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domingo, 15 de mayo de 2022

Colón y sus estatuas

El día 20 de junio de 2020, se publicó en el diario Clarín, el presente artículo relativo a las estatuas de Colón


Colón y sus estatuas

por Carlos Malamud


En las últimas semanas, Cristóbal Colón se convirtió en objeto de la ira y la frustración de los manifestantes antirracistas. Al acusarlo de exterminar a los nativo-americanos también se lo responsabilizaba de los horrores de la Conquista, mientras sus estatuas comenzaban a ser derribadas. Pero esto no es algo nuevo ni comenzó con la muerte de George Floyd. Ahí está la destrucción de esculturas de Marx, Lenin y Stalin tras la desaparición de la Unión Soviética, los Budas gigantes de Bamiyán, bombardeados por los talibán o el desplome de Saddam Hussein en el Bagdad ocupado.

Esta furia oculta la necesidad de reescribir la historia. Los congoleños quieren retirar las estatuas belgas del genocida Leopoldo II. En Chile, durante las manifestaciones de 2019 le tocó el turno a los conquistadores Pedro de Valdivia y Francisco de Aguirre, y a políticos y militares del siglo XIX, como Diego Portales y Cornelio Saavedra, nieto del presidente de la Primera Junta. Los mapuches utilizaron las protestas en pro de sus reivindicaciones y para confrontar el “relato histórico oficial”, distinguiendo la visión conservadora (actos vandálicos y “alborotadores profesionales”) de la propia (“un simbolismo muy potente”, que rechaza la versión tradicional asentada en una historia falsificada).

Lewis Hamilton, el campeón de Fórmula-1, apoya el derribo de las estatuas de todos los racistas enriquecidos “vendiendo seres humanos”. Al incluir a todos los negreros, ¿también tenemos en cuenta a los comerciantes y políticos africanos que desde el siglo XVI entregaban por miles a sus compatriotas a cambio del dinero europeo? Esto es importante, ya que sin esa realidad no se entiende cómo funcionaba exactamente el comercio transatlántico.

Quienes derriban estatuas suelen apelar al revisionismo histórico con la pretensión de elaborar un relato político alternativo. Nada de historia, ya que pesan más los sentimientos y las opiniones que el saber científico. Buscan justificar la violencia en pro de un ideal de cambio, con su relato de buenos y malos, de ganadores y perdedores, tratando de dar vuelta la tortilla.

Los más empeñados en estas acciones prefieren la memoria histórica, olvidándose de lo mucho que pueden contarnos estos monumentos sobre la historia de la gente que las construyó y pagó por ellas, o incluso de la sociedad y del momento en que se erigieron.

Todo esto es más que el mero recuerdo distorsionado de un personaje tallado en piedra o en metal, ya que las estatuas suelen reflejar mejor la época, sus valores y sus cánones artísticos que al personaje retratado. Valdría la pena pensar dos veces antes que condenarlas al olvido, porque la memoria también se alimenta de malos recuerdos.

El gran protagonista de la “guerra de las estatuas” es Colón y, colateralmente, España, como se ha visto con Isabel la Católica en California. Se trata de una “guerra” que tuvo numerosos precedentes tanto en América Latina como en EE.UU. En Caracas (2004), Buenos Aires (2013) y Arica (2019) se vio trastabillar a Colón bajo la impronta chavista.

Sin embargo, los ataques ya habían comenzado antes de 1992, con motivo del V Centenario. En Estados Unidos se pasó de cambiar el “Día Colón” por el de “los pueblos indígenas, aborígenes y nativos”, como hizo Los Ángeles en 2018, a retirar su estatua del centro urbano. Después de todo, como explican, el relato de Colón descubridor de América es “falso” y encima fue el responsable “del mayor genocidio de la historia”. En 2019, cuando Washington DC se sumó al movimiento, 131 ciudades y ocho estados habían optado por celebrar el Día de los Pueblos Indígenas.

En este esquema dicotómico parece haber estatuas buenas y estatuas malas, que representan gestas rescatables y gestas reprobables. Ante eso, ¿deben caer las estatuas más aborrecibles? Y en caso afirmativo, ¿quien lo decide? Muchos de quienes aplauden lo ocurrido con Colón, los conquistadores españoles y los esclavistas seguramente se opusieron en su día al derribo de las 11 estatuas de Hugo Chávez (10 en Venezuela y una en Bolivia), o de la retirada de la horrenda escultura de Néstor Kirchner de la sede de Unasur.

¿Nos quedamos con que Colón fue simplemente un genocida y lo condenamos? ¿O hacemos más compleja la ecuación? Las reacciones aquí comentadas han sido extemporáneas y en el caso de Colón no valoraron el momento histórico en que vivió. Como hombre de su época impulsó la expansión marítima europea. Pero hay más, ¿qué hubiera sido de él si viviera en nuestros días?, ¿sería un racista o condenaría la segregación? No lo sabemos.

Hay reivindicaciones más justas que otras, aunque no es lo mismo derribar estatuas que reemplazar denominaciones hagiográficas de bases militares, plazas y calles, caso de los generales confederados. Tampoco restituir a sus dueños el patrimonio cultural africano de los museos europeos. Pero, una vez más, ¿cuál es el límite?

Lo de las estatuas recuerda los cada vez más corrientes pedidos de perdón por actos reprobables cometidos hace décadas o incluso muchos siglos atrás. ¿Qué hacer con ellos? En 2019, Andrés Manuel López Obrador envió una carta al rey Felipe VI pidiendo que España se excusara por los crímenes de Hernán Cortés y los españoles (europeos) durante la conquista. En la misiva presidencial subyace un estado de opinión extendido en la sociedad mexicana, y en otros países de América Latina, y por eso no sería descartable que se repitieran situaciones similares.

En vastos sectores de las opiniones públicas latinoamericanas existe una visión de la Conquista no compartida por la sociedad española. Si España quiere reforzar la relación con América Latina deberá afrontar el tema sin enrocarse únicamente en su legado “civilizatorio” (cultura, lengua y religión). Pero, este es un camino de doble sentido y si los latinoamericanos quieren reforzar su relación con España, tampoco pueden seguir insistiendo en una versión maniquea de la historia, con los buenos de un lado y los malos justo enfrente.

Carlos Malamud es investigador principal del Real Instituto Elcano y catedrático de Historia de América en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED)

lunes, 1 de diciembre de 2014

La estatua de Colón y su traslado

  Publicado en el Periódico El Restaurador - Año IX N° 33 - Diciembre 2014 - Pag. 7 

La estatua de Colón y su traslado

                                                                       Por El Federal Apostólico

La bella escultura de mármol que se encontraba emplazada en Plaza Colón -detrás de la Casa de Gobierno- regalo de la comunidad italiana por el Centenario de la Revolución de Mayo y cuya piedra fundamental fue puesta el 24 de mayo de 1920, fue inaugurada un poco más de once años después con la presencia del presidente Hipólito Yrigoyen.

El monumento realizado en mármol de Carrara, obra del escultor Arnaldo Zocchi, fue esculpido en Italia y trasladado desarmado a la ciudad de Buenos Aires. Pesaba 623 tn., con una altura total de 26 mts.

En el año 2013, el gobierno nacional, comenzó a desmontar el monumento con varios argumentos, uno el que instituciones italianas habían solicitado su emplazamiento en la ciudad de Mar del Plata, otro era que se lo desmontaba a fin de "restaurarlo". Ambos argumentos con el tiempo resultaron que no eran ciertos ya que la finalidad real era la de sustituir ese monumento por el de la patriota altoperuana Juana Azurduy -regalo del gobierno de Bolivia-.

En el mes de mayo pasado el gobierno nacional y el de la ciudad de Buenos Aires, acordaron que el monumento a  Colón fuera emplazado en la Costanera Norte, frente al Aeroparque metropolitano, y de cara al río, haciéndose cargo el primero de los gastos que se ocasionaran por traslado, restauración y trabajos de ingeniería para su nuevo emplazamiento.

Nadie ha discutido ni discute la instalación de una estatua de Juana Azurduy en la ciudad de Buenos Aires, sino todo lo contrario, ya que es bien merecida, pero tampoco era necesario sacar un monumento para colocar otro, pues la ciudad tiene muchísimos lugares donde podría ser emplazada, inclusive en la misma plaza Colón podrían haber convivido ambos.

Nadie tampoco, con un mínimo de criterio y dejando de lado cuestiones ideológicas de moda, puede discutir el lugar que la historia universal tiene asignado al Almirante Cristóbal Colón.

Un pequeño detalle. Los gastos de ese desplazamiento le significará al erario público nacional la friolera de $ 25.000.000 -aproximadamente- que hubiera podido tener otros destinos, más acordes a los tiempos que nos toca vivir.

La estatua de Colón - La celebración del 12 de octubre

  Publicado en el Periódico El Restaurador - Año IX N° 33 - Diciembre 2014 - Pags. 6 y 7 

La estatua de Colón - La celebración del 12 de octubre.

Por Norberto E. Chindemi *

Traslado del monumento a Colón
Postal, circa 1930


Hace unos años atrás, mirando por una ventana de la casa de Gobierno que da a la plaza Colón, el entonces presidente de Venezuela, Hugo Chavez, observando la estatua de Colón, espetó a nuestra Presidente: "¡Qué hace ese genocida aquí!".

La ignorancia -interesada o supina- hizo que la Presidente ordenara desmontar la estatua del Gran Almirante, el que trajo a Cristo, a tierras americanas.

Se transformó el "Día de la Raza", instituido por decreto N° 7.112 dictado por el presidente Yrigoyen del 4 de octubre de 1917, en un anodino "Día de Respeto a la Diversidad Cultural", que huele al atraso de la leyenda negra. Y lo más gracioso es que pretenden hacernos creer que esto es "progresismo".

¿Nos hubiera agradado vivir en una cultura, donde las tierras eran exclusivamente del Inca, al cual no se le podía mirar y a cuya muerte eran enterradas vivas sus esposas, hijos, parientes, sirvientes, para atenderlo en el más allá?

¿Sería alegre gozar en las correrías de los aztecas cuando atrapaban a jóvenes para ofrecerlos al dios sol y cuyo corazón era comido por los sacerdotes y sus restos devorados por sus fieles?

"La ESPAÑA DESCUBRIDORA Y CONQUISTADORA -dice el referido decreto- volcó sobre el continente enigmático el valor de sus guerreros, el denuedo de sus exploradores, la fe de sus sacerdotes, el preceptismo de sus sabios, las labores de sus ancestrales y con la aleación de todos estos factores obró el milagro de conquistar para la civilización la inmensa heredad en que hoy florecen las naciones a las cuales ha dado, con la levadura de su fe y la armonía de su lengua, una herencia inmortal que debemos afirmar y mantener con jubiloso reconocimiento".

Por su parte el presidente Gral. Juan D. Perón el 29 de noviembre de 1947, con motivo de celebrarse el IV Centenario del nacimiento de Miguel de Cervantes Saavedra (ER 5, pág. 5) expresaba en un discurso en la Academia Argentina de Letras: "España levantó ciudades, edificó universidades, difundió la cultura, formó hombres, e hizo mucho más: fundió y confundió su sangre con América y signó a sus hijas con un sello que las hace, si bien distintas a la madre en su forma y apariencias, iguales a ella en su esencia y naturaleza. Incorporó a la suya la expresión de un aporte fuerte y desbordante de vida que remozaba a la cultura occidental con el ímpetu de una energía nueva". 

Decía la Primera Dama María Eva Duarte de Perón -nuestra querida Evita- el 6 de octubre de 1948 "La hispánica, esa raza inmortal de descubridores y conquistadores, encontró en este mundo el teatro ideal para el ejercicio de sus virtudes... AMÉRICA ES LA ETERNIDAD DE ESPAÑA EN EL MUNDO DE LA CIVILIZACIÓN".

No hizo cuestión de color de la piel, y el mestizaje fue herencia que cultivó con grandeza sin igual.

Usar el idioma de Castilla para denigrar la obra de Fernando e Isabel, es una canallada. Recuerdo a este respecto, las palabras del eximio Dr. Carlos Pérez Herrera (primo del general Torrijos, quien en 1982 se apersonó en nuestra Patria para manifestar la admiración del pueblo panameño) quien en una reunión realizada en Trípoli, les contestó a unos indios que denostaban a la Madre Patria: "Ustedes pueden hablar así gracias a España; porque con el lenguaje que tenían antes de 1492 no podrían hilvanar una idea filosófica".

En el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid, la en ese entonces Vicepresidente de la Nación, María Estela Martínez de Perón el 25 de junio de 1974, dijo estas palabras: "Los dos personajes de la conquista, conquistador y fraile, representaron en la experiencia colonial. El primero, todo lo que humanamente pueda imaginarse en actitudes temporales, en orden al coraje, a las aspiraciones de poder y del heroísmo de que se hizo derroche, sujetado y moderado por el otro, el fraile portando la cruz, recordando la primacía del espíritu y la indestructible unidad entre la causa de Cristo y la justicia para los débiles... En los tres siglos de su predominio, España aportó para América las bases fundamentales de su unidad futura: unidad jurídica y política; unidad económica...; unidad cultural...; unidad espiritual. ESTOS FACTORES DE UNIDAD AFIRMARON UNA CONCIENCIA AMERICANA, QUE LOS MOTIVOS DE DISPERSIÓN Y LA CREACIÓN DE LAS NACIONALIDADES NO HAN PODIDO QUEBRAR... Tenemos una historia detrás de nosotros. La historia del futuro no nos perdonaría el haber dejado de ser fieles a ella".

Ante la soberbia y el resentimiento actual, suenan las palabras dichas por el fraile Francisco de Paula Castañeda allá en 1821: "Por Castilla somos gentes" y las del general Perón en el siglo pasado: "Hoy más que nunca debe resucitar el Quijote y abrirse el sepulcro del Cid Campeador".

Por España llegamos a Grecia y a Roma, a la filosofía y al derecho y al logos precristiano.

Celebremos jubilosamente los 12 de octubre, que, después de la Redención de Cristo, fuera el acontecimiento más trascendental de la historia humana, pues DEJAMOS LA BARBARIE Y COMENZAMOS A SER.

Entonces, entre Yrigoyen, Perón, Evita, Isabel y Castañeda por un lado y el resentimiento y la ignorancia por el otro, nos quedamos con Yrigoyen, Perón, Evita, Isabel y Castañeda. Porque "La verdad os hará libres" (Juan VIII, 32).


* Norberto Eugenio Chidemi, nacido en Avellaneda, profesor en Historia, Licenciado en Sociología y Doctorado en Ciencias Políticas, dictó cursos en escuelas sindicales, en la CGT, en la escuela Superior de Conducción Política, ejerciendo también actividades en el centro Cultural Gral. San Martín, en el Ateneo Cultural Cecilia Bernasconi y en la ex-Segba. Es miembro académico de número de la Societá Internazionale di Filosofía Santo Tommasso D'Aquino de Roma y del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, y en la Fundación Doctrina. Fundador del Ateneo Cultural y Deportivo Don Bosco. Es conferencista, participó en congresos internacionales en Europa y Libia, es titular de la estación sonora LRI 227, AM 1650 Radio "Antares" (La emisora de la familia) en la localidad de Pilar. Es autor de varios libros, entre ellos "Leyenda Puma", "Nosotros, los peronistas", "Aníbal Atilio Röttjer: sacerdote ejemplar, patriota esclarecido, educador integral".