negocios de Cafulcurá y Catriel el jóven [Cipriano].

En una circunstancia, un jefe de la frontera de Azul el coronel Francisco de Elía, entendido con Cipriano Catriel, se apoderó de las tolderías y pertenencias de Manuel Grande y Chipitruz. Los dos caciques protestaron al juez de paz y éste entendido con de Elía y Catriel, los remitió a Martín García y destinó sus indios al ejército de línea. Al enterarse Cafulcurá, previo parlamento con los principales gulmenes de los pueblos indios, empezó una invasión llegándose con 6.000 guerreros de lanza hasta 25 de Mayo para vengar aquella afrenta y de paso hacer grandes arreos de ganado a Chile. Cafulcurá asoló 9 de Julio, 25 de Mayo, y Gral. Alvear, llevándose miles y miles de animales, pero presentó combate en San Carlos al pequeño contingente del coronel Rivas cuyos efectivos habían sido engrosados con la indiada de Cipriano Catriel y Coliqueo. Por eso se afirma que en realidad en San Carlos se enfrentaron más de 7.000 guerreros, casi todos indios, que se mataron entre sí ya que los soldados de línea apenas pasan el centenar. El héroe de San Carlos fue Catriel. Por su empuje y decisión los cristianos ganaron la batalla, el cacique luchó como un demonio, a caballo, de a pie, a lanza, facón y boleadora. Cafulcurá perdió todos los arreos, 76.000 vacunos y 16.000 yeguarizos y fue arrastrado por sus hijos lejos del campo de batalla: la mortandad de indios de ambos parcialidades fue tan grande que Cafulcurá y luego su hijo Namuncurá no pudieron reponerse nunca más de esa sangría.

 

Un final sin ficciones románticas

La autora de la nota apunta bien cuando dice “La venganza llegaría en 1874 cuando Cipriano acompañó a los partidarios de Mitre en un movimiento revolucionario contra el gobierno [de Avellaneda]. Al ser derrotadas las huestes de Mitre, el gobierno entregó al cacique para que fuera juzgado por su propia tribu. El veredicto fue implacable. Cipriano debía morir lanceado y la orden sería dada por su propio hermano Juan José.”

En el libro “Roca y Tejedor” de Julio Costa se relata el final de Cipriano Catriel según se lo contó al autor “un indio longevo del Azul”. Los indios rodearon a Cipriano que tenía las manos atadas a la espalda. Este les gritó: “atropellen no más, apunten bien y no me vayan a errar, porque si vuelvo a tomar el mando de la tribu los haré fusilar como en San Carlos...”; después de ser lanceado un indio le clavó el facón hasta la S... Mejor final tuvo Payne; murió en su toldo, en sus exequias, según ritual araucano se sacrificaron cinco caballos, diez perros, veinte ovejas y sus veinticuatro esposas.

Entre los últimos meses en 1875 y principios de 1876 se registra la última gran invasión dirigida por Namuncurá (su padre Cofulcurá había muerto en 1873) acompañado por Juan José Catriel, Pincén, Renque Curá, Purrán, que durará varios meses. Son soldados de Azul, Tandil, Gral. Alvear, llevándose 200.000 vacunos y 4.000 yeguarizos. Todos los pueblos del interior de la provincia de Buenos Aires son asaltados. De ellos más que de Buenos Aires surge un clamor general que pide una solución ante tantas desdichas. Las pequeñas guarniciones del ejército son impotentes ante los maloqueos indígenas que se retiran en cada pueblo durante varios meses. Sólo atinan a encerrarse en los fortines. En marzo de 1876 llegan los fusiles Remington y comienza la reacción de las guarniciones militares compuestas por soldados gauchos desnutridos y pocos guerreros lanceros, por eso se afirma que la campaña de Roca tres años después fue un paseo militar (no hubo una sola espantada). Virtualmente no quedaban guerreros indios en1879.

Esta es una aproximación a la realidad dolorosa de los hechos históricos. ¿Qué romanticismo puede originar esta dramática etapa de la historia argentina? ¿A quién reivindicar en este fango de traiciones y asesinatos fraternales, mezclados con intereses espúreos? ¡Hay qué tener una gran imaginación literaria! Confesamos no tenerla.

miércoles, 23 de junio de 2021

San Martín y la masonería

La coherencia política de San Martín


El Dr. y profesor Jorge O. Sulé en el capítulo IV de su magnífico libro "La coherencia política de San Martín", trata el tema San Martín y la Masonería. Lo transcribimos en su totalidad por lo interesante de los datos aportados sobre esta cuestión, que siguen debatiendo distintos historiadores.




IV

SAN MARTÍN Y LA MASONERÍA

Se ha incursionado bastante sobre este tema. Es hora de hacer un balance.

En el N* 16 de la revista "Todo es Historia” de agosto de 1968, una nota del Dr. Enrique de Gandía, haciendo uso de su acostumbrada actitud apodíctica, afirmó rotundamente el carácter masónico de San Martín: ardua e infructuosa tarea, porque tenía que corregir a conspicuos masones como Sarmiento, que explicaron que la Logia Lautaro “No era una masonería como generalmente se ha creído, ni menos las sociedades masónicas comprometidas en la política colonial…” (1).

También tuvo que enfrentar a su propio maestro, Bartolomé Mitre, Gran Maestre de la Masonería Argentina, que admitió que “La Logia Lautaro no formaba parte de la masonería y su objetivo era solo político...” (2). O tenía que rebatir a masones contemporáneos como Martín Lascano, que negó el carácter masónico de la Lautaro y, por consiguiente, de San Martín, en varias oportunidades.

También el historiador de la Academia Nacional de la Historia tuvo que enfrentar a sus pares de la Corporación, como Juan Canter (3) o Guillermo Furlong Cardiff que, en un valioso estudio aseveró que “San Martín jamás fue masón en el sentido que se le da hoy en día a este vocablo...San Martín perteneció a la Logia Lautaro. Es un hecho indubitable, pero igualmente lo es que esa logía nada tenía de masónica en el sentido heterodoxo de este vocablo fuera de sus formas externas...” (4).

El artículo del Dr. De Gandía no convenció porque no aportó documento probatorio alguno y, en cambio, originó varias réplicas, una de ellas publicada en el Suplemento N° 14 de la revista “Todo es Historia”, en la que el historiador de la Academia Sanmartiniana, Coronel Leopoldo Ornstein con aquilatada y profusa documentación, desnudó las pretensiones iconoclastas del primero y entibió el entusiasmo de los masones que viven en la Argentina, que nunca pudieron probar el masonismo de San Martin y, por el Contrario, muchos de estos en el siglo pasado y en este, lo siguieron negando.

Pero a nadie, hasta hace muy poco, en el mundo de los historiadores, se le había ocurrido consultar directamente a las logias centrales europeas de las que dependían las americanas, en cuyos archivos, tendrían que estar registradas tanto las logias como sus integrantes o, por lo menos, sus fundadores, como lo establecen  los registros de la masonería mundial.

Este camino de metodología directa y contundente lo etectivizó el historiador Patricio Maguire. Fallecido este gran investigador, todo su archivo de documentos históricos inéditos, pasó en custodia al historiador Norberto Chidemi quien ha dado a luz parte de dicho archivo. Entre estos documentos publicados, se encuentra la correspondencia entre el historiador Patricio Maguire y las Centrales de la Masonería de Inglaterra, Escocia, Irlanda y otras (5).

Transcribimos textualmente parte de esa correspondencia, que es definitivamente esclarecedora:


Carta de Patricio Maguire a  la Gran Logia de Inglaterra

Madrid, Agosto 7. 1979,

Al Señor Gran Maestre de la

GRAN LOGIA UNIDA DF INGLATERRA

Freemasons May

Great Queen Street WC 2

LONDRES


Estimado señor:

Soy un historiador argentino que investiga los antecedentes de la revolución e independencia de las posesiones españolas en América, con especial referencia a la argentina.

Gran importancia se atribuye a la acción de la denominada Logia Lautaro, existiendo una controversia ya centenaria respecto si constituyó una logia masónica o una logia puramente política (…)

Ningún historiador ha dado a conocer una respuesta basada en documentos,

Todo ha sido deducción pura.

Por esta razón el suscripto recurre a vuestra amable ayuda (…)

(…) podría resultar posible que esa Gran Logia poseyera los archivos de aquella época donde se registraría la existencia, si fueran masónicas, de las logias y sus afiliados.

Las logias cuyos antecedentes procuro hallar son las siguientes:

1) Logia Lautaro (de Buenos Aires y de Chile)

2) Logia de Caballeros Racionales N° 7 de Londres

3) Logia Gran Reunión Americana de Londres.

Las dos primeras pueden haber sido fundadas en 1808 y 1811. La tercera, algunos autores señalan su creación hacia 1795.

Las principales personas que presidieron o pertenecieron a esas logias fueron:

1) Francisco Miranda, de Venezuela.

2) Carlos María de Alvear, de Buenos Aires.

3) Simón Bolívar, de Venezuela.

4) José de San Martín, Matías Zapiola y Martiniano Chilavert, de Buenos Aires.

5) Bernardo O'Higgins, de Chile.

6) Luis López Méndez y Andrés Bello, de Venezuela.

Preguntamos:

¿Algunas de las mencionadas logias fueron inscriptas por la Gran Logia Unida de Inglaterra?

¿Podían los masones extranjeros ajenos a la jurisdicción inglesa instalar logias masónicas en Inglaterra durante aquellos años?

¿Existe algún documento de carácter masónico en los Archivos de esa Gran Logia, referentes a las logias o personas antes mencionadas, y de existir, podría obtenerse fotocopia de los mismos, teniendo en cuenta su valor histórico?

Quedaría muy agradecido a las autoridades de esa Gran Logia por cualquier información que pudieran suministrarme.

                                                        Patricio Maguire

Mi domicilio hasta  el 15 de octubre de 1979:

Patricio Maguire 

Lagasca 67 Ap. 309 B

MADRID- ESPAÑA


La respuesta no se hizo esperar, y la contestación llegó de esta manera:


Gran Logia Unida de Inglaterra 

Freemasons Hall — Great Queen Street- London

Departamento del Gran Secretario. 

Señalar la correspondencia como personal. 

21 de agosto de 1979

Estimado Señor: 

Su carta del 7 de agosto de 1979, dirigida al Gran Maestro, me ha sido derivada para su contestación. 

1) La Logia Lautaro era una sociedad secreta política, fundada en Buenos Aires en 1812 y no tenía relación alguna con la Francmasonería regular. 

2) Las tres logias que Ud. menciona en su carta, jamás aparecieron anotadas en el Registro o en los Archivos ni de los Antiguos modernos y de la Gran Logia Unida de Inglaterra: no hubieran sido reconocidas como masónicas en este país entonces ni posteriormente. 

3) Las seis personas mencionadas en su carta, de acuerdo a nuestros archivos, nunca fueron miembros de logias bajo la jurisdicción de la Gran Logia Unida de Inglaterra.

4) La gran Logia de Inglaterra no era el único organismo masónico existente durante el período del cual está usted interesado. Existían grandes logias independientes en Irlanda, Escocia, Francia, Holanda y  Estados Unidos de América, todas las cuales autorizaban la instalación de logias propias.

5) Nunca han existido medios legales para prohibir que extranjeros en Inglaterra crearan sus propias logias, pero tal acción siempre es considerada por la Gran Logia de Inglaterra como una invasión a su soberanía territorial, y las logias así creadas no serían reconocidas como regulares, ni se permitiría a sus miembros concurrir a logias inglesas o que los masones ingleses concurrieran a aquellas

Sinceramente suyo.

JW Brubbs. Gran Secretario

P. Maguire, Esq., 

Lagasca 67- Ap. 309 B

Madrid Spain


En la misma fecha el historiador Maguire dirigió una carta a la logia Quator Coronati N° 2076, que está en la misma sede de la Gran Logia Unida de Inglaterra y que agrupa en su seno a historiadores masones dedicados a la investigación.

El tono y el requerimiento del historiador argentino son similares  a los utilizados en la carta anterior. 

Espigaremos algunos fragmentos por la similitud de la respuesta.

”…Es una cuestión a la cual recibimos requerimientos de tiempo en tiempo, pero sobre la cual estamos imposibilitados de proveer cualquier evidencia sobre las fuentes primarias debido a que no existió contacto alguno entre la francmasonería regular y esos movimientos dedicados a la independencia de Sudamérica. Las logias a las cuales Ud. se refiere en su carta no eran en ningún aspecto logias masónicas regulares, sino sociedades secretas políticas...”

Luego, el autor de la respuesta sugiere la lectura de Mitre y transcribe párrafos de su obra en la que cl autor argentino se explaya en los mismos términos.

Ya finalizando la carta, expresa:

“Que varios miembros de la Lautaro fueron masones no cabe la menor duda. Uno de mis predecesores John Heron Lepper, quien fue un lingüista español y una autoridad en asuntos de Sudamérica, dijo que él había investigado todo registro probable en Freemasons Hall con el objeto de relacionar aquellos con la logia inglesa, pero sin éxito. 

(…) Lamento que mis informes (...) Los archivos por lo tanto, están desprovistos de documentación referente a las entidades y personas que Ud. menciona. Espero que lo manifestado sin embargo pueda servirle de ayuda.

Suyo sincera y fraternalmente

TO Hauch

Bibliotecario y Curador Sr.

Patricio Maguire

Lagasca 67 Ap. B 309

Madrid, España.


Cartas similares, el historiador argentino, dirigió a la Gran Logia de Escocia y a la Gran Logia de Irlanda con resultado negativo.

No existe, por lo tanto, rastros en las grandes logias inglesas, escocesas e irlandesas, que pudieran probar el masonismo de la Logia Lautaro y de San Martin. El historiador Maguire no hizo la pesquisa en las logias francesas y holandesas. O bien consideró la indagatoria como improcedente por estar Holanda o Francia fuera de la cuestión o por sospechar que los resultados negativos de las respuestas hubieran sido similares a las obtenidas por Inglaterra.

Por lo tanto, reiteramos que la Logia Lautaro fue una reunión de americanos con exclusivos fines políticos y militares como lo fue en este siglo el G.O.U (Grupo de Obra y Unificación) que programó y llevó a cabo la Revolución de 1943. En otras palabras, existían grupos políticos y militares al margen de la masonería e independientes de su ideología y sus mandatos, con frecuencia opuestos ideológicamente a ella y que se reunían en la prosecución de objetivos políticos y/o militares.


(1) “El Gran San Martin”, en Galería de Celebridades Argentinas, Buenos Aires, 1954

(2) Mitre, Bartolomé: “Historia de Belgrano y la Independencia Argentina”, Editorial Estrada, 1947.

(3) Canter, Juan: “Historia de las sociedades secretas y literarias”. T.V, 1ra; Sección, Academia Nacional de la Historia.

(4) Furlong Cardiff, Guillermo: “El Gral. San Martín ¿masón, católico, deísta? Editorial Theoría, 1960.

(5) Chindemi, Norberto: "Historia y Política”, Edit. Los Nacionales, Buenos Aires, 1996.

sábado, 1 de mayo de 2021

Jorge O. Sulé

 

Fallecimiento de Jorge O. Sulé

Profesor Dr. Jorge Oscar Sulé – Su fallecimiento

El domingo 25 de abril pasado, falleció el Profesor Jorge Oscar Sulé, a los 90 años de edad. Dedicó toda su vida al estudio y la difusión de la verdad histórica, ya desde la cátedra, el libro y la militancia constante en diversas instituciones de carácter históricas, entre ellas en el Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, del cual fue presidente.

Los que tuvimos la dicha de haberlo conocido, tratado y escuchado en infinidad de charlas y conferencias, nunca olvidaremos sus didácticas y claras exposiciones, propias de un maestro de verdad y su apasionamiento puesto de manifiesto en cada una de ellas. Lo vamos a extrañar…

Nos ha dejado físicamente, pero ha marcado una huella imborrable en el estudio de la historia patria; pero sobre todo nos ha dejado sus libros que nos seguirán deleitando en el estudio de la historia, cuando recurramos a ellos, para releerlos, para ampliar nuestros conocimientos o en busca de datos.

Para mí, fue un Maestro, con el cual mantuve muchas charlas privadas, que siempre me enriquecieron culturalmente.

Jorge, muchísimas gracias por todo lo que nos has enseñado a lo largo de todos estos años; personalmente te doy las gracias por el apoyo que me has dado en la tarea que desarrollé al frente del periódico El Restaurador. Deseo que tu alma descanse en paz junto a la de tus seres queridos que te precedieron en la vida. Que Dios te dé la vida eterna.

                        Norberto Jorge Chiviló

sábado, 1 de junio de 2019

¿Quién hizo vacunar a los indios?

  Publicado en el Periódico El Restaurador - Año XIIi N° 51 - Junio 2019 - Pags. 12 y 13 

¿Quién hizo vacunar a los indios?

Por el Prof. Jorge Oscar Sulé

Jorge O. Sulé
El cacique Pincén y su familia


Los iniciadores de la aplicación de la vacuna antivariólica

Si las epidemias de viruela hacían estragos entre los “blancos” en Hispanoamérica, que de alguna manera poseían defensas orgánicas ya que por ser descendientes de europeos que habían sufrido en carne propia ese flagelo y otros durante los siglos XIV y XV, eran portadores naturales de las mismas, sumado ello a una mejor alimentación, en el medio aborigen, desnudos de esas defensas, esas epidemias eran arrasadoramente mortales ya que no hubo ningún tipo de inmunización anterior y la dieta era de subsistencia (entre los pobladores “blancos” la mortandad llegaba a un 20%, entre los indios un 80%).

La vacuna antivariólica descubierta por el Dr. Eduardo Jenner en Inglaterra y aplicada allí desde 1796 llegó al país en 1805. Fue el sacerdote Saturnino Segurola quién, con patriótico y humanitario esfuerzo, conservó la linfa correspondiente, aprendió a inocularla y se dedicó a su propagación con abnegado altruismo.

Las dos personas que, ya en épocas de Rosas, tuvieron la responsabilidad de administrar el ejercicio médico de la aplicación de la vacuna fueron el licenciado médico Justo García Valdez y el Dr. Saturnino Pineda, quienes emitieron estos juicios recordando la actuación del sacerdote de la Parroquia del Socorro. El primero manifestó “Desde que el benemérito Dr. Deán Saturnino Segurola dejó de administrar por sí solo y a sus expensas la vacuna, que por más de dieciséis años ha desempeñado con tanto celo como desinterés pudiéndose decir, que por tan largo período, él solo ha sido el conservador y propagador de tan admirable específico”, el segundo expresó “…el benemérito Dr. D. Saturnino Segurola, padre puede decirse, de la vacuna en nuestro patrio suelo...con tal honroso propulsor cabe decir con Cicerón...’la historia es maestra de vida….’”


Servicio médico y descubrimiento extraordinario

Hacia 1829, cuando Rosas llegó al poder, existían tres centros de vacunación en Buenos Aires: la Casa Central, la Casa Auxiliar del Norte y la Casa Auxiliar del Sur dirigida por el licenciado médico Justo García Valdez, quién se desempeñó con eficacia hasta su fallecimiento en el año 1844, siendo reemplazado por el Dr. Saturnino Pineda. Durante el gobierno de Rosas se incrementó el suministro de la vacuna llegando el servicio a los pueblos de la campaña bonaerense en la que los médicos de policía se ocuparon de aplicarla.

El 13 de mayo de 1830, Rosas gobernador otorgó un sobresueldo al médico de policía de la campaña de la Sección Luján, Dr. Francisco Javier Muñiz y una asignación para cada uno de sus dos ayudantes.

Este médico, diez años después en su distrito de Luján, en una estancia de Juan Gualberto Muñoz; descubrió, en los pezones de una vaca, los granos que suministraban el fluido de la vacuna: el cowpox antivariólico; detectando la vacuna antivariólica. Este descubrimiento marcó un hito glorioso en la ciencia médica argentina y ganando para ella desde entonces un prestigio y un reconocimiento a nivel mundial, que sólo la obstinación historiográfica partidista intentó silenciar por tratarse de un descubrimiento efectuado en la época de Rosas.

El hecho, conocido en Inglaterra, provocó admiración y cierto estupor. Creían que solo las vacas de Gloucester, dadas las condiciones climáticas de ese lugar, eran las únicas que podían engendrar el cowpox antivariólico.


El suministro entre los indios

No se sabe con precisión la fecha en la que se inició la inoculación de la vacuna entre los distintos grupos indígenas. Sí sabemos que el diario “El Lucero”, de Buenos Aires, del 4 de enero de 1832, publicó la distinción que la Sociedad Real Jenneriana de Londres decidió otorgar al gobernador Juan Manuel de Rosas y a los médicos que la aplicaban, designándolo Miembro Honorario de esa Sociedad, “en obsequio de los grandes servicios que ha rendido a la Humanidad, introduciendo con el mejor éxito la vacuna entre los indígenas del país”.

Si la información de esta distinción llegó al Río de la Plata ni bien iniciado el año 1832, es dable suponer que, hacia 1831 o antes, la introducción de la vacuna en los medios indígenas ya era una práctica de su inicio y un hecho conocido.

Adolfo Saldías en “Historia de la Confederación Argentina” refiriéndose a una época inmediatamente después del parlamento que Rosas mantuvo por el Tandil con los indios pampas (circa fines de 1825 o principios de 1826) afirma que “en esas circunstancias se había desarrollado la viruela en algunas tribus. Como resistieron la vacuna Rosas citó ex profeso a los caciques con sus tribus y se hizo vacunar él mismo. Bastó esto para que los indios en tropel estirasen el brazo, por manera que en menos de un mes recibieron casi todos el virus”.

Es conocida también la información que suministra el embajador inglés Sir Woodbine Parish y que vuelca en su libro “Buenos Aires y las Provincias del Río de la Plata”, cuando relata que en uno de los tantos parlamentos efectuado por Rosas en la Chacarita de los Colegiales hacia 1831, se suministró la vacuna a muchos indios que integraban la comitiva de caciques pampas y vorogas. Además, en ese lugar existían otros alojamientos especiales destinados para indios enfermos. Este capítulo de la vida de Juan Manuel de Rosas, que lo enaltece, también ha sido virtualmente ignorado y silenciado por la direccionalidad partidista de la historiografía “oficial”.

De la preocupación de Rosas sobre el tema nos tiene al tanto una significativa y cuantitativa documentación ilustrativa.

Una nota del Dr. Saturnino Pineda del 17 de octubre de 1836 dirigida a Rosas le expresa “El día 3 de septiembre a las 3 y media de la tarde recibí la orden verbal de Vuestra Excelencia de asistencia médica a una comitiva indígena, afectados algunos por la viruela que me fué transmitida por el Sr. Edecán Coronel Don Manuel Corvalán y no obstante hallarme enfermo, con el mayor contento y sin pérdida de tiempo procedí a sus cumplimiento...” Cuenta en larga explicación el violento foco de contagio que significa la aglomeración de los indios en un mismo lugar, algunos con la viruela ya declarada, por lo que “el día 9 del mes de que se hace referencia fueron vacunados de brazo a brazo cincuenta y dos indios y niños de ambos sexos para cuyo efecto se condujeron desde la Chacarita de los Colegiales a la casa donde se hallaban alojados cuatro niños con vacuna de la más excelente. El 16 fueron reconocidos y en todos ellos se encontraron granos (reacción positiva) tan hermosos que juzgando por sus caracteres no pude menos que tranquilizarme…”

Jorge O. Sulé
Indios. Pintura de Francisco Madero Marenco

Las dificultades de su aplicación

No era fácil inocular la vacuna a la gente. La población “blanca” era renuente a su aplicación. Había que inducirlo a través de protocolos compulsivos.

En el Reglamento General de Escuelas de aquella época se determinaba que “Los Preceptores no recibirán en la escuela niños que no estén vacunados y apelarán a los que los padres no quisieron verificarlo, tomando las medidas que les dicte la prudencia para cerciorarse de la verdad de esta operación”. El Reglamento había sido redactado por el propio Segurola y regía en la época de Rosas. (1) 

Es de imaginar entonces la resistencia que oponía el indígena que consideraba a la viruela un maleficio del hombre “blanco”. Las machi o brujas se oponían violentamente a la vacuna y su aplicación, ya sea porque la problemática invadía sus terapias cabalísticas o por calificar a la vacuna como un gualicho de los “blancos”. En un oficio del sargento Echevarría al coronel Vicente González de San Miguel del Monte, le informaba que le enviaba “cuatro chinas viejas indias para librarlas de ser sacrificadas por la barbarie e ignorancia de estos pobres indios pues decían que tenían gualicho”. Era costumbre de los indios, ante un brote de viruela, sacrificar a las viejas indias contagiadas, o no, para ahuyentar el virus. El oficio de Echevarría continúa explicando que conversó con el cacique Cachul y le informó que el “Ilustre Restaurador de nuestras leyes le había ordenado que a las viejas brujas había que mandárselas a él que sabía ponerlas en donde no pudieran causar daño”. De esta manera Rosas salvaba la vida de esas viejas indias, sustrayéndolas de la barbarie indígena.


Algunos métodos que Rosas utilizó para promover la vacunación

En primer lugar hay que recordar que el prestigio y la confianza que se había ganado Rosas entre las distintas comunidades indígenas facilitaron la tarea de la vacunación a pesar de sus dificultades.

Su propio ejemplo, haciéndose vacunar entre ellos removía el prejuicio del “gualicho”.

El mostrar la herida y la protuberancia producida por la vacuna era también un factor de persuasión.

No desestimaba el valor que podía infundir una carta suya. Transcribimos fragmentos de una carta enviada al cacique Catriel: “Ustedes son los que deben ver lo que mejor les convenga. Entre nosotros los cristianos este remedio es muy bueno, porque nos priva de la enfermedad terrible de la viruela, pero es necesario para administrar la vacuna que el médico la aplique con cuidado…hay cosas que el grano que ha salido es falso y en tal caso el médico debe hablar la verdad para que el vacunado sepa que no le ha prendido bien que el grano que el que le ha salido es falso, para que con este aviso sepa que para el año que viene debe volver a vacunarse ...Después de esto si quieren ustedes que vacune a la gente puede el médico empezar a hacerlo…” Obsérvese la sagacidad de Rosas: empieza afirmando que para los cristianos es un buen remedio pero que deben ser ellos, los indios, los que resuelvan. Señala la importancia del médico que es el que sabe cómo se administra la vacuna y entiende su evolución.

Además, es de inferir que un médico que puede entrar a una toldería no solamente vacunará sino que intentará curar otras enfermedades, gripes, infecciones varias y otras dolencias que puede controlar. Lo cierto es que Rosas facilitó la llegada de un médico a la toldería que de otra manera hubiera resultado imposible, no solamente por la negativa de los jefes, sino por las resistencias que hubieran presentado las machis y los adivinos de la tribu.

Pero hubo otro método que lo extraemos de otro hecho histórico: a fines de 1878 ya muerto Rosas, y durante la Campaña al Desierto de Roca, el cacique Vicente Pincen (Pin-Then que significa dueño del decir, hablar bien), es tomado prisionero y el coronel Villegas lo remite a Buenos Aires donde es alojado en el cuartel del Batallón 6 de Infantería de línea siendo visitado por personalidades como Roca, Estanislao Zevallos y otros para escuchar de labios del cacique sus hazañas en el desierto que al parecer sabía relatar muy bien haciendo honor a su nombre. En uno de sus cuentos, Pincen recordó que en su juventud llegó a conocer a Don Juan Manuel de Rosas, expresando “Juan Manuel ser muy bueno pero muy loco: nos regalaba potrancas, pero un gringo nos debía tajear el brazo, según él era un gualicho grande contra la viruela y algo de cierto debió ser porque no hubo más viruela por entonces”.

De ese recuerdo de Pincen, parece desprenderse otra metodología para inducir a la vacunación. Un pequeño chantaje. Iban los suministros, pero después iba la vacuna.

Dejamos abierto una parte del telón avizorando algo; invitamos a otros para que lo sigan corriendo. Hay en el interior del escenario mucho más que desmiente sobre Rosas la versión descalificadora de la historia “oficial”.


Notas

(1) En aquella época y parte del siglo XX la aplicación de la vacuna consistía en efectuar un pequeño corte o tajo en uno de los brazos y volcar en la pequeña herida abierta el fluido o linfa antivariólica. A pocos días en el lugar de la herida aún no cicatrizada del todo aparecía un grano bastante ostensible: era señal que el antídoto había prendido. Si no salía el grano había que repetir la operación al año siguiente.

 

Fuentes:

Chavez, Fermín. “La Vuelta de Juan Manuel”, Ed. Theoría, 1991.

“Gaceta Mercantil” del 19-10-1836 Hemeroteca de la Biblioteca Nacional

Parish, Woodbine. “Buenos Aires y las Provincias del Río de la Plata”, traducción de Justo Maeso. Colección “Pasado Argentino”, Buenos Aires, 1952.

Saldías Adolfo “Historia de la Confederación Argentina” T. I Ed. J. Granada 1967.

Sulé, Jorge Oscar. “Rosas y sus Relaciones con los Indios”, Ed. Corregidor, 2007.

Visiconte, Mario. “La Cultura en la Época de Rosas, Aspecto de la Medicina T. I” Ed. Aut., 1978.

Visiconte, Mario. “Nuevos Aportes sobre la Aplicación de la Vacuna” A.G.N. Sala X 25-2.2. También en la “Publicación del Segundo Congreso Nacional de Historia de la Medicina Argentina”.

Mensaje dirigido a la Magistratura por Rosas el 1° de enero de 1837. Biblioteca del Congreso de la Nación.

sábado, 1 de septiembre de 2018

La línea de frontera y los indios

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año XII N° 48 - Setiembre 2018 - Pag. 4 y 5 

La línea de frontera y los indios 

Por el Dr. Jorge Oscar Sulé


Jorge O. Sulé
Indios Pampas, litografía de Carlos Morel

Durante muchos años la frontera sur del Virreinato del Río de la Plata y posteriormente de las Provincias Unidas con respecto a distintas parcialidades indígenas, estaba determinada por el Río Salado que corre en la Provincia de Buenos Aires de noroeste a sudeste naciendo de la laguna El Chañar (sur de Santa Fe) y desembocando en la bahía de Samborombón (Buenos Aires). 

Más allá, en forma trashumante y con períodos de asentamiento más o menos permanentes pero diseminados, se encontraban distintos grupos indígenas que por diferentes razones históricas, étnicas, económicas, políticas, etc., carecieron de unidad de acción (malones o guerras) salvo raras excepciones, incluso estuvieron separadas por fuertes antagonismos.

Los fuertes -poblaciones fortificadas- que jalonaban la frontera por dentro de la línea del Salado, fueron de sur en dirección noroeste: San Juan Bautista de Chascomús, Nuestra Señora del Pilar de los Ranchos, San Miguel del Monte, San José de Luján (Mercedes), San Antonio del Salto, San Francisco de Rojas. En calidad de fortines, un poco más pequeños que los fuertes: San Pedro de los Lobos, San Lorenzo de Navarro, San Claudio de Areco, Nuestra Señora de Mercedes (Colón) y nuestra Señora del Rosario de Melincué.

Los fuertes estaban defendidos por una compañía de blandengues y los fortines por milicianos y a veces por ambos.

Al abrigo de cada reducto se fueron formando centros poblados de blandengues y milicianos con sus familias, paisanos solteros, vagabundos, pulperos, algún idóneo enfermero, algún cura castrense y peones de temporada de estancias y chacras.

La vigilancia quedaba en manos de patrullas exploradoras formadas por ocho blandengues o milicianos que salían semanalmente alejándose diez o más leguas al sur durante ocho días a la intemperie, alimentándose de lo que le podía proporcionar el campo.

El fuerte Carmen de Patagones, en la desembocadura del Río Negro, era una comandancia militar aislada que solo se comunicaba por mar con Buenos Aires. 

FRONTERA DE CÓRDOBA

Para contener las invasiones, especialmente de ranqueles, se levantaron los fuertes del Sauce y a una distancia de veinte leguas los fuertes de Santa Catalina, Las Tunas, Saladillo y Concepción de Río Cuarto. La defensa estaba a cargo exclusivamente de las milicias de caballería formada obligatoriamente por campesinos del lugar que se turnaban periódicamente en la vigilancia.

FRONTERA DE SAN LUIS

Al sudoeste de la ciudad de San Luis encontramos el fortín de San Carlos, diez leguas al sur, el fortín del Chañar y al sur de la laguna El Bebedero, el fortín del mismo nombre.

La misión de estos fortines no tenían como única finalidad defender las haciendas, sino fundamentalmente proteger el camino Real que unía Buenos Aires con Mendoza y Chile.

FRONTERA DE MENDOZA

Para parar las invasiones pehuenches y ranqueles en el sur de Mendoza, se hizo necesario un acantonamiento fortificado con el nombre de Real de San Carlos, a la entrada del Valle de Uco, y a orillas del Río Diamante, se construyó el fortín San Rafael.

Estos sufridos y riesgosos atalayas del desierto contribuyeron decididamente en la formación de la patria.

UBICACIÓN Y DINÁMICA DE LAS DISTINTAS PARCIALIDADES INDIAS 

Los que encontró Mendoza que fueron llamados por Ulrico Schmidl “querandíes” y posteriormente ”pampas”, estuvieron ubicados en las cercanías de la actual Buenos Aires, replegándose posteriormente al sur del Río Salado y en las llanuras de Tapalqué, Azul, Olavarría, Sierra de la Ventana.

Recibieron la visita por infiltración pacífica o invasión violenta de grupos del oeste, precedentes del otro lado de la cordillera, algunos llamados “mapuches”, -nosotros diremos “araucanos”- dejando su influencia importante, por ejemplo su propio lenguaje.

Otra mestización verificable, fue la producida por la penetración del tehuelche septentrional-norte de la Patagonia (regiones del Chubut y de los ríos Negro y Colorado) que los filólogos y etimologistas llaman gününa küne o guenaken que penetraron en la actual provincia de Buenos Aires y en otras provincias en un proceso que los estudiosos llamaron la “tehuelchización de la Pampa”.

Entre los caciques pampas más nombrados pero ya, circa 1817 en adelante, se mencionan a Catriel, Cachul, Pichilonkoy, Ancafilú, Chañil, Nicasio.

Los indios ancianos de este grupo, conservaban y hablaban entre ellos un lenguaje ya en desuso, que no era el pampa y que nos habla de distintas presencias pretéritas que se conjugaron en el devenir indígena.

Estos desplazamientos étnicos, pacíficos o violentos lo demuestran también ciertas hostilidades perdurables entre ciertos grupos indígenas, por ejemplo los pampas bonaerenses nombrados y sus prevenciones contra borogas (también llamados vorogas), de estirpe mapuche o araucanos, recién instalados circa 1819 en el oeste y sur de la provincia de Buenos Aires, límite con la provincia de La Pampa (Guaminí, Carhué, Puan)

Los caciques más importantes de este grupo (borogano) fueron Ignacio Cañuquir, Francisco y Mariano Cañulan, Mariano Rondeau, Álvarez Alón, Alonso Guaiquimil.

Carlos Montefusco
Capitanejo Pampa. Pintura de Carlos Montefusco

Otra prueba de esas interacciones étnicas que supone la presencia de dominaciones alternativas, lo constituye el estudio etimológico y toponimia de los nombres de algunas ciudades de la provincia de Buenos Aires, nombre de raíz indudablemente indígena:

● Chapadmalal: su etimología indica que es araucano.

● Chascomús: tehuelche septentrional, o sea günuna küne (a partir de acá preferimos utilizar la designación de tehuelches septentrionales por ser la más popularizada) 

● Tandil: araucano 

● Tapalqué: tehuelche septentrional 

● Salliqueló: araucano 

● Sierra de la Ventana, llamada Casuati por los indios: tehuelche septentrional 

● y muchas más. 

Otro tanto se advierte en la etiología de los nombres de los accidentes geográficos. 

Los ranqueles, se ubicaron al sur de Córdoba, San Luis, centro y norte de la actual La Pampa y zona cercanas al Río Chadileuvú o Desaguadero. Inmigración tardía (circa 1770) proceden de la región pehuenche del norte de Neuquén en el río Agrio Superior, entre las actuales localidades de El Cholar y Ñorquin. 

El nombre de ranquel, o rankulches deviene del territorio que ocupaban llamado Ranquil Lon, en la que crecían ciertos vegetales de cañaveral de carrizo que crece en ciertas partes de la cordillera. 

Por lo tanto los ranqueles, originariamente, fueron pehuenches de origen andino, no patagónico, ni mapuche o araucano, que después de interminables luchas intertribales con huiliches y otros decidieron abandonar su territorio y se trasladaron hacia nuestra pampa central en donde el caldén, el piquillín y el algarrobo, son dueños de la escena vegetal, sin abandonar su nombre ranquel, que procede del cañaveral de carrizo. 

Los principales caciques que se nombran en la época que tratamos fueron Yanquetrur o Yanquetruz, Painé, Pichuín, Guichan y otros. 

DESESTABILIZACIÓN DE LA FRONTERA 

Hasta 1817 aproximadamente la situación de la campaña fue de relativa tranquilidad aunque siempre hubo incursiones de pillaje o maloqueos de cuatrerismo sin registrarse malones sangrientos.

A este equilibrio contribuyeron, los buenos oficios del Coronel Pedro Andrés García, baqueano en sus viajes a Las Salinas, con buen trato con los indios pampas; un buen Comandante de Campaña como lo fue don Francisco Pico y un grupo de estancieros con buenas relaciones con los indios como Don Francisco Ramos Mejía, Antonio Villanueva y un joven estanciero llamado Juan Manuel de Rosas que entre sus peones se encontraban muchos indios de las inmediaciones.

Pero en otras latitudes se suceden hechos trascendentes. San Martín después de sus proezas de los Andes y sus triunfos especialmente el de Maipú libera a Chile de los realistas. Esto origina enormes guerras intertribales: tribus que seguían defendiendo el orden realista contra tribus que apoyaron a los ejércitos patriotas, desencadenaron en el mundo indígena chileno un enfrentamiento de tal magnitud, que un capítulo de la historia del país hermano, se describe con el nombre de “Guerra a Muerte”.

Derrotados en esta beligerancia sangrienta, grupos voroganos “realistas” decidieron cruzar la Cordillera de los Andes asentándose en Las Salinas Grandes de La Pampa límite con la Provincia de Buenos Aires y zonas aledañas que ya hemos puntualizado con los caciques que citamos también anteriormente. Para colmo el chileno José Miguel Carrera, como consecuencia de la perdidosa batalla de Rancagua, también se había pasado a la Argentina, enredándose en la política y para poder regresar a Chile, estimulaba permanentemente en borogas y ranqueles alzamientos y malones contra poblaciones de Buenos Aires y Córdoba. Tal fue el malón a Lobos que produjo más de cien víctimas y cautivos y el 2 de diciembre de 1820, otro gran malón al poblado de Salto donde se hacen muchas víctimas: 250 mujeres cautivas, gran número de criaturas, además del consiguiente saqueo a todo el rancherío de la población.

La frontera toda se estremeció y pidió mayor seguridad y represión.

Martín Rodríguez, gobernador entonces, pero que no sabía nada de indios y que para él todos eran iguales, ordenó vengar en los pampas del sur los desmanes y matanzas efectuados por ranqueles y borogas.

Juan Manuel de Rosas le advirtió del grave error que se iba a cometer y sus consecuencias. Pero el Gobernador no lo escuchó, por lo que el joven estanciero se distanció de él.

Pero aquí comienza otra historia...


Bibliografía

Casamiquela, Rodolfo M.; Funes Derieul, Carlos; Thill, José P. “Grafías y etimologías de los opónimos indígenas”. 

Crivelli Montero, Eduardo. “Araucanos en la pampa”, Revista Todo es Historia N° 323 (1994)

Cuadrado Hernández, G. “La dinastia de los Catriel”, Todo es Historia N° 91 (1974)

Fernández, Jorge. “Historia de los indios ranqueles”, Instituto Nacional del Pensamiento Latinoamericano.

Hux, Meinrado. “Caciques boroganos y araucanos”, Edit. Marymar

Hux, Meinrado. “Caciques huilliches y salineros”, Edit Marymar 

Marfany, Roberto H., “Fronteras con los indios en el Sud y fundación de pueblos”, Academia Nacional de la Historia. Vol. IV pag. 307 

Márquez Llanos, Eduardo Alberto. “Los mapuches voroganos en la historia bonaerense y en el partido de Bolívar”, Colección Estrella Federal N° 22, Director Fermín Chávez, Buenos Aires, 1999.

Raone, Juan Mario. “Fortines en el desierto”, Ed. Lito, Bs As, 1969

Rato, Silvia. “Conflictos y armonías en la frontera bonaerense 1834 1840” en Entrepasados. Revista de Historia. Año VI N° 11 (fines de 1996)

Sulé, Jorge Oscar. “Rosas y sus relaciones con los indios”, Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas de Gral. San Martín, Edit. Corregidor, 2007.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Cara y ceca - Jorge Oscar Sulé

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año VII N° 25 - Diciembre 2012 - Pags. 4 y 5 

 

Cara y ceca

LOS NUEVOS MITROMARXISTAS

                                                           Por el Prof. Jorge Oscar Sulé *

 

          Ante las referencias vertidas por Felipe Pigna en un artículo de la Revista “Viva” del domingo 29 de julio de 2012, se nos hace imperioso señalar sus errores, omisiones y tendenciosidad ideológica cuando emite juicios y comentarios sobre uno de los mayores próceres de la historia argentina.

En el subtítulo “Tiempos de cambio” afirma que “con la instalación de los saladeros la necesidad de sal y tierras para las pasturas fueron apartando a la burguesía del recuerdo de los ideales de hermandad expresados por los hombres de Mayo”, desconociendo, o aparentando desconocer que antes de la Revolución de Mayo ya se habían instalados saladeros. Entre 1792 y 1796 se exportaron desde Buenos Aires, según Azara, más de cuarenta mil quintales de tasajo. Este florecimiento económico, justamente, fue uno de los factores que incrementó los ideales independentistas y contribuyó a solventar las guerras de la independencia.

Sería aconsejable que Pigna investigue las publicaciones de “El Telégrafo Mercantil” del 3 de septiembre de 1802 que dan cuenta del negocio del tasajo que ya venía desarrollándose desde finales del siglo XVIII (1). No hay cambio, sino desarrollo de una actividad que procuró mucha mano de obra a los sectores más desprotegidos de la población, además de estimular y originar otras actividades como la carpintería, talleres de cerrajería y tafiletes necesarios para construcción de barriles, etc. 

Por otra parte el concepto de “burguesía”, taxonomía liberal o marxista a la que Pigna recurre, es inválida para designar al segmento dirigencial que se pronunció contra la autoridad española en mayo de 1810. Pero entrando en su territorio liberal-marxista, la burguesía sería el sector que vive en la ciudad (el burgo). Se dedica a comprar y vender sin incorporar valor agregado al circuito económico. El pulpero, el tendero, el de la casa de Ramos Generales, los que se desempeñan en la profesiones liberales, etc., pueden incluirse dentro de esa simplificación sociológica. Rosas por el contrario, vive en la frontera muchos años, es fronterizo y no burgués. Hay que saber el tiempo del destete de un ternero, de “marcar”, saber el porcentaje de caballos enteros que debe haber en una manada y por lo tanto saber capar los restantes, convertir un novillo en buey etc. Cosa bien diferente es saber criar hacienda, “hacerla” adaptando a ella la vida, que limitarse a vender en las tiendas los géneros importados comprados en Europa.

Pero además, al transformar la materia prima, la carne, en tasajo, incorporando valor agregado a dicha materia prima y exportándola con flete propio, estamos en presencia de un emprendimiento industrial. Rosas, por lo tanto, como hacendado, es productor y como saladerista es un empresario, expresión temprana del capitalismo naciente del siglo XIX.

Jorge O. Sulé
Tolderías pampas

Cuando Pigna se refiere a Martín Rodríguez como gobernador estanciero, ignora que los ingresos económicos de este gobernador proceden en su mayoría del almacén de Ramos Generales y pulpería de la que es dueño y no de su estancia.

Con el subtítulo “Rosas y sus aliados”, Pigna recuerda que el saldo de esa campaña al desierto fue de 3.200 indios muertos, 1.200 prisioneros y 1.000 cautivos liberados. Omite puntualizar las bajas sufridas en el ejército expedicionario: salieron de Buenos Aires más de 2.000 efectivos y sólo regresaron 1.000. Al parecer los muertos indios son más importantes que los muertos cristianos. Además omite otros saldos: los geopolíticos, económicos, sociales, políticos, etc.

Estos escamoteos abundan en los trabajos de Pigna, distorsionando la realidad histórica. Afirma que Rosas “pactó” con los pampas y se enfrentó con los ranqueles y la Confederación liderada por Calfucurá.

Acá no solamente hay escamoteos, sino exactitudes de bulto. Rosas no “pactó” sino que informó con antelación a los distintos grupos indígenas de la realización de una expedición, invitándolos a que se sumaran a la columna y no solamente a los pampas sino a los vorogas de Guaminí y Carhué. Ya estando en Médano Redondo los tehuelches con sus caciques Niquiñile y Quellecó, aceptaron las sugerencias de Rosas; el reconocimiento a las autoridades nacionales, recomendándoles que se constituyesen en defensores del fortín Carmen de Patagones (2) autorizando su ubicación en las zonas aledañas al fortín exhortando al intercambio comercial con esta guarnición. Casi todas las comunidades aceptaron las indicaciones de Rosas, menos los ranqueles que se negaban a entregar los soldados de los ejércitos unitarios, que derrotados por Quiroga se fueron a proteger en los aduares ranquelinos de Yanquetruz. Hacia estos, Rosas mandó una columna pero no enfrentó a “la confederación liderada por Calfucurá” porque sencillamente en esa época no existía. Pigna confunde los tiempos. La confederación de Calfucurá aparece tiempo después de la campaña al desierto.

La expedición no se proponía el exterminio indígena como Pigna lo afirma, ni sería una correría de carácter filibustero. Otra cosa era Chocorí, asentado transitoriamente en Choele Choel. Allí recibía la hacienda sustraída por ranqueles y vorogas rebeldes de las estancias del sur de Córdoba, San Luis y Buenos Aires llevando las haciendas a los intermediarios y hacendados chilenos.

Chocorí no comandaba un pueblo, no era un “Gulmen” sino que conducía a grupos de indios, soldados y suboficiales alzados. En Choele-Choel trataba con Rondeau, Cañiuquir y Yanquetruz la compra de vacas arreadas del sur de las provincias citadas para negociarlas en Chile. Por eso era considerado un simple bandolero que se servía de renegados, mantenía cautivas blancas que pagaba con alcohol a sus opresores ranquelinos y vorogas rebeldes, para servicio y serrallo de los suyos. Hacia ese punto, dirigió Rosas sus mejores efectivos hasta desarticular ese centro de intermediación comercial.

Desbaratadas esas bandas y fracasadas las columnas del Centro y de la Derecha para seguir al Neuquén, Rosas dio por finalizada la expedición. Chocorí no murió en la refriega de Choele Choel y hacia 1840 pidió las paces y someterse al gobierno de Rosas, quién las aceptará sin rendición de cuentas pasadas, siendo racionados él y sus hijos Cheuqueta, Antiglif y Sayhueque en Bahía Blanca y Tandil. 

El juzgar que unitarios y federales coincidían en exterminar al habitante “originario” y quedarse con sus tierras, es una falsa e ideologizada simplificación judicial de un juez que sentado en un estrado impoluto y atemporal arroja condenas salomónicas en abstracto. Preguntado un indio si era el dueño de esa tierra que pisaba contestó que no, que él era el hijo de la tierra y no su dueño. El indio fue nómade por necesidad. En el toldo cuadrado o triangular vivían 20 o 25 personas: tres o cuatro parejas con sus hijos y agregados. Alrededor del toldo, el espacio donde la hacienda pastaba. A cincuenta metros o más distanciado se levantaba otro toldo con su hacienda, cuando el talaje de la hacienda agotaba las pasturas aledañas del toldo buscaban otro paraje con pasturas vírgenes.

Pero antes de recordar las relaciones de Rosas con los indios aclaremos lo que Pigna llama “habitante originario”. No existe habitante originario en América. El indio procede de Asia en sus desplazamientos a través del Estrecho de Bering o del corredor de Beringia después de la última glaciación o por arribadas desde el Océano Pacífico, procedente del sudeste asiático. El “habitante originario” lo encontramos en las zonas de Kenia y Etiopía con el homo habilis datado en 1 millón 800 mil años, el homo erectus datado en 1 millón 540 mil años datado por el potaso argón, el homo 1470 también descubierto por la familia Leakey con más antigüedad que los anteriores. El homo Sapiens Sapiens entre los 200.000 y 140.000 otro homo llamado Neandertal entre 100.000 y 30.000 años.

Hacia el 80.000 (circa) comienzan las emigraciones a otros continentes. Los registros fósiles en América del Norte no superan los 24.000 años de antigüedad. En Argentina las dataciones con el carbono 14 no superan hasta ahora los 11.000 años. Los indios son los más antiguos inmigrantes, pero no originarios.

Francisco Madero Marenco
En las tolderías. Obra de Francisco Madero Marenco

En cuanto al trato y las relaciones que tuvo Rosas con los indios le recordaré algunas:

1.- Rosas no supo de actitudes discriminatorias o de rechazo hacia los indios por su condición de tales.

2.- Desaconsejó la guerra como método de sometimiento al indio y rechazó su exterminio como sistema (3).

3.- La conducta y luego la política tuvo como método la negociación y la integración como objetivo, ya sea reconociéndoles asentamientos y espacios propios con frecuencia cercanos a los fortines, incorporándolos como mano de obra para las tareas agropecuarias, como soldados de milicias rurales o exhortando a las prácticas de la actividad comercial (4).

4.- El racionamiento de alimentos y suministro de haciendas para la formación de sus propias majadas (El llamado "Negocio Pacífico") fue una práctica sistemática y puntualmente efectivizada. (5).

5.- El estimularlos o iniciarlos en las prácticas de la agricultura suministrándoles arados, bueyes, semillas y otros implementos, colocándolos en un escalón superior al que tenían en el nivel civilizatorio, constituye la demostración más fehaciente que Rosas apostó a la integración del indio en el mundo cristiano. (6).

6.- Introdujo por primera vez la vacuna antivariólica en las distintas comunidades indígenas que lo frecuentaban, gesto que le valió a Rosas ser considerado un benefactor de la humanidad y ser incorporado como Miembro Honorario al Instituto Jenneriano en Londres. (7) (8).

7.- Prohibió el arresto de indios por deudas de dinero (9).

8.- Los hizo votar a los que estaban bajo bandera “de sargento para arriba” (10).

La integración estaba en marcha. Caseros la interrumpió. No hubo más “Negocio Pacífico” como política sistemática, no hubo más arados, no hubo más vacuna antivariólica. 

Llegó el progreso, el Remington, una constitución, el ferrocarril, la alfabetización, el habeas corpus, que escribieron su propia historia. 

Pigna debería recorrer los archivos oficiales o privados para documentarse. “Sin oro no se hace oro, sin documento no se hace historia”. Repite la tradición liberal que por razones políticas aborreció a Rosas y repite la tradición marxista que analiza a Rosas a través del corset ideológico que acollara el pensamiento a través de sus mecanismos deterministas. El discurso que ofrece es el mismo postre liberal pero recubierto con la crema de la fraseología marxista que legitima o moderniza todo. A este engendro, Arturo Jauretche lo llamó “mitromarxismo”. 

Sr. Pigna: recorra los archivos para documentarse, no “recorte”, no “cartonee” la historia. ¡Investigue Sr. Pigna!

Referencias:

(1) TELÉGRAFO MERCANTIL del 3 de setiembre de 1802.

(2) GARRETÓN, Juan Antonio. "Partes detallados de la expedición al desierto de Juan Manuel de Rosas en 1833". Edit. Eudeba 1975.

(3) IRAZUSTA, Julio. "Vida política de Juan Manuel de Rosas a través de su correspondencia". Edit. Colombia. 1975.

(4) Archivo General de la Nación (AGN) S. X. 27.5.7.

(5) AGN, S.X.23.9.5

(6) AGN, S.VII.10.4.14

(7) SALDÍAS, Adolfo. "Historia de la Confederación Argentina". T.1 Edit. Granda. 1967.

(8) AGN, S.X 27.5.6

(9) AGN, S.X 25.6.1

(10) AGN, S.X 25.6.1

(*) Jorge Oscar Sulé es profesor de historia y reconocido historiador. Académico de Número del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas. Autor de numerosas obras, entre ellas "Rosas y sus relaciones con los indios", "La coherencia política de San Martin".