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lunes, 27 de marzo de 2023

Corte Suprema de Justicia - Parque de Artillería - Cañón "El criollo"

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 


Este artículo que a continuación se reproduce, fue publicado en el revista Abogados, de marzo de 2003.

Un cañón en el Palacio de Justicia

por Carlos Fresco (Periodista e historiador)

Corte Suprema de Justicia de la Nación
Parque de Artillería

El viejo edificio del Parque de Artillería fue demolido en 1903 para dar lugar a la construcción del actual edificio de Tribunales.


Un día, Enrique Udaondo, a la sazón director del Museo Colonial e Histórico de la provincia de Buenos Aires (1), que está en Luján, ingresó al Palacio de los Tribunales y se dirigió al despacho del doctor Antonio Bermejo, que era el presidente de la Corte Suprema de Justicia (2). En esa oportunidad fue a pedirle el viejo cañón “El Criollo”, que fue tomado como trofeo a los paraguayos en la guerra de la Triple Alianza, y que se encontraba en dicho Palacio, para trasladarlo al Museo.

El magistrado, atónito y desconcertado ante tal pedido, no podía dar fe a las palabras de Udaondo. No podía imaginar que una pieza de artillería de tal porte pudiera estar en los Tribunales, en el mismo solar donde décadas atrás estuvo el Parque de Artillería. Grande debe haber sido su sorpresa cuando ambos bajaron al sótano del edificio y pudo comprobar que allí se encontraba el mencionado cañón.

Esta enorme pieza de artillería, que había sido construida con la fundición de utensilios de cocina, estuvo emplazada sobre una alta cureña y se exponía en el patio, frente a la Puerta principal del Parque de Artillería, que daba a la plaza. Estaba junto con el vetusto cañón “El Cristiano”, que había sido fundido con campanas de las iglesias del Paraguay,


Del hueco al Parque de Artillería

Donde hoy se encuentra el Palacio de Tribuales fueron tierras de Juan Gregorio Zamudio, que tenía alrededor de 10 manzanas abandonadas; por ello se lo denominaba “hueco”, y a la zona se la conocía como el “hueco de Zamudio”.

Al morir éste, las tierras se fraccionaron para que cada uno de sus hijos recibiera la parte que le correspondía. Felipe Filiberto Arguibel y Larregui, abuelo de Encarnación Ezcurra, la esposa de Rosas, compró a los herederos los distintos lotes y cuartos (4) hasta hacerse dueño de la manzana donde hoy se encuentra el Palacio de Justicia.

Arguibel murió en 1801 y la manzana comprendida por Lavalle, Talcahuano, Libertad y Uruguay, donde tenía su quinta (hoy el solar de los Tribunales), le fue expropiada a sus herederos por la Junta Provisional de Gobierno en 1810 para levantar una fábrica de armas y luego el Parque de Artillería, que anteriormente habían estado en Defensa y Humberto 1°, San Martín y Viamonte, y en Viamonte y Suipacha, frente a lo que se conoció como Plaza del Temple; de allí que la calle Viamonte se la denominaba Del Temple, porque pasaba frente a dicha plaza.

El vendedor fue Juan J. de Ezcurra (suegro de Rosas) y la escritura se firmó el 28 de noviembre de 1818 ante el escribano de gobierno José R. de Basavilbaso, para establecer una fábrica de armas.

El primer director de la fábrica fue Domingo Matheu, designado en ese cargo el 29 de septiembre de 1811.

En ese tiempo el “hueco” que daba al frente del Parque de Artillería era un basural, hasta que en 1822 se convirtió en plaza. Muy pocas viviendas se encontraban en los alrededores, por lo que el Parque de Artillería aparecía como una construcción imponente, con su frente por Lavalle; de ahí que a esta calle se la conoció durante muchos años por el nombre de Del Parque. Y ese mismo nombre recibió el barrio.

Un muro liso rodeaba la manzana, lo que formaba el edificio de estilo colonial. En su pórtico lucía la estatua de Marte.

En la época de Rosas se instaló el arsenal con frente a la calle Uruguay.

El general Tomás de Iriarte, en sus Memorias, cuenta que en 1828 el gobierno recurría directamente al fraude en las elecciones para que triunfaran los federales. Iriarte, que era uno de los jefes a cargo, reconoce haber utilizado a los operarios del Parque de Artillería “para hacer triunfar la lista del gobierno de la parroquia de San Nicolás” ¿un anticipo del “fraude patriótico”?

Posteriormente se instaló el cuartel, que miraba a la plaza, y se ampliaron los talleres. En 1863 el Parque tenía siete almacenes grandes con material de guerra, cinco talleres, una sala de armas, oficinas y habitaciones para sus empleados. En los dos patios se depositaban piezas de artillería y proyectiles de gran calibre, carros y cureñas.

Los sones militares, los toques de clarines, el redoble de tambores y las dianas eran los acordes que por muchos años marcaron las horas del día en la apacible zona que se iba transformando con el correr del tiempo.

Parque de Artillería
Cañón El criollo en el interior del Parque de Artillería,
en vísperas de la revolución.


A medida que el progreso se iba instalando en los distintos barrios parroquias, como se los denominaba entonces, los primitivos cuarteles y fábricas de armas se fueron trasladando a zonas menos pobladas.

En 1872 una comisión de vecinos destacados le solicitó al presiden de la Nación, Domingo Faustino Sarmiento (6), el traslado del Parque de Artillería como medida de precaución para protección de la vida del vecindario, que estaba expuesto a una catástrofe como la que se produjo en 1865 en la Plaza San Martín por la explosión del polvorín, que causó más de 70 víctimas. El tiempo pasaba, no se procedía al traslado y los petitorios y protestas continuaban.

Corría el año 1884 y los vecinos al Parque se dirigieron al intendente Torcuato de Alvear quejándose por el humo y el vapor que invadían las calles aledañas, arrojados por las chimeneas y las fraguas de la fábrica de armas. Ese hollín que despedían caía sobre los techos y las aguas de lluvia lo arrastraba a los aljibebes inutilizándolos para el servicio hogareño.

Un año más tarde se ordenó la construcción del Arsenal Principal de Guerra Esteban de Luca, en las calles Combate de los Pozos, Rincón, avenida Brasil y Juan de Garay. Y muy cerca, en avenida Brasil y Pichincha, lindando con el arsenal, se construyeron los cuarteles, El Regimiento 5° que tenía asiento en el Parque fue trasladado a Campo de Mayo.

Pero el viejo Parque siguió en pie.

En 1887 el 2° Batallón del Regimiento 1° de Infantería tenía su cuartel en la esquina de Libertad y Tucumán. En 1888 se instaló el Cuerpo de Bomberos, y al abrirse la Avenida de Mayo se demolió el edificio que ocupaba frente a la plaza Lorea. Al año siguiente los bomberos lo abandonaron y fue ocupado por el arma de Ingenieros.

 

El baluarte de los boinas blancas

En 1890 el gobierno de Miguel Juárez Celman (7) pasaba por un quiebre de las instituciones, y quiebra financiera, económica y moral. Así las cosas, se programó un estallido revolucionario cuyos principales actores y cabecillas provenían de la Unión Cívica, de reciente formación.

El 26 de julio de 1890, en la casa del general Viejobueno, en los altos del Parque, se encontraron, en una pieza, unos veinte revolucionarios. En otra estaba el doctor Leandro N. Alem, que había ingresado en el Parque de Artillería durante la madrugada.

Los adictos al movimiento revolucionario fueron llegando al Parque, hasta juntarse unas 150 personas, que se apropiaron de armas y municiones del viejo cuartel de artillería.

Una vez que comenzaron los disparos de las fuerzas leales contra los acantonados revolucionarios, que también se fueron ubicando en distintos puntos alrededor de la plaza Lavalle y llevaban boinas blancas para su identificación, la lucha se fue haciendo más encarnizada y las bajas numerosas.

El 28 se intentó llegar a un armisticio, pero éste fracasó. Mientras, en el Parque de Artillería se estaban quedando sin municiones, por lo que la resistencia se hacía inútil.

Al día siguiente se llegó finalmente a un armisticio en condiciones honrosas para los vencidos revolucionarios. En esta asonada también resultó vencido el presidente Juárez Celman, que debió renunciar.

El viejo edificio del Parque de Artillería había sufrido, en toda su estructura, los impactos de municiones de distintos calibres. En parte fue derrumbado, y los escombros y distintos materiales que habían volado obstruían las calles aledañas. En su interior el desorden y la destrucción de armamento y edificios hablaba por sí de la encarnizada lucha que se había librado contra el que fue el baluarte de Leandro N. Alem.

 

Las armas dejan lugar a la Justicia

Finalmente, el 30 de diciembre de 1903 se traspasó la manzana limitada por Lavalle, Uruguay, Tucumán y Talcahuano del Ministerio de Guerra al de Justicia e Instrucción Pública. El acto se realizó ante el escribano mayor de gobierno doctor Enrique Garrido. Allí se levantaría el palacio que conocemos.

Distintas opiniones se dieron a conocer ante esta resolución. La Prensa, en su edición del 31 de diciembre de 1903, expresaba la pérdida del patrimonio arquitectónico y cultural de esta forma: “Justamente con la demolición del viejo edificio del Parque de Artillería desaparecerá de Buenos Aires un verdadero monumento nacional, por el importante papel que le tocó desempeñar durante los períodos más agitados del desarrollo de nuestra vida institucional”.

Por el contrario, La Nación, en su edición del 1° de enero de 1904, aplaudió tal medida despreciando el significado que tenía el viejo edificio. Bajo el título “Transformaciones edilicias” apuntó: “La piqueta va a demoler el Parque de Artillería, y lo que fue caserón vetusto de paredes agrietadas en la que el musgo se trepaba, será más tarde el Palacio de Justicia, que reunirá a todos los tribunales, centralizándolos. No hay quien no haya pasado alguna vez por aquel cuartel viejo y ruinoso de aspecto tétrico, que frente a la Plaza Lavalle y en calles tan centrales, constituía un verdadero adefesio. Edificado hace muchos años, cuando no se sospechaba que Buenos Aire llegase a ser lo que es ahora, el Parque fue construido para talleres y maestranza del ejército. Edificado más tarde el Arsenal de Guerra los materiales pasaron a la nueva dependencia, y desde entonces fue habilitado como Cuartel, hasta hace poco, en que estuvo allí el palomar militar y el 5° de Infantería, actualmente destacado en el Campo de Mayo”.

Al demolerlo se encontraron en el subsuelo enterradas, distintas armas y municiones, como sables corvos, granadas, municiones para ametralladoras y cañones. Entre ellos uno que tenía la culata destrozada por una explosión producida en Humaitá, río del Paraguay donde tuvo lugar la conocida resistencia paraguaya en la guerra de la Triple Alianza, en 1868.

El proyecto del edificio del Palacio de Justicia pertenece al ingeniero francés Norberto Maillart, el que también proyectó el edificio de Correos y Telégrafos, sobre la base del diseño de la Central de Correos de Nueva York, realizado en 1887, y el Colegio Nacional de Buenos Aires en 1908. Y también elaboró un anteproyecto para la Casa de Gobierno de Córdoba.

Las obras del Palacio de Justicia comenzaron en 1905, para ser habilitado, en parte, en 1910.

Carlos Fresco es periodista e historiador

NOTAS

1. Fue director desde 1923 hasta su muerte, acaecida en 1962

2. Fue presidente de la Corte Suprema de Justicia durante 25 años, desde 1904 hasta 1929.

3. Esta curiosa historia le fue suministrada al historiador Enrique Germán Herz por el profesor Carloas María Gelly y Obes, amigo dilecto de Enrique Udaondo.

4. Se denominaba cuarto  a la fracción de una manzana, que medía 17,5 varas de frente por 70 varas de fondo.

5. Gaceta de Buenos Aires, del 3 de octubre de 1811.

6. Presidente de la Nación desde 1868 hasta 1874. Lo sucedió a Bartolomé Mitre, que lo fue de 1862 a 1868.

7. Presidente de la República desde 1886 hasta 1890.

 

Según pasan los años

Los nombres de las calles de Buenos Aires fueron cambiando en distintas épocas. En este detalle se dan los nombres que tomaron las que limitan la manzana donde hoy se levanta el Palacio de Justicia y antes estaba el Parque de Artillería: la calle Lavalle se llamó General Lavalle (1879), Parque (1822), Merino (1808), Santa Teresa (1769) y San Benito (1738); Tucumán se llamó Herrero (1808) y Santiago (1734); Talcahuano se llamó Irigoyen (1808) y Uruguay se llamó Pazos (1822).

martes, 21 de marzo de 2023

Edificios donde funcionó la Corte Suprema de Justicia de la Nación - Caserón que perteneció a Rosas

REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

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En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 


Este artículo que a continuación se reproduce, fue publicado en el revista Abogados, de mayo-junio de 2005.

Corte Suprema

La itinerante Casa de Justicia

por Carlos Fresco (Periodista e historiador)

La primera sede de la Corte estuvo emplazada en lo que fue la casa de Juan Manuel de Rosas, en Bolívar y Moreno.

Edificio de la Corte Suprema
Caserón de Juan Manuel de Rosas en Bolívar y Moreno (c. 1910)

El poder más joven de la República, la Corte Suprema de Justicia, sesionó en distintos edificios, alguno de ellos de larga trayectoria, hasta que finalmente hoy tiene su lugar definitivo en el Palacio de Tribunales, en el solar que ha sido mudo testigo de los avatares de nuestro pasado.


El Poder Judicial de la Nación es el más joven de los tres poderes instalados en la República Argentina.
La primera Corte, designada por Urquiza a fines de 1854, nunca llegó a reunirse. El presidente de la República Bartolomé Mitre (1862-1868), de acuerdo con la ley, organizó la Corte Suprema Federal de Justicia de la Nación.
El 18 de octubre de 1862, Mitre, por medio de un decreto, nombró la primera Corte argentina con la presidencia de Valentín Alsina, Francisco de las Carreras, Salvador María del Carril, Francisco Delgado, José Barros Pazos y Francisco Pico como procurador general.
El 15 de diciembre decretó que el tribunal principal se instalara un mes más tarde. Pero Alsina no aceptó ser presidente del mismo, por lo que Mitre, por decreto del 1° de junio de 1863, nombró en ese puesto al doctor Francisco de las Carreras, que permaneció en el cargo hasta 1870.

Su residencia
La Corte sesionó en lo que fue el caserón de Juan Manuel de Rosas en la ciudad, que comprendía casi media manzana, limitada por mitad de cuadra de Bolívar, toda la cuadra de Moreno y la esquina de Perú donde hoy está el bar El Querandí.
Originalmente, sobre Moreno estaba la casa que era de Juan Ignacio de Ezcurra, padre de Encarnación. Allí fue a vivir Rosas al poco tiempo de casarse con ésta. En 1836 (1) Rosas comenzó a comprar las casas linderas, y finalmente le adquirió (2) a su suegra, Teodora Arguibel, la casa paterna de su mujer. Así, y mediante las modificaciones que realizó el maestro Miguel Cabrera, se formó ese gran caserón que fue sede de su gobierno en la ciudad.
Cabe recordar que en ese mismo caserón tuvo su asiento (3) el gobernador provisorio de la provincia de  Buenos Aires después de Caseros, doctor Vicente López y Planes, dado el estado de abandono que presentaba el Fuerte de Buenos Aires.
Allí, en ese edificio con una larga historia, el 11 de octubre de 1863, por una acordada, la Corte dictó su reglamento interno, y el 15 de ese mes, su primera sentencia; por ello éste es el día elegido para celebrar el aniversario del máximo tribunal argentino, diez años después de haber sido creado por la Constitución de Santa Fe de 1853.

Cambios de edificios
En 1886, el Supremo Tribunal, presidido por José Benjamín Gorostiaga (4) desde 1878 hasta 1886, arrienda la propiedad de Andrés Egaña, casi lindera a la primera ubicación, Perú 195- 199 (en ese entonces la numeración correspondía a la esquina de Belgrano (5)).
En 1902, siendo atin presidente de la Corte el doctor Benjamín Paz (6), ésta ocupó oficinas del edificio de San Martín 275, donde hoy está el Banco Central; la Cámara Civil, en el Cabildo; y los jueces del crimen trabajaban en dependencias del Departamento de Policía, inaugurado en 1889. Posteriormente, y a la espera de que se terminaran las obras del edificio de Tribunales, la Corte Suprema ocupó el primer edificio que se construyó dónde iba a estar la Escuela Petronila Rodríguez.

La casa definitiva para la Justicia
En la Cámara de Senadores, el miembro informante Carlos Doncel se refirió a “la necesidad urgente y sentida de proveer de un edificio adecuado a los tribunales de la Capital, instalados en varias casas que no ofrecen comodidad, lo que constituye un inconveniente para una buena administración de justicia”.
El 14 de mayo de 1902 los diputados Emilio Gouchon, F. P. Bollini, D. M. Torino y M. Argañaraz presentaron un proyecto de ley destinado a construir la casa para la Justicia, que seria levantada en un terreno de propiedad fiscal limitado por Lavalle, Talcahuano, Tucumán y Uruguay, donde estuvo el Parque de Artillería.
El 24 de julio de 1902 el proyecto quedó convertido en ley n° 4.087. El presidente Julio Argentino Roca la promulgó el 31 de ese mes y año. Esta ley facultó al Poder Ejecutivo a adoptar los planos que trazó para tal efecto el arquitecto francés Norberto Maillart, en abril de 1889, durante la presidencia del doctor Juárez Celman.
En diciembre de 1903, el escribano mayor de Gobierno, doctor Enrique Garrido, labró el acta por la cual se traspasó el predio del Parque de Artillería al Ministerio de Justicia e Instrucción Pública.
El Palacio de Justicia se levantaría, finalmente, en el solar que fue de Ambrosio de Zamudio y, posteriormente, de Felipe de Arguibel (7), caballero de origen francés que castellanizó su apellido D'Argibel, abuelo de Encarnación Ezcurra, la mujer de Rosas. Solar en el que posteriormente se erigió el Parque de Artillería. Como si fuera un extraño designio, donde se velaron las armas de la Patria se velaría la fiel ejecución de la Justicia.



El arquitecto
Norberto Maillart era arquitecto recibido en la escuela de Bella Artes de París, y a él le pertenecen los planos del Correo Central (8) y del Colegio Nacional de Buenos Aires (9). No sólo proyectó el Palacio de Justicia sino que también diseñó gran parte del mobiliario que aún permanece en uso en muchas oficinas de los Tribunales. Los planos originales sufrieron algunas reformas que sugirió el Consejo de Obras Públicas.
Las obras preliminares comenzaron en 1903, cuando se demolieron las viejas construcciones del Parque de Artillería. Allí se hallaron enterradas diversas armas: sables corvos, fusiles de avancarga y un cañón de gran tamaño que fue empleado en Humaitá (10).
El 24 de mayo de 1904, el presidente Roca y el ministro de Justicia, Juan R. Fernández, colocaron la piedra fundamental.
Una parte del edificio se habilitó para el Centenario, cuando se reunió, también allí, el Congreso Panamericano.
Mientras avanzaba la construcción se fueron haciendo muchas transformaciones al proyecto original, como las mansardas con techo de pizarra del último piso, que fueron transformadas en oficinas con muros de fábrica recubiertas en su parte exterior con tejas esmaltadas. La escalera de honor que debía conducir a la Corte Suprema, pasando por el lugar que hoy ocupa la estatua de la Justicia, fue suprimida ante la imposibilidad técnica de resolver su desarrollo con la amplitud necesaria; y se eliminaron escaleras sobre Tucumán y Lavalle.
En 1942 se inauguró la Sala de Audiencias de la Corte Suprema. Con tal motivo, el gobierno de la provincia de Santa Fe donó una réplica del Cristo de los Constituyentes para ser colocada sobre la cabeza del sitial del presidente del Alto Tribunal. Ante el original de esa imagen, que se encuentra en el Convento de San Francisco, de la ciudad de Santa Fe, se juró la Constitución de 1853.
El edificio de los Tribunales fue una obra largamente criticada, pero es la clara expresión de las características edilicias de fin del siglo XIX. Se sacrificaba lo funcional por lo visual, se magnificaban los espacios para dar majestuosidad y transmitirla como carácter señero de la institución que allí debía funcionar. Era una época en la que la decoración cumplía un rol importante, de allí la influencia griega, como la variedad de acróteras de distintos tamaños; el arte romano, con sus fasces o haces del lictor, sus metopas formadas por las cruces latinas y de San Andrés, las palmetas, las medusas, las máscaras grotescas, los frisos con sus metopas bucráneas y sus triglifos y sus gotas; y también está presente el arte egipcio con sus ornamentos, en los que deben reconocerse valores espirituales.

Notas
1. AGN. Reg. 1 1836. Fj. 408v. Escribano Luis López.
2. AGN. Reg. 6 1838. Fj. 123v. Escribano Marcos Leonardo Agrelo.
3. Decreto n° 1.476 del 17 de febrero de 1852. Leyes y decretos de la provincia de Buenos Aires.
4. José Benjamín Gorostiaga se domiciliaba en Cangallo 121, casi esquina San Martín, por ese entonces.
5. Gran Guía de la Ciudad de Buenos Aires editada por Hugo Kunz y Cía. Director, Edelmiro Mayer, 1886.
6. El doctor Benjamín Paz fue presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación desde el 13 de julio de 1892 hasta su fallecimiento, el 18 de noviembre de 1902.
7. AGN. Testamentaria 8.821, año 1791.
8. Los planos fueron dibujados sobre la base del diseño de la Central de Correos de Nueva York, realizada en 1887.
9. Los planos son de 1908.
10. Fortaleza paraguaya que fue tomada por el ejército aliado el 25 de julio de 1868.
 

Palacio de Tribunales
La estatua de la Justicia

En 1959 se emplazó en el hall central del edificio, sobre la calle Talcahuano, y colocada sobre un basamento que ya existía, alojado en un nicho, la estatua de la Justicia. Esta es obra del escultor Rogelio Yrurtia (1879-1950).
Es una figura hecha en bronce que mide 3,50 metros de altura y pesa aproximadamente 1.500 kilos. Representa a una mujer de pie, en ademán de avanzar con los brazos tendidos. Sus manos aparecen abiertas y unidos los pulgares. Su vestimenta es una túnica ceñida, y está calzada con sandalias. Sobre su cabeza lleva un casco, cuya visera proyecta sombras en los ojos, de tal modo que semeja que su vista está fija en el horizonte. El símbolo de la balanza de la Justicia se puede apreciar levemente en la parte frontal del casco.
La idea de emplazar esta estatua surgió del presidente del tribunal ante la falta de obras que embellecieran el palacio. Así, sugirió que en ese nicho se colocase una réplica de la estatua de la Justicia, de Yrurtia, adquirida por el doctor Carlos Delcasse. Al fallecimiento de este abogado, político y gran deportista -con quien se entrenó Jorge Newbery en la esgrima y el boxeo, en su quinta de Belgrano, conocida posteriormente por la Casa del Angel-, con el asentimiento de sus herederos, entre ellos el doctor Héctor E. González, hijo de Joaquín V. González, y yerno de Carlos Delcasse, y el beneplácito del autor de la obra, pudo ser alojada en la Casa de la Justicia. Una estatua similar corona la bóveda de la familia Delcasse en el Cementerio de Olivos.