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domingo, 1 de junio de 2014

Campaña naval de 1814

  Publicado en el Periódico El Restaurador - Año VIII N° 31 - Junio 2014 - Pags. 10 y 11 

Homenaje al Bicentenario de la Campaña Naval de 1814



                                                        por el Dr. Guillermo M. Masciotra

Para una mejor visión y comprensión de la campaña naval de 1814 es necesario conocer los antecedentes de aquel momento geopolítico.

Producida en Buenos Aires la revolución del 25 de mayo de 1810, la Banda Oriental no reconoció a las nuevas autoridades porteñas surgida de la misma, convirtiéndose la ciudad de Montevideo en un bastión importante de los realistas. Para ambos contendientes era importante el dominio de las aguas del Río de la Plata.

Con el mencionado fin, la Junta de Buenos Aires, a instancias de Francisco de Gurruchaga creó la primera Escuadrilla Naval, que estaba precariamente armada y tripulada y que fue derrotada el 2 de marzo de 1811 en el combate de San Nicolás de los Arroyos por naves españolas superiores en número, tripulación y armamento.

Las aguas del Río de La Plata estaban así bajo el dominio realista, quienes entre 1811 y 1812 bombardearon en tres oportunidades la ciudad de Buenos Aires.

Una segunda Escuadrilla Naval patriota, al mando de Tomás Taylor, no tuvo acciones que definieran favorablemente el conflicto. Durante 1813 continuó la disputa interviniendo naves corsarias armadas por las Provincias Unidas.

La ciudad de Montevideo había sido sitiada por tierra y era abastecida a través de su puerto. Mientras aguardaban los refuerzos que vendrían desde España, los realistas necesitaban procurarse víveres frescos y ello se lograba mediante las incursiones que sus naves realizaban en las costas del Río de la Plata, Paraná y Uruguay, para robar ganado y víveres, siendo un ejemplo de ello el desembarco que en las barrancas del Paraná, más precisamente en San Lorenzo, realizaron el 3 de febrero de 1813; pero en esa oportunidad fueron enfrentadas por las bisoñas fuerzas de los granaderos a caballo comandadas por el coronel de caballería José de San Martín quienes los vencieron.

Por el lado patriota, comenzó a gestarse la idea, de la necesidad de tener una fuerza marítima que disputara la supremacía realista de las aguas, participando activamente en esa tarea el vocal de la Primera junta de gobierno Juan Larrea, el norteamericano Guillermo White financista de la empresa y proveedor de naves, con las colaboraciones activas de Martín Jacobo Thompson, capitán del puerto de Buenos Aires y el comisionado de marina Benito Goyena. En realidad estos dos últimos fueron los que colaboraron directamente con el alistamiento de la escuadra patriota, cuyo mando hubo de recaer en Guillermo Brown, marino irlandés radicado en Buenos Aires, que había prestado algunos servicios en el Río de la Plata a la causa patriota. Es necesario mencionar que en un momento se pensó en Benjamín Seaver recomendado de White y al cual se le asignó el mismo grado militar que a Brown de teniente coronel de marina. Pero Seaver actuó a las órdenes de Brown y murió heroicamente en la toma de Martín García.

Guillermo Brown
Jacinto de Romararte
La Campaña naval de 1814 se inició con la premisa de dominar el río, disputando las aguas a la marina realista. En marzo, Brown zarpó con su escuadrilla naval para atacar al experimentado marino español Jacinto de Romararte (o Romarate) quien lo esperó en cercanías de la isla Martín García, cuyas defensas había reforzado un mes antes.

Se libraron duros combates durante cuatro días, en los cuales valiosos comandantes patriotas dejaron sus vidas en esas aguas como Seaver, Smith, Martín de Jaumè, lográndose finalmente ocupar la isla. Así, la fuerza naval española que incursionaba por los ríos interiores, quedó aislada de Montevideo.

Los resultados de este combate de Martín García dieron lugar a la persecución de la fuerza española refugiada en arroyo La China (actual Concepción del Uruguay) por las fuerzas patriotas al mando de Tomás Nother, que murió en el combate que se desarrolló en ese lugar el 28 de marzo, al igual que Pedro Spiro, quien voló su nave para evitar su captura. Si bien este último combate no fue favorable a las fuerzas de Brown, significó que Romararte con sus navíos muy averiados quedara enclaustrado y bloqueado en el Río Uruguay y que finalmente se rindiera días después de la caída de Montevideo.

La campaña naval de Montevideo, que significó el fin de la superioridad realista en el estuario del Plata, permitió el bloqueo por agua de la ya sitiada Montevideo por tierra y también mostró la capacidad de organización, selección del personal adecuado y contracción al trabajo para reparar en breve tiempo las maltrechas embarcaciones, tareas realizadas a cabo en la ensenada de Barragán.

Montevideo, sitiada primero por tierra y después bloqueada por mar, se encontró total y completamente aislada y al poco tiempo comenzó a sufrir la falta de víveres. Simultáneamente las fuerzas patriotas fueron reforzadas con nuevas naves al mando de Hubac y Lamarca, que entre otros completaron el bloqueo.

La armada realista, surta en el puerto del Buceo -Montevideo- no tuvo más alternativa que intentar romper el bloqueo y finalmente las naves al mando del capitán de navío Miguel de la Sierra, con ese fin, salieron del puerto y se trenzaron en recio combate con las mandadas por Brown, acciones que se desarrollaron entre el 14 y el 17 de mayo, en el llamado combate naval de Montevideo (o del Buceo) con el resultado de una clara victoria de las armas patriotas, hechos que determinaron que las pocas naves españolas que no fueron hundidas o capturadas se refugiaran nuevamente en el puerto de Montevideo. A principios de junio, Romararte todavía refugiado en arroyo La China ofreció su rendición al Capitán Hubac.

“La victoria naval de Montevideo es lo más grande que hasta el presente ha realizado la revolución americana” dijo en ese entonces el coronel José de San Martín.

La plaza de Montevideo, completamente aislada e imposibilitada de recibir refuerzos y de poder abastecerse, a cuyo mando se encontraba el general José Vigodet, al frente de 5.000 hombres se rendiría el 23 de junio al jefe patriota Carlos María del Alvear.

Guillermo Brown
Combate de Martín García, 1814. Óleo de José Murature. Museo Naval Nacional.

Como consecuencia de la victoria del combate naval de Montevideo y la posterior rendición de la ciudad, finalizó el dominio realista en el Río de la Plata y se logró la captura de más de setenta naves, además de numerosos cañones, fusiles y pertrechos muy valiosos para las fuerzas patriotas las que para completar la campaña iniciada en marzo de 1814, atacaron en el mes de diciembre, la población de Carmen de Patagones que estaba desde dos años atrás en manos realistas, y donde también después de un mes de sitio, el 13 de diciembre, el jefe español se rindió con su pequeña flotilla.

La señera figura de Guillermo Brown cobró una enorme popularidad y respeto, imponiendo en la novel armada una férrea disciplina y su ejemplo, de combatir con una pierna quebrada, significaron el reconocimiento de oficiales y marinería que integraban la naciente fuerza naval, la cual al año siguiente y para disgusto de Brown y sus comandantes fue desmantelada, a pesar de la valiosa colaboración que significó la victoria naval en el desenlace favorable a la causa patriota del sitio de Montevideo. 

Este episodio es el inicio de la brillante actuación del almirante Guillermo Brown al servicio de nuestra Patria que continuaron en sucesivas campañas navales como la guerra de corso al Pacífico, la guerra contra el Imperio del Brasil y la guerra del Paraná participando activamente así en las luchas en defensa de la independencia y la soberanía nacional.

Guillermo Brown
Combate del Buceo, 17 de mayo de 1814. Óleo de Roberto Castellanos.
Escuela Naval Militar

sábado, 1 de septiembre de 2012

Combate de Costa Brava

   Publicado en el Periódico El Restaurador - Año VI N° 24 - Setiembre 2012 - Pags. 1 y 2   

Un episodio de la gloriosa Guerra del Paraná

COMBATE NAVAL DE COSTA BRAVA - 15 Y 16 DE AGOSTO DE 1842

                                                                                 Por Guillermo M. Masciotra

El almirante Guillermo Brown al mando de la Flota de la Confederación Argentina, derrota completamente a la segunda escuadrilla riverista al mando de José Garibaldi en el Río Paraná.

Guillermo Brown
Daguerrotipo del Alte Brown (1856) - M.H.N.


Antecedentes históricos. La diplomacia de las cañoneras

Todo fracasa para el intento colonialista francés de 1838, que bloquea el Río de la Plata y ataca Martín García (ver ER Nº 8), Zárate y Arroyo del Sauce, que suma como aliados a los emigrados unitarios, y las tropas orientales coloradas de Fructuoso Rivera. Pero, en marzo de 1839 la caballería entrerriana de la Confederación Argentina al mando del Gral. Justo J. de Urquiza derrota completamente en la Batalla de Pago Largo, a Berón de Astrada, que muere junto a 800 de sus hombres de las fuerzas correntinas, e impide la vigencia del Tratado entre Fructuoso Rivera y la Provincia de Corrientes. Previamente el Gobierno de Fructuoso Rivera había declarado la guerra a la Confederación Argentina.

Los emigrados unitarios al ver este fracaso, convencen al Gral. Juan Galo de Lavalle de la necesidad de invadir el territorio patrio, siempre con la descarada colaboración gala de naves, armas y equipos. Continuaba la política de las potencias coloniales queriendo imponer la diplomacia de las cañoneras.

La expedición del Gral. Lavalle transportada por buques franceses a las costas de la Provincia de Buenos Aires, se retira al norte casi sin combatir y el Gral. Prudencio Rosas rápidamente sofoca la intentona de los hacendados del Sur de la Provincia de Buenos Aires.

Las Campañas Navales de la Banda Oriental.

En 1840, cambia para Francia su escenario geopolítico y ahora ve el peligro británico en Medio Oriente, firma el Tratado Arana–Mackau (ver ER N° 17), levanta el bloqueo de cerca de 950 días de duración y se retira de estas regiones, pero así comienza la Campaña Naval de la Banda Oriental en 1841.

Rivera, por su parte decide seguir su guerra contra la Confederación Argentina e incluso llevarla a Corrientes. Rápidamente los emigrados unitarios, los ingleses y franceses lo apoyan y pretenden la libre navegación de los ríos interiores.

El Gobierno de la Confederación Argentina se consolida en ambas márgenes del Río de la Plata, y Juan Manuel de Rosas comprende que es necesario nuevamente establecer el poder naval argentino. Para ello convoca al Almirante Guillermo Brown, que contaba con 64 años de edad, sin lugar a dudas una carga importante de años, sacrificios y luchas, pero su gran lucidez, trabajo y capacidad de mando, hacen que de la nada como en las campañas navales de 1814 (contra los realistas) y 1826 (contra los brasileros), arme nuevamente una flota con naves poco homogéneas, armamento dispar e improvisando soluciones para tripular las mismas.

Se sumaron a la convocatoria del bravo irlandés, varios de sus anteriores oficiales, Juan Bautista Thorne, José María Pinedo, Álvaro José de Alsogaray, Nicolás Jorge y Guillermo Bathurst entre otros; merece destacarse la conducta del irlandés Juan King, veterano de la Guerra contra el Imperio, que enfermo, se presentó voluntariamente para defender la soberanía nacional. En tan solo 90 días la enseña nacional flameaba nuevamente al tope de las naves y lista para escribir otro glorioso capítulo de las luchas navales.

Primera Campaña

Combate de Costa Brava
John Halstead Coe

La primera flota oriental riverista al mando de John Coe, antiguo subordinado de Brown en 1826, es completamente derrotada en aguas del Plata, en una serie de combates navales que se desarrollan a partir del 24 de mayo de 1841. Coe se aleja de Buenos Aires y busca la protección de las baterías de Montevideo. Obligado a salir del puerto por el cerco que establece Brown, los navíos riveristas son derrotados en los combates de Punta Brava y Santa Lucía, sumándose a esto la deserción de alguna nave que se pasó a las órdenes del bravo almirante Brown, definieron la absoluta supremacía de la Confederación Argentina en el Río de la Plata.

Segunda Campaña

Pero siguen los intentos de segregar a la Provincia de Corrientes de la Confederación y en 1842 Rivera contrata a José Garibaldi para que al mando de una segunda división naval intente llegar y apoyar a Corrientes. El destino del italiano Garibaldi sería idéntico como veremos al intento de la anterior flotilla de Coe, nuevo despilfarro de naves, recursos y tropas para disputar el poder naval y derrotar a Brown y luego a la Confederación Argentina.

A tal efecto en Junio de 1842, la flota riverista al mando de Garibaldi, se presenta frente a Martín García, utilizando el ardid de identificar sus naves con bandera argentina, fuerza la posición sin combatir. Tardíamente advertido el engaño, las baterías nacionales abren fuego desde la isla, pero las naves invasoras se alejan aguas arriba.

El bombardeo es escuchado en la rada Buenos Aires, y el Almirante Brown, embarcando en el Belgrano ordena la salida de sus buques, lamentablemente por una fuerte bajante, esta embarcación queda varada en el Arenal Grande, y así la flota incursora continúa libremente subiendo por el Paraná.

El genio naval del irlandés brilla nuevamente, ya que logra salir de la varadura y como en 1814 que encierra a las naves realistas de Romararte en el Río Uruguay y años más tarde en el Combate Naval del Juncal contra el Imperio de Brasil, divide sus fuerzas creando una Segunda División al mando de Juan Bautista Thorne con tres naves el Belgrano, el 25 de Mayo y el San Martín, cortándole a Garibaldi toda posibilidad de recibir refuerzos desde Montevideo e impidiéndole también la salida por el Río de la Plata. Inicialmente Brown pensó que los invasores estaban aguas arriba del Río Uruguay, pero le llegó la información que su subordinado Juan F. Seguí, con unos lanchones se había enfrentado con el enemigo al sur de la Ciudad de Paraná; a toda prisa cambia el rumbo, remonta el Paraná y comienza la persecución. En las cercanías de la localidad de Esquina, Garibaldi comienza a comprender lo peligroso de incursionar un territorio hostil y no poder, ni tampoco, saber salir. La superioridad marinera de Brown le obliga a Garibaldi a combatir en aguas desfavorables, así entre el 15 y el 16 de agosto de 1842, ambas fuerzas se enfrentan en el Combate de Costa Brava, produciéndose un claro triunfo de la flota de la Confederación.

En este Combate, las naves nacionales fueron impulsadas en algunos casos desde tierra por sirgadores debido a la falta de viento y escasa profundidad, resistieron a los tiradores emboscados en las costas, siendo estos desalojados y perseguidos por tierra y agua. Los navíos argentinos ganaron las posiciones más favorables en un estrecho canal, con el Echagüe, el 9 de Julio y la Chacabuco en línea, mas el apoyo mutuo entre las naves, significó Costa Brava una victoria completa para la Confederación Argentina, con pérdidas casi insignificantes frente al enemigo que tuvo bajas de un tercio de sus hombres y todas las naves destruidas o capturadas.

La enorme alegría de la victoria en el Combate de Costa Brava produjo en Buenos Aires una recepción jubilosa para el bravo irlandés, que fue recibido en el puerto, por la población encabezada por Manuela Robustiana Rosas y por su esposa Elisa. Esta victoria además de consolidar la posición política y militar de la Confederación Argentina, resaltó también la gran nobleza de Brown  que dejó huir a Garibaldi, pensando que nunca más atentaría contra nuestra soberanía, sin embargo al poco tiempo nuevamente con apoyo riverista y anglofrancés, volvería con sus correrías y saqueos por nuestras costas y matando a sus habitantes que le perdonaron la vida en Costa Brava.

 

Fuentes:

Busaniche, Jose Luis. "Historia Argentina".

Caillet Bois, Teodoro. "Los Marinos de la dictadura".

Galmarini, Hugo. "Tomas Guido".

Harguindeguy, Pablo. "Apuntes sobre buques de la Armada Argentina".

Instituto Nacional Browniano."Los Bloqueos Navales en el Rio de la Plata".

O'Donnell, Mario. "La Gran Epopeya".

Piccirilli, Ricardo y Gianello, Leoncio, "Biografías  Navales".

Ruiz Moreno, Isidoro. "Campañas Militares Argentinas".

Saldías, Adolfo. "Historia de la Confederación Argentina".

Tanzi, Hector. "Historia Marítima Argentina".

Combate de Costa Brava
Juan Francisco Seguí


Las características de las naves Argentinas que participaron en el Combate Naval de Costa Brava.

Bergantín ECHAGÜE, (ex Cagancha capturado en 1841 a la primera flota riverista) de 165 toneladas, armado con 16 cañones, comandado por el Teniente José María Pinedo.

Goleta CHACABUCO, de 180 toneladas, armamento 3 cañones, al mando del Teniente Nicolás Jorge.

Goleta ARGENTINA de 115 toneladas, armada con 7 cañones, al mando del Capitán Juan Francisco Seguí

Bergantín Goleta VIGILANTE de 70 toneladas ,armado con 10 cañones, 70 tripulantes. Bajo el mando del capitán Celestino Elordi.

Goleta 9 DE JULIO (ex PALMAR capturado también a la primera flota riverista) de 70 toneladas, armado con tres cañones. Pequeña embarcación al mando del Teniente Eduardo Brown.

miércoles, 1 de junio de 2011

La guerra del Paraná

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año V N° 19 - Junio 2011 - Pag. 9 

LA GUERRA DEL PARANA. LOS BLOQUEOS NAVALES COLONIALISTAS AL RIO DE LA PLATA. EL ROBO DE LA ESCUADRA ARGENTINA.

                                                                                              Por el Dr. Guillermo M. Masciotra

Ciudad de Corrientes 1846 - Pintura de Gore Ouseley

En el año 1838 nuestra patria estaba amenazada desde diversos frentes geográficos pero con un gestor común: el colonialismo francés, que soñaba con crear un Protectorado en la Banda Oriental. En el Norte nos declaraba la guerra la Confederación Peruano Boliviana bajo el mando del Mariscal Andrés de Santa Cruz y en la Banda Oriental el Gral. Fructuoso Rivera con apoyo francés y unitario derrocaba a Manuel Oribe presidente constitucional del Uruguay. Francia venía ya desde el 1836 creando incidentes y desconociendo las leyes argentinas, buscando la manera de imponer la política de las cañoneras, ahora además aliada con Rivera y la Comisión Argentina (formada por expatriados argentinos unitarios) encabezada por Andrés Lamas.

Declara el bloqueo al Río de la Plata bajo el pretexto que no se conciliaban las relaciones diplomáticas franco argentinas y atacan Martín García con cuatro buques franceses y tres de bandera oriental riverista. Heroica defensa es la que realizan Gerónimo Costa y Juan Bautista Thorne que con solo 125 hombres enfrentan la coalición de siete buques y mas de 500 hombres (ver ER Nº 6). Cebados por la ocupación de la isla, los franceses no vacilan en operar contra Zárate, Atalaya y El Sauce, su impulso hace que Fructuoso Rivera firme un Pacto con la Provincia de Corrientes gobernada por Genaro Berón de Astrada para promover su independencia y así disgregar de nuestro territorio a la Mesopotamia. La Confederación Argentina seguía firme en su postura y se fortalecía.

Todo fracasa para el intento colonialista. En Marzo de 1839 la caballería entrerriana de la Confederación Argentina al mando del Gral. Justo J. de Urquiza derrota completamente en la Batalla de Pago Largo a las fuerzas correntinas, donde muere Berón de Astrada junto a 800 de sus hombres.

La Expedición del Gral. Juan Galo de Lavalle transportada por buques franceses se retira al Norte casi sin combatir y el Gral. Prudencio Rosas rápidamente sofoca la intentona de los hacendados del Sur de la Provincia de Buenos Aires.

En 1840 para Francia cambia su escenario y ahora ve el peligro británico en Medio Oriente, firma el Tratado Arana–Mackau, levanta el bloqueo de cerca de 950 días de duración y se retira, pero así comienza la Campaña Naval de la Banda Oriental en 1841, ya que Rivera decide seguir su guerra e incluso llevarla a Corrientes. La primera flota riverista al mando de John Coe, es completamente derrotada en aguas del Plata por el Alte Guillermo Brown. Pero siguen los intentos y en 1842 Rivera contrata a José Garibaldi para que al mando de una segunda división naval concurra para apoyar a Corrientes. El destino del italiano Garibaldi sería idéntico al intento de la anterior flotilla de Coe, remonta el Paraná pero en las cercanías de la localidad de Esquina, Guillermo Brown lo derrota en el Combate de Costa Brava. Luego el bravo irlandés con sus cinco buques bloquea Montevideo, la que también estaba sitiada por tierra por las fuerzas de Manuel Oribe.

La misión de Brown, que no causa incidentes, despierta nuevamente el interés francés, inglés y brasileño. Velozmente se estacionan frente a Montevideo 11 buques de guerra franceses, 10 británicos, 2 norteamericanos y aproximadamente entre 6 y 8 naves brasileñas en forma amenazante y generan entredichos diplomáticos con los buques al mando del Alte. Guillermo Brown con la velada intención de intervenir.

Así se produce sin previa declaración de guerra, lo que en la historia se conoce como “El robo de la escuadra”, donde las naves francesas e inglesas abren fuego, rodean con el apoyo de mas de 25 naves los cinco buques de la Confederación Argentina y como trofeo se las apropian y reparten: el “25 de Mayo” y “San Martín” para Francia y el “Echagüe”, “9 de Julio” y “Maipú” para Inglaterra, así se inicia el bloqueo anglo-francés, que durará casi tres años entre 1845 y 1848.

A partir de ese escandaloso momento y sin fuerzas navales propias, reaparece José Garibaldi para atacar en Gualeguaychú y Paysandú, y buques anglo franceses capturan mercantes argentinos de cabotaje en el Paraná.

La Guerra del Paraná, que se iniciaba en 1838, tenía en 1845 un nuevo capítulo, la expedición a Corrientes y Paraguay donde el Combate de Vuelta de Obligado constituye el enfrentamiento mayor en el cual la flota de 22 buques de guerra y mas de 70 mercantes deciden incursionar en el Río Paraná. Luego de este combate las fuerzas patriotas se reagruparon en Ramallo y fortificaron por instrucciones del Gral. Mansilla el Paso del Tonelero, donde se emboscaron las piezas de la artillería volante en las altas barrancas y en enero de 1846 en el combate que allí tiene lugar, los agresores comienzan a comprender lo difícil que será llegar a Corrientes y mas aún navegar río abajo, de regreso. Luego en San Lorenzo también son atacados los buques intrusos. Mientras que los navíos franceses detienen su viaje en La Bajada cerca de Paraná y solo llegan hasta Corrientes, los ingleses siguen río arriba y llegan hasta Asunción, muy maltrechos y desalentados.

A su regreso los aguardaban nuevamente las tropas de Lucio Mansilla, en Paso del Quebracho y aguas mas abajo nuevamente en Barrancas de San Lorenzo y Paso de la Ramada donde la experimentada táctica de empleo de artillería volante continúa castigando a los invasores. El episodio final es el fracasado ataque al Puerto de Atalaya, cerca de Magdalena en la Provincia de Buenos Aires.

Las noticias del fracaso expedicionario anglo francés también llegan a Londres y Paris donde las bajas, las pérdidas de naves y la frustración de los comerciantes europeos que no pueden comerciar en el Río de la Plata son comentadas en los círculos del gobierno inglés y francés. Tomás Guido resalta que las ricas compañías comerciales de Liverpool y Manchester, también levantan su voz al ver que tienen la mejor plaza del Atlántico Sur cerrada para sus productos y la Casa Baring hace saber a sus inversores con preocupación que uno de sus préstamos  efectuado precisamente a la Argentina, era uno de los pocos que se pagaba en sus servicios puntualmente y que con el ataque a la Confederación Argentina seguramente peligraría en adelante su cumplimiento.

Además la acción diplomática Argentina de Carlos de Alvear, divulgador de la Doctrina Monroe en los propios Estados Unidos, Mariano Balcarce en Francia y Manuel Moreno en Inglaterra crean tal conmoción que los anglofranceses deciden negociar con la Confederación Argentina pero pasarán tres años para la firma de los Tratados Southern–Arana y Arana–Lepredur que pondrán fin al conflicto.

De esta forma transcurren diez años de luchas por la Soberanía Nacional en las aguas del Paraná, Uruguay y el Plata, contra las potencias coloniales y sus aliados. 


jueves, 1 de marzo de 2007

La Kinta

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año I N° 2 - Marzo 2007 - Pag. 4 

LA KINTA


La Kinta

La Kinta, o la casa Blanca, o la casa Amarilla, como indistintamente se la llamó, fue la residencia de la familia Brown y el lugar donde falleciera el marino hace 150 años. En esa casa también fueron velados los restos mortales de su hija Eliza, ahogada en aguas del Riachuelo en diciembre de 1827, tragedia que enlutara Buenos Aires y ocurrida ocho meses después de la muerte de su prometido el Comandante del Bergantín Independencia Francis Drummond en el Combate Naval de Monte Santiago.

Esa residencia se ubicaba en un predio adquirido en 1812 a la familia Grela, sito en lo que hoy es Av. Martín García Nº 481. La construcción efectuada por el arquitecto Reid, era una casa de material de dos plantas, sobre un terreno de 350 varas de frente por 315 varas de fondo en las cercanías del brazo hoy desaparecido del Riachuelo. En la actualidad en la Av. Alte. Brown nº 401 de la Ciudad de Buenos Aires se erige la réplica de esa finca, testigo del incansable espíritu del glorioso marino.

Sesquicentenario de la muerte del Almirante Guillermo Brown

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año I N° 2 - Marzo 2007 - Pags. 1 a 3 


(2)
“Es preferible irse a pique que rendir el pabellón...” (1)


SESQUICENTENARIO
DE LA MUERTE 
DEL ALMIRANTE
GILLERMO BROWN

Por el Dr. Guillermo Masciotra



El 3 de Marzo de 1857, falleció en su KINTA de Barracas, Guillermo Brown, héroe máximo naval de la República Argentina, defensor a todo trance de los ideales de la patria naciente. Combatió en las aguas a los enemigos de la Nación Argentina. Llevó nuestro pabellón celeste y blanco al mismo corazón de las costas enemigas. Repetidas veces fue convocado por las autoridades de turno en el gobierno para dirigir la incipiente Armada Nacional. Durante cuatro décadas prestó servicios, comprometió su patrimonio, formó una generación de marinos que se llenó de gloria en las guerras de la Independencia, contra el Imperio de Brasil, las campañas de Corso y frente al ataque avieso del poder naval anglo francés. Conoció la gloria y la injusticia, el reconocimiento del pueblo y la cárcel a la que lo intentaron recluir.

La Campaña Naval del año 1814

Para una mejor visión del momento geopolítico que transcurría en el Río de la Plata, diremos que había fracasado el Primer sitio de la Plaza Fuerte de Montevideo por las tropas al mando del Gral. José Rondeau. La segunda campaña en la Banda Oriental del ejército patriota al mando del Gral. Carlos de Alvear, tampoco logra la rendición del bastión realista a pesar de la importante victoria del Combate del Cerrito. Mientras tanto, la ciudad sitiada por tierra, se procuraba víveres frescos de nuestras poblaciones y aguardaba refuerzos desde España, basada su estrategia en el poder naval.

Así se comienza a gestar la idea de dotar de una fuerza marítima que disputara la supremacía realista de las aguas. De la misma participan: Juan Larrea, vocal de la Primera Junta de Gobierno, Guillermo White financista de la empresa y proveedor de naves, con las colaboraciones activas de Martín Jacobo Thompson, capitán del puerto de Buenos Aires y el comisionado de marina Benito Goyena. En realidad éstos dos últimos son los que pasan a colaborar directamente con el alistamiento de la escuadra patriota, cuyo mando hubo de recaer en Guillermo Brown, marino irlandés radicado en Buenos Aires, que había prestado algunos servicios en el Río de la Plata a la causa de Mayo. Es necesario mencionar que en un momento se pensó en Benjamín Seaver recomendado de White y al cual se le asignó el mismo grado militar que a Brown de Teniente Coronel de Marina. Seaver actuó a las órdenes de Brown y muere heroicamente en Martín García.

La campaña naval de 1814 se inicia con la premisa de dominar el río. En febrero de 1814 los realistas al mando del experimentado marino Romararte refuerzan la isla Martín García. En marzo de 1814 Brown zarpa para atacar a Romararte, quien lo espera en las cercanías de la isla donde duros combates se libran durante cuatro días y finalmente se ocupa la isla.

La fuerza naval española que se refugia río arriba queda aislada de Montevideo, pero valiosos marinos dejan sus vidas en esas aguas: Seaver, Smith, Martín de Jaumé. Este combate de Martín García dio lugar a la persecución de la fuerza española refugiada en Arroyo La China por las naves patriotas al mando de Tomás Notter, que muere en combate al igual que Pedro Spiro, que vuela la nave para evitar su captura. Si bien este último enfrentamiento no fue favorable a las fuerzas de Brown, significó que Romararte con sus naves muy averiadas quedara enclaustrado en el Río Uruguay, y finalmente se rindiera días antes de la caída de Montevideo.

La campaña naval de Montevideo también mostró la capacidad de organización, selección del personal adecuado y contracción al trabajo para reparar en breve tiempo las maltrechas embarcaciones en la Ensenada de Barragán y sitiar Montevideo, que al poco tiempo comienza a sufrir la falta de víveres. Simultáneamente el bloqueo se refuerza con nuevas naves que al mando de Hubac y Lamarca entre otros, completan el cerco naval. Finalmente las naves realistas al mando del Capitán de navío de la Serna deben salir a romper el bloqueo marítimo. Entre el 14 y el 17 de mayo de 1814 se suceden los combates, que determinan que las averiadas naves españoles se refugien en el puerto de Montevideo. La plaza al mando del General José Vigodet se rendiría el 23 de Junio de 1814. Previamente a principios de junio, Romararte todavía refugiado en Arroyo La China ofreció su rendición al Capitán Hubac. Las consecuencias de la victoria de Montevideo significaron el fin del dominio realista en el Río de la Plata y la captura de más de setenta embarcaciones, cañones, fusiles y pertrechos muy valiosos para las Provincias Unidas. Para completar la campaña naval de 1814 atacan en el mes de diciembre de ese año, Carmen de Patagones que estaba desde 1812 en manos realistas. Después de un mes de sitio, el jefe español se rindió con su pequeña flotilla. La señera figura de Guillermo Brown cobró una enorme popularidad y respeto. Su férrea disciplina y el ejemplo de servicio para combatir con una pierna quebrada significaron el reconocimiento de oficiales y marinería que integraban la escuadra naval. “La victoria naval de Montevideo es lo más grande que hasta el presente ha realizado la revolución americana” de esa forma el entonces Coronel José de San Martín, califica el triunfo naval de Montevideo del día 17 de Mayo de 1814. Posteriormente para disgusto de Brown y sus comandantes, en 1815 la flota fue desmantelada, a pesar de la valiosa colaboración que significó la victoria naval en el Sitio de Montevideo y que provocara la rendición de la plaza realista a las fuerzas del General Carlos de Alvear. 

Campaña de Corso al Pacífico

En 1815 el Gobierno de Buenos Aires ante las noticias de la inminente zarpada desde España de la Expedición del Gral. Pablo Morillo, destinada al Río de la Plata o al Caribe para cumplir con los designios de la Santa Alianza y el Congreso de Viena, decide la creación de una fuerza naval corsaria, para apoyar los movimientos insurreccionales en los dominios españoles del Pacífico. En concordancia con el pensamiento del Gral. San Martín de llevar la guerra de la independencia más allá de los límites del antiguo Virreinato del Río de la Plata, se firma un convenio de corso al Mar del Sur con Brown, que había sido convocado nuevamente. En esta oportunidad alista a la fragata Hércules, veterana de la campaña de 1814 y de su propiedad y el bergantín Santísima Trinidad aportado por el gobierno, más la goleta Constitución de propiedad de patriotas chilenos y la goleta Halcón al mando del exoficial de Granaderos a Caballo Hipólito Bouchard, armada por un empresario porteño y mando independiente. A punto de partir la expedición se le ordena a Brown, que permanezca en Buenos Aires y delegue el mando en Miguel Brown. Esta contraorden lesiva a los intereses de la expedición es desobedecida por el marino que zarpa hacia el cabo de Hornos, donde se pierde en un temporal la Constitución, se une con Bouchard en el sur de Chile y deciden actuar en conjunto. En 1816 bloquean el puerto del Callao, apresan buques españoles con su valiosa carga e interrumpen el tráfico marítimo con los puertos de Chile. Entre las presas está la famosa fragata Consecuencia, luego rebautizada La Argentina y que llegara hasta Monterrey, Madagascar y las Filipinas en su crucero de corso con Hipólito Bouchard. Atacan Guayaquil, otra plaza fuerte española, donde en el poco navegable río Guayas, Brown cae prisionero y finalmente es liberado por gestión de su hermano Miguel Brown. Parten los corsarios rumbo a las islas Galápagos, donde separan las rutas de corso y las presas, llegando así a las costas de Colombia, donde desembarca refuerzos para los rebeldes que enfrentan a las tropas del Gral. Morillo. Vuelve para el sur del continente y con la Hércules ingresa al Atlántico, donde navega con rumbo norte, y en las cercanías del Río de la Plata, recibe de un buque inglés la falsa noticia que los portugueses atacaban Buenos Aires. Así decide continuar por las costas de Brasil y arribar a las Indias Orientales donde fue acusado de piratería por los ingleses. Expropiada su carga y su buque, la tripulación presa y enferma, con su hermano Miguel logran posteriormente apelar en Inglaterra la bárbara decisión obteniendo la devolución de la fragata Hércules, con la cual en 1818 regresa a Buenos Aires donde nuevamente es arrestado por desobediencia. Juzgado llega a ser condenado a muerte. La oportuna intervención de Juan José Paso y Benito Rolón hizo que el Director Supremo José Rondeau, cerrara la causa en su contra, liberara a Brown y le otorgara el retiro con uso de grado y uniforme en mérito a los servicios prestados a la causa de la libertad y el resultado político de la campaña al Pacifico.

Injustamente atacado por quienes no ven el aporte de su temple y valentía, ni el compromiso personal del bravo irlandés, debe vivir en una casa prestada. Posteriormente en 1822, regresa su familia de Europa a Buenos Aires. Recupera su Kinta de Barracas, y se dedica al tráfico marítimo con las Indias Orientales. De esa manera el vencedor de Montevideo, vuelve a ser reconocido públicamente como en 1814, a pesar de tres años de injustos ataques que durante su ausencia por el crucero de corso le propinaron ocultos enemigos en Buenos Aires.

La guerra con Brasil

Declarada la guerra por el Imperio de Brasil en diciembre de 1825, el gobierno argentino contrata al capitán de navío inglés Robert Ramsay, para dirigir la guerra marítima. Llegado al Plata, este experimentado marino declina su nombramiento y sugiere que el mismo recaiga en el bravo irlandés a quien incluso obsequia su espada con una emotiva nota.

Brown inicia por tercera vez la tarea de armar buques y tripulaciones para enfrentar la poderosa fuerza naval imperial. Carente de medios, improvisa una reducida flota con la fragata 25 de Mayo, los bergantines Belgrano, Congreso Nacional, República y Balcarce y la goleta Sarandi, demás de un buque hospital y las eficaces cañoneras. Decide atacar Colonia y en Punta Collares se inician las acciones, donde demuestra su enorme agresividad frente a un enemigo superior y hace uso de su gran conocimiento del Río de la Plata. En el combate frente a Colonia en la isla San Gabriel (que obligó al enemigo a desguarnecer Martín García), realizó brillantes maniobras náuticas, como asimismo durante los combates menores que se sucedieron y que provocaron por la falta de resultados favorables en el bando imperial el cambio en el mando naval brasileño del almirante Ferreira Lobo por el almirante Pinto Guedes.

La formación de comandos y tripulaciones es uno de los grandes méritos del marino irlandés. No tolera la mínima defección en el combate, releva mandos pero consolida sus fuerzas. Toda una generación de marinos se cubrirá de gloria: Espora, Rosales, Parker, Robinson, Pinedo, Seguí, Drumond, Coe, Granville, son algunos de los nombres que se baten siempre en inferioridad y no vacilan en ofrendar sus vidas. Llegaría luego la gloriosa jornada de Los Pozos donde el pueblo de Buenos Aires, desde los techos, observó alborozado como la exigua fuerza patriota enfrentaba a la flor y nata de la marina imperial que con 31 buques se retira y Brown desembarca ovacionado en Buenos Aires. Vendrán luego los combates de Quilmes, el crucero a las costas de Brasil, que obligó a descomprimir el bloqueo sobre el Plata y trajo el descalabro en el comercio marítimo del sur de Brasil con la llegada de la guerra a sus propias aguas.

Las jornadas de Navidad de 1826 son testigos de los combates del río Uruguay ,y el inicio de la denominada la campaña del Juncal. En esa oportunidad la flota brasileña del Alte. Senna Pereira se rindió luego de combatir durante tres días. Aquí el genio de Brown brilla en lo más alto, su concepción estratégica deja a los buques imperiales divididos sin salida, con un cerco formado por las naves de Brown y la reforzada isla Martín García, impidiendo así la llegada de auxilios desde Montevideo. Con la rendición de la expedición de Senna Pereira se capturan valiosas embarcaciones para reemplazar y acrecentar la flota de la Republica Argentina, que luego sostiene combates menores en la zona de Quilmes con las fuerzas bloqueadoras. Tanto impacto causa la actuación de Guillermo Brown en los mandos brasileños que se intenta lejos del Plata un ataque contra Carmen de Patagones, donde las fuerzas imperiales son nuevamente derrotadas de manera contundente en el Cerro de la Caballada. También circuló la versión que se intentaría secuestrar o matar a Brown en su casa por parte de corsarios, esto obliga a patrullar la boca del Riachuelo por algún tiempo.

En un intento por romper el bloqueo, se produce el combate de Monte Santiago, que fuera el encuentro más adverso de toda la actuación donde Brown es herido, muere el valiente Drumond, Granville pierde un brazo y las bajas superan los 200 hombres, regresando a Los Pozos sólo dos de las cuatro embarcaciones que intentaron romper el cerco. Terminada la guerra, pediría el retiro. Su figura era reconocida en la calles, admirada su valentía, se lo llamaba cariñosamente General Brown. También se lo llamaría para la función pública como Gobernador de la provincia de Buenos Aires y director del Banco Nacional luego Banco de la Provincia de Buenos Aires.

Período de la Confederación Argentina

En 1838 el presidente del Uruguay Gral. Manuel Oribe, le ofrece el mando de la Marina de Guerra Oriental, que casi no existía. Brown con el permiso del gobierno argentino acepta el cargo, de crear una marina. Sin embargo el ataque del Almirante francés Leblanc, en apoyo del general Rivera contra el gobierno constituido por Oribe, provoca la caída de este último y la renuncia de Guillermo Brown.

Rivera con el apoyo de Francia y emigrados argentinos declara la guerra a la Confederación Argentina que apoyaba a Oribe para recuperar la presidencia de la que había sido despojado. Asimismo Rivera nombra jefe de la marina a Juan Coe, antiguo subordinado de Brown, quien por cuarta vez es llamado para recrear una marina de guerra Argentina tarea que asume a los 64 años. Nuevamente se dedica con tesón a la tarea. Vence a Coe frente a Montevideo y Punta Indio, desarticula la marina oriental que Rivera había formado y obliga al cambio de estrategia uruguayo que releva a Coe por el dominio absoluto que Brown tenia del Plata.

Sin embargo Rivera con auxilio francés, contrata a José Garibaldi para formar una segunda división naval, que ataca el litoral fluvial argentino e intenta llegar a Corrientes luego de superar Martín García con un ardid. Como en anteriores oportunidades Brown sale a la captura del enemigo al que enfrenta en el río Paraná y lo vence en el combate de Costa Brava. Con sus naves perdidas y sus fuerzas diezmadas, la flotilla de Garibaldi desaparece al igual que el peligro sobre las poblaciones costeras. El Gral. José María Paz menciona los rumores sobre un intento de lograr la defección del Alte. Brown que nuevamente dueño del Plata sitiaba Montevideo, se dice que Brown habría respondido “Yo juré defender a la nación Argentina”; idéntica frase habría respondido a quien le reprochara su conducta de luchar a las órdenes del gobierno de Juan Manuel de Rosas.

La noticia de la victoria en Costa Brava trajo nuevamente un gran reconocimiento popular a su persona. Los elevados conocimientos de los ríos lo habían convertido sin duda en un dominador de las aguas del Plata y sus afluentes. A su desembarco en Buenos Aires lo recibió una multitud con festejos, a los cuales no era muy afecto, pero aceptaba ese trato el viejo Bruno, manera con la cual lo solía citar Rosas, quien siempre respetó las conductas y pensamientos del Almirante.

Luego la intervención anglo francesa provocaría el robo de la Escuadra, episodio que afectó el espíritu del glorioso marino. Lleno de indignación regresó a Buenos Aires. Sería su último episodio naval. Asistió a la devolución de la flota. Su hijo Eduardo Brown combatió al mando de la batería que llevaba su nombre en el Combate de la Vuelta de Obligado y también en los combates de Paso del Quebracho, Tonelero y Acevedo contra el poder naval combinado anglo francés donde también marinos que se habían formado con el Almirante Brown, volvieron a dar testimonio de esa generación que combatió bajo sus órdenes.

Después de Caseros

Luego de Caseros, el marino irlandés que tanto aportara a la Nación Argentina, fue dado de baja al igual que su hijo Eduardo. No concurrió al desfile del 20 de febrero de 1852 en las calles porteñas de las tropas brasileñas. Aceptó nuevamente la injusticia que posteriormente fue reparada por el Ministro de Guerra Manuel de Escalada que no vaciló en reconocer los enormes aportes y reponerlo en las filas de la Marina de Guerra.

Se había hecho justicia, con quien siempre afirmó que deseaba estar donde tremolara la enseña celeste y blanca.

(1) “Es preferible irse a pique  que rendir el pabellón”, fue la consigna  enviada por el Almirante Guillermo Brown a sus marinos el 30 de julio  de 1826, durante el  combate naval de Quilmes.
(2) ALMIRANTE DON GUILLERMO BROWN 
       1777 (FOXFORD - IRLANDA) - 1857 (BUENOS AIRES)
      TÉMPERA SOBRE MARFIL, MINIATURA 77 POR 60 MM. 
       DE HENRY HERVÉ. C. 1825, EN M.H.N.