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viernes, 14 de abril de 2023

Sarmiento y Urquiza opinan sobre Rosas

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

Con motivo del cambio de nombre a la terminal del subte, Linea B, se enviaron a los diarios varias cartas en contrario a que se la denominara Juan Manuel de Rosas.
El día domingo 13 de enero de 2008 en el diario Clarín, sección Lectores y con el subtítulo Ida y Vuelta, se publicaron varias cartas, entre ella la que remití y que puede leerse a continuación. 

Sarmiento y Urquiza opinan sobre Rosas

sábado, 1 de junio de 2019

Los negros y los indios de Rosas

  Publicado en el Periódico El Restaurador - Año XIII N° 51 - Junio 2019 - Pags. 15 y 16 

Los negros y los indios de Rosas 

por el Dr. César J. Tamborini Duca


Es conocido el hecho que a Rosas lo querían y lo admiraban las familias de origen colonial, la aristocracia porteña, porque supo imponer el orden en una nacionalidad desquiciada por las ambiciones, las sinrazones (recordemos la anarquía de 1820, la pérdida de la Banda Oriental después de triunfar en la guerra contra Brasil, el fusilamiento de Dorrego y tantos otros), antes de Rosas, pero también y en mayor medida, durante su gobierno y después de su caída.

La morenada (los negros esclavos y libertos) le temían, pero también lo respetaban y querían. Pero veamos lo que decía al respecto José L. Lanuza, un escritor e historiador de ese período de nuestra historia, posterior a la caída de Rosas en Caseros:

“Se perdían los pobres negros en todos los puntos del país. Soñaban con su padre Rosas. Los que quedaban irían muriéndose de viejos, poco a poco.

Alguno llegó a refugiarse entre los indios. Cerca de veinte años después de Caseros, durante la presidencia de Sarmiento, el coronel Lucio V. Mansilla (1), en su excursión a los indios ranqueles, se encontró con uno de estos negros federales en la toldería del cacique Mariano Rosas, en Leuvucó. Entre bufón y maestro de ceremonias del señor del desierto, el negro vivía bailoteando, cantando coplas, tocando el acordeón y esperando la vuelta del Restaurador. A Mansilla, que era sobrino de don Juan Manuel, le contó la historia de su vida:

-Mi amo, yo soy federal. Cuando cayó nuestro padre Rosas, que nos dio libertad a los negros, estaba de baja. Me hicieron veterano otra vez. Estuve en el Azul con el general Rivas. De allí me deserté y me vine para acá. Y no he de salir de aquí hasta que no venga el Restaurador, que ha de ser pronto, porque don Juan Saá nos ha escrito que él lo va a mandar a buscar. Yo he sido de los negros de Ravelo. Y guiado por esa esperanza se puso a recordar la copla:

Que viva la patria / libre de cadenas / y viva el gran Rosas / para defenderla.

Pero al sobrino de don Juan Manuel no le gustaban los recuerdos federales. Ni la voz del negro, ni el chillido del acordeón. Le dijo:

 -Hombre, ya te he dicho que no quiero oírte cantar.

Entonces se produjo este diálogo memorable; el negro le preguntó con desconfianza:

-¿Usted es sobrino de Rosas?

-Sí.

 -¿Federal?

 -No.

¿Salvaje?

 -No.

 –¿Y entonces, qué es?

-¡Qué te importa!

Y el negro, ya con aire insolente:

-No me trate mal porque soy negro y pobre… Aquí todos somos iguales”. 

Este último concepto no era otro que el adoptado por el jefe supremo de los ranküllches, el lonco Panguetruz Gner (2) que utilizó estas mismas palabras en diálogo con Mansilla. Pues no sólo los negros sentían admiración y respeto por Juan Manuel, también la mayoría de los indios la sentían hacia quién los trataba con un sentimiento paternalista, como quedó muchas veces expresado por distintos caciques, y comprobaremos en una relación con el principal cacique de la parcialidad Ranküllche.

Relata Lucio Victorio Mansilla: “Mariano Rosas conserva el más grato recuerdo de veneración por su padrino; hablaba de él con el mayor respeto, dice que cuanto es y sabe se lo debe a él; que por él sabe cómo se arregla y compone un caballo parejero; cómo se cuida el ganado vacuno, yeguarizo y lanar, para que se aumente pronto y esté en buenas carnes en toda estación; que él le enseñó a enlazar, a pialar y a bolear a lo gaucho….

Al poco tiempo de estar Mariano Rosas en su tierra, su padrino le mandó un regalo. Consistía en 200 yeguas, 50 vacas y 10 toros de un pelo, dos tropillas de overos negros con madrinas obscuras, un apero completo con muchas prendas de plata, algunas arrobas de yerba y azúcar, tabaco y papel, ropa fina, un uniforme de coronel y muchas divisas coloradas. Con este regio presente iba una afectuosa misiva que Mariano conserva, concebida más o menos así:

Mi querido ahijado: No crea usted que estoy enojado por su partida, aunque debió habérmelo prevenido para evitarme el disgusto de no saber qué se había hecho. Nada más natural que usted quisiera ver a sus padres, sin embargo que nunca me lo manifestó. Yo le habría ayudado en el viaje haciéndolo acompañar. Dígale a Painé que tengo mucho cariño por él, que le deseo todo bien, lo mismo que a sus capitanejos e indiadas. Reciba ese pequeño obsequio que es cuanto por ahora le puedo mandar. Ocurra a mí siempre que está pobre. No olvide mis consejos porque son los de un padrino cariñoso, y que Dios le dé mucha salud y larga vida. Su afectísimo. Juan de Rosas. Post data. Cuando se desocupe, véngase a visitarme con algunos amigos.” 

Conversando en el toldo de Mariano, éste le dice a Mansilla: “Ya ve cómo vivimos. Yo no he querido aceptar su ofrecimiento de hacerme una casa de ladrillo, no porque desconozca que es mejor vivir bajo un buen techo que como vivo, sino porque ¿qué dirían los que no tuviesen las mismas comodidades que yo? Que ya no vivía como vivió mi padre, que me había hecho hombre delicado, que soy un flojo”. Y un poco más adelante… “Aquí somos todos iguales, hermano”  y un poco después repite Mariano “Aquí todos somos iguales”.


Notas.

(1) Lucio Victorio Mansilla, era hijo del héroe de Obligado Lucio Norberto Mansilla y de Agustina Ortiz de Rozas, hermana del Restaurador.

(2) Panguetruz Gner, nacido en 1825 aproximadamente e hijo del cacique Painé y de una cautiva blanca, fue tomado prisionero con otros niños indios por las tropas de Rosas en la Campaña del Desierto en 1834 y fue conducido a presencia de Rosas, quien apadrinándolo lo hizo bautizar con el nombre de Mariano y dándole también su propio apellido, por lo cual Panguetruz Gner, pasó a llamarse Mariano Rosas, nombre que mantuvo durante toda su vida. En las estancias de su padrino aprendió todas las tareas camperas. Extrañando a su familia, años después y siendo adolescente, Mariano escapó junto con otros amigos hacia las tolderías indias, donde muchos años después tuvo ese diálogo con Mansilla.

Fuentes:

LANUZA José L., “Morenada”, Emecé editores, Buenos Aires, 1946. (pgs. 144, 145).

MANSILLA Lucio Victorio, “Una excursión a los indios Ranqueles”, Vol I, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1987 (pgs. 214, 215, 223, 235, 239, 240).

* * * * * * * * * * 


César Tamborini Duca

Las esclavas de Bue. Ay. Demuestran ser Libres y Gratas á su Noble Libertador. Santos Lugares de Rosas, Mayo 1 de 1841.

Este óleo sobre tela, pintado por Doroteo de Plot, que mide 149 x 73 cm. pertenece a la colección del Museo Histórico Nacional.

 

Carlos A. Vertanessian, en la magnífica obra “Juan Manuel de Rosas – El retrato imposible – Imagen y poder en el río de la Plata”, dice, con respecto a esta pintura:

“En lo que respecta a la relación específica que se planteó entre el Restaurador y los integrantes de la comunidad afroargentina, es ilustrativa la dramatización gráfica que ofrece la bandera creada por Doroteo de Plot. Rosas presenta su proclama de abolición de la esclavitud de 1839 (“Federación – Libertad – No más Tiranos”), con cadenas rotas que yacen a sus pies, mientras la concurrencia –leal y agradecida– escucha y enarbola banderas con lemas federales (“Viva la Libertad”; “Viva el Restaurador de las Leyes”; Mueran los Salvages Unitarios”). Sobrevuela un ángel que porta un banderín, con la palabra “Libertad” y anuncia “Ya no gemirá en el Plata, en cadenas ni un esclavo. Su amargo llanto cesó, desde que Rosas, humano. De su Libertad ufano, compasivo y Generoso. Prodigó este don precioso, al infeliz Africano”. Según Lanctot, la obra muestra que la compasión de Rosas, trajo fin al sufrimiento de los esclavos y condensa una serie de intercambios que plantean la sustitución de las cadenas por lazos afectivos…”

 

Dos de las banderas mencionadas por Vertanessian (la primera y la tercera) son de color rojo punzó, con las letras de los lemas de color blanco, mientras que la restante tiene tres franjas horizontales también de color punzó en los extremos y blanco en el centro y las letras del lema distribuidas en las tres franjas son de color negras.

La escena que refleja el óleo habría tenido lugar en los Santos Lugares de Rosas (actual localidad de San Andrés, Partido de Gral. San Martín, Pcia. de Buenos Aires) el 1° de mayo de 1841, que era el lugar de acantonamiento del ejército federal. En la obra se aprecia a Rosas, con la proclama en sus manos, detrás suyo un ayudante, que sujeta por las riendas a su caballo. Se aprecia una gran carpa, con la bandera de la Confederación Argentina.

viernes, 1 de junio de 2018

Opiniones sobre Rosas - Mariscal Ramón Castilla

   Publicado en el Periódico El Restaurador - Año XII N° 47 - Junio 2018 - Pag. 16 

Opiniones sobre Rosas
El Mariscal Ramón Castilla y Rosas

Ramón Castilla nació en Tarapacá, Virreinato del Perú en 1797 y falleció en el mismo lugar, pero ya República de Perú en 1867.

De joven revistió en el ejército realista, interviniendo en la batalla de Chacabuco, donde fue tomado prisionero, posteriormente regresó al Perú donde fue reincorporado al ejército, pero después de la proclamación de la independencia, se incorporó al ejército patriota, destacándose en la batalla de Ayacucho en 1824 que dio por finalizado el dominio español en América.

Tuvo una ascendente carrera militar y política, ocupando los más altos cargos militares, llegando a ostentar el grado de Gran Mariscal del Perú y por dos veces asumió la presidencia constitucional por los períodos 1845-1851 y 1858-1862 y dos veces también como presidente provisorio en el período 1855-1858 y por unos días en 1863.

Realizó una importante tarea de reorganización del país como así durante su gestión también se tomaron muchas medidas de carácter progresista, entrando su país en una etapa de paz y progreso. Dispuso la manumisión de esclavos, estableció la libertad de imprenta, abolió la pena de muerte, comenzó una reforma educativa, abolió el tributo indígena entre otras muchas medidas.

Durante su mandato también modernizó el ejército, creó una fuerza naval considerable, reformó la administración pública y creó el servicio diplomático, se introdujo el telégrafo, los ferrocarriles, el alumbrado a gas, etc.

El diario El Comercio, así lo evocó: "Redentor del indio, libertador del negro, fundador de la libertad de prensa, demoledor del cadalso político".

En el año 1845/1846 el general venezolano -primer expresidente del Ecuador- Juan José Flores, exiliado en Europa había comenzado el alistamiento de fuerzas militares para realizar una expedición en el litoral del Pacífico en América para imponer a su hijo en el trono del Ecuador. Para ello contó con la ayuda y complicidad de casas reinantes en Europa.

En esas circunstancias el entonces presidente del Perú, Ramón Castilla, le escribió el 11 de noviembre de 1846, una conceptuosa carta a Rosas, solicitándole su ayuda en esa cuestión, en la cual llama al gobernante argentino "…uno de los primeros campeones de la libertad…" para agregar "Ud. que ha dado tantas y tan ilustres pruebas del valor en que lo aprecia, repeliendo con heroico denuedo la intervención extranjera en las cuestiones Americanas, va a encontrar una ocasión mas de inmortalizarse prestando su apoyo a la más noble de las causas. Como amigo y admirador imparcial de la gloriosa reputación que se ha adquirido V., me asiste la confianza ilimitada que le cabrá una gran parte en el triunfo de la lucha que nos amenaza, y que vengaremos derechos de la América…" (Carta obrante en el Archivo General del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la República Argentina. Confederación 1846. Movimiento político exterior colectivo. Varios).

Veinte años después, el 11 de julio de 1866, Castilla, quien había estado exiliado en Inglaterra fue visitado por Rosas y a quién él también visitó en su casa, comprobando las dificultades económicas que el exdictador porteño tenía, le envió una carta al entonces presidente Bartolomé Mitre -en esos momento en campaña por la guerra de la Triple Alianza- solicitándole intercediera para que se le devolvieran los bienes, que le habían sido confiscados: 

"Lanzado de mi patria y llegado a Southampton recibí una visita del general don Juan Manuel de Rosas, y habiendo estado en su casa a corresponderle Su atención, comprendí, sin insinuación ninguna de su parte la estrechez en que vive, y que contrasta con el carácter que ha investido en su país y su alto rango militar. Híceme desde entonces el deber de invocar en su favor las ideas e ilustración del siglo, a cuya altura ha sabido usted colocarse, dando de ello repetidas pruebas en su administración.

Guiado por estas ideas, me atrevo a interesar la grande influencia que le dan su bien merecido puesto y filantrópicos sentimientos para que se devuelva al general Rosas sus bienes confiscados en oposición con los principios que proclama la época…

Estimando esta medida muy digna de la nobleza del carácter argentino, no puedo dudar de que usted tomará la iniciativa para aliviar la suerte de un viejo soldado…" (carta publicada en la Revista del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas N° 23, pág. 441).

Por supuesto, que Mitre nada hizo para complacer al expresidente peruano y menos aún para que se le devolvieran a Rosas, sus bienes ilegítimamente confiscados.

viernes, 1 de diciembre de 2017

Alfred de Brossard, sus opiniones sobre Rosas y el Combate de Vuelta de Obligado

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año XII N° 45 - Diciembre 2017 - Pags. 12 a 14 

Juan manuel de Rosas

Alfred de Brossard, sus opiniones sobre Rosas, y el Combate de Vuelta de Obligado.


En el año 1847 arribó a nuestro país una Misión Francesa para tratar con el gobierno de la Confederación Argentina el fin del bloqueo anglofrancés y el restablecimiento de relaciones diplomáticas. La Misión estaba encabezada por Alexandre Florian Joseph Colonna conde de Walewski -hijo ilegítimo de Napoleón y su amante la condesa polaca María Waleska-, siendo secretario Alfred de Brossard, quien ofició de intérprete.

Waleswski residió muy poco tiempo en Buenos Aires, ya que arribó el 10 de mayo y partió el 2 de julio. Se entrevistó dos veces con Rosas, los días 12 y 27 de junio y cada una de esas entrevistas duró varias horas y en las cuales también intervino Brossard, por lo cual éste conoció personalmente al gobernador. 

Regresado a su país, Brossard escribió una serie de cinco libros que publicó en París en 1850 bajo el título Considérations historiques et politiques sur les républiques de la Plata, dans leurs rapports avec la France et l'Angleterre (Consideraciones históricas y políticas sobre las Repúblicas del Plata en sus relaciones con Francia e Inglaterra).

En esos cinco libros se narra la historia de los países del Plata desde el descubrimiento de Solís en 1508, hasta 1848 y fueron escritos con la finalidad -como él así lo afirma- de "decir lo que cree útil a su país... y pueden contribuir a probar cuanto le importa a Francia: Afirmar en la América del Sud su renombre y su legítima influencia quebrantados. Mantener la independencia de Montevideo, y por lo mismo conservar un mercado que nuestro comercio y nuestra navegación necesitan imperiosamente, y en donde sólo desean prosperar. Substraer al Brasil a los peligros de que se vería amenazado por la vecindad argentina, si el Estado Oriental desapareciese, y garantizar así la existencia de nuestro principal mercado en la América meridional. Tener abierto en fin, no sólo a nuestro comercio y marina mercantes, sino también a la emigración de las clases sufrientes, un país en donde pueden adquirir más fácilmente las condiciones de holgura a que aspiran, al mismo tiempo que ellas renovarán o aumentarán para Francia, y en provecho de Francia, de Europa y de América enteras, la prosperidad de esas ricas regiones que han sido en otro tiempo, en manos de España y Portugal…"

En el año 1942 se tradujeron y publicaron por la Editorial Americana de Buenos Aires, los tres últimos libros: Americanismo y civilización (1829-1840), Intervenciones francoinglesas (1840-1848) y El General Rosas, reunidos bajo el título Rosas visto por un diplomático francés.

Allí, Brossard describe y relata el conflicto que Francia primero y después Francia e Inglaterra coaligadas tuvieron con la Confederación Argentina, encontrando justificativos para aquellas intervenciones en los países del Plata, que representaban un estupendo mercado para la producción fabril de su país, como así también como punto de arribo para una población que en Francia no tenía contención.

En su libro, tilda a Rosas de "reaccionario" y lo muestra siempre actuando con doble sentido.

Es una obra interesante que muestra el desarrollo del conflicto desde el lado francés y también contiene consideraciones importantes sobre Rosas y su gobierno.

En esta obra, Brossard hace una reseña de todas las misiones diplomáticas que arribaron a Buenos Aires, para tratar con Rosas el fin del conflicto que las dos grandes potencias habían iniciado, al inmiscuirse en las cuestiones entre la Confederación Argentina y su aliado el presidente legal del Uruguay, Manuel Oribe, enfrentados al usurpador del gobierno uruguayo el Gral. Fructuoso Rivera, intentando aparecer como potencias "mediadoras" para poner término al conflicto y también para lograr la libre navegación de los ríos interiores argentinos.

Guerra del Paraná

Esa primera misión la llevaron a cabo el representante británico M. Ouseley y por Francia, M. Deffaudis, personas estas muy avezadas en el manejo de las cuestiones diplomáticas. Estos dos representantes estaban secundados por los almirantes Inglefield y Lainé, comandantes respectivos de las flotas inglesas y francesas en las aguas del Plata.

Como lo dice Brossard, estos diplomáticos estaban autorizados a emplear métodos intimidatorios a fin de obtener los resultados esperados, pero fracasados estos podían recurrir al bloqueo de puertos y a la captura de las naves argentinas.

Estos representantes, se encontraron con la energía y la sagacidad del gobernante porteño, quien no cedió a las pretensiones de estas dos grandes potencias.

Brossard, así relata las alternativas posteriores:

"Pero este papel tocaba a su término y, el 31 de julio, los ministros mediadores dejaron a Buenos Aires lanzando una última intimación con plazo y amenaza de bloqueo". 

"No habiendo producido efecto esta nota, los plenipotenciarios declararon el bloqueo el 18 de septiembre de 1845. La exposición de motivos con que acompañan esta declaración, traza con gran vigor las quejas levantadas por la conducta del gobierno argentino y produjo profunda impresión; de cólera en éste y de esperanza, en sus adversarios. Trató en vano de contrabalancear el efecto producido por una protesta de los Encargados de Negocios de Portugal, de Bolivia y de los Estados Unidos, movidos todos ellos por el temor o por intereses diversos, pero el de Cerdeña rehusó asociarse a esta manifestación. Los mediadores no se limitaron a este acto. La escuadra argentina bloqueaba por hambre a Montevideo; fue cogida por las fuerzas navales de Francia e Inglaterra. Era necesario proveer a la subsistencia de la capital y sus defensores; un empréstito, contratado por el gobierno Oriental con el comercio extranjero, sobre el producto de las aduanas de Montevideo en el año 1848, recibió la garantía diplomática de las dos potencias; con el apoyo de sus fuerzas navales, todo el litoral de la república fue arrebatado a los argentinos. La ciudad de Colonia, frente a Buenos Aires, fue tomada de viva fuerza; la isla de Martín García fue ocupada. Garibaldi, remontando el curso del río, se apoderó de Mercedes, Rincón y Salto; al sud, un golpe de mano puso a Maldonado bajo el control del gobierno Oriental. Numerosos desertores de filas opuestas vinieron a reforzar su ejército y a ponerlo en condiciones de sostener la campaña; por último, once navíos de guerra franceses e ingleses, bajo las órdenes del comandante Tréhouart y del capitán Hotham, vinieron a dar fuerza a la propaganda comercial de Europa, abriendo a cañonazos los ríos que el celoso egoísmo de Rosas pretendía cerrarles. El 17 de noviembre, la escuadra combinada penetró en el Paraná; al día siguiente, ancló a treinta leguas de allí, frente a la vuelta de Obligado”.

Guerra del Paraná

Parte del monumento que se encuentra en el Parque Natural Histórico de Vuelta de Obligado, donde se pueden apreciar las cadenas empleadas para cerrar el paso a la flota anglofrancesa.

A continuación Brossard, transcribe los hechos ocurridos en la Vuelta de Obligado relatados por el señor Chevalier de Sain Robert -quien había participado en la misión de M. Deffaudis- en su libro El general Rosas y la cuestión del Plata.

«En ese lugar, las aguas profundas y majestuosas del Paraná se estrechan repentinamente y no dejan sino un pasaje de 800 a 900 metros más o menos. Sobre la orilla izquierda, la costa de Entre Ríos extiende, sin accidentes, sus bordes tristes y pantanosos; pero en frente, sobre la costa argentina, se eleva una ancha punta de tierra cuya loma, que se interna bastante en la llanura, domina el río casi a pico, salvo una parte estrecha, en donde el terreno, ligeramente recortado, baja gradualmente hacia la ribera. Fué en este lugar, de por sí tan bien fortificado por la naturaleza, que Rosas había reunido todos sus medios de resistencia contra lo que él llamaba invasión de sus dominios. La posición estaba formidablemente defendida. Habían sido construidas cuatro baterías de grueso calibre que descubrían una mano europea. La primera se encontraba sobre el ángulo de la costa; las otras dos, rasantes, estaban bajo el plano inclinado, y la cuarta, dominándolo todo, se extendía sobre la cresta de la loma y dirigía sus fuegos a lo lejos, en dirección de la corriente. El río mismo estaba obstruido por una empalizada formada por veinticuatro naves amarradas, y ligadas entre ellas por tres fuertes cadenas de hierro. En una de las extremidades, sobre la orilla derecha, había diez brulotes listos para ser lanzados; en la extremidad opuesta, más allá de la empalizada, estaba anclado, a modo de batería flotante, un gran brick fuertemente armado y destinado a cruzar sus fuegos con los de la orilla opuesta. Por último, además de las baterías y varias piezas volantes, todas servidas por desertores europeos que componían las tripulaciones de la flotilla argentina, capturada ante Montevideo, se encontraba un campamento adosado a un pequeño bosque que coronaba la punta de tierra. Este campamento, último esfuerzo de Rosas, contaba alrededor de 4.000 hombres y representaba la totalidad de hombres capaces, de quince a sesenta años, reclutados por fuerza en las desdichadas provincias argentinas y enrolados a bastonazos hasta en las calles de Buenos Aires; Concentradas desde hacía dos meses en Obligado, a las órdenes de Mansilla, cuñado del dictador, esas fuerzas se ejercitaban diariamente para la lucha que debían sostener contra la expedición».

«El 20 por la mañana, apenas desapareció la bruma, la escuadra combinada aparejó, en tres divisiones de ataque, para venir a ubicarse frente a las baterías y de inmediato ambas partes abrieron el fuego. Después de un cañoneo de siete horas consecutivas, la jornada se decidió por una maniobra tan hábil como audaz del capitán Tréhouart. Este intrépido oficial, cuyo brick había sido acribillado y puesto fuera de combate a la mañana, reunió sus otras tres naves y.las hizo encallar contra la orilla a tiro de pistola de las baterías. Mientras los últimos cañones rosistas eran aplastados por la metralla, los marinos ingleses, desembarcando con mucha armonía y vigor, atacaron a la infantería argentina concentrada en el bosque y la destrozaron a pesar de los esfuerzos del general argentino que la hacía cargar a lanzazos por sus gauchos para arrastrarla al combate. Las compañías francesas de desembarco, saltando a tierra en otro punto, determinaron la derrota del enemigo, que se retiró en desorden y ganó la llanura, dejando alrededor de 500 muertos en el campo de batalla».
Guerra del Paraná
Conde Waleswki

«Desde Navarin (1), los marinos de Francia e Inglaterra no habían unido sus pabellones y nunca tuvieron ocasión de desplegar tanta devoción, bravura y fraternidad. Después de haber rendido los últimos deberes a las víctimas de este glorioso combate y enviado a Montevideo los numerosos heridos y reparado las averías de las naves, algunas de las cuales habían recibido más de cien impactos, la escuadra se puso nuevamente en marcha, impulsada a vapor, y acompañada por algunos navíos comerciales que habían llegado entretanto. Ningún obstáculo serio podía detenerlos desde ese momento; la vasta corriente del Paraná estaba abierta hacia el Paraguay. Un vivo y penetrante interés se otorgaba a esta expedición, a la cual pronto habrían de seguir los ricos cargamentos de Europa. Verdadera cruzada comercial, avanzaba sobre las aguas casi vírgenes del gran río como descubriéndolas, y la columna de humo, en otro tiempo símbolo de la peregrinación bíblica, y hoy expresión de la civilización moderna, la precedía a través de esos parajes ignorados en el siglo diez y nueve... Por fin, después de una marcha de trescientas leguas, se llegó al término del viaje. En el mes de enero, el vapor francés Fulton, el único barco que pudo remontarse tan alto, anclaba cerca de la santa y misteriosa ciudad de Asunción».

"Un convoy de ciento diez velas comerciales se precipitó por el Paraná tras los pabellones vencedores de Francia e Inglaterra y la apertura de ese río probó que el mercado de Paraguay no era quimérico…".

“En síntesis, la acción de las potencias mediadoras había liberado en parte a Montevideo, restablecido su comercio, abierto el Paraná, y sembrado la desazón en el campamento de Rosas, ya que no en el espíritu de este terco jefe, cuando una serie de acontecimientos y nuevas negociaciones vino a anular los resultados obtenidos”.


Notas.

(1) Navarin o Navarino, fue una batalla naval que se produjo en 1827, con motivo de la guerra por la independencia de Grecia, que enfrentó a las flotas otomana y egipcia contras las de Inglaterra Francia y Rusia, resultando vencedoras estas últimas.

                                                                                                                                                                        

Los restos de una nieta de Napoleón, descansan en la Recoleta

Cuando el conde Walewski vino a Buenos Aires, estaba acompañado por su esposa la italiana Maria Anna di Ricci quien estaba embarazada y quien al tercer día de arribar a la ciudad, dio a luz a una niña a quien llamaron Isabelle, siendo su madrina Mariquita Sánchez de Mendeville (más conocida entre nosotros como Mariquita Sánchez de Thompson, apellido este de su primer esposo). Por cuestiones relativas a un parto complicado, la niña nació muy débil y falleció a los pocos días, siendo enterrada en el cementerio de la Recoleta en la tumba de la familia de su madrina, descansando ambas en la misma bóveda. 

viernes, 1 de septiembre de 2017

Opiniones sobre Rosas - Antonio Dellepiane

  Publicado en el Periódico El Restaurador - Año XI N° 44 - Setiembre 2017 - Pags. 15 y 16 

Opiniones 

ANTONIO DELLEPIANE                                                                                    

Opiniones sobre Rosas
Antonio Dellepiane


Nació en Buenos Aires en 1864 y falleció en la misma ciudad en 1939. Fue escritor, jurista e historiador.

Estudió en el Colegio Nacional y se doctoró en derecho en la Universidad de Buenos Aires, donde posteriormente fue también profesor. Fue el primer profesor de Sociología en la Facultad de Derecho. 

A partir de 1908 fue miembro de la Academia Nacional de la Historia la que presidió durante los años 1917-1919 y desde 1916 a 1932 se desempeñó como director del Museo Histórico Nacional.

Escribió varias e importantes obras jurídicas y muchas otras de carácter históricas entre las cuales podemos nombrar: La Tarja de Potosí, Dorrego y el federalismo argentino, El Himno Nacional. Estudio histórico-crítico, Rosas en el destierro (El testamento de Rosas. Rosas y sus visitantes. Rosas y Palmerston), Rosas.

Dellepiane fue un escritor de tendencia antirrosista propio de su época y sobre todo teniendo en cuenta que su esposa -hija del Presidente Nicolás Avellaneda- era nieta de Marco Avellaneda, llamado "el mártir de Metán", muerto por fuerzas federales al mando de Manuel Oribe el 3 de octubre de 1841.

Para él, no hay nada positivo en Rosas -al que siempre nombra como "tirano"-, siempre hay un "pero". Si Rosas, por ejemplo, para educarse leía el diccionario, él acota, "...Sin desconocer la utilidad y aún necesidad de la mencionada consulta, cabe afirmar su deficiencia como única fuente del saber, máxime cuando éste no se abreva en una verdadera enciclopedia, y si sólo en un simple vocabulario del idioma común".

También en varias partes de su obra habla de la antipatía de Rosas hacia los extranjeros. Ello no fue así y existen muchísimas pruebas; si hubo antipatía fue hacia gobiernos extranjeros, cuando estos pretendieron entrometerse en cuestiones internas o directamente atacaron al país. Rosas no se lo permitió y por eso los enfrentó.

Pero no obstante esto emite interesantes opiniones sobre el dictador.

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De su obra Rosas (Santiago Rueda Editor, Buenos Aires, 1950), extraemos estos interesantes párrafos.

"[Rosas] cuya vida nos proponemos seguir paso a paso dentro de la esfera privada a la vez que en su actuación pública, gozó de renombre, casi diríamos universal, de tirano; que pesó como gobernante en la historia de su país durante un cuarto de siglo; que influyó considerablemente en la de los países limítrofes al suyo y, en medida también no despreciable, en la de algunos grandes Estados del viejo continente, principalmente Francia y Gran Bretaña, ocupando la atención si no perturbando los sucesos de la Europa occidental. Rosas es, así, no sólo un personaje conspicuo en la historia argentina, sino también en la universal..."

"Rosas ha sido agrandado y deformado por la leyenda en uno y en otro sentido, para magnificarlo y aplaudirlo o bien para lapidarlo. Tanto la leyenda unitaria como la federal son falsas. Ni fue el gran Rosas de los primeros, ni el monstruo infernal de los segundos. Fue un hombre de carne y hueso con ciertas cualidades notables, de excepción extraordinaria, acompañadas de faltas y defectos, de inteligencia y de carácter. Lo mismo su acción, benéfica en cierta parte, perjudicial en otra. La historia debe reducirlo a sus justas proporciones, moderando las exageraciones, corrigiendo los errores de hecho o de interpretación".

"Explicar a Rosas es explicarnos a nosotros mismos. Como todo caudillo de verdad, resume en sí alguno de los rasgos del carácter argentino".

"Cada uno dentro de su esfera, tanto Rosas como Mitre y como Sarmiento fueron verdaderos autodidactos". 

"Se ha dicho que Rosas, desde joven tuvo como libro de cabecera el diccionario de la lengua, que lo consultaba, con frecuencia, tanto como a un preceptor".

"En el desempeño de las funciones rurales aprendió el arte de manejar y de dominar hombres, a conocer la naturaleza humana, a leer en ella de corrido y a manejar con seguridad y destreza los resortes que la mueven, observando el alma simple y desnuda de los gauchos y de los indios, de los pobladores sencillos y rústicos de la pampa. Como ellos fue sobrio, estoico, continente, retobado, astuto, cauteloso, desconfiado. Llegó así a ser su dueño, y tanto como los comprendía, era, por lo mismo, incapaz de comprender a los que diferían de ellos notablemente".

"No hizo en el 'Rincón de López' vida muelle ni ociosa; la tarea era ruda, penosa, arriesgada; la naturaleza escenario agreste, desolado; el 'entourage' [entorno], primitivo, rústico, violento, bárbaro. Allí se hizo Rosas, brutal, sádico; allí bebió, hasta saturarse, su antipatía al extranjero; allí se hizo diestro en la intriga, en el engaño, en la hipocresía, en la astucia, combinadas hábilmente con la franqueza, la audacia, la valentía, la violencia, la crueldad, la disposición de emplear, según el caso o las circunstancias, el beneficio o el castigo, la verdad o la falsía".

"Juan Manuel no tuvo una juventud disipada. Se casó joven, cuando casi cumplía los 20 años y, tanto antes como después, vivía consagrado al trabajo rudo y penoso que lo obligaba a una existencia errabunda e incómoda, alejado de su hogar. Se forjó así un carácter poco sociable, serio, retirado, nada amigo de fiestas, estoico, habituado a bastarse a sí mismo, parco en sus gustos, sobrio en sus placeres, simple enemigo de todo refinamiento, de toda regalonería, retraído, huraño, refractario a los halagos cortesanos".

"Respeta a su mujer mientras ella vive y la glorifica después de muerta: ve en ella a la esposa abnegada que fue, sin duda, doña Encarnación. Por eso predica, elogia y practica la honestidad conyugal, la moralidad de la unión".

"Es imposible negarle a Rosas ciertas condiciones de caudillo político, sin las cuales no habría salido de la penumbra de la historia para actuar en primera fila en el escenario público, para elevarse de empleado a patrón, de patrón a jefe de Estado".

"Empezó a adquirir prestigio ante la opinión como administrador ejemplar, como la encarnación misma del espíritu de orden y método de trabajo". 

"Uno de los hechos que surgen incontestables, al parecer es la simpatía y admiración que gozó Rosas entre los indios, así como la adhesión entusiasta que le manifestaron en todo tiempo, alguno de sus jefes más importantes. La obra de Rosas en el sentido de conservar, extender y consolidar la autoridad argentina en la pampa, ¿es realmente importante? ¿Quién se la daba? Sus métodos, el trato pacífico, oneroso y corrupto que empleó en las luchas civiles, ¿son aceptables?. ¿Qué conocimiento tenía Rosas de la lengua de los pampas?. Llegó tal vez, en su contacto desde niño con los indios, a comprender su habla rudimentaria y hasta expresarse en ella y ponerse en comunicación por su medio con los salvajes. Ello le permitiría escribir o hacerse escribir alguna proclama y leerla o declamarla con la mímica adecuada ante un auditorio de guerreros pampas. Actitud que, sin duda, no dejará de granjearle simpatía y consideración entre los habitantes del desierto. Ese prestigio se acrecentó con el de los favores que les otorgó generosamente, por cuenta del Estado, cuando lo sirvieron, y el castigo que les infligió cuando se opusieron a sus designios".

"Rosas no amaba el lujo y desdeñaba hasta el 'confort', indicio de extranjerismo". "No hacía vida social. No concurría a las recepciones de Manuela. Aparecía en ellas rara vez, haciendo acto de presencia para retirarse enseguida...Rosas se eclipsaba, rehuía las ceremonias oficiales. Solo tomaba parte de ellas por excepción".

"Maniático de la disciplina, empezó por imponérsela a sí mismo. Y ese espíritu de orden lo observará en todo: en sus actos, en sus hábitos, en su estilo y hasta en su grafía. El sentimiento del respeto a la autoridad está en él mismo vivamente arraigado".

"Llevaba cuenta y razón de todo, oficinescamente, como un dependiente, como un contador muy personal. Todo lo fiscalizaba, todo tenía que pasar por su mano y bajo su ojo escrutador y penetrante. Nada pequeño se le escapaba. Todo lo preveía, tenía vista doble, oído sutil, olfato de perdiguero".

jueves, 1 de junio de 2017

Opiniones sobre Rosas

  Publicado en el Periódico El Restaurador - Año XI N° 43 - Junio 2017 - Pag. 16 


Opiniones sobre Rosas
OPINIONES

DANIEL GARCÍA MANSILLA     

Nació el 12 de octubre de 1866 en París -Francia- donde su padre que era diplomático argentino cumplía sus funciones como secretario de la legación argentina, por ello fue inscripto en calidad de ciudadano argentino en el libro de actas de esa legación.

La familia paterna era de ascendencia unitaria y por el contrario fue federal la materna, ya que era sobrino nieto de Juan Manuel de Rosas y nieto del guerrero de la Independencia y héroe del combate de Vuelta de Obligado, Lucio Norberto Mansilla.

Cursó sus estudios en Francia diplomándose en la Escuela de Ciencias Morales y Políticas de París, para completar los mismos en la Universidad de París -La Sorbonne-.

A los veinte años ingresó en el servicio exterior de la Nación, realizando una notable carrera diplomática, que duró 52 años, habiendo cumplido funciones en diversas jerarquías en las representaciones en Italia, Alemania, Brasil Suiza, Francia, la Santa Sede, siendo también embajador en Paraguay, Perú y Ecuador, la Santa Sede y España.

Siendo embajador en España, en los primeros días de iniciada la guerra civil española, hizo respetar el principio humanitario del derecho de asilo con respecto a refugiados y perseguidos políticos que habían buscado amparo bajo el pabellón nacional en su residencia en la villa turística de Zarauz -sobre el mar Cantábrico-, en la provincia de Guipúzcoa y posteriormente también hizo respetar ese principio en la capital de España.

Incursionó en la poesía y el teatro y escribió unas memorias sobre su vida diplomática y sobre su familia que tituló Visto, oído y recordado (Editorial Guillermo Kraft Limitada, Buenos Aires, 1950), también fue autor de innumerables artículos sobre literatura, arte, crítica y filosofía, habiendo dictado innumerables conferencias.

Fue un católico practicante y después de quedar viudo en 1944 y sin descendientes, decidió brindar su vida a Dios; solicitó al Papa Pío XII una autorización especial para ser sacerdote, sin haber cursado el seminario, lo que le fue otorgado en 1953 ejerciendo el sacerdocio hasta el momento de su muerte ocurrida en Buenos Aires en el año 1957. 

En el libro mencionado precedentemente, así opinó sobre su tío abuelo:

"A poco de la caída de Rozas, hallábase nuestro amado país, profundamente desquiciado y obligado a enfrentarse con enormes problemas de suma urgencia; lejanas provincias con intereses creados, imantadas por la poderosa atracción comercial y social de naciones vecinas, que ponía en serio peligro la unidad nacional, hasta entonces mantenida con mano de hierro.

Era todavía escasísima nuestra población total, perdida en medio de espacios inmensos; pequeños grupos, amenazados en sus comunicaciones por indios salvajes que atacaban periódicamente las diligencias, robaban las haciendas en las estancias y se llevaban rehenes y mujeres. En cierta escala, don Juan Manuel había intentado ganárselos lealmente por las buenas, interesándolos en sus hábiles trabajos de campo, asociando a no pocos a determinadas faenas que les agradaban. Su abuelo materno, así como el hijo mayor, habían sido ambos cruelmente asesinados por aquellos bárbaros en el importante establecimiento llamado el Rincón de López, que aún conservaba su madre, doña Agustina López de Osorno, y que él mismo dirigió más tarde con gran acierto durante algún tiempo, ,antes de establecerse por su cuenta, trabajando con férrea voluntad. Procuró don Juan Manuel atraer a aquellos hombres a la civilización; aprendió su lengua y escribió con su puño y letra un interesante vocabulario y una rudimentaria gramática de la jerga, a fin de poder comunicarse con ellos directamente, sin intermediarios, y ganar así su estima y confianza; establecer pactos y convenios claros, cosa que logró en gran parte. Semejante política, razonable y cristiana, dio mejores resultados por cierto que el exterminio liso y llano preconizado en los Estados Unidos por el Indian Department...".