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martes, 1 de marzo de 2016

La Casa Rosada

   Publicado en el Periódico El Restaurador - Año X N° 38 - Marzo 2015 - Pag. 6 

 Bicentenario de la Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas de Sud América  el  9 de Julio de 1816 

La Casa Rosada

                                                                      

            La llamada Casa Rosada es la sede del Poder Ejecutivo Nacional y se encuentra edificada en el mismo lugar que ocupara la Real Fortaleza de Don Juan Baltasar de Austria (posteriormente llamado Fuerte de Buenos Aires) construida  a partir de 1595 para servir de defensa a la entonces llamada Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María del Buen Ayre, finalizando su construcción a principios del siglo XVIII.

            Fue la residencia de las autoridades coloniales como gobernadores y virreyes, hasta la Revolución de Mayo de 1810 y posteriormente también lo fue de distintas autoridades criollas, que lo utilizaron como vivienda y sede del gobierno -salvo algún período durante el gobierno de Rosas- hasta que el presidente Julio Argentino Roca ordenó su demolición en 1882, pues ya no tenía valor ni como elemento de defensa ni como sede de gobierno y desentonaba con la fisonomía de tipo europeo que en aquella época quería imprimirse a la ciudad capital del país.

            A través del tiempo la primitiva construcción de la fortaleza, sufrió muchísimas modificaciones, que cambiaron su primitiva fisonomía.

Dibujo de la Casa Rosada
Dibujo de 1890 de la casa de Gobierno, en el cual se visualizan ambos Palacios, el de la izquierda
la Casa de Gobierno y el de la derecha de Correos y Telégrafos, unidos por el arco central
de acceso a la misma, que cubría la calle existente antes entre ellos


         Durante la presidencia de Sarmiento, la llamada Casa de los Virreyes que primitivamente se encontraba dentro del Fuerte, que pasó a ser la Casa de Gobierno y sede del Presidente de la Nación, situada frente a la Plaza de Mayo, fue pintada de color rosado y de allí el nombre que se le dio a la sede gubernativa como Casa Rosada.

            La actual Casa Rosada es el resultado de la unión de dos edificios iguales, separado entonces por una calle. Uno de ellos el Palacio de Correo y Telégrafos proyectado durante la presidencia de Sarmiento e inaugurado en 1876 por el presidente Nicolás Avellaneda  y el otro -copia del anterior- la Casa de Gobierno mandado a construir en 1882 por el Presidente Julio A. Roca, finalizada en 1884. Posteriormente el edificio destinado a Casa de Gobierno, quedó estrecho para las necesidades administrativas del gobierno nacional, por lo que se decidió unir ambos edificios mediante la construcción de un arco de triunfo, de forma de transformar la calle que existía en la entrada del edificio, finalizando los trabajos en 1886.

            Posteriormente se hicieron otras reformas tanto internas como externas y se demolió también parte del edificio que había sido primitivamente el Palacio de Correos y Telégrafos, llegándose a la construcción como la conocemos hoy día.

Casa Rosada actual
Casa de Gobierno actual, donde puede en el extremo derecho la parte ya no existente
que era parte del antiguo Palacio de Correos y Telégrafo, ya demolida

sábado, 1 de diciembre de 2012

Cara y Ceca - Felipe Pigna

   Publicado en el Periódico El Restaurador - Año VII N° 25 - Diciembre 2012 - Pags. 2 y 3 

 

Cara y ceca

El domingo 29 de julio de 2012, salió publicado en la revista VIVA, en el espacio "La historia en foco", un artículo de autoría del Prof. Felipe Pigna, el que mereció una contestación del historiador Dr. Jorge Oscar Sulé. El Prof. Pigna no contestó las apreciaciones de Sulé y allí terminó la cuestión.

Fiel a nuestro estilo -como ya lo hiciéramos en la polémica entablada entre el escritor Omar López Mato y el Director de este periódico- , publicamos el artículo del Prof. Pigna y la contestación del Dr. Sulé a  fin de que nuestros lectores puedan tener conocimiento de todas las versiones y puedan sacar sus propias conclusiones.

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Exterminios antes de Roca

Por Felipe Pigna

elhistoriador@elhistoriador.com.ar


Las buenas intenciones con los dueños originarios de las tierras duraron poco. La instalación de los saladeros fue el punto de partida para una política de exterminio que compartieron Martín Rodríguez, Rosas y Mitre.

Los originarios dueños de las tierras venían resistiendo la conquista del blanco desde la llegada de Juan Díaz de Solís en 1516. Don Pedro de Mendoza tuvo que abandonar Buenos Aires en 1536 corrido por la sífilis y la hostilidad de los pampas. Solamente la creación del Virreinato del Río de la Plata en 1776 y la consecuente presencia de un poder político y militar fuerte, permitieron establecer una línea de fronteras con los nativos medianamente alejados de los centros urbanos.

La Revolución de Mayo propugnó una política conciliatoria e integradora. En octubre de 1810, el secretario de Guerra y Gobierno de la Junta, Mariano Moreno encomendó al coronel Pedro Andrés García una expedición pacífica, diplomática y comercial hacia los pampas.

El Coronel García elevó un informe a la Junta en el que decía que el indio, "a pesar de su barbarie", podía ser reducido y asimilado a la civilización. García proponía fortificar como frontera desde el río Colorado al sur de Mendoza, establecerse en Salinas Grandes, Guaminí y Sierra de la Ventana.

Emeric Essex Vidal
Indios pampas en Buenos Aires

Un decreto de la Junta Grande, del 1° de setiembre de 1811, decía: "nada se ha mirado con mas horror desde los primeros momentos de la instalación del actual gobierno como el estado miserable y abatido de la desgraciada raza de los indios. [...] hechos víctimas desgraciados de la ambición, no solo han estado sepultados por la esclavitud ignominiosa, sino que desde ella misma debían saciar con su sudor la codicia y el lujo de los opresores. Penetrados de esos principios los individuos todos del gobierno y deseosos de adoptar todas las medidas capaces de reintegrarlos en sus primitivos derechos, les declararon desde luego la igualdad que les correspondía con las demás clases del Estado" (1) y hasta el himno aprobado por la Asamblea del Año XIII reivindicaba a los habitantes originarios de América:

Se conmueven del Inca las tumbas / y en sus huesos revive el ardor / lo que ve renovando a sus hijos / de la Patria el antiguo esplendor.

Todavía en 1819, Feliciano Chiclana visitó a los ranqueles, en Leuvucó, a 200 leguas de Buenos Aires. Lo recibieron amigablemente y hasta logró pactar una alianza contra los "maturrangos".

Tiempos de cambio

Pero todo comenzaría a cambiar con la instalación de los saladeros. La necesidad de sal y tierras para las pasturas fueron apartando a la burguesía criolla del recuerdo de los ideales de hermandad expresados por los hombres de Mayo.

A poco de asumir el gobernador estanciero Martín Rodríguez lanzó una campaña al "desierto". De hecho prácticamente delegó el mando en su superministro Rivadavia y se dedicó a hacer la guerra a los nativos. La visión de Rodríguez al respecto no dejaba muchas dudas: "La experiencia de todo lo hecho nos enseña el modo de manejarse con estos hombres; ello nos guía al convencimiento de que la guerra con ellos debe llevarse al exterminio. En la guerra se presenta el único remedio bajo el principio de desechar toda idea de urbanidad y considerarlos como enemigos que es preciso destruir y exterminar". (2)

El coronel García escribirá sobre la campaña de Rodríguez: "Fue errado y muy dañoso el sistema de conquistar a los indios salvajes a la bayoneta y de hacerlos entrar en las privaciones de la sociedad sin haberles formado necesidades e inspirándoles el gusto de nuestras comodidades".

Rosas y sus aliados

Entre 1833 y 1834, Rosas emprendió su "campaña al desierto" financiada por la provincia y sus compañeros de clase, los estancieros bonaerenses, preocupados por la amenaza indígena sobre sus propiedades. La expedición contó con el apoyo de los gobiernos de Córdoba, San Luis, San Juan y Mendoza. Rosas combinó durante la conquista conciliación con la represión. Pactó con los pampas y se enfrentó con los ranqueles y la confederación liderada por Calfucurá.

Según un informe que Don Juan Manuel presentó al gobierno de Buenos Aires, el saldo de la operación militar fue de 3200 indios muertos, 1200 prisioneros y 1000 cautivos blancos rescatados.

Por aquellos años de guerras civiles, había algo en que los unitarios y federales estaban de acuerdo: la necesidad de exterminar al habitante originario y quedarse con sus tierras.

 

El discurso de Mitre

Poco después de la caída de Rosas, Bartolomé Mitre se expresaba en términos similares en un artículo de su diario Los Debates titulado: "La Guerra de la frontera": "Las tribus salvajes son una gran potencia respecto de nosotros, una república independiente y feroz en el seno de la república. Para acabar con este escándalo es necesario que la civilización conquiste ese territorio: llevar a cabo un plan de operaciones que de por resultado el aniquilamiento de los salvajes. (...) Podría llegar un día en que se viese el fenómeno singular de un ejército de propietarios radicados en el suelo y siendo por consecuencia el primer apoyo del orden y de la estabilidad de las instituciones". (3)

Mientras se conformaba aquel ejército de propietarios, el gobierno provincial decidió en 1855 enviar al propio coronel Mitre, en su carácter de ministro de Guerra, hacia la zona de Azul a cumplir con su palabra. Como era su costumbre, antes de lanzarse a la lucha, para desdicha de sus soldados, pronunció un estentóreo discurso en el que decía "responder por la última cola de vaca de la provincia en que adelante roben los salvajes". El desastre fue total. En Sierra Chica, la división fue cercada y diezmada por un ejército de proletarios: los lanceros del cacique Calfucurá. Faltó poco para que Mitre y los suyos debieran regresar caminando a Buenos Aires.

(1) Álvaro Yunque, Historia de los argentinos, Buenos Aires, Futuro, 1957, pp. 102,103.

(2) Vicente G. Quesada, Las fronteras y los indios, Buenos Aires, 1914.

(3) Los Debates, 29 de abril de 1852.

miércoles, 1 de junio de 2011

Atentados contra Julio A. Roca y Manuel Quintana

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año V N° 19 - Junio 2011 - Pag. 15 

Crónica de atentados (2° parte) por la Prof. Beatriz C. Doallo 


Piedra contra Roca.

José Manuel Blanes
Julio A. Roca (1)


El general Julio Argentino Roca asumió la primera magistratura el 12 de octubre de 1880, instaurando un Poder Ejecutivo fuerte, dirigido sólo por el Presidente por sobre los otros Poderes, período que Leandro N. Alem llamó despectivamente “Régimen presidencialista” y pasó a la historia como “El régimen”, a secas.

El 1º de mayo de 1886 a las 3 de la tarde, Roca se dirigía a pie, junto con ministros y funcionarios, por la Plaza de Mayo para inaugurar el período de sesiones del Congreso. El paso de la comitiva estaba bordeado por tropas que presentaban armas y contenían a la multitud, de entre la cual salió un hombre que se abalanzó hacia Roca. El individuo llevaba en la mano derecha una gran piedra con la que, ante el estupor de todos, golpeó al Presidente en la sien derecha, causándole una herida de 7 cms. que llegaba hasta el hueso. Intentó golpear otra vez pero entre el Dr. Carlos Pellegrini, Ministro de Guerra y Marina, y el senador David Argüello, lo inmovilizaron hasta que la policía se hizo cargo y lo condujo a la comisaría. Se trataba de Ignacio Machado, un albañil correntino, quien declaró que había intentado matar a Roca para salvar a la Patria con un cambio de gobierno. Enjuiciado por tentativa de homicidio, agravada por ser la víctima una autoridad pública, fue condenado a 10 años de prisión.


Un anarquista contra Quintana 

Atentado contra Manuel Quintana
Manuel Quintana


El 12 de octubre de 1904 el Dr. Manuel Quintana asumió la Presidencia, sucediendo al segundo período de mandato del general Roca.

El 11 de agosto de 1905, en un carruaje tirado por dos caballos y acompañado por el edecán de turno, un Capitán de Fragata, el Dr. Quintana se dirigía desde su casa en la calle Artes (actual Carlos Pellegrini), por la calle Santa Fe hacia la Casa de Gobierno. Al llegar a la Plaza San Martín, un sujeto que, pese a la llovizna que caía, estaba sobre la escalinata con las manos en los bolsillos del sobretodo, bajó corriendo y desde menos de dos metros apuntó a la ventanilla del coche con un revólver que sacó de un bolsillo y disparó, sin que saliera el proyectil. Mientras el carruaje seguía su marcha, el individuo, corriendo a la par del mismo, gatilló nuevamente, sin éxito, luego tiró el arma y huyó a la carrera. El edecán se arrojó a la calzada desde el vehículo en marcha para capturar al agresor, pero resbaló y cayó. Detrás del coche presidencial venía otro en el que viajaba un comisario, responsable de la custodia del Dr. Quintana. El policía hizo perseguir al atacante, y con ayuda de un vigilante que estaba de facción en la esquina de Santa Fe y Esmeralda, lo detuvo y lo condujo al Departamento de Policía.

El Dr. Quintana siguió viaje, pero, para añadir más confusión a lo ocurrido, en la calle Florida patinó uno de los caballos de su carruaje arrastrando en la caída al otro. Finalmente, con un coche de alquiler, pudo el Presidente llegar a destino. No había perdido la serenidad en ningún momento.

Caricatura del presidente Quintana en PBT
Manuel Quintana (2)

- He resuelto no tener miedo - declaró a la prensa. El suceso no asombró a la ciudadanía porque el país estaba infestado de anarquistas y poco antes había tenido lugar un atentado en París contra el rey de España, Alfonso XIII, y el presidente francés, Emile Loubet. El autor del atentado contra Quintana resultó ser Salvador Planas y Virella, tipógrafo catalán de 23 años, con 3 de residencia en nuestro país, quien confesó ser anarquista y haber actuado sin cómplices, motivado por el deseo de cambiar un Presidente por otro que mejorara las condiciones de la clase obrera. Había estudiado las idas y venidas del coche presidencial, que seguía rutinariamente un mismo camino desde el domicilio del Dr. Quintana a la Casa de Gobierno.

Como en el caso del atentado a Roca, la justicia impuso al joven catalán 10 años de prisión por tentativa de homicidio, agravada por ser la víctima persona que ejercía la autoridad pública.

La historia del primer anarquista que intentó matar a uno de nuestros Presidentes tuvo continuación el 6 de enero de 1911. Ese día huyó de la Penitenciaría Nacional de la calle Las Heras, junto con otros 13 presos, por un túnel cavado en el jardín que rodeaba los edificios. Súpose tiempo después que había regresado a España usando documentación falsa proporcionada por una célula anarquista que actuaba en Buenos Aires.

(1) "El presidente Julio Argentino Roca inaugura el período legislativo del año 1886" del pintor de Uruguay Juan Manuel Blanes. Óleo exhibido en el "Salón de los Pasos Perdidos del Palacio del Congreso Nacional".

(2) Caricatura del Presidente Quintana, aparecido en la revista PBT en 1905.