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viernes, 21 de abril de 2023

Indigenismo - La conquista de México

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

En la sección Correo del diario La Prensa del 26 de febrero de 2007 se publicó la carta de un lector sobre la cuestión indigenista.





Héroes incómodos
Señor director:
Vapuleado en todo el mundo como era de esperarse, por la elite de críticos progresistas, indigenistas y afines, se estrenó en Buenos Aires el filme ‘Apocalypto’. No bien se ilumina la Pantalla, el espectador ya tiene plena certeza de que se ha topado con una obra incómoda; una frase del filósofo e historiador estadounidense Will Durant (1885-1988) explica descarnadamente las intenciones del director: “Una gran civilización no es conquistada desde afuera hasta que no se ha destruido a sí misma desde adentro”. En efecto, la película nos ubica frente al último acto del Imperio Maya, que se viene abajo no solo por las guerras, las plagas, la hambruna o la sequía: el demonio mismo se ha hecho señor de las almas, y bajo la figura del dios Kukulcán, versión maya de la Serpiente emplumada, ordena aplacar su sed de cadáveres mediante los más horrendos sacrificios humanos. Ruedan cabezas desde lo alto de las pirámides truncadas, se descuajan corazones palpitantes sobre el altar del templo, el hedor de la sangre es celebrado con rugidos por la hirviente multitud. Cabe aquí una breve aclaración para los lectores que han visto tiernas películas como ‘Danza con lobos’ (1990) o la idílica ‘Pocahontas’ (1995): el marco histórico de ‘Apocalypto’, que acabo de describir, no es un invento de los autores del filme. Cualquier estudioso de las civilizaciones precolombinas sabe que las cosmogonias de muchos de estos pueblos eran enormemente perversas y sanguinarias, que los vencidos eran sometidos a las prácticas más espantosas. Hecha esta digresión, vemos en la película la historia, gloriosamente lineal y cuya directriz narrativa, alma de las narraciones clásicas, es la travesía del héroe: un hombre es arrancado de su pueblo, recibe una misión, desciende a los infiernos y luego vuelve a su gente para conducirla y empezar de nuevo. Pero ya lo decía el profesor Genta: hoy los mandamases no necesitan héroes sino masas.
Marcelo di Marco - eftainpaez@hotmail.com

miércoles, 18 de enero de 2023

Malvinas - Armando Alonso Piñeiro - Creación de la Comandancia en Malvinas

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

En el diario La Prensa, del 7 de junio de 2009, se publicó en la columna "Los fantasmas del pasado" un artículo sobre el decreto de creacinó de la Comandancia política y militar en Malvinas

A 180 años de otro aniversario malvinense

por Armando Alonso Piñeiro 


Con motivo de cumplirse el próximo miércoles 180 años de haber sido creada la Comandancia Política y Militar de las Islas Malvinas, resulta oportuno su recuerdo para reconfirmar por enésima vez la larga pertenencia del archipiélago a la soberanía argentina.

Fue el gobernador Martín Rodríguez quien, el 10 de junio de 1829, firmó el decreto correspondiente, haciéndose eco de lo cual el periódico “La Gaceta Mercantil” diría: “Una de las medidas más importantes del gobierno actual ha sido la organización política y militar de las islas Malvinas y de los terrenos adyacentes al estrecho de Magallanes”.

Por aquella época el archipiélago tenía un fértil territorio poblado por cuarenta mil cabezas de ganado, cuyos primeros antecesores habían sido soltados por los españoles siglos antes. Miles de caballos salvajes retozaban por su áspera geografía y los lobos marinos constituían una tentación para posteriores explotaciones.

El gobierno de Buenos Aires designó en la fecha antes citada a Luis Vernet como comandante político y militar. Se trataba de un personaje tan curioso como polémico, de nacionalidad francesa. Luego de peripecias por Alemania y Estados Unidos, recaló en Buenos Aires en 1817, donde se hizo empresario y al poco tiempo compró tierras ¡en las islas Malvinas! Parecía evidente que su destino estaba inevitablemente entroncado con ellas, pues fue quién informó puntillosamente al gobierno sobre las características geográficas y zoológicas antes resumidas.

En su carácter de funcionario oficial de la Argentina, Vernet cuidaba celosamente de los intereses territoriales, vigilando la pesca y la caza clandestinas, a pesar de que carecía de poder militar. Sin embargo, en enero de 1831 se dio el lujo de apresar a una goleta estadounidense -la ‘Harriet’-, y siete meses después se apoderó de otra nave pesquera -‘Beakwater’-, brevemente, porque pudo huir. Otra goleta, la ‘Superior’, no tardó en caer en sus manos.

En su momento me ocupé de estos episodios, manifestando que “estos hechos, particularmente el incidente con la “Harriet”, motivaron finalmente un incidente diplomático con el gobierno norteamericano. En Buenos Aires, el encargado de negocios Jorge Slacum tomó cartas en el asunto, pero encontró una firme resistencia en nuestro ministro de Relaciones Exteriores, Tomás Manuel de Anchorena, quien no se dejó amedrentar por el tono insolente y desmedido del diplomático norteamericano”.

Se produjeron otros acontecimientos, como la incursión bucanera de otra nave de los Estados Unidos, la “Lexington”, que apenas si pudo llevarse parcialmente una carga de pesca ilegal.

Pero llama la atención que tales acontecimientos no hayan sido centro de la preocupación de Gran Bretaña, cuyo gobierno no intervino ni ante Washington ni ante Buenos Aires, lo que debía haber hecho si sus pretensiones de soberanía hubieran sido legales, como lo diría efectivamente años después -luego de 1833, con la invasión del archipiélago-, al afirmar que el mismo había sido descubierto por exploradores ingleses.

Ya está suficiente y largamente probado que tales exigencias eran insanablemente nulas. Ni siquiera habían protestado cuando, en 1820, la fragata argentina “Heroína”, al mando del coronel de marina David Jewett, enarbolara la enseña nacional en territorio malvinense (Jewett había sido oficial de los Estados Unidos, pero luego prestó oficialmente servicios al gobierno de Buenos Aires, comandando la citada nave, declarada “al servicio del Estado argentino”).

Son todos hechos históricos significativos que deberían ser evocados oficialmente en ocasión de cada aniversario, porque esto constituiría una campaña permanente y sin vacíos, reiterando la indeclinable soberanía de nuestro país en el archipiélago que -aunque el autor de esta columna y sus lectores no lo veamos- pasará inexorablemente a integrar de hecho el ya extenso territorio nacional. Son, pues, los fantasmas del pasado que se alían solidariamente para hacer realidad un sueño de 176 años.

Malvinas - Armando Alonso Piñeiro - Manifestaciones británicas a favor de la posición argentina

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

147 

En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

En el diario La Prensa, del 1 de abril de 2007, se publicó en la columna "Los fantasmas del pasado" un artículo sobre los 25 años de Malvinas, en el cual se señalan las opiniones inglesas sobre el derecho argentino hacia las islas. 

A 25 años de Malvinas

por Armando Alonso Piñeiro 


Mañana se cumplirá un cuarto de siglo de la Guerra de Malvinas, es decir, desde que los argentinos intentamos reconquistar el archipiélago pirateado por los ingleses en 1833.

Quienes después de 1982 abominaron de esta gesta -y lo continúan haciendo hasta el presente- olvidan la importancia histórica de aquel hecho, prolongado hasta la rendición del 14 de junio del gobernador de la época, general Mario Benjamín Menéndez, desobedeciendo las órdenes en contrario del general Leopoldo Galtieri.

En los últimos tiempos los británicos no insisten mucho en subrayar sus falsos derechos sobre las islas Malvinas, porque saben que tienen en contra, más que las justas alegaciones nuestras, posiciones de los propios ingleses de los siglos XIX y XX.

Un contemporáneo de la agresión de 1833, el duque de Wellington -a la sazón primer ministro del Reino Unido-, confesó haber “revisado los papeles relacionados con las islas Malvinas. No me resulta nada claro que alguna vez hayamos poseído la soberanía de estas islas”. En 1848 William Maleswon manifestó públicamente en la Cámara de los Comunes que era necesario devolver “las islas al gobierno de Buenos Aires, que justamente las reclama”. El acuerdo anglo-hispano de 1771 contenía una cláusula secreta que implicaba el reconocimiento de los derechos españoles. Ello motivó una sorda polémica en el gobierno inglés, que pidió al prestigioso escritor y lexicógrafo Samuel Johnson ocuparse del tema para dilucidar la cuestión afondo. Johnson escribió entonces un trabajo titulado “Consideraciones sobre las últimas transacciones con respecto a las islas Falkland”, donde su desprecio por el archipiélago era patente: “Hemos mantenido el honor de la Corona y la superioridad de nuestra influencia. ¿Y qué hemos adquirido además de esto? Nada, sino una soledad yerma y triste, una isla inadecuada para cualquier uso humano, de inviernos tormentosos y áridos veranos; una isla que ni siquiera los salvajes sureños se han dignado habitar; donde hay que mantener una guarnición en tales condiciones que llegan a envidiar a los exiliados en Siberia, cuyo gasto será eterno y el uso especialmente ocasional, y que, si la suerte se apiada de nuestros apuros, puede convertirse en nido de contrabandistas en tiempos de paz y en los de guerra en refugio de futuros bucaneros”.

Cuesta creer que un país tenga tan deplorable opinión de su eventual propio territorio, de manera que la conclusión es obvia. Pero hay más aún. En 1910, el titular del Departamento América del Foreign Office, Sidney Spicer, escribió textualmente: “Es difícil evitar la conclusión de que la actitud del gobierno argentino no es enteramente injustificada y que nuestra acción ha sido algo despótica”.

Veintiséis años más tarde, el consejero legal de la Cancillería inglesa, George Fitzmaurice, señaló: “Nuestro caso posee cierta fragilidad”. Y su dictamen era, simplemente, “sentarse fuerte sobre las islas, evitando discutir, en una política para dejar caer el caso”.

Al mismo año de 1936 corresponde un comentado y demoledor párrafo de John Tortbeck, otro alto funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores británico: “La dificultad en nuestra posición radica en que nuestra toma de posesión de las islas Malvinas en 1833 fue tan arbitraria a los ojos de procedimientos legales actuales, que no es por lo tanto fácil de explicar nuestra posición sin mostrarnos a nosotros mismos como bandidos internacionales”.

Se conservan otros documentos diplomáticos de similar envergadura, todos ellos existentes en el Archivo Público Oficial (PRO) del Foreign Office, pero existe la perturbadora circunstancia de que este archivo se encuentra cerrado hasta el año 2015. Es el mismo repositorio donde se encuentra un memorándum de 1940: “Oferta propuesta por el gobierno de Su Majestad para volver a unir las islas Malvinas a la Argentina y aceptación de arrendamiento”. Este documento fue escrito en una época particular, cuando al Reino Unido le interesaba el apoyo argentino, en plena Guerra Mundial. No sólo el contenido del memorándum sino aun su propio título no tiene desper- dicio, puesto que “volver a unir las islas Malvinas a la Argentina” implica un paladino reconocimiento de que el archipiélago estaba unido a nuestro país.

¿No habrá llegado el momento de utilizar las pruebas británicas -y otras muchas que conservo en mis archivos- a fin de que se les vuelvan en contra? 

lunes, 16 de mayo de 2022

Güemes

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

84 

El Tradicional




En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años.

En la revista El Tradicional  N° 87 de setiembre de 2008, se publicó el siguiente artículo.  





El gaucho, forjador de nuestra independencia

Por la Prof. María Cristina Fernández


Isabel González del Solar Hernández, nieta de José Hernández, escribía el 21 de noviembre de 1972: “Martín Fierro se formó honrando la memoria de Martín Güemes, el más gaucho de nuestros guerreros, y considerando de fierro el temple del hijo de la pampa”. El texto expresa un vínculo entre el poema más importante de la literatura gauchesca y el Gral. Güemes, héroe de nuestra independencia. Independencia que no se hubiera declarado sin su accionar y el de sus gauchos, que todo lo dieron durante el largo y tortuoso camino que condujo a ella. Cuando el 25 de mayo de 1810 se formó en Buenos Aires el Primer Gobierno Patrio, la única Intendencia que apoyó la revolución y reconoció a la Junta fue la de Salta del Tucumán (entonces conformada por Salta, Tucumán, Jujuy, Santiago del Estero, Catamarca y Tarija). Según el Dr. Bernardo Frías: “Su resolución fue tan heroica, que privó que muriese en su cuna la libertad”. De haberse pronunciado en contrario, todas las fuerzas del interior (desde Córdoba a La Paz) hubieran sofocado el movimiento aislado de Buenos Aires como ocurrió un año antes en el Alto Perú.

Allí comenzó a servir a la Patria Güemes, el militar salteño que adhirió a la causa de Mayo impidiendo que los rebeldes de Córdoba se unieran a los del Alto Perú. Durante once años combatió a los realistas hasta morir, el 17 de junio de 1821.


Patriotismo inclaudicable

Martín de Güemes
Gaucho de Güemes

El mayor aporte de Martín Güemes y las más grandes pruebas de su firme patriotismo las dio a partir de 1816, año crucial para nuestra historia ya que entonces la mayor parte de Sudamérica hispana se encontraba en poder realista. Sólo permanecían libres la Provincias Argentinas, Paraguay y la Banda Oriental. Mientras el Congreso sesionaba, en la Intendencia de Salta -gobernada por Güemes- se impedía el avance del invasor y España planificaba una expedición al mando del mariscal José de la Serna. Las huestes patriotas habían perdido importantes jefes en la contienda. Juan José Fernández Campero (el marqués de Yavi) había sido tomado prisionero; Vicente Camargo; Manuel Ascencio Padilla e Ignacio Warnes habían sido ejecutados en el Alto Perú. Con la moral fortalecida, los realistas se sentían invencibles luego de derrotar en Europa a las tropas napoleónicas y en América a las bolivarianas.

Ese año el director supremo Juan Martín de Pueyrredón ordenó a José de Rondeau retirar el ejército a Tucumán, dejando a cargo de Güemes la actividad, celo y defensa de las Provincias y la seguridad de ese Ejército. Entonces sus tropas asumieron el rango de Ejército al servicio de las Provincias Unidas.

De sus 6.610 hombres sólo 900 integraban la tropa de línea que cobraba sueldo, los restantes 5.710 —en su mayoría gauchos- nada percibían. Los movilizaba un patriotismo inclaudicable que los llevó a superar limitaciones y a erigirse en fortalezas infranqueables.

El fervor gaucho era tan firme que a pesar de su pobreza pusieron al servicio de la Patria además de su vida-su único caballo y las armas que tenían. En una carta Güemes decía al Gral. Manuel Belgrano en 1816: “...mi alma se estremece al verlos desnudos, hambrientos, y sufriendo el rigor de la campaña. Ya no tengo un peso que darles, ni cómo proporcionarlo, porque este pueblo es hoy un esqueleto descarnado sin giro ni comercio”.

Belgrano, desde Tucumán, le respondía: “Cómo me compadece la suerte de los infelices que están en la vanguardia. Estoy sin un medio, estoy sin un recurso; temiéndome todos los días que los hombres se empiecen a desgranar y se vayan en bandadas a donde les den algo por el trabajo que tienen”.

Tal era la gravedad de la situación que se atravesaba, después de haberse declarado la Independencia.


El escenario de la lucha

La mayoría de los combates se libró en el territorio que abarca el extremo sur de la actual Bolivia hasta el Río Juramento (de norte a sur) y desde la zona de San Pedro de Atacama, hoy Chile, hasta el departamento de Orán (de oeste a este). Según Ricardo Rojas en Salta hubo 76 batallas contra los realistas, en consecuencia su territorio quedó devastado y en la miseria. La defensa más importante fue ejercida contra José de la Serna, quien al desembarcar en Arica en 1816 anunció que en menos de un año recuperaría Buenos Aires. Según los planes de la Corona, el cargo de virrey sería ocupado por Joaquín de la Pezuela. Sin embargo, en mayo de 1817, cinco meses después de iniciar la invasión, La Serna fue obligado a retirarse.

El militar español consideraba a los gauchos indignos de enfrentar a sus tropas y los calificaba de bandidos desnaturalizados. Cuando se vio forzado a regresar al Alto Perú, la Gazeta de Buenos Aires informaba: “Se jactaban los Enemigos de que dicho regimiento era invencible, pero sería porque estaba reservado a los gauchos, humillar su orgullo”.

La Serna no fue el único jefe realista de prestigio vencido por las fuerzas gauchas, también lo fueron Joaquín de la Pezuela, José de Canterac, Pedro Antonio de Olañeta, Juan Ramírez Orozco, entre otros.


Juramento cumplido

En varias oportunidades Martín Güemes disputó el trato que debía darse a los gauchos, a quienes protegía con firmeza y afecto. A Gregorio Aráoz de Lamadrid le pidió: ...“que trate con la mayor consideración a mis gauchos y no dudo que lo hará así porque es mi amigo y porque obedecerá cuanto yo le mande, porque por mis gauchos quebraré con cuantos me los traten mal”.

A Pedro Antonio de Olañeta, quien había intentado sobornarlo subestimando a su tropa, le respondía: “Yo no tengo más que gauchos honrados y valientes. Con éstos únicamente los espero a usted, a su ejército y a cuantos mande la España. En el magnánimo corazón de éstos no tiene acogida el interés ni otro premio que su libertad”.

Martín Güemes no sólo defendió a sus hombres en el papel. Cuando gobernó la intendencia de Salta -desde 1815 hasta su muerte en 1821- adoptó medidas protectoras de gran relevancia a favor de los gauchos, en mérito a que fueron ellos los que favorecieron y sostuvieron la libertad. El mismo había jurado sostener la independencia de América y sellarla con su sangre. Y cumplió su palabra. Por eso sus descendientes, los herederos de las glorias que legara, permanecen de pie, exaltando su memoria.


Emblema de valor, símbolo de energía

La carta de Isabel González del Solar y Hernández (nieta del poeta) cita una nota de su madre (la hija de Hernández) según la cual el poeta consideraba que: “Martín es un nombre que dejó en la Historia su huella de valor y de hidalguía. Juan Martín de Pueyrredón patriota y ecuánime defensor de los derechos de sus conciudadanos y el ínclito general Martín Güemes que con sus valientes gauchos, hermano de éste que nació en la pampa, defendió las fronteras argentinas del avance español. Y este escritor, queriendo que su libro fuera genuinamente nacional, compuso ese nombre que es un emblema de valor y un símbolo de energía”.

Güemes y sus gauchos fueron un emblema de valor y un símbolo de energía. Su gesta continúa asombrando cuando se analiza el proceso independentista. En ese marco es posible que Hernández, quien escribiera su obra cinco décadas después de la muerte de Güemes, lo admirara. Quizás los lazos de parentesco que unían al poeta con Juan Martín de Pueyrredón, la estrecha relación entre Martín Güemes y Pueyrredón durante la lucha por la Independencia, la contemporaneidad entre Hernández y Pueyrredón y el conocimiento que a través de éste y otros parientes pudo haber tenido el escritor sobre la capacidad militar, patriótica y humana de Güemes, lo hayan inspirado. Quizás admiraba el valor y la hidalguía de aquél hombre que murió como lo había anunciado y por ello honró con su nombre al Martín Fierro. Así unió la memoria de Martín Güemes “el más gaucho de nuestros guerreros y el temple del hijo de la pampa”.

En momentos en que se evoca la lucha por la Independencia, es oportuno exaltar el poco conocido vínculo entre el título del magno poema y el Gral. Martín Güemes. De esa manera se honra su recuerdo.

domingo, 24 de abril de 2022

Estación de Subte Juan Manuel de Rosas

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

71


En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos o notas periodísticas de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

El 23 de noviembre de 2007, se publicó en el diario Clarín la noticia sobre la aprobación en la Legislatura porteña de un proyecto para designar con el nombre de Juan Manuel de Rosas, a la terminal de subtes de la línea B, por entonces en construcción.



Votaron en primera lectura el nombre de una futura parada de la linea B
Revive un enfrentamiento histórico: Una estación de subtes se llamará Rosas
Partidarios del ex gobernador y de Sarmiento y Urquiza discuten la medida.
por Nora Sánchez
 

A 156 años de la batalla de Caseros, la polémica alrededor de Juan Manuel de Rosas continúa. Ayer la Legislatura porteña aprobó en primera instancia un proyecto para bautizar con su nombre a la estación de la línea B que a fines de 2008 será inaugurada en Triunvirato y Monroe. Como es una ley de doble lectura, aún debe ser sometida a audiencia pública y a otra sesión legislativa para hacerse efectiva. Pero su primer tratamiento ya reavivó la antigua antinomia. También sirvió para cuestionar que la estación reciba el nombre de Monroe, que homenajea a un ex presidente estadounidense. El autor del proyecto es el legislador kirchnerista Miguel Talento, que justifica: “Buscamos incorporar a Rosas a la nomenclatura urbana, porque no tiene ninguna mención. Parece que se sigue cumpliendo la maldición que le lanzó José Mármol, 'Ni el polvo de tus huesos la América tendrá” ahora convertida en “Ni tu nombre Buenos Aires tendrá”. Es un personaje controvertido, pero es parte de la historia argentina”. “Rosas siempre fue discutido porque fue un dictador y un hombre sin principios democráticos valederos —dispara Carlos Keller Sarmiento, descendiente del prócer e integrante del Instituto Sarmiento de Sociología e Historia No creo que deba ponerse su nombre a la estación, porque Rosas ya no es una alternativa. Tampoco tuvo una labor patriótica de relevancia. Y fue culpable de muchos asesinatos”.
“En torno a Rosas se construyó toda una historia que lo denigraba, acusándolo de crímenes y de cosas que el revisionismo comprobó que eran falsas —asegura Oscar Denovi, del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas—. Era una época muy cruel, pero no por responsabilidad de los federales ni de Rosas”.
Para Denovi, Buenos Aires tiene una deuda. “El nombre de Rosas falta en la ciudad donde nació y de la que fue benefactor. Fue él quien hizo obras hidráulicas y transformó un bañado en los parques de Palermo. Su caserón era la casa de Gobierno y esos parques eran públicos. En parte del predio del actual zoológico él ya había hecho uno con especies animales autóctonas”.
Pero la nomenclatura lo trató mal. “Su casa estaba en la actual avenida Sarmiento, que dicho sea de paso fue abierta por Rosas —dice Denovi—. Y el monumento a Sarmiento está donde se ubicaba su dormitorio”. Talento explicó: “Buscamos incorporar el nombre de Rosas en forma no litigiosa, en una obra nueva. Como esta estación, que justo está en la avenida que en 1973 fue denominada Rosas. Pero la dictadura se lo sacó y restituyó el de Monroe”. “Si a Monroe se le sacó el nombre de Rosas fue porque él no merece homenajes —sostiene Luis José Vincent de Urquiza, historiador y sobrino tataranieto del general que derrotó a Rosas en la batalla de Caseros—. Su único mérito es que el general San Martín le donó el sable, como reconocimiento de haber defendido la soberanía de la patria en la batalla de Obligado”. Vincent de Urquiza afirma: “No me opongo a que llamen Rosas a algo nuevo. Aunque preferiría que no, para evitar reavivar pasiones viejas que van a volver a enfrentar a los argentinos. Porque éste es el Boca-River de la historia. Y a mí me cuesta perdonar a personas que asesinaron tanta gente, pero del otro lado también se asesinó”. Keller Sarmiento señala: “Creo que el nombre de Monroe es una opción tan equivocada como la de Rosas, porque no tuvo nada que ver con la Argentina”. Desde el Instituto Histórico de la Ciudad, Lidia González afirma: “Las estaciones de subte deben tener los nombres de las calles adonde asoma la salida por una cuestión de orientación. Además, se le va a poner el nombre de Rosas a la autopista ribereña.”




Juan Manuel de Rosas. 1793-1877. Gobernador de la Pcia. de Bs. As. Estanciero, militar y político, gobernó la provincia de Buenos Aires entre 1829 y 1832, cuando la sala de representantes le otorgó facultades extraordinarias y el título de Restaurador de las Leyes. Volvió al poder entre 1835 y 1852.







James Monroe. 1758-1831. Abogado. Presidente de los Estados Unidos. En 1816 se convirtió en el quinto presidente de su país. Se lo conoce por acuñar la llamada doctrina Monroe, “América para los americanos”, que expresa la voluntad estadounidense para mantener su hegemonía sobre todo el continente.