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lunes, 26 de agosto de 2024

Guillermo Furlong, los gauchos y Charles Darwin - Roberto L. Elissalde

 Publicado en el diario La Nación/Campo el 15 de junio de 2024   


El Padre Guillermo Furlong rescató las observaciones de Charles Darwin sobre los gauchos argentinos
Por Roberto L. Elissalde
Guillermo Furlong


Se cumple el 50° aniversario del fallecimiento del sacerdote jesuita e historiador, que también fue un profundo conocedor del Martín Fierro


El R.P. Guillermo Furlong S.J., concurrió a la sesión privada de la Academia Nacional de la Historia en su nueva sede del Antiguo Congreso de la Nación. Llevaba más de tres décadas y media ocupando ese sitial, y era el cuarto académico en orden de precedencia; disciplinado y laborioso, había pedido el uso la palabra para leer una comunicación titulada: “Cómo juzgó Darwin a nuestros gauchos”.

El padre Furlong había nacido en Villa Constitución en 1889, en el medio rural. Hijo de irlandeses, estuvo ligado en esos años juveniles al campo; estudió al gaucho a través de las notas de algunos de los padres de la Compañía de Jesús, cuyo hábito hizo suyo. Era un profundo conocedor del Martín Fierro.

En esa sesión de la Academia, recordó que en 1914 en una tertulia en la casa de don Enrique Peña, con Samuel Lafone y Quevedo, estuvieron conversando sobre los indios y qué es civilización y qué cultura, y afirmó en forma tajante: “Es indiscutible que esa prosapia de hombres, llamados gauchos, a lo menos de la provincia de Buenos Aires, al sur del río Salado, no eran unos bárbaros, unos idiotas, unos tarados; no eran un insulto a la cultura y a la civilización. En la época hispana, si no eran apreciados ni tenidos en consideración tampoco fueron perseguidos, ni se trató jamás de eliminarlos por la fuerza de las armas, como tampoco se pensó jamás en acabar cruelmente con los indígenas”.

Recordó que después de 1810 se vio en el gaucho “la materia prima, ideal y abundante, para integrar los ejércitos y remitirlos a los fortines, donde, lejos de sus hogares, perecieron de miseria y melancolía”. Afirmó que después de Caseros fueron perseguidos como en la antigua Grecia se hizo con los ilotas, y rescató la voz de Nicasio Oroño en el parlamento denunciando procedimientos “bárbaramente antihumanos”. Rescató los escritos de Sarmiento, alguna vez simpáticos para con el gaucho, pero no omitió aquella carta a Mitre del 24 de setiembre de 1861: “Tengo odio a la barbarie popular… Mientras haya chiripá, no habrá ciudadanos…. ¿Son acaso las masas la única fuente de poder y de legitimidad? El poncho, el chiripá y el rancho son de origen salvaje”.

Exageración

En todas esas manifestaciones contra el gaucho, Furlong sentía que “debía haber exageración, ya que no era concebible que José Hernández, que durante tantos años vivió como gaucho entre los gauchos, hubiese idealizado en forma tan extraordinaria al gaucho, que llegara a ser el reverso de la medalla sarmientina”. En esas disgregaciones estaba nuestro buen cura cuando confesó que hacía pocos meses había leído el libro escrito por Charles Darwin durante su estadía entre nosotros entre fines de 1832 y comienzo del año siguiente en el que describe a nuestros gauchos con aquella frase: “los gauchos o gentes del campo son muy superiores a las gentes que residen en las ciudades, es siempre más agradable y más simpático, es más atento o educado, y es más hospitalario”.

Lo impresionó a Furlong esa frase “muy superior” y le vino a la mente el elogio del padre Castañeda, cuya biografía estaba escribiendo, y que había sido “rescatado del basurero por Saldías y por Capdevila”, en sus conceptos sobre el gaucho.

Furlong finalizó recordando que el crítico francés Nicolás Boileay “agudamente dijo que los hombres más sabios han sido aquellos que ignoraban que eran sabios, y tal fue el caso de nuestros gauchos, cuya modestia no estaba reñida con aquel vigor con que doblegaban las fuerzas de la naturaleza, cuyo bajo sentir de sí mismos no les amilanaba para las empresas más arriesgadas y bravías”.

Junto a los aplausos de rigor, no habrán faltado los comentarios de los colegas. Presuroso, el padre Furlong cruzó la Plaza de Mayo rumbo al subte, que lo iba a dejar a un par de cuadras del Colegio del Salvador. Lejos estaba de pensar que esa era la última vez que iba a estar en la Academia. El lunes 20 de mayo de 1974, poco después del mediodía, cuando volvía de dar una clase en el Seminario Metropolitano de Villa Devoto y marchaba al Archivo General de la Nación, la muerte lo sorprendió en el subterráneo en la proximidad a la estación Plaza de Mayo, curiosamente donde había instalado su primer templo en Buenos Aires, la Compañía de Jesús a la que consagró su existencia.

Hombre pródigo de su tiempo y de su saber, su generosidad intelectual fue uno de sus rasgos sobresalientes, no dudaba en orientar a veteranos historiadores y a dedicarle tiempo a noveles aspirantes, que a él se acercaban con inquietudes juveniles, entre los que me encuentro y evoco con gratitud y emoción.

lunes, 8 de marzo de 2021

Expediciones científicas en las costas del sur

LAS EXPEDICIONES GEOGRAFICAS Y CIENTIFICAS DE LAS POTENCIAS EXTRANJERAS A NUESTRAS COSTAS EN EL SIGLO XIX.

EL INTERES GEOPOLITICO DE LAS NACIONES EUROPEAS POR NUESTRO TERRITORIO.

                                                                por el Dr. Guillermo M. Masciotra

 

El territorio patrio además de haber soportado las invasiones punitivas inglesas y lusitanas, fue también explorado y relevado por embarcaciones de diversas banderas con variados fines.

 

LOS ANTECEDENTES.

Presencia de marinos franceses: Luis Claudio de Freycinet entre los años 1817 y 1820 en el Río de la Plata ,con la corbeta Uranie visitaron además Malvinas, Tierra del Fuego y el Cabo de Hornos.

Luego de recoger valioso material de estudio regresaron a El Havre, previo a reponer la pérdida de la corbeta por una nueva embarcación adquirida en la isla Soledad.

Jacinto de Boungainville, ingresó por el Pacífico con la fragata Thetis en 1826, y visitó nuestro litoral marítimo, este marino era descendiente del célebre navegante Juan A. de Boungainville que en 1776 llegara hasta la Antártida.

Luis Duperrey, en 1822 estuvo también en Malvinas, y siguió viaje al Pacífico, era veterano de la Expedición Freycinet en 1817.

Al mando de la fragata Artemise en 1840, Pedro Teodoro Laplace, ingresó al Atlántico luego de recorrer el Océano Indico.

Presencia rusa: en 1816 el marino ruso O.E. Kotzebue regresa por el Cabo de Hornos, de su viaje con el navío Rurik por el Pacífico. En 1817 dos corbetas rusas denominadas Vostok y Mirny visitaron las Islas Georgias, Shetland y Sandwich del Sur, provenientes de Australia, llegaron al mando de un brillante marino el Barón Fabian de Bellingshausen, exploraron hasta la Antártida, regresando luego de tres años a Rusia por el Mar Báltico.

Un capítulo aparte lo constituyen la expediciones que armaban las empresas pesqueras y loberas que efectúan investigaciones en los ricos bancos del Atlántico Sur y sus costas, entre los que se pueden mencionar los viajes de los ingleses James Wedell y George Powell y el norteamericano N. Brown Palmar. Un trabajo muy importante fue realizado por el Capitán Henry Foster, oficial inglés, posiblemente con paga media o total de la Armada Británica y contratado por empresas loberas para investigaciones científicas como muchos marinos en esa época.

Como podemos ver los motivos de los reconocimientos eran diversos, los minerales, la botánica, la geografía y la cartografía, nuevas rutas marítimas, la fauna ictícola, las pieles, la aventura marítima y por supuesto la búsqueda de territorios sin ocupar para calificarlos res nullius y proceder eventualmente a su ocupación.

 

LAS DOS EXPEDICIONES HIDROGRÁFICAS INGLESAS (1826-1830 y 1831-1836)

Primera Expedición. Ambos eventos fueron concebidos por opinión de la Real Sociedad Geográfica de Londres y organizados por el Consejo de Almirantes, que en 1825 dispuso la preparación de dos embarcaciones, con el mejor equipamiento de velamen, comodidades interiores notables y el mejor instrumental de esa época.

Las naves fueron tripuladas por excelentes y experimentadas dotaciones, que incluían cirujanos, contadores, botánicos y numerosos oficiales para desempeñarse en la función de pilotos e hidrógrafos.

El detalle de las instrucciones entregadas por el Almirantazgo, demuestran claramente la intención de realizar un completo y eficaz relevamiento con miras sin dudas para ocupar los territorios australes argentinos. Se instruía explorar y relevar la costa austral del continente americano desde el Cabo San Antonio en la desembocadura del Río de la Plata, incluida la Tierra del Fuego hasta la isla de Chiloé en el Océano Pacífico.

Además se comisionó a la Estación Naval de Río de Janeiro de colaborar en lo que pudieran requerir los comandantes de ambas embarcaciones. Fueron sin duda las expediciones hidrográficas más importantes y extensas que se hubieran planificado.

Partieron de la rada del Puerto de Plymouth en 1826, el Adventure de 330 toneladas al mando del Capitán Phillip Parker King y el Beagle de 225 toneladas comandado por el Capitán Pringles Stokes. Simultáneamente operó el Capitán Foster en forma independiente con la pequeña nave Chanticleer visitando la Isla de los Estados, la Tierra del Fuego y el Cabo de Hornos. La navegación de la expedición llega al estrecho de Magallanes, recoge muestras de los grandes árboles, minerales, aves y peces. Fuertes temporales debieron afrontar las naves, que agotan las tripulaciones y obligan a continuas reparaciones.

HMS Beagle
Robert Fitz Roy
El comandante del Beagle, se suicida en Puerto Hambre agobiado por las privaciones y dificultades. Asume el Capitán Roberto Fitz Roy, de escasos 25 años de edad, altamente profesional y de profunda religiosidad. Continúa con la expedición en el mando del Beagle. Reabastecidos en Montevideo vuelven las naves al Estrecho de Magallanes, en convoy con una nueva nave el Adelaide, y en 1829, llega el Beagle a la isla Chiloé y en 1830 inspecciona la Tierra del Fuego. Fitz Roy recorre sus costas y trata con los primitivos habitantes, onas y yaganes son visitados, se consolida así una sociabilidad que concluye en el embarque y viaje de cuatro yaganes a Inglaterra, con la promesa de retornarlos instruidos.

Esta Primera Expedición regresa a Inglaterra en 1830, destacando que a su llegada el resultado muestra la brillante actuación de Fitz Roy, a pesar de no recibir el reconocimiento inmediato.

Segunda Expedición.

El capitán Fitz Roy deseaba volver a explorar el Atlántico Sur y el Pacífico Sur, entre otros motivos porque deseaba devolver a los 4 fueguinos a su tierra natal, mucho le costó convencer al Consejo de Almirantes para conseguir naves, recursos y tripulaciones. Finalmente los intereses de la Real Sociedad Geográfica contribuyeron al visto bueno y se ordenó alistar nuevamente el Beagle, que fue reforzado en su casco y arboladura al máximo y dotado de pararrayos, magnetómetros, once cronómetros, sondas, anclas de repuesto y ocho botes. La tripulación era en su mayoría veterana de la anterior travesía, incrementada por hidrógrafo, catequista, ayudante de cirujano y la muy importante presencia del naturalista Carlos Darwin, lo que refleja el interés británico por nuestros territorios.

Las instrucciones son aún mas precisas que las anteriores de 1826,desde el Cabo San Antonio hasta la Tierra del Fuego y la costa del Estrecho de Magallanes, los canales e islas fueguinos deben ser objeto de investigaciones geológicas, magnéticas, botánicas y meteorológicas. En el diario de a bordo se consigna la visita a Punta Médanos, Monte Hermoso, Bahía Blanca, incluida la Fortaleza Protectora Argentina, la desembocadura de los ríos Negro y Colorado, Carmen de Patagones, Puerto Deseado, Malvinas y Golfo Nuevo, recogiendo materiales, plantas, maderas, y todo otro dato útil para el conocimiento del territorio que se explora.

Quedaba en claro que el sentido de la información era de valor estratégico, por encima del valor científico sobrevolaba la idea de controlar las vías de comunicación marítima y sus costas.

HMS Beagle
Charles Darwin

El desembarco de Carlos Darwin para recorrer la pampa argentina, no es un hecho aislado, lo hace acompañado del marino inglés James Harris, oficial integrante de la experimentada plana mayor de la fragata La Argentina al mando de Hipólito Bouchard, y comandante del bergantín Hijo de Julio en la guerra con el Imperio, que conoce muy bien el Rio de la Plata, con sus canales costas y bancos, y había sido integrante de la defensa y victoria de las armas argentinas en el Combate de Carmen de Patagones contra las tropas y naves imperiales en 1827.

Juan Manuel de Rosas recibe la visita de la comitiva procedente de la Fortaleza Protectora Argentina que encabeza el sabio naturalista, exhibe las cartas de presentación firmadas por el Ministro Felipe Arana, en Buenos Aires y permanece dos días en el campamento de Médano Redondo junto al Río Colorado. Interesado en viajar por tierra a Buenos Aires y tal vez a Santa Fe, recibe escolta, salvoconducto y baqueanos que lo acompañan por instrucciones del Gral. Rosas. Recorre Punta Alta y Monte Hermoso, Sierra de la Ventana, Tapalqué, Guardia del Monte, y en Buenos Aires embarca y navega por el Río Paraná hasta Santa Fe.

Halla fósiles en las costas, investiga las especies zoológicas y luego vuelve a la Argentina desde Chile por el Paso de Potrerillos, visita Mendoza y vuelve a cruzar la Cordillera de los Andes por el legendario Paso de Uspallata. En su diario particular Charles Darwin registra todas sus observaciones y descubrimientos, científicos y geográficos, de este viaje.

La Segunda Expedición Inglesa, siempre al mando de Fitz Roy, aprovecha tener que reparar al Beagle en la desembocadura del Río Santa Cruz, para efectuar con tres balleneras una profunda navegación por ese cause fluvial rumbo al Oeste, navegando a vela cuando se podía o a la sirga, alcanzando las estribaciones de la Cordillera de los Andes, incluso al ser imposible navegar por el escaso calado continúan Fitz Roy y Darwin por tierra acompañados de treinta hombres.

El Beagle en Santa Cruz
Reparación del HMS Beagle en el río Santa Cruz


Esta penetración y exploración interior denota claramente que las Expediciones no tenían solamente un fin altruista y científico, regresando a la nave que se había reparado maravillados por la visión de los Andes que se le presentaba.

Cuando la Segunda Expedición ingresa al Océano Pacífico recorre Chile central, isla de Chiloé, Valparaíso, Valdivia y la isla de Pascua, visita en 1835 las Islas Galápagos, Tahití y Nueva Zelandia, y para 1835, isla Mauricio Tasmania, Sydney, Islas Kesling, posteriormente Cabo de la Buena Esperanza, las Azores, las Islas de Cabo Verde y la isla Ascensión previo a su regreso a Gran Bretaña.


LA EXPEDICION DESCALZI (1833/1834) - LA EXPLORACIÓN DE LOS RÍOS NEGRO Y COLORADO 

La Campaña del Desierto que organizara Juan Manuel de Rosas en 1833 para asegurar las fronteras, llevar la autoridad nacional a los territorios patagónicos y principalmente cortar la ruta de los Manzanos, por donde las bandas de los Pincheira, los restos de las fuerzas de Benavídez y otros fugitivos realistas ,junto a tribus hostiles trasandinas, asociados con algunos desertores y derrotados unitarios que se refugiaban en las tolderías transportaban el ganado y bienes producto de los malones y saqueos al otro lado de los Andes no fue solamente un avance terrestre ,por el contrario tuvo su acompañamiento marítimo y fluvial en la Expedición Descalzi.(Recomendamos la lectura de EL RESTAURADOR N° 9,donde se describe la expedición fluvial de 1833-1834).

Este capítulo de afirmación de la soberanía nacional, se ve reflejado en la intensa actividad del Departamento de Topografía de la Provincia de Buenos Aires, que en 1833 publica la Carta Corográfica con el detalle geográfico hasta el Río Negro. Entre 1836 y 1840 el mencionado organismo edita las nuevas cartas que serán luego base de las ediciones de los libros del geógrafo inglés James Parish. El plano carta que publica el geógrafo británico con el detalle catastral de las propiedades de la Provincia de Buenos Aires en 1840, fue incluso copiado y publicado en Londres, por la principal editora de atlas geográficos del viejo continente.

El mismo Departamento de Topografía, publica en abril de 1837 la carta geográfica con los descubrimientos de la Expedición Descalzi y el relevamiento terrestre que acompañó el avance de las tropas al mando del General Ángel Pacheco, comprendiendo desde el Atlántico a la Cordillera de los Andes desde la latitud de 34 grados hasta el paralelo de 41 grados.

 

LA DEFENSA DE LA SOBERANÍA NACIONAL - EL INTERÉS GEOPOLÍTICO DE LONDRES Y PARÍS

La década de 1830, en el Río de la Plata es el escenario que ha elegido también Francia para repetir sus incursiones punitivas en Argel ,México, Haití y Guayana ,de la mano de Luis Felipe replica el expansionismo napoleónico y se introduce en contiendas ajenas. Encuentra en el mariscal Andrés de Santa Cruz y en el General Fructuoso Rivera a los personajes ideales para complotar primero y luego atacar a la Confederación Argentina, por supuesto también con la colaboración intelectual y material fría, seca y retaceada de algunos unitarios.

La Guerra con la Confederación Peruano Boliviana que desea anexar a nuestras provincias de Salta y Jujuy con el pretexto que Juan Manuel de Rosas pretendía recrear un imperio argentino, es una muestra del intento de segregar parte del territorio nacional.

.El Palacio de Tullerías siempre presto para impulsar nuevas conquistas buscaba la complicidad de socios locales también dispuestos a traicionar a su Patria, no vacilaba en crear problemas, incidentes y entredichos para posicionarse como potencia colonial. (ver EL RESTAURADOR N°8)

Muy bien lo advierte Rosas, que en la carta a Estanislao López del 21 de julio de 1836, (reproducida en el TOMO III de Vida Política de Juan Manuel de Rosas escrita por Julio Irazusta) relata la conducta de Fructuoso Rivera con los franceses, la vinculación que se deseaba establecer entre la Confederación Peruano Boliviana y el oscuro jefe del Partido Colorado. La estación marítima francesa al mando del Almirante Leblanc bloquea Buenos Aires y el Río de la Plata para atacar a la Confederación Argentina.

Indudablemente las dos expediciones inglesas relatadas superan ampliamente a las restantes y anteriores expediciones, el Beagle (de magnifica construcción, de 225 toneladas y armado de 6 cañones) y el Adventure (importante velero de 330 toneladas) eran navíos soberbiamente preparados ,equipados y aptos para navegar en altas latitudes, que además embarcaban tropas de marinería y en conjunto poseían la cifra de 21 cronómetros y varios microscopios instrumental impensado para ese momento, y con el aporte de un “sabio“ de los quilates de Darwin, a bordo .

La información y muestras de minerales, botánica, de las temperaturas y fauna zoológica recopilada demuestra el evidente interés por nuestro suelo y el valor estratégico que revestía en ese momento. Además repasando los lugares que visitó y que se citan más arriba, son puntos geográficos estratégicos, convertidos en el siglo XX, algunos de ellos en bases aeronavales y otros en campos de la experimentación nuclear y centinelas de las rutas aéreas y marítimas.

Para completar el alto nivel de conocimiento que recogió en especial la segunda expedición inglesa se resumen en el testimonio de Charles Darwin quien años más tarde manifiesta: el viaje del Beagle, ha sido la experiencia más importante de mi vida y ha determinado mi carrera.

 

OPINIÓN DE TOMAS GUIDO SOBRE LAS EXPEDICIONES INGLESAS.

“El lancero de San Martín”, embajador argentino en Río de Janeiro en carta dirigida en 1844 a Carlos María de Alvear, su par en Nueva York advierte: Muy poca vista tiene quién no descubre en el fondo de las expediciones explorativas sobre las costas del sur de la República Argentina, la base de un plan de ocupación de la zona despoblada del Sur del Río Negro.

 

Bibliografía:

Historia Marítima Argentina. Depto Estudios Historicos Navales.

Vida Política de Juan Manuel de Rosas. Julio Irazusta.

Tomás Guido. Hugo Galmarini.

 

Recomendamos las siguientes obras para ampliar el tema e interpretar la velada amenaza que sobrevolaba los territorios australes argentinos:

Darwin en la Tierra del Fuego. Edit. Emece

Los Viajes del Beagle y el Adventure, narración y traducción en cuatro tomos de Teodoro Caillet-Bois.

La Primera Expedición Hidrográfica y la Segunda Expedición Hidrográfica Inglesa, ambos textos de Rodolfo Poletti.

sábado, 1 de marzo de 2008

Opinión de Darwin sobre la Ciudad

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año II N° 6 - Marzo 2008 - Pag. 10 


Opinión de Darwin
sobre la Ciudad de Buenos Aires


La ciudad de Buenos Aires es grande y, a mi juicio, una de las de trazado más regular que hay en el mundo. Todas las calles se cortan en ángulo recto, y las paralelas equidistan unas de otras, estando­ las casas reunidas en bloques cuadrados de idénticas dimensiones­, que se llaman cuadras. Además, las casas constituyen paralelepípedos huecos, de modo tal que todas las habitaciones dan a un patio ordenado. Generalmente sólo tienen un piso, cubierto por un techo plano o azotea, provista de asientos, lugar muy frecuentado por los habitantes en verano. En el centro de la ciudad está la plaza, donde se levantan los edificios públicos, la fortaleza, catedral, etc. También aquí vivían los antiguos virreyes antes de la revolución. El conjunto general de edificios posee una gran belleza arquitectónica, aunque ninguno de ellos sobresalga en particular. 

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Carta y pedido de un lector

Agradecemos la carta que desde Cacharí, Pcia. de Buenos Aires, nos remitió el Ing. Alberto José Bondesío en la que nos dice: “Ha llegado a mis manos el Nº 1 del periódico cultural "El Restaurador". Luego de su lectura me pareció realmente muy bueno. Es por ello que desearía saber cómo puedo hacer para tener los números que salieron a continuación. Hago propicia la oportunidad para saludarlo y felicitarlo por su trabajo”. 

En contestación hemos mandado al lector los ejemplares pedidos y agradecemos el concepto que tiene de este medio y la felicitación que nos hizo llegar. 


sábado, 1 de diciembre de 2007

Darwin y su paso por la Argentina

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año II N° 5 - Diciembre 2007 - Pags. 3 y 4 


DARWIN Y SU PASO
POR LA ARGENTINA

Por El Federal Apostólico





A fines de diciembre de 1831 y a la edad de 22 años, el naturalista y científico inglés, Charles Robert Darwin (1809-82), se embarcó a bordo del navío inglés de investigación “H.M.S. Beagle” al mando de Robert Fitz Roy, para un viaje de carácter científico alrededor del mundo, que duró hasta de octubre de 1836.



Se recorrieron y reconocieron principalmente las costas de América del Sur y las islas del Pacífico, recogiendo multitud de observaciones a favor de la variación de las especies. En 1859, Darwin publicó sus ideas en el libro On the Origin of Species by Natural Selection, (conocido como “Orígen de las especies”), donde se explica la aparición de nuevas especies y desaparición de las anteriores, como consecuencia de una selección natural.


El objetivo de la expedición dirigida por Fitz Roy era el de completar el estudio topográfico de los territorios de la Patagonia y la Tierra del Fuego, el trazado de las costas de Chile, Perú y algunas islas del Pacífico y la realización de una cadena de medidas cronométricas alrededor del mundo.


Algunos historiadores también afirman que otra misión de la expedición científica, era la de reconocer las costas de aquellos lugares que pudieren servir para realizar nuevos establecimiento coloniales y también recabar datos para servir a futuras operaciones de la Royal Navy (Marina Real).



El desembarco de Darwin 
y su encuentro con Juan Manuel de Rosas


Corría el mes de agosto del año 1833, el “Beagle” recalaba en la desembocadura del Río Negro.

Después de desembarcar, Darwin, inició su viaje al interior, pasó por las ruinas de algunas estancias destruídas por las incursiones de los indios y dirigiéndose al norte “a través de monótonos y tristes campos deshabitados, en los que sólo encontró dos manantiales de agua salobre”, llegó a las planicies del río Colorado, encontrando el Cuartel General del Gral. Rosas, quien al término de su primer gobierno (1829-1832) había encarado la expedición a los desiertos del sur.



Fue en el campamento de Rosas, donde se presentó el famoso naturalista el día 13 de agosto. El general argentino, anotó en su diario ese día: “Llegó al Cuartel General desde Patagones el naturalista Mr. Carlos Darvien”. Darwin estuvo en ese lugar hasta el día 16.



Cuando dejó el campamento, Darwin escribió “Quedé absolutamente complacido en mi entrevista con el terrible general. Es digno de verlo, ya que se trata decididamente de la personalidad mas prominente de la América del Sur”.

Rosas le facilitó caballos y un pasaporte para viajar a Bahía Blanca y para atravesar la pampa para Buenos Aires. Habiendo comenzado su viaje, Darwin recibió un mensaje de Rosas, para que se uniera a una escolta de tropas para cruzar esas peligrosas regiones. Al llegar a la Guardia del Monte, Darwin, durmió en la estancia de Rosas, “Los Cerrillos”.

En el “Diario de viaje de un naturalista alrededor del mundo”, Darwin hizo una interesante y detalladas descripción del campamento, los soldados, los indios aliados, las mujeres indias y sobre la personalidad y la influencia de Rosas. 

He aquí esas descripciones:

“El campamento del general Rosas estaba cerca del río [Colorado]. Consistía en un cuadrado formado por carros, artillería, chozas de paja, etcétera. Casi todas las tropas eran de caballería, y me inclino a creer que jamás se reclutó en lo pasado un ejército semejante de villanos seudoban­didos”.

Así describió Darwin a un grupo de soldados que vio en la frontera del sur: “extraños seres; el primero un apuesto joven negro; el segundo, mitad indio y mitad negro; y los otros dos, de imposible clasificación… eran dos mestizos de expresión tan detestables como nunca había visto antes”.

“La mayor parte de los soldados eran mestizos de negro, indio y es­pañol. No sé por qué, tipos de esta mezcolanza, rara vez tienen buena ca­tadura. Pedí ver al secretario para presentarle mi pasaporte. Empezó a in­terrogarme con gran autoridad y misterio. Por fortuna llevaba yo una car­ta de recomendación del gobierno de Buenos Aires para el comandante de Patagones. Presentáronsela al general Rosas, quien me contestó muy atento, y el secretario volvió a verme, muy sonriente y afable. Establecí mi residencia en el rancho o vivienda de un viejo español, tipo curioso que había servido con Napoleón en la expedición contra Rusia”.

“Estuvimos dos días en el Colorado; apenas pude continuar aquí mis trabajos de naturalista porque el territorio de los alrededores era un pan­tano que en verano [diciembre] se forma al salir de madre el río con la fu­sión de las nieves en la cordillera. Mi principal entretenimiento consistió en observar a las familias indias, según venían a comprar ciertas menu­dencias al rancho donde nos hospedábamos. Supuse que el general Rosas tenía cerca de seiscientos aliados indios. Los hombres eran de elevada talla y bien formados; pero posteriormente descubrí sin esfuerzo, en el sal­vaje de la Tierra del Fuego, el mismo repugnante aspecto, procedente de la mala alimentación, el frío y la ausencia de cultura. Entre las mujeres jóvenes, llamada chinas hay algunas que merecen ser llamadas bellas, con cabellos negros, gruesos y brillantes, divididos en dos trenzas, que alcanzan hasta la cintura. Su color es bastante oscuro, sus ojos relucen con fulgor y llevan anchos brazaletes de cuentas azules”.

“El general Rosas insinuó que deseaba verme, de lo que me alegré mucho posteriormente. Es un hombre de extraordinario carácter y ejerce en el país avasalladora influencia, que parece probable ha de emplear en favorecer la prosperidad y adelanto del mismo”.

“Se dice que posee setenta y cuatro leguas cuadradas de tierra y unas trescientas mil cabezas de ganado. Sus fincas están admirablemente administradas y producen más cereales que las de los otros hacendados. Lo pri­mero que le conquistó gran celebridad fueron las ordenanzas dictadas pa­ra el buen gobierno de sus estancias y la disciplinada organización de varios centenares de hombres para resistir con éxito los ataques de los indios”.

“Corren muchas historias sobre el rigor con que se hizo guardar la observancia de esas leyes. Una de ellas fue que nadie, bajo pena de calabozo, llevara cuchillo los domingos, pues como en estos días era cuando más se jugaba y bebía, las pendencias consiguientes solían acarrear numerosas muertes por la costumbre ordinaria de pelear con el arma mencionada. En cierto domingo se presentó el gobernador con todo el aparato oficial de su cargo a visitar la estancia del general Rosas, y éste, en su precipitación por salir a recibirle, lo hizo llevando el cuchillo al cinto, como de or­dinario. El administrador le tocó el brazo y le recordó la ley, con lo que Rosas, hablando con el gobernador, le dijo que sentía mucho lo que le pa­saba, pero que le era forzoso ir a la prisión, y que no mandaba en su casa hasta que no hubiera salido. Pasado algún tiempo, el mayordomo se sintió movido a abrir la cárcel y ponerle en libertad; pero, apenas lo hubo hecho, cuando el prisionero, vuelto a su libertad, le dijo: "Ahora tú eres el que ha quebrantado las leyes, y por tanto debes ocupar mi puesto en el calabozo"”.

“Rasgos como el referido entusiasmaban a los gauchos, que todos, sin excepción, poseen alta idea de su igualdad y dignidad”.

“El general Rosas es además un perfecto jinete, cualidad de importancia nada escasa en un país donde un ejército eligió a su general mediante la prueba que ahora diré: metieron, en un corral una manada de potros sin domar, dejando sólo una salida sobre la que había un larguero tendido horizontalmente a cierta altura; lo convenido fue que sería nombrado jefe el que desde ese madero se dejara caer sobre uno de los caballos salvajes en el momento de salir escapados, y, sin freno ni silla, fuera capaz no sólo de montarle, sino de traerle de nuevo al corral”.

“El individuo que así lo hizo fue designado para el mando, e indudablemente no podía menos de ser un excelente general para un ejército de tal índole. Esta hazaña extraordinaria ha sido realizada también por Rosas. Por estos medios, y acomodándose al traje y costumbres de los gauchos, se ha granjeado una popularidad ilimitada en el país y consiguientemente un poder despótico. Un comerciante inglés me aseguró que en cierta oca­sión un hombre mató a otro, y al arrestarle y preguntarle el motivo res­pondió: "Ha hablado irrespetuosamente del general Rosas y por lo mismo le quité de en medio"”.

“Al cabo de una semana el asesino estaba en libertad. Esto, a no dudado, fue obra de los partidarios del general y no del general mismo. En la conversación [Rosas] es vehemente, sensato y muy grave…”

“Mi entrevista terminó sin una sonrisa, y obtuve un pasaporte con una orden para las postas del gobierno, que me facilitó del modo más atento y cortés”.