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sábado, 23 de abril de 2022

El Cabildo en 1806 - Oscar Denovi

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

64 

En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años.

En el periódico El Tradicional  N° 69, de agosto de 2006, se publicó este artículo del Dr. Oscar J. C. Denovi. 


El Cabildo de la Santísima Trinidad en el tiempo crítico de 1806

Por el Dr. Oscar J. C. Denovi


La “Ciudad  de la Santísima Trinidad, Puerto de Santa María de Buenos Aires a veinte y cinco de junio de mil ochocientos seis; Con motivo de haverse presentado a la vista diez velas enemigas al aclarear el día, tocadose, generala, y hecho seña en la Fortaleza con tres cañonazos se juntaron en la Sala de su acuerdos los SS, don Francisco Lesica y don Anselmo Saenz Baliente alcaldes de primero y segundo Voto, y los SS Regidores, don Manuel Mansilla Aguacil Mayor, don José Santos Inchaurregui, don Jerónimo Merino, don Francisco Antonio Herrero, don Manuel Jose de Ocampo, don Francisco Belgrano, y don Martín Gregorio Yanis”. (1)

El libro de los “Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Aires” no tiene más actas posteriores a la transcripta hasta el 13 de agosto, día siguiente de la Reconquista. Los acontecimientos militares que se inician el día 26 de junio, en los que la ciudad cae el 27 en poder de los ingleses, interrumpen la labor normal de dicho Cuerpo colegiado hasta esa fecha. El Cabildo del día 13 de agosto, celebrado con las mismas autoridades mencionadas en el acta del 25 de junio, con el agregado del Síndico Procurador General, trata lo siguiente: “...sobre que haviendo sido reconquistada esta Ciudad el día de aier la energía de nuestras armas, y por medio de una victoria la mas gloriosa, que quiso concedernos el Dios de los Exercitos; era indispensable acordar ante todo y sin perdida de momentos el modo de darle gracias por tan singular beneficio, y los medios de asegurar esta victoria; Y como para ello sea mui propio y aun necesario el concurso de luces y conocimientos de las personas que componen los Tribunales de esta Capital, y demás del estado eclesiástico, militar y civil considerándose este cavildo autorizado para convocar y celebrar un congreso general, en circunstancias de hallarse ausente el Excelentísimo Señor Virrey, y no haverse formalizado el Tribunal de la Real Audiencia: Acordaron los SS. Se convoque a este congreso general... ”(2)

El Cabildo del día 14 de agosto se reúne a las once horas, según la invitación que se cursó el día anterior después de la reunión del mismo. Una gran cantidad de funcionarios judiciales, eclesiásticos, militares y personas destacadas en su carácter de vecinos (ciudadanos) relata el acta de su asistencia a este Congreso. En orden de lo que dice en el acta mencionamos a Benito Lue y Riega, obispo de la ciudad, José Gorvea y Badillo, fiscal de S. M. (su majestad) en el Supremo Consejo de Indias, los SS oidores y fiscales de la Real Audiencia, la totalidad de los funcionarios del Cabildo mencionados en las actas de los días 25 de junio y 13 de agosto. Encontramos en ella varios nombres familiares en nuestra historia tales como: Manuel José de Lavarden, Juan José de Passo, José Darragueira, Joaquín Campana, doctores en Derecho, Cosme Argerich, facultativo, Martín de Alzaga, José Martinez de Hoz, Francisco Thelle Echea, Juan Bautista de Elorriaga, Manuel Ortiz Basualdo, Juan Antonio Lezica, Juan Antonio Santa Coloma, Juan Martín de Pueyrredón, Francisco Antonio Escalada, vecinos, entre muchos otros, de menor repercusión en el presente del público lector. Continúa el acta relatando el desagravio que se realiza al rey Carlos III por haber sido rasgada su imagen, para finalmente encarar la resolución más importante que se refiere a lo siguiente: "Primero: Que el Domingo proximo se asista a la Santa Iglesia Catedral a dar gracias a Dios por el singularísimo beneficio que se acaba de recibir. Segundo: Ofrecer a María Santísima mañana, en su día, quince dotes para quince doncellas, hijas de Buenos Ayres, con preferencia la de los muertos en combate, para que tomen estado según su vocación: pero como esto debe ser sin perjuicio de lo que se ha ofrecido a la Tropa reconquistadora, se deja esto a la prudencia y generosidad de los vecinos. Tercero: Avisar al rey y señalar quien ha de ir, quando, y por donde para que se llegue a S.M. quanto antes la noticia, en que solo se hable de la restauración, de su modo, y por quien: avisar también al Señor Virrey. Cuarto: como las ciudades seran sin duda las primeras deudas, y debe tratarse de su total cumplimiento, ante todas las cosas se resolverá este punto. Quinto: resolver el modo de afirmar la victoria, disponiendo del numero de tropas que necesita la ciudad y su Costa para resistir el esfuerzo que se teme, y aun se asegura que esperaban nuestros enemigos los ingleses; el sueldo que han de ganar, y de donde se ha de pagar por ahora. Sexto: Inventariar todas las provisiones de guerra y de boca que existen, y las que se necesitan para la defensa y la seguridad de esta Metrópoli y su Costa”.

A continuación relata el acta las disposiciones que se adoptan en los seis puntos que se incluyeron en ella, expuestos arriba y ante el reclamo del pueblo combatiente junto a las tropas el día de la reconquista, que había permanecido en la plaza hasta la realización del congreso cuya acta transcribimos, se lee en ella: "Concluidos en esta forma, pidió resolución a instancia del Pueblo sobre quien debia tener el mando de las armas, y se respondio que la Ley tercera titulo tercero libro tercero de Indias determinaba y mandaba, que la Capitania general fuese propia y pribatiba de los SS Virreyes; en cuio supuesto y en el de la misma ley habria margen para satisfacer a los deseos de la Tropa y del Pueblo declarados a favor del Señor don Santiago Liniers, nombrandolo de su Teniente el Excelentísimo Señor Virrey, era de esperar que S. E. condescendiese en dar este gusto a la Tropa, que tan bien merecido lo tenía. Mas no satisfecho el Pueblo manifesto deseos de asegurar mas el mando en el Señor Liniers; se condescendio a sus súplicas, se le ofreció su cumplimiento prometiendolo desde los balcones de la galería de este Cavildo, y se dio comision a los SS don José Gorvea y Badillo Fiscal del Supremo Consejo de Indias, y don Lucas Muñoz y Cuberos Regente de esta Real Audiencia, y don Bénito de Iglesia Sindico Procurador General de Ciudad, para que hablasen con el excelentísimo Señor Virrey Marques de Sobre Monte, sabiendo para ello al camino en el caso de hallarse proximo a esta Ciudad, como se decia vulgarmente. Con lo que se concluyó el acto que firmaron los SS del mui ilustre Cavildo, de que doy fé”. (3)

Sin que los protagonistas lo supieran, se había iniciado el proceso que llevaría a la Revolución emancipadora cuatro años más tarde. Aquí reside la importancia de conocer estos prolegómenos documentados para los argentinos de nuestra época, en el bicentenario de la invasión inglesa de 1806. (*) El Pueblo, ese día catorce de agosto, realizó un acto de soberanía eligiendo su jefe de armas, dos días antes había asumido la defensa de la Patria, reconquistando al lado de su ejército del momento -las milicias mando de Liniers- de un ejército invasor la ciudad Capital de su territorio.

Se gestaba propiamente sin saberlo nadie, “una nueva y gloriosa Nación”.


Notas

(1) Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Aires, Tomo II, (libro LX, foja 171 del libro original, Pág. 263) Libros LIX, LX, LXI y LXII, Años 1805-1807, Publicación del Archivo General de la Nación. Bs. As. 1926. (Se ha respetado la ortografía original lo que se hará en lo sucesivo).

(2) Ibídem...Tomo II, (libro LXI, foja 2 del libro original, Pág. 264/265)

(3) Ibídem...Tomo II, (libro LXI, foja 3 del libro original, Pág. 265/266/267/268 y 269).

(*) La historiografía argentina señala 1806 como la “Primera Invasión Inglesa”.

Esto no es cierto. 1806 es la tercera invasión intentada y frustrada por las fuerzas criollas. 

Invasiones inglesas - Juan Martín de Pueyrredón

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

63 

En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años.

En el periódico El Tradicional  N° 69, de agosto de 2006, se publicó este artículo sobre Juan Martín de Pueyrredón. 

1806 - Bicentenario de la Reconquista - 2006


Los protagonistas (III) Juan Martín de Pueyrredón, ejemplo de coraje criollo

Por el Dr. Insmael Pozzi Albornoz

Pueyrredón



Juan Martín de Pueyrredón.

Ilustración aparecida en la revista La Mujer (1899)






El bautismo de fuego

Pueyrredón se había convertido en el alma de la resistencia al invasor británico, y desde Luján, sin escatimar gastos, impartía todas las directivas necesarias para coordinar una pronta respuesta militar a la ocupación. Inicialmente buscó concentrar la mayor cantidad de jinetes posibles para reforzar en su día a la expedición reconquistadora que desde la otra Banda enviaría el brigadier Ruiz Huidobro, como claramente lo deja ver el jefe de los Blandengues en el informe que elevó al Comandante General de la Frontera coronel Francisco Rodrigo, señalando Antonio de Olavarría que el comerciante criollo actuaba “... como uno de los comisionados por el señor gobernador de la plaza de Montevideo... y que cumplió como tenía ofrecido, con la manutención de su peculio a la tropa, pasándole diariamente ración abundante con buen pan, yerba, tabaco, aguardiente, carne y vino, acreditando al mismo tiempo mucho talento, actividad extraordinaria y singular amor al rey y a su patria”. Sin embargo la dinámica de los hechos pronto determinaría un diferente curso de acción. Desde un primer momento Pueyrredón contó con el apoyo incondicional de todo el pueblo de la Villa, incluidas sus máximas autoridades y así “... el alcalde del ayuntamiento, don José Lino de Gamboa, el alguacil mayor, don Valentín de Olivares, y el sargento mayor don Julián de Cañas, le prestaron su decidido concurso”. Toda esa notable y febril actividad resultaba posible y no era fastidiada porque en razón de su exiguo número los invasores solo podían asegurar su control hasta los arrabales de la capital ocupada, pero no extenderlo a la vasta extensión de la campaña lindera. El 22 de julio los voluntarios recibieron una alentadora noticia por vía de un oficio que desde Montevideo le remitió el jefe de esa plaza, expresándoles que aplaudía su conducta en la ocasión y reafirmando la promesa de auxiliarlos, señalando la playa de los Olivos como punto de desembarco de fuerzas que expediría desde la Colonia; esta novedad tan satisfactoria como inesperada incentivó los esfuerzos haciendo que se multiplicaran. Frente a esa noticia Pueyrredón informó al gobernador oriental que transcurrido un tiempo prudencial y “... para mejor facilitar a nuestros parciales que se hallaban dentro de la ciudad la reunión a nuestras fuerzas me puse en marcha en ese mismo día [31 de julio] para aproximarme algo más, así a la Capital como al punto que V. S. me había designado para el desembarco”.

Cuenta Enrique Udaondo que: “Como esta tropa carecía de bandera, el cabildo le cedió el real estandarte que es el mismo con que se juró esta villa, y no tuvo el cabildo cosa mayor que poder ofrecer en servicio y defensa de la patria”... Antes de encaminarse hacia el enemigo, el pequeño ejército se dirigió al templo para implorar el auxilio divino. El 30 de julio se cantó una misa solemne en honor de la Virgen, con asistencia de todo el pueblo. Terminada la función, todo el concurso desfiló por la villa detrás del real pendón, y en medio de salvas se enarboló el estandarte en el balcón del cabildo, hasta la una de la tarde, hora en que los valientes marcharon para Perdriel”.

En ese sitio (actual jurisdicción del municipio de San Martín) se producirá el primer episodio militar de la gesta de 1806 (1), librándose el 1° de agosto un combate cuyas incidencias con riesgo de vida para Pueyrredón certificó el Cabildo porteño en estos términos: “...llegado con la gente al caserío de Perdriel, distante cuatro o cinco leguas de la ciudad, la noche del 31 de julio, sin haber tenido tiempo para coordinar la defensa de aquel puesto, fueron atacados a la mañana siguiente por un trozo de 670 ingleses con un famoso tren de artillería volante; y después de haber sostenido el fuego por espacio de una hora, se arrojó este valeroso patriota, con unos pocos que le siguieron, sobre el enemigo, logrando matarle algunos artilleros y quitarle un carro cubierto de municiones, que salvó por entre los fuegos de fusil y con inminente riesgo de su vida, la cual hubiera perdido sin duda, por haberle muerto el caballo...” Providencialmente un paisano lo salvará con un gesto que admiró a los británicos y que luego hizo constar el mismo Santiago de Liniers en una certificación oficial: “... atravesado su caballo por una bala de cañón, quedó a pie a muy pocos pasos del enemigo. Su agilidad y fortuna pudieron libertarlo en esta ocasión, pues solo ya enteramente... fue blanco de todo el fuego, hasta que uno de sus compañeros vino y lo sacó en las ancas de su caballo”.

Aunque la victoria fue esquiva para las fuerzas españolas los invasores tomaron clara conciencia de que en adelante su permanencia en estas tierras se les haría sumamente difícil. En cuanto a Pueyrredón, seguido por unos pocos partidarios, se trasladó hasta el vecino puerto de Las Conchas y en un bote cruzó a Montevideo.


La Reconquista

En aquel punto se encontró con Santiago de Liniers también llegado para ofrecer sus servicios a la empresa común de expulsar a los británicos. Problemas de salud impidieron a Ruiz Huidobro comandar la expedición organizada al efecto, cuya jefatura delegó en el marino francés, y éste decide en una de sus primeras resoluciones comisionar a Pueyrredón para que adelantándose a la misma regrese a Buenos Aires y organice aquí toda la ayuda que se le pueda brindar.

Una vez más cumplirá acabadamente con su comisión, y cuando el 4 de agosto aquella tropa desembarcó comienzan a llegar al campamento levantado en San Fernando de Buena Vista cientos de voluntarios, armas y provisiones. Desde este pueblo continuará la marcha reconquistadora que previo paso por San Isidro, la Chacarita y Miserere (actual barrio porteño de Once) llega hasta El Retiro y desde allí, en la épica jornada del 12 de agosto, termina derrotando al ejército de Beresford  tomándolo prisionero.

Revalidando su fama de varón corajudo también en ese día tuvo Pueyrredón una intervención descollante, porque en medio del fuego letal de la fusilería británica cargó al frente de una partida de jinetes que ingresaron a la Plaza Mayor por la esquina de las calles De las Torres (hoy Rivadavia) y Santísima Trinidad (actual San Martín), atropellando a los cuadros del famoso 71° de las Tierras Altas y obligándolo a replegarse hacia la Recova; ocasión en que arrebató un guion de ésa unidad matando a su portador, capturando así el primer trofeo de ese día memorable.

La experiencia adquirida lo convenció de que la caballería resultaba el arma idónea para batirse en una geografía rica en distancias, y cuando en septiembre de 1806 Liniers en su flamante papel de Comandante de Armas convocó a todos los vecinos para que alistándose se organizaran en Cuerpos según su lugar de origen, pudo presentarle al completo un escuadrón de 150 hombres que tomando el número 1° de los de su tipo denominó “Húsares por el Rey y por la Patria Voluntarios”, pero que rápidamente el pueblo identificó precisamente como “Húsares de Pueyrredón”, nombre histórico que se preservó y hoy orgullosamente lleva el Regimiento de Caballería de Tanques 10 de guarnición en Azul (Bs. As.).

Descontándose una nueva intentona por parte de los británicos, visto los refuerzos que durante la ocupación se pidieron al gobernador de Ciudad del Cabo sir David Baird ya que la escuadra del comodoro Home Riggs Popham mantenía bloqueado el estuario, las autoridades virreinales decidieron organizar la defensa militar de la ciudad, pero en tales aprestos no participaría nuestro biografiado pues también se resolvió comisionarlo al exterior.

En efecto, el Cabildo lo consideró idóneo para trasladarse a Madrid a defenderlo allí, visto que su igual de Montevideo pretendía arrogarse el mérito de la derrota de las armas inglesas, reclamando títulos y honores. Algo contrariado, porque su íntimo deseo era permanecer aquí y al frente de su escuadrón colaborar en la defensa ante la nueva invasión que se anunciaba, partió rumbo a España. Para ello burló primero el bloqueo de las naves de Popham llegando a Colonia, desde allí en diecisiete días cubrió 750 kilómetros hasta Río Grande do Sul y, finalmente, alcanzó Bahía desde donde zarpó. A fines de mayo de 1807 se presentó ante la corte y gestionó una audiencia con el Rey, pero solo obtuvo una con el todopoderoso primer ministro Manuel de Godoy quien lo escuchó sin demasiado interés; visto lo cual insistió hasta ser recibido por Carlos IV que reconociéndole el grado militar lo habilitó para llevar adelante el asunto encomendado.

Pero los sucesivos acontecimientos de la Península, que arrancando con el motín de Aranjuez culminaron con la invasión francesa a la misma y el alzamiento popular del 2 de mayo de 1808, lo persuaden de regresar en el convencimiento de que la monarquía borbónica había caducado, iniciándose el tiempo de emancipación de sus dominios americanos. Estas ideas las dejó traslucir en papeles y cartas que fueron interceptadas al llegar aquí, motivando que el influyente Martín de Álzaga solicitara al nuevo gobernador de Montevideo, Francisco Xavier de Elío, la detención de Pueyrredón apenas arribara a ese puerto, lo que se produjo el 4 de enero de 1809. Trasladado preso a Buenos Aires con el anuncio de ser remitido nuevamente a España para ser juzgado allí, escapó de su prisión rumbo a Río de Janeiro. Se inició entonces una etapa azarosa de su vida signada por la reivindicación de sus ideas independentistas y la constante persecución de la autoridad virreinal encarnada ahora en la figura de Baltazar Hidalgo de Cisneros, y que solo finalizará con la deposición del español el 25 de mayo de 1810.

Una vida consagrada a la libertad triunfante el movimiento revolucionario que instaura a la primera Junta de gobierno patrio, Pueyrredón comienza a prestar valiosos sucesivos servicios en importantes funciones públicas. Así, en ese mismo año es designado primero gobernador  intendente de Córdoba y luego de Charcas; en ejercicio de este último cargo lo sorprende el desastre de Huaqui, por el que se perdería el Alto Perú, y a sabiendas de que sin dinero no hay guerra que se solvente marcha a Potosí y en una arriesgada maniobra logra capturar todos los caudales de su Casa de Moneda trayéndolos consigo.

Acéfala la jefatura del Ejército del Norte a ella es destinado, iniciando una esforzada labor de reorganización que agrava los problemas de salud que padecía. Contrae paludismo y pide su relevo, siendo reemplazado por Manuel Belgrano, pero también es llamado a Buenos Aires para sustituir en el Triunvirato a Juan José Paso que había concluido su mandato. En este ejecutivo la figura dominante de Bernardino Rivadavia generaba, por sus ínfulas y soberbia, un rechazo cada vez más fuerte, y la sangrienta represión de la llamada “Conspiración de Álzaga” con su secuela de decenas de ejecutados (2) sumada a la orden que Belgrano recibe de no presentar batalla a los realistas y que desobedece alcanzando el triunfo de Tucumán, terminan por provocar la tumultuosa caída del gobierno, marchando Pueyrredón desterrado a San Luis.

Allí conoce a José de San Martín, designado gobernador de Cuyo, compra una finca, “La Aguada”, recupera su salud y es padre de Virgina, fruto de sus amores con Juana Sánchez. Seguirá esperando un perdón político que solo llegó en 1815 cuando Carlos de Alvear lo indulta al hacerse cargo del Directorio Supremo. Entonces retorna a Buenos Aires y oficializa su relación con María Calixta Tellechea casándose con ella en el mes de mayo, y adquiriendo a la testamentaría de su difunta suegra la chacra “Bosque alegre” en San Isidro, sede del museo que hoy lleva su nombre.

Luego, vertiginosamente, vendrá su elección como diputado al Congreso de Tucumán, el nombramiento de Director Supremo que lo convierte en el primer gobernante de la flamante nación independiente, su asistencia generosa al Libertador que le permite concretar el cruce delos Andes, y las gestiones por el dictado de una constitución finalmente aprobada en 1819, pero que fracasa por su carácter centralista y lo lleva a presentar su renuncia al cargo. La anarquía sobreviniente lo arroja nuevamente al exilio hasta 1821, y dos años después nace su único Prilidiano llamado a ser uno de los más grandes pintores argentinos del siglo XIX. Salvo un fugaz paso por la gestión pública integrando el Consejo Militar durante la administración de Rivadavia, se refugia por completo en su familia. Con ella viajará en 1835 a Europa radicándose en Burdeos y luego, en 1840, al Brasil. Cuatro años después regresará al viejo mundo, para residir en París.

Pero la nostalgia de la patria ausente lo hace retornar definitivamente y el 13 de marzo de 1850 muere en San Isidro este patricio insigne, el primero que mostrara a un invasor extranjero lo que puede el coraje que anida en el alma criolla.


(1) En atención a que el relato del combate de Perdriel cierra esta serie de notas dedicadas a recordar el bicentenario de la Reconquista, lo narraremos en detalle en el número de diciembre de “El Tradicional”.

(2) Al respecto véase nuestra nota “El turbulento julio de 1812. Un mes plagado de conspiraciones, destierros, sabotajes y espías”, aparecida en el N° 53 de julio de 2004 de este periódico, p. 10 y 11.

jueves, 31 de marzo de 2022

La justicia colonial y los esclavos

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

62 

En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años.

En el periódico El Tradicional  N° 64, de febrero de 2006, se publicó este artículo sobre el acceso de los esclavos a la Justicia.


Justicia negra

Por Daniel Claudio Zorrilla

Aún desde antes de la Real cédula que en 1791 autorizara la introducción de esclavos negros en las colonias españolas y hasta el repentino proceso que en el corto lapso de cincuenta años produjo, de manera no tan comprensible, su total y absoluta desaparición; en la sociedad rioplatense existió una considerable y hasta numerosa población esclava negra, con los vaivenes que señalaron la libertad de vientres declarada por la Asamblea del año 1813, el tratado que en 1840 terminó con el tráfico esclavista y finalmente el dictado de la Constitución de 1853 y la variopinta mestización consiguiente (zambos, pardos y mulatos). Todos ellos vivían en aquél Buenos Aires de antaño una especial situación dado que no eran destinados a tareas forzosas e inhumanas como ocurría en otras partes de América y del mundo, en ingenios y plantaciones azucareras, tabacaleras y algodoneras. Lo más frecuente era que fueran dedicados, a más del servicio doméstico, al aprendizaje de algún oficio y, ya en dominio de esta habilidad, a realizar trabajos para aquellos que solicitaban sus servicios, produciendo así una lucrativa ganancia para sus amos quienes amortizaban lo invertido en su compra en no muchos años, lo cual era considerado el salario que el esclavo debía oblar a su amo. Era, en muchos casos, el medio de subsistencia de su dueño especialmente cuando ésta era una mujer soltera. También se los alquilaba, aumentando así las rentas que recibían sus propietarios.

Esto que fue muy común para la época de la creación del virreinato (1776) provocaba ciertos abusos como consecuencia de la mucha liberalidad que el sistema de alquiler daba a los esclavos, desinteresándose sus dueños rentistas por el modo o lugar donde pasaban aquellos su tiempo.

En la campaña en tanto, la ocupación principal de los esclavos eran las faenas de campo, la agricultura y la ganadería, conchavo ésta que exigía un trabajo menos intenso y denigrante que la cosecha del algodón o el azúcar en el caribe, el Brasil o los Estados Unidos (donde vivían en barracas, algunas veces hasta encadenados, con una escudilla de magra comida diaria y con laboreo de sol a sol, casi sin descanso). Aquí en el extremo sur trabajaban como peones asalariados junto a los negros y mulatos libres, los mestizos y los blancos, diluyéndose los distingos entre ellos. Convertirse en gaucho era una de las experiencias más liberadoras para un esclavo, pero a veces se tornaba peligrosa para el conjunto social, a tal punto que debió ponerse en vigencia una legislación especial contra los “negros alzados o cimarrones” que se dedicaban a delinquir. Se concluye entonces que, si bien los negros esclavos eran de la pertenencia de su patrón e integraban su fortuna (como señaló Paul Groussac en su biografía de Liniers) la vida en esclavitud en estas comarcas no era comparable a la sufrida y padecida en otros sistemas, atendiendo claro está a los usos, creencias y convenciones sociales de la época. Tales circunstancias produjeron en la colonial ciudad de la Santísima Trinidad, nuestra Buenos Aires, que los esclavos pudieran inclusive acceder a la justicia, hecho impensado en otras sociedades esclavistas. Pese a que este acceso era, en general, restringido a pocas personas, primordialmente pertenecientes a la clase principal, otros sectores pudieron, en menor medida, lograrlo, y entre ellos, también los esclavos. Si bien fuera en forma excepcional, restringida y contando con la autorización de sus amos la que podía ser suplida con la representación del Defensor General de Pobres. Vemos entonces que las más de las veces eran éstos acusados o reclamados por personas libres o por otros esclavos y debían defenderse; pero en ocasiones podían asumir el rol de demandantes aun en contra de sus propios amos, sobre todo en caso de castigos excesivos o restricciones inhumanas, registrándose situaciones como las de doña Clara Echenique, que en 1785 azotó a su esclava Francisca atada a una escalera y la mantuvo luego engrillada y en ayunas durante tres días, por lo que tuvo que ser hospitalizada (AGN).

De esta judicialidad da noticia y ejemplo este caso de 1808 en que Luis Antonio, esclavo del Real Colegio de San Carlos, solicita se justifique su reticencia y se le otogue “papel de venta”. En razón del exceso incurrido en el castigo, que su patrón el rector del colegio, intentaba aplicarle.

“q.e me manda vajase los calzones p.a castigarme (por q.e después de dar cumplim.to alas obligaciones en q.e me tiene emplead salgo a adquirir p.a ponerme un trapo y p.a mi muger y mantener mi vicio: que nada de esto me sufraga, ni permite él q.e lo busque) yo, aunque infeliz de oscuro nacim.to tengo vergüenza, y mi edad y estado, no permitio obedecer a su injusto mandato”

Don Luis de Chorroarín, a la sazón el rector, acusa al esclavo de andar como libre, sin sujetarse a su autoridad y ausentándose sin permiso: “A este extremo llego la desvergüenza de este negro: y tanto ha sido menester p.a.q.e yo me resolbiese a mandar a baxar los calzones p.a q.e otro negro le diese unos azotes. No suplicó, hizo desmostración alguna de sumisión, sino q.e paladinam.te me dixo q.e no se dexaba castigar, porq.e no tenía delito...” y continúa con esta advertencia:

“En visto delo expuesto espero que V:S: tome una provd.a q.e contenga los excesos de los negros del Colegio, á q.e alcanza mi autoridad, por haberse puesto en un pie de insubordinación q.e los hace no reconocerla. Ya tengo en trato otro negro por no poderlo sobrellevar: y el mejor negro del Colegio se halla en el mismos estado de insubodinación q.e este. Estas son consecuenquencias dela disolución del Colegio, y seran mucho peores si este negro sale bien con esta burla q.e ha intentado y...me parece q.e se le deben castigar sus delitos aunque no sea mas q.e por el fin parcial del escarmiento de los demas, y p.a cohibir la insolencia de los esclavos q.e toca en lo mas alto q.do no contentos en desobedecer a los amos, se avansan a calumniarlos ante las autoridades como ha hecho este conmigo...”

(AGN, Tribunal Civil D-2, expediente.2; ídem. Íd, fs.656 y vta.; dem, íd., fs.658; íd.íd., fs.660 y vta.)

La participación activa de los esclavos en la Reconquista de la ciudad, junto a los hombres libres, en 1806 (de la cual en este año se conmemorará el bicentenario) acentuó su afán por manejarse como libres y defender su dignidad. Estos podían entonces en el Buenos Aires colonial, demandar judicialmente, ante el Alcalde o Juez, frente a un abuso o avasallamiento cometido en su contra, violando la reglamentación del trabajo que debían realizar o las obligaciones que les debía sus amos.

Este solo caso, entre una innumerable cantidad de otros similares vale como ejemplo de que la incipiente protojusticia Argentina despuntaba así su posterior amplitud y grandeza de principios.

jueves, 24 de marzo de 2022

Invasiones inglesas - Estandarte con la imagen de la virgen

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

60 

En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años.

En el periódico El Tradicional  N° 64, de febrero de 2006, se publicó este interesante artículo. 


Las Invasiones Inglesas al Río de la Plata

LA VERA IMAGEN DE LA VIRGEN EN EL ESTANDARTE REAL DE LA VILLA DE LUJÁN
Por el Dr. Guillermo Palombo

Todos los elementos de información de que dispongo concuerdan que en la noche del 21 al 22 de julio de 1806 llegaron a las plazas de San Isidro, procedentes de Montevideo, Juan Martín de Pueyrredón y algunos amigos suyos, con un exhorto o proclama del gobernador de aquel punto, Pascual Ruíz Huidobro, dirigido a los pobladores de la campaña de Buenos Aires, convocándolos a alistarse a las órdenes de sus enviados, aprontándose para apoyar la expedición que, al mando del capitán de navío Santiago Liniers, salió de Montevideo el día 22 en auxilio de los habitantes de Buenos Aires, ocupada por el ejército británico. Pueyrredón y sus amigos se dirigieron a la frontera para iniciar la recluta de voluntarios y establecieron su campamento en la villa de Luján. El día 29 o el 30 de junio de 1806 se cantó una misa solemne en la iglesia de Luján, el cabildo enarboló en el balcón consistorial el estandarte real de la villa, y el cura párroco lo entregó al sargento Tomás de la Rubia (Cayetano Bruno: Historia de la Iglesia Argentina, Tomo VII, Buenos Aires, 1971, pág. 86) y las fuerzas iniciaron su marcha hacia la costa para esperar el desembarco de Liniers que estaba en Colonia, o, según otras fuentes, se dirigieron al campamento de Perdriel.

Museo del Circulo Criollo El Rodeo





Estandarte con la imagen de la Virgen de Luján




Museo del Círculo Criollo El Rodeo







Don Enrique Udaondo refiere que los primeros contingentes reclutados por Juan Martín de Pueyrredón en julio de 1806 no tenían un estandarte que les sirviera como símbolo de reunión, por lo que el cabildo de la villa de Luján les ofertó y entregó, para ese efecto, su estandarte real, tal como consta en el libro de acuerdos de dicha corporación, donde se dejó constancia que dicho estandarte “es el mismo que se juró en esta villa y no tiene este cabildo cosa mayor que pueda ofrecer en servicio y defensa de la Patria, pues por un lado iban las armas de nuestro católico monarca y del otro el retrato de la Purísima Concepción de María” (La Villa de Luján en los tiempos de la Colonia y en la Época de la República, Luján, 1927, pág. 15). Por otra parte, del primer libro de acuerdos del cabildo de Luján surge que al momento de su erección como Villa se nombró y juró solemnemente como patrona a la Virgen de Luján, y que por esa razón su real estandarte, de damasco carmesí, lleva de un lado las Armas Reales y del otro la imagen de la patrona de la villa, bordadas por las monjas del Convento de Santa Catalina, en Buenos Aires, por encargo de Juan de Lezica y Torrezuri (Enrique Udaondo: Reseña Histórica del Monasterio de Santa Catalina de Sena, Buenos Aires, 1945, pág. 45).
¿Cómo era el estandarte real de la villa de Luján?
Hace un año, las autoridades del Círculo Criollo El Rodeo me consultaron para establecer la naturaleza de un estandarte que se guarda en su museo: es de fondo blanco y ocupa todo su campo una imagen bordada de la Virgen de Luján sobre la cual hay una corona real. Según una versión recogida, se habría tratado del estandarte usado por las fuerzas que acompañaron a Liniers en las jornadas de la Reconquista, en 1806. Pero al ver el estandarte, no me fue difícil reconocerlo como el mismo que puede apreciarse en una pintura existente en el Museo de Luján, mandada ejecutar por don Enrique Udaondo en el tiempo que fuera su director: en dicho cuadro aparecen en primer plano unos jinetes frente al cabildo de Luján, en tiempos de las invasiones inglesas, y uno de ellos porta el referido estandarte, que no era otro que el estandarte real de la villa.
Sin embargo, el estandarte original de la villa era distinto. Basta para ello reparar en la imagen de la réplica de dicho estandarte que reproduzco como ilustración: es de fondo carmesí, y la imagen de la Virgen es distinta de la que aparece en el estandarte del Círculo El Rodeo.
Esta última nos presenta la imagen de la Virgen de Luján tal como es en la actualidad, pero la otra es distinta y condice con la descripción que de la misma hiciera en 1885 el P. Jorge María Salvaire, reproducida por Monseñor Juan Antonio Presas: “La imagen de Nuestra Señora de Lujan es pequeña en altura: mide unas diecisiete pulgadas. Sus facciones son menudas, pero bien proporcionadas. El rostro es un óvalo. El semblante modesto, grave y al mismo tiempo dulcemente risueño [...] La frente es espaciosa; los ojos grandes, claros y azules; las cejas negras y arqueadas; la nariz algo aguileña, la boca pequeña y recogida, los labios iguales y encarnados cual rosa, las mejillas sonrosadas. Mira un tanto hacia la derecha. El color del rostro aunque muy agraciado, es un tanto amorenado. Tiene sus delicadas manos, asimismo bien formadas, juntas y arrimadas al pecho, en ademan o movimiento de quien humildemente ora. El ropaje de la talla se compone de un manto de color azul, hoy muy amortiguado, sembrado de estrellas blancas, debajo de dicho manto aparece una túnica de color encarnado. Los pies de la Santa Imagen descansan sobre unas nubes, desde las cuales emerge la media luna, que tradicionalmente se pone debajo de las plantas de la Virgen Inmaculada, y luego como jugueteando inocentemente entre aquellas nubes, descuellan cuatro graciosas cabecitas de querubines, con sus pequeñas alas desplegadas de color ígneo...”. Se trata de una referencia fehaciente que disipa cualquier incertidumbre (Nuestra Señora de Luján en el Arte, Florida, Ediciones Paulinas, 1981, págs. 13-15).
Ya en los lejanos años de doña Ana de Matos, la sagrada imagen original típicamente paulista de la Virgen de Luján, fue vestida ocultando el ropaje primitivo, debió ser recubierta en 1904 con planchas de plata para evitar la desintegración de la arcilla de que está fabricada. Pero antes de proceder a esa operación se tomaron varias fotografías como la que Monseñor Presas reproduce en la página 17 de su libro. Todas estas pruebas dan como resultado que la imagen original de la virgen coincide con la descripción del P. Salvaire y con la imagen bordada en el estandarte real de Luján es el de la imagen original de la virgencita, tal y como la describió el P. Jorge María Salvaire en 1885.



Imagen de la Virgen de Luján bordada en el estandarte real de la Villa de Luján

Réplica en el Museo de Luján






Con posterioridad, al formalizarse el cuerpo de Voluntarios Patriotas o Húsares de Pueyrredón, dicha unidad devolvió al cabildo de Luján su estandarte real y adoptó uno propio, que fue bendecido en la Catedral de Buenos Aires, por el obispo, el 21 de septiembre de 1806 como lo consignan Juan Manuel Beruti (Memorias curiosas, en Senado de la Nación: Biblioteca de Mayo, tomo VI, pág. 3.680); el anónimo Diario de un Soldado (Buenos Aires, 1960, pág. 67) y una certificación otorgada por Santiago de Liniers del 4 de octubre de ese año, publicada por el Museo Mitre(Documentos del Archivo de Pueyrredón, tomo l, págs. 54-55) en que se da cuenta que en el referido día “se bendijo y enarboló el real estandarte de dicho primer escuadrón”, que debió ser de iguales medidas a las de los cuerpos de Ejército, de damasco carmesí, y en su centro el escudo de las Reales Armas bordado de plata, sobre cuya cabeza debía inscribirse la leyenda “Voluntarios de Caballería de...”, tal como lo disponía para los regimientos de caballería el artículo 4 del Capítulo IX del Reglamento para las milicias disciplinas de infantería y caballería del virreinato del Río de la Plata, del año 1801.
El estandarte que conserva el Círculo Criollo el Rodeo reproduce la imagen de la Virgen de Luján con su ropaje moderno que cubre el antiguo, tal como se ve en el cuadro que menciono al principio, y no es por lo tanto la imagen original de la Virgen tal como fue bordada por las monjitas catalinas en el estandarte real de la villa, pero no obstante ello tiene méritos suficientes como para que luzca, por título propio, al frente delos desfiles tradicionalista que habrán de conmemorar este año la gesta patriótica de aquellos paisanos de 1806, que la tradición se encargó de transmitido y la historia ha perpetuado en los anales argentinos.

martes, 22 de marzo de 2022

Pacto del Pilar - Oscar Denovi

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

59 

En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años.

En el periódico El Tradicional  N° 64, de febrero de 2006, se publicó este artículo del Dr. Oscar Denovi. 


El Pacto que no rigió de "Iure" pero lo hizo de "Facto"

Por el Dr. Oscar Denovi  


Oscar Denovi
Al finalizar la década iniciada en 1810, la guerra civil que había principiado entre 1814 y 1815 en diversos puntos de la geografía patria, insinuaba su prolongación en las Provincias Unidas del Río de la Plata, después de un largo período de levantamientos en contra de Bs.As. Los bandos en pugna estaban dispuestos a todo. Los unitarios de Buenos Aires, tozudamente, a imponer su forma de ver la conducción del país y la cultura y sentido filosófico de la vida política, con la supremacía de la ciudad portuaria, y las ideas en ella desarrolladas, habían consumado la organización unitaria en el papel, sancionando la Constitución de 1819. Las provincias rechazan dicha constitución unitaria (con cierto sesgo aristocrático y corporativo) y dicho rechazo provoca el inicio del descabezamiento del régimen directorial, al promover la renuncia de Pueyrredón. 

Además de su identificación con los intereses portuarios, sostenedores del unitarismo, Pueyrredón para desembarazarse del “Protector de los Pueblos Libres”, cabeza visible durante la mayor parte de la década del bando federal, había favorecido, por omisión o activamente, la invasión portuguesa de la Provincia Oriental en 1817. Los mecanismos sustentadores del poder porteño -que habían sostenido el esfuerzo de guerra por la independencia con sus incontables recursos- comenzaban a brindar el chirrido propio de los engranajes oxidados.

La caída de Pueyrredón -advirtió que su sector político social, (la burguesía comercial porteña) estaba derrotado, que era imposible sostener una situación que más tarde o más temprano terminaría en aplastamiento del puerto por el interior- verdadera causa de su renuncia desde una perspectiva interpretativa, se continuaría en acontecimientos opuestos al pensamiento y sentimiento que abrazaban los hombres que lo acompañaron desde 1816 (había sido nombrado por el Congreso de Tucumán), y que su proyecto monárquico de coronación del príncipe De Luca, tratado con Lafitte en Buenos Aires, donde éste había sido destacada como agente, jamás llegaría a buen puerto.

Su renuncia, (22/4/1819, aceptada por el Congreso el 9/6/1819) era parte de una avalancha de acontecimientos que habían comenzado en 1818 con la reanudación de la guerra por la liberación de Santa Fe (Santa Fe dependía de Buenos Aires, nominalmente desde 1814, en que comenzó su gesta libertadora) lo que motivó al Directorio a impartir la orden de retroceder hacia Córdoba al Ejército del Norte, que queda inmovilizado después de ser neutralizado en Fraile Muerto por las fuerzas santafesinas de López, que a su vez, en una guerra de recursos (guerrillas) hacen lo propio al ejército de Ramón Balcarce, en el sur de la provincia (Rosario). El plan original era que Balcarce atacaría al “Patriarca de la Federación” por el Sur, y Bustos, el jefe del otro ejército, desprendido del Ejercito del Norte, lo hiciera por el Oeste. López, con esa ventaja militar, logra con Belgrano el armisticio de San Lorenzo (12/2/1819) (1). Pero otros acontecimientos se suman a la avalancha: El coronel Bernabé Aráoz se subleva en Tucumán (11/11/1819) y aprisiona a Belgrano. Rondeau, sucesor en el Directorio desde junio, ordena a San Martín repasar los Andes y traer el ejército, pero la renuncia del Gran Capitán 21/6/1819, ratificada luego el 4/9/1819, después de aceptar una licencia (julio de 1819) otorgada por Rondeau ante su primera renuncia, desbarata la intención de contar con ese ejército para contener a los litorales. Los hechos desfavorables se acrecientan con la sublevación del Ejército del Norte en Arequito, 8/1/1820, cuando se dirigía a Buenos Aires en sus tramos finales, y terminarán por arrollar a los porteños en Cepeda -la batalla de un minuto- el 1/2/1820, (2) en momentos en que se había concretado la invasión de la provincia directorial, por fuerzas santafesino-entrerrianas al mando de Ramírez y López – la avalancha había terminado con el reinado porteño como poseedor del Gobierno Nacional, gobierno incapaz a lo largo de la década, de comprender la realidad de su cuerpo, que eran las provincias.

Después de diversas alternativas, en la que tiene papel político el Cabildo de Bs.As. es nombrado Sarratea gobernador, frente al general Soler, cuyas inclinaciones políticas hacia los federales lo tornan desconfiable para esa burguesía que pretendía mantener los privilegios económicos que le daba el puerto.

Los triunfadores de Cepeda pretendían obtener de Buenos Aires la identificación de la provincia con el rumbo del movimiento del que sus territorios -Entre Ríos, Santa Fe y la Banda Oriental- formaban parte y se constituían en intérpretes de la Nación entera, dadas las manifestaciones mas o menos concordantes de los pueblos (3) de otras provincias.

Así se concreta el Pacto de la Capilla de Pilar, del 23 de febrero de 1820.

Dicho pacto estableció: 

En su Art. 1° “que el voto de la Nación, especialmente las provincias de su mando, se han decidido por la forma de gobierno de la federación, que de hecho admiten. Pero que debiéndose declarar dicha forma por diputados libremente elegidos por los Pueblos, se someten a sus deliberaciones. Elegidos dichos diputados por cada provincia, deberán reunirse las tres dentro de los sesenta días, en el convento de San Lorenzo, Pcia. de Santa Fe....y como están persuadidos que todas las Provincias de la Nación aspiran a la organización de un gobierno central, se comprometen a invitarlas y suplicarles concurran con sus diputados...

En su Art.2° “Allanados todos los obstáculos entre las Provincias de Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe, en una guerra cruel y sangrienta por la criminalidad de los malos hombres que habían usurpado el mando de la Nación.....cesarán las hostilidades desde hoy, retirándose las divisiones beligerantes de Santa Fe y Entre Ríos a sus respectivas Provincias.”

En su Art. 3° “Los gobernadores de Entre Ríos y Santa Fe por sí y a nombre de sus Provincias, recuerdan a la heroica Provincia de Buenos Aires, cuna de la libertad de la Nación, el estado difícil y peligroso, a que se ven reducidos aquellos pueblos hermanos por la invasión con que lo amenaza una potencia extranjera, que con respetables fuerzas oprime la Provincia aliada de la Banda Oriental, aguardan de su generosidad y patriotismo auxilios proporcionados a lo arduo de la empresa...

En otros artículos se pedirá someter lo convenido a Artigas para su definitiva aprobación y se solicita someter a juicio a la “antecedente administración... por la repetición de crímenes con que se comprometía la libertad de la Nación”.

Hemos destacado en negrita los párrafos más significativos de los artículos transcriptos. En ellos, omitiendo algunos términos en razón de una economía de espacio, hemos respetado el lenguaje utilizado, para mejor comprensión de la voluntad de los redactores. Obsérvese que el concepto de Nación esta sólidamente instalado en los actores, y por consiguiente en los suscriptores del Pacto, o en los asesores de Sarratea, (López y Ramírez, gobernadores de las provincias, fueron los que impusieron los términos del pacto). El documento tiene más artículos que omitimos por las mismas razones expuestas más arriba.

Ver en el Nro. 63 de “El Tradicional” nuestro artículo sobre el Pacto Federal, lo que permitirá comprender mejor la situación política argentina en los años que van del 20 al 30 del siglo XIX. Del mismo modo, en el Nro. 62, las condiciones generales de los porteños respecto de los hombres del interior.

El Pacto no se cumplió. Ramírez entró en lucha con Artigas, al parecer disgustado porque se solicitaba la ayuda de Bs. As. (Art.3°) en vez de imponérsela, en circunstancias muy desfavorables para el oriental, pues un error estratégico lo llevó a librar batalla con los portugueses en Tacuarembó, perdiendo en ese terreno la totalidad de su ejército de 3.000 hombres. Por lo tanto fue derrotado por el entrerriano.

Luego, no sin la presencia insidiosa de Buenos Aires, que alentó sus ambiciones políticas, Ramírez creó la República de Entre Ríos, de efímera duración, ya que también se volvió contra López, siendo finalmente derrotado en Córdoba.

El Pacto de Benegas, de ese mismo año de 1820 (24/11), se propuso continuar lo que con Pilar no se había podido concretar, pero esto es otra historia para otra entrega.

NOTAS

(1) “Para esta guerra ni todo el ejército de Jerjes es suficiente. El ejército que mando no puede acabarla, es un imposible; podrá contenerla de algún modo; pero ponerle fin no lo alcanzo sino por advenimierito. No bien habíamos corrido a los que se nos presentaron y pasamos el Desmochado, que ya volvieron a situarse a nuestra retaguardia y por los costados. Son hombres que no presentan acción ni tienen para qué. Los campos son inmensos y su movilidad facilísima, lo que nosotros no podemos conseguir marchando con infantería como tal. Por otra parte, ¿de dónde sacamos caballos para correr por todas partes y con efecto?¿de dónde los hombres constantes para la multitud de trabajos consiguientes, y sin alicientes, como tienen ellos? Hay mucha equivocación en los conceptos: no existe tal facilidad de concluir esta guerra; si los autores de ella no quieren concluirla, no se acaba jamás: se irán a los bosques, de allí volverán a salir, y tendremos que estar perpetuamente en esto, viendo convertirse el país en puros salvajes.”

Carta del Gral. Manuel Belgrano al Directorio. Historia de Belgrano por Bartolomé Mitre. Bs. As. Ed. Estrada 1947, tomo IV Pág.25.

El bravo creador de la Bandera, comprendía que no estaba luchando contra un ejército, sino contra un pueblo. Lástima que llegaría a ese entendimiento algunos meses antes de morir, y su última expresión ¡Hay Patria mía! pareciera entre otros significados decirnos a la posteridad, de cuántos desencuentros trágicos en esos años de la Patria, entre argentinos, y cuánta era la contumacia de la dirigencia porteña.

(2) Así la denominó José María Rosa. Se combinaron dos elementos para que así fuera. Las fuerzas de Buenos Aires eran novatas, sin experiencia en combate. Ramírez, un montonero del que no se esperaba grandes maniobras estratégicas, maniobró y colocó su caballería a espaldas de la caballería de Rondeau. Producido el ataque la caballería bonaerense sorprendida de serlo por la espalda, huyó del campo de batalla. Balcarce pudo salvar la infantería, que quedó escondida en una hondonada, fuera de la vista de las tropas federales, y las condujo a San Nicolás.

(3) Los pueblos, no eran el sustantivo abstracto del pensamiento francés del Enciclopedismo, sino las villas y ciudades y los núcleos rurales. Eran una realidad social, es decir un sustantivo que denominaba algo concreto.

domingo, 28 de noviembre de 2021

Fermín Chávez. Ángel Vicente Peñaloza

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

46 





En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años.

En el periódico El Tradicional  N° 69, de agosto de 2006, se publicó este artículo sobre un reportaje realizado a Fermín Chávez, sobre el Chacho. 




FERMÍN CHÁVEZ
General Ángel Vicente Peñaloza

Por Héctor García Martínez   


Usted me comentó que hace poco estuvo en La Rioja y como esto va para “El Independiente” de esa provincia, sé que usted escribió un libro sobre El Chacho...

F. Ch: “Sí, “Vida del Chacho”, en 1963, para el centenario de su muerte...”

Quisiera que me hablara del Chacho, y después del papel de los caudillos en la historia argentina.

F Ch: “Vamos a comenzar al revés. Volviendo a aquello del concepto amplio de cultura, los caudillos son un hecho cultural. Esto quizás les va a chocar a muchos, pero es un hecho cultural porque el caudillo no hace más que recoger los sentimientos de su pueblo. Por lo tanto representa una manifestación de cultura y a menudo en la historia argentina representa una respuesta a las ideas, a la cultura yo diría de importación, para darle un nombre. Son esos dos mundos opuestos culturales, que lucha y aún hoy se enfrentan en la historia argentina. Esto es un hecho comprobado, no estamos haciendo ningún maniqueísmo histórico, son los hechos.

Los caudillos desde Mayo de 1810, representan con el primer caudillo de la Revolución de Mayo, que es José Gervasio de Artigas, constituyen la encarnación de toda una cultura popular, de toda una tradición porque la cultura es tradición, esta es la diferenciación que hacemos con la concepción cultural que aún está en vigencia en nuestro estado, que rompe con la tradición. Por lo menos trata de romper, porque es imposible romper con la tradición, es una utopía, pero de todas maneras se intenta romper con ella. El pueblo nunca rompe con la tradición. La cultura popular está basada, más que en ideas, más que en la razón en creencias, en la fe, sentimientos. Es la cultura transmitida oralmente de padres a hijos, a nietos. Esta es la cultura que representan los caudillos y no es de extrañar que tomen determinadas actitudes políticas, porque son la consecuencia natural de su cultura. No vamos a especificar todos los caudillos, porque son conocidos.”

Dígame el caso del Chacho concretamente....

F Ch: “En La Rioja, como provincia de cultura popular fuerte, con una raíz fuerte, con esa población de los llanos, originalmente en su mayoría proveniente del norte de España, generalmente aragoneses, de ahí que sean esos paisanos rubios, altos, casi todos aragoneses o también  castellanos, son. El apellido Peñaloza, usted sabe es de tronco aragonés que pasó por Chile y llega a los llanos riojanos. Peñaloza es representante clarísimo de esta cultura, con características especiales dentro de los caudillos argentinos, es un hombre manso, humilde, jamás comete violencia con el enemigo, con el adversario. No vamos a repetir la tan conocida anécdota de los prisioneros que él devuelve y el poder militar central no le puede devolver los suyos, después del tratado de La Banderita.

Peñaloza tiene dentro de la historia argentina un papel clave, como testigo y como mártir. El primer mártir político del país fue Manuel Dorrego, en el siglo pasado, yo diría que el último, del viejo país, fue el General Ángel Vicente Peñaloza. Comenzaría el ciclo Dorrego y lo terminaría Peñaloza. Porque el año de la muerte del caudillo riojano, 1863, es un hito en la historia nacional. Después del 60 se ha puesto en marcha el PROYECTO DEL 80, que para imponerse necesita la eliminación de toda rebelión interior. La eliminación de lo que se llama “el viejo país”, el país bárbaro para la cultura oficial. Este país que ha resistido todas las agresiones de los poderes extraños en distintas etapas, comenzando por las invasiones inglesas. Al Chacho le toca ser la encarnación de este momento dela historia nacional. Representa una corriente histórica, una cultura popular, encara estas creencias, la creencia en el propio país, en la propia gente, en la propia tierra.

En el año 63, vuelvo a lo que decía antes, en que se estaba levantando el Chacho, por segunda vez, ya la definitiva, en Rosario se está colocando la piedra fundamental del ferrocarril de Rosario a Córdoba. Es decir comienza el “Proyecto del 80” a desarrollarse, primero con el ferrocarril, después con la inmigración ya en la década de 1870. Esto es un hecho histórico llamativo, claro, decíamos, el proyecto que se impone al país necesita eliminar todas estas insurgencias, estas rebeliones latentes en la Argentina interior, muy bien simbolizadas finalmente por la muerte y decapitación del Chacho. Para que el Proyecto pueda seguir adelante, en beneficio casi exclusivo de la pampa húmeda, era necesario “terminar con las montoneras” como decían los hombres de la época.

En su discurso de abril de 1863, al poner la piedra fundamental en Rosario, el General Mitre, dice precisamente esto: “con el ferrocarril va a terminar finalmente la etapa de los caudillos”. Esta era la idea de estos hombres de buena fe, no advertían lo que el “Proyecto“ podria traer de eclipse de la conciencia nacional, para los argentinos. Pero es un hecho histórico comprobable hoy con la perspectiva que nos da la distancia.

El papel del Chacho fue ése:  “mártir del pueblo”, como lo llamó Olegario V. Andrade en una oda, que alguien alguna vez desde Buenos Aires se la atribuyó como dirigida al General Lavalle y así fue publicada. Décadas después descubrimos que estaba dedicada y publicada al General Ángel Vicente Peñaloza. Con esto estamos dando otro indicio de cómo la cultura oficial ha operado, para marginar toda expresión de todos los autores, todas las obras literarias, ensayos históricos, que podían producir fisuras a ese modelo global que no admite fisura ninguna, porque es coherente, es global en lo económico, en los político y cultural. Este es para mí el papel del General Ángel Vicente Peñaloza. En ese lapso que terminó con su muerte en Olta, en noviembre de 1863”.

LO CRIOLLO COMO FORMA DEVIDA

Cerrando este reportaje, dígame ¿qué es para usted lo criollo? ¿Una filosofía de vida? ¿Una característica social nuestra folklórica? ¿Una condición de espíritu?

F Ch: “Lo criollo es todo eso, no es más que la continuidad de una corriente hispánica, y luego también, ¿por qué no? es el hijo del italiano en América. El concepto de criollo para nosotros es el español y luego también el gringo, pero ya asimilado por nuestra realidad cultural. Porque yo enmarco todo dentro de un ámbito cultural, inclusive más allá de lo social, le doy predominio al ámbito cultural”.

“Yo quiero ser claro, subordino el desarrollo social al marco cultural, la tradición cultural que es la que verdaderamente da forma al resto de las áreas político sociales. De modo que lo criollo es eso, no es algo racial, es una tradición y como tal implica una tradición y como tal implica filosofía, religión, folklore, costumbres, una idiosincrasia, artesanías, que es cultura. Todo lo que el hombre hace para su bienestar, para su desarrollo espiritual y material. Considero que lo criollo, inicialmente es un producto de la primera población que fue la hispánica, de esta Argentina, que termina para dar una fecha convencional hacia 1860. Digo esta fecha, porque a partir de ahí comienza el otro proyecto, luego en la década del 70, se consolida con la llegada de grandes oleadas de inmigratorias, que comenzaron antes, pero la gran oleada comienza en 1875. Un poco después del ingreso del ferrocarril inglés en la Argentina. Pero también este nuevo hijo del país va a enriquecer a la antigua población, al país viejo, con nuevos hijos, con nueva sangre. Pero que en definitiva las dos culturas la de origen hispánico y la del nuevo poblador no representan diferencias fundamentales, porque tienen las mismas creencias, aunque procedan de países latinos distintos. De modo que yo también en este hijo de italianos, que hoy es nieto o bisnieto, veo también lo criollo en ello. Y veo elementos enriquecedores de la nación argentina, que comienza recién a hacer su síntesis en esta etapa que estamos viviendo”.

San Martín en la función pública

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

45 

En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años.

En el periódico El Tradicional  N° 69, de agosto de 2006, se publicó este artículo sobre el general San Martín. 


SAN MARTIN en la función pública

Por el Dr. Diego Ignacio Sarcona  


Independencia del Perú
San Martín proclama la libertad y la independencia del Perú
Óleo de Etna Velarde

Opacada por su brillante actuación desde el punto de vista militar, la faceta de San Martín como funcionario público -arista poco conocida- nos da cuenta de una gestión ordenada, profusa y honrada. Fue en dos oportunidades: en Guyo, distrito integrado por Mendoza, San Juan y San Luis, como gobernador, desde septiembre de 1814 hasta enero de 1817 y en el Perú, ocupando la más alta magistratura con el título de Protector desde octubre de 1820 hasta septiembre de 1822. Aunque en ambos casos la función era accesoria a una finalidad principal (en el caso de Mendoza la de organizar el Ejército de los Andes y en el de Perú la de asegurar el objetivo final de vencer a los realistas en el centro de su poder), no obstante ello, y a partir de un gobierno prolijo y eficiente, su actividad de estadista dejó una honda impresión que al día de hoy perdura y es fiel testimonio de su paso en la vida política de aquellas regiones, reflejado en el profundo respeto de mendocinos y peruanos por toda su labor como gobernante.

Convencido de la importancia estratégica de la provincia cordillerana y proyectando en su mente el genial plan, solicitó y obtuvo del Directorio la designación como gobernador de Cuyo.

Al hacerse cargo, la suerte de la región era comprometida económica y financieramente, no sólo por la crítica situación que afectaban a los fiscos provinciales por las consecuencias de la importación de productos extranjeros por parte de Buenos Aires en detrimento de las economías regionales sino también, en el caso específico del distrito, por la reconquista de Chile por parte de los realistas en Rancagua, al poco tiempo de la llegada de San Martín y el cierre de esa plaza al comercio. Es que la economía cuyana era esencialmente de subsistencia y el escaso excedente encontraba en el país vecino un excelente mercado, más cercano y por ende con un menor costo en el transporte. Alejado de la ruta de Potosí, el comercio cuyano padeció tanto menos las consecuencias del libre comercio como el cierre de la cordillera al intercambio, situación que comprometió en casi un 50% los ingresos fiscales. La necesidad por tanto de reactivar la economía significó la implantación de una serie de medidas que, aunque dirigidas a sustentar en todo aspecto la creación de una fuerza ofensiva, determinaría bases sólidas para el futuro crecimiento económico y la prosperidad de la región.

Atacó el gobernador el principal problema que acuciaba a la agricultura: el agua. Extendió los canales de riego a fin de fertilizar grandes extensiones de tierras a partir del riego artificial, terrenos que eran luego vendidos a bajos precios a agricultores. Creó además planes para el cultivo del maíz con excelentes resultados en San Juan y San Luis.

Reactivó la explotación minera del cobre y plomo, paralizada casi desde años atrás por la escasez de capitales y mano de obra al igual que estimuló la producción de plata en Uspallata.

La escasa industria  -fuera de la vitivinícola- fue impulsada para atender las necesidades de la guerra, sobre todo la confección de ponchos, frazadas v bayetas, todas destinadas al vestuario de la fuerza. En el ramo fiscal, elevó los impuestos sobre la exportación de los productos y derivados de la ganadería a la vez que creó un impuesto al consumo de carne. La ganadería era la principal base de sustentación en San Luis, provincia que hizo el mayor aporte de ganado mular, vacuno y equino a la campaña, mientras que San Juan y Mendoza eran esencialmente agrícolas.

También impuso una especie de impuesto a las ganancias con base en la propiedad, cuyo valor tuvieron que denunciar los propietarios bajo pena de severas multas. En otras oportunidades las contribuciones voluntarias y aun las forzosas permitieron aumentar los ingresos. En materia educativa tuvo una preocupación especial, congruente con los ideales que abrazó. “La ilustración y el fomento de las letras es la llave maestra que abre a la abundancia y hace felices a los pueblos” dirá en Chile al destinar el dinero con que lo premió la gratitud chilena a la fundación de una biblioteca. Años antes había fundado la primera en la ciudad de Mendoza. Además, fomentó más que nadie la educación básica en su distrito y creó el primer establecimiento de nivel secundario. Dictó instrucciones a los maestros y prohibió los castigos corporales a los alumnos.

En materia de salud, efectuó una campaña de vacunación contra la varicela sin precedentes en el país.

En otros ramos de la administración general, procuró la ocupación plena y el pago de salarios justos dictando para ello numerosas regulaciones. También mejoró la condición de los detenidos en las cárceles mejorando sustancialmente el régimen alimentario deficitario.

En el Perú, luego de la campaña en Chile y sin dudas con la experiencia cuyana encontramos a un San Martín en su plenitud, Toda su obra de gobierno es su pensamiento en acción y su actividad sin descanso tuvo como objetivo la difícil tarea de desarraigar siglos de la opresiva española obrando para ello con justicia y rectitud.

Además de declarar su independencia de España, dio al Perú su bandera, su escudo y su himno.

En materia educativa fundó la primera escuela bajo el sistema lancasteriano y la Biblioteca Nacional de Lima a la cual donaría la propia.

En cuanto al reconocimiento de los derechos de las personas igualó socialmente a todos sus gobernados quienes serían en adelante “peruanos” sin distinción de origen o de sangre. Abolió la esclavitud. Suprimió los tributos, la mita y el yanaconazgo que rendían los indios.

Decretó la inviolabilidad del domicilio, la libertad de imprenta sin censura previa con una extensión desconocida en América, suprimió los tormentos como medios de confesión en los procesos y reestructuró el sistema carcelario.

En cuanto al ejercicio de su poder dictó un reglamento de gobierno donde autolimitó sus facultades. No ejerció funciones judiciales sosteniendo que “su independencia (la de la justicia) es la única salvaguarda de la libertad del pueblo”.

Tuvo, finalmente, especial preocupación por el bienestar de los peruanos. Como Caracalla en Roma o Enrique V en Inglaterra se disfrazaba de paisano y de incógnito escuchaba las opiniones de la gente. Luego de ello v antes de partir dejó establecida una Asamblea General para que los mismos peruanos decidan su gobierno. Esa fue su labor como político ¿Se podría tomar de ejemplo?

sábado, 27 de noviembre de 2021

Invasiones inglesas. Uniformes del ejército

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

44 

En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

En el periódico El Tradicional  N° 69, de agosto de 2006, encontramos este interesante artículo, profusamente ilustrado sobre el uniforme de las fuerzas que se crearon a partir de la primera invasión. 


Invasiones inglesas

Uniformes del ejército organizado

para resistir a la invasión inglesa de 1807

Acuarelas de la época

Por Guilleremo Palombo

 

 

Invasiones inglesas.

 

Las fuentes de carácter iconográfico, coetáneas y auténticas, sobre los uniformes del ejército de voluntarios urbanos organizado por Liniers a partir de septiembre de 1806, son tres series de figurines: una de ellas desarrollada en hojas individuales, otra en dos láminas y la tercera en un solo pliego, publicadas todas ellas en el libro Iconografía de los Uniformes Militares. Invasiones Inglesas, 1806, con notas documentales de Enrique Williams Álzaga, basadas en la información suministrada en 1967.

Invasiones Inglesas
Para salvar las deficiencias o errores de quienes usaron el pincel para esos diseños debe recurrirse a diversidad de documentos manuscritos o impresos de la época: principalmente a cuentas que se conservan en nuestro Archivo General de la Nación, Salas IX y XIII, que confirmar, aclarar o rectificar los deslices hermenéuticos. De ese material documental nos hemos valido para la reconstrucción de los uniformes que ensayamos en nuestro libro titulado Invasiones Inglesas . 1806-1807. Estudio Documentado.

Las dieciséis acuarelas que ahora damos a conocer, por primera vez en forma conjunta, integran un álbum que se conserva en el Museo Mitre. En el mismo, una nota escrita a lápiz dice que los dibujos acuarelados que contiene son de la época de las Invasiones Inglesas y que pertenecieron a Pedro de Ángelis, quien había preparado una muy completa recopilación de documentos sobre las invasiones, que nunca logró publicar.

El álbum contiene las representaciones de los uniformes correspondientes a los oficiales de los siguientes cuerpos: Andaluces; Arribeños; Asturianos; Castellanos; Montañeses; Cazadores Correntinos, que era una compañía; Gallegos; Catalanes, que eran los Miñones; Patricios; Vizcaínos; Indios; 1ro., 2do. y 3er. Escuadrones de Húsares, este último llamado Infernales; y Cazadores, que es el 4to. Escuadrón de Húsares, llamado también de Cazadores de la Reina. 

Uniformes

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periódico El Tradicional