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miércoles, 25 de octubre de 2023

Fuerza Aérea Argentina - Estrechar la mano del enemigo

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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  En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

El interesante artículo que publicamos a continuación, salió en el diario La Prensa el 5 de octubre de 1989.

Pájaros de un mismo plumaje
Cuando se estrecha la mano del enemigo
por Pío Matassi

El piloto Pablo Carballo
Pablo Carballo
Después del conflicto del Atlántico sur, año 1982, mucho se ha escrito y hablado respecto a las infinitas facetas que el mismo presenta.
Después del conflicto del Atlántico sur, año 1982, mucho se ha escrito y hablado respecto a las infinitas facetas que el mismo presenta.
En todo el mundo, en distintos círculos culturales, con mayor o menor objetividad y con distintos grados de buena fe, esta guerra ha dado lugar a montañas de opiniones y análisis. Militares, estrategas, geopolíticos, políticos y periodistas, en Occidente y en Oriente, en el Norte o en el Sur, que se precien de su profesión, no han dejado de emitir sus opiniones y convicciones. Porque ésta atípica guerra tal vez sea la última de su clase y también su desencadenamiento ya nunca más lo permitan los mecanismos de seguridad del mundo del futuro.
Pero de todos sus infinitos aspectos, hay uno que, dejando de lado técnicas y doctrinas, apasiona a la opinión pública en todos lados y es el de la batalla aérea, es decir, los sistemas de armas aéreos, contra aéreos y antiaéreos que allí se emplearon en plenitud y que produjeron los acontecimientos bélicos más espectaculares. Y en la medida que se avanza se llega a la curiosidad por los hombres que manejaron esos prodigios de la técnica y se concluye que aquéllos eran a su vez, las grandes revelaciones de esta guerra. Y así, el interés periodístico tiende naturalmente a entrevistar y estudiar a esos personajes, los aviadores de ambos mandos; algo que no hace mucha justicia al resto de los combatientes pues ellos también se sacrificaron, y tal vez en mayor grado y su accionar puede haber determinado resultados más importantes y gravitantes, pero la opinión pública en general, la no especializada, quiere saber de la guerra aérea y allá van los periodistas.
En la Fuerza Aérea Argentina se han recibido, además de estudiosos y especialistas a muchos periodistas cuyo propósito principal es conocer de cerca a sus aviadores de combate. Y entre los más numerosos se encuentran los periodistas ingleses o que escriben para la prensa de Gran Bretaña. Creemos que los argentinos debiéramos conocer, cómo ve a nuestros aviadores la opinión pública inglesa.

“Los cracks entre los combatientes mundiales”
Así titula en la tapa, la revista "The Elite”, año 1988, con una foto del capitán Pablo Marcos Carvallo en la cabina de su A4 B, tomada cuando, junto a su escuadrilla regresaba del estrecho de San Carlos, luego de atacar a la fragata británica “Antelope” y perder uno de sus pilotos, el primer teniente Luciano Guadagnini, el 23 de mayo de 1982. La fragata estallaría esa noche cuando un equipo de especialistas en explosivos intentara desactivar las bombas de 500 kilos que esta escuadrilla había alojado en su interior y que no habían explotado en el momento del impacto.

Héroes de una derrota
También en febrero de 1986 la revista dominical del diario “Telegraph” (N° 485) de Londres, anuncia en toda su tapa un reportaje a los pilotos argentinos de Malvinas. El artículo, titulado “Héroes de una derrota”, fue escrito por el periodista Tony Alln Mills quien visitó (por primera vez un británico) a fines de 1985, nuestras unidades de caza estacionadas en San Luís y Mendoza. En su introducción el artículo dice: 
“Volando aviones incuestionablemente antiguos en sus límites operativos, asombraron a los británicos por su determinación y coraje para ejecutar los ataques. El almirante Woodward, Comandante de la fuerza de tareas británica, reconoció el valor de los aviadores argentinos, a pesar de los dolores de cabeza que le causaron. El ex secretario de Defensa John Nott declaró en los Comunes  que tenía que reconocer la enorme bravura de los pilotos, cuando lanzaban sus aviones dentro del dantesco fuego británico”. 
Y continúa expresando Allen Mills: 
"Pero quienes eran estos indomables paladines de las pampas? ¿Qué los hacia atacar sin temor, casi fanáticamente, a las fuerzas británicas armadas con Sea Cat, Blow Pipe, Sidewinder y Rapler?” 
Y luego de cinco páginas de entrevistas y observaciones  termina su artículo;
"En general los oficiales británicos reconocieron, después de la guerra, que habían subestimado el coraje y la determinación de los pilotos de la Fuerza Aérea. En una pared del casino de oficiales de Villa Reynolds se eleva el retrato de un ave halcón con su pecho hinchado y sus talones flexionados, abajo una inscripción dice: “Raza Argentina, descubierta por el Reino Unido en Malvinas. Mayo/Junio 1982".

Con la Fuerza Aérea Argentina
En septiembre de 1988 la revista especializada en temas Aeronáuticos,“Pilot”, de Inglaterra, ofreció un artículo de Maxi Gainza.
Como se percibirá, este periodista es un ciudadano argentino, corresponsal del diario “La Prensa" en Gran Bretaña y que reside en este país desde mucho antes de la guerra. Gainza,que además es piloto civil enamorado de la acrobacia aérea, un día tomó contacto a través de su amigo vicecomodoro Floralt con el Estado Mayor de la Fuerza Aérea Argentina, expresando sus deseos de visitar nuestras bases aéreas y conversar con los pilotos patriotas, “de quienes se sentía muy orgulloso” y... si fuera posible, dado su condición de piloto y de argentino, volar un Mirage. Sabía que estaba pidiendo mucho… pero muchos (y ya veremos por qué) podían ser los réditos de sus artículos. El Estado Mayor concretó una entrevista en uno de los viajes que realizaba Gainza a nuestro país y evaluó su interés. Le ofreció una visita a la base de Tandil pero sin volar... el avión de doble comando (de dos  asientos) estaba fuera de servicio, se arguyó, pero podría subir al entrenador terrestre (una réplica de la cabina, en un salón, que reproduce toda las actividades del avión en vuelo) y tomar contacto con los pilotos, con esos que, según sus propias palabras en este artículo, “son los compatriotas que seis años antes se habían ganado el respeto de muchos británicos, lo que permitió mantener  alta mi frente de argentino, mientras viva en Inglaterra, durante y después de aquella triste guerra”.
El resultado fue su primer artículo en “Pilot”: “Con la Fuerta Aérea Argentina”, “A seis años, la gloria y los  sinsabores de la guerra de Malvinas no se han desvanecido”. Y allí tomó contacto con los pilotos argentinos, veteranos de Malvinas; con el capitán Aguirre Faget que integró la escuadrilla que averió seriamente (y no sabe si hundió) a un destructor británico, el 1° de mayo de 1982 con el primer teniente Barrionuevo, integrante de la sección de A4B que hundió al destructor “HMS Coventry” el 25 de mayo de 1982, con el capitán Paredi que había regresado de una misión de ataque con su 4AC enchufado en el avión Hércules reabastecedor pues tenía sus tanques de combustible perforados; con el capitán lsaac que, junto a los Super Etendard navales había atacado el 30 de mayo, con su A4C al portaaviones que, “la Argentina declara” e “Inglaterra niega, era el “HMS Invencible”.
Y cuando Gainza se despide del jefe de la base, éste tratando de hacer un cumplido y en la seguridad de que el periodista se daría por satisfecho con el trajín del día pasado en Tandil le comentó: “El biposto entrará en servicio recién pasado mañana...” y ahí perdió.

Volando el Mirage/Dagger argentino
Este es el título de su segunda entrega, en la revista “Pilot”, aparecida en Gran Bretaña, el mes de octubre de 1988. Su herencia vasca, hizo que Gainza regresara a Tandil dos días después para cobrar lo prometido... y aquí se derrumbaron las defensas del jefe de base: “Mayor Dorado, llévelo a volar..." 
En este artículo, Gainza demuestra un noble sentimiento argentino que por otro lado campea en todos sus escritos. También deja salir de su pecho el cálido amor que siente por sus “pampas” donde él se crió.
Y estos nobles sentimientos, yo estoy seguro, es lo que gusta en Inglaterra. Lo hace creíble, respetable, porque ... en cuestiones de guerra (e incluso en competencias) esta autenticidad es la que secretamente, en la intimidad de su ser, halaga a los británicos.
Comienza relatando su viaje por la ruta 3, en medio de las estancias de Buenos Aires, de madrugada y cuando sale el sol “que al calentar los campos despertaba los olores de los pastos... que le recordaban su niñez”.
Luego pasa a pintar con mano maestra, el vuelo en Dagger con detalle de un agudo y entendido observador.  Es su primera experiencia en un reactor militar (y de la magnitud del Dagger). Según él dice: sentado sobre una bomba viva (en el asiento eyectable), escucha por los auriculares el indicativo de llamada que tendrá su vuelo (Gaucho) y comenta “qué hermoso Indicativo”. Despegan, ascienden Dorado, el piloto, le ofrece los comandos en altura y el Dagger tiende, solo, a acercarse a la velocidad del sonido. ¡Cuidado! Ya están sobre la costa Atlántica (cerca de Mar del Plata), pasan a vuelo rasante sobre el mar, la táctica argentina para penetrar las defensas británicas. Se internan y vuelven, siempre rasante; navegando ahora sobre un “mar de pastos” pampeano. Ascienden a 25.000 (ilegible). Nuevamente en los comandos, intenta un tonel (muy suave) y un looping (turbulento), etcétera. Todo lo observa, y relata como un experto.
“Ahora vamos a rehidratarnos” le dicen después del aterrizaje y lo invitan a la Sala de Pilotos. Aquí Gainza dialoga nuevamente con sus ya familiares pilotos argentinos. Acerca de los pilotos británicos, los argentinos, dice, hablan con respeto. Uno de ellos razona: “Tal vez seamos  parecidos a los pilotos británicos o tal vez los pilotos de caza sean iguales en todas partes del mundo, algunos mejor entrenados que otros, eso es todo...” Y Gainza se despido lamentando no poder quedarse a comer un asado en la base esa noche con ellos. Termina su artículo (agudeza y alta diplomacia periodística) diciendo: 
“No podría haber imaginado mejor compañía para comer un asado. Y no puedo dejar de pensar en aquel soñado día en que se unieran alrededor de nuestro mismo fuego, esa otra hermosa compañía que serían los pilotos británicos”.

Pájaros del mismo plumaje
O como diríamos aquí “astillas del mismo palo”.
Según tenemos entendido, estos dos artículos precedentes de “Pilot” interesaron a los organismos competentes de la Royal Navy y Gainza fue invitado a visitar la Base Aeronaval Principal (Yeovilton) y entrevistar a los pilotos navales británicos que, en su gran mayoría, fueron los que se enfrentaron con los argentinos en el Atlántico sur.
Era otro sueño de Gainza que se hacía realidad. Seguramente tendría ahora la oportunidad de volar el Sea Harrier. Aparece así su, hasta hoy, último artículo: “Pájaros de un mismo plumaje” (Birds of a feather), publicado esta vez en un diario de circulación masiva, el “Sunday Telegraph”, del 21 de mayo pasado.
En esta entrega Gainza emplea el mismo método que en las anteriores.
Relata su vuelo en el Harrier piloteado por el Lt. Cdr. Morgan, detalla tácticas de ataque sobre Gales del sur. Un ascenso vertical para evadir un supuesto misil antiaéreo; luego una maniobra, particular del Harrier, “el viffing”, que le permite saltar, como una langosta y evadir ser cazado por otro avión en su cola. Por ahí comienzan una picada violenta, alejándose hacia el mar por el canal de Bristol, mientras Gainza reflexiona: "(el mar) parecía calmo y salino. No barcos, no aviones, no odio. Solamente un británico y un argentino exorcizando juntos a los fantasmas que se habían interpuesto entre ellos mediante el gozo indescriptible de un vuelo fabuloso”.
El piloto del Harrier, Lt. Cdr. David Morgan, integraba durante la guerra el Escuadrón 800, a bordo del portaaviones Invencible y el 8 de Junio de 1982 fue lanzado en patrulla de combate, junto con otro Harrier piloteado por el Lt. Cdr. Smith, para defender los buques y las tropas británicas que estaban siendo atacadas en bahía  Agradable por la Fuerza Aérea Argentina; llegaron al lugar cuando la última escuadrilla argentina atacaba un lanchón de desembarco que pertenecía  al “HMS Fearless”, ya para entonces el “Sir Galahad", el “Sir Tristam" y la fragata “Plymouth” ardían. Y los cazaron desde la altura superior que “tenían respecto a los argentinos que volaban rasante sobre el lanchón. El resultado fue tres aviones argentinos derribados (dos por Morgan) y sus pilotos fallecidos (primer teniente Bolzan, teniente Arraras y alférez Vázquez).
"Para nosotros, los aviadores argentinos eran sólo blancos y nuestro trabajo consistía en obedecer órdenes pero no deseamos glorificarnos por lo que hicimos”, dijo Morgan.
Gainza vuelve ahora a relatar su vuelo... ya sus condiciones físicas se agotan y dice “estuve a punto de tirar la toalla”, cuando le ofrece Morgan los comandos del Harrier para que intente algunas maniobras acrobáticas.
“Pensé entonces en aquellos pilotos argentinos que darían lo que no tienen por volar un Harrier y… tomé los comandos”.
Se convierte entonces en un periodista singular que ha tenido la única oportunidad de volar esos monstruos piloteados por los mismos pilotos de Malvinas. Y aquí con autoridad ganada por sí mismo, pasa a comparar los aviones de lo que es su verdadero objetivo; a comparar los pilotos de ambos países para llegar a la conclusión de que son… “pájaros de un mismo plumaje”... astillas de un mismo palo.
Apela entonces a todo su profesionalismo para presentar los hechos y razones que lo llevarán a esa conclusión y lo logra indudablemente. Destaca la opinión del capitán Sánchez, quien integraba la escuadrilla que derribó a Morgan y fue el único que sobrevivió y que dice: "No tengo nada en contra de los (pilotos) británicos. Nos tiramos unos contra otros pero ambos estábamos haciendo nuestra tarea... por eso, los respeto”.
Y concluye su artículo:
“Podrán haber dejado atrás la guerra. Pero, ¿cómo explicar la necesidad que tienen de hablar con aquéllos que mataron a nuestros amigos? Tal vez haya heridas más profundas que sólo las pueden cicatrizar cuando se estrecha la mano del enemigo”.

Nuestra conclusión
Los años y la guerra de nuestras islas Malvinas comienzan a alejarse en el pasado. Al mismo tiempo van surgiendo, entre la bruma de los recuerdos, los valores imperecederos del hombre.
Dentro de ellos resalta la estatura moral y profesional de nuestros aviadores. Pero no son sólo ellos... (tal vez la espectacularidad de sus acciones guerreras haga sobresalir su amistad con todos, absolutamente todos los combatientes argentinos que tuvieron que pelear para salvar el honor nacional.  Tarde o temprano esta altísima dignidad valdrá, en el campo internacional, lo mucho o lo poco que otros hombres le quieran adjudicar).
Porque el caso de nuestras islas sigue sin resolverse. Ya se anuncian las nuevas acciones, ahora diplomáticas, que se ensayarán para tal solución. Los que ahora intervengan se unirán y serán comparados por el juicio de la historia con estos “indomables paladines de las pampas, al decir de un inglés. Pues un francés Pierre Closterman, refiriéndose también a esta guerra ya dijo, en 1983: “El mundo cree solamente en aquellas causas cuyos testigos se hacen matar por ellas”. 

El comodoro Pío Matassi desempeña en el actual Estado Mayor de la Fuerza Aérea Argentina, el cargo de presidente de la comisión de evaluación y análisis de lo batalla aérea de nuestras islas Malvinas.

Pájaros de un mismo plumaje


jueves, 10 de agosto de 2023

Malvinas - Manfred Schönfeld

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

220

  En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

El artículo que publicamos a continuación, corresponde al diario La Prensa del 19 de febrero de 1986

Dos actitudes, dos trayectorias

El triste papel que hacemos en Londres

por Manfred Schönfeld 


El viaje, en sí, de un grupo de legisladores argentinos a Londres, a fin de mantener conversaciones informales con sus colegas de Westminster acerca de la cuestión de nuestros archipiélagos australes ocupados por Gran Bretaña, era una iniciativa que no tenía nada de perjudicial. Las conversaciones informales no entrañan un compromiso para ninguna de las dos partes involucradas, ni la abdicación o renuncia con respecto a principio alguno. Esto último también vale para las dos partes, pero no por ello las conversaciones podrían haber dejado de tener cierta utilidad; que es la que —a juicio de quien esto escribe— ya están perdiendo, por no decir que la han perdido definitivamente, debido a la precipitación y a la evidente impericia de los legisladores argentinos en cuestión, a causa de no haber sabido callarse cuando tendrían que haber guardado silencio y de estar prestándose —con la obvia anuencia de nuestro gobierno— a que un viaje para efectuar un “informal” cambio de ideas esté transformándose en una misión, si no oficial, de hecho oficiosa.

“¿No entraría usted en mi sala?”, le dijo —de acuerdo con el cuento infantil inglés— la araña a la mosca. Eso fue, aproximadamente, lo que las autoridades del Reino Unido han hecho con nuestros legisladores. Estos cayeron entre los pegajosos hilos de la telaraña que se les había tendido y cayeron a modo de los proverbiales chorlitos. Ahora son los involuntarios protagonistas de un “show” que organiza, para consumo de la opinión pública británica, más que Westminster, Whitehall, y más que Whitehall, el “cuarto poder” (que en el Reino Unido lo es en serio y es tomado en cuenta en calidad de tal, por los otros tres poderes) y que estriba en los órganos de prensa.


No tan involuntarios 

Acabamos de sostener de los legisladores argentinos que protagonizan “involuntariamente” la escenificación británica. Pero esta afirmación merece una inmediata rectificación, al menos de índole parcial, Hasta qué punto los miembros del Congreso de la Nación fueron —o no— con la “media palabra” dada por el Ejecutivo, en cuanto a gestionar o a dejar trascender la posibilidad de una gestión relativa a un contacto, ya no sólo con los miembros del Parlamento británico, sino con algún funcionario de relevancia del Foreign Office (lo cual está enteramente al margen de las aludidas “conversaciones informales”), eso es algo que no podrá saberse por ahora. Pero que uno de nuestros legisladores proclamó, espontáneamente y sin que nadie se lo pidiera, la “humildad” bajo cuyo signo se había puesto en movimiento la iniciativa de la visita, eso va más allá de todo lo imaginable, eso no fue parte de la caída en trampa alguna, eso fue consciente y voluntariamente dicho y eso configura un triste papel que se le hace pasar a la Argentina, por no decir que un lastimoso y abyecto papelón.

Creemos que, moralmente, ningún argentino tiene el derecho de sostener frente a una potencia que ocupa territorio argentino (y que, pese a que nuestro país ya ha abandonado de facto hace más de dos años y medio todo gesto de beligerancia, sigue impidiendo, en acto de abierta hostilidad bélica, la navegación argentina por nuestras aguas y la aeronavegación argentina por nuestro espacio aéreo, que la Argentina adopta, de cara a semejante situación incalificable, una actitud de humildad. Un revés militar debe ser aceptado —aun cuando hubiese sido peor y más grave que el que sufrimos en Puerto Argentino— con un mínimo de serena dignidad. No somos un país penitente. No hemos incurrido, cuando recuperamos lo histórica y legalmente nuestro, ni en crímenes de guerra ni en actos de barbarie contra civiles inermes o contra soldados desarmados y que se hubiesen rendido. Tenemos motivo sobrado para andar, aun después del revés de Puerto Argentino, con la frente alta. Podremos —podrán quienes así opinan y creen que eso es conveniente aunque se trata de materia opinable y de una opinión rebatible— proclamar las actuales intenciones pacificas de la Argentina. Ir más allá de eso, alzar implorantes la voz portadora de nuestra “humildad”, es dar una muestra de indigno e indignante rastrerismo.


La reacción británica

La reacción británica demostró lo contraproducente de ese tipo de genuflexiones. Ante nuestra “humildad” —ante la que nos endilgó inconsultamente un legislador— dicha reacción es la de la altanería. Se nos da a entender que, en cierto modo, debiéramos estar agradecidos por el mero hecho de que la visita en sí haya sido admitida, Se les dice, con todas las letras, a quienes la admitieron que tendrían que haber sondeado antes la opinión de los deudos de los soldados británicos caídos durante la expedición que lanzó contra la Argentina la señora Thatcher en 1982

Con una naturalidad que ya no parece astucia —porque a ella coadyuva la total falta de orgullo nacional que vastos sectores de nuestra dirigencia exteriorizan desde junio de 1982, dentro y fuera de nuestro país— los papeles han sido deformados e invertidos, de tal modo que la Argentina aparece como el proverbial “villano” de la pieza que está representándose.

Ni una palabra acerca de los más de tres lustros de pacientes, pacíficas e infructuosas negociaciones que se desarrollaron antes de que, al fin, el presidente Galtieri se decidiese a despertar, con un audaz golpe de mano, la conciencia mundial y —lamentablemente también— la conciencia de nuestro país (que muy pronto volvería a quedar, más que adormilada, envuelta en el sopor causado por la propaganda y el lavado de cerebros “desmalvinizadores”). Ni una palabra en lo que se refiere a la languideciente agonía a que la propia metrópoli británica había condenado a esa factoría y feudo de la Falkland Islands Company, cuando la Argentina le arrojó el cabo salvavidas gracias al cual el puñado de “kelpers” no sólo pudo, de por sí, seguir existiendo como comunidad sino, además, progresar, salir de su marginamiento, pasar en los más diversos órdenes de cosas de su decimonónico atraso a la vida del siglo XX.


Los caídos de uno y otro bando

De nada de eso se habla, repetimos. Se habla de los guerreros británicos que cayeron en la confrontación armada de 1982 y esto está bien, porque fueron a pelear por una causa que su gobierno determinó como digna de ser defendida.

Si nuestro país no habla —o habla tan sólo a las cansadas y como quien no puede menos que cumplir con un deber ineludible— de nuestros guerreros muertos en esa misma confrontación (y siendo así que todo argentino sabe, en su fuero íntimo, que la causa en juego era, es y será una gran causa nacional, sin que haya necesidad de que gobierno alguna la defina como tal), si ignoramos tanto a los que dieron su vida por esa causa como a los veteranos que volvieron, salvos aunque no siempre sanos, del campo de batalla, eso no es culpa ni asunto de nuestros contendientes.

Si ellos tienen un sentido mayor de su dignidad como nación que nosotros de la nuestra, tanto peor para la Argentina. Si en nuestro país se coloca ante un tribunal militar a los gobernantes de facto que decidieron que era tiempo de que se hiciera, por fin, algo por el honor argentino, y si se los juzga precisamente por esa decisión, tanto peor, una vez más para la Argentina. Y, “contrario sensu”, tanto mejor para los intereses que persiguen y defienden los británicos.

En todo caso las dos actitudes definen otras tantas trayectorias, la de ellos y la de nosotros. Y la nuestra —no la nuestra del 2 de abril de 1982, sino la nuestra a partir del revés de Puerto Argentina, la nuestra en los días actuales— es cualquier cosa menos gloriosa. Ni siquiera es honorable.


Argumentación hipócrita

No se crea, empero, que las tesituras británicas son puro trigo limpio. Estarán adecuadas a la defensa de lo que Londres cree que es su deber defender —y ese derecho nadie podrá negárselo—, pero están impregnadas de argumentación hipócrita.

Una y otra vez —también ahora— se pretende hacer valer la imagen de que la guerra fue, por parte del Reino Unido, una lucha librada contra un régimen que no era “democrático”, como si los británicos hubiesen actuado a modo de una suerte de cruzados y en favor de una noble causa de alcances mundiales.

Quienes apelan a ese argumento, pareciera que han olvidado que Londres no tuvo el menor inconveniente de negociar con sucesivos y diferentes gobiernos militares y regímenes de facto argentinos, acerca del futuro de las Malvinas y de los demás archipiélagos australes que pertenecen a nuestro país y que los británicos detentan. Comenzó —es verdad— la negociación cuando imperaba en el país un gobierno constitucional, el del doctor Illia, o sea cuando había aquí una “democracia”, de acuerdo con la aludida argumentación. Pero dejó de haberla al poco tiempo de iniciada esa negociación y Londres siguió plácidamente negociando con los sucesivos embajadores de los presidentes de facto Onganía, Levingston y Lanusse; no hubo solución de continuidad cuando en la Argentina se volvió a lo que para el resto del mundo pudo considerarse un “retorno a la democracia”, es decir primero el imperio del gobierno títere de Cámpora y sus amigos y, después el de los Perón y los suyos; pero tampoco hubo tal solución de continuidad durante el tan mal mentado “proceso”, y se siguió negociando con la junta presidida por el general Videla, así como con la junta presidida por el general Viola.

Se siguió negociando, del mismo modo como se había negociado desde el más remoto principio, es decir con la finalidad de la dilación y de la obtención de vitales concesiones prácticas de parte de Argentina, a cambio de no hacer la parte británica la menor concesión de especie alguna, ni practica ni principista.

Cuando, como señalamos, el gobierno de Galtieri, golpeó, por fin, con el puño en la mesa, los británicos descubrieron súbitamente que tenían que vérselas con un régimen que no era una “democracia”...(Que tampoco lo es el régimen que impera en China roja y que Londres negoció —y decidió— de común acuerdo con la dictadura comunista en Pekín acerca del futuro de la populosa Hong Kong, sin importársele un ardite de la “autodeterminación” de esa masa humana, de eso tampoco se habla: tal vez porque, después de todo, sean en su mayoría amarillos...)


Lo que nos importa

Pero allá Londres. Se trata de temas que, bien que sirvan para establecer aleccionadores paralelismos, están más allá no sólo del radio de nuestro alcance como país, sino más allá de nuestra incumbencia.

No así, todo lo concerniente a nuestros archipiélagos, usurpados después de su pasajera liberación en 1982. No así, nuestro mar territorial. No así, nuestro espacio aéreo. No así, nuestra dignidad como pueblo que, pese a no haber sido jamás ni agresivo ni expansionista, debe cuidar de que esa imagen no sea confundida con la de una nación que tiene, espiritualmente, el espinazo roto y cuya alma está maleada.

Es esa la imagen que se desprende por ahora, de nuestros legisladores viajeros. Más les hubiera valido —más le hubiera valido a la Argentina— que se quedasen en casa.

domingo, 6 de agosto de 2023

El fin de la desmalvinización - Guerra de Malvinas

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

210

  En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

El artículo que publicamos a continuación, salió en el diario La Prensa del día 17 de setiembre de 1988, sobre la desmalvinización y la malvinización.

Cambio de mentalidad 
El fin de la desmalvinización

por Matilde Fierro 


 “Antes de la guerra de las Malvinas éramos soberbios, luego aprendimos. Me gustaría decirle a la gente que tenga orgullo de ser argentino”. Así, despojadas de falsos exitismos fueron las exposiciones no sólo del mayor Pablo Carballo sino de los otros protagonistas que hablaron en el ciclo “Testimonios de guerra”, organizado por la asociación Voluntarias para la Patria. Fue el miércoles 8 de junio ante un público que desbordó los salones del Círculo Militar.

Más allá de lo conmovedor de esos relatos humanizados, plenos de autocrítica y reflexión veraz, la oportunidad sirvió para ratificar un hecho: el período de “desmalvinización” ha llegado a su fin.

Sutilmente, la población argentina ha comenzado a rescatar los valores del conflicto armado con Gran Bretaña. Se trata de un movimiento de abajo hacia arriba y no impulsado por campañas orquestadas desde los más altos niveles gubernamentales.

Existen variados indicios que van desde pequeños homenajes como la de aquel frutero que a la vera de la ruta a La Plata, utilizó su mercadería para escribir el eterno mensaje: “Las Malvinas son argentinas”, hasta los seminarios, cursos, charlas esclarecedoras y debates privados que se multiplican día a día en todo el país.

Por ejemplo es destacable uno de los trabajos presentados en el simposio que en abril realizó el Centro de Investigaciones Europeo-Latino-Americano (Eural). Su autor, Juan Carlos Puig, catedrático de la Universidad de Simón Bolívar, se pronuncia por una tesis donde menos sustentación tiene Gran Bretaña: “La controversia Malvinas es jurídica”. Plantea como cuestión de fondo el responder al interrogante de ¿Cuál de las partes en el conflicto ostenta mejores títulos jurídicos para la adquisición de ese territorio? Argentina indudablemente.

Mientras en otros foros de estudio se analiza sobre la estrategia en el Atlántico sur donde las Malvinas tienen peso propio, la derrota comienza a capitalizarse en su verdadera dimensión.

Idéntica revisión ocurrió con las grandes batallas —victoriosas o no— de nuestro pasado porque según remarcó Carballo (veterano piloto de la Fuerza Aérea Argentina y autor de dos libros sobre la guerra) “hay cosas que no se pueden esconder, entre ellas la verdad”. Al agregar que “no se puede creer que alguien desperdicie actos heroicos de otros argentinos” manifestaría parte del pensamiento nacional que lamentablemente suele negar su propia existencia.

Las corrientes de opinión, en la Argentina, se excluyen unas a otras, con el riesgo de indefinición que esto entraña.

La interdependencia

El abandono de esa estructura mental que insistía con la negación del tema de las Malvinas ya es un buen indicio. La Argentina debe prepararse para ingresar al nuevo orden mundial que ahora se basa en la filosofía de la interdependencia. En este mundo, los intereses económicos adquieren mayor relevancia. El desarrollo necesita de una sólida política de intercambio con países de diversa alineación.

Hasta 1982 —fecha clave por el vuelco de la región que significó el enfrentamiento armado con Gran Bretaña y por el boom pesquero que ya comenzaba— hablar de riquezas potenciales del mar argentino, sonará a discurso.

Hoy las posibilidades económicas del mar argentino se observan como la un de un iceberg. Millones de dólares se exportan anualmente en concepto de productos de mar. La mayoría proviene de las aguas jurisdiccionales de las provincias patagónicas y sus adyacencias. Sería importante pronosticar cuánto aportaría la zona económica exclusiva en disputa.

En la década del 70, durante los avatares de las nunca fáciles negociaciones con el Reino Unido, no fueron pocas las comunicaciones conjuntas que se pronunciaron acerca de la conveniencia de cooperar, para producir en el área tan generosamente dotada de recursos ictícolas. Claro que los turistas y visitantes que llegaban al archipiélago, previo paso por la Patagonia, jamás podían dimensionar de qué promisorio futuro se trataba. No había pesqueros a la vista ni plantas elaboradoras. Pero el tiempo y las circunstancias aceleraron los cambios. Hoy ya no se piensa solamente en el calamar y las distintas especies comerciales, ahora además se menciona a los nódulos de manganeso, asentados en el fondo del mar, tan preciados por las naciones que han ingresado en la era post industrial con su avanzada tecnología de punta.

La soberanía

Es positivo detectar este cambio de mentalidad en la ciudadanía. Las Malvinas no se pueden esconder por la sangre derramada y porque un buen manejo de la situación permitirá acrecentar el prestigio argentino en los foros internacionales.

Es importante entender que hoy el concepto de la práctica de la soberanía ha variado, porque la capacidad de los estados de afectarse recíprocamente es más grande que en ningún otro período de la historia.

Ha llegado el momento de aprender a negociar.

Según Jorge A. Fraga, en su libro “La Argentina y el Atlántico Sur”, tenemos demasiados intereses en el área como para permitir que las facciones privadas que luchan en el frente interno distraigan de la tarea.

A la búsqueda de la recuperación de los archipiélagos de las Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur se le suma el cuidar nuestro papel en el Tratado Antártico donde la posición argentina es privilegiada. Pero también, según Fraga, es necesario incrementar los contactos públicos con los países ribereños del Atlántico sur, Sierra Leona, Liberia, Costa de Marfil, Ghana, Benin, Nigeria, Camerún, Gabón, Angola, y Sudáfrica entre otros estados africanos, a los que se suman Brasil, Venezuela, etcétera, en América latina. Agenda que se acrecienta ante la obligación tácita de intervenir activamente en todo acuerdo, pacto, tratado u organización política, internacional o regional.

¿Qué tipo de negociaciones?

Ni siquiera el gobierno nacional que prácticamente borró al 2 de abril del calendario, persiste ahora con la “desmalvinización”. Si bien sus intereses probablemente sean en esta etapa de un tenor electoralista cuando no de cortina de humo, allí estarían los representantes en aparente tarea negociadora o rehabilitadora.

Aunque los comunicados no difieren de los tradicionales con respecto al archipiélago, en algunas esferas cercanas al área de relaciones internacionales se coincide en opinar que se avanza paso a paso, sin abandonar lo que es denominado el “paraguas de la soberanía”.

José Manuel Moneta, diplomático argentino fallecido, escribía en 1970 algo que no ha perdido vigencia: “Siempre se dice que las conversaciones prosiguen... pero nunca se hace mención sobre el curso de las negociaciones diplomáticas, pues parece ser que el asunto se trata en esferas tan elevadas que la opinión pública no puede alcanzar”. Moneta había sido jefe de dos expediciones científicas a las Orcadas y delegado argentino en Hungría, Checoslovaquia, Turquía y las Filipinas. Siempre insistía en explicar que los negociadores debían tener excelente preparación intelectual, conocimiento exacto del problema y habilidad personal. Criterio selectivo que estaría muy en boga cuando se aventura acerca del tipo de enviados argentinos que deberían salir al ruedo internacional.

Si las Voluntarias para la Patria que preside Sofía Laferrere de Pinedo hubieran dudado de que este período de reflexión llegaría, habrían cerrado las puertas de la institución cuando el número de integrantes disminuyó abruptamente en comparación con las 14.000 de 1982. Persistieron. Actualmente se ocupan de apoyar a familiares de caídos en acción y a veteranos bajo el asesoramiento de una profesional que se ha especializado en problemas psicológicos de posguerra. 

En la apertura del ciclo 1988 de “Testimonios de Guerra”, el historiador Ruiz Moreno advirtió: “Sepamos que hay derrotas honrosas, Malvinas como Curupaití, son historia humana”.

sábado, 5 de agosto de 2023

El juzgamiento de la cúpula militar por la derrota en la guerra de Malvinas

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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  En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

En el diario La Prensa del día 20 de octubre de 1988, se publicó el siguiente interesantísimo artículo, sobre el juzgamiento de la cúpula militar a raíz de la derrota en Malvinas.

LA CAUSA MALVINAS 
Último acto de un drama
por Siro de Martini

Ante la indiferencia general, está llegando a su fin la que sin duda será considerada por la posteridad como la causa más importante del siglo ocurrida en Latinoamérica.
Por segunda vez en la historia, los jefes políticos de una nación derrotada, son juzgados por sus compatriotas en relación con los hechos que la motivaron. La primera ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial cuando la parte de Francia no ocupada y por presión del gobierno alemán, dueño del resto del país, se efectuó en la ciudad de Rion un juicio que, so pretexto de la determinación de responsabilidades en la derrota, hubiese servido para disimular la agresión alemana.
A pesar de la fuerte presión de Hitler, los jueces franceses se ingeniaron para dar largas al asunto y no hubo fallo porque antes el juicio fue anulado por la Liberación.
Este es uno de los conceptos esgrimidos por la defensa del general Galtieri para descalificar al Consejo Supremo de las FFAA como ya lo había hecho con la comisión de análisis y evaluación de responsabilidades en el conflicto del Atlántico sur (CAER- CAS), vulgarmente llamada Comisión Rattenbach, cuyos antecedentes, señaló, podrían hallarse en los Tribunales del Terror durante la Revolución Francesa ya que aquellos, fueron por una comisión especial, creada a posteriori de los hechos, con amplias facultades y sin sujeción a la Constitución, que expresamente las prohíbe, ni al Código de Procedimientos que fue dejado a un lado. Ya el 24 de agosto de 1983 había señalado públicamente que ese informe adolece de notorias deficiencias y falsedades. No obstante, es la cabeza del sumario de la causa.
Esta etapa de revisión de lo actuado, se ha caracterizado por la mesura que ha impuesto la cámara a los letrados patrocinantes y a la propia fiscalía, lo que no ha sido óbice para que más de una vez se hayan escuchado fuertes expresiones para calificar la conducta de los miembros de la CAERCAS, Consejo Supremo y Fiscalía de Cámara. Han sido dignas de destacar las decisiones de la cámara levantando el secreto que amparaba lo actuado por el Consejo Supremo, lo que ha permitido, señalan las defensas, las irregularidades cometidas en esta etapa del juicio, así como también la aceptación como prueba del informe oficial británico (informe Franks), que no había sido aceptado por el Consejo Supremo, a pesar del testimonio del embajador Ortiz de Rosas.

NO HUBO AGRESIÓN ARGENTINA
De lo expresado se desprende contra una opinión muy generalizada, que la recuperación de las Malvinas no fue una agresión argentina como lo ha venido sosteniendo la prensa al servicio de los intereses británicos, sino una casi obligada respuesta a una agresión británica y que no sólo tuvo el respaldo de nuestra Cancillería, sino que ésta consideró ese accionar como el único prácticamente adoptable.
Para pesar de algunos, la operación fue tan sólo un artilugio diplomático, destinado a llamar la atención mundial sobre el tema y dar tiempo a los diplomáticos para cumplir su cometido: ocupar para negociar fue el criterio con que se llevó a cabo el operativo Rosario. Esto lo han sostenido las defensas militares y letradas de los miembros de la Junta y lo han confirmado tanto el fiscal del Consejo Supremo, brigadier Canale: “Estos hechos pueden aceptarse como configurativos de agresión, justificante del deber de legítima defensa que debió asumir la Junta en los días previos a la ocupación militar de las islas Malvinas”, como el de la cámara federal, doctor Moreno Ocampo: “Ya hemos señalado anteriormente y coincidimos plenamente, que la Argentina actuó en legítima defensa. Eso está fuera de discusión”. De ello es fácil deducir que el que se defiende actúa por necesidad y lo hace como puede y con lo que tiene.

ANTECEDENTES
Para los que han estado atentos durante todas las sesiones, la etapa inicial de esta parte del drama comienza cuando el canciller argentino, doctor Oscar Camilión, dio a conocer el 27 de julio de 1981 una muy dura declaración de nuestro gobierno con la advertencia de que se había llegado al límite de la paciencia argentina. Los británicos que venían escuchando repetidas advertencias de su embajador en Buenos Aires, señalando eso mismo, “la paciencia de los argentinos está llegando a su límite luego de diez años de estériles conversaciones”, deecidieron actualizar una vez más sus “planes de contingencia” que venían preparando desde el 19 de febrero de 1976 y perfeccionando con regularidad, mientras en cumplimiento de la palabra empeñada en 1971 simulaban negociar hasta llegar al tratamiento del tema “soberanía”, cosa de la que unilateralmente habían desistido ya llevando a su embajador en nuestro país a enviar a comienzos de mayo de 1951 al Ministerio de Asuntos Exteriores de su país una nota invitándolo enérgicamente a realizar por lo menos una ronda más de conversaciones durante el año, incluyendo el tema “soberanía”.

EL CONTRATO DE DAVIDOFF
Al tiempo que estos hechos ocurrían, completamente desconectados de ellos otros se desarrollaban en Gran Bretaña. Constantino Davidoff, comerciante argentino, informado por un capitán mercante holandés de la existencia de un conjunto de valiosos materiales susceptibles de ser convertidos en chatarra, negociaba en la embajada británica en Buenos Aires, en la gobernación de las Malvinas y por fin en Londres una opción para el retiro y venta de esos materiales. Obtenido el contrato en Edimburgo y autorizado éste por el gobierno inglés quien lo comunicó a su gobernador en las Malvinas, restaba resolver el problema del trasporte que los ingleses informaron no poder hacer, por lo que Davidoff se dirigió en busca de ayuda a nuestra Cancillería, la que gestionó el apoyo de la Armada para la concreción de la operación, por considerarla contribuyente al logro de los objetivos nacionales. Hasta aquí, ni la Armada ni la Junta tenían conocimiento del tema. La decisión de viabilizar el proyecto se adoptó durante la presidencia del general Viola.
La Armada, que en 1976 había instalado una estación científica en Thule del Sur, había propuesto, y la Cancillería aprobado, una instalación semejante en Georgias del Sur, la que debía materializar un grupo de trece buzos tácticos, acostumbrados a realizar tareas rudas en condiciones climáticas extremas. A este proyecto se lo llamó Alfa y ese fue el grupo que, con las instrucciones para su misión inicial, fue desembarcado en los prolegómenos del conflicto para proteger a los operarios de Davidoff.

ASUME GALTIERI
El general Galtieri asumió la primera magistratura, sin perjuicio de sus funciones como miembro de la Junta, a fines de diciembre de 1981. En la primera reunión de la Junta, luego de ese acaecimiento, se pasó revista a todos los problemas pendientes y el de las negociaciones con Gran Bretaña estuvo presente. El doctor Costa Méndez, nuevo canciller, aconsejó suspender el proyecto Alfa, lo que se aprobó para evitar complicaciones ya que según había quedado resuelto, la Argentina se proponía hacer ese año una campaña de esclarecimiento a nivel mundial sobre el tema Malvinas, mientras los delegados argentinos y británicos, a pedido de nuestro país, debían reunirse mensualmente para llegar a una solución acordada con anterioridad a la realización de la reunión de la Asamblea de las Naciones Unidas, en septiembre de 1982.
Como prevención se dispuso que, en el máximo secreto, un grupo de trabajo integrado por un jefe de cada fuerza, hiciera un estudio de prefactibilidad sobre la toma de las Malvinas, tema que en la Armada se estudiaba rutinariamente desde 1940 y que desde diciembre de 1981 estaba siendo actualizado por el comandante de operaciones navales.
El resultado de estos estudios fue presentado a la Junta entre el 9 y el 16 de mayo y esta dispuso que el estado Mayor Conjunto iniciara una planificación formal que debía estar completada en la segunda mitad de 1982, a fin de poder respaldar con la fuerza las negociaciones diplomáticas. Otro tanto se dispuso sobre la llegada al país, a mediados de año, de elementos bélicos recién adquiridos, los que debían ponerse a punto en la segunda mitad de 1982.

FILTRACIÓN DE INTELIGENCIA
La defensa del almirante Anaya ha señalado que un párrafo de la resolución de Junta citada que era de carácter secreto, fue reproducido textualmente en el ap. 149 del informe Franks por lo que queda demostrado que el gobierno de la señora Thatcher sabía perfectamente, mediante una filtración de inteligencia, que el gobierno argentino no tenía intención de recuperar las islas el 2 de abril y que estaba haciendo previsiones para enfrentar la eventualidad de una acción militar a fines del año.
La propuesta para efectuar reuniones mensuales, con especial pedido de resolución inmediata, presentada a Gran Bretaña en enero de 1982, ni siquiera había sido tomada en cuenta cuando se realizó en febrero de ese año la ronda de conversaciones en Nueva York.

EL INCIDENTE DE LAS GEORGIAS
Mucho se ha escrito sobre el incidente de Georgias, pero hasta que fue narrado durante las sesiones de este juicio, no se conocían las declaraciones de Davidoff sobre su llegada el 19 de marzo a Puerto Leith donde lo esperaban tres miembros del Antartic Survey junto a un mástil en el que flameaba la bandera argentina.
“Llevábamos una bandera, pero estaba en el container. Nunca tuvimos oportunidad de sacarla”, fueron sus palabras al declarar. Un cuidadoso estudio sobre la información existente, que también fue expuesto, permite concluir que la opinión pública y sectores de poder británicos fueron movilizados por una conjunción de esfuerzos del Antartic Survey, del “lobby” de Malvinas y de la Royal Navy, en coincidencia con los lineamientos de la política trazada por el Foreign Office. Las unidades británicas comenzaron a zarpar el 25 de marzo y nuestras autoridades resolvieron la ocupación de las Malvinas el 26 de ese mes. La decisión fue tomada luego de que nuestro canciller manifestara que no veía ninguna solución al conflicto por otra vía que no fuera la ocupación de las Malvinas para negociar inmediatamente, asesoramiento éste que fue respaldado por una apreciación efectuada en la Cancillería cuya conclusión fue que “no había una opción mejor”. Recordemos que las Naciones Unidas han definido como agresión al primer empleo de las armas y que ninguna de las resoluciones de las mismas acusan de agresión a nuestro país.

EL OPERATIVO ROSARIO
El operativo Rosario de ocupación de las islas, se cumplió como se había ordenado, sin derramamiento de sangre británica, aunque con bajas argentinas. Una operación militar perfecta. Así lo calificó el entonces comandante supremo de la OTAN en el Atlántico, almirante Harry Train.
A la luz de la información actual y que se expuso en el juicio, la llamada Misión Haigh sólo sirvió para que nuestras autoridades persistieran en su cautela en materia de trasporte a las islas de elementos militares que hubieran podido ser definitorios del conflicto, en la idea de que se tenía que poder llegar a una solución diplomática que podía frustrarse con el primer hundimiento de un buque. Es aleccionadora la carta en que el general Haigh le señala al general Galtieri que ha encontrado mucha mayor comprensión y flexibilidad en el gobierno argentino que en el británico. La misión se dio por terminada el 29 de abril, cuando la Fuerza de Tareas británica se aprestaba a atacar Puerto Argentino, lo que ocurrió el 1° de mayo.
EE.UU. se volcó abiertamente al apoyo a Gran Bretaña cuando consideró que ya era imposible prolongar la pista de Puerto Argentino como para que operaran desde allí los aviones argentinos de alta “performance”. La idea de cuatro banderas flameando en las islas en que se basó la propuesta de Haigh no era aceptable para nuestro país, porque llevaba al compromiso explícito de atender los “deseos” de los habitantes de las Malvinas, no sus “intereses”, como las Naciones Unidas habían resuelto y nuestro país aceptado.

EL HUNDIMIENTO DEL "BELGRANO"
La pertinacia de los británicos en no aceptar ninguna solución negociada quedó patentizada con el hundimiento el 2 de mayo del “ARA Gral. Belgrano” con la pérdida de 329 vidas, para evitar el éxito de la propuesta del presidente Belaunde Terry del Perú, ya aceptada por nuestro país y la reiteración de la postura británica en la propuesta Pérez de Cuéllar del 17 de mayo.
El fiscal de cámara ha sostenido que no existía la estricta obligación de responder a la agresión con las armas en la mano y que pudo haberse evitado la rendición de Puerto Argentino retirando nuestra guarnición antes de la llegada de las fuerzas británicas. Las defensas luego de señalar la cobardía y deshonor que esa decisión llevaba implícitos han explicado que en definitiva ello hubiera llevado a una convalidación de los derechos británicos sobre el archipiélago, aun en el supuesto caso de que los submarinos británicos, en la zona desde el 12 de abril, no hubieran hundido a los buques en que hubiéramos intentado la retirada.

AYUDA NORTEAMERICANA A LONDRES
Nadie va a una guerra para perderla y esto es válido tanto para nosotros como para los ingleses. En ambos bandos hubo héroes, hubo hombres normales que cumplieron con su deber y quizás hubo cobardes. Esta gama de calificaciones es de aplicación tanto a la Fuerza Aérea, el Ejército y a la Armada argentinos. Los ingleses hubieran podido perder la guerra señaló hace tres años en una conferencia el almirante norteamericano ya citado, si los nuestros hubieran aprovechado oportunidades que entonces señaló. Ahora, luego de la proyección en la última jornada de las defensas del video “An Ocean Apart”, sabemos por boca del entonces secretario de Marina de los Estados Unidos, John Lehman, que los ingleses hubieran perdido indudablemente la guerra de no haber sido por la tremenda ayuda de su país, la que comenzó a materializarse desde el mismo momento en que se puso en marcha la Fuerza de Tareas británica y mientras se desarrollaba la Misión Haigh, luego de que el presidente de los Estados Unidos declarara públicamente la neutralidad de su país.
Esa ayuda fue de tal magnitud que permitió reparar el deterioro de las Fuerzas Armadas Británicas producido por lo que llamó Lehman varios años de irresponsables economías presupuestarias en el rubro Fuerzas Armadas. Un solo ítem, los 200 misiles Sidewinder modelo L, hasta ese momento de uso exclusivo por las aviaciones de los Estados Unidos significó para los británicos la posibilidad de ganar y mantener el dominio del aire infligiendo a nuestras aviaciones la mayor parte de sus pérdidas: 63 aviones y helicópteros de la Fuerza Aérea, 13 aviones de la Aviación Naval, y 22 helicópteros de la del Ejército, mientras que ninguno de los aviones británicos perdidos lo fue en combate aéreo. Por su parte, 8 buques de guerra hundidos y otros 11 atravesados por bombas que no explotaron en sus cascos por problemas técnicos, lanzadas a fuerza del coraje de nuestros pilotos, hablan a las claras de lo que pueden las fuerzas espirituales, aun frente a enemigos dotados de equipo superior.
Las audiencias permitieron entender también, que en el gobierno de los Estados Unidos hubo un sector partidario de la estricta neutralidad, tan importante como el que mediante el hecho consumado llevó al gobierno a definirse por los ingleses. El grupo que aún hoy puede enrostrar a sus colegas la pérdida de la amistad de Hispanoamérica y la consecuente escalada de tensiones en Centroamérica estaba encabezada nada menos que por el vicepresidente de los Estados Unidos y hoy candidato a su presidencia, George Bush, y por la representante de ese país en al ONU, señora Kirkpatrick a quien se pudo ver en la última sesión declarando a través de un casete: “Se debía mantener la neutralidad, porque Estados Unidos tiene un interés muy importante en mantener buenas relaciones con Latinoamérica en general. Gran Bretaña con frecuencia ha mantenido una posición neutral en conflictos norteamericanos con otras naciones, de modo que no se hubiera introducido ningún elemento nuevo en nuestra relación”.

“LUCIDOS” ANÁLISIS A POSTERIORI
Es materia opinable la actitud estratégica defensiva y la táctica derivada de ella, con que fue encarada la defensa de las islas, como también lo es la retracción de la flota de mar a aguas donde no podían operar los submarinos nucleares, para cumplir tareas defensivas a espera de otra oportunidad, luego de un frustrado intento de batalla naval. Sobre esos temas en el futuro se seguirán escribiendo libros, todos muy lúcidos, como lúcidos suelen serlos análisis que se hacen luego de conocer los resultados.
Podría cuestionarse también el envío a lo largo de casi todo el enfrentamiento de los aviones de ataque y bombardeo sin escolta de cazas, pero en cada caso hay criterios profesionales que avalan las decisiones. Lo cierto es que los británicos, a pesar de fuertes pérdidas en buques, aviones y hombres y de graves errores que determinaron el retiro no bien terminadas las operaciones de sus más altos mandos responsables de la conducción de las operaciones se impusieron en la lucha en tierra merced a una gran profesionalidad —no en vano luchó en Malvinas buena parte del “Ejército del Rin”— excelente adiestramiento, óptimo armamento y sobresaliente conducción. Todo ello, no obstante el valor de nuestros soldados, el correcto empleo que hicieron de sus armas y lo bien conducidos que estuvieron en casi todos los casos mereciendo respetuosos juicios de sus enemigos.
La fiscalía ha acusado al general Galtieri de haber enviado dos brigadas de Infantería a las islas sin conocimiento del comandante del teatro, pero ha quedado demostrado que ello no fue así. Se ha pretendido hasta hacerlo responsable de la muerte de un soldado por falta de una cánula para efectuar trasfusiones, como si el comandante del Ejército y, al mismo tiempo presidente de la República, pudiera verificar personalmente el equipamiento de cada unidad y como si en la guerra no hubiera imprevistos, pérdidas y destrucciones por el enemigo.

ACCIÓN PSICOLÓGICA DESVIRTUDADA
Varios de los tópicos que utilizó la acción psicológica británica y nuestra tendencia a la autodestrucción para minar nuestra moral nacional han quedado desvirtuados: el pie de trinchera de los soldados, porque lo tenían también y en similar porcentaje los británico cómo  consecuencia del clima de las islas y porque el calzado de nuestras tropas era de mejor calidad y los enemigos se apresuraban a cambiarlo con el de nuestros muertos. El de la alimentación porque los propios testigos de la fiscalía aclararon que comieron normalmente, regular o mal, según lo permitían las alternativas de la lucha y señalaron también que sus palabras habían sido sacadas de contexto. Por último, los problemas de trasporte estuvieron siempre relacionados con las contingencias de la lucha. El de que como fruto de la forma en que en la Argentina se dio la información, los argentinos vieron la guerra de un modo triunfalista, por lo que el impacto de la derrota fue aún mayor; quedó claramente desvirtuado con la lectura de una directiva de la Junta disponiendo precisamente que se evitara esa actitud en la información, la que debía ajustarse estrictamente a la realidad de los hechos.

INTEGRACIÓN ACABADA
Numerosos ejemplos a nivel operacional avalaron el hecho de la integración más acabada entre los que combatían y entre las fuerzas y si en algún caso alguien durante el juicio intentó convertir su recinto en un foro para dirimir cuestiones de competencias, ello se volvió en contra de la tesis que trataba de imponer, por la general repulsa que derivó de sus palabras.
A semejanza de lo sostenido por el consejo, la fiscalía de cámara aceptó que los hechos políticos no son judiciables, pero mantuvo la dicotomía entre el hecho en sí y sus antecedentes y consecuentes, como si ello fuera posible. Esta interpretación fue reiterada y prolijamente rebatida, como lo fue la de pretender condenar a los miembros de la junta por decisiones del comité militar, que ellos mismos integraban, como si aún estuviera vigente el esquema con que fuera creado en los años sesenta, luego derogado y recreado otra vez el 26 de julio de 1978 al sólo efecto de que el general Videla, que dejaba el comando en jefe del ejército y de hecho la junta, para continuar sólo como presidente de la Nación, pudiera mediante ese artilugio continuar volcando su experiencia política en el ámbito colegiado del comité, donde tenía voz pero no voto.

EL COMANDANTE EN JEFE
Otro tema que fue prolijamente expuesto por las defensas fue el referido al cargo de comandante en jefe al que alude el art. 740 del Código de Justicia Militar, pero que se refiere a oficiales superiores con mando directo de tropas o fuerzas navales en el ámbito en que se realizan las operaciones. En la época en que se escribió el CJM y cuando su reforma de 1951 el cargo que durante el proceso de reordenamiento se llamaba comandante en jefe, era el de presidente de la república, único, no compartido, por lo que las sanciones previstas en el citado artículo no son aplicables a este caso. Sobre estos particulares, alguna defensa con citas muy concretas de lo incluido en el grueso expediente de más de 40,000 fojas, fue señalando lo que consideró el deliberado y apriorístico empeño del consejo para sancionar a los comandantes en los términos del art. 740. También ha quedado claro, al levantar la Cámara el secreto del Sumario y así fue expuesto en una de las audiencia, que aunque el fallo del consejo aparezca como unánime, por establecerlo así el reglamento, hubo varias y muy bien fundadas discrepancias entre otras la que fue puesta de manifiesta por el vocal almirante Acuña cuando señaló que al incorporar nuevos agravios el propio Consejo Supremo, luego de que se hubieran pronunciado la fiscalía y defensa, ello dejaba a los acusados en estado de indefensión, contrariando lo taxativamente dispuesto por el artículo 18 de la constitución. También así se ha sabido que uno de los vocales del consejo que fuera recusado por uno de los comandantes, recusación esta que no fue aceptada, fue de los de su fuerza el que pidió la sanción más severa para este.

SINTETIZANDO
En definitiva y sintetizando, la principal acusación a los comandantes, se refiere a haber considerado aceptable el empleo de la fuerza militar para la ocupación de las islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur, sin contar con los medios para enfrentar las operaciones previsibles en el caso de concretarse la máxima reacción por parte del enemigo y luego haber mantenido a las fuerzas en combate a pesar de conocer la superioridad de medios con que contaba el enemigo. A ello se agrega en el caso del general Galtieri, la de haber dispuesto el envío a las islas de una brigada de infantería. Se ha dicho en la sala que, de prosperar tal criterio, en el futuro es dable esperar que nuestras Fuerzas Armadas sólo se empleen contra enemigos militarmente inferiores o equivalentes y mientras se sepa que lo son, estando vedado, en caso de apreciarse que esto no es así, el refuerzo que pudiera ser necesario.
La acusación al almirante Lombardo, que de todos modos ha quedado desvirtuada, se refiere al nombre con que encabezó un plan de operaciones, llamándolo plan esquemático, ya que con el tiempo de que dispuso no pudo redactar un plan de campaña como hubiera querido la acusación. Plan de campaña, que de todos modos, técnicamente se utiliza para otro tipo de operaciones, ofensivas y de larga duración. Se lo ha acusado también de no exigir a uno de sus subordinados la elevación de un plan contribuyente que había sido expuesto personalmente.
La que se ha hecho al general Menéndez, alude a la no elevación del plan contribuyente de las fuerzas a su mando al escalón superior, acusación desvirtuada porque, como quedó dicho, el plan lo expuso junto con su estado mayor al comandante del TOAS. Se lo acusa también de no organizar un comando conjunto, lo que quedó demostrado era falso y de no haber agrupado bajo un comando unificado los medios aéreos que le estaban subordinados, que eran específicos de las unidades de distintas tuerzas bajo su comando, tema que es materia altamente controvertida.
Las acusaciones al general Parada se refirieron al contacto personal con las unidades que le estaban subordinadas y a no haber establecido su comando en Darwin o Gran Malvina, lo que con buenos argumentos refutó su defensa señalando las sucesivas tareas que se le asignaron y las razones por las que fue más útil su permanencia en Puerto Argentino, del que tampoco hubiera podido desplazarse en el tiempo que la fiscalía señaló debía hacerlo, por impedírselo razones meteorológicas.
Para llegar a esta acusación, el fiscal se ha basado fundamentalmente en declaraciones de testigos contenidas en el llamado Informe Calvi, muy cuestionado también por las defensas ya que se basó en declaraciones tomadas en circunstancias en que los declarantes no se hallaban en aptitud para dar testimonio en una causa, aunque lo estuvieran para hacer aportes al mejor empleo de su fuerza. También tuvieron importancia fundamental las conclusiones a la que llegó la CAERCAS, a pesar de que sus miembros declararon no haber tenido en cuenta para arribar a ellas, los diarios de operaciones de las unidades involucradas. Uno de los defensores manifestó durante una de estas declaraciones que era su propósito solicitar los antecedentes de un dicho para una posible cuestión de falso testimonio.
De cualquier modo, la acusación de la fiscalía, sigue los lineamientos de la que hiciera el fiscal del consejo, disminuyendo el número de agravios, pero solicitando elevación de las penas.
El juicio, que en primera instancia se substanció siguiendo un procedimiento sumario previsto para situaciones de guerra en que se debe juzgar hechos que conmueven la disciplina y obligan a una represión inmediata tiene ya casi cinco años de duración. La cámara ha tenido que adaptar trabajosamente los procedimientos de la Justicia Militar a lo establecido en el Código de Procedimientos de la Nación.
Con la proyección de dos videos casetes, titulados “En la estela de la Sheffield” donde queda de relieve el sobresaliente nivel de los pilotos navales y de la Fuerza Aérea Argentina y “An Ocean apart” que documenta la inevitable derrota de Gran Bretaña de no haber intervenido como lo hizo EE.UU. en el conflicto, se cerró la etapa de alegaciones en el juicio que se sustancia en la Cámara Federal de esta ciudad de Buenos Aires.
Ahora, los doctores Horacio Cattani, Wagner Mitchell, Juan Cortelezzi y Fernando Archimbal, deberan determinar si las múltiples y graves irregularidades en que se ha incurrido en las etapas previas —por lo menos así lo han sostenido reiteradamente las defensas— justifican la anulación de lo actuado. Si a pesar de los testimonios y largas argumentaciones escuchados, los acusados son declarados culpables, deberán asimismo determinar si como lo solicita el fiscal que reduce el número de agravios por los que acusa, las penas deben aumentarse.
Junto con muchos argentinos, gobiernos y ciudadanos de las naciones hermanas de América y de las amigas del mundo que durante el conflicto nos apoyaron así como de las que a posteriori volcaron sus votos a nuestro favor en los foros internacionales, esperan este fallo. Hay otras naciones que también lo esperan, aunque por otro motivo.

jueves, 3 de agosto de 2023

Pleito por las Malvinas - Osiris G. Villegas

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

202


En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años.

En el diario La Prensa del día 17 de febrero de 1982, se publicó un artículo del general Osiris G. Villegas, sobre el pleito de Malvinas


Una cuestión de decoro nacional 

Las Malvinas:

pleito improrrogable

por Osiris G. Villegas


El archipiélago de las Malvinas, con una superficie aproximada a los 17.000 kilómetros cuadrados, situado a unos 450 kilómetros de la boca oriental del estrecho de Magallanes, está integrado por dos islas mayores —la Soledad y la Gran Malvina— y otro conjunto de islas menores e islotes, alrededor de 200 en total, de los cuales sólo 36 islas están habitadas.

La población del archipiélago no supera los 1.800 habitantes, cantidad que disminuye en un proceso constante, según cifras estadísticas, y sin posibilidades de reversión natural. De ellos, unos 1.000 son funcionarios del gobierno del Reino Unido o empleados de la Falkland Islands Company, empresa británica, propietaria del 46 por ciento de las tierras útiles del archipiélago.

Las Malvinas son una prolongación de la Patagonia, a cuya estructura geográfica, geológica y climática pertenecen, por emerger en la plataforma continental argentina. Están, pues, unidas indisolublemente con el territorio nacional continental, a través de los fondos marinos con profundidades menores de 200 metros. A esta fundamentación geográfica cabe agregar los títulos históricos heredados de España y los actos administrativos y jurisdiccionales ejercidos por el gobierno de Buenos Aires, a partir de 1810, que son irrefutables. La Argentina tomó posesión de las islas, formalmente, en 1817 mediante el emplazamiento de un destacamento militar.

Las Malvinas fueron descubiertas por navegantes ricos, como lo demuestran las cartas náuticas y planisferios publicados en España en los años 1522, 1523 y 1590, Inglaterra, que ocupa ilegalmente las islas desde 1833, a las que llama “Falkland Islands”, atribuye el descubrimiento al corsario Drake, en el año 1577.


Lo que entraña la usurpación

Esta usurpación trae aparejadas implicancias de distinto orden:

Político:

Ha permitido la injerencia del Reino Unido en el Atlántico Sur y servido de base a la reclamación británica del sector antártico y de las islas Georgias y Sandwich del Sur.

Estratégico:

Sirvieron las islas al imperio británico de apostadero para el control del tránsito naval en el Atlántico Sur, en las dos guerras mundiales. Durante la primera conflagración se libró a pocas millas al sur del archipiélago, una batalla entre una fuerza de tarea naval inglesa y otra alemana. En la segunda, de las Malvinas partieron las unidades navales británicas que persiguieron y encerraron en el Río de la Plata, al “acorazado de bolsillo” alemán “Graf Spee” que fue hundido por su propio capitán, aguas afuera de Montevideo, ante la imposibilidad de eludir el Cerco.

Económico:

El porvenir, en este campo, no está en el territorio insular que alberga alrededor de 600.000 lanares, sino en los recursos renovables y no renovables que proporcionan las aguas y el subsuelo marino adyacentes a las Malvinas, de posible explotación actual y futura.

Esta riqueza está dada por el kelp (algas marrones) que produce alginatos de gran calidad; el krill (pequeño camarón) de alto contenido proteínico, y las cuencas sedimentarias con existencia de hidrocarburos potencialmente importantes.

Seguridad:

Las Malvinas están situadas dentro de la zona de seguridad demarcada por el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), articulado por un principio rector, cuya esencia política preconiza que un acto de fuerza aplicado por un estado no americano a un país americano configura una agresión consumada contra todos los estados americanos. Cualquiera que sea el caso que motive el no cumplimiento de dicho tratado resiente la confiabilidad en su aplicación para la defensa colectiva del continente. La continuación de la ocupación británica de las Malvinas, pese a las resoluciones de las Naciones Unidas, constituye una evidencia de ello, puesto que es una agresión para la Argentina, mantenida a lo largo del tiempo, esto es permanente, sin que tal hecho haya provocado reacción alguna por parte de los países signatarios.


Londres, Santiago y el Beagle

Inglaterra ha soportado presiones políticas y expresiones condenatorias vertidas en los Organismos y otros foros internacionales por su ocupación ilegítima de las Malvinas y su renuencia a devolverlas a la Argentina, su verdadero dueño. Esta retórica no ha impresionado mucho a la diplomacia británica que, de algún modo, se ha sentido acompañada en su conducta, a través de la abstención de las potencias occidentales y. especialmente, de Estados Unidos.

No obstante, a manera de réplica, el gobierno de Su Majestad Británica, al laudar el 2 de mayo de 1977, sobre el área del Beagle sometida a su arbitraje, ha buscado na sólo la presencia de Chile en el Atlántico Sur, proyectándola sobre el arco de las Antillas Australes para debilitar la posición de ia Argentina en la región, sino también colocarla sobre el flanco sur de las Malvinas. De esta manera, ha estimulado a la nación trasandina, a interferir en el pleito, cuestión que ya ha comenzado a manifestarse.

Esta política ha facilitado a nuestro vecino del oeste elaborar un sofisma, conjugado con los intereses de Inglaterra en la región. Chile sostiene ahora que desde el momento en que la reclamación del Reino Unido sobre el sector antártico se funda en su soberanía sobre las Malvinas y sus dependencias, las islas Georgias y Sandwich del Sur, cualquier modificación de esta situación, repercutiría sobre los derechos antárticos chilenos en forma directa, razón por la cual la cuestión del futuro de las Malvinas, no puede ser indiferente para la política exterior chilena.

Las Naciones Unidas

En otro orden de ideas, la asamblea general de las Naciones Unidas ha dictado una serie de resoluciones atinentes al problema en análisis, exhortando a la solución pacífica del diferendo, a saber:

Resolución 1514 (14-XII-1960)

Inspirada en el anhelado propósito de poner fin al colonialismo en todas partes y en todas sus formas; en una de las cuales se encuadra el caso de las Malvinas.

Resolución 2065 (4-1-1966)

Invita a los gobiernos de la Argentina y del Reino Unido a proseguir sin demora las negociaciones respecto a la aplicación de la declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales, a fin de encontrar una solución pacífica al problema, teniendo debidamente en cuenta las disposiciones y los objetivos de la Carta de las Naciones Unidas y de la Resolución 1514, así como los intereses de la población de las islas Malvinas.

Resolución 2621 (12-X-1970)

Frecuentemente traspapelada, “declara que la continuación del colonialismo en todas sus formas y manifestaciones es un crimen que viola la Carta de las Naciones Unidas... y los principios del derecho internacional”.

Resolución 3160 (29-1-1974)

Expresa grave preocupa ción “por el hecho de que han trascurrido ocho años desde la adopción de la Resolución 2065, sin que se hayan producido progresos sustanciales en las negociaciones y añade “su reconocimiento por los continuos esfuerzos realizados por el gobierno de la Argentina, conforme a las decisiones pertinentes de la Asamblea General, para facilitar el proceso de descolonización y promover el bienestar de la población de las islas”. Dos años después, el 15 de noviembre de 1976, insistió la Asamblea en pedir a la Argentina y al Reino Unido la aceleración de las negociaciones bilaterales para encontrar una solución pacífica al diferendo.


Las dos tesis opuestas

A raíz de las resoluciones precitadas y de las negociaciones bilaterales entabladas, cuya sustancia política claramente definida es la disputa acerca de la soberanía sobre las Malvinas, el diferendo ha quedado planteado sobre la base de dos tesis, en franca oposición, esto es:

— Inglaterra se ha aferrado al punto segundo de la Resolución 1514 que expresa que “todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación; en virtud de este derecho determinar libremente su condición política y persiguen libremente su desarrollo económico, social y cultural”. Por «consiguiente Londres mantiene una posición invariable, desde hace más de 20 años, en el sentido de que nada se logrará sin la voluntad y el consentimiento de los habitantes de las Mal vinas. A pesar de ello en el trascurso dela negociación ha expresado distintas ideas, todas inaceptables por la Argentina, como ser: congelar la negociación; mantener el status actual; incrementar el crecimiento demográfico, con asentamiento en las islas de población negra, trasplantada de sus colonias africanas; el arrendamiento o fórmula “Hong Kong”, etcétera.

— Es evidente que esta posición del gobierno de Su Majestad, afirmada en el principio de autodeterminación de los pueblos, no es aplicable al caso Malvinas, cuya población actual, toda de ascendencia británica —descontando 41 argentinos y 39 chilenos— fue en su origen trasplantada de Inglaterra, luego del acto de fuerza usurpador, que desalojó a los legítimos residentes argentinos.

Por su parte la Argentina se apoya en el punto sexto de la misma Resolución 1514 que dice:

“Todo intento encaminado a quebrantar total o parcialmente la unidad nacional y la integridad territorial de un país es incompatible con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas.”

Además la Argentina ha manifestado reiteradamente, que el problema impone que todos los aspectos que se consideren tienen que ser contemplados simultáneamente. En tal sentido nuestra Cancillería sostiene que:

— toda negociación realista sobre las Malvinas y sus dependencias, las islas Georgias y Sandwich del Sur, supone el reconocimiento de la soberanía argentina sobre esos archipiélagos como punto esencial de una solución;

— reiter su compromiso de respetar los intereses de los habitantes de las islas;

— la preservación de dichos intereses debe tener en cuenta su estilo de vida y tradiciones:

— la discusión sobre soberanía es de responsabilidad bilateral directa, esto es de estado a estado, bal cual lo reconocen las Naciones Unidas. Por ende la opinión de los isleños carece de relevancia política, porque en la controversia no juega el principio de autodeterminación y sí el de integridad territorial;

— esta dispuesta a que la Organización de las Naciones Unidas preste las garantías que se consideren convenientes para que sean concretadas las salvaguardas de los intereses de los isleños si fueran necesarias, además de todas las que ofrece el sistema jurídico argentino y los estatutos especiales que puedan negociarse:

— la continuación de los servicios que actualmente se brindan en distintas áreas para bienestar de los isleños, exige la evidencia de una voluntad política británica de avanzar constructivamente, de modo tal que no se constituyan en una prestación estéril respecto a una solución final;

— el no entendimiento configura un obstáculo decisivo para que puedan ser aprovechados los recursos naturales de las islas, cuya falta de explotación resulta una incongruencia para un mundo necesitado de energía y alimentos.


Intereses en el trasfondo

Pero en el trasfondo de esta controversia más que centenaria. de naturaleza política, se mueven intereses de índole económica, en torno al aprovechamiento de la riqueza potencial del mar adyacente a las islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur y del subsuelo marítimo correspondiente (kelp, krill e hidrocarburos). En tal sentido Inglaterra aspira a que primero se establezcan los convenios económicos para la explotación conjunta de los aludidos recursos naturales a fin de considerar luego el problema de la soberanía y, para la Argentina, no es aceptable ningún acuerdo económico si previamente no se resuelve  la cuestión soberanía.

Basta con lo hasta aquí dicho, para poder afirmar que la operatividad de los actos de juridicidad emanados de la asamblea general de las Naciones Unidas tiene un límite, como consecuencia de que el citado organismo carece de la fuerza compulsiva para imponer el derecho cuando no son acatadas sus resoluciones. El caso de las Malvinas pareciera que ha llegado a ese límite. 

Así las cosas,  después de casi dos décadas de negociaciones inconducente, al no haber tenido el éxito esperado en sus metas fundamentales, se ha llegado a una situación en que, Inglaterra, como primera potencia colonial, Estado miembro de las Naciones Unidas e integrante permanente de su más importante órgano político —el Consejo de Seguridad— no puede éticamente continuar reteniendo como colonia, las islas Malvinas; ni la Argentina, por decoro nacional, puede seguir aceptando pacíficamente, que esta parte de su territorio sea mantenida en el status indefinido de tierras irredentas.

viernes, 20 de enero de 2023

Malvinas - Caidos de la Fuerza Aérea el 1° de mayo de 1982

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

En el diario La Prensa, del 30 de abril de 2006, fue publicado en la columna "Política" un artículo sobre los integrantes de la Fuerza Aérea caidos en combate en la guerra de Malvinas. 

Bautismo de fuego de la Fuerza Aérea


Con motivo de cumplirse mañana el 24° aniversario del primer combate de la Fuerza Aérea Argentina se transcriben las circunstancias en que perdieron la vida los 14 integrantes de esa fuerza en la jornada del 1° de mayo de 1982.


A continuación los nombres de los héroes de las Fuerza Aérea Argentina y los detalles de las últimas misiones que debieron realizar en el comienzo de la Guerra de las Malvinas.


Guerra de Malvinas
Capitán Gustavo Argentino García Cuerva, Primer Teniente Mario Hipólito González, Primer Teniente José Leónidas Ardiles, Teniente Daniel Antonio Jukic, Teniente Eduardo Raúl de Ibañez, Cabo Principal Mario Duarte.


Guerra de Malvinas
Cabo Principal Juan Antonio Rodríguez, Cabos Primero: Miguel Angel Carrizo, José Alberto Maldonado, Agustín Hugo Montaño, José Luis Peralta, Andrés Luis Brasich

Guerra de Malvinas
Conscriptos Guillermo Ubaldo García y Héctor Ramón Bordón

Mayor (p.m.) Gustavo Argentino García Cuerva: Fecha de Nacimiento; 28 de febrero de 1946. ULTIMA MISION: Brindar cobertura aérea con el fin de facilitar las maniobras de otras secciones de la Fuerza Aérea Sur.

A las 15.45 se produjo el despegue de la base de Río Gallegos con destino final las islas Malvinas. El entonces Capitán García Cuerva estaba a cargo de la sección denominada “Dardo”, integrada por dos aviones Mirage (M-III). Al Noreste de Puerto Argentino se encontraron con dos aviones “Sea Harrier”. Inmediatamente el Capitán García Cuerva trabó un intenso combate sin consecuencias. Sin embargo, la batalla le había consumido una excesiva cantidad de combustible, pero en vez de eyectarse para luego ser rescatado, decidió realizar un complicado aterrizaje en las islas, donde se produjo su muerte a las 16.38 horas.

Capitán (p.m.) Mario Hipólito González: Fecha de Nacimiento: 06 de Octubre de 1947. 1° Teniente (p.m.) Eduardo Jorge Raúl de Ibañez: Fecha de Nacimiento: 07 de Abril de 1957. ULTIMA MISION DE AMBOS: Ataque a buques situados en Bahía Anunciación. Se decidió utilizar a los MK-62 “Canberra”, un avión bombardero con capacidad de carga de hasta 10.000 libras en su interior. Una formación con tres aviones salió a las 16.20 desde la base aeronaval Almirante Zar (Trelew) con destino final. La formación fue interceptada por una patrulla de Sea Harrier a una distancia aun alejada de sus objetivos y de las mismas islas. Los “Canberra” no eran aptos para mantener una batalla aérea. El avión número dos, tripulado por el primer  teniente González (navegador) y el teniente Ibañez (piloto), fue alcanzado por fuego enemigo produciéndole daños de consideración tal que obligó a ambos oficiales a eyectarse a las 17.04. Desafortunadamente, ninguno de los dos pudieron ser rescatados debido a la desfavorable situación geográfica donde sus almas fueron depositadas. Sus cuerpos se sumergieron en el inmenso y gélido océano encontrando en el mismo el sendero hacia la inmortalidad tras defender orgullosamente la soberanía de su patria.

Capitán (p.m.) José Leonidas Ardiles: Fecha de Nacimiento: 19 de Agosto de 1954. ULTIMA MISION: Ataque a buques situados en Bahía Anunciación y evitar así el desembarco de la Task Force. Siendo las 15.54 se produjo el despegue de Río Grande con destino final: Bahía Anunciación ubicada al norte de Puerto Argentino. El entonces Primer Teniente Ardiles formaba parte de una sección que respondía al indicativo “Rubio”, integrada por dos aviones Mirage M 5 Dagger. Durante el traslado hacia el objetivo el jefe de sección debió regresar hacia el continente por fallas en su aeronave. De este modo el oficial quedaba en soledad para cumplimentar la misión. Al llegar al área ordenada atacó a una fragata que se dirigía a Darwin, impidiendo su misión de ataque. Posteriormente, el radar de Puerto Argentino detectó la presencia de un avión en las inmediaciones. Ardiles, inmediatamente y sin dudarlo, se dirigió a interceptar al nuevo objetivo. Al llegar avistó no uno sino dos Sea Harrier que se encontraban patrullando el lugar. Rápidamente se dio inicio a una breve pero intensa batalla en donde el piloto argentino desplegó toda su gallardía y habilidad. Enfrente, sin embargo, tenía un poderoso rival. Luego de mutuas persecuciones y de algunas maniobras evasivas las dos aeronaves británicas se abrieron en direcciones opuestas quedando el avión tripulado por el Primer Teniente Bertie Penfold en posición favorable para disparar su misil. A las 14.41 recibió un impactó y el Dagger explotó de inmediato sin darle oportunidad de eyectarse, a la altura de la isla Bougainville (Sudoeste de Puerto Argentino).

Teniente (p.m.) Daniel Antonio Jukic: Fecha de Nacimiento: 5 de Junio de 1955. ULTIMA MISION: Repliegue de aviones Pucará que se encontraban albergados en la base aérea militar “Cóndor” en la base aeronaval “Calderón” ubicada en la Isla Borbón. En la madrugada del sábado 1° de mayo las fuerzas británicas habían iniciado un intenso bombardeo aéreo y naval sobre Puerto Argentino con la intención de liberar la zona para realizar el desembarco de sus tropas. En la madrugada del sábado 12 de mayo las fuerzas británicas habían iniciado un intenso bombardeo aéreo y naval sobre Puerto Argentino con la intención de liberar la zona para realizar el desembarco de sus tropas. Definitivamente el próximo objetivo inglés sería la base aérea militar “Cóndor” ubicada en Goose Green. Dicho lugar era el asentamiento de los aviones Pucará, aeronaves diseñadas para operar desde lugares precarios y no preparados. Siendo las 08:31 horas una escuadrilla de Sea Harrier se aproximó a la base y soltaron sus letales bombas de mil libras “Beluga” (bombas de racimo) sobre la pista. Una de estas impactó sobre el avión matrícula A-527, obteniendo como resultado el fallecimiento de Jukic, piloto de la aeronave, y de siete suboficiales.

Suboficial auxiliar mecánico de Pucará, Mario Duarte. Fecha de Nacimiento: 27 de Marzo de 1954.  Suboficial auxiliar de Pucará, Juan Antonio Rodríguez. Fecha de Nacimiento: 6 de Enero de 1953.  Cabo principal Miguel Ángel Carrizo mecánico Pucará. Fecha de Nacimiento: 8 de Agosto de 1958. Cabo principal José Alberto Maldonado, mecánico de Pucará. Fecha de Nacimiento: 3 de Octubre de 1957. Cabo principal mecánico de Pucará, Agustín Hugo Montaño. Fecha de nacimiento: 9 de Agosto 1956. Cabo principal mecánico de Pucará, José Luis Peralta. Fecha de Nacimiento: 2 de setiembre de 1960. Cabo principal mecánico de Pucará, Andrés Luis Brasich, Fecha de Nacimiento: 22 de Octubre de 1960. ULTIMA MISION DE LOS 7 SUBOFICIALES: Asistencia de avión Pucará accidentado en la pista de la base aérea militar “Cóndor” ubicada en Goose Green (Darwin).

Fallecieron en el mismo hecho que el teniente Jukic.

Cabo (p.m.) Guillermo Ubaldo García. Fecha de Nacimiento: 26 de Setiembre de 1963. Cabo. (p.m.) Héctor Ramón Bordón. Fecha de Nacimiento: 2 de junio de 1963. ULTIMA MISION DE AMBOS: Defensa de la Base Aérea Militar “Malvinas” ubicada en Puerto Argentino (Isla Soledad). Murieron en la madrugada del 1° de mayo como consecuencia de un bombardeo inglés.