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viernes, 1 de diciembre de 2017

Desagravio a la bandera nacional

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año XII N° 45 - Diciembre 2017 - Pags. 10 y 11 

El cumplimiento de una deuda de honor del Reich alemán  

El desagravio a la bandera nacional

Por Norberto Jorge Chiviló


Neutralidad argentina
Postal de época

Debido a las contingencias militares que se fueron desarrollando durante la última etapa de la Gran Guerra, contrarias a las armas de los ejércitos alemanes y especialmente en lo que respecta a su armada imperial, impidieron que un buque de esa nacionalidad pudiera trasladarse al Río de la Plata a fin de proceder al desagravio de la bandera argentina, tal como se había obligado esa potencia ante nuestro país, por el hundimiento de la goleta Monte Protegido y del vapor Toro, por parte de submarinos alemanes, no pudiendo así realizarse tal ceremonia en tiempo y forma.

Un par de años después de finalizada la guerra y vencida Alemania, en agosto de 1921 y durante la República de Weimar, la Cancillería alemana hizo saber a su par argentina de la intención de realizar aquel desagravio y cumplir con una deuda de honor que tenía hacia un país que había mantenido una total neutralidad en el conflicto pasado.

En razón de las dificultades de agitación social y política por la que estaba aravesando ese país en aquellos momentos, hacía dificultosa también el desplazamiento de un buque de guerra hasta nuestro país para cumplir con el acto reparador y por ello ofrecía realizarlo en tierra alemana, en la base naval de Kiel, sobre el Báltico y a bordo de un acorazado de su marina. El ministro Honorio Pueyrredón aceptó el ofrecimiento. 

El detalle de la ceremonia, tratado con solemnidad, fue pasado a nuestra embajada en Berlín y de ahí a Buenos Aires para ser aprobada por el Ejecutivo.

Tal trascendental acto fue fijado para ser efectuado el 22 de setiembre de dicho año.

Los diarios argentinos de aquellos días, anoticiaban a sus lectores de tal trascendente acontecimiento: La Nación anunciaba “Hoy será saludada en Kiel la bandera argentina” y al día siguiente: “Fue saludada la bandera argentina en Kiel”, por su parte el diario oficialista La Época, publicaba “Hoy se realizó en Kiel el saludo a la bandera argentina”. 

En ambos diarios, que pude consultar en la Hemeroteca de la Biblioteca del Congreso de la Nación, se hizo una crónica, bastante completa de la ceremonia realizada.

La Nación, informaba que “El corresponsal de La Nación se había dirigido a Kiel para asistir a la ceremonia que resultó imponente.

No habiendo sido recibida la prensa a bordo del acorazado, el corresponsal debió fletar una canoa-automóvil, con lo cual pasó en derredor del acorazado, para presenciar de ese modo la ceremonia.

El tiempo primeramente sombrío, aclaróse, y la celebración cumplióse con buen éxito”.

La comisión argentina presidida por el ministro Dr. Luis B. Molina e integrada por funcionarios de la embajada y del consulado, agregados militares y representantes de la colectividad argentina, fue acompañada desde Berlín a Kiel por una importante comitiva designada por el Departamento de negocios extranjeros del Reich, presidida por el Secretario de Estado von Simons.

El puerto de Kiel, fue engalanado para tan trascendente ocasión y para recibir a la delegación argentina se encontraban presentes los comandantes de la estación naval, de la escuadra del Báltico y del acorazado Hannover, donde se iba a llevar a cabo la solemne ceremonia de desagravio y demás funcionarios y autoridades alemanas.

Al abordar la nave, la delegación argentina fue saludada por la oficialidad del navío, ataviados con sus uniformes de gala, mientras que una guardia de honor y la marinería presentaban armas, en esos momentos la bandera argentina era izada en el palo mayor a la cual los marinos alemanes saludaron militarmente, mientras se escuchaban los acordes de nuestro himno, todo ello envuelto en un clima solemne y de gran emotividad.

Ambas comitivas pasaron al salón principal del acorazado, donde se sirvió un lunch, en cuyo transcurso, el representante del Ministerio de Relaciones Exteriores del Reich, Von Simons en nombre de su país dirigió las siguientes palabras al ministro Molina y los restantes miembros de la delegación argentina:

“Como representante del gobierno del Reich, tengo la honra de saludar a su excelencia como representante del gobierno argentino a bordo de este buque de guerra alemán... El origen de este acto data de más de cuatro años. En esa época fueron hundidos por fuerzas navales alemanas los buques argentinos Monte Protegido y Toro y por ese entonces expresó al gobierno argentino que los sucesos no se basaban en manera alguna en una falta de consideración al pabellón nacional argentino, que como símbolo de la soberanía del pueblo amigo es honrado y respetado por todos los alemanes.

Por consiguiente el gobierno alemán no vaciló en dar su promesa de que se aprovecharía la primera oportunidad para hacer saludar la bandera argentina por la marina alemana.

El gobierno alemán cumple con la obligación, tiempo atrás aceptada con el mayor agrado, máxime cuando se trata de dar una justa satisfacción a la nación que observara, respecto de Alemania y hasta la terminación de la guerra, la más estricta neutralidad.

Desgraciadamente no ha sido posible llevar a la práctica el deseo primordial de enviar a aguas argentinas un buque de guerra alemán.

Pero no han de perder su importancia las demostraciones en honor del pabellón argentino que se efectuarán en la zona marítima alemana.

Fórmense con ellas un nuevo lazo de las estrechas y amistosas relaciones que siempre existieron entre la Argentina y Alemania”.

Ese discurso fue muy aplaudido, contestándole visiblemente emocionado el Dr. Molina:

“Mi gobierno valora altamente el homenaje que el gobierno alemán tributa al pabellón argentino en virtud del compromiso contraído con motivo del hundimiento de los buques Monte Protegido y Toro.

En horas tristes para la humanidad y la defensa de los principios y derechos que conceptúa indeclinables, el gobierno argentino tuvo todas las exigencias que las circunstancias imponían.

El gobierno alemán respondió dignamente acordando las satisfacciones pedidas con la declaración de que los sucesos como acabáis de recordarlo, no se basaban en modo alguno en una falta de consideración a la bandera argentina que es hoy honrada y estimada por todos los alemanes y cumple fielmente las promesas hechas entonces.

El desagravio hecho hoy en forma solemne en un buque de guerra alemán, da plena satisfacción al gobierno y llena de júbilo  al pueblo argentino, que se halla deseoso de estrechar cada vez más los vínculos de amistad con Alemania. Al agradecer el saludo que habéis dirigido como representante del gobierno del Reich, cúmpleme expresar en nombre del Presidente de la Nación, que el gobierno argentino aprecia en todo su valor las demostraciones que se hacen en honor de las amistosas y tradicionales relaciones entre vuestro país y el mío”.

Cuando finalizado el acto y al retirarse la delegación argentina, fue saludada con una salva de quince cañonazos y la bandera argentina fue izada en el palo de proa del Hannover.

Alemania había cumplido así, con el compromiso oportunamente asumido.

Nuestra embajada en Berlín comunicó de inmediato a la Cancillería de la “inolvidable ceremonia realizada” en desagravio a la bandera nacional y recién entonces el gobierno de Hipólito Yrigoyen, dio por cerrado el incidente, originado cuatro años antes con motivo del hundimiento de aquellos dos navíos.

La Época, en un artículo titulado “La moral de un episodio”, publicado el mismo día 22 de setiembre, destacaba la actitud diligente del gobierno de Yrigoyen con respecto a los hechos relatados, comparándola con la asumida por el anterior gobierno de Victorino de la Plaza, con respecto al apresamiento del vapor “Presidente Mitre”, por barcos de la Royal Navy: “…Si justa fue la reclamación argentina, ampliamente satisfactoria es la actitud de las autoridades alemanas, que han reconocido la procedencia incuestionable de tal reclamación. Por lo que hace a esta misma, se sabe bien con que diligente actividad y franca energía supo demostrar nuestro gobierno que velaba por el decoro del país, contrastando su conducta con la pasividad de otros días, tan cercanos ellos que no puede olvidarlos el sentimiento nacional, que experimentó una lesión profunda ante los vandalismos de Dinant (1) y el atropello contra el vapor ‘Presidente Mitre’. Destacamos la información del acontecimiento hoy celebrado como la probanza concluyente de que el actual gobierno ha velado por la honra de la Nación con el religioso escrúpulo que exigía su misma dignidad. Así se cumplen los deberes superiores. El episodio es un timbre de altivez que define toda una conciencia”.

Esta fue la tercera vez que nuestra bandera fue desagraviada y saludada por potentes potencias de su época. Las dos primeras veces tuvieron lugar durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas, con motivo del bloqueo francés primero y años más tarde con relación a la intervención anglofrancesa.

Estos son hechos que nunca debemos olvidar los argentinos, ya que honran nuestra historia y forman parte de las glorias de la Nación.


(1) Se refiere al fusilamiento del ciudadano francés Remy Himmer, vicecónsul argentino en la ciudad belga de Dinant, por parte de las tropas alemanas, hecho ocurrido el 23 de agosto de 1914. Además de este desgraciado acontecimiento, las tropas germanas destruyeron los archivos del Consulado y arriaron la bandera argentina. Pero el gobierno de Victorino de la Plaza, en una actitud muy tibia, cerró el caso sin exigir las reparaciones correspondientes.


Bibliografía.

Alén Lascano, Luis C. “Argentina y la Gran Guerra”, revista Todo es Historia N° 69, enero de 1973.

La Época, diario, Año VI, N° 2003.

La Nación, diario, Año LII, N° 17957, 19758 

 

1917 - Jaque a la neutralidad argentina

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año XII N° 45 - Diciembre 2017 - Pags. 8 y 9 


1917 - Jaque a la neutralidad argentina

Por la Prof. Beatriz C. Doallo

Neutralidad argentina
Goleta Monte Protegido


Dos potencias en conflicto durante la primera Guerra Mundial –Inglaterra y Alemania- tomaron poco en cuenta la neutralidad de la República Argentina, anunciada el 5 de agosto de 1915 por el presidente Victorino de la Plaza y ratificada por su sucesor, Hipólito Yrigoyen. Y en 1917, el primer año de su gobierno, a don Hipólito le costó mucho mantener a nuestro país fuera de la conflagración. En noviembre de 1915 un crucero británico apresó al barco argentino Presidente Mitre, agresión que originó encendidos artículos de la prensa pero no alborotó mucho a la ciudadanía (1). Fue en abril de 1917 cuando se enardecieron los ánimos al conocerse que el día 4 la goleta mercante con pabellón argentino Monte Protegido había sido torpedeada por un submarino alemán y hundida en el Atlántico a 45 km. de la costa inglesa. La goleta llevaba a Holanda un cargamento de lino y su tripulación, a la que se obligó a desembarcar en las islas Solingas, que eran de Noruega, país neutral.

La tecnología para la destrucción había agregado al terror del tanque el submarino, que los alemanes usaban en todos los mares actuando como corsarios. En enero de ese año Alemania había informado que su Marina obstruiría a barcos de países neutrales una gran parte del Atlántico Norte frente a las costas de Francia e Inglaterra, bloqueo que luego se extendió al litoral italiano sobre el mediterráneo.

Neutralidad argentina
Honorio Pueyrredón
Se hallara o no el Monte Protegido en la zona bloqueada, el reclamo por la ofensa a nuestra soberanía fue inmediato. El Canciller, Honorio Pueyrredón, exigió al gobierno alemán explicaciones por la violación al Derecho Internacional, el desagravio de nuestra bandera e indemnización por los daños materiales. El 28 de abril el secretario de estado alemán, Arthur Zimmermann, en nota enviada a nuestra cancillería, aceptó la responsabilidad germana por el hundimiento de la goleta; aseguró que se indemnizaría a los perjudicados y la Escuadra de su país rendiría homenaje de desagravio al pabellón argentino. De esta declaración se sobreentendía el compromiso de Alemania de no hundir más naves argentinas.

Esta actitud apaciguadora cerró el incidente en lo tocante a la diplomacia, pero ya era tarde para frenar la indignación popular, espoleada por el Comité de la Juventud Pro Ruptura, había derivado el 14 y 15 de abril en el destrozo y saqueo de comercios y periódicos de la colectividad alemana, en tanto la policía se esforzaba para proteger la Embajada de ese país.

El 22 de abril, frente a la Casa de Gobierno, una manifestación integrada por miembros de las colectividades italiana, inglesa y francesa y liderada,  entre otros, por el socialista Alfredo Palacios y el escritor Ricardo Rojas, había exigido el rompimiento de relaciones con Alemania. La firme posición de Yrigoyen, mantener la neutralidad pese a todo, tuvo también importantes seguidores, incluso entre los integrantes de la oposición. Se dispuso que un barco transportara sin cobrar pasaje a todo hombre que quisiera ir a Europa a enrolarse en el ejército aliado; el buque partió con gran cantidad de voluntarios, en su mayoría italianos.

Las cosas se volvieron a desmadrar en junio de ese año: el día 22 el barco mercante argentino Toro, que llevaba a Génova un cargamento de cueros, grasas, carne congelada y lana, fue torpedeado y hundido por un submarino en el Atlántico, pocas millas antes de Gibraltar.

El 4 de julio nuestra Cancillería envió a Alemania un enérgico reclamo: “El Gobierno argentino al contestar la nota del Gobierno imperial alemán anunciado la guerra submarina ilimitada, declaró que la República ajustaría su conducta, como siempre, a las normas y principios fundamentales del Derecho Internacional. Fue fundándose en este concepto que formuló su reclamación en el caso del ‘Monte Protegido’ y que aceptó las explicaciones del Gobierno imperial alemán en cuanto ellas reconocían la plenitud del derecho de la República y satisfacían la reclamación en todos sus términos. Al proceder así, este Gobierno entendía que aquella actitud tenía el alcance de colocar en lo sucesivo a los buques argentinos al amparo de las medidas de guerra de que había resuelto hacer uso del Gobierno imperial; pero, ante la reiteración del hecho, las satisfacciones morales y las indemnizaciones del daño material serían insuficientes para salvar el derecho vulnerado. En consecuencia se ve en el caso de formular nueva protesta y reclamar, además del desagravio moral y de la reparación del daño, la seguridad del Gobierno alemán de respetar en lo sucesivo los barcos argentinos en su libre navegación de los mares. La República desea mantener sus relaciones cordiales con el imperio Alemán, pero no podría, por las razones aducidas, aceptar soluciones cuyos términos no significaran la consagración definitiva de un derecho.

Espera el Gobierno argentino que el Gobierno imperial alemán reconocerá la razón  que asiste a la república  y le acordará las satisfacciones pedidas”.

Ante el nuevo hecho, el proceder de las autoridades alemanas distó de mantener el tono conciliador del caso anterior. Zimmermann respondió aduciendo que el barco estaba en una zona declarada interdicta en enero y que lo ocurrido “no es una consecuencia de la guerra submarina sin restricciones, sino de la aplicación de las reglas generales internacionales del derecho en la guerra marítima”. Añadió que la carga del Toro, carne y grasas, constituía “contrabando de guerra” y que la cercanía del buque a Gibraltar, fuerte enclave inglés, permitía suponer que su destino era un puerto enemigo. Pese a ello –agregaba la nota– el Imperio estaba dispuesto otra vez a indemnizar los daños materiales y desagraviar nuestra bandera, aunque previniendo que sería hundida toda nave argentina que se hallare en la zona del bloqueo.

Neutralidad argentina
Vapor Toro

La respuesta de nuestro gobierno por intermedio del canciller Pueyrredón, el 4 de agosto, tuvo la energía que requerían las circunstancias.

“La República soporta como estado neutral las consecuencias mediatas de la guerra, pero no puede consentir como legítimo el daño directo, a base de convenciones que le son extrañas o por imposiciones de una lucha en que no participa.

No es concebible que sus productos naturales se califiquen en momento alguno como contrabando y jamás han figurado en tal carácter en los tratados celebrados por ella. Son el fruto del esfuerzo de la Nación en su labor vital, no para satisfacer exigencias de la guerra sino para las necesidades normales de la humanidad. El Gobierno argentino no puede así reconocer que el intercambio de la producción nacional del país sea motivo de una calificación bélica restrictiva de su libertad de acción y de evidente menoscabo de su soberanía.

En consecuencia, no cabe aceptar las proposiciones que formula Vuestra Excelencia, y de acuerdo con el derecho que sustenta insiste en la reparación requerida, y en la seguridad de respetar en lo sucesivo los buques argentinos en su libre navegación de los mares”.

En tanto se cruzaban estas notas entre nuestra Cancillería y la germana, el hundimiento del Toro había desatado nuevamente la furia de la ciudadanía. En esta ocasión se tradujo en el incendio del Club Alemán y de muchas cervecerías porteñas cuyos propietarios eran alemanes.

La tensión se incrementó a causa de que ese año Estados Unidos había declarado la guerra a Alemania y Brasil acababa de hacerlo. Vastos sectores populares exigían a Yrigoyen el rompimiento de relaciones; no se comprendía su conducta, mantener el statu quo a pesar de la magnitud del agravio a nuestra soberanía.

No obstante, en medio de ese clima impetuoso también eran muchos los que aprobaban la posición del Presidente, cuya acción más beligerante fue ordenar al Embajador alemán, conde Karl de Luxburg, que abandonara nuestro país de inmediato. Quienes no creían en la guerra y se oponían a que Argentina la declarara, consideraban que el aislamiento impuesto por Yrigoyen era la actitud que convenía.

El Imperio Alemán, por su parte, estaba en una situación complicada: avenirse a las exigencias argentinas significaba renunciar a la estratégica guerra submarina. Por último, el 28 de agosto nuestro Canciller recibió la respuesta alemana:

“Declaración: El Gobierno imperial alemán, no obstante las objeciones que puede hacer a los fundamentos de la reclamación del Gobierno argentino, en su deseo de mantener las buenas relaciones que siempre cultivaron y respondiendo a los sentimientos amistosos reiterados por las partes en esta oportunidad, para dar una sanción grande y elevada a la cuestión del hundimiento del vapor ‘Toro’, resuelve someter su solución a los mismos procedimientos observados en el caso del ‘Monte Protegido’, y está dispuesto a abonar al Gobierno argentino el monto del valor por el hundimiento del vapor ‘Toro’ en lo que exceda a la suma asegurada.

El Gobierno imperial reconoce la libertad de los mares a la navegación argentina, según las normas del Derecho Internacional, y garantiza una actitud concorde de su marina de guerra”,

En un acuerdo entre las dos Cancillerías que se mantuvo en secreto a la ciudadanía hasta mucho después de concluida la guerra, se dio palabra a Zimmermann de que ningún barco argentino navegaría dentro de la zona interdicta.

El final feliz del incidente internacional elevó la popularidad de Yrigoyen, sacudida ese primer año de su mandato por 80 huelgas. Como corolario, cabe consignar que el conde de Luxburg, de regreso en su país, aseguró conocer de buena fuente que el decreto de ruptura de relaciones con Alemania, firmado por el canciller Pueyrredón pero no por Yrigoyen, estaba en una cajón del escritorio del Presidente argentino, y esta aseveración del exembajador ejerció gran influencia en la redacción de la nota germana que puso fin al episodio.

(1) El apresamiento del vapor “Presidente Mitre”, El Restaurador N° 37 – Diciembre 2015.