REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA
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En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años.
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| Pablo Carballo |
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REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA
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En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años.
Dos actitudes, dos trayectorias
El triste papel que hacemos en Londres
por Manfred Schönfeld
El viaje, en sí, de un grupo de legisladores argentinos a Londres, a fin de mantener conversaciones informales con sus colegas de Westminster acerca de la cuestión de nuestros archipiélagos australes ocupados por Gran Bretaña, era una iniciativa que no tenía nada de perjudicial. Las conversaciones informales no entrañan un compromiso para ninguna de las dos partes involucradas, ni la abdicación o renuncia con respecto a principio alguno. Esto último también vale para las dos partes, pero no por ello las conversaciones podrían haber dejado de tener cierta utilidad; que es la que —a juicio de quien esto escribe— ya están perdiendo, por no decir que la han perdido definitivamente, debido a la precipitación y a la evidente impericia de los legisladores argentinos en cuestión, a causa de no haber sabido callarse cuando tendrían que haber guardado silencio y de estar prestándose —con la obvia anuencia de nuestro gobierno— a que un viaje para efectuar un “informal” cambio de ideas esté transformándose en una misión, si no oficial, de hecho oficiosa.
“¿No entraría usted en mi sala?”, le dijo —de acuerdo con el cuento infantil inglés— la araña a la mosca. Eso fue, aproximadamente, lo que las autoridades del Reino Unido han hecho con nuestros legisladores. Estos cayeron entre los pegajosos hilos de la telaraña que se les había tendido y cayeron a modo de los proverbiales chorlitos. Ahora son los involuntarios protagonistas de un “show” que organiza, para consumo de la opinión pública británica, más que Westminster, Whitehall, y más que Whitehall, el “cuarto poder” (que en el Reino Unido lo es en serio y es tomado en cuenta en calidad de tal, por los otros tres poderes) y que estriba en los órganos de prensa.
No tan involuntarios
Acabamos de sostener de los legisladores argentinos que protagonizan “involuntariamente” la escenificación británica. Pero esta afirmación merece una inmediata rectificación, al menos de índole parcial, Hasta qué punto los miembros del Congreso de la Nación fueron —o no— con la “media palabra” dada por el Ejecutivo, en cuanto a gestionar o a dejar trascender la posibilidad de una gestión relativa a un contacto, ya no sólo con los miembros del Parlamento británico, sino con algún funcionario de relevancia del Foreign Office (lo cual está enteramente al margen de las aludidas “conversaciones informales”), eso es algo que no podrá saberse por ahora. Pero que uno de nuestros legisladores proclamó, espontáneamente y sin que nadie se lo pidiera, la “humildad” bajo cuyo signo se había puesto en movimiento la iniciativa de la visita, eso va más allá de todo lo imaginable, eso no fue parte de la caída en trampa alguna, eso fue consciente y voluntariamente dicho y eso configura un triste papel que se le hace pasar a la Argentina, por no decir que un lastimoso y abyecto papelón.
Creemos que, moralmente, ningún argentino tiene el derecho de sostener frente a una potencia que ocupa territorio argentino (y que, pese a que nuestro país ya ha abandonado de facto hace más de dos años y medio todo gesto de beligerancia, sigue impidiendo, en acto de abierta hostilidad bélica, la navegación argentina por nuestras aguas y la aeronavegación argentina por nuestro espacio aéreo, que la Argentina adopta, de cara a semejante situación incalificable, una actitud de humildad. Un revés militar debe ser aceptado —aun cuando hubiese sido peor y más grave que el que sufrimos en Puerto Argentino— con un mínimo de serena dignidad. No somos un país penitente. No hemos incurrido, cuando recuperamos lo histórica y legalmente nuestro, ni en crímenes de guerra ni en actos de barbarie contra civiles inermes o contra soldados desarmados y que se hubiesen rendido. Tenemos motivo sobrado para andar, aun después del revés de Puerto Argentino, con la frente alta. Podremos —podrán quienes así opinan y creen que eso es conveniente aunque se trata de materia opinable y de una opinión rebatible— proclamar las actuales intenciones pacificas de la Argentina. Ir más allá de eso, alzar implorantes la voz portadora de nuestra “humildad”, es dar una muestra de indigno e indignante rastrerismo.
La reacción británica
La reacción británica demostró lo contraproducente de ese tipo de genuflexiones. Ante nuestra “humildad” —ante la que nos endilgó inconsultamente un legislador— dicha reacción es la de la altanería. Se nos da a entender que, en cierto modo, debiéramos estar agradecidos por el mero hecho de que la visita en sí haya sido admitida, Se les dice, con todas las letras, a quienes la admitieron que tendrían que haber sondeado antes la opinión de los deudos de los soldados británicos caídos durante la expedición que lanzó contra la Argentina la señora Thatcher en 1982
Con una naturalidad que ya no parece astucia —porque a ella coadyuva la total falta de orgullo nacional que vastos sectores de nuestra dirigencia exteriorizan desde junio de 1982, dentro y fuera de nuestro país— los papeles han sido deformados e invertidos, de tal modo que la Argentina aparece como el proverbial “villano” de la pieza que está representándose.
Ni una palabra acerca de los más de tres lustros de pacientes, pacíficas e infructuosas negociaciones que se desarrollaron antes de que, al fin, el presidente Galtieri se decidiese a despertar, con un audaz golpe de mano, la conciencia mundial y —lamentablemente también— la conciencia de nuestro país (que muy pronto volvería a quedar, más que adormilada, envuelta en el sopor causado por la propaganda y el lavado de cerebros “desmalvinizadores”). Ni una palabra en lo que se refiere a la languideciente agonía a que la propia metrópoli británica había condenado a esa factoría y feudo de la Falkland Islands Company, cuando la Argentina le arrojó el cabo salvavidas gracias al cual el puñado de “kelpers” no sólo pudo, de por sí, seguir existiendo como comunidad sino, además, progresar, salir de su marginamiento, pasar en los más diversos órdenes de cosas de su decimonónico atraso a la vida del siglo XX.
Los caídos de uno y otro bando
De nada de eso se habla, repetimos. Se habla de los guerreros británicos que cayeron en la confrontación armada de 1982 y esto está bien, porque fueron a pelear por una causa que su gobierno determinó como digna de ser defendida.
Si nuestro país no habla —o habla tan sólo a las cansadas y como quien no puede menos que cumplir con un deber ineludible— de nuestros guerreros muertos en esa misma confrontación (y siendo así que todo argentino sabe, en su fuero íntimo, que la causa en juego era, es y será una gran causa nacional, sin que haya necesidad de que gobierno alguna la defina como tal), si ignoramos tanto a los que dieron su vida por esa causa como a los veteranos que volvieron, salvos aunque no siempre sanos, del campo de batalla, eso no es culpa ni asunto de nuestros contendientes.
Si ellos tienen un sentido mayor de su dignidad como nación que nosotros de la nuestra, tanto peor para la Argentina. Si en nuestro país se coloca ante un tribunal militar a los gobernantes de facto que decidieron que era tiempo de que se hiciera, por fin, algo por el honor argentino, y si se los juzga precisamente por esa decisión, tanto peor, una vez más para la Argentina. Y, “contrario sensu”, tanto mejor para los intereses que persiguen y defienden los británicos.
En todo caso las dos actitudes definen otras tantas trayectorias, la de ellos y la de nosotros. Y la nuestra —no la nuestra del 2 de abril de 1982, sino la nuestra a partir del revés de Puerto Argentina, la nuestra en los días actuales— es cualquier cosa menos gloriosa. Ni siquiera es honorable.
Argumentación hipócrita
No se crea, empero, que las tesituras británicas son puro trigo limpio. Estarán adecuadas a la defensa de lo que Londres cree que es su deber defender —y ese derecho nadie podrá negárselo—, pero están impregnadas de argumentación hipócrita.
Una y otra vez —también ahora— se pretende hacer valer la imagen de que la guerra fue, por parte del Reino Unido, una lucha librada contra un régimen que no era “democrático”, como si los británicos hubiesen actuado a modo de una suerte de cruzados y en favor de una noble causa de alcances mundiales.
Quienes apelan a ese argumento, pareciera que han olvidado que Londres no tuvo el menor inconveniente de negociar con sucesivos y diferentes gobiernos militares y regímenes de facto argentinos, acerca del futuro de las Malvinas y de los demás archipiélagos australes que pertenecen a nuestro país y que los británicos detentan. Comenzó —es verdad— la negociación cuando imperaba en el país un gobierno constitucional, el del doctor Illia, o sea cuando había aquí una “democracia”, de acuerdo con la aludida argumentación. Pero dejó de haberla al poco tiempo de iniciada esa negociación y Londres siguió plácidamente negociando con los sucesivos embajadores de los presidentes de facto Onganía, Levingston y Lanusse; no hubo solución de continuidad cuando en la Argentina se volvió a lo que para el resto del mundo pudo considerarse un “retorno a la democracia”, es decir primero el imperio del gobierno títere de Cámpora y sus amigos y, después el de los Perón y los suyos; pero tampoco hubo tal solución de continuidad durante el tan mal mentado “proceso”, y se siguió negociando con la junta presidida por el general Videla, así como con la junta presidida por el general Viola.
Se siguió negociando, del mismo modo como se había negociado desde el más remoto principio, es decir con la finalidad de la dilación y de la obtención de vitales concesiones prácticas de parte de Argentina, a cambio de no hacer la parte británica la menor concesión de especie alguna, ni practica ni principista.
Cuando, como señalamos, el gobierno de Galtieri, golpeó, por fin, con el puño en la mesa, los británicos descubrieron súbitamente que tenían que vérselas con un régimen que no era una “democracia”...(Que tampoco lo es el régimen que impera en China roja y que Londres negoció —y decidió— de común acuerdo con la dictadura comunista en Pekín acerca del futuro de la populosa Hong Kong, sin importársele un ardite de la “autodeterminación” de esa masa humana, de eso tampoco se habla: tal vez porque, después de todo, sean en su mayoría amarillos...)
Lo que nos importa
Pero allá Londres. Se trata de temas que, bien que sirvan para establecer aleccionadores paralelismos, están más allá no sólo del radio de nuestro alcance como país, sino más allá de nuestra incumbencia.
No así, todo lo concerniente a nuestros archipiélagos, usurpados después de su pasajera liberación en 1982. No así, nuestro mar territorial. No así, nuestro espacio aéreo. No así, nuestra dignidad como pueblo que, pese a no haber sido jamás ni agresivo ni expansionista, debe cuidar de que esa imagen no sea confundida con la de una nación que tiene, espiritualmente, el espinazo roto y cuya alma está maleada.
Es esa la imagen que se desprende por ahora, de nuestros legisladores viajeros. Más les hubiera valido —más le hubiera valido a la Argentina— que se quedasen en casa.
REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA
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En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años.
por Matilde Fierro
“Antes de la guerra de las Malvinas éramos soberbios, luego aprendimos. Me gustaría decirle a la gente que tenga orgullo de ser argentino”. Así, despojadas de falsos exitismos fueron las exposiciones no sólo del mayor Pablo Carballo sino de los otros protagonistas que hablaron en el ciclo “Testimonios de guerra”, organizado por la asociación Voluntarias para la Patria. Fue el miércoles 8 de junio ante un público que desbordó los salones del Círculo Militar.
Más allá de lo conmovedor de esos relatos humanizados, plenos de autocrítica y reflexión veraz, la oportunidad sirvió para ratificar un hecho: el período de “desmalvinización” ha llegado a su fin.
Sutilmente, la población argentina ha comenzado a rescatar los valores del conflicto armado con Gran Bretaña. Se trata de un movimiento de abajo hacia arriba y no impulsado por campañas orquestadas desde los más altos niveles gubernamentales.
Existen variados indicios que van desde pequeños homenajes como la de aquel frutero que a la vera de la ruta a La Plata, utilizó su mercadería para escribir el eterno mensaje: “Las Malvinas son argentinas”, hasta los seminarios, cursos, charlas esclarecedoras y debates privados que se multiplican día a día en todo el país.
Por ejemplo es destacable uno de los trabajos presentados en el simposio que en abril realizó el Centro de Investigaciones Europeo-Latino-Americano (Eural). Su autor, Juan Carlos Puig, catedrático de la Universidad de Simón Bolívar, se pronuncia por una tesis donde menos sustentación tiene Gran Bretaña: “La controversia Malvinas es jurídica”. Plantea como cuestión de fondo el responder al interrogante de ¿Cuál de las partes en el conflicto ostenta mejores títulos jurídicos para la adquisición de ese territorio? Argentina indudablemente.
Mientras en otros foros de estudio se analiza sobre la estrategia en el Atlántico sur donde las Malvinas tienen peso propio, la derrota comienza a capitalizarse en su verdadera dimensión.
Idéntica revisión ocurrió con las grandes batallas —victoriosas o no— de nuestro pasado porque según remarcó Carballo (veterano piloto de la Fuerza Aérea Argentina y autor de dos libros sobre la guerra) “hay cosas que no se pueden esconder, entre ellas la verdad”. Al agregar que “no se puede creer que alguien desperdicie actos heroicos de otros argentinos” manifestaría parte del pensamiento nacional que lamentablemente suele negar su propia existencia.
Las corrientes de opinión, en la Argentina, se excluyen unas a otras, con el riesgo de indefinición que esto entraña.
La interdependencia
El abandono de esa estructura mental que insistía con la negación del tema de las Malvinas ya es un buen indicio. La Argentina debe prepararse para ingresar al nuevo orden mundial que ahora se basa en la filosofía de la interdependencia. En este mundo, los intereses económicos adquieren mayor relevancia. El desarrollo necesita de una sólida política de intercambio con países de diversa alineación.
Hasta 1982 —fecha clave por el vuelco de la región que significó el enfrentamiento armado con Gran Bretaña y por el boom pesquero que ya comenzaba— hablar de riquezas potenciales del mar argentino, sonará a discurso.
Hoy las posibilidades económicas del mar argentino se observan como la un de un iceberg. Millones de dólares se exportan anualmente en concepto de productos de mar. La mayoría proviene de las aguas jurisdiccionales de las provincias patagónicas y sus adyacencias. Sería importante pronosticar cuánto aportaría la zona económica exclusiva en disputa.
En la década del 70, durante los avatares de las nunca fáciles negociaciones con el Reino Unido, no fueron pocas las comunicaciones conjuntas que se pronunciaron acerca de la conveniencia de cooperar, para producir en el área tan generosamente dotada de recursos ictícolas. Claro que los turistas y visitantes que llegaban al archipiélago, previo paso por la Patagonia, jamás podían dimensionar de qué promisorio futuro se trataba. No había pesqueros a la vista ni plantas elaboradoras. Pero el tiempo y las circunstancias aceleraron los cambios. Hoy ya no se piensa solamente en el calamar y las distintas especies comerciales, ahora además se menciona a los nódulos de manganeso, asentados en el fondo del mar, tan preciados por las naciones que han ingresado en la era post industrial con su avanzada tecnología de punta.
La soberanía
Es positivo detectar este cambio de mentalidad en la ciudadanía. Las Malvinas no se pueden esconder por la sangre derramada y porque un buen manejo de la situación permitirá acrecentar el prestigio argentino en los foros internacionales.
Es importante entender que hoy el concepto de la práctica de la soberanía ha variado, porque la capacidad de los estados de afectarse recíprocamente es más grande que en ningún otro período de la historia.
Ha llegado el momento de aprender a negociar.
Según Jorge A. Fraga, en su libro “La Argentina y el Atlántico Sur”, tenemos demasiados intereses en el área como para permitir que las facciones privadas que luchan en el frente interno distraigan de la tarea.
A la búsqueda de la recuperación de los archipiélagos de las Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur se le suma el cuidar nuestro papel en el Tratado Antártico donde la posición argentina es privilegiada. Pero también, según Fraga, es necesario incrementar los contactos públicos con los países ribereños del Atlántico sur, Sierra Leona, Liberia, Costa de Marfil, Ghana, Benin, Nigeria, Camerún, Gabón, Angola, y Sudáfrica entre otros estados africanos, a los que se suman Brasil, Venezuela, etcétera, en América latina. Agenda que se acrecienta ante la obligación tácita de intervenir activamente en todo acuerdo, pacto, tratado u organización política, internacional o regional.
¿Qué tipo de negociaciones?
Ni siquiera el gobierno nacional que prácticamente borró al 2 de abril del calendario, persiste ahora con la “desmalvinización”. Si bien sus intereses probablemente sean en esta etapa de un tenor electoralista cuando no de cortina de humo, allí estarían los representantes en aparente tarea negociadora o rehabilitadora.
Aunque los comunicados no difieren de los tradicionales con respecto al archipiélago, en algunas esferas cercanas al área de relaciones internacionales se coincide en opinar que se avanza paso a paso, sin abandonar lo que es denominado el “paraguas de la soberanía”.
José Manuel Moneta, diplomático argentino fallecido, escribía en 1970 algo que no ha perdido vigencia: “Siempre se dice que las conversaciones prosiguen... pero nunca se hace mención sobre el curso de las negociaciones diplomáticas, pues parece ser que el asunto se trata en esferas tan elevadas que la opinión pública no puede alcanzar”. Moneta había sido jefe de dos expediciones científicas a las Orcadas y delegado argentino en Hungría, Checoslovaquia, Turquía y las Filipinas. Siempre insistía en explicar que los negociadores debían tener excelente preparación intelectual, conocimiento exacto del problema y habilidad personal. Criterio selectivo que estaría muy en boga cuando se aventura acerca del tipo de enviados argentinos que deberían salir al ruedo internacional.
Si las Voluntarias para la Patria que preside Sofía Laferrere de Pinedo hubieran dudado de que este período de reflexión llegaría, habrían cerrado las puertas de la institución cuando el número de integrantes disminuyó abruptamente en comparación con las 14.000 de 1982. Persistieron. Actualmente se ocupan de apoyar a familiares de caídos en acción y a veteranos bajo el asesoramiento de una profesional que se ha especializado en problemas psicológicos de posguerra.
En la apertura del ciclo 1988 de “Testimonios de Guerra”, el historiador Ruiz Moreno advirtió: “Sepamos que hay derrotas honrosas, Malvinas como Curupaití, son historia humana”.
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En el diario La Prensa del día 17 de febrero de 1982, se publicó un artículo del general Osiris G. Villegas, sobre el pleito de Malvinas
Una cuestión de decoro nacional
Las Malvinas:
pleito improrrogable
por Osiris G. Villegas
El archipiélago de las Malvinas, con una superficie aproximada a los 17.000 kilómetros cuadrados, situado a unos 450 kilómetros de la boca oriental del estrecho de Magallanes, está integrado por dos islas mayores —la Soledad y la Gran Malvina— y otro conjunto de islas menores e islotes, alrededor de 200 en total, de los cuales sólo 36 islas están habitadas.
La población del archipiélago no supera los 1.800 habitantes, cantidad que disminuye en un proceso constante, según cifras estadísticas, y sin posibilidades de reversión natural. De ellos, unos 1.000 son funcionarios del gobierno del Reino Unido o empleados de la Falkland Islands Company, empresa británica, propietaria del 46 por ciento de las tierras útiles del archipiélago.
Las Malvinas son una prolongación de la Patagonia, a cuya estructura geográfica, geológica y climática pertenecen, por emerger en la plataforma continental argentina. Están, pues, unidas indisolublemente con el territorio nacional continental, a través de los fondos marinos con profundidades menores de 200 metros. A esta fundamentación geográfica cabe agregar los títulos históricos heredados de España y los actos administrativos y jurisdiccionales ejercidos por el gobierno de Buenos Aires, a partir de 1810, que son irrefutables. La Argentina tomó posesión de las islas, formalmente, en 1817 mediante el emplazamiento de un destacamento militar.
Las Malvinas fueron descubiertas por navegantes ricos, como lo demuestran las cartas náuticas y planisferios publicados en España en los años 1522, 1523 y 1590, Inglaterra, que ocupa ilegalmente las islas desde 1833, a las que llama “Falkland Islands”, atribuye el descubrimiento al corsario Drake, en el año 1577.
Lo que entraña la usurpación
Esta usurpación trae aparejadas implicancias de distinto orden:
Político:
Ha permitido la injerencia del Reino Unido en el Atlántico Sur y servido de base a la reclamación británica del sector antártico y de las islas Georgias y Sandwich del Sur.
Estratégico:
Sirvieron las islas al imperio británico de apostadero para el control del tránsito naval en el Atlántico Sur, en las dos guerras mundiales. Durante la primera conflagración se libró a pocas millas al sur del archipiélago, una batalla entre una fuerza de tarea naval inglesa y otra alemana. En la segunda, de las Malvinas partieron las unidades navales británicas que persiguieron y encerraron en el Río de la Plata, al “acorazado de bolsillo” alemán “Graf Spee” que fue hundido por su propio capitán, aguas afuera de Montevideo, ante la imposibilidad de eludir el Cerco.
Económico:
El porvenir, en este campo, no está en el territorio insular que alberga alrededor de 600.000 lanares, sino en los recursos renovables y no renovables que proporcionan las aguas y el subsuelo marino adyacentes a las Malvinas, de posible explotación actual y futura.
Esta riqueza está dada por el kelp (algas marrones) que produce alginatos de gran calidad; el krill (pequeño camarón) de alto contenido proteínico, y las cuencas sedimentarias con existencia de hidrocarburos potencialmente importantes.
Seguridad:
Las Malvinas están situadas dentro de la zona de seguridad demarcada por el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), articulado por un principio rector, cuya esencia política preconiza que un acto de fuerza aplicado por un estado no americano a un país americano configura una agresión consumada contra todos los estados americanos. Cualquiera que sea el caso que motive el no cumplimiento de dicho tratado resiente la confiabilidad en su aplicación para la defensa colectiva del continente. La continuación de la ocupación británica de las Malvinas, pese a las resoluciones de las Naciones Unidas, constituye una evidencia de ello, puesto que es una agresión para la Argentina, mantenida a lo largo del tiempo, esto es permanente, sin que tal hecho haya provocado reacción alguna por parte de los países signatarios.
Londres, Santiago y el Beagle
Inglaterra ha soportado presiones políticas y expresiones condenatorias vertidas en los Organismos y otros foros internacionales por su ocupación ilegítima de las Malvinas y su renuencia a devolverlas a la Argentina, su verdadero dueño. Esta retórica no ha impresionado mucho a la diplomacia británica que, de algún modo, se ha sentido acompañada en su conducta, a través de la abstención de las potencias occidentales y. especialmente, de Estados Unidos.
No obstante, a manera de réplica, el gobierno de Su Majestad Británica, al laudar el 2 de mayo de 1977, sobre el área del Beagle sometida a su arbitraje, ha buscado na sólo la presencia de Chile en el Atlántico Sur, proyectándola sobre el arco de las Antillas Australes para debilitar la posición de ia Argentina en la región, sino también colocarla sobre el flanco sur de las Malvinas. De esta manera, ha estimulado a la nación trasandina, a interferir en el pleito, cuestión que ya ha comenzado a manifestarse.
Esta política ha facilitado a nuestro vecino del oeste elaborar un sofisma, conjugado con los intereses de Inglaterra en la región. Chile sostiene ahora que desde el momento en que la reclamación del Reino Unido sobre el sector antártico se funda en su soberanía sobre las Malvinas y sus dependencias, las islas Georgias y Sandwich del Sur, cualquier modificación de esta situación, repercutiría sobre los derechos antárticos chilenos en forma directa, razón por la cual la cuestión del futuro de las Malvinas, no puede ser indiferente para la política exterior chilena.
Las Naciones Unidas
En otro orden de ideas, la asamblea general de las Naciones Unidas ha dictado una serie de resoluciones atinentes al problema en análisis, exhortando a la solución pacífica del diferendo, a saber:
Resolución 1514 (14-XII-1960)
Inspirada en el anhelado propósito de poner fin al colonialismo en todas partes y en todas sus formas; en una de las cuales se encuadra el caso de las Malvinas.
Resolución 2065 (4-1-1966)
Invita a los gobiernos de la Argentina y del Reino Unido a proseguir sin demora las negociaciones respecto a la aplicación de la declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales, a fin de encontrar una solución pacífica al problema, teniendo debidamente en cuenta las disposiciones y los objetivos de la Carta de las Naciones Unidas y de la Resolución 1514, así como los intereses de la población de las islas Malvinas.
Resolución 2621 (12-X-1970)
Frecuentemente traspapelada, “declara que la continuación del colonialismo en todas sus formas y manifestaciones es un crimen que viola la Carta de las Naciones Unidas... y los principios del derecho internacional”.
Resolución 3160 (29-1-1974)
Expresa grave preocupa ción “por el hecho de que han trascurrido ocho años desde la adopción de la Resolución 2065, sin que se hayan producido progresos sustanciales en las negociaciones y añade “su reconocimiento por los continuos esfuerzos realizados por el gobierno de la Argentina, conforme a las decisiones pertinentes de la Asamblea General, para facilitar el proceso de descolonización y promover el bienestar de la población de las islas”. Dos años después, el 15 de noviembre de 1976, insistió la Asamblea en pedir a la Argentina y al Reino Unido la aceleración de las negociaciones bilaterales para encontrar una solución pacífica al diferendo.
Las dos tesis opuestas
A raíz de las resoluciones precitadas y de las negociaciones bilaterales entabladas, cuya sustancia política claramente definida es la disputa acerca de la soberanía sobre las Malvinas, el diferendo ha quedado planteado sobre la base de dos tesis, en franca oposición, esto es:
— Inglaterra se ha aferrado al punto segundo de la Resolución 1514 que expresa que “todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación; en virtud de este derecho determinar libremente su condición política y persiguen libremente su desarrollo económico, social y cultural”. Por «consiguiente Londres mantiene una posición invariable, desde hace más de 20 años, en el sentido de que nada se logrará sin la voluntad y el consentimiento de los habitantes de las Mal vinas. A pesar de ello en el trascurso dela negociación ha expresado distintas ideas, todas inaceptables por la Argentina, como ser: congelar la negociación; mantener el status actual; incrementar el crecimiento demográfico, con asentamiento en las islas de población negra, trasplantada de sus colonias africanas; el arrendamiento o fórmula “Hong Kong”, etcétera.
— Es evidente que esta posición del gobierno de Su Majestad, afirmada en el principio de autodeterminación de los pueblos, no es aplicable al caso Malvinas, cuya población actual, toda de ascendencia británica —descontando 41 argentinos y 39 chilenos— fue en su origen trasplantada de Inglaterra, luego del acto de fuerza usurpador, que desalojó a los legítimos residentes argentinos.
Por su parte la Argentina se apoya en el punto sexto de la misma Resolución 1514 que dice:
“Todo intento encaminado a quebrantar total o parcialmente la unidad nacional y la integridad territorial de un país es incompatible con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas.”
Además la Argentina ha manifestado reiteradamente, que el problema impone que todos los aspectos que se consideren tienen que ser contemplados simultáneamente. En tal sentido nuestra Cancillería sostiene que:
— toda negociación realista sobre las Malvinas y sus dependencias, las islas Georgias y Sandwich del Sur, supone el reconocimiento de la soberanía argentina sobre esos archipiélagos como punto esencial de una solución;
— reiter su compromiso de respetar los intereses de los habitantes de las islas;
— la preservación de dichos intereses debe tener en cuenta su estilo de vida y tradiciones:
— la discusión sobre soberanía es de responsabilidad bilateral directa, esto es de estado a estado, bal cual lo reconocen las Naciones Unidas. Por ende la opinión de los isleños carece de relevancia política, porque en la controversia no juega el principio de autodeterminación y sí el de integridad territorial;
— esta dispuesta a que la Organización de las Naciones Unidas preste las garantías que se consideren convenientes para que sean concretadas las salvaguardas de los intereses de los isleños si fueran necesarias, además de todas las que ofrece el sistema jurídico argentino y los estatutos especiales que puedan negociarse:
— la continuación de los servicios que actualmente se brindan en distintas áreas para bienestar de los isleños, exige la evidencia de una voluntad política británica de avanzar constructivamente, de modo tal que no se constituyan en una prestación estéril respecto a una solución final;
— el no entendimiento configura un obstáculo decisivo para que puedan ser aprovechados los recursos naturales de las islas, cuya falta de explotación resulta una incongruencia para un mundo necesitado de energía y alimentos.
Intereses en el trasfondo
Pero en el trasfondo de esta controversia más que centenaria. de naturaleza política, se mueven intereses de índole económica, en torno al aprovechamiento de la riqueza potencial del mar adyacente a las islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur y del subsuelo marítimo correspondiente (kelp, krill e hidrocarburos). En tal sentido Inglaterra aspira a que primero se establezcan los convenios económicos para la explotación conjunta de los aludidos recursos naturales a fin de considerar luego el problema de la soberanía y, para la Argentina, no es aceptable ningún acuerdo económico si previamente no se resuelve la cuestión soberanía.
Basta con lo hasta aquí dicho, para poder afirmar que la operatividad de los actos de juridicidad emanados de la asamblea general de las Naciones Unidas tiene un límite, como consecuencia de que el citado organismo carece de la fuerza compulsiva para imponer el derecho cuando no son acatadas sus resoluciones. El caso de las Malvinas pareciera que ha llegado a ese límite.
Así las cosas, después de casi dos décadas de negociaciones inconducente, al no haber tenido el éxito esperado en sus metas fundamentales, se ha llegado a una situación en que, Inglaterra, como primera potencia colonial, Estado miembro de las Naciones Unidas e integrante permanente de su más importante órgano político —el Consejo de Seguridad— no puede éticamente continuar reteniendo como colonia, las islas Malvinas; ni la Argentina, por decoro nacional, puede seguir aceptando pacíficamente, que esta parte de su territorio sea mantenida en el status indefinido de tierras irredentas.
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Bautismo de fuego de la Fuerza Aérea
Con motivo de cumplirse mañana el 24° aniversario del primer combate de la Fuerza Aérea Argentina se transcriben las circunstancias en que perdieron la vida los 14 integrantes de esa fuerza en la jornada del 1° de mayo de 1982.
A continuación los nombres de los héroes de las Fuerza Aérea Argentina y los detalles de las últimas misiones que debieron realizar en el comienzo de la Guerra de las Malvinas.
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| Cabo Principal Juan Antonio Rodríguez, Cabos Primero: Miguel Angel Carrizo, José Alberto Maldonado, Agustín Hugo Montaño, José Luis Peralta, Andrés Luis Brasich |
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| Conscriptos Guillermo Ubaldo García y Héctor Ramón Bordón |
Mayor (p.m.) Gustavo Argentino García Cuerva: Fecha de Nacimiento; 28 de febrero de 1946. ULTIMA MISION: Brindar cobertura aérea con el fin de facilitar las maniobras de otras secciones de la Fuerza Aérea Sur.
A las 15.45 se produjo el despegue de la base de Río Gallegos con destino final las islas Malvinas. El entonces Capitán García Cuerva estaba a cargo de la sección denominada “Dardo”, integrada por dos aviones Mirage (M-III). Al Noreste de Puerto Argentino se encontraron con dos aviones “Sea Harrier”. Inmediatamente el Capitán García Cuerva trabó un intenso combate sin consecuencias. Sin embargo, la batalla le había consumido una excesiva cantidad de combustible, pero en vez de eyectarse para luego ser rescatado, decidió realizar un complicado aterrizaje en las islas, donde se produjo su muerte a las 16.38 horas.
Capitán (p.m.) Mario Hipólito González: Fecha de Nacimiento: 06 de Octubre de 1947. 1° Teniente (p.m.) Eduardo Jorge Raúl de Ibañez: Fecha de Nacimiento: 07 de Abril de 1957. ULTIMA MISION DE AMBOS: Ataque a buques situados en Bahía Anunciación. Se decidió utilizar a los MK-62 “Canberra”, un avión bombardero con capacidad de carga de hasta 10.000 libras en su interior. Una formación con tres aviones salió a las 16.20 desde la base aeronaval Almirante Zar (Trelew) con destino final. La formación fue interceptada por una patrulla de Sea Harrier a una distancia aun alejada de sus objetivos y de las mismas islas. Los “Canberra” no eran aptos para mantener una batalla aérea. El avión número dos, tripulado por el primer teniente González (navegador) y el teniente Ibañez (piloto), fue alcanzado por fuego enemigo produciéndole daños de consideración tal que obligó a ambos oficiales a eyectarse a las 17.04. Desafortunadamente, ninguno de los dos pudieron ser rescatados debido a la desfavorable situación geográfica donde sus almas fueron depositadas. Sus cuerpos se sumergieron en el inmenso y gélido océano encontrando en el mismo el sendero hacia la inmortalidad tras defender orgullosamente la soberanía de su patria.
Capitán (p.m.) José Leonidas Ardiles: Fecha de Nacimiento: 19 de Agosto de 1954. ULTIMA MISION: Ataque a buques situados en Bahía Anunciación y evitar así el desembarco de la Task Force. Siendo las 15.54 se produjo el despegue de Río Grande con destino final: Bahía Anunciación ubicada al norte de Puerto Argentino. El entonces Primer Teniente Ardiles formaba parte de una sección que respondía al indicativo “Rubio”, integrada por dos aviones Mirage M 5 Dagger. Durante el traslado hacia el objetivo el jefe de sección debió regresar hacia el continente por fallas en su aeronave. De este modo el oficial quedaba en soledad para cumplimentar la misión. Al llegar al área ordenada atacó a una fragata que se dirigía a Darwin, impidiendo su misión de ataque. Posteriormente, el radar de Puerto Argentino detectó la presencia de un avión en las inmediaciones. Ardiles, inmediatamente y sin dudarlo, se dirigió a interceptar al nuevo objetivo. Al llegar avistó no uno sino dos Sea Harrier que se encontraban patrullando el lugar. Rápidamente se dio inicio a una breve pero intensa batalla en donde el piloto argentino desplegó toda su gallardía y habilidad. Enfrente, sin embargo, tenía un poderoso rival. Luego de mutuas persecuciones y de algunas maniobras evasivas las dos aeronaves británicas se abrieron en direcciones opuestas quedando el avión tripulado por el Primer Teniente Bertie Penfold en posición favorable para disparar su misil. A las 14.41 recibió un impactó y el Dagger explotó de inmediato sin darle oportunidad de eyectarse, a la altura de la isla Bougainville (Sudoeste de Puerto Argentino).
Teniente (p.m.) Daniel Antonio Jukic: Fecha de Nacimiento: 5 de Junio de 1955. ULTIMA MISION: Repliegue de aviones Pucará que se encontraban albergados en la base aérea militar “Cóndor” en la base aeronaval “Calderón” ubicada en la Isla Borbón. En la madrugada del sábado 1° de mayo las fuerzas británicas habían iniciado un intenso bombardeo aéreo y naval sobre Puerto Argentino con la intención de liberar la zona para realizar el desembarco de sus tropas. En la madrugada del sábado 12 de mayo las fuerzas británicas habían iniciado un intenso bombardeo aéreo y naval sobre Puerto Argentino con la intención de liberar la zona para realizar el desembarco de sus tropas. Definitivamente el próximo objetivo inglés sería la base aérea militar “Cóndor” ubicada en Goose Green. Dicho lugar era el asentamiento de los aviones Pucará, aeronaves diseñadas para operar desde lugares precarios y no preparados. Siendo las 08:31 horas una escuadrilla de Sea Harrier se aproximó a la base y soltaron sus letales bombas de mil libras “Beluga” (bombas de racimo) sobre la pista. Una de estas impactó sobre el avión matrícula A-527, obteniendo como resultado el fallecimiento de Jukic, piloto de la aeronave, y de siete suboficiales.
Suboficial auxiliar mecánico de Pucará, Mario Duarte. Fecha de Nacimiento: 27 de Marzo de 1954. Suboficial auxiliar de Pucará, Juan Antonio Rodríguez. Fecha de Nacimiento: 6 de Enero de 1953. Cabo principal Miguel Ángel Carrizo mecánico Pucará. Fecha de Nacimiento: 8 de Agosto de 1958. Cabo principal José Alberto Maldonado, mecánico de Pucará. Fecha de Nacimiento: 3 de Octubre de 1957. Cabo principal mecánico de Pucará, Agustín Hugo Montaño. Fecha de nacimiento: 9 de Agosto 1956. Cabo principal mecánico de Pucará, José Luis Peralta. Fecha de Nacimiento: 2 de setiembre de 1960. Cabo principal mecánico de Pucará, Andrés Luis Brasich, Fecha de Nacimiento: 22 de Octubre de 1960. ULTIMA MISION DE LOS 7 SUBOFICIALES: Asistencia de avión Pucará accidentado en la pista de la base aérea militar “Cóndor” ubicada en Goose Green (Darwin).
Fallecieron en el mismo hecho que el teniente Jukic.
Cabo (p.m.) Guillermo Ubaldo García. Fecha de Nacimiento: 26 de Setiembre de 1963. Cabo. (p.m.) Héctor Ramón Bordón. Fecha de Nacimiento: 2 de junio de 1963. ULTIMA MISION DE AMBOS: Defensa de la Base Aérea Militar “Malvinas” ubicada en Puerto Argentino (Isla Soledad). Murieron en la madrugada del 1° de mayo como consecuencia de un bombardeo inglés.