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martes, 13 de enero de 2026

Indigenismo - Apocalypto - Cartas al diario La Prensa

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 
Publico una carta al correo de lectores del diario La Prensa, que si bien no fue escrita por el director de este Blog, es interesante por los conceptos que en la misma se vierten



miércoles, 20 de septiembre de 2023

Indigenismo

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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  En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

En  el diario La Prensa del día 18 de julio de 1989, fue publicado este interesante artículo sobre el indigenismo.

Exótico y artificial
Rebrote indigenista

por Víctor  E. Ordóñez 

En la Argentina se viene articulando desde hace tiempo —en los últimos años al compás de cierta cultura gramsciana— un proceso indigenista.

Es una ideología más, una moda intelectual pero, por sobre todo un instrumento para forzar un replanteo de la identidad y del destino nacionales. En alguna oportunidad anterior nos hemos referido en este mismo espacio a esta problemática que no debe ser descuidada porque toca a lo más íntimo y raigal de la nacionalidad cuestionando, igualmente, las relaciones internas de una sociedad que ha comenzado a ser amenazada con su disolución (o, quizá mejor, su autodisolución) mediante la implantación de una ruptura con su pasado y con su futuro. Lo que puede ser simplemente fatal porque una nación es en lo esencial, continuidad.

Esta reflexión viene a cuento ante las actividades del Equipo Nacional de Pastoral Aborigen dependiente de la Conferencia Episcopal Argentina que se ha propuesto (y ha propuesto al resto de la sociedad) un programa de acción del que lo menos que podemos decir es que es exótico y artificial.

Convocó a una llamada “Semana del Aborigen” a finales del mes de abril sobre un temario cuyos puntos más ilustrativos destacamos. “Promover en la comunidad nacional el reconocimiento de que somos un país pluriétnico y pluricultural". Nuestro  comentario al respecto es que así dicho la afirmación formulada sin matices ni condicionamientos suena  abrupta y gruesa. Además se advierte  —esto parece obvio— que estos supuestos pluralismos se limitan en la intención del equipo a las parcialidades aborígenes dejando de lado los riquísimos y decisivos aportes de otras razas, otros pueblos y otras culturas. Pero lo que no se puede pretender —y hay que llamar la atención sobre este punto porque la conclusión se encuentra difusa e implícita en la redacción— es que las etnias indígenas integren lo que habitualmente se denomina "ser nacional".


La Argentina no es un país indio

La Argentina –y esto parece indiscutible— no es un país indio, ni siquiera mestizo en el sentido ni en el  modo en que lo es casi todo el resto del continente. Por supuesto esta observación no se formula en detrimento de nada ni de nadie sino en aceptación de un dato sociológico y cultural evidente. Y, finalmente, cabría preguntarse qué beneficio traerá a la Argentina como colectividad y a los aborígenes como individuos, la aceptación de semejante presupuesto. Un presupuesto que, insistimos, reputamos falso con el contenido que sugiere: nuestro país visto como un país indígena.

A un criterio como el que denunciamos responde, sin duda alguna la formulación de otro objetivo de la comisión: "Fortalecer en las bases la conciencia de su identidad y que sea respetada su propia cultura”. Intención oblicua, expresión equivoca, semejante propuesta encierra los peores peligros. La Nación es un todo, un todo complejo y tensionado pero fundamentalmente homogéneo y que como tal todo tiende —y debe tender— a la incorporación, síntesis y confusión de sus partes y elementos. Lo contrario es la anarquía, la destrucción,  la muerte del conjunto social, la pérdida de su unidad y la deformación de su identidad. Fortalecer en las bases una conciencia de una supuesta identidad —que en la realidad de los hechos es un producto típicamente ideológico— es introducir un nuevo factor de discordia y de alteración. La Nación lleva a cabo esa delicada e interminable labor de síntesis, de suma y de resumen en bien y con enriquecimiento de ella misma y también, de las partes que concurren a integrarla,  llámese provincia, región o etnia.

Afirmar con interés dialéctico, la individualidad de la parte frente a la omnicomprensión del conjunto es alterar del peor modo la naturaleza de las cosas, el orden espontáneo y la propia voluntad colectiva de la sociedad que, diríamos instintivamente, busca y desea Ja armonía a través del equilibrio. Creemos que la conciencia de ¡a identidad a que se refiere la preocupación eclesial, no es sino una toma de posición no sólo diferenciada sino contraria y beligerante frente a ese todo que es la Argentina. Y no se ha de olvidar que, como enseñan los filósofos, el todo es mayor que la parte

De cualquier manera, el hecho que nos hallemos discutiendo a esta altura de nuestro proceso evolutivo acerca de la integración nacional y de los puntos de tensión que el proceso mismo supone, demuestra lo peligroso de estas imaginerías y lo ficticio de su contenido.


“Formación de la Iglesia autóctona”

Una proposición final del documento de la comisión causa asombro al no católico y literalmente espanto al creyente. "Acompañar y alentar la formación de la Iglesia autóctona”.

¿Qué se quiere decir con semejante expresión que suena a los oídos sensatos como un exabrupto? ¿Cómo se debe entender este proyecto? ¿Se está proponiendo desde las filas mismas de la Iglesia Católica argentina la formación de una nueva organización religiosa de exóticos caracteres localistas en oposición a la universalidad el catolicismo?

A decir verdad no creemos que ésa haya sido la intención de los redactores de la declaración pero no se podrá negar que la utilización de una fórmula tan poco feliz es riesgosa, da lugar a múltiples y opuestas interpretaciones y no se condice con la suma precisión con que estos trabajos son y deben ser elaborados. Por lo demás, no se ha de descuidar la circunstancia del contexto cultural, y de las tendencias teológicas en que esta declaración se produce.

Pero resta aún una cuestión de igual trascendencia. Porque queda claro que estas manifestaciones indigenistas —que integran un largo proceso de alteración y de desinformación— presuponen el rechazo y la condena de todo el esfuerzo hispano de cristianización de América que hoy es la unidad histórica que contiene el mayor número de católicos. Todo esto es abandonado, negado y  desechado de un solo golpe por esta comisión que propicia la formación de una Iglesia autóctona.

Acusación de etnocidio

Sin embargo, la cuestión de fondo de este planteo revisionista —al que se le agrega ahora este desvarío teológico— es que consiste en cuestionar no sólo la conquista sino la concepción de cristianidad en cuyo nombre se llevó a cabo.

La meritoria Junta de Historia Eclesiástica salió al cruce de estas  suposiciones tan anticientíficas. Niega el genocidio, que es un lugar común en esta literatura revisionista en base a datos concretos y verificados con aceptable aproximación a la llegada de los españoles no había 75 millones de indios —que sería el número de víctimas de la conquista— sino poco más de trece. Este simple aporte echa por tierra cualquier pretensión de etnocidio, resta validez y seriedad al programa de la comisión y arroja una fuerte sospecha sobre sus intenciones.

Proponer un apostolado a partir de errores tan gruesos —sosteniendo la reivindicación de presuntas víctimas jamás acreditados a la luz de un análisis histórico sereno— no sólo indica una radical mala fe o una improvisación inadmisible en una comisión eclesiástica sino que adelanta el signo y la perversidad de ese apostolado.

viernes, 21 de abril de 2023

Indigenismo - La conquista de México

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

En la sección Correo del diario La Prensa del 26 de febrero de 2007 se publicó la carta de un lector sobre la cuestión indigenista.





Héroes incómodos
Señor director:
Vapuleado en todo el mundo como era de esperarse, por la elite de críticos progresistas, indigenistas y afines, se estrenó en Buenos Aires el filme ‘Apocalypto’. No bien se ilumina la Pantalla, el espectador ya tiene plena certeza de que se ha topado con una obra incómoda; una frase del filósofo e historiador estadounidense Will Durant (1885-1988) explica descarnadamente las intenciones del director: “Una gran civilización no es conquistada desde afuera hasta que no se ha destruido a sí misma desde adentro”. En efecto, la película nos ubica frente al último acto del Imperio Maya, que se viene abajo no solo por las guerras, las plagas, la hambruna o la sequía: el demonio mismo se ha hecho señor de las almas, y bajo la figura del dios Kukulcán, versión maya de la Serpiente emplumada, ordena aplacar su sed de cadáveres mediante los más horrendos sacrificios humanos. Ruedan cabezas desde lo alto de las pirámides truncadas, se descuajan corazones palpitantes sobre el altar del templo, el hedor de la sangre es celebrado con rugidos por la hirviente multitud. Cabe aquí una breve aclaración para los lectores que han visto tiernas películas como ‘Danza con lobos’ (1990) o la idílica ‘Pocahontas’ (1995): el marco histórico de ‘Apocalypto’, que acabo de describir, no es un invento de los autores del filme. Cualquier estudioso de las civilizaciones precolombinas sabe que las cosmogonias de muchos de estos pueblos eran enormemente perversas y sanguinarias, que los vencidos eran sometidos a las prácticas más espantosas. Hecha esta digresión, vemos en la película la historia, gloriosamente lineal y cuya directriz narrativa, alma de las narraciones clásicas, es la travesía del héroe: un hombre es arrancado de su pueblo, recibe una misión, desciende a los infiernos y luego vuelve a su gente para conducirla y empezar de nuevo. Pero ya lo decía el profesor Genta: hoy los mandamases no necesitan héroes sino masas.
Marcelo di Marco - eftainpaez@hotmail.com

La leyenda negra antiespañola y antihispánica

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

El artículo que presentamos a continuación fue publicado en el portal web de Política y Desarrollo el día 28 de agosto de 2006. 

 La leyenda negra anticatólica y antihispanista 

 por  Álvaro de Maoturna 


La leyenda negra es, a la vez, anticatólica y antiespañola. Se generó y se desarrolló en Inglaterra y Francia: primera y principalmente en Inglaterra, en el curso de la lucha entre España y la Inglaterra de los Tudor.


 
El antihispanismo llegó a ser parte integral del pensamiento inglés. Escritores y libelistas se esforzaron por inventar mil ejemplos de la vileza y perfidia española, y difundieron por Europa la idea de que España era la sede de la ignorancia y el fanatismo, incapaz de ocupar un puesto en el concierto de las naciones modernas. Tal idea se generalizó por la Europa secularizada y petulante del oscurantismo ilustrado y enciclopedista, señalando a la Iglesia como causa principal de semejante degradación cultural española. Esta idea se difundió después por todo el ámbito anglosajón y naturalmente entre los yanquis.
El buen historiador norteamericano William S. Maltby, entre algunos otros, en su bien documentado libro titulado "La Leyenda Negra en Inglaterra" (1982), dice esto: "Como muchos norteamericanos, yo había absorbido el antihispanismo en películas y literaturas populares, mucho antes de que este prejuicio fuese contrastado desde un punto de vista distinto en las obras de historiadores serios, lo cual fue para mí toda una sorpresa; y cuando llegué a conocer las obras de los hispanistas, mi curiosidad no tuvo límites. Los hispanistas han atribuido, desde hace mucho tiempo, este prejuicio y sentimiento mundial antiespañol a las tergiversaciones de los hechos históricos, cometidas por los enemigos de España".
Los cínicos agentes panfletistas de la leyenda negra -cínicos por cuanto acusan a España de vilezas y crímenes que sólo ellos cometieron- y sus respectivos pueblos que asimilaron borreguilmente el fanatismo antiespañol, en particular el mundo anglosajón, no sólo tergiversaron la Historia española y la grandeza de la empresa española en América, sino que a la vez silenciaron sus propios sistemas coloniales que, del siglo XVII al XIX, exterminaron casi por completo a os aborígenes de Norteamérica y sometieron a tantos pueblos africanos, asiáticos y oceánicos a una casi total esclavitud. Silencian la permanencia actual de las razas aborígenes en los países colonizados por España, así como el intenso mestizaje que desmiente toda mentalidad racista. Y también, naturalmente, silencian que las intervenciones pontificias en defensa de los indígenas obedecieron a peticiones de la Corona española que, ya con anterioridad, había dictado normas humanitarias como esa gloria jurídica de España que son las leyes de Indias y el Derecho de Gentes.
Hay ahora una caterva de pseudo intelectuales dóciles a las viles corrientes ideológicas que hoy se venden, que quisieron generar una extraña sensación de mala conciencia, de recuerdo molesto, como de historia vergonzante. Intención más torcida aún, es la que pretende borrar cualquier huella de Dios en este muy noble y bellísimo acontecimiento realizado por los españoles... Todos los Papas han tenido menciones muy honoríficas para la singular acción evangelizadora y civilizadora de España en el mundo. Nuestro Papa actual, Juan Pablo II, ha insistido muy reiteradamente en esta hermosa realidad; y en su visita a España en Santiago de Compostela, el 19 de agosto de 1989, ha destacado con gran amor y claridad la enorme proyección espiritual y cultural positiva del Concilio III de Toledo, y entre otras cosas dijo: «En más de una ocasión he tenido la oportunidad de reconocer la gesta misionera sin par de España en el Nuevo Mundo». Y en su despedida en Govadonga afirmó: «Agradecemos a la Divina Providencia, a través del corazón de la Madre de Covadonga, por este gran bien de la identidad española, de la fidelidad de este gran pueblo a su misión. Deseamos para vosotros, queridos hijos e hijas de esta gran Madre, para España entera, una perseverancia en esta misión que la Providencia os ha confiado».
Cabe otra consideración, altamente significativa, sobre la leyenda negra. Sólo España tiene leyenda negra y no la iene, en cambio, ninguna nación del ámbito protestante; ¿por qué? Sólo existe una posible respuesta. La importancia española en el mundo llegó a ser enorme durante los siglos XVI al XVIII. Su influencia cultural, política y militar fue universal y benéfica para el Orbe porque todas sus acciones estuvieron inspiradas y movidas por la doctrina y el espíritu católico. Pero después triunfó la herejía y el error en gran parte del mundo económicamente fuerte de Occidente, con su espíritu protestante y racionalista. Y fue naturalmente este mundo triunfante del error y del antihumanismo el autor del prejuicio mundial, injusto e inicuo, que se llama leyenda negra, la cual es sólo y a la vez anticatólica y antiespañola. No existe en cambio leyenda negra enemiga de las potencias protestantes. Este hecho tiene una significación decisiva para cualquier mente honrada que pretenda valorar con justicia los hechos históricos de las naciones.
No existiría leyenda negra si España no hubiera sido tan importante en el mundo, o si hubiera traicionado la Verdad como lo hicieron las demás potencias, en lugar de servirla heroicamente como España lo hizo. Fue justamente en el ambiente protestante donde se generó la llamada leyenda negra, que marcó durante un tiempo no pocos estudios historiográficos, concentró prevalentemente la atención sobre aspectos de violencia y explotación que se dieron en la sociedad civil durante la fase sucesiva al Descubrimiento. «Prejuicios políticos, ideológicos y aun religiosos, han uerido también presentar sólo negativamente la historia de la Iglesia en este continente» (Juan Pablo II en Santo Domingo).
La leyenda negra, con una valoración de los hechos no iluminada por la fe, ha dejado un ambiente de absurdo sentimiento de culpa en algunos españoles, que se manifiesta en un querer desvirtuar la grandiosa empresa en sus motivos esenciales de evangelización y civilización, en la pérdida de la perspectiva general de la obra, con la consiguiente trivialización de los méritos individuales y colectivos, y en la falta de valoración de la hondura y anchura de las conversiones. Querría esto decir que no se ha captado lo que es Hispanoamérica. Por disposición de la rovidencia Divina, los pueblos que fueron conquistados, al convertirse a la fe y recibir la cultura cristiana en lengua de Castilla, no se conservaron como tales pueblos primitivos, sino que dieron lugar a la nación hispanoamericana, que es heredera de ellos tanto como lo es de España. Para esta empresa ha tenido Juan Pablo II el más reciente aliento, en ese «¡Gracias, España!, porque la parcela más numerosa de la Iglesia de hoy, cuando se dirige a Dios, lo hace en español». Y entre las mil cosas grandes, dio vida a las Universidades más antiguas del continente americano.
Casi todos los Papas han hecho, en algún momento, un gran elogio de la epopeya y de la gloriosa misión realizada por España en América. Pío XII fue el más infatigable debelador de las calumnias que arrojara contra España el mito de la leyenda negra. De su pluma salieron 129 textos acerca del espíritu universal y católico de la gran epopeya misionera (...). La epopeya gigante con que España rompió los viejos límites del mundo conocido, descubrió un continente nuevo y lo evangelizó para Cristo». Se ha dicho que la calumnia entra como ingrediente necesario en toda gloria verdadera. Y él mismo fue uno de los Pontífices más calumniados de la Historia.
No menos sectarios y falsos son los juicios que la historiografía protestante, marxista y masónica ha hecho con frecuencia sobre la Inquisición española. La Inquisición medieval fue creada por Gregorio XI en 1231, con motivo de las grandes herejías que vinieron a turbar la paz religiosa de la Cristiandad. El Derecho entonces vigente contenía leyes severísimas contra los herejes... La Inquisición española salvó muchas vidas de judíos españoles de las matanzas de que éstos eran objeto en su tiempo. Fue el más humano de los tribunales de su época y evitó las luchas religiosas, no la existencia en España de otras religiones. Es de tener también presente que el más rico y asombroso despliegue doctrinal y literario que se conoce en la Historia -el Siglo de Oro español, o la Edad de Oro como la llama Menéndez Pelayo porque duró casi dos siglos- coincidió con la existencia de la Inquisición, la cual no supuso ningún freno para el genio creador español. En muchos aspectos esenciales, la Inquisición significó un auténtico progreso social.
Es indudable que la Inquisición eclesiástica cometió abusos en todo el mundo y, sobre todo, que provocó un clima de suspicacias que hizo sufrir a muchos inocentes, incluso a Santos canonizados luego por la Iglesia. Pero es imposible formular un juicio que pretenda ser mínimamente equitativo, si no se acierta a entender lo que significaba la defensa de la fe, en una sociedad donde la verdad religiosa se tenía por supremo valor. No olvidemos que en Ginebra -La Meca del protestantismo-, Juan Calvino no dudó en mandar a la hoguera al ilustre descubridor de la circulación de la sangre, el español Miguel Servet. Y es que la Verdad cristiana, salvadora del hombre, se tenía entonces por el máximo bien; y la herejía, que podía perder a los hombres y a los pueblos, como el peor de los crímenes. Esto le cuesta comprenderlo al hombre moderno, a quien no chocará, en cambio, que la protección de la salud sea actualmente preocupación primordial de la autoridad pública y justifique no pocas molestias y restricciones. Pues el hombre religioso europeo puso en la lucha contra la herejía el mismo y apasionado interés que el hombre moderno pone en la lucha contra el cáncer, la contaminación, o en la defensa de la salud física o la democracia. Esto, a la vez que asesina a millones de seres humanos inocentes no nacidos.
Las investigaciones verdaderamente científicas, y cada vez más decantadas de españoles y extranjeros, se pronuncian hoy con veredicto unánime y favorable a la labor positiva y magnánima de España en el mundo, a la vez que se apagan, con las luces puras de la verdad, los últimos vestigios del mito de la leyenda negra antiespañola, que fue alimentada durante mucho tiempo por la mentira y el odio.

(Tomado de "Desde la Fe", Semanario de la Arquidiócesis de México, No. 218/del 22 al 28 de abril del 2001)
Fuente Church Forum

jueves, 20 de abril de 2023

Indigenismo - Leyenda negra - Soberanía de América latina y el Caribe

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

El 8 de noviembre de 1988, fue publicado en el diario La Prensa, un artículo sobre la "Soberanía de América latina y el Caribe", que tiene que ver con el tema indigenista.

 "1992: Año de la soberanía de América latina y el Caribe"

 Un atentado contra nuuestra identidad cultural  

 por Ignacio F. Bracht Olmedo


El pasado 10 de octubre, en vísperas de celebrarse el Día de la Raza, —conmemoración establecida en el país durante la primera gestión presidencial de Hipólito Yrigoyen mediante un decreto de su autoría del 4 de octubre de 1917—, se difundió en los medios de prensa un proyecto de resolución elaborado por un conjunto de diputados de la Nación, que elevó al Poder Ejecutivo para que, a través de la Cancillería se den instrucciones al representante argentino en las Naciones Unidas para que promueva que se declare el año 1992 “Año internacional de la Soberanía de América latina y el Caribe”.

El proyecto de marras fue suscripto por los diputados oficialistas Lucía Alberti y Federico Storani; por los justicialistas Olga Flores, Carlos Ruckauf y Federico Puerta; por los intransigentes Raúl Rabanaque Caballero, Miguel Monserrat y Luis Manrique; por el socialista popular Guillermo Esteves Boero; por el democristiano Alberto Aramouni y por los integrantes del minibloque socialista-cristiano unificado Simón Lázara y Matilde Quarracino.


El proyecto y sus argumentaciones

El proyecto de resolución posee cinco partes que llevan por títulos los siguientes: 1) fundamentos; 2) la dependencia bajo la dominación ibérica; 3) la dependencia bajo la dominación británica; 4) la dependencia bajo la hegemonía del imperialismo norteamericano, y 5) hacia la definitiva descolonización de América latina y el Caribe.

En los fundamentos, sostienen los diputados firmantes que, “A través de cinco siglos nuestro continente ha sido estructurado en forma dependiente, estableciéndose un vasto sistema de dominación que la perpetúa, mediante el cual vivimos pendientes y dependientes de las decisiones que se tomaron en los centros de poder. Estos últimos han ido cambiando de sede (sic) a lo largo de la historia —primero España, luego Inglaterra y actualmente Estados Unidos de América—...”

En los puntos restantes y referidos a las distintas etapas de la dominación ejercida sobre América latina, como se ha sostenido, los diputados firmantes equiparan en pie de igualdad los procesos de colonización que, a partir del siglo XV se iniciaron con la presencia de España en nuestro continente. Bajo este esquema quedan calificados en el proyecto como idénticas formas de “dominación”  variando sólo el modo en espacio y tiempo, la acción de España en América; el posterior asentamiento inglés en el norte; la expansión colonial y comercial británica y francesa en África y Asia, los asentamientos coloniales de Holanda, la penetración comercial de Inglaterra en nuestro país durante el siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, la bipolaridad surgida luego de la Segunda Guerra Mundial y en la que los Estados Unidos se erigieron como una de las dos potencias que se distribuyeron las zonas de influencia y en las cuales hacen sentir su condición de hegemónicos. En lo que atañe a nuestro continente, finalizan los firmantes mencionando la dependencia económica que sufre América latina en su condición de deudora del FMI, Banco Mundial y los distintos trusts económicos y financieros. De esta manera los señores diputados nos brindan un prolijo desarrollo de la dependencia, y cuya relación de causalidad se remonta al 12 de octubre de 1492.

Estas argumentaciones violan la genuina verdad histórica, y en definitiva demuestra una supina ignorancia de los hechos y procesos históricos de nuestro pasado americano.

Si a ello le sumamos la referencia que los señores diputados hacen al expansionismo norteamericano en el Caribe con su teoría del “Destino manifiesto” a fines del siglo XIX, o la posterior política del “Big Stick” de Teodoro Roosevelt, o la presión de los bancos acreedores mencionados, tales como el Chase Manhattan, Citibank, Morgan Guaranty Trust, etcétera, y que estas realidades sean la resultante de que Colon haya echado pie a tierra en América, es ingresar en el mayor y absoluto diletantismo simplista.


La hispanidad: resultante cultural

La confrontación cultural existió desde los orígenes mismos de la Humanidad, suscitándose en el preciso momento en que un pueblo entró en contacto con otro pueblo, poseedor de diferentes valores culturales. Esta colisión cultural existe aún, y existirá por siempre, ya que la universalidad declamada hoy, sólo puede y debe ser entendida en el marco enriquecedor de la diferencia cultural.

Con la presencia de España en América se produjo sin lugar a dudas, una colisión cultural, pero que no acarreó como en otros casos la aniquilación de una cultura por otra. En América, pasados los primeros y duros tiempos de la conquista, se fue gestando, sobre todo desde fines del siglo XVI, y a través de infinidad de manifestaciones la confluencia de la cultura europea-mediterránea y de signo castellano, con las diversas culturas de los pueblos americanos. Es este un hecho, de encuentro y también de enfrentamiento, por qué negarlo, y a pesar de que los señores diputados consideren que “eufemísticamente se denomina Encuentro de Dos Culturas”, el resultado fue, no la desaparición de las culturas aborígenes por la imposición de la cultura de España, sino por el contrario el surgimiento de una nueva entidad cultural: La Hispanidad.

En esta labor de fusión cultural tuvieron descollante actuación las órdenes religiosas evangelizadoras del continente que no fueron “endilgadas a Colón” y a los posteriores adelantados como sostienen los señores diputados, sino que surgieron de la propia cosmovisión con que los reyes de España emprendieron la gesta de América. Estos religiosos brindaron a la posteridad excelsas obras en los más diversos campos, ya sea en las artes plásticas, la música, las letras, la ciencia, la arquitectura, etcétera, y en las cuales se reflejó la simbiosis cultural de la que hablamos. Asimismo, la existencia de misioneros mártires nos comprueba irrefutablemente que se buscó un objetivo que superaba lo temporal y el afán de lucro; es decir que estos hombres fueron impulsados por un ideal metafísico, más allá de todo interés crematístico que, como esgrimen los firmantes del proyecto pareciera ser que sólo la expoliación de las riquezas, fue el único fin de España en América.

Existen infinidad de ejemplos que podríamos enunciar para demostrar cómo fue encarada por parte de España, la obra americana. Uno de ellos se refleja en las universidades que se levantaron, por todo el espacio americano y en las que se formaron en las disciplinas académicas muchos indígenas; otro de los ejemplos es la aparición del Derecho Indiano que, en vastos aspectos, y a pesar de que la ciencia jurídica peninsular brillaba como parte de ese “Siglo de Oro” que vivía España, no rechazó y por el contrario se edificó en base a grandes aportes que provinieron del derecho indígena.

Pero si hay un fenómeno contundente, en razón del cual fue el sentido con el que España consideró a las distintas culturas aborígenes, es el mestizaje. Este grandioso logro, único y diferente a cualquier otra empresa colonizadora de los tiempos modernos y contemporáneos, nos demuestra de manera tangible la unión de las culturas, ya que en la sangre criolla se concretó la integridad que denominamos puente: es decir el mestizaje cultural en donde se fusiona la herencia cultural indígena y española.

Los autores del proyecto no podrán mostrar algún fenómeno similar que se haya producido con la colonización inglesa y holandesa en América, África y Asia, o con cualquier otra potencia europea de la modernidad que hubiera concretado proyectos de colonización. Sin duda les será muy difícil encontrar la analogía en este terreno. ya que repetimos, el mestizaje como entidad totalizadora fue un hecho único y diferenciador de todos los procesos colonizadores que se produjeron.

Así, la hispanidad deviene como resultante y no como la anulación de una cultura por otra, y es aquí donde se agiganta España como nación conquistadora en que, con las armas triunfantes en la mano no aniquila, sino que recepciona el legado cultural de los vencidos.

La hispanidad constituye hoy, con la suma de los aportes culturales de las corrientes inmigratorias posteriores, la heredad que nos marca una identidad cultural.

En la hispanidad se renueva la América indígena y la América española, y por intermedio de ésta, España, que es lazo de unión con la cultura greco-latina, primigenia cuna de la genuina civilización occidental y cristiana, que en absoluto tiene relación, mal que les pese a los señores diputados, con la modernidad capitalista, fruto de las corrientes filosóficas qu nacieron bajo la cosmovisión protestante del modelo anglosajón.


Errores históricos del proyecto

Los señores diputados nos ilustran en su proyecto, como ya lo hemos señalado, con un punto referido a “la dependencia bajo la dominación ibérica” y en el cual citan como antecedentes a las guerras de la Independencia, los levantamientos y revueltas que se produjeron durante el siglo XVII a lo largo de Hispanoamérica. Conviene sobre este punto reflexionar un instante.

A partir de la presencia española en América en tiempos de los reyes católicos y durante todo el reinado de la casa de Habsburgo, América se estructuró como Reino de Indias, tan reino como Castilla, Aragón, Flandes, etcétera, federado a todos los reinos de España, pero no dependiente de ninguno.

El Imperio Español fue así, una “Federatio Regnorum”, en donde cada reino poseyó sus fueros, privilegios y autonomía. Esta tradición que España heredó del “Foedus” romano y la “Anfictionia” griega, le dio al imperio español una característica particular que se mantuvo durante todo el reinado de la dinastía de los Austrias. Recién con el ascenso de los Borbones al trono de España, se produjo la desvirtuación y subversión de la tradición, convirtiéndose los reinos de Indias en meras colonias, sujetas al centralismo de la metrópoli y a su voracidad fiscal. De allí que se produjeran levantamientos pero que no fueron contra España, como sostienen los legisladores, sino cuyo objetivo fue el de conservar los fueros y prerrogativas contemplados en el Derecho Indiano y que como hemos señalado, gozaron estos reinos.

Los movimientos que señalan los señores diputados tales como, el de los Comuneros de Nueva Granada de la Villa del Socorro (16 de marzo de 1781) se llevó a cabo al elocuente grito de “¡Viva el rey!, pero no queremos pagar la armada de Barlovento”. Similar a éste, fue el sentido de la sublevación de los Comuneros de Asunción (1723 y 1730), de Corrientes y de Lima. La famosa rebelión de Tupac Amaru (1782) se realizó bajo la consigna “¡Viva el rey!, pero mueran los corregidores”. Como vemos en todos los casos, la intención fue la defensa del común, los fueros propios e intransferibles, y contra el abuso de algunos funcionarios de la corona que durante el reinado de Carlos III pretendían violar una tradición afincada en el alma y mente de los hispanoamericanos.


La leyenda negra: sus forjadores y los voceros de hoy

No mucho tiempo trascurrido, luego que España se afincara por toda América, comenzaron a alzarse voces de condena, que hoy continúan, con el claro propósito de mancillar la epopeya de España. Así surgió la “Leyenda Negra” que con su afán denigratorio se detuvo en los hechos puntuales, en los excesos que existieron y que en algunos casos fueron de gravedad, pero que por otra parte son inevitables, como ya lo hemos sostenido, en toda confrontación cultural. Pero callaron y menoscabaron los actos que engrandecieron a España como nación colonizadora, renegando del legado cultural que conllevó la unión de las culturas y que poseyó en el mestizaje su más elevada manifestación.

La “Leyenda Negra”, resultado de la intencionalidad anglosajona, fiel reflejo de la ancestral enemistad de España e Inglaterra —aunque hoy se pretenda minimizarla—, encontró sus voceros en nuestras tierras.

Durante el siglo XIX, hubo quienes hicieron suyos estos postulados y que subyugados por las corrientes del positivismo liberal propugnaron que nuestros modelos culturales, políticos y económicos tuvieran su norte en el arquetipo anglosajón, olvidando nuestras raíces encarnadas en la hispanidad, ya que ésta, para su cosmovisión era sinónimo del atraso y la barbarie.

Este esquema que atenta contra nuestra heredad se continúa hoy en algunas corrientes que proviniendo del marxismo —heredero éste también del positivismo del siglo XIX—, y que supuestamente opositoras al modelo anglosajón, confluyen en sus resultados: denigrar la acción de España en América y socavar nuestro ser cultural. Dentro de estas vertientes cabe mencionar a un ideologizado Movimiento Indigenista que continúa con la vetusta, pero hoy remozada “leyenda negra” y con el cual seguramente, los legisladores del proyecto deben identificarse plenamente.


Consideraciones necesarias 

Es conveniente que nuestros representantes de la Cámara Baja, promotores del proyecto que nos ocupa, leyeran además de las obras citadas en el mismo, tales como “Las venas abiertas de América latina”, de Eduardo Galeano; “Las Américas y la civilización” de Darcy Ribeiro, entre otras, algunas de las obras producidas por pensadores e historiadores que no rechazan el legado cultural que nos hizo ser americanos. Deberían consultar las páginas del “Solar de la raza”, de Manuel Gálvez; el “Ariel” del uruguayo José Enrique Rodo; “Defensa de la hispanidad”, del español Ramiro de Maeztu; “Del municipio indiano a la provincia Argentina”, de José María Rosa; “Sentido misional de la conquista de América”, de Vicente Sierra; las bellas letras de Rubén Darío, y todas las que fueran necesarias para evitarse así realizar comparaciones irracionales que fuerzan el acontecer histórico. Sólo así podrán revertir posiciones que buscan una causalidad donde no existe, y cuyo resultado es un refrito en el cual caben Cristóbal Colón, el Fondo Monetario Internacional, Tupac Katari, capitalismo, evangelización, el neocolonialismo, España, la CIA, Holanda, Inglaterra, el vizconde de Chateaubriand, el Morgan Guaranty Trust, el acuerdo de Bretton Woods, los Comuneros del Socorro, Lyndon  Johnson, Artigas, el Banco Mundial, San Martin, el Citibank, etcétera.

Poseemos la convicción y la certeza de que existen figuras del radicalismo que no comparten las argumentaciones del proyecto de resolución, como asimismo relevantes personalidades y numerosos sectores del justicialismo. Los primeros, porque no reniegan de Hipólito Yrigoyen, que como hemos señalado al comienzo de estas líneas, estableció la festividad del 12 de Octubre; los segundos debido a que siguen fieles al pensamiento de su líder Juan D. Perón, quien expresó el 14 de noviembre de 1947, al recibir el título de Doctor Honoris Causa de las Universidades Argentinas, lo siguiente: “Si la América española olvidara la tradición que enriquece su alma, rompiera sus vínculos con la latinidad, se evadiera del cuadro humanista que le demarca el catolicismo y negara a España, se quedaría instantáneamente baldía de coherencia y sus ideas carecerían de validez”.

Pretender reivindicar la soberanía de una América latina opuesta a la idea integradora de la hispanidad es negar nuestro pasado cultural, y una América sin pasado lo es también sin futuro. Por ello sostenemos que el proyecto de resolución analizado atenta contra la identidad cultural de los pueblos de Hispanoamérica.


Leyenda negra

lunes, 17 de abril de 2023

12 de Octubre - Armando Alonso Piñeiro - Indigenismo

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

El 12 de octubre de 2008, se públicó en el diario La Prensa, en la columna Los fantasmas del pasado, un artículo de autoría del historiador Alonso Piñeiro

 Ante el 12 de octubre

por Armando Alonso Piñeiro


 
Armando Alonso Piñeiro
Festejos por el 12 de octubre en la Plaza de Mayo a principios del S. XX

Hoy, ante un nuevo aniversario del Descubrimiento de América, se multiplican las polémicas y los misterios sobre Cristóbal Colón y su épica empresa. Por ejemplo, no hace mucho el Inadi -una institución gubernamental que se supone debe actuar contra la discriminación- ha incurrido en un serio acto de discriminación al señalar que el 12 de Octubre no debe ser reconocido como Día de la Raza porque éste sería un concepto racista. La aseveración es increíble, en tanto la raza humana es una, y atentar contra su concepción es el peor acto de racismo en que pueda incurrirse.
Tal antecedente prosigue así la campaña anticolombina y antiespañola en que se han envuelto desde hace algún tiempo determinados círculos, embarcados en la defensa de un indigenismo que se caracterizó, hasta el siglo XV -y aún algo después-, por incurrir en discriminaciones, torturas, la práctica de la esclavitud, las guerras intertribales y ferocidades sin cuento.
Los pueblos que habitaban nuestro continente carecían de unidad lingüística, étnica, cultural y religiosa. Solamente con el transcurso de las décadas la original hazaña colombina devino en una unidad, que con las diferencias actuales implica sin embargo el resultado de una gesta que a más de cinco siglos de distancia se agiganta a pesar de los intentos desmañados de intereses políticos determinados.
En mis libros, artículos y conferencias he escrito bastante sobre el gran genovés. Siempre queda mucho por decir. Por ejemplo, la añosa polémica en cuanto a dónde están sus restos ya no tiene sentido luego de las verificaciones científicas efectuadas. Las mismas fueron realizadas por diversos grupos especializados, pero uno de los principales fue el Laboratorio de Identidad Genética de la Universidad de Granada, cuyo director es el doctor José Antonio Lorente Acosta. Los resultados obtenidos señalan sin lugar a duda que los restos auténticos son los existentes en la catedral de Sevilla, por oposición a la tesis que sostiene a la catedral de Santo Domingo como su depositaria.
Pasando a otro tema menos importante pero muy curioso: ¿cuánto costó el Descubrimiento de América? El estudioso español Francisco Grandmontagne se dedicó a investigar el intríngulis, a comienzos del siglo pasado. Y al realizar una equivalencia de monedas se tomó el arduo trabajo de equiparar los maravedíes del siglo XV con los dólares de la década de 1920, precisamente cuando realizó el análisis de marras.
Sus conclusiones son interesantes. La empresa colombina costó 7.250 dólares, cuya composición resulta no menos atractiva. He aquí los resultados: Honorarios del Descubridor, 320 dólares. A 260 dólares ascendieron los estipendios de Martín Alonso y su hermano Vicente, capitanes, respectivamente, de las naves “La Pinta“ y “La Niña”. Por Ultimo, cada marinero fue recompensado con 29 dólares.
El viaje de Colón siempre estuvo rodeado de enigmas, algunos resueltos, otros aún incógnitos y unos terceros simples leyendas. Entre estas últimas figura el falso empeño de las joyas de Isabel la Católica para financiar la expedición. No hubo tal cosa, sino una manifestación verbal de que sí lo haría para el caso de que no se encontraran los dineros. Estos, finalmente, aparecieron, gracias al escribano de la Corona aragonesa, don Luis de Santángel, quien aportó un millón de maravedíes -es decir, los famosos 7.250 dólares-. Eso sí: la cifra no fue una donación, sino un rentable préstamo que le aportó nada menos que 17.100 maravedíes de intereses.
Y para concluir esta entrega, vuelvo al comienzo. La campaña anticolombina ha suscitado muestras tan curiosas como detestables. En el año 2003 un fiscal federal argentino propuso someter a juicio la expedición descubridora del Nuevo Mundo alegando que la misma era culpable de numerosos actos de matanzas indígenas, que el curioso funcionario clasificó como “violaciones de los derechos humanos”.
En 2004 una diputada nacional propuso no solamente abolir los festejos del 12 de Octubre, sino instituir el 13 de octubre como Día de la Resistencia Indígena y Popular, “en homenaje a las víctimas de la conquista y colonización de América”.
Por su parte, en 2006 el gobierno de la provincia argentina de La Pampa dispuso que la fecha del Descubrimiento fuera declarada “de duelo”. Consecuentemente, en aquel año -ignoro si el procedimiento continúa- la bandera nacional flameó a media asta.
Afortunadamente, estos fantasmas del presente no conmueven a los fantasmas del pasado colombino, y la gloria de Cristóbal Colón sigue siendo una de las grandes enseñanzas de la humanidad.
Afortunadamente, estos fantasmas del presente no conmueven a los fantasmas del pasado colombino, y la gloria de Cristóbal Colón sigue siendo una de las grandes enseñanzas de la humanidad.

domingo, 16 de abril de 2023

Indigenismo - Enfermedades que diezmaron a los indígenas mexicanos

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

173    


En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

Publicamos a continuación una noticia aparecida en el diario La Prensa del día 30 de diciembre de 2006, que tiene que ver con el tema del "genocidio" indígena, por enfermedades traídas por los europeos.


 Una plaga similar al ébola habría diezmado a los indígenas mexicanos 


México (AP) - Las epidemias que aniquilaron a casi el 80% de la población indígena de México a finales del siglo XVI, décadas después de la conquista española de 1521, podrían no tener nada que ver con enfermedades traídas por los europeos, sino con una fiebre mortal propagada por roedores que causaba una hemorragia, indican estudios de investigadores mexicanos. Las epidemias en 1545 y 1576 en México pudieron ser causadas por ratas migratorias durante ciclos de sequía —o ratas que se vieron desplazadas de montañas y hábitats vírgenes que fueron colonizadas por mineros—, según señalan recientes teorías que han desatado un acalorado debate en los círculos académicos mexicanos.
Cualquiera de estos dos escenarios anularía la leyenda negra que acusa a los españoles de haber provocado la muerte de millones de indígenas con una serie de enfermedades que trajeron del Viejo Continente.
Un informe médico sobre las epidemias, que estuvo perdido durante cientos de años, describe que una fiebre causaba fuertes hemorragias, similares a las que provoca el virus Ébola, se propagó entre la mayoría de la población indígena.

A BORBOTONES
“La sangre salía de sus orejas y en numerosos casos, salía a borbotones de la nariz”, escribió el doctor Francisco Hernández, un médico de la corona española que presenció la epidemia de 1576 y efectuó una serie de autopsias. “Casi ninguno salvarse”, agregó
El epidemólogo graduado en Harvard Rodolfo Acuña Soto, profesor de microbiología en la Universidad Autónoma de México, ordenó la traducción del texto de Hernández del latín y luego realizó sus propias investigaciones en las zonas donde las ratas pudieron propagar la enfermedad por orina y heces.
La teoría de Acuña Soto, en la que sustenta que las epidemias fueron producto de una fiebre hemorrágica de los nativos, contradice la hipótesis de que fueron causadas por el virus de la viruela traído por los españoles.
“Esto no era viruela”, acota Acuña Soto. “La patología no concuerda”.
Es cierto que enfermedades típicas de Europa en el siglo XVI, como la viruela, el sarampión y la fiebre tifoidea, mataron a millones de indígenas en la primera década tras la conquista de 1521. Los habitantes del Nuevo Mundo no contaban para ese entonces con sistema inmunológico expuesto a esos virus.
Sin embargo, las epidemias que aniquilaron a gran parte de los indígenas ocurrieron de 30 a 50 años después de la conquista, cuando muchos de ellos probablemente desarrollaron cierta inmunidad a las enfermedades europeas.
Las epidemias de 1545 y 1576 infectaron hasta el 90% de la población indígena y mataron a cuatro de cada cinco infectados. Normalmente morían uno o dos días después de contraer el mal.
Si bien no existen estadísticas confiables de la población azteca en el siglo XVI, se calcula que había entre seis y 25 millones, Lo que si está claro es que millones de personas murieron y para 1600 sólo quedaban 2 millones.