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martes, 19 de septiembre de 2023

Batalla de Tucumán - Manuel Belgrano

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

243

  En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

En la revista AutoClub N° 214 correspondiente a los meses de Octubre, Noviembre y Diciembre de 2012, fue publicado este interesante artículo sobre la batalla de Tucumán.

David y Goliat en la batalla de Tucumán

por Luis Horacio Yanicelli 

Belgrano
Manuel Belgrano (1770-1820)

DON MANUEL BELGRANO, MIENTRAS DESARROLLABA SU CAMPAÑA EN EL ALTO PERÚ, LOGRÓ ESCRIBIR ALGUNAS LÍNEAS A MODO DE MEMORIAS QUE HAN LLEGADO A NOSOTROS. EN ELLAS NOS CUENTA CÓMO FUE LA BATALLA DEL 24 DE SEPTIEMBRE DE 1812 EN LA CIUDAD DE SAN MIGUEL DE TUCUMÁN, POR ENTONCES UN VILLORRIO DE CUATRO MIL HABITANTES, SIN VEREDAS Y SIN ILUMINACIÓN NOCTURNA, CON SUS CALLES DE TIERRA. 

El patriota general venía marchando en retirada desde Jujuy, donde había producido el conmovedor hecho de levantar a toda la población en su marcha de retrogradación, el éxodo. Campo arrasado había dejado al enemigo. Bernardino Rivadavia, desde Buenos Aires (secretario de Guerra del Primer Triunvirato), le había ordenado abandonar el norte y retroceder hasta Córdoba, y esto, bajo amenaza de severas sanciones en caso de incumplimiento, aunque incluso en caso de incurrir en él, el resultado fuese favorable.
El líder tucumano era Bernabé Aráoz, que fue quien convenció a Belgrano de quedarse a dar batalla desobedeciendo las órdenes de Rivadavia, y para lograrlo había ofrecido al general patriota que el campo de batalla sea precisamente la propia ciudad; y por si esto fuese poco, le propuso sumar a su ejército seiscientos hombres montados en excelente caballada, además de proveer a los demás soldados de sus correspondientes montas y todo otro elemento que fuese preciso. Por el tiempo aún vuelan las desesperadas palabras de Aráoz pidiéndole a Belgrano: “¡General, pida lo que usted precise que nosotros daremos el doble!, ¡pero que Tucumán no se pierda!”
Esta oferta y compromiso fue puntualmente honrada por Aráoz y los tucumanos, y así nos lo cuenta el propio Belgrano: “Sucesivamente se reunieron hasta 600 hombres a sus órdenes [por Balcarce, jefe al que se designó para entrenar la tropa novata], en que había húsares, decididos y paisanos, y les dio sus lecciones constantemente, contrayéndose en verdad a su instrucción y a entusiasmarles en los días que mediaron, con un celo digno de aprecio”. Destaquemos que los patriotas, desde que decidieron dar batalla en Tucumán hasta el día del enfrentamiento, sólo dispusieron de diez o doce jornadas. En esos escasos días debieron convertir a los voluntarios que no eran más que ganaderos, artesanos y agricultores, en soldados. ¡Un imposible que hicieron realidad!
Pío Tristán y Moscoso, general al mando de las tropas realistas, era un militar de carrera, con una vasta experiencia ya que había participado en guerras europeas y también americanas, y cuando llegó a las inmediaciones de San Miguel de Tucumán, además lo hizo con un ejército regular, con tropa veterana muy bien equipada y mejor entrenada, Entre las unidades de combate que integraban el ejército real, se encontraban el Regimiento Real de Lima, el Batallón Fernando VII, el Abancay, el Cotabambas, el Batallón de Milicias de Paruro y la caballería de Tarija, entre otros. Todos los soldados sin excepción eran americanos al servicio de la Corona imperial. La presencia de españoles ibéricos se limitaba a algunos escasos oficiales, pero nada más. Entre el 21 y 22 de septiembre, Tristán estableció el campamento de su ejército en localidad de Los Nogales, a unos diez kilómetros de la ciudad. Su plan, en función de la superioridad de su fuerza —tres mil seiscientos efectivos, de los cuales dos mil trescientos eran cazadores y unos seiscientos de caballería—, consistía en rodear la ciudad, colocar su fuerza en la retaguardia de las fuerzas patriotas y cortándoles así la posibilidad de retirada, a la vez que su movimiento ofensivo consistiría en tomar por asalto la ciudad.
Belgrano, por el contrario, planteó dos escenarios de combate. Uno en las afueras de la ciudad y luego, mediante una fortificación de la plaza, prepararse para resistir el asedio realista si la situación en el campo le fuera desfavorable. Los Decididos de Tucumán, changos de aproximadamente dieciséis y diecisiete años, todos montados, con lanzas y chuzas fabricadas por ellos mismos, ocuparían el ala derecha del ejército. Allí descolló la figura de Gregorio Aráoz de Lamadrid, enloqueciendo a los realistas. Primero incendiándoles los campos y obligándolos a realizar movimiento de marchas que terminaron desordenando la línea, y luego sorprendiendo a Tristán y a su estado mayor al aparecer como fantasmas detrás de un monte de laureles, dando alaridos y golpeando los guardamontes con su taleros en un montaje escénico impresionante que agravó el desorden en que habían caído los hombres del rey.
El parte de guerra de Belgrano nos informa que la formación de su ejército fue parar “...la infantería en tres columnas, con cuatro piezas de artillería para los claros y la caballería marchó en batalla”, sin más complicaciones ni movimientos más complejos por no estar impuesta, ni disciplinada para otros despliegues; pero no obstante ello, su accionar fue letal para el enemigo. El general patriota añade: “El campo de batalla no había sido reconocido por mí, porque no se me había pasado por la imaginación que el enemigo intentase venir por aquel camino a tomar la retaguardia del pueblo”. Y así, al mediodía del 24 de septiembre, chocaron los dos ejércitos. Belgrano y Tristán eran viejos amigos, ya que se habían conocido en España, cuando sus mozos años de estudiantes salamanquinos los habían visto compartir aventuras y estudiantinas. Y luego de veinte años, en este rincón del mundo se encontraban para matarse... ¡Terrible y perverso juego del destino!
La superioridad militar de los realistas era notable, como notable también era la convicción de la tropa patria. Ese día, como una suerte de reedición histórica, se llevó a cabo la lucha entre David y Goliat. El imperio fue humillado por unos paisanos, cuyas mayores armas eran su fe y su inquebrantable decisión de ser libres, de sacudirse el yugo colonial aun al precio de sus vidas. Por eso el zapatero, el carpintero, el hortelano, el ganadero y el herrero de esa ciudad pequeña intrascendente, donde nunca pasaba nada, se convirtieron aquel día en feroces guerreros que le mataron al ejército imperial más de cuatrocientos cincuenta soldados, le hicieron seiscientos cincuenta prisioneros, le quitaron todo el parque de artillería y asimismo el arsenal con el tesoro y el equipaje de Tristán, que no tuvo más que, aprovechando la oscuridad de la noche del 25, madrugada del 26, huir a refugiarse a la ciudad de Salta, plaza que tenía totalmente controlada. Una victoria total fue la de aquellos sencillos paisanos. Una derrota humillante la que sufrió el realista, que hasta tuvo que soportar que, borrachos en los festejos, aquellos gauchos brutos pasearan por la victoriosa San Miguel en el coche que le habían capturado, y para colmo disfrazados con sus ropas y uniformes, que le habían quitado los Decididos de Tucumán. Si bien se contó con el apoyo de hombres de Jujuy, Salta, Santiago del Estero y Catamarca, más los soldados de Buenos Aires que conformaban la tropa regular, la batalla fue un hecho profundamente tucumano. Quien convenció a Belgrano de hacer pie en Tucumán y dar batalla, fue Bernabé Aráoz, y los tucumanos dieron todo. No hubo especulación alguna. Tucumán era la revolución. A tal punto fue la evidencia del arrojo colectivo y la valoración que del mismo se hizo entonces, que le valió a Tucumán ser designada “provincia autónoma” (independizándola de Salta, a la cual se encontraba subordinada hasta entonces, 08/10/1814), en reconocimiento a su aportes “a la libertad y la independencia de la Patria”, privilegio con que no cuenta otra provincia, y asimismo se designó como primer gobernador a Bernabé Aráoz. Y esa página heroica es la que a su vez la hará merecedora de ser el asiento del histórico Congreso, que el 9 de julio de 1816 declaró la Independencia y el 25 de ese mes dictó la ley que creaba la Bandera Nacional de las independientes Provincias Unidas del Río de la Plata como primera actuación soberana, constituyéndola así en la cuna de la Bandera Nacional. Se ha dicho que la Batalla de Tucumán fue la más criolla de todas las batallas, en razón de que en la misma el protagonista no fue el ejército sino el pueblo tucumano. Aquel día de gloria, una comunidad escribió una página no repetida e inédita. Una sencilla y humilde comunidad que frente al atropello imperial, se empinó con dignidad a vender cara su libertad. Devotos fervientes de la Virgen de la Merced, en las vísperas del enfrentamiento le elevaron sus plegarias y en oración colectiva realizada en la plaza de ciudad, se pusieron bajo se protección.
Digno de destacarse para la antología de la fe, que la advocación de la Virgen de la Merced, a la cual los tucumanos en su días fundacionales habían declarado mediante formal actuación de su Cabildo “protectora de la ciudad”, es nada más y nada menos que la advocación mariana a la cual elevan sus plegarias aquellos que han perdido o que luchan por su libertad. Aquel día, los tucumanos oraron a su protectora pidiendo por su libertad, y fueron a batalla el día de su festividad sin proponérselo, lucharon en condiciones adversas con un resultado extraordinariamente favorable, casi un imposible... Muchos en la tradición hablan del milagro del 24. En la soledad y la desobediencia, Belgrano, un político avenido general y una comunidad de pastores, agricultores, artesanos y comerciantes que nunca habían siquiera oído la palabra guerra, derrotaron a un ejército imperial armado con soldados profesionales, perfectamente entrenados, con equipamiento militar y además, por si todo esto fuese poco, que los duplicaba en número. Sí, aquel día, una vez más, David venció a Goliat. Por eso Belgrano, hombre de fe, entregó su bastón de mando a la Imagen de la Merced, ante el beneplácito y orgullo de los tucumanos, que todos juntos, Virgen, general y pueblo, habían escrito una página imborrable en la historia de los argentinos. Mientras tanto, en Buenos Aires, Rivadavia convocaba a festejos por el resultado de Tucumán, explicando cómo sus esfuerzos “conjuntos” habían fructificado en tan contundente victoria. San Martín y Alvear sabían de esta impostura, y a Rivadavia su oportunismo lo hizo caer del gobierno. Doscientos años se cumplirán el 24 de septiembre de aquel día de gloria que le valió a Tucumán que el gran Belgrano la denominase “sepulcro de la tiranía”.

Tema relacionado en este Blog, en el siguiente link


viernes, 14 de abril de 2023

El primer periodista argentino - Armando Alonso Piñeiro

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

167    


En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

Publicamos a continuación un artículo del historiador Armando A. Piñeiro,  aparecido en el diario La Prensa del día 25 de Junio de 2006, en la columna Los fantasmas del pasado.
En ese artículo el autor realiza una serie de consideraciones sobre quien debe considerarse el primer periodista. 

 ¿Belgrano o Moreno?

por Armando Alonso Piñeiro


El martes pasado se recordó -aunque la efeméride turística burocrática insiste en celebrarlo un lunes- un nuevo aniversario de la muerte de Manuel Belgrano, y por ende, del Día de la Bandera.
En 1903, siendo Miguel de Unamuno rector de la Universidad de Salamanca, envió una carta al historiador argentino Adolfo Saldías, en uno de cuyos párrafos recordaba: "Mitre ha hecho que me enamore de Belgrano, que parece un personaje plutarquiano, un héroe de la antigüedad, sereno, ingenuo, sencillo y noble, aunque algo cándido".
Periodismo Manuel Belgrano
La ajustada definición del gran escritor español no podía ser más exacta, precisamente cuando lo califica de "cándido". Tan ingenuo era, que nunca se le ocurrió trabajar para la posteridad, sin que este pensamiento pueda ser endosado, por favor, a ningún otro prócer. Militar, abogado, educador, periodista -y ya se verá por qué insisto en esta última profesión-, mereció del citado Bartolomé Mitre, en ocasión de descubrirse la estatua del gran patricio, el 24 de septiembre de 1873, la siguiente reflexión: "El general Belgrano es una de aquellas figuras históricas que, lo mismo con una bandera o una espada, podría ser representada con la pluma del escritor o con el libro de la ley en las manos, o bendiciendo con ambas la cabeza de un niño deletreando en una cartilla; porque fue hombre de acción y hombre de pensamiento y porque a la vez que combatió por su creencia derramó a lo largo del surco de la vida la semilla fecunda de la instrucción y de la virtud".
Ahora bien. Hay una actividad en la existencia del creador de la enseña nacional no debidamente reconocida. Fue, en realidad, el primer periodista argentino. Lejos de mi ánimo desmerecer a Mariano Moreno, en cuyo honor se consagró el Día del Periodista el 7 de junio, por decisión del primer congreso del gremio, en 1938.
En 1973 publiqué mi libro “Manuel Belgrano, periodista”, en cuyas páginas demostré palmariamente que fue el primer periodista argentino al fundar y dirigir en el significativo año 1810 el Correo de Comercio, periódico de notable valor profesional, político y filosófico que hasta se dio el lugar de lanzar alguna vez una edición bilingüe.
Periodismo Mariano Moreno
Mariano Moreno fue uno de los redactores -no existe ninguna prueba documental de que haya sido su director- de La Gaceta de Buenos Aires, Órgano oficial de la Junta de Gobierno, vale decir, era un periódico gubernamental.
Pero Manuel Belgrano ya había afilado su oficio de diarista -como gustaba decirse en la época- en El Telégrafo Mercantil, Rural, Político-Económico e Historiográfico del Río de la Plata, dirigido por el coronel y abogado Francisco Antonio Cabello y Mesa. Pero antes aún, en 1804, y en su calidad de secretario del Real Consulado de Buenos Aires, como redactor de las actas del organismo realizó una extensa entrevista al cacique Juan Caniulangien, invitado por Belgrano el 6 de octubre a visitar el consulado. Allí aprovechó para interrogarlo con respeto y habilidad sobre temas tan disímiles como el conocimiento toponímico de la Colonia, el estado de las relaciones entre españoles e indígenas, qué abras tenía la cordillera de los Andes, los ríos que conocía y la descripción de nuevas regiones, ignoradas por los consulares.
Primer cronista argentino, sin duda. Podría darse también el honroso título de primer periodista a Juan Hipólito Vieytes, pero en todo caso sería una polémica abierta. Con todo respeto, de todos modos creo que Mariano Moreno ha quedado bastante atrás en estas primacías.

En este Blog -Revolviendo la biblioteca 123- podrá leerse un artículo sobre este tema titulado "El primer periodista argentino", del mismo autor, en el siguiente link: 

https://periodico-el-restaurador.blogspot.com/2023/07/belgrano-y-moreno-el-primer-periodista.html

jueves, 12 de enero de 2023

Los colores de la bandera - Armando Alonso Piñeiro

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

144 

En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

En el diario La Prensa, del 22 de enero de 2006, fue publicado en la columna "Los fantasmas del pasado" un artículo sobre los colores de la enseña patria. 

La bandera argentina en unión y libertad

por Armando Alonso Piñeiro

Jura de la bandera
Creación de la bandera argentina por Manuel Belgrano


En mi entrega anterior prometí ocuparme de los colores de la bandera argentina, producto de agudas discusiones durante muchos años aun desde el siglo XIX.

Cuando en 1812 Manuel Belgrano crea la enseña nacional, no era como la que conocemos ahora, sino que estaba formada por dos franjas horizontales, una blanca y la inferior azul. Desautorizado por Bernardino Rivadavia, el vencedor de Suipacha no la destruyó, sino que la ocultó.

Hubo luego otros símbolos, como la bandera de los Andes, bendecida y jurada en 1817 por orden de José de San Martín, que ostentaba el escudo nacional rodeado por una corona de laureles. A Juan Manuel de Rosas le correspondió el símbolo federal: dos franjas azules -más bien azul turquí- y una blanca en el centro, las tres horizontales.

En realidad, aquí comenzó la polémica. ¿Azul o celeste? Como bien lo dijera el profesor Aníbal Luzuriaga, presidente del Instituto Nacional Belgraniano, “es un problema puramente ideológico: durante el gobierno rosista se utilizó el azul turquí o azul intenso, y el celeste era el color que distinguía a los unitarios”.

Hay muchos tonos de azul, aparte del turquí: el azul-celeste, el azul oscuro, el azul claro, el azul marino, el azul de Prusia. La documentación histórica, ciertamente, introduce confusiones en el tono del lábaro argentino, porque se habla de manera indistinta de azul, azul-celeste y celeste.

Otro miembro del Instituto Nacional Belgraniano, el distinguido especialista Guillermo Palombo, escribió dos libros sobre el tema: “La expresión técnica usada desde 1812 en adelante -señaló en su oportunidad- es azul-celeste, y el color es el azul, del que el celeste es un matiz”.

Sin duda, la entidad que evoca eternamente las glorias de Manuel Belgrano es la más autorizada para definir el problema. De manera que abocándose a un estudio profundo, elaboró un dictamen, cuyos fundamentos -señala- son concordantes con los emanados de la Academia Nacional de la Historia y de la Academia Nacional de Bellas Artes. Para el estudio se solicitó el aporte del Instituto Argentino de Normalización (IRAM), del Instituto Nacional de Tecnología Industrial, de laboratorios militares y entidades independientes.

El documento es extenso, pero la conclusión impecable: “Desde 1816 hasta la época de Rosas, la bandera nacional fue, ininterrumpidamente, blanca y celeste, como la creada por Belgrano en 1812, que tomó su color de la escarapela nacional azul celeste, conforme lo preceptuara el Triunvirato al crearla oficialmente”.

¿Los colores del cielo? No. Más precisamente, los tonos del manto de la Virgen, que coinciden con las ideas de unión y libertad.

Por otra parte, y como elemento de curiosidad, cabe recordar que la bandera siempre debe ser enarbolada a la derecha de cualquier portal o de cualquier otra enseña que la acompañe. También es bueno señalar que debe izarse aproximadamente a las ocho de cada mañana, pero arriarse al caer la noche, aun en días de lluvia. Existe también un rito para su doblez, como lo tienen casi todas las liturgias ceremoniales del mundo. En Estados Unidos, por ejemplo, tiene precisas reglas para su plegado. En la Argentina, en realidad no puede doblarse, sino que, convertida en una especie de bollo, el sol siempre debe quedar hacia arriba.

Son fantasmas del pasado que afortunadamente inspiran las costumbres del presente.


En este Blog -Revolviendo la biblioteca 122- podrá leerse un artículo sobre este tema titulado "Celeste y blanca", del mismo autor, en el siguiente link: 

https://periodico-el-restaurador.blogspot.com/2023/07/los-colores-de-la-bandera-armando.html


jueves, 28 de julio de 2022

Belgrano y Moreno - El primer periodista argentino -Armando Alonso Piñeiro

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

123 

En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

En el diario La Prensa, del 28 de marzo de 2010, fue publicado en la columna "Los fantasmas del pasado" un artículo sobre quien fue el primer periodista ¿Belgrano o Moreno?

El primer periodista argentino

por Armando Alonso Piñeiro 


Manuel Belgrano
El 3 de marzo pasado se cumplió el bicentenario del periódico “El Correo de Comercio”, fundado por Manuel Belgrano en aquella fecha del año 1810. Para recordarlo con justeza, el mismo día del aniversario el Museo General Belgrano publicó su breve suelto en un matutino porteño, y al recordar el hecho se añadía: “Belgrano confirmó ser nuestro primer periodista, ya que en 1801 fue redactor del Telégrafo Mercantil y precursor de la Revolución de Mayo”.

Confieso que me ha sido particularmente grato ver que mis reiterados trabajos en torno a un tema tan delicado -y posiblemente polémico, aunque no tanto- vayan siendo confirmados y reconocidos.

En 1973 comencé mis estudios sobre la primacía periodística del creador de nuestra insignia nacional con un libro titulado, precisamente, “Manuel Belgrano, periodista”. Siguieron otros volúmenes, e incluso en esta misma columna insistí con “¿Belgrano o Moreno?” (La Prensa, 25 de junio de 2006).

El asunto puede ser controversial, pero no lo es. El distinguido historiador José Torre Revello, al ocuparse de ello, afirmó en 1938 que el primer periodista de Buenos Aires había sido Francisco Antonio Cabello y Mesa al haber fundado “El Telégrafo Mercantil, Rural, Político, Económico e Historiográfico' el 1 de abril de 1801. Erróneamente, se tomó al político y militar español como el periodista primigenio de la Argentina, cuando el citado historiador estableció puntillosamente que lo había sido de nuestra ciudad.

Aquel mismo año de 1938 las asociaciones profesionales consagraron a Mariano Moreno en el sitial de marras. Dado el indiscutible prestigio legendario del secretario de la Primera Junta, no hubo opiniones en contrario, a lo que debe agregarse el hecho de que la investigación histórica especializada no era abundante por entonces.

Pero Mariano Moreno era redactor de la “Gaceta de Buenos Aires”. En primer término, no existe prueba documental fehaciente de que la haya fundado, pues la resolución de la Junta estableció por sí misma que se iniciaba la publicación del órgano periodístico, sin ninguna denominación propia. Por otra parte, la Gaceta era el boletín oficial de gobierno, careciendo de la independencia indispensable de la prensa.

Frente a todo ello, la figura de Manuel Belgrano acumula multitud de evidencias más que significativas. En 1804, como secretario del Real Consulado de Buenos Aires, se convirtió en el primer cronista de nuestro país al efectuarle un extenso y preciso reportaje al cacique Juan Caniulangien, del cual pudieron desprenderse variados elementos geográficos, étnicos, hidrográficos, etcétera. Y asomado el siglo XIX, escribió numerosos artículos en el periódico de Cabello y Mesa.

Como lo he dicho hace años, “Belgrano configuraba el ideal del periodista, incluso y especialmente del periodista moderno, debido al carácter enciclopédico de sus conocimientos. Había viajado a España, permaneciendo en la península entre 1786 y 1794. Esos ocho años fueron decisivos en su formación, ya que le permitieron empaparse del substrato cultural y político europeo, con el inevitable acercamiento a una Francia en ebullición, pero siempre caracterizada por hondos fermentos ideológicos”.

Pero sin duda su máximo mérito fue fundar y dirigir el “Correo de Comercio”, convertido -al iniciar su publicación precisamente en 1810- en el último órgano periodístico del virreinato y el primero de la Argentina naciente. Las calificaciones sobre su vocación especializada se resumen en sus propias palabras, cuando afirmó que era una vergüenza “que la gran Capital dela América Meridional, digna de hoy de todas las atenciones dl mundo civilizado, no tuviese un periódico en que auténticamente se diese cuenta de los hechos que la harán eternamente memorable”.

Belgrano, pues, el primer periodista argentino.


En este Blog -Revolviendo la biblioteca 167- podrá leerse un artículo sobre este tema titulado "Belgrano o Moreno", del mismo autor, en el siguiente link:

https://periodico-el-restaurador.blogspot.com/2023/04/el-primer-periodista-argentino-armando.html

Los colores de la bandera : Armando Alonso Piñeiro

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

122 

En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

En el diario La Prensa, del 20 de junio de 2010, fue publicado en la columna "Los fantasmas del pasado" un artículo sobre los colores de la enseña patria. 

Celeste y blanca

por Armando Alonso Piñeiro

Belgrano


Desde que el 27 de febrero de 1812 Manuel Belgrano izara por primera vez la bandera argentina inaugurando unas baterías en las márgenes del río Paraná, una larga polémica se fue instaurando década tras década sobre los verdaderos colores de la enseña patria. Si bien voy a mencionar más adelante algunas de estas discusiones, cabe recordar que aquel febrero Belgrano informó al gobierno porteño textualmente: “Siendo menester enarbolar bandera y no teniéndola, la mandé hacer blanca y celeste conforme a los colores de la escarapela nacional”. Podrán argüirse dictámenes y pareceres diversos, pero es un hecho que los colores originales de nuestra insignia máxima eran el celeste y blanco. Ese mismo año, pero el 23 de agosto, ella fue izada por primera vez en Buenos Aires en la iglesia de San Nicolás de Bari. Y recuerda Juan Manuel Beruti en sus conocidas Memorias Curiosas: “Toda la torre en sus cuatro perillas tenía puesta una bandera celeste y blanca”. Juan Manuel Beruti, a su turno, evocó cuando el estandarte nacional tremoló en el Fuerte, el 17 de abril de 1815: “... la bandera de la patria, celeste y blanca”. A su vez, el Congreso de Tucumán aprobó una resolución el 25 de julio de 1816 por la cual el distintivo nacional sería “la bandera celeste y blanca que se ha usado hasta el presente”.

Los colores de marras no eran desconocidos por aquellos ancestros, pues ya durante las Invasiones Inglesas habían aparecido en forma de lazos y cintas. También los tenían tanto el manto de la Inmaculada Concepción como la banda de Carlos IV.

En realidad, el color celeste figura en vexilología como una tonalidad del azul, conocido como “azul cerúleo”, en relación con el tono del cielo despejado.

Con el correr de los años se fueron produciendo algunas confusiones, y como lo dijera en el año 2003 el presidente del Instituto Nacional Belgraniano, profesor Toribio Luzuriaga, los colores se habían convertido “en un problema puramente ideológico: durante el gobierno rosista se utilizó el azul turquí o azul intenso y el celeste era el color que distinguía a los unitarios”.

Otro experto, Guillermo Palombo, señaló en su oportunidad que “el color es el azul, del que el celeste es un matiz. Así, por ejemplo, son diferentes el azul marino, el azul de Prusia y el azul turquí”.

El 20 de junio de 2008 se firmó un convenio entre el Ministerio del Interior y el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), por el cual se acordó un trabajo conjunto para determinar las características técnicas de la enseña.

Tan inspiradora y simbólica había sido la bandera belgraniana, que sirvió de modelo a varios países centroamericanos. En los años veinte del siglo XIX, en efecto, El Salvador fue el primer estado de la región que adoptó los mismos colores del lábaro argentino, siguiéndole después Guatemala, Honduras y Nicaragua. En la capital costarricense, incluso, hay una escuela denominada ‘Manuel Belgrano’, lo que habla de la influencia argentina en aquellos años liminares.

Espero que en este día emblemático los balcones del país estén debidamente embanderados y la escarapela creada por el gobierno porteño en 1812 figure en sacos y vestidos, mínimo homenaje que varias veces por año debemos al general Manuel Belgrano.

Vale la pena recordar, como corolario de la presente columna, un párrafo vibrante de este prócer singular, que lo define como precursor auténtico de la libertad del periodismo: “La libertad de prensa no es otra cosa que una facultad de escribir y publicar lo que cada ciudadano piensa y puede decir con la lengua. Es tan justa esta facultad como la de pensar y de hablar y es tan injusto oprimirla, como lo sería el tener atados los entendimientos, las lenguas, las manos o los pies, a todos los ciudadanos. Es necesaria para la instrucción pública, para el mejor gobierno de la Nación y para la libertad civil, es decir, para evitar la tiranía de cualquier gobierno”.


En este Blog -Revolviendo la biblioteca 144- podrá leerse un artículo sobre este tema titulado "La bandera argentina, en unión y libertad", del mismo autor, en el siguiente link: 

https://periodico-el-restaurador.blogspot.com/search?q=La+bandera+Alonso+Pi%C3%B1eiro