Mostrando entradas con la etiqueta Declaración de la Independencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Declaración de la Independencia. Mostrar todas las entradas

domingo, 13 de agosto de 2023

9 de Julio - Independencia argentina - Armando Alonso Pïñeiro

 REVOLVIENDO LA BIBLIOTECA

223

  En esta sección que llamamos "Revolviendo la biblioteca", incluimos distintos artículos de gran interés histórico, poco conocidos por el público en general, publicados hace ya muchísimos años. 

El artículo que publicamos a continuación, corresponde a la columna Fantasmas del pasado del diario La Prensa del 9 de julio de 2006.

A 190 años del acta bautismal de la Argentina

por Armando Alonso Piñeiro


Hoy se cumplen 190 años de la Declaración de la Independencia. El 25 de Mayo de 1810 había nacido la patria. Seis años más tarde el hecho fue legalizado por el acta bautismal del 9 de Julio, que legitimó la campaña militar llevada a cabo, cada uno por su parte, por los generales José de San Martín y Manuel Belgrano, quienes no por mero azar venían reclamando este documento fundamental.

Fue un año de grandes acontecimientos, no sólo para nuestro país. Mientras Rossini estrenaba su obra maestra El barbero de Sevilla, un tal Napoleón Bonaparte escapaba de su prisión en la isla de Elba para retornar triunfalmente a Paris.

Por esa misma época, en los tétricos calabozos españoles de Las Cuatro Torres dejaba este mundo Francisco de Miranda, fundador de Venezuela, precursor e ideólogo de la independencia hispanoamericana e inspirador de figuras preclaras de nuestra historia.

Como ya lo dijeran ilustres colegas hace más de medio siglo, la Declaración del 9 de Julio fue el coronamiento de la Revolución de Mayo. Joaquín V. González, por su parte, sintetizó admirablemente: “La Nación Argentina nació el 25 de Mayo y tuvo su estado civil y espiritual el 9 de Julio por la sanción irrevocable de su personalidad histórica”.

Es necesario reparar que el 9 de Julio se fue más allá de la mera e importante Declaración de la Independencia Argentina. En el extraordinario documento original -que se perdió para siempre, en otra historia que contaré oportunamente- no se hablaba de la Argentina ni de las Provincias Unidas de Sudamérica, con el fin de que sirviera de ejemplo al resto de las naciones en esta parte del continente, así como seis años atrás el grito de Mayo fue utilizado de modelo para la emancipación de otras naciones.

No todos los 471.000 habitantes con que entonces contaba nuestro país pudieron enterarse al unísono del acto memorable celebrado en Tucumán. El Soberano Congreso tenía un órgano oficial -El Redactor-, que informó escuetamente y sin comentarios sobre el episodio crucial del 9 de Julio. A su vez, La Crónica Argentina -al no ser formalmente un órgano oficialista- pudo juzgar que el documento bautismal traducía “un concepto de sabiduría, de prudencia y de previsión política”, definiéndolo ajustadamente como “la piedra angular de nuestra regeneración”.

El 25 de julio, el semanario El Censor estampó en su primera plana un titular en tipo catástrofe: Independencia. Y anunciaba que la ciudad quedaba iluminada a partir de esa noche y durante diez días sucesivos.

El 27 de agosto el gobierno ordenó que la Independencia fuera jurada en Buenos Aires el viernes 13 de septiembre, lo cual se hizo con el entusiasmo popular y periodístico ya indetenible: “El sol de hoy amaneció hermoso sobre nuestro orizonte” (sic), para celebrar el grande día de América”.

Como se ve, no se hablaba en argentino, sino en americano. El 9 de Julio de 1816 fue un grito estruendoso para llamar la atención de todo el continente hispanoamericano, enfervorizar a las tropas sanmartinianas que se jugaban la vida desde el Alto Perú hacia arriba e inspirar a los pueblos a imitar un modelo de libertad.

¿Cuáles son los fantasmas de aquel pasado que hoy podemos evocar con orgullo? La entonces Argentina que no llegaba al medio millón de habitantes estaba hundida en la anarquía, que se profundizaría en los años siguientes, hasta el fatídico 1820. Pero a pesar de todos los problemas políticos y sociales, las dificultades económicas, la incertidumbre cotidiana, la siempre latente amenaza de un retorno hispano, la Argentina ofreció un paradigma que 190 años más tarde da la impresión de haberse anquilosado.

jueves, 1 de septiembre de 2016

El centenario de la Independencia

    Publicado en el Periódico El Restaurador - Año X N° 40 - Setiembre 2016 - Pags. 12 y 13   

 Bicentenario de la Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas de Sud América el  9 de Julio de 1816 

1916. El Centenario 

por la Profesora Beatriz C. Doallo 

Revista Caras y Caretas
Algunas imágenes de la celebración del Centenario de la Independencia
publicadas en la revista Caras y Caretas N° 928 del 15 de julio de 1916


Los primeros cien años de la declaración de nuestra Independencia asistieron a un mundo sin paz. Europa se desangraba; millares de hombres se arrastraban de trinchera en trinchera en tanto que millones de hogares quedaban destruidos por la muerte y el hambre. En los distintos frentes de batalla hacía su debut un monstruo bélico, el tanque. Irlanda se sublevaba contra Inglaterra y Estados Unidos invadía México para resarcirse de ciertas tropelías de Pancho Villa. Las Musas estaban de duelo: había muerto el gran poeta nicaragüense Rubén Darío y, en medio del caos, el escritor checo Franz Kafka hacía editar un libro que lo exponía: La metamorfosis.

Sin la fastuosidad que enmarcara en 1910 la celebración del 25 de Mayo, la nación se preparaba para festejar el 9 de Julio el Centenario de su Independencia con el telón de fondo de una gran agitación social.

Los antecedentes de esta agitación se remontaban a 1880. AI asumir ese año la Presidencia de la Nación el general Julio Argentino Roca, instituyó un régimen presidencialista con un Poder Ejecutivo fuerte, imponiéndose a los otros Poderes, el Legislativo y el Judicial. Bajo el lema, "Paz y Administración", el sistema -inscripto en la historia argentina como el régimen a secas- se componía de un núcleo cerrado dirigente que manejaba los asuntos públicos, disponiendo cargos y lineamientos que orientaban a la República en lo político, económico, social y cultural. El centralismo de la recién federalizada Buenos Aires se mantenía, al igual que en tiempos de la Gran Aldea, por el privilegio de contar con la Aduana y sus costosos peajes en un país agrícola-ganadero, carente de industrias, y que necesitaba importar desde los clavos hasta los jabones.

Hay que hacerle justicia a Roca, tan vilipendiado actualmente, puso en marcha un programa modernizador -ferrocarriles y construcción de caminos- que aportó crecimiento y notables mejoras en el transporte y calidad de vida del interior. Se promovió la inmigración sin trabas, y esto jugó papel decisivo en el adelantamiento del país: se crearon pequeñas industrias, talleres, y comercios de todo tipo en las ciudades, y el sector rural incrementó su rendimiento con colonias bien organizadas y campesinos expertos de la Vieja Europa.

En esta primera presidencia (1880-1886) la autoridad de Roca fue incontrastable, aunque, como era de esperar, se había formado un frente opositor entre cuyos conductores figuraba el abogado Leandro Nicéforo Alem y comenzaba a destacarse su sobrino, Hipólito Yrigoyen. 

Alem y sus seguidores se oponían a un programa político desde el Estado, el poder, y propiciaban uno desde la ciudadanía, la sociedad.

Decidido a mantener su sistema, Roca escogió como sucesor para el período 1886-1892 a un pariente, Miguel Juárez Celman. A causa de la creciente oposición, la elección estuvo viciada de fraude; el nuevo Presidente sostuvo el régimen en tanto embarcaba al país en una orgía de despilfarro y desaciertos financieros que concluyeron en una grave crisis y la Revolución del Parque en 1890. Juárez Celman se vio obligado a renunciar y, con la anuencia de Roca, asumió el vicepresidente Carlos Pellegrini. 

En 1892 la fórmula Luis Sáenz Peña- José Evaristo Uriburu, también apoyada por Roca, esta vez con ayuda de Bartolomé Mitre, ganó -con mayor fraude si cabe- la contienda electoral. El régimen continuó con Roca entre bambalinas, pero los aprietos económicos y las rebeliones provinciales se sucedieron al punto de forzar el alejamiento de Sáenz Peña en 1895.

Medallas del centenario de la Independencia
Medalla conmemorativa del Centenario de la Independencia

Se acusaba al roquismo, de despojar a la nación con sus enormes gastos, desmesurado incremento administrativo y difíciles pagos de la tremenda deuda externa. Se había formado la opinión pública, y la doctrina de Engels y Marx, traída en el equipaje de muchos inmigrantes, aumentó el disgusto por la hegemonía de terratenientes y ganaderos, y la inacción de la dirigencia política para solucionar los problemas de vivienda y subsistencia de la clase obrera. Un estrato intermedio, la pequeña burguesía, actual clase media, temía por su futuro hipotecado, y los universitarios surgidos de esa veta social no dudaban en incorporarse a la facción opositora. "El país está enfermo de fraude", afirmaba una editorial del diario La Nación.

Al renunciante Sáenz Peña le sucedió el vicepresidente Uriburu. Al término de su mandato, en 1898, Roca, con intenciones pacifistas y sin mayor impedimento -Alem se había suicidado en 1896 e Yrigoyen, jefe del partido la Unión Cívica Radical, decretó la abstención electoral- asumió su segunda presidencia. Cumplió sus promesas de campaña: siquiera en la superficie, el país se aquietó. El afán gremialista sirvió para que los trabajadores se ocuparan de ellos mismos y no de protestar contra el gobierno, empresas, industrias y comercios, sin temor a disturbios, progresaron.

El año 1900 llegó, no con el fin del mundo profetizado sino con el vals "Danubio Azur", y llegó 1904 con otra elección: Manuel Pedro de la Quintana, amigo de Roca, fue electo Presidente. 

EI 4 de febrero de1905 Yrigoyen, cuyo partido tenía gran cantidad de afiliados en el interior y en la siempre decisiva provincia de Buenos Aires, intentó una revolución prontamente desbaratada; detenido, fue liberado a los pocos días. Para entonces, al país había llegado la violencia de la anarquía que asolaba a Europa desde décadas atrás. El 11 de agosto de 1905 Quintana fue objeto de un atentado perpetrado por un anarquista catalán que trató de balear el carruaje que conducía al Presidente (ER N° 15).

En 1906, por fallecimiento de Quintana, el vicepresidente José Figueroa Alcorta se hizo cargo del Ejecutivo y le cupo el honor de presidir en 1910 los festejos por el Centenario de la Revolución de Mayo. Ese mismo año, y sin oposición -Yrigoyen nuevamente ordenó no participar- Roque Sáenz Peña asumió la Presidencia. En febrero de 1912 logró que se promulgara la ley que obligó a Enrolamiento General, Voto Secreto y Obligatorio y Padrón Electoral. Para que esta iniciativa presidencial tuviera éxito era necesario que los radicales dejaran a un lado su abstención. Yrigoyen creyó en la nueva ley y decidió que la UCR concurriera a las elecciones en Santa Fe, donde ganó.

En 1914 un atentado en Sarajevo lanzó a siete países a la guerra, falleció Roque Sáenz Peña y el vicepresidente, Victorino de la Plaza, asumió la primera magistratura. Murió también Roca, cuyo régimen daba sus últimos coletazos. La conflagración europea repercutió de inmediato en nuestra economía, paralizando el comercio exterior de carnes y granos. La suspensión del arribo de productos manufacturados y combustible y la drástica disminución de las rentas aduaneras trajeron problemas de todo tipo que concluyeron en lo previsible: crisis financiera. A pesar de ello, algo favorable sucedió: obligado el país a resolver por sí mismo sus necesidades, se inició la independencia económica. Se desarrollaron las industrias locales y se organizó la Marina Mercante para realizar importaciones y exportaciones con barcos propios.

En la costa sur de nuestro territorio, en 1915, fue apresado por un crucero inglés el vapor argentino Presidente Mitre (ER N° 27). Aunque Victorino de la Plaza había hecho conocer internacionalmente la neutralidad argentina, la guerra no marginaba a nadie: por la situación confusa, el cónsul argentino en Dinant (Bélgica) fue fusilado por un pelotón alemán, episodio que desató creciente odio hacia Alemania, del que se hicieron eco los periódicos.

El año 1916 comenzó en Europa con más naciones arrastradas al conflicto bélico, y con nuestro país alterado por la crisis. la inminencia de la elección presidencial atenuó las protestas y la proclamación de la fórmula Hipólito Yrigoyen - Pelagio Luna hizo cundir el entusiasmo. Yrigoyen, ya impredecible, se hizo de rogar para aceptar la candidatura. El 2 de abril votó la ciudadanía y el 10 se conoció el resultado: la UCR había triunfado por amplia mayoría sobre los otros Partidos: el Conservador, el Demócrata Progresista y el Socialista.

La satisfacción general por el próximo cambio de gobierno se trasladó a los actos por el Centenario de la Independencia. Llegaron a Buenos Aires delegaciones de todo el mundo, a pesar de la guerra, y en ciudades y pueblos de la República se realizaron grandes festejos con mucho júbilo y bullicio. El 9 de Julio culminó la fiesta en la Capital con un imponente desfile militar, pero la jornada pudo haber terminado trágicamente. Concluía el paso de las tropas cuando un hombre gatilló dos veces un revólver hacia el balcón presidencial; el primer disparo falló, el segundo rebotó a centímetros de la cabeza de Victorino de la Plaza. El público detuvo al agresor y la policía evitó que lo lincharan, en tanto el Presidente, haciendo honor a su apodo de Doctor Confucio, miraba impasible los últimos batallones del desfile. El autor del atentado no era un anarquista, sino un sujeto de pocas luces decidido a vengar la ejecución de dos asesinos por considerarla injusta (ER N° 16). 

El 12 de octubre Yrigoyen juró en el Congreso; en su desborde, el pueblo desenganchó los caballos de su carruaje, IIevándolo a pulso hasta la Casa de Gobierno. Casi 14 años después, en 1930, el pueblo, enardecido, saqueará su casa y arrojará su cama por el balcón. En 1933 ese mismo pueblo, acongojado, llevará su féretro en brazos sobre un mar de cabezas hasta la Recoleta. 

Mario José Buschiazzo

    Publicado en el Periódico El Restaurador - Año X N° 40 - Setiembre 2016 - Pag. 10   

 Bicentenario de la Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas de Sud América el  9 de Julio de 1816 

 

La Casa de Tucumán

Mario José Buschiazzo

Fue arquitecto, docente (de enseñanza secundaria, terciaria y universitaria), escritor, investigador, entre otras actividades.

Nació en Buenos Aires, el 10 de diciembre de 1902, en una familia en la que abundaban los arquitectos. 

Después de cursar el bachillerato en la localidad de Olivos, donde obtuvo medalla de oro por ser el mejor alumno, ingresó en la Universidad de Buenos Aires, recibiéndose de arquitecto en 1927, y donde posteriormente también se desempeñó como profesor titular a partir de 1941 y fue designado como profesor emérito en 1967.

Volcó toda su actividad profesional y su vocación en la función pública, especializándose en la problemática del patrimonio cultural, desempeñándose en los Ministerios de Obras Públicas de la Nación y Provincia de Buenos Aires.

Realizó importantes investigaciones sobre arte y arquitectura hispanoamericana en las que se especializó. Fue autor de numerosos libros -además de folletos, artículos, etc.- sobre el tema, citaremos entre otros: La arquitectura colonial (su primer libro), La Catedral de Córdoba (1941), Buenos Aires y Córdoba en 1729 (1941), La Catedral de Buenos Aires (1943), Estudios de arquitectura colonial en Hispanoamérica (1944), La Iglesia del Pilar (1945), Argentina, monumentos históricos y arqueológicos (1959), Art-Noveau en Buenos Aires (1965). 

Además de realizar numerosos proyectos para construcciones nuevas para el Estado, fue un importante arquitecto conservacionista, restaurador también de edificios históricos como los Cabildos de Buenos Aires y Salta, la Posta de Sinsacate, la Casa de Sarmiento, el Palacio San José, la Misión Jesuítica de San Ignacio, la Casa de Tucumán, el Convento de San Francisco (en Santa Fe), el Convento de Santo Domingo (en San Juan), la Capilla de Pumamarca, entre muchos otros y también realizó importantes trabajos de restauración en la Casa de la Moneda de Potosí -Bolivia-. 

Falleció a los 67 años en su casa de Adrogué el 15 de agosto de 1970.

En un país, como el nuestro, donde lo antiguo y tradicional no es respetado ni cuidado, la figura de Buschiazzo sobresale y se destaca y todo su trabajo, tanto intelectual como restaurador, debe ser realmente valorado como un aporte importantísimo para la cultura argentina y americana.

Nuestra Argentina, su historia y su cultura, le deben mucho a este SEÑOR Arquitecto …un verdadero patriota.

La Casa de Tucumán

  Publicado en el Periódico El Restaurador - Año X N° 40 - Setiembre 2016 - Pags. 8 y 9    

 Bicentenario de la Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas de Sud América el  9 de Julio de 1816 


Declaración de la Independencia
La Casa de Tucumán 

por Norberto Jorge Chiviló


¿Qué puede ser más representativo para nuestros sentidos cuando nos referimos al 9 de julio, que la imagen siempre presente de la Casa de Tucumán?. Muchísimas veces la hemos dibujado siendo niños. ¡Qué trabajo nos daba dibujar las columnas torneadas, junto a la puerta! ¡Cuántas veces las borrábamos y recomenzábamos la tarea!. Muchos de los lectores también recordarán que allá en la década del 50' del siglo pasado, en las páginas centrales de la revista infantil "Billiken", editada en la semana de julio, algunas veces veía dibujada la histórica casa, para ser recortada y armar la conocida fachada.


Su historia

La casa en la que se declaró la independencia en 1816, había sido construida entre los años 1760-1780, por el alcalde Diego Bazán, quien al casar su hija con el comerciante español Miguel Laguna, la dio en dote.

La casa de estilo barroco colonial, edificada en un terreno que medía 29,256 m. de frente por 69,379 m. de fondo, estaba ubicada sobre la llamada "Calle del Rey" y era uno de los mejores edificios de la ciudad de aquél entonces ya que se destacaba por sus dos gruesas columnas torneadas o retorcidas o en espiral, denominadas también "salomónicas" o "helicoidales", las que descansaban sobre pedestal de ladrillo, ubicadas a ambos lados de un portón de madera de dos batientes -ubicado en el medio del frente de la edificación- y por la cual se entraba a un zaguán, y a uno y otro lado se accedía a dos amplios locales, uno a derecha y la otro a la izquierda, cada uno de ellos con una ventana con rejas voladas que daban a la calle. A continuación había un primer patio franqueados por tres salones principales -habitaciones para la familia, la sala y el comedor- ubicados a cada lado y al fondo; luego venía un segundo patio, rodeado de galerías y cerrado hacia el fondo por un grupo de dependencias, destinadas al personal de servicio, que lo separaba, a su vez, del fondo del inmueble, donde había una huerta y árboles frutales y estaba el pozo de agua con su brocal. 

Declaración de la Independencia


La estructura del techo a dos aguas, estaba formado por cabreadas de madera con un entramado de caña hueca y barro, el techo era de tejas españolas de medio punto. Salvo el portal -zaguán y los dos locales laterales- que había sido construido con ladrillos, el resto consistía en muros de tierra apisonada y adobes, revocado con barro y cal. Las columnas de las galerías eran de madera. Ese tipo de construcción demandaba un continuo mantenimiento, para que las intensas lluvias no lo deterioraran.

  Con motivo de la batalla de Tucumán, en 1812, la casa fue alquilada por el Estado para la servir de cuartel y tres años después se alquiló para instalar la Aduana, las Cajas Generales y el Almacén de Guerra.

Poco después y a falta de edificios más adecuados para que pudiera funcionar el Congreso Constituyente que debía sesionar en la ciudad de Tucumán, se decidió destinar esa casa con ese fin, efectuándose nuevas reformas con la ampliación del salón destinado a la realización de las reuniones, demoliendo una pared que separaba el comedor de la sala contigua (en el primer patio) para así hacerlo más grande y apropiado; se repararon techos y se instalaron nuevas letrinas. Mucho del mobiliario que se utilizó en las sesiones fue prestado por algún vecino o por las órdenes religiosas de la ciudad.

Cuando el Congreso dejó de sesionar en esa ciudad, para trasladarse a Buenos Aires, lo que ocurrió en febrero de 1817, la casa cayó en decadencia durante las décadas siguientes, debido al paso del tiempo y a la falta de cuidados adecuados, por lo que fue deteriorándose cada vez más.

En mayo de 1861, una descendiente de los primitivos propietarios, la Sra. Gertrudis de Zavalía, elevó una nota a las autoridades, para que se la eximiera del pago de impuestos por esa propiedad, lo que le fue concedido.

La nota decía: "…Que por Ley de contribución directa están exceptuados los templos, en que se rinde culto al Ser Supremo, como era regular, pero existe en esta ciudad un Santuario, que si bien yace olvidado por la Nación a causa de [las perturbaciones] políticas, a cargo de una familia decaída de su antigua fortuna, que lo conserva intacto con religioso respeto; el cual, hay también fundada razón para que esté comprendido en aquella excepción de la renta. Me refiero, excelentísimo Señor, a la casa monumental de nuestra propiedad, donde se juró la Independencia de las Provincias Unidas de Sud-América por los Padres de la Patria".

"La conservamos en la misma forma que tuvo en aquella época memorable de la historia argentina, esperando que la nación recoja bajo su amparo, y consagre a la veneración de las generaciones venideras ese recinto glorioso, privándose del provecho que su transformación nos ofrece, por esa consideración; y no me parece equitativo que soportemos el gravamen de la contribución, cuando tenemos la conciencia de merecer algún galardón por el servicio de la casa en aquel tiempo, hasta ahora no remunerado, y por su esmerada conservación".

En el año 1869 el italiano Ángel Paganelli, radicado en Tucumán desde 1865, que fue gran retratista de edificios, calles y otras vistas principalmente de la capital tucumana e ingenios azucareros, tomó las dos únicas fotografías que existen de la casa histórica, una que muestra el frente ruinoso y casi destruido, con unos personajes sentados en la vereda y la otra que corresponde al primer patio en la que se ve el exterior del salón donde habían tenido lugar las sesiones del Congreso de 1816, en el que dos mujeres aparecen sentadas a la sombra.

Declaración de la Independencia


En el año 1872 el presidente Nicolás Avellaneda emitió un decreto para adquirir la casa y establecer en ella la oficina de Correos y el Juzgado Federal, debiéndose conservar el "antiguo y venerable salón" donde se había producido la jura de la independencia . Se autorizó así la demolición de gran parte de la casa que daba al frente, para construir en su reemplazo un nuevo edificio con "una fachada neoclásica, con pilastras y medias columnas dóricas soportando un entablamiento y gran frontis… Una portada central de medio punto y seis ventanas llenaban la fachada… dos leones acostados flanqueaban el arranque del frontis", para dar cabida a aquellas oficinas gubernamentales, las que funcionaron en la nueva edificación del frente y el costado izquierdo, separadas por el patio del Salón de la Jura ubicado a la derecha, el que anualmente era engalanado para la celebración de la magna fecha.

Lamentablemente por aquellos años, no se daba importancia a la tradición ni a los edificios históricos, que no solo no se los cuidaba y protegía -contrariamente a lo que ocurría en otros países- sino que la piqueta los derribaba, para construir nuevas edificaciones más acorde con los tiempos que corrían de la "civilización" y el "progreso".

Evidentemente ese nuevo edificio tampoco fue debidamente conservado y amenazaba en convertirse en ruinas ya que en el año 1904, durante la presidencia de Julio A. Roca, se dispuso por decreto la demolición de toda la casa, excepto el salón histórico. A fin de preservar el mismo y darle más realce se construyó un gran pabellón o templete de estilo francés, a dos aguas, propio y característico de principios del siglo XX, con amplios vitrales franceses, dentro del cual quedó protegida la histórica sala, como una pequeña casita con techo de tejas a dos aguas y de allí que los visitantes se refirieran a la misma como la "casita de Tucumán" y como actualmente, a veces, también se la sigue designando. A dicho templete, que popularmente se la llamaba "la quesera", se ingresaba tras pasar un importante pórtico de rejas y un atrio o patio, con palmeras, a cuyos costados había unos murales o bajorrelieves de bronce, obra de la escultora tucumana Lola Mora, que evocaban las dos principales fiestas nacionales, el 25 de Mayo y el 9 de Julio, de gran valor artístico, pero criticadas como documento histórico. El pabellón en su interior contaba con una especie de balcón, donde se situaban las autoridades en las ceremonias oficiales y en sus muros se colocaban las distintas placas conmemorativas.

Declaración de la Independencia

 

Esa construcción de tipo afrancesada, como decía el historiador Guillermo Furlong "lejos de realzar la Sala de la Jura que quedaba bajo de ella, la achicaba y la humillaba".

En 1916 en el centenario de la Independencia, se expropió un inmueble lindero a la casa, que actualmente es el patio de homenajes y donde se encuentran los murales de Lola Mora.

En 1941, se dispuso reconstruir la casa como era originariamente, tarea encomendada al arquitecto Mario J. Buschiazzo, quien a fin de realizar tal importante obra se valió para concretarla, de antiguos planos y las invalorables fotografías que había obtenido Paganelli años atrás. Se utilizaron en la reconstrucción elementos arquitectónicos originales del siglo XVIII, provenientes de otras demoliciones, como puertas, ventanas, columnas, tejas, rejas, etc. El 12 de agosto de ese año, la casa fue declarada Monumento Histórico Nacional.

La casa reconstruida, obra magistralmente realizada por el mencionado arquitecto, fue inaugurada por el presidente Pedro P. Ramírez en el aniversario de la batalla de Tucumán, el 24 de setiembre de 1943.

Desde el año 1992, el 9 de julio de cada año, la ciudad de Tucumán se convierte en Capital de la República y en la Casa Histórica se realiza el acto conmemorativo, con la presencia de las más altas autoridades nacionales y provinciales.


Los colores de la Casa histórica

Declaración de la Independencia


Nos habíamos acostumbrados a ver en ilustraciones -especialmente en los manuales escolares- , los muros de la casa pintados de amarillo, mientras que puertas y ventanas eran verdes y así las pintábamos cuando éramos niños. Esa versión venía originado en un óleo -"Frente de la casa en que se reunió el Congreso de Tucumán, 1816"- pintado por el artista cordobés Genaro Pérez, realizado a fines del siglo XIX, que se encuentra en el Museo Histórico Nacional.

A mediados de los años '90 del siglo pasado, y como consecuencia de trabajos de mantenimiento realizadas en el lugar -cambio de tejas y arreglos en puertas y ventanas comprobándose restos de pintura de color azul- a la par de investigaciones hechas el Archivo Histórico de la Provincia de Tucumán, dieron como resultado que el Congreso que había sesionado en 1816, había encargado la compra de "Azur Prusia" para pintar las puertas y ventanas y cal, para banquear las paredes, siendo estos los colores patrios que habían sido establecidos por la Asamblea del Año XIII.

Así el 9 de julio de 2009 la casa recuperó sus antiguos y originales colores que ostentan en la actualidad.


Fuentes.

Furlong, Guillermo, S.J. "La casa histórica de la Independencia", Academia Nacional de la Historia, Buenos Aires, s/fecha.

Asociación de Amigos del Museo. Folleto: "Museo Casa Histórica de la Independencia Nacional - Historia de la Casa", San Miguel de Tucumán, 1999.

miércoles, 1 de junio de 2016

Acta de la Declaración de la Independencia

  Publicado en el Periódico El Restaurador - Año X N° 39 - Junio 2016 - Pag. 7 

 Bicentenario de la Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas de Sud América el  9 de Julio de 1816  

Independencia Nacional

 

A 200 años de la Declaración de nuestra Independencia

  Publicado en el Periódico El Restaurador - Año X N° 39 - Junio 2016 - Pags. 1 a 6 

 Bicentenario de la Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas de Sud América el  9 de Julio de 1816  

A 200 años de la declaración de nuestra Independencia

Por Norberto Jorge Chiviló


Independencia argentina
9 de Julio de 1816. Acuarela de Antonio González Moreno. 1941

Los procesos y hechos históricos, en nuestro caso la declaración de nuestra independencia, ocurrido el 9 de julio de 1816 y próximo a cumplirse los 200 años, no fue algo aislado o fortuito que se dio porque sí. Llevó un largo período de tiempo en que se fueron sucediendo muchos acontecimientos que movieron a la clase política y militar de aquél entonces a decidirse a proclamarla, aún después de muchas vacilaciones.

Para comprender este proceso no debemos perder de vista que los habitantes del entonces Virreinato del Río de la Plata creado en 1776 por Carlos III y cuya capital era Buenos Aires que comprendía una extensión aproximada a los cinco millones de kilómetros cuadrados y abarcaba lo que ahora son las repúblicas de Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia y parte de las de Chile y Brasil, siendo su capital el puerto de Buenos Aires, estaba habitado por indígenas, quienes vivían en estado semi salvaje y por población de origen europeo, ya sean procedentes de España o hijos de estos nacidos en este nuevo continente, a quienes se los llamaba criollos o españoles americanos, además de los mestizos.

Todos estos últimos -americanos, ya sean criollos o mestizos- se consideraban legítimamente españoles, y se sentían como tales, si bien los nacidos en España tenían algunos privilegios. Para todos ellos su patria era España y su rey era el rey de España y así se sentían sus vasallos. Los enemigos de España y de su rey, eran también sus enemigos.

No fue fácil para ellos en constituirse en una nueva nación y desvincularse totalmente de su madre patria, con una religión -elemento muy importante en aquellos momentos- en común y con muchísimas costumbres que compartían.

Vemos así por ejemplo, que durante las dos invasiones inglesas a la capital de Virreinato, los que lucharon contra los invasores lo hicieron por España, su rey y su religión.

Aclarado esto, veamos los antecedentes que llevaron a esa magna declaración de independencia.


De la Reconquista a la Revolución

Los sucesos que se produjeron en Europa después de los primeros años de la década del siglo XIX, tuvieron importante repercusión en el Río de la Plata. 

La guerra de Inglaterra contra la Francia napoleónica y su aliada España, dieron origen a las dos invasiones británicas al Río de la Plata en 1806 y 1807. 

La victoria que en ambas oportunidades obtuvieron los habitantes de estas tierras (españoles todos ya sean europeos y americanos o criollos) sobre los invasores, fue el origen de la creación y organización de fuerzas militares criollas (Patricios, Húsares, Castas, Migueletes y otros), decisivas en los sucesos de enero de 1809 y mayo de 1810. 

La resistencia ofrecida por todos los vecinos de Buenos Aires, que se unieron para  vencer al aguerrido invasor, sin distingos de condición social, sexo ni edad, logrando la victoria sin ayuda de nadie, les dio real conciencia de su poder y fuerza.

La marcha precipitada del virrey Sobremonte en 1806 -ante la llegada de los ingleses a las puertas de la ciudad de Buenos Aires-, para dirigirse a Córdoba a fin de poner a salvo los caudales reales y desde allí reorganizar las fuerzas de defensa, fue tomado por los porteños como una cobarde huída y abandono de sus habitantes y así lo consideró también la historia.

La disposición que fue tomada en el Cabildo Abierto del 14 de agosto de 1806 -a dos días de la Reconquista de la ciudad- juzgando la conducta de Sobremonte y separándolo del mando político y militar, fue un acto "revolucionario", pues un funcionario nombrado por el rey era separado por sus súbditos, lo que nunca antes había sucedido.

Los jefes y oficiales ingleses tomados prisioneros, promovieron ideas independentistas y de libre cambio entre algunos criollos. Ello tenía una razón de ser, pues con la promoción de la  independencia de estos territorios se produciría el debilitamiento de la enemiga España y a su vez facilitaba el librecambio de mercaderías entre Inglaterra -gran potencia industrial- y las nuevas naciones independientes, ávidas de esos nuevos productos.

Entre mayo y julio de 1807, la Banda Oriental también había sido ocupada por los invasores y desde Montevideo editaban el periódico bilingüe The Southern Star-La Estrella del Sur. En ese medio, en el cual colaboraban algunos criollos, también se divulgaban aquellas ideas, por lo cual la Real Audiencia de Buenos Aires prohibió su introducción, la difusión y su lectura en la ciudad y penalizó con graves sanciones a quienes pudieran tener en su poder ejemplares no autorizados, no obstante lo cual algunos criollos violaban la prohibición y los ejemplares entraban de contrabando, diseminándose así las ideas independentistas.

Con la invasión napoleónica a la península ibérica en mayo de 1808, se produjo el levantamiento del pueblo madrileño y el inicio de lo que se llama la "Guerra de la independencia española". Ello motivó el cambio de alianzas, ya que España, de ser enemiga de Inglaterra, pasó a ser su aliada, ahora en su lucha contra los franceses. El avance arrollador de las tropas francesas en territorio español, junto al desprestigio de su Casa real y la prisión -en manos de los franceses- del entonces rey Carlos IV y de su hijo Fernando, llamado "El deseado" y futuro Fernando VII, presagiaba la derrota total de España. 

Con el objeto de organizar, coordinar y liderar la resistencia contra las fuerzas napoleónicas se formaron en distintas ciudades y localidades, diversas Juntas locales.

La asonada promovida en Buenos Aires el 1° de enero de 1809 por el partido españolista y fuerzas militares formadas principalmente por españoles europeos (Vizcaínos, Catalanes y Gallegos), liderada por Martín de Álzaga, tenía por objeto la destitución del héroe de la Reconquista, el ahora virrey interino (confirmado desde mayo de 1808) Santiago de Liniers, de gran prestigio en Buenos Aires, que por su nacionalidad francesa, despertaba recelo entre los españoles europeos pues creían que podría tener contacto con Napoleón y entregar estos territorios a la influencia francesa. También estaba entre los planes de los amotinados la creación de una Junta de Gobierno -como como las que existían en España- con mayoría de miembros de españoles peninsulares y algunos criollos como Mariano Moreno.  

El motín finalmente fracasó por la actitud decidida de Cornelio Saavedra, acompañado por los cuerpos militares formados por criollos, restituyéndose a Liniers en su cargo y disponiéndose asimismo la disolución de los cuerpos militares amotinados. Ello tendrá importancia pues a partir de entonces habrá una supremacía de las milicias criollas que se hará sentir y será fundamental y decisivo en los sucesos de mayo de año siguiente. 

El 25 de mayo de 1809 se produjo en Chuquisaca un movimiento insurreccional independentista y otro el 16 de junio en La Paz -ambos del Alto Perú- pero que fueron derrotados por tropas enviadas desde Buenos Aires y el Perú.

El detonante que en el Río de la Plata, produjo que se dispusiera la cesación en el cargo del Virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, quien había sido designado por la Junta Suprema Central de Sevilla y arribado a la ciudad en junio de 1809, fue la llegada a mediados de mayo de 1810, de dos navíos de guerra ingleses, uno a Buenos Aires y el otro a Montevideo, con periódicos de la península e ingleses, de fines de enero y de febrero que daban cuenta de la caída en poder de los franceses de la ciudad de Sevilla y la disolución de la Junta; que casi todo el territorio español ya había sido tomado y que algunos diputados se habían refugiado en la isla de León en Cádiz, al amparo de la armada inglesa.

Aquí en Buenos Aires y a esta fecha -mediados de mayo- y a tenor de aquellas noticias se estimó que la derrota y ocupación de España ya era un hecho consumado y se temió que estas tierras cayeran también bajo dominio francés y así en el Cabildo Abierto que se celebró el 22 de mayo, la mayoría de los vecinos asistentes votaron por la cesación en el mando del Virrey Cisneros, por no existir ya en España, la autoridad que lo había nombrado y se dispuso también la elección de una Junta gubernativa. En la decisión tomada por los vecinos, tuvo mucho que ver la actuación de las milicias criollas, especialmente el cuerpo de Patricios al mando de Saavedra, quienes ocuparon la plaza de la Victoria y controlaron que quienes asistieran al Cabildo Abierto, fueran los vecinos invitados y en muchísimos casos impidieron la entrada a quienes -no obstante haber sido invitados a participar- fueron considerarlos partidarios del virrey. En la plaza, hubo ostentación de fuerzas militares armadas, con el objeto de intimidar y mostrar fuerza, luciendo sus integrantes cintas blancas en sus pechos para identificarse y un gran retrato de Fernando VII, reclamando la suspensión del Virrey e imponiendo la lista de integrantes de la futura Junta, presididos por Cornelio Saavedra. 

La nueva Junta Gubernativa, elegida el día 25, que reemplazó a Cisneros en el mando, denominada "Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata a nombre del Señor Don Fernando VII" y que la historia llama "Primera Junta", fue presidida por Saavedra, militar prestigioso quien contaba con el apoyo de todas las fuerzas militares. Sus miembros -su presidente, los dos secretarios y sus seis vocales-, ese mismo día por la tarde, juraron frente a la Biblia, comprometiéndose a conservar "íntegra esta parte de América a nuestro augusto soberano el señor don Fernando VII y a sus legítimos sucesores y guardar puntualmente las leyes del reino".

La revolución del 25 de mayo, no tuvo por objeto romper los vínculos con España y lograr la independencia, sino mantener estos territorios a resguardo y para que no cayeran en manos francesas, los que serían restituidos a la autoridad real un vez que el monarca recobrara su libertad. Sí se quiso conquistar mayor autonomía, creyendo que una vez que "nuestro amado" Fernando VII -como así se lo llamaba en Buenos Aires al rey cautivo- hubiera sido repuesto en el trono, en reconocimiento a la lealtad de sus vasallos americanos, les concedería mayores libertades, estableciéndose así con la Metrópoli mejores vínculos.

Día de la Independencia
Antigua fotografía de la Sala donde se juró la Independencia

De la Revolución a la Independencia

Desde el punto de vista político, el período comprendido entre 1810 y 1816, fue de inestabilidad, con un ejecutivo que fue variando de la Primera Junta, de nueve miembros, ampliándose su número a partir de la incorporación de los representantes de los pueblos del interior, conformándose así la llamada Junta Grande que se hizo inoperante por su alto número de integrantes, reemplazada en setiembre de 1811 por un órgano que si bien también fue colegiado, se redujo a tres miembros, llamado el Triunvirato, para pasar en enero de 1814 a un ejecutivo unipersonal, con el título de Director Supremo.

En esos años, hubo enfrentamientos entre los ejércitos enviados por Buenos Aires a las provincias del Alto Perú, Banda Oriental y Paraguay, por fuerzas que se les opusieron porque no reconocían como legítimas y con derecho a gobernar el virreinato a las autoridades residentes en Buenos Aires. Debemos decir que ambas fuerzas luchaban en nombre de un mismo rey y bajo su misma bandera y conformada ambas por españoles europeos y criollos, siendo en realidad una guerra civil.

Un atisbo de independencia se dio con motivo de la Asamblea del año XIII, que convocada por el segundo Triunvirato, comenzó a sesionar el 30 de enero de 1813, ya que tenía dos claros objetivos: Declarar la independencia y dictar una Constitución. Sus miembros no reconocieron poder superior al suyo y por primera vez tampoco se juró fidelidad a Fernando VII.

Los problemas que tenía el ejército patrio para imponerse en el Alto Perú con las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma infligidas por las fuerzas realistas, unido esto a que en Europa, con la derrota de Napoleón en 1814 se produjo el ciclo de las restauraciones monárquicas que significó el regreso al trono de las antiguas Casas reinantes, cuyos poderes habían sido usurpados por el Emperador ahora en desgracia. Así, en España, Fernando VII de regreso del exilio, derogó la Constitución liberal de Cádiz y se convirtió en un monarca absoluto, cuya intención fue recuperar de cualquier forma y por la fuerza todos los territorios americanos que se habían insurreccionado contra el poder español. Ello causó también cierto temor en esta parte de América, por las expediciones que pudieran despacharse desde la Metrópoli, para intentar la recuperación de estas tierras. Todo ello también influyó en el ánimo de los diputados a la Asamblea, quienes no se animaron a declarar una independencia que se presentaba difícil de defender y por ello no cumplió con ninguno de los dos objetivos propuestos, si bien por otro lado tomó algunas decisiones importantes como ser la libertad de vientres, la supresión de elementos de tortura, de títulos nobiliarios y del mayorazgo, la declaración como fecha patria el 25 de mayo, la adopción de una canción patriótica -himno nacional-, la acuñación de nueva moneda y otras que eran muestra de un espíritu independentista.

A fines de 1815 y principios del año siguiente, desde el punto de vista político y militar se presentó muy difícil para las Provincias Unidas del Río de la Plata.

Debemos decir que en aquél tiempo, la reacción realista triunfaba en todos lados desde Méjico al norte, hasta Chile al sur, (ver artículo de Guillermo M. Masciotra en esta misma edición), solo se mantenían en libertad las Provincias Unidas -con excepción del Alto Perú-, la Liga Federal y el Paraguay. 

Pero tampoco la revolución originada en Buenos Aires en Mayo de 1810 -salvo el caso de la Banda Oriental- no solo no pudo extenderse fuera de sus fronteras, sino siquiera pudo abarcar todo el territorio de lo que había sido el Virreinato del Río de la Plata.

En el norte, la tercera expedición al Alto Perú, al mando de Rondeau, enviada una vez más, con el objetivo de recuperar las provincias altoperuanas y derrotar a las fuerzas realistas que permitiera la llegada al corazón del Virreinato de Perú, fue un fracaso. Después de la derrota de las tropas patriotas en Sipe-Sipe a fines de noviembre de 1815, el ejército para salvar lo que quedaba del mismo y evitar una derrota total, se retiró hacia Tucumán, quedando la defensa de Salta a cargo de las fuerzas irregulares de Güemes.

En el oeste, Chile estaba dominada otra vez por los realistas como consecuencia de su victoria en la batalla de Rancagua, hecho acaecido el 1 y 2 de octubre de 1814, que había producido la derrota total de la revolución chilena poniendo fin a la llamada Patria Vieja y el comienzo de un nuevo período histórico denominado la Reconquista, por lo cual los líderes de la emancipación chilena debieron exiliarse, dirigiéndose la mayoría de ellos a las Provincias Unidas.

En el nordeste, el Paraguay, se había considerado independiente en 1811, no solo de España, sino también de Buenos Aires, viviendo a partir de entonces en un estado total de aislamiento, con respecto a sus ex provincias hermanas.

Billete de diez pesos
Billete de diez pesos moneda nacional. Vigente desde 1942 a 1969

En el este, existía siempre la latente y posible amenaza portuguesa.

En las provincias Unidas, la situación interna también era muy compleja, por las peleas y enfrentamiento entre provincias, entre caudillos -con ideas federales- y gobiernos directoriales -con ideas unitarias-, provincias que se alzaban contra el gobierno centralista de Buenos Aires, como la Liga Federal o Liga de los Pueblos Libres integrada por las provincias que estaban bajo la influencia de José Gervasio Artigas: Banda Oriental, Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Santa Fe y Córdoba, en lucha contra el poder directorial. 

El país se encontraba prácticamente en un estado casi de anarquía.

Pero tampoco todo era negativo, ya que en Cuyo su gobernador intendente, José de San Martín, lograba reforzar las defensas y se encontraba abocado a la conformación de un ejército que según su estrategia, debía proceder al cruce de los Andes, derrotar a los realistas de Chile y desde allí, por mar, llegar a Lima para vencerlos en su propio bastión, evitando el paso por el Alto Perú, que tantos sinsabores habían dado a los ejércitos patrios que así intentaron hacerlo. 

Tampoco los realistas podían contar ya con la plaza fuerte de Montevideo, que a mediados de junio de 1814 había caído en poder de las fuerzas criollas. La pérdida de ese bastión realista, hizo variar el destino de la poderosa expedición Morillo enviada desde España, que tenía como destino primitivo ese puerto del Plata, pero que por aquel acontecimiento se desviará y recalará en Venezuela, dando por tierra con la independencia de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, restableciendo el virreinato. 

También en octubre de 1815, Guillermo Brown al mando de la fragata Hércules, junto a los bergantines Halcón y Trinidad y la goleta Constitución, inició una guerra de corso en el Pacífico contra navíos españoles y de hostigamiento contra baluartes realistas sobre las costas de ese océano, llevando y expandiendo las banderas revolucionarias y creando la zozobra en todo el litoral marítimo bajo dominio realista.

En el norte, Martín Güemes caudillo indiscutido de Salta, con su guerra gaucha y al frente de sus "Infernales", mantenía la resistencia e impedía el avance de los realistas. 

En 1815, siendo Director Supremo interino Ignacio Álvarez Thomas, la Junta de Observación dictó el 5 de mayo, el Estatuto provisional para Dirección y administración del Estado, llamado más comúnmente Estatuto provisional de 1815, reglamentando el funcionamiento de los tres poderes del Estado, para regir en el territorio del antiguo Virreinato del Río de la Plata, hasta que se reuniera un Congreso General.

Si bien la mayoría de las provincias lo rechazó, por no haberse contemplado sus opiniones, quedó en pie la convocatoria a un Congreso General a realizarse en la ciudad de San Miguel de Tucumán, para dictar una constitución y organizar el país y al cual todas las provincias debían enviar sus representantes.

Álvarez Thomas, a su vez trató de "solucionar" los problemas con Artigas y para ello envió dos representantes que entrevistaran al caudillo oriental, a quien ofrecieron el reconocimiento de la independencia de la Banda Oriental, mediante la firma de un Tratado de paz y amistad, lo que representaba la secesión de esa provincia argentina, propuesta que Artigas dignamente rechazó.

En junio se reunió en la villa de Concepción del Uruguay, también conocida como Arroyo de la China -que era la capital de Entre Ríos-, el denominado Congreso de Oriente, llamado también Congreso de los Pueblos Libres o Congreso del arroyo de la China, presidido por Artigas -ferviente defensor de la declaración de la independencia- y con participación de diputados de cinco de las seis provincias que conformaban la Liga de los Pueblos Libres o Liga federal: Banda Oriental -excepción de Montevideo-, Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Santa Fe y Córdoba, pues los de Misiones no llegaron a tiempo para incorporarse. El Congreso sesionó en dos oportunidades, en su apertura el 29 de junio y en la sesión de clausura del 12 de agosto. Según algunos autores, el Congreso fue convocado por Artigas para tratar el envío de cuatro delegados a Buenos Aires, para llegar a un arreglo ante la eventualidad de la arribada de una expedición naval española -lo que se creía muy posible-; según otros historiadores en esa primera sesión inaugural se declaró la independencia nacional, lo que no había cumplido la Asamblea del año XIII. 

Pero las actas de ese Congreso -en caso de haber existido-, nunca aparecieron o se perdieron, pero en realidad nadie puede asegurar a ciencia cierta lo que ocurrió o lo tratado en esas sesiones.

A fines de 1815 y principios de 1816, los diputados van llegando a la ciudad de Tucumán a caballo o en galeras, muchos de los cuales eran egresados de las universidades de Charcas, Córdoba y Santiago de Chile. Los civiles se alojaron en casas de familia y los religiosos lo hicieron en los conventos de la ciudad. 

Ante la falta de edificios oficiales aptos para sesionar, ya que el Cabildo se encontraba en malas condiciones edilicias, se eligió la  casa de doña Francisca Bazán de Laguna, a la cual se le hicieron algunas reformas y era la más adecuada para ser la sede del Congreso.

Con la excepción de Córdoba, la otras cinco provincias de la Liga Federal -que prácticamente se encontraban en guerra con el gobierno central-, no enviaron diputados al Congreso, que se formó con los 4 enviados de aquella provincia mediterránea junto a los de 7 de Buenos Aires, 2 de Catamarca, 3 de Charcas, 2 de Chichas, 1 de Jujuy, 1 de La Rioja, 2 de Mendoza, 1 de Mizque, 3 de Salta, 2 de San Juan, 1 de San Luis, 2 de Santiago del Estero y 2 de Tucumán. Con excepción de las de Charcas, Chichas y Mizque las demás provincias del Alto Perú, no enviaron representantes por estar ocupadas por los realistas. El Paraguay que prácticamente y de hecho era un territorio independiente, tampoco lo hizo (en 1813 un Congreso Nacional celebrado en Asunción había cambiado el nombre de Provincia del Paraguay, por el de República del Paraguay). 

Dieciocho de los congresales eran abogados, había nueve sacerdotes y dos frailes y otro cuatro que eran militares. 

Por fin el domingo 24 de marzo de 1816, inició sus actividades el Congreso. "Al amanecer de ese día varios cañonazos despiertan a la población. A las 9 de la mañana, 21 diputados de varias provincias se reúnen para elegir las autoridades y prestar el juramento de práctica. La presidencia recae en Pedro Medrano representante de Buenos Aires, y José María Serrano, representante de Charcas, es designado secretario. Luego pasan a la iglesia de San Francisco para oír misa, y al día siguiente se oficia el Tedéum. Durante cinco días consecutivos el pueblo de Tucumán festeja la instalación del Congreso que, según El Redactor, representa 'el único asilo que nos queda'. El mismo periódico destaca la importancia de esta reunión inicial de los diputados 'que al fin darán la grande obra de una Constitución sabia y política que será la base del colosal edificio de un Estado libre e independiente' ".

Las primeras decisiones del Congreso tuvieron que ver con el reglamento y políticas internas. El presidente duraría un mes y sería rotativo, y estaría secundado por dos secretarios.

Muchos de los diputados dudaban en declarar la independencia, mientras que San Martín apuraba esa decisión, así en carta que envió el 12 de abril de 1816 al diputado por Mendoza, Tomás Godoy Cruz, le decía: "¡Hasta cuándo esperamos declarar nuestra independencia ¿No le parece a Usted una cosa bien ridícula acuñar moneda, tener pabellón y cucarda nacional, y por último hacer la guerra al Soberano de quien en el día se cree dependemos? ¿Qué nos falta más que decirlo, por otra parte? ¿Qué relación podremos emprender si estamos a pupilo? ¿Los enemigos (y con mucha razón) nos tratan de insurgentes, pues nos declaramos vasallos... Ánimo, que para los hombres de coraje se han hecho las empresas. Vamos claro, mi amigo: si no se hace, el Congreso es nulo en todas sus partes, porque reasumiendo éste la soberanía, es una usurpación que se hace al que se cree verdadero, es decir a Fernandito".

El 3 de mayo, el Congreso designó Director Supremo al general Juan Martín de Pueyrredón, quien participaba como diputado por San Luis.

En la reunión secreta del 6 de julio, concurrió el general Manuel Belgrano, quien durante dos años había sido embajador de las Provincias Unidas en Europa, aconsejando se declarara inmediatamente la independencia y se adoptara un gobierno monárquico constitucional y como se pensaba incorporar el Perú a dicha monarquía opinaba también que la capital del reino debía estar en Cuzco, nombrándose como rey a un descendiente del Inca. Tengamos en cuenta que en esa época la idea de la instauración de una monarquía en América estaba en la mente de muchos patriotas, pues ese sistema es el que más se imponía (por los sucesos que ocurrían en Europa) en aquellos momentos.

Independencia argentina
El Inca

El día 8 en reunión privada, los diputados acordaron declarar solemnemente la independencia y así se estableció en el orden del día siguiente, insertándose el pertinente proyecto.

Al fin, el 9 de julio, por la mañana, en una sesión solemne, presidida por el diputado por San Juan, Francisco Narciso Laprida, el secretario Juan José Paso, leyó a los presentes la pertinente proposición y les preguntó si querían "que las Provincias de la Unión sean una nación libre e independiente de los Reyes de España y su metrópoli" y puestos de pié los 29 diputados presentes, la aprobaron por aclamación general y luego, uno a uno, ratificaron el sufragio, todo ello en medio de aplausos y vivas hacia la Independencia y felicitaciones al Soberano Congreso. Luego el presidente ordenó se extendiera el Acta pertinente, separada de la del día. Ese libro de Actas en la que fue redactada el acta firmada por los diputados presentes, fue extraviado y se encuentra perdido.

El Acta quedó reflejada en el facsímil que fue impreso en Buenos Aires por la "imprenta de Gandarillas y socios" para ser enviado a todas las poblaciones de las provincias -que se publica en la pág. 7-, que actualmente se encuentra en el Museo Histórico Nacional.

Es muy ilustrativo para saber de lo ocurrido en esa jornada, lo contado por el diputado por Buenos Aires, José Darregueira en carta a Tomás Guido: "Después de una larga sesión de nueve horas continuas desde las ocho de la mañana en que nos declaramos en sesión permanente hasta terminar de todo punto el asunto de la declaración de nuestra suspirada independencia, hemos salido del Congreso cerca de oraciones con la satisfacción de haberla concluido, y resuelta de unanimidad de votos nemine discrepante (sin que nadie discrepe) en favor de dicha independencia que se ha celebrado aquí como no es creíble, pues la barra, todo el gran patio, y la calle del Congreso han estado desde el medio día lleno de gente, oyendo los que podían los debates, que sin presunción, puedo asegurar a Ud. que han estado de lo mejor".

Al día siguiente los diputados concurrieron a Misa en acción de gracias por la Independencia y en una sesión posterior otorgaron al Pueyrredón el grado de brigadier.

El 12 el diputado por Catamarca, Manuel Antonio Acevedo propuso la adopción del régimen monárquico, tal como lo había aconsejado días antes Manuel Belgrano. Se discutió el tema durante las siguientes cinco sesiones, pero no se llegó a ningún acuerdo, pues el diputado por San Juan, fray Justo Santa María de Oro, manifestó que antes de tomarse tan importante resolución, debía requerirse la opinión de los pueblos.

Por esos días se tuvo conocimiento que los portugueses habían iniciado la invasión de la provincia Oriental. En Buenos Aires ciertos círculos gubernamentales vieron con buenos ojos la invasión lusitana, pues consideraban que de esa forma se destruía el poder de Artigas -tan molesto a las ambiciones centralistas de Buenos Aires-, no importándoles en absoluto la pérdida de tan importante territorio, dejando a su propia suerte a una población leal a la nacionalidad argentina. También era vox populi que esos círculos no solo alentaba la invasión portuguesa a la Banda Oriental, sino que auspiciaban la sumisión de las Provincias Unidas a la Corona portuguesa, lo que significaba la entrega del país a los portugueses.

A fin de dar por tierra con esos rumores y como una forma de ratificar la declaración independentista del 9 de julio, en día 19 en sesión secreta y a instancias del diputado por Buenos Aires, Pedro Medrano, se hizo un importantísimo agregado al Acta ya que además de disponerse la independencia "del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli", lo sería además "y de toda otra dominación extranjera". La propuesta de Medrano fue aceptada unánimemente por los diputados y luego en sesión pública se fijó la fórmula de juramento de la Independencia. Pero no obstante ello, el Congreso omitió declarar la guerra por la agresión portuguesa -como correspondía- y tampoco dispuso ayuda alguna a los argentinos orientales que le hacían frente.

Al día siguiente, el Congreso dispuso que en todos los lugares del país, se procediera a proclamar y jurar la Independencia, conforme a la fórmula aprobada. En esa ciudad la jura fue el día 21 con grandes festejos y en Buenos Aires, la ceremonia se desarrolló el 13 de setiembre.

Un hecho importantísimo para el futuro de la emancipación americana, se produjo el 21 de julio con la reunión que durante tres días mantuvieron en Córdoba, Pueyrredón y San Martín, para tratar la inconveniencia de insistir en la guerra en el Alto Perú que tanta oposición habían encontrado los ejércitos patriotas y por el contrario se analizaron los planes de San Martín, de atacar por el occidente, traspasando los Andes y una vez liberado Chile, por mar llegar a Lima, centro vital de la resistencia realista. El Director aprobó los planes de San Martín y comprometió la ayuda del gobierno para alcanzar aquellos fines.

El día 25 el Congreso sancionó la siguiente ley: "Elevadas las provincias Unidas de Sud América al rango de nación, después de la declaración solemne de su independencia, será su peculiar distinción la bandera celeste y blanca que se ha usado hasta el presente y se usará en lo sucesivo exclusivamente en los ejércitos, buques y fortalezas en clase de bandera menor, hasta que sea decretada, al término de las presentes discusiones, la forma de gobierno más conveniente al territorio y se fijen conforme a ella los signos de la bandera nacional mayor".

Pueyrredón regresó a Buenos Aires el día 29, donde fue recibido con muestras de júbilo y el 1° de agosto firmó un decreto nombrando a San Martín general en jefe del Ejército de los Andes.

El 23 de setiembre los diputados, consideraron inconveniente para la gobernabilidad del país que el Congreso se encuentrara separado del Director Supremo, por 300 leguas de distancia y así se decidió su traslado hacia Buenos Aires, pero no obstante siguió sesionando en Tucumán hasta el  17 de enero de 1817. Recién y después de un receso, el 12 de mayo de ese año, comenzará a hacerlo en Buenos Aires.

Independencia argentina
Manuel Belgrano

Fuentes: 

"Crónica Histórica Argentina", Editorial Codex S. A., Buenos Aires, 1968. 

Lafont, Julio A. "Historia de la Constitución Argentina", Tomo 1, Editorial FVD, Buenos Aires, 1953.

Luna, Félix. "Historia Integral de la Argentina", Tomo 6, Editorial Planeta de Argentina S.A., Buenos Aires, 2000.

Sierra, Vicente D. "Historia de la Argentina", Tomo VI, Editorial Científica Argentina, Buenos Aires, 1965.