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jueves, 16 de marzo de 2023

La cuestión de los pueblos originarios y la Constitución nacional

   Publicado en el diario Clarín el 16 de marzo de 2023   

Tribuna
La cuestión de los pueblos originarios y la Constitución nacional

Miguel Angel Pichetto - Auditor General de la Nación


El Artículo 75 de la Constitución nacional en su inc. 17 establece como facultad del Congreso “Reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos. Garantizar el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural; reconocer la personería jurídica de sus comunidades, y la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan; y regular la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo humano; ninguna de ellas será enajenable, transmisible, ni susceptible de gravámenes o embargos. Asegurar su participación en la gestión referida a sus recursos naturales y a los demás intereses que los afectan. Las provincias pueden ejercer concurrentemente estas atribuciones”.


Durante el proceso preconstituyente, la cuestión indígena aparece recién en el segundo documento del Pacto de Olivos (Acuerdos para la Reforma Constitucional del 13 de diciembre de 1993), en los siguientes términos: “Adecuación de los textos Constitucionales a fin de garantizar la identidad étnica y cultural de los pueblos indígenas. Por reforma del artículo 67 inciso 15 de la Constitución Nacional”.


En lo que respecta al “proceso constituyente”, nos interesan los consensos a los que arribaron los constituyentes, que son cuatro. Primero: la afirmación de la “preexistencia” de los pueblos indígenas, preexistencia como requisito. Segundo: La norma no se refiere a personas individuales de etnia indígena; se refiere a “los pueblos originarios”, como entidades colectivas. Tercero: la norma no se refiere a “pueblos indígenas” inespecíficos, sino específicamente a los de la Argentina. Y en cuarto lugar, se destaca que la referencia a “Las tierras que tradicionalmente ocupan” ... remite a conceptos de posesión y de propiedad distintos de los del Código Civil; esto es, la posesión protegida es sólo la que tiene como ‘causa’ la ocupación tradicional; y la propiedad a que se refiere es comunitaria, imprescriptible e inembargable.


Además, es de destacar que el sujeto “pueblo indígena”, alude a un “pueblo indígena argentino”, no a personas individuales de etnia indígena; tampoco a las asociaciones voluntarias de tales individuos y menos a los auto percibidos indígenas. El sujeto del artículo 75, inc. 17 de la CN, es el “sujeto colectivo pueblo indígena”, aludiendo con la palabra “indígena, según el Diccionario de la Real Academia Española, al «originario del país de que se trata”.


Esto es, debe ser un «pueblo indígena argentino”. Sólo están comprendidos dentro de la norma de la CN los pueblos indígenas originarios del territorio de la República Argentina y que. actualmente se encuentren ocupando tierras pacíficamente. La norma jurídica reconoce derechos a aquellos pueblos que se han originado como colectivo diferenciado, dentro del espacio definido por el ámbito territorial de validez de la Constitución Nacional: esto es, el territorio de la República Argentina.


La posesión a la que se refiere la norma es diferente de la institución regulada por el Código Civil y Comercial de la Nación; el reconocimiento referido en el artículo en análisis contiene dos requisitos: primero, que se trate de tierras que actualmente ocupan, no que hayan ocupado en el pasado; y segundo, que la ‘causa’ de tal posesión sea su ocupación tradicional, es decir desde el pasado por continuidad histórica, lo que excluye las poseídas por ocupaciones de facto.


Están produciéndose hechos muy graves en la República Argentina, hechos de violencia, como incendios, violaciones a la propiedad privada y ataques a particulares, sobre todo en la Patagonia argentina. Se les está reconociendo derechos territoriales a personas individuales, “auto percibidas” originarias, en contra de lo que expresamente prevé la norma y nuestra Ley Fundamental. Ello configura lisa y llanamente “Traición a la Patria”, porque ese actuar pone en peligro la integridad del territorio y atenta contra la Seguridad Nacional, vulnerando nuestra soberanía.


Todos estos actos emanados del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI), por medio de Resoluciones administrativas, son nulos de nulidad absoluta porque están dictados exorbitando la norma de creación, la Constitución nacional y por ende excediendo las facultades que se le otorgara al funcionario firmante. Así se decidirá oportunamente.

miércoles, 27 de octubre de 2021

Mapuches - Miguel A. Pichetto

Publicado en diario La Nación el 20 de octubre de 2021  


El 20 de octubre de 2021, salió publicado el artículo que se transcribe a continuación, sobre el tema mapuche. 


Diario La Nación


Mapuches

El kirchnerismo, cómplice de la sublevación mapuche

La acción de estos grupos y la inacción del Gobierno hacen que el problema se agrande cada vez más, y se agrave su solución


Por Miguel Ángel  Pichetto (exsenador y auditor general de la Nación)



Hoy asistimos, entre la impavidez, la anomia y el asombro de muchos, a cómo, en plena democracia, un grupo de delincuentes terroristas roba, incendia, ocupa propiedades, niega al Estado nacional, cobra peajes, golpea a propietarios. La pregunta que nos debemos hacer es: ¿cuándo comenzarán a matar a todos aquellos que señalen como sus enemigos?

Estos sublevados facciosos se arrogan la representación de pueblos originarios.

Los supuestos mapuches de hoy dicen ser los herederos de un grupo de tribus indígenas que invadió y asoló nuestro territorio y que exterminó a los tehuelches, que eran nuestros verdaderos pueblos originarios. Desde el siglo XIX, las tribus mapuches estaban al servicio de políticas de expansión territorial y ejercieron una brutal violencia contra colonos y fuerzas militares. El crimen, el robo y mil tropelías más eran su conducta, transformando el “maloneo” en un hecho heroico y épico, cuando en realidad lo que se intentaba era erosionar nuestra naciente economía y poner en duda nuestros derechos soberanos sobre territorios despoblados, pero que pertenecían a nuestro acervo como Nación.

Hoy la “revolución mapuche” cuenta con el apoyo del kirchnerismo, de resabios de Montoneros, la izquierda “boba”, algunos sectores de la Iglesia, sectores políticos marxistas y, como siempre ocurre, el de un conjunto de almas bellas y culposas, tanto del ámbito nacional como internacional.

¿Por qué la izquierda enarbola hoy la bandera indigenista? La respuesta es muy simple, porque ataca frontalmente la propiedad privada, enemiga esencial del comunismo, deslegitima la ley y el Estado desde su origen, proclamándolo usurpador y ladrón. En definitiva, lo que se busca es la disolución del poder nacional.

Estos mapuches, que fueron originalmente funcionales a ciertas políticas chilenas, se han convertido en el principal problema que enfrenta nuestro Estado hermano.

En la Araucanía chilena se conformó la CAM (Coordinadora Arauco Malleco) y en nuestro país, la RAM (Resistencia Ancestral Mapuche), ambas organizaciones son embriones de políticas foquistas inspiradas en la visión guevarista de Abimael Guzmán con Sendero Luminoso, la continuación del proyecto del ERP en Tucumán y Montoneros, que buscaba crear otro Estado dentro de nuestra Nación.

Estos grupos, autorreferenciados como mapuches y que asumen la representación de todas las comunidades indígenas, tuvieron, aparte del apoyo teórico mencionado, el entrenamiento militar e ideológico de grupos de las FARC, Sendero Luminoso y de desencantados setentistas (Montoneros y ERP-ianos) que vieron en esta especie de “neoindigenismo” una forma de tomar revancha de las frustraciones políticas sufridas en el pasado.

Uno de los líderes indígenas, Jones Huala, que cumple prisión en Chile por incendios a propiedades y otros actos terroristas, habló de una revolución armada para recuperar “tierras ancestrales”, construir el socialismo basado en las tradiciones mapuches y en una teología indígena todavía no sistematizada, pero adecuada para generar un pastiche ideológico, que si no conllevara graves desafíos a la soberanía y a las autoridades del Estado argentino, resultaría interesante de estudiar como ejemplo cabal del desvarío humano.

La acción de estos grupos y la inacción del Gobierno hacen que el problema se agrande cada vez más, y se agrave su solución, que debe ser drástica y terminante, procediendo a la recuperación del orden, del territorio ocupado y la vigencia de la ley. Todo ello por parte de las fuerzas de seguridad, con pleno aval del Poder Judicial.

No debemos dejar espacio a aquellos que usan la violencia terrorista para imponer sus objetivos en donde el robo es moneda corriente, el ataque, la destrucción y el incendio de la propiedad privada es la metodología, la agresión a los símbolos patrios se considera un acto heroico y se desconoce a las autoridades legítimamente constituidas. Se podría agregar también un largo etcétera.

¿Cómo es posible escuchar y poner en práctica un discurso en el que se anuncia que se deben acumular fuerzas, aumentar la experiencia combatiente, crear un ejército de liberación mapuche, buscar la creación de una entidad política independiente y que no se haga nada?

Puede deberse a dos cosas, la primera es que no se tenga dimensión de la gravedad del problema, o la segunda, la más grave, que en nombre de una ficticia tolerancia se esté cobijando un foco de violencia que igual que en los años 60/70 sabemos cómo comenzó y también cómo terminó.

La disyuntiva es muy simple, o enfrentamos esta nueva forma de terrorismo, o terminaremos esclavos de los violentos, o algo peor, causaremos una tragedia mayúscula. Algo nos debe enseñar nuestra historia reciente.

lunes, 25 de octubre de 2021

Roca - Miguel A. Pichetto

 Publicado en diario Clarín el 19 de octubre de 2021  


El 19 de octubre de 2021, en la página 23-Debate del diario Clarín, salió publicado el artículo que se transcribe a continuación.

Diario Clarín


La figura del general Roca

Miguel Angel Pichetto

Auditor General de la Nación y ex-Senador Nacional


Miguel A. Pichetto
Fue el artífice de la vertebración física de la Nación Argentina. Consolidó la soberanía en la Patagonia, en las zonas cordilleranas y en el mar argentino. Aseguró la paz con Chile y fortaleció decisivamente las fuerzas armadas bajo el principio de que no existe Nación si no se cuenta con el brazo armado: y como decía Roca, “No para ganar territorios sino para asegurar la soberanía, ejercer un efecto disuasorio, y por lo tanto, asegurar la paz”.

Hoy la Argentina tiene plena soberanía en la Patagonia y en el Mar Argentino, con los inmensos recursos que ambos espacios tienen, porque existió una Conquista del Desierto, con sus dos campañas, la del Sur y la de los Andes, esa gesta, hoy vilipendiada por grupos marginales. Pero esas riquezas, que hasta hoy no han sido plenamente aprovechadas, son el reaseguro que tiene la nación para superar su retraso y volver a tener una posición predominante en el mundo.

No hay ningún tipo de duda: la extensión del Estado Nacional a la Patagonia fue obra del primer gobierno de Roca, así como el inicio de la presencia nacional en la Antártida al finalizar su segundo gobierno.

Roca eligió como lema para su gestión “Paz y Administración”. Lo primero ya fue extensamente explicado y lo segundo consiste en que impulsó el fortalecimiento del Estado creando una burocracia pública eficiente y honesta.

Impulsó el desarrollo mediante el ferrocarril, caminos, puentes y puertos, el telégrafo, el desarrollo agropecuario. Abriendo la nación a la inversión externa y dándole a ésta plenas garantías administrativas y jurídicas.

Algunos historiadores dicen que el ferrocarril, el telégrafo, los molinos de viento, el alambrado y la política de Roca hicieron la Argentina moderna.

Cuando hoy se minimiza y se le quita legitimidad a la figura de Roca es, en el mejor de los casos, un dislate histórico. Pero no debemos caer en interpretaciones ingenuas, atacar a Roca es introducir el concepto de fragmentación territorial, pretender discutir la innegable soberanía sobre espacios, lamentablemente vacíos, pero sobre los que tenemos títulos innegables y contundentes.

Atacar al Gral. Roca es pretender que los mapas argentinos sean como hace 150 años, en los que todo nuestro sur integraba un espacio inespecificado y amorfo llamado Patagonia o Araucanía, una región geográfica que estaba disponible para quien decidiera ocuparla.

Roca, con una visión de estratega y de estadista superlativa, logró integrarla al territorio nacional junto con su mar adyacente, y lo notable fue que lo logró sin que esto generase un conflicto bilateral o regional.

Es de destacar especialmente, la lectura precisa que se hizo en su mandato, del tablero político internacional, permitiendo acoplar a la surgente República Argentina, a la economía internacional con alianzas estratégicas, que fueron la base del proyecto económico y político de la Generación del 80, que colocó a nuestro país como tierra de promisión, de inversiones, de crecimiento y de modernización.

Ese conjunto de políticas se proyectaron en la vida pública argentina por más de 60 años y todavía hoy vivimos de algunos de esos retazos.

Simplemente, a modo de resumen, los grandes líderes políticos de la Argentina del siglo XX, como lo fueron Hipólito Yrigoyen y Juan Domingo Perón, reivindicaron la figura de Roca como el hombre que logró aunar los conceptos de integración territorial, modernización económica, eficiente gestión del Estado y proyección de la República Argentina en el mundo.