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sábado, 1 de septiembre de 2007

Algo más sobre la Reconquista y la Defensa

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año I N° 4 - Septiembre 2007 - Pags. 6 y 7 


Algo más sobre

la Reconquista y la Defensa


Por El Gaucho Federal



  • La composición de las tropas británicas en la primera invasión
  • Los desertores y su actuación en la Defensa
  • Los prisioneros



BANDERA DEL REGIMIENTO DE
VOLUNTARIOS DE BUENOS AIRES, 1806
A fines de agosto de 1805 partieron de Inglaterra, las fuerzas que a principios de enero de 1806 tomarían la Colonia del Cabo de Buena Esperanza, en manos de Holanda, aliada a Francia.



En el ejército holandés de la Colonia del Cabo, había un batallón de alemanes, otro de holandeses, uno de marineros franceses, uno de todas las nacionalidades, uno de negros, además de boers voluntarios y 36 excelentes artilleros chinos. Al rendirse esa Colonia, mucha de aquella tropa rendida, se enganchó en el ejército ingles, entre ellos los artilleros chinos, los alemanes y otros de diversas nacionalidades, los cuales a las órdenes de Beresford, integraron el ejército inglés que invadiría a Buenos Aires.



En el Cabo, los ingleses se enteraron de la victoria del Alte. Nelson en Trafalgar sobre la armada francoespañola y considerando que los mares se encontrarían libres de navíos enemigos, concibieron la idea de tomar Buenos Aires. Con el Regimiento 71, la artillería necesaria y 1000 hombres encaran el proyecto y la expedición zarpó del Cabo a mediados de abril y se dirigieron a la isla de Santa Elena (ubicada en el medio del Océano Atlántico) para obtener refuerzos: unos 286 hombres –tropas de artillería e infantería–, muy heterogénea en cuanto a su nacionalidad, que se embarcaron en el “Justine” –siendo este barco el que abordaría Güemes el día de la Reconquista–.


El 25 de junio de 1806 la expedición británica ya se encuentra frente a Buenos Aires, desembarcando en Quilmes 1624 hombres entre oficiales y soldados. Las fuerzas principales lo constituian el regimiento 71 (Higlanders Light Infantry) y el Batallón de Santa Elena. El primero de ellos estaba a las órdenes del Tte. Cnel. Denis Pack y contaba aproximadamente con 890 hombres. El batallón era acompañado también por 60 mujeres y 40 niños. Esto último era así pues en esa compañía se permitía que 6 soldados se casaran y que sus esposas siguieran al cuerpo en la campaña. Este batallón también contaba con una banda de música, cuyo maestro después de caer prisionero se dedicó a la enseñanza. Muchos de los soldados que pertenecían a este cuerpo eran de origen irlandés y de religión católica y otros de diversas nacionalidades.

Después de tomada la Ciudad de Buenos, comenzaron a producirse deserciones en las tropas invasoras, principalmente de irlandeses, alemanes católicos, españoles e italianos. Ello se debía a que personas que estaban tramando la reconquista de la Ciudad, tenían una comisión especialmente encargada de inducir a la deserción a aquellos soldados. Colaborando también el clero en esa tarea.

Ante ese hecho, Beresford dictó el 19 de julio el Bando Nº 6, estableciendo la pena de muerte para los que fomentaran o protegieran la deserción de sus soldados.

Uno de los resultados de ese Bando fue que una persona que había inducido a un soldado inglés a desertar y lo tenía escondido en su casa, lo asesinó por temor a ser descubierto y ajusticiado.

Con anterioridad, el 3 de julio se le habían dado 500 azotes a cuatro soldados españoles pertenecientes al Batallón de Santa Elena por haber desertado, uno de los cuales falleció a raíz del castigo recibido.

El 19 de julio, el cadete español San Genes, fue condenado a muerte por haber ayudado a desertar a soldados ingleses, pero fue perdonado a pedido del Obispo Lué. 

A fines de julio las deserciones se incrementaron y en un informe de Beresford al Primer Ministro inglés –entre otras cosas–, le informó de ese hecho.

Entre los prisioneros tomados por los ingleses después del combate de Perdriel el 1º de agosto de 1806, se encontraba un desertor del Regimiento 71, que siendo artillero no quiso abandonar su pieza. Era un alemán católico, procedente del batallón alemán incorporado en la Colonia del Cabo. Fue fusilado el día 9 en Buenos Aires, ante el Regimiento 71 formado en cuadro, siendo atendido espiritualmente también por el Obispo Lué.

Durante la ocupación inglesa, un cadete del batallón de Santa Elena, después de convertirse al catolicismo, se casó con una mujer de Buenos Aires, quedando después de la Reconquista, como oficial del ejército de Liniers.

Posterior a la Reconquista, el 14 de agosto, se sacaron de la tropa inglesa, sobre todo del batallón de Santa Elena, cien soldados que eran alemanes, holandeses, franceses, italianos y españoles que se incorporaron a la tropa española y criolla.

La tropa vencida y prisionera, fue enviada al interior del país, donde se relacionaron con los habitantes del lugar. Se formaron relaciones ilícitas con criollas y muchos fueron ocupados en casas particulares como sirvientes o peones. Las mujeres (de aquellas 40) que seguían a sus maridos del Regimiento 71 –ahora prisioneros–, tuvieron hijos durante el cautiverio. Esos prisioneros fueron muy bien tratados y un ejemplo de ello es que los que habían estado en Catamarca, posteriormente testimoniaron su agradecimiento a la sociedad por medio de una carta que firmaron todos ellos.

Durante la segunda invasión a Buenos Aires, muchos de aquellos soldados que habían desertado del ejército inglés un año antes, sirvieron en la Defensa. Se conoce el caso del trompa irlandés Miguel Mc. Carthy, que marchaba junto a los Húsares de Pueyrredón, estorbando a los ingleses que avanzaban hacia la Ciudad. Este trompa se acercaba al campamento inglés por el lado del viento y realizaba diversos toques ingleses de alarma que confundían e incomodaban a la tropa invasora.

Un oficial de Craufurd, también relató que durante la defensa de la iglesia de Santo Domingo –en la cual se habían refugiado centenares de ingleses en la jornada del 5 de julio de 1807– los británicos cesaron un momento el fuego al oír el toque inglés de “alto el fuego”, dado por un trompa desertor del Regimiento 71 y que estaba con la tropa sitiadora. Posiblemente y esto no se puede afirmar con seguridad, podría ser el mismo trompa que acompañaba a los Húsares de Pueyrredón en el relato ya efectuado en el párrafo anterior.

Producida la rendición de Whitelocke, se convino el canje de prisioneros. Así, a fines de julio de 1807, desde el interior, se empezaron a devolver los prisioneros británicos. Muchos se resistían a volver pues ya se habían habituado al país y a sus costumbres, otros eran irlandeses católicos, algunos se habían convertido al catolicismo y se habían casado por la Iglesia. Muchos se escaparon antes de partir hacia Buenos Aires y otros lo hicieron en el camino. Del Regimiento 71 hubo 36 deserciones pero entre la marinería y los que habían pertenecido al batallón de Santa Elena, el número de desertores fue mayor; 88 desertaron durante la travesía a Buenos Aires.

Muchos de estos desertores y ex soldados británicos, sirvieron después en los ejércitos de la Independencia a las órdenes de Belgrano y San Martín.

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 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año I N° 4 - Septiembre 2007 - Pag. 7 

Regalo de Beresford a Hilarión de la Quintana 

El día de la Reconquista y encontrándose los restos del ejército ingles encerrados en el Fuerte, izaron bandera de parlamento, ante lo cual el ejército reconquistador se volcó en masa a la plaza frente al fuerte, en un momento y no respetando la bandera de parlamento hicieron fuego sobre el fuerte, ante lo cual el capitán Hilarión de la Quintana –ayudante de Liniers– quien se encontraba con otros jefes españoles y franceses en la fortaleza tratando la capitulación de los británicos “animosamente subió a las murallas y, abriéndose el chaleco y extendiendo ambos brazos en toda su longitud, parecía ofrecerse como víctima al furor desenfrenado de la plebe y con gestos expresivos censuró su indisciplina, con resultado espontáneo. Si vive, ese joven, será un honor para su rey y su patria”. (A. Gillespie, “Buenos Aires y el interior”)

“Dos días después de la reconquista, el general Beresford quiso dar al capitán Hilarión de la Quintana una prueba especial de agradecimiento por su comportamiento cuando estuvo a su lado en el fuerte, regalándole su espada (la que está actualmente en el Museo Histórico Nacional y cuya fotografía ilustra este artículo), como también el caballo que lo había acompañado desde Inglaterra, y que se dice fue el primer caballo de sangre pura que sirvió a yeguas criollas” (Carlos Roberts “Las invasiones Inglesas”)

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 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año I N° 4 - Septiembre 2007 - Pag. 7 

Lucha en la “Casa de la Virreina”

En dicha casa –cuya fotografía tomada aproximadamente en 1910 ilustra esta nota- que se encontraba ubicada en la actual Av. Belgrano, esq. Perú de la Ciudad de Buenos Aires, tuvo lugar uno de los más sangrientos combates durante las jornadas de la Defensa (julio de 1807).

Esa casa fue ocupada por fuerzas británicas al mando del Tte. Cnel. Cadogan. Después de un encarnizado combate, los criollos y españoles recuperaron el edificio. En la azotea fueron muertos más de treinta soldados ingleses. Martín Rodríguez quien intervino en el ataque dijo: “Parece exagerado decir que por los caños (de desagüe) corría la sangre, pero así sucedió…”, describiendo de esa forma el espectáculo que ofreció el lugar después de la lucha.

Esa construcción databa del S. XVIII y perteneció al noveno Virrey del Río de la Plata, don Joaquín del Pino y Rosas Romero y Negrete. Después de su fallecimiento la siguió habitando su viuda y por ello a la construcción se la conocía como “Casa de la Virreina” o “Casa de la Virreina Vieja”. Bernardino Rivadavia también residió en ella por su casamiento con la hija del virrey. A principios del S. XX, cuando se tomó la fotografía, la casa se había convertido en un conventillo, donde funcionaban también pequeños talleres y comercios de todo tipo.

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 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año I N° 4 - Septiembre 2007 - Pag. 7 

Los uniformes de los nuevos cuerpos militares

Reconquistada la ciudad, Liniers tuvo la fortuna de apresar dos barcos mercantes ingleses que ingresaron al puerto de Buenos Aires, creyendo que éste todavía estaba en manos británicas. Esos navíos traían pólvora, municiones y mucho paño inglés.

El paño, azul y blanco, sirvió para confeccionar los uniformes de los nuevos cuerpos militares que se crearon después de la Reconquista (ver “El Restaurador” Nº 3, pág. 8).

También se les quitaron las casacas rojas con vivos amarillos, a los prisioneros del regimiento 71 y con ellos se vistieron a los integrantes del regimiento de caballería Migueletes, –en los cuales revistó el joven Rosas en las jornadas de 1807– y del regimiento de infantería de Pardos y Morenos libertos, siendo una pintura de la época de este último regimiento la que ilustra este artículo.

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 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año I N° 4 - Septiembre 2007 - Pag. 8 

Los esclavos de Buenos Aires
y su participación en la Defensa 

El capitán inglés Alexander Guillespie en sus “Buenos Aires y el interior”, se refiere al trato que se les daba a los esclavos de Buenos Aires:

“Entre los más amables rasgos del carácter criollo no hay ninguno más conspicuo, y ninguno que más altamente diga de su no fingida benevolencia, que su conducta con los esclavos. Con frecuencia testigo del duro tratamiento de aquellos prójimos en las Indias Occidentales (en poder británico), de la indiferencia total a su instrucción religiosa allí prevalente, me sorprendió instantáneamente el contraste entre nuestros plantadores y los de América del Sur. Estos infelices desterrados de su país, así que son comprados en Buenos Aires, el primer cuidado del amo es instruir a su esclavo en el lenguaje nativo del lugar, y lo mismo en los principios generales y el credo de su fe. Este ramo sagrado se recomienda a un sacerdote, que informa cuando su discípulo ha adquirido conocimiento suficiente del catecismo y de los deberes sacramentales para tomar sobre sí los votos del bautismo. Aunque este proceso en lo mejor debe ser superficial, sin embargo tiene tendencia a inspirar un sentimiento de dependencia del Ser Supremo, obliga a una conducta seria, tranquiliza el temperamento y reconcilia a los que sufren con su suerte. Hasta que se naturalizan de este modo, los negros africanos y sus hermanos nacidos en América son estigmatizados por el vulgo como infieles y bárbaros. Los amos, en cuanto pude observar, eran igualmente atentos a su moral doméstica. Todas las mañanas, antes que el ama fuese a misa, congregaba a las negras en círculo sobre el suelo, jóvenes y viejas, dándoles trabajo de aguja o tejido, de acuerdo con sus capacidades. Todos parecían joviales y no dudo que la reprensión también penetraba en su círculo. Antes y después de la comida, así como en la cena, uno de estos últimos se presentaba para pedir la bendición y dar las gracias, lo que se les enseñaba a considerar como deberes prominentes y siempre los cumplían con solemnidad.”

Los esclavos, junto a sus amos, –como toda la población de Buenos Aires–, combatieron en la defensa de la Ciudad, frente al invasor en 1807. Los mismos jefes ingleses como el Gral. Whitelocke y del Tte. Cnel. Duff dieron cuenta de ese accionar (ver “El Restaurador” Nº 3, pág. 13)

Con posterioridad a la Defensa, el Cabildo, como premio, decidió otorgar mediante sorteo, la libertad (manumitir) a cierto número de esclavos combatientes.

Ello se hizo también extensivo a las viudas de los esclavos fallecidos en la contienda; así el Cabildo dispusoel 30 de octubre de 1807:

Reconocimiento del Cabildo a las viudas de esclavos que participaron en la Defensa de la ciudad.

La Sala Capitular del Cabildo ha tomado conocimiento que las viudas de los esclavos que brindaron su vida en defensa del Rey, la Patria y la Religión que por su condición servil no han sido incluidas en las pensiones otorgadas y para honrar la memoria de sus maridos se ha decidido incluirlas en el sorteo de la libertad que se va a llevar a cabo el 12 de noviembre próximo a condición que presenten los documentos que acrediten las circunstancias y formas en que fallecieron sus esposos.

Pero no todos los esclavos querían dejar de serlo. Manuel Antonio Picabea, “Moreno esclavo” de Doña Clara Picabea dirigió el 14 de noviembre de 1807, una carta al “Muy Ilustre Cabildo”, donde pidió se lo eximiera de participar en el sorteo de la libertad, con los siguientes términos y argumentos:

“Yo quisiera sin duda alguna gozar del sorteo que tan generosamente V.S. ofrece para que se liberte una porción de mi clase; pero el amor que tengo a mi Señora ama, me hace resistir contra mi propio bien, y que prefiera vivir en el miserable estado en que me hallo, que gozar una libertad que desea mi corazón con tanta naturalidad, y esto es el porque mi Señora es septuagenaria, soltera y achacosa: me ha criado con todo cariño; y en el día su suerte es algo escasa: yo soy albañil, y con mi jornal alivio en lo posible su estado, acompañándola el resto del tiempo que me quede libre. Es tal el respeto y reconocimiento que la profeso, que aun cuando fuese cierto de alcanzar la libertad que me lisonjea el sorteo, temería que esta me rindiese ingrato a quien debo tanto bien, y tal vez la desecharía.”

Con esa carta, Picabea acompañaba dos certificados, que acreditaban su participación en los hechos bélicos. El primero decía “Como Capitán y teniente de la Ia. Compañía del Batallon de Cantabria (alias la Amistad), certificamos que el Moreno Manuel Antonio Picabea se incorporó a la mencionada Compañía con fusil y fornitura en la tarde del dia primero del corriente, y que junto con los demas individuos de ella marchó para Barracas en seguimiento del enemigo, habiendose hallado igualmente en combate que tuvimos el dia siguiente en los mataderos de Miserere: y para los fines que le puedan convenir al expresado Moreno le damos ésta en Buenos Ayres á 16 de Julio de 1807. Pedro Martinez Fernandez - Pedro Andres de Osua – Vº. Bº. Rezaval.”. El tenor de la segunda era: “Don Norberto Quirno Echeandia, Capitan de la 3. Compañía del Batallon de voluntarios Cantabros de la Amistad: certifico que el Moreno Manuel Antonio Picabea asistió á la azotea de mi comando en los dias 3, 4, 5 y 6 de Julio pasado, con motivo de la invasion del enemigo, habiendo salido varias ocasiones á las guerrillas con el finado D. Santos Irigoyen, incorporado con otros individuos del mismo batallon. Buenos Ayres, Octubre 27 de 1807 – Norberto Quirno Echeandia – Vº. Bº. Rezaval.”

viernes, 1 de junio de 2007

Testimonios de los Ingleses sobre el ataque a Buenos Aires

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año I N° 3 - Junio 2007 - Pags.12 y 13 


TESTIMONIOS DE LOS INGLESES 

SOBRE EL ATAQUE A BUENOS AIRES, 

LOS COMBATES Y SU DEFENSA


“Las calles de Buenos Aires corren todas paralelas o en ángulos rectos entre si... Trece columnas debían penetrar en la ciudad y ocupar las posiciones fuertes hasta llegar al río (marchaban desde los Corrales de Miserere, actual Plaza Once). A las seis de la mañana las columnas empezaron a moverse. La brigada del general Craufurd, a la que yo pertenecía, fue dividida en dos; él dirigió la fracción derecha, consistente en cuatro compañías de infantería ligera y cuatro del Regimiento 95, con un cañón para balas de tres libras. El coronel Pack dirigió la izquierda con fuerzas iguales y fue duramente atacado en las calles, dejando gran número de oficiales y soldados en el trayecto. Nosotros avanzamos hasta llegar al río con pocas pérdidas. Entramos en la iglesia de Santo Domingo donde recobramos las banderas del Regimiento 71, perdidas en 1806. Después de varias horas de intensa lucha, a las cuatro de la tarde el general Craufurd izó bandera de parlamento ante la imposibilidad de seguir resistiendo. En la puerta de Santo Domingo se presentó el general Illio (Francisco Javier de Elío), un hombre sucio y mal vestido rodeado por una vociferante gentuza armada, que ululaba y chillaba. Se arregló la rendición y se ordenó que saliéramos del templo sin armas. Nuestros soldados lloraban. Se nos hizo marchar hasta el Fuerte a través de las calles llenas de gentuza de tez muy oscura, bajas y mal hechas, cubiertas con mantas rotosas, sin orden ni uniformidad entre ellos. Al llegar al Fuerte, fuimos introducidos en una sala llena de oficiales británicos prisioneros. El general Barbiani (por César Balbiani), un hombrecillo enojadizo, pero cortés, nos hizo firmar un compromiso de no servir contra España hasta ser canjeados. Por la mañana, nos ofreció chocolate como desayuno. Los oficiales españoles parecen vivir de una manera sucia e incómoda. Barbiani es el segundo jefe de la plaza, sin embargo, él mismo se hace la cama, se limpia la mesa, etc. El y todos sus oficiales duermen todos en una misma pieza, sobre colchones, sin sacarse la ropa. No se lavan ni se afeitan. Son grandes fumadores de cigarros. En general son gente cortés, pero analfabetos y mal educados, salvo algunas excepciones. Liniers invitó a todos los oficiales a comer; la comida fue muy buena. Por la mañana, pedí una navaja para afeitarme, y me llevaron a la habitación de Liniers que acababa de dejar el lecho y se estaba vistiendo. Liniers buscó personalmente una navaja, una camisa, y durante media hora, un nuevo cepillo de dientes, para mí”.

Teniente coronel Lancelot Holland


“Avancé con los rifleros hasta el costado oeste del edificio del Colegio de los Jesuitas (actual Colegio Nacional de Buenos Aires), sin sufrir pérdidas considerables, cuando, al adelantar el cañón liviano para abrir una brecha en la entrada principal del edificio, el enemigo apareció de repente en gran número en algunas ventanas, en la azotea de aquel edificio y desde las barracas del lado opuesto de la calle y desde el extremo de la misma. En un momento, la totalidad de la compañía de vanguardia de mi columna, y algunos artilleros y caballos fueron muertos o heridos”.

Teniente coronel Henry Cadogan


“Antes de que me hubiese escasamente aproximado a la iglesia de San Francisco, ya había perdido bajo el fuego de un enemigo invisible, y ciertamente inatacable para nosotros, los oficiales y la casi totalidad de los hombres que componían la fracción de vanguardia, formada por voluntarios de distintas compañías, los oficiales y casi la mitad de la compañía siguiente, y así en proporción en las otras compañías que componían mi columna…”

Teniente coronel Denis Pack


“No bien alcanzamos la entrada de la iglesia de San Miguel, el enemigo comenzó un terrible fuego desde las casas opuestas. Habiendo perdido unos treinta hombres en esta entrada, y comprendiendo que era imposible forzar las puertas de la Iglesia con las herramientas que me habían entregado, juzgué prudente desistir y penetrar más en la ciudad, esperando encontrar una posición más ventajosa. Al abandonar la entrada de la iglesia fuimos castigados con un fuego continuado. Después penetré en la ciudad hasta que juzgué que me hallaba cerca de la fortaleza. Viendo que había perdido tanta gente en la calle, que los cuatro oficiales de granaderos estaban heridos, que el mayor, el ayudante y el cirujano auxiliar habían sido muertos, y que había perdido, entre muertos y heridos, de ochenta a cien soldados de mi débil columna, doblé a la izquierda y busqué refugio ocupando tres casas...” “…con menos de cien hombres estaba en medio de una ciudad, donde todos eran enemigos, todos armados, desde el hijo de la vieja España hasta el negro esclavo…”

Teniente coronel Alexander Duff


“La clase de fuego al cual estuvieron expuestas nuestras tropas fue en extremo violento. Metralla en las esquinas de todas las calles, fuego de fusil, granadas de mano, ladrillos y piedras desde los techos de todas las casas, cada dueño de casa defendiendo con sus esclavos su morada, cada una de estas era una fortaleza, y tal vez no sería mucho decir que toda la población masculina de Buenos Aires estaba empleada en su defensa”.


General John Whitelocke


Testimonio de los ingleses sobre la disposición de los habitantes de la colonia.


La Defensa

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año I N° 3 - Junio 2007 - Pag. 9 

MARTÍN DE ÁLZAGA (1756-1812)
HÉROE DE LA DEFENSA

LA SEGUNDA INVASION
LA DEFENSA


Por El Gaucho Federal





El 22 de noviembre de 1806, Napoleón decretó el bloqueo continental a las Islas británicas y así aceleró los planes de los ingleses para apoderarse de las colonias españolas.


ATAQUE DE LAS NAVES INGLESAS CON COHETES CONGREVE A LAS DEFENSAS DEL FUERTE SAN JOSÉ, 
MONTEVIDEO EL 3 DE FEBRERO DE 1807, A LAS DOS DE LA MAÑANA.
DIBUJO COLOREADO DEL TENIENTE GEORGE ROBINSON DE LA MARINA REAL.IMPERIAL WAR MUSEUM DE LONDRES
A fines de diciembre los barcos que conducían a la nueva fuerza invasora recalan en Río de Janeiro, enterándose allí los ingleses de la Reconquista de Buenos Aires. Deciden así desembarcar en Maldonado, que había sido recientemente conquistada por ellos y después de una breve campaña en la que derrotan a las fuerzas españolas toman Montevideo (3 de febrero de 1807). Liniers quien se encontraba en territorio oriental al frente de unas tropas mandadas desde Buenos Aires, viendo la caída de Montevideo decide regresar a la ciudad Capital del Virreinato.

En Montevideo, los ingleses con la ayuda de algunos criollos fundan el periódico bilingüe “La Estrella del Sur”-“The Southern Star“, (se editaron siete números) encargada de exaltar las ventajas de la dominación inglesa.


En la Banda Oriental, los ingleses solo son dueños de Montevideo, -lugar al cual ingresan mercaderías, que luego son desparramadas por todo el Virreinato- y de lo que pisan, ya que son combatidos en la campaña.
Decididos nuevamente a tomar Buenos Aires, desembarcaron a fines de junio (día 28) en la ensenada de Barragán, con 8.000 hombres y solo 200 caballos. Inmediatamente pierden parte de los víveres y varios cañones en la marcha a través de los bañados que deben atravesar.
Ante esa nueva invasión la consigna de Liniers es la de “Vencer o Morir” y Buenos Aires, con mucho fervor se apresta a su defensa y a rechazar a los británicos.
Cuando los ingleses avanzan sobre Buenos Aires, ha arribado un navío español, el “Remedios”, que ha evitado ser apresado por los navíos británicos, que se encuentran frente a Buenos Aires. Trae pliegos de la Corte, rubricados por el monarca Carlos IV, en los cuales se disponía que en caso de ausencia o muerte del virrey, asumiría el gobierno político y militar el oficial de mayor graduación, siendo Liniers quien se encontraba en esa situación y quedó investido así del mando supremo del Virreinato en vísperas de la lucha que se desarrollará en los días próximos.


Para no causar daños a la población civil, Liniers se apresta a batir al enemigo en campo abierto, sin advertir que sus bisoñas tropas voluntarias no tenían el entrenamiento militar y la experiencia de sus adversarios.

El día 2 de julio, los británicos flanquearon a las tropas españolas y criollas y avanzaron sobre los Corrales de Miserere, donde se encontraba Liniers con alguna tropa y allí ocurrió lo que tenía que ocurrir, una carga a la bayoneta dispersó a las tropas de Liniers, las que también perdieron la artillería. La llegada de la noche impidió que la derrota fuera completa y que los británicos continuaran su marcha contra la Ciudad.

Durante la noche, los dispersos llegaron al centro de la Ciudad con la mala noticia, y el día 3 ingresó Liniers con 1.000 hombres, pero allí el alcalde de primer voto, Martín de Alzaga, se convierte en verdadero caudillo, quien con enérgica decisión y coraje, ordena y prepara la defensa de la Ciudad, los días 3 y 4, estableciendo el centro de la defensa a una cuadra de la Plaza Mayor. Soldados y civiles cavan trincheras en la esquinas, se preparan defensas en cada calle, en cada casa y en cada azotea. Cada uno de esos lugares se convierte en un inexpugnable baluarte y donde todos, sin distinción de edad, raza, sexo o clase social se aprestan para la inminente lucha. El día 5 a las 6 de la mañana, comenzó el ataque de los invasores. Whitelocke avanzó desde los Corrales de Miserere con su ejército dividido en 13 columnas que debían avanzar sobre diversos puntos de la ciudad, con el principal objetivo de tomar el Fuerte y la Plaza Mayor. Los defensores eludieron el combate franco. Primero, la fuerte resistencia de los defensores que se produjo en las estrechas calles de la ciudad que facilitaban su defensa, con un mortífero fuego sobre las columnas ingleses que provenían de las azoteas, las casas y trincheras (con todo tipo de armamento, además de las de fuego: “granadas de mano, frascos de fuego y hasta armas plebeyas de piedras y ladrillos”) y luego pasando ya a la ofensiva con el decidido ataque sobre algunos reductos que los ingleses habían logrado conquistar y donde habían izado su enseña (Iglesias de Santo Domingo y de las Catalinas, La Plaza de Toros, la Residencia) dio por tierra con las aspiraciones inglesas de establecerse en estas tierras. Los ingleses tampoco pudieron llegar a la Plaza Mayor, por la tenaz resistencia que el Regimiento Patricios, les ofreció en el Colegio San Carlos (actual esq. de Bolivar y Moreno). En el combate los ingleses perdieron 2.800 hombres entre muertos y heridos.

ATAQUE INGLÉS A BUENOS AIRES EN 1807

Dos días después de esa memorable jornada de la Defensa de Buenos Aires, y después de largas conversaciones, Whitelocke aceptó capitular, conviniéndose que los ingleses abandonarían el Río de la Plata, dentro de los sesenta días, comprendiendo ello Montevideo y Colonia. Buenos Aires no quiso ser inglesa. En los primeros días de setiembre la flota inglesa se hizo a la vela en Montevideo.


La derrota sufrida por las aguerridas y experimentadas tropas británicas durante las jornadas de la Reconquista y Defensa, no tuvieron parangón con ninguna otra en el mundo y después de esos hechos llegaron desde todas partes del Virreinato los mensajes de salutación para la valiente Buenos Aires.

Martín de Álzaga, fue el verdadero héroe de la Defensa, como Liniers lo había sido de la Reconquista.

Bicentenario de la Reconquista y Defensa de Buenos Aires

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año I N° 3 - Junio 2007 - Pags.1 y 2 


Bicentenario de la Reconquista y Defensa de Buenos Aires



"Cada casa era una fortaleza, cada ciudadano un soldado, cada soldado un héroe. La América del Sud no será inglesa, es inexpugnable" (1)

Hace un año atrás se conmemoró el Bicentenario de la Reconquista (12 de agosto) y en este se conmemora el de la Defensa de Buenos Aires (5 de julio). Prácticamente estos dos hechos marcaron el nacimiento de la nacionalidad y de la Patria argentina y podemos decir que el primer acto de resistencia al invasor inglés tuvo lugar en el actual Partido de Gral. San Martín, en la Chacra de Perdriel, considerado como Hito Nº 1 de la Nacionalidad, de lo cual todos los sanmartinenses nos enorgullecemos.

Pero ¿cuál fue la situación internacional en aquellos momentos?, …¿por qué se produjeron las invasiones inglesas al Río de la Plata? Trataremos de explicarlo lo más sencillamente posible.

A principios del S. XIX, España ya se encontraba en decadencia. Por el contrario Inglaterra y Francia eran las potencias en ascenso.



GRABADO DEL INGLÉS J. GILLRAY DE 1805, 
NAPOLEÓN Y EL PRIMER MINISTRO-
BRITÁNICO WILLIAM PITT 
SE DISPUTAN EL DOMINIO DEL MUNDO
Después de la Revolución Industrial ocurrida en la segunda mitad del S. XVIII, Inglaterra se había convertido en una gran factoría, con necesidad de contar con nuevos mercados en el exterior en los cuales debía colocar el excedente de su gran producción industrial, que excedía el consumo interno y a la par, necesitaba más materias primas para alimentar sus industrias. Por su carácter insular, debía contar con una marina poderosa que impidiera todo intento de invasión a su territorio por cualquier otra potencia. Frente a Inglaterra –y no sólo por la posición geográfica–, en el continente europeo se erigía Francia, a cuyo frente se encontraba ese genial estratega y militar que fue Napoleón Bonaparte, con las mismas aspiraciones que Inglaterra.
Caricatura Inglesa de Napoleón - Periódico El Restaurador
"¡NOTICIAS DE CALABRIA! ¡CAPTURA DE BUENOS AYRES! 
LOS PLACERES DE UN ALMUERZO IMPERIAL EN ST. CLOUD"
CARICATURA INGLESA DE NAPOLEÓN, 1806

Las dos principales potencias de esa época –Inglaterra y Francia– reunieron a su alrededor a las restantes potencias europeas, las que cambiaban de alianzas según fueran las circunstancias y la suerte de las armas. Por ejemplo, España, que comenzó siendo aliada de Napoleón y enfrentada a Inglaterra (y por ello las expediciones inglesas al Río de la Plata), posteriormente se alió a ésta en contra de Francia.

Como bien dice José María Rosa, Napoleón “fue la defensa tenaz e inteligente de Europa contra la invasión económica británica…unificó Europa para que no comprara mercadería inglesa… Levantó contra la isla (Inglaterra) que arruinaba el continente, la muralla del Imperio francés… Su objetivo fundamental estaba en defender la producción continental contra los géneros ingleses…”.

Durante el S. XVIII, diversos gobiernos británicos habían estudiado la posibilidad de volcar ese excedente industrial en los territorios españoles de América, ya sea mediante la conquista militar, o fomentando insurrecciones tendientes a lograr la independencia para formar nuevos estados, permeables a los deseos ingleses.

En marzo de 1803, se produjo la guerra entre Francia e Inglaterra y en mayo del año siguiente, Napoleón fue proclamado emperador de los franceses.

El 5 de octubre de 1804, cuatro navíos de guerra ingleses, atacaron a cuatro fragatas españolas frente a Cádiz, que conducían oro y pasajeros del Río de la Plata, entre los que se encontraban Diego de Alvear y su familia. En el combate naval, sólo salvaron sus vidas Diego de Alvear y su hijo Carlos María, perdiendo la vida madre e hijas, que se encontraban a bordo de una fragata que explotó y se hundió. A raíz de ese hecho de armas España declaró la guerra a Inglaterra en diciembre de ese año, convirtiéndose así en aliada de Francia.

Napoleón considerando a Inglaterra como su real enemiga, también proyectó la invasión a las Islas Británicas a través del Canal de la Mancha (que separa a Inglaterra del continente), concentrando con ese fin un gran ejército de aproximadamente 200.000 hombres. Pero para ello necesitaba dominar el mar. Napoleón dijo: ¡Seamos dueños del canal durante seis horas y seremos dueños del mundo!. Así los astilleros franceses trabajaron en las construcción de miles de embarcaciones que trasladarían tan gran ejército a través del Canal. Se formó una gran escuadra francoespañola que fue puesta al mando del Alte. francés Villeneuve.

El 21 de octubre de 1805 se enfrentaron en Trafalgar –frente a Cádiz– la armada británica –al mando del Alte. Horatio Nelson– con la armada francoespañola. En esa batalla los británicos cambiaron la táctica de combate que hasta ese momento habían seguido todas las armadas. Ese cambio, les dio la victoria a los ingleses, quienes se convirtieron en dueños de los mares, dando por tierra con aquel proyecto de Napoleón de invadir las islas británicas. Esa gran batalla que fue Trafalgar cambió el curso de la historia.

Pero si bien Inglaterra quedó dueña de los mares, a principios de diciembre, con la victoria de Napoleón en Austerlitz (Viena) –contra austríacos y rusos–, éste quedó dueño del continente.

Debido a que Holanda era aliada de Napoleón y teniendo informes los británicos que la Colonia holandesa del Cabo de Buena Esperanza (punto más al Sur del continente africano –actual Sudáfrica–) se encontraba mal defendida, decidieron atacarla y la tomaron en 1806 (con lo cual se aseguraron el camino por mar hacia la India).

Desde allí se embarcó la expedición británica que tomó Buenos Aires en 1806.

El 22 de noviembre de 1806, Napoleón decretó: “Las islas británicas, son declaradas en estado de bloqueo, todo intercambio con las Islas Británicas queda prohibido”. Este hecho viene a acelerar, los planes de invasión británica a América del Sur, ya que para ellos la apertura de los mercados de las colonias españolas se había convertido en una cuestión de la mayor importancia y vital para su supervivencia.

No les quedaba más recurso a los británicos que buscar nuevos mercados en otras partes del mundo.

En ese contexto se produce una nueva invasión al Río de la Plata en 1807, con la toma de Maldonado, Montevideo y Colonia (actuales ciudades uruguayas) y un nuevo ataque a Buenos Aires.


(1) Whitelocke lo decía en parte a su gobierno, según Félix Frías en su libro "La Gloria del Tirano Rosas".