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martes, 1 de septiembre de 2015

Alberto Bondesío - Su fallecimiento

   Publicado en el Periódico El Restaurador - Año IX N° 36 - Setiembre 2015 - Pag. 15 

 - Ing. Alberto J. Bondesío -

El jueves 20 de agosto pasado, después de una larga enfermedad, que sobrellevó con fuerza y cristiana resignación, Alberto partió al encuentro de Nuestro Señor.

Fue un ferviente sostenedor de este periódico y escribió varios artículos que publicamos.

Entre los que defendemos la verdad histórica, Alberto deja un vacío que no será fácil llenar y siempre lo recordaremos con mucho afecto y cariño.

Le pedimos a Dios que le conceda paz eterna a su alma y a quienes lo conocieron una oración en su memoria.

Alberto, hasta pronto.

Norberto Jorge Chiviló

Director

domingo, 1 de septiembre de 2013

Las sociedades secretas antes y después de Caseros

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año VII N° 28 - Setiembre 2013 - Pag 5 

  

Las sociedades secretas antes y después de Caseros

                                                                       Ing. Alberto J. Bondesío

 

Sociedades secretas
El salón de Marcos Sastre, óleo de Alberto M. Rossi

    En 1834 Juan Bautista Alberti, Juan María Gutiérrez, Marcos Sastre, Vicente Fidel López, Miguel Cané, Carlos Tejedor, Juan Thompson, Félix Frías, y otros fundaron el Salón Literario y en 1837 Esteban Echeverría juntamente con Alberdi, Gutiérrez, José Mármol, Rivera Indarte, Pastor Obligado y otros fundan la Joven Argentina o la Joven Generación Argentina que fue disuelta al año siguiente por el gobierno de Rosas.

    En 1838 Alberdi junto a otros emigrados argentinos crea en Montevideo, la Asociación de Mayo. Asimismo aparecen simultáneamente asociaciones similares en San Juan, Tucumán, Córdoba, etc. en cuyo seno trabajarán Domingo F. Sarmiento, Benjamín Villafañe, Marcos Avellaneda, Vicente Fidel López entre otros.

    Todas estas sociedades secretas tenían algo en común: realizar trabajos subterráneos, fomentando las diversas coaliciones para derrocar al gobierno de Rosas.

    Por obra de algunos miembros afrancesados de esta Asociación de Mayo, saldría la plataforma espiritual sobre la cual se levantaría posteriormente  la inautenticidad de la cultura argentina oficial con su esquema liberal postizo de ideas foráneas.

    Si en algún período de la historia argentina pudieron intentar los masones instalar sus logias en nuestra patria, el menos adecuado fue ciertamente durante el gobierno rosista, ya que, según dicen ellos, debieron dormir su “gran sueño”; porque todas las sociedades secretas, aún las que se inspiraban en fines culturales, sociales y políticos no fueron permitidas por tener la convicción que más temprano que tarde se convertirían en reductos de masones que disimulaban su filiación para poder subsistir.

    Los masones definen a Juan Manuel de Rosas -enemigo declarado de todas las sociedades secretas- como “el más bárbaro y brutal de los tiranos de América latina, el salvaje de la pampa que vomitó el infierno”.

    Después de Caseros, preocupados los porteños por los actos despóticos de Urquiza, y porque creían descubrir en él al árbitro absoluto del país, fundan un centro confabulador integrado por Miguel Estévez Seguí, José Mármol, Adolfo Alsina, Juan José Monte de Oca, José María Moreno, y algunos militares como José María Pirán, Emilio Conesa y Emilio Mitre. Era ésta una sociedad secreta de resistencia al llamado “nuevo tirano” y se llamó la logia Juan-Juan, en recuerdo, tal vez, de los mártires políticos españoles: Juan Padilla y Juan Bravo, quienes en 1521 murieron decapitados por orden del emperador Carlos V, al defender las libertades de Castilla en la famosa “sublevación de los comuneros”. Otros aluden a Juan Manuel de Rosas, cuyo doble sería Urquiza.

    Estos logistas liberales porteños integrantes de esta sociedad secreta y acicateados por Sarmiento desde Chile, se habían conjurado para eliminar criminalmente a Urquiza, que los acusaba de querer hacerse dueños de una revolución que no les pertenecía. Fueron disuadidos por Valentín Alsina y Bartolomé Mitre, quienes propusieron más bien hacer una revolución, la cual tuvo lugar el 11 de setiembre de 1852.

    A pocos días de Caseros, en su proclama del 21 de febrero de 1852 les había enrostrado Urquiza que “con inaudita impavidez reclaman la herencia de una revolución que no les pertenece, de una victoria en que no han tenido parte, de una patria cuyo sosiego perturbaron, cuya independencia comprometieron y cuya libertad sacrificaron con su ambición y anárquica conducta”.

    En 1856, durante el gobierno porteño de Pastor Obligado, aparece una nueva sociedad secreta denominada Juan-Juanes, que se constituyó como un verdadero “control del Estado”, para descubrir todo alzamiento o conspiración contra dicho gobierno separatista. Debido a sus denuncias, fueron sacrificados por el ministro de Guerra, Coronel Bartolomé Mitre, muchos ciudadanos; así fueron pasados por las armas los prisioneros de guerra y fusilados, el 2 de febrero de 1856, los jefes que querían la unión de la secesionada Buenos Aires, con la Confederación Argentina de Urquiza, entre ellos 130 oficiales y el “héroe de Martín García” el general Jerónimo Costa, a quien, en 1838 el comandante de la escuadra francesa le había perdonado la vida en premio al “increíble heroísmo demostrado” en la defensa de nuestro territorio nacional.

    Comentando tal asesinato dirá el “civilizador” Sarmiento: “Como trofeo del fusilamiento nos queda la ruin y mohosa espada de Costa. El carnaval ha principiado”.

    Alberdi, en cambio, condenará estos hechos al afirmar que “el país que fusila como a salteadores a sus generales, tomados prisioneros en guerra civil, se pone en la picota a los ojos del mundo civilizado”.

    Después de Caseros, los emigrados venían dispuestos a imponer su bárbaro despotismo ejerciendo actos más deleznables que aquellos que decían combatir.

     Este grupo, representante del tan decantado "espíritu" de Caseros y que capitaneaban Bartolomé Mitre, Domingo F. Sarmiento, José Mármol, Ángel Somellera, Vicente Fidel López, los Alsina y otros dominaron la prensa, las cámaras y el gobierno y los que no pensaban como ellos quedaron excluidos de la vida pública. Estos mismos fueron los que se apresuraron a incinerar, en el patio de la casa de Rosas, el rico archivo de nuestra historia para que no pudiera oponerse el testimonio de los documentos a las calumnias y falacias que ellos escribían en lo que dio llamarse la “historia oficial”.

    Este “espíritu de Caseros” de los facciosos del porteñismo liberal, masón y disolvente mantuvo por varios años la tónica de una política de odio y de separatismo que ocasionó gravísimos daños al país y que, a más de cien años de distancia, se ha renovado en nuestra historia.

    “Tal grupo gobernante en Buenos Aires, escribe Ernesto Palacio, hallaba solaz en la vejación sistemática de los sentimientos públicos y de las creencias religiosas; y la prensa oficial se mofaba de los católicos, injuriaba todo lo español y afectaba un irritante extranjerismo”.

    El despotismo ilustrado de los “próceres liberales” a través de sus Sociedades imponía el terror a la ciudadanía.

    Sarmiento en  el Senado de la Nación, el 13 de julio de 1875, al referirse a los asesinatos de los generales Dorrego, Benavídez y Virasoro expresaba: “En estos asesinatos estaba mezclado todo el partido liberal”.

    Durante los diez años posteriores a Caseros fueron fundándose distintas logias que respondían a la Gran Logia de la Masonería Argentina fundada el 9 de marzo de 1856 y a la que pertenecieron todos los personajes liberales que mencionamos en este trabajo.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Comentamos estos libros recibidos

   Publicado en el Periódico El Restaurador - Año VI N° 24 - Setiembre 2012 - Pags. 14 a 16 

Comentamos estos libros recibidos


Beatriz Doallo

Hace catorce años, en la colección Estrella Federal -cuyo director era el recordado historiador y escritor Fermín Chávez-  se publicó  “El exilio del Libertador”, ensayo de la autoría de la profesora Beatriz Celina Doallo.

Ahora ve la luz “El exilio del Restaurador”, publicada por Ediciones Fabro, otra obra de la misma escritora, redactada en 2004, y que hasta este momento se encontraba inédita.

Mucho se ha escrito sobre la vida de Juan Manuel de Rosas, tanto por panegiristas cuanto por detractores, ya sea en nuestro país, como en el extranjero, muestra del interés que despertó y despierta este personaje de nuestra historia. Se habla de la época de Rosas, como no se habla de una época de Sarmiento, de una época de Mitre, o de otra figura histórica del siglo XIX. Recién un siglo después se hablará de la  época de Perón. Como dijera el escritor Guillermo E. Hudson,  Rosas era “el más interesante de los caudillos de América”.

La derrota de Rosas en la batalla de Caseros el 3 de febrero de 1852 originó un cambio en el devenir histórico de nuestro país, que ya no será el mismo a partir de ese día. Y esa mutación en la historia patria también ocurre en la vida del Restaurador. Rosas era hasta entonces el hombre fuerte de la Confederación Argentina y uno de los más ricos estancieros de su tierra, admirado y apoyado por su pueblo y por otros países de América. Lo comparaban con las más destacadas personalidades de ese momento en el mundo, y lo respetaban por su férrea defensa de los intereses nacionales frente a las grandes potencias de aquella época. Y desde esa altura, de un día para otro, pasa a ser un desterrado, un simple granjero en Inglaterra, olvidado por parte de su familia y por los numerosos “amigos” que lo rodeaban cuando estaba en el poder. No ocurrió así con el pueblo, sus gauchos e indios, quienes siempre lo recordaron. En Inglaterra, se vio inmerso en problemas para sobrevivir dignamente de su trabajo, ya que sus bienes y los de sus dos hijos, que le acompañan en el exilio, fueron confiscados en la Argentina por sus enemigos políticos.

Si mucho se ha escrito sobre el Restaurador de las Leyes, no lo ha sido tanto con respecto a su forzado ostracismo en particular, por lo que este ensayo es un valioso aporte para conocer ese tercio de su vida en que se vio obligado a vivir lejos de su querida Pampa.

Como escribía el siempre recordado y leído autor Manuel Gálvez: “La vida de Rosas nos deja algunas enseñanzas”, y son muchas las enseñanzas que nos proporciona su vida en el destierro.

En el año 1914, Hipólito Yrigoyen encontrándose en Rosario, les dijo al político radical Ricardo Caballero  y al coronel Ricardo Pereyra Rosas: “Cuando ustedes estudien la personalidad del general Rosas, dirijan las investigaciones a destacar la nobleza y la altivez de la vida solitaria que llevó en el extranjero. Es para mí ese período de existencia azarosa, el que ilumina con mejor luz el fondo de su recia personalidad…”

Rosas, en lugar de llevarse su dinero, que había sido bien habido, sólo se preocupó por hacer transportar a Inglaterra cajones con la documentación relativa a su gobierno, lo que permitió, luego de su fallecimiento, salvar su honor ante la posteridad. De no haber actuado así, sus enemigos hubieran destruído todo ese material documental. Para ello hay que tomar en cuenta lo referido por el escritor Ernesto Quesada acerca de que esa destrucción o escamoteo, que previó y evitó Rosas, habría impedido a las sucesivas generaciones de argentinos y a los historiadores revisionistas como Adolfo Saldías y el propio Quesada, conocer y reconstruir la verdadera historia de aquellos tiempos.

No se tienen noticias de otro caso igual a nivel mundial, de que un gobernante forzado a exiliarse, se marche de su país llevándose papeles y documentos de su gestión sin valor económico alguno, en lugar de riquezas que le aseguren una vida confortable en el extranjero. Esa actitud, que lo honra, conmueve y es similar, a mi criterio, a la gloria que le cabe por la obstinada defensa de la  soberanía nacional.

Los lectores de este periódico ya conocen a la Profesora Doallo quien ha colaborado desde sus primeras ediciones con interesantes artículos.

Este ensayo describe, con prosa clara y amena, los difíciles años del exilio de Rosas, y, en forma paralela, nos hace conocer los hechos contemporáneos a nuestro personaje, ocurridos en nuestro país y Europa.

Esta obra no es un libro más sobre Rosas, es una contribución de gran interés para aquellos que quieran conocer un poco más su vida.

Dr. Norberto Jorge Chiviló

 

Miguel A. Lentino

Vivimos un proceso, largo por cierto, de una sistemática degradación en lo que tiene que ver con el estudio e investigación de nuestra historia y sus protagonistas.

A la ya conocida y sesgada historia oficial se agregó en las últimas décadas la publicación de libros pseudo históricos escritos por historiadores que hicieron prevalecer sus personales posiciones ideológicas sobre el profesionalismo académico que debe servir de marco cuando se quiere presentar a los lectores acontecimientos de nuestro pasado.

Dentro de este panorama nada alentador por cierto, los que sentimos la necesidad de saber cada vez más de nuestra historia, de sus hombres, de sus aciertos y errores, de todo aquello que nos ayude a saber de dónde venimos y del porqué de nuestras virtudes y miserias como sociedad recibimos la buena nueva que nos acercó el historiador Miguel Ángel Lentino al poner a nuestra disposición su última obra titulada “Sarmiento, mentirosa es su historia”.

Domingo Faustino Sarmiento, tal como lo expresa el autor, es uno de los personajes que más ha sido endiosado por la historia oficial. Es por ello que se hace imprescindible separar la paja del trigo, como decimos en el campo, para saber a qué debemos ceñirnos cuando nos plantamos ante su figura.

Esta tarea se puede lograr respetando el concepto de imparcialidad y honrando a la verdad.

Estos dos atributos, no frecuentes en quienes escriben sobre historia y otras disciplinas, adornan a la persona del escritor e historiador Lentino.

A partir de ellas, el autor con maestría e inteligencia hace un atinado uso de los escritos, discursos y correspondencias que lo tuvieron a Sarmiento como protagonista.

Las citas documentales, que por cierto abundan y no cansan en la obra, se encuentran enlazadas entre sí con pinceladas breves pero de gran contenido que el autor nos presenta para hacernos pensar sobre los temas a que hacen referencia.

Al final de su obra pide “disculpas” por creer que “…mis relaciones parecen perder seriedad”… Creo que una de las virtudes de esta obra pasa precisamente por esa supuesta y no cierta pérdida de seriedad.

Finalmente me cabe decir que Miguel Ángel Lentino supo, con esta obra, honrar a su padre, Don Sabino, quien le “enseñó a vivir con los puños llenos de verdades”.

Ing. Alberto José Bondesío

 

Leonardo Castagnino

Valioso libro de investigación histórica escrito por el Ing. Leonardo Castagnino, quien es además el autor de "Juan Manuel de Rosas, Sombras y Verdades" y "La guerra de la Triple Alianza".

La obra comprende el desarrollo y actuación de la vida política de Juan Manuel de Rosas hasta su muerte. La bibliografía citada por el Ing. Castagnino como antecedente, revela un profundo estudio de las fuentes documentales y los archivos originales y, en ese punto es con exactitud donde se pueden constatar cartas y escritos que resultan de imperdible lectura.

La proclama de la Ley y el Orden efectuada en ocasión de asumir ante la Legislatura el segundo mandato, es reproducida en forma textual y es una clara definición de su pensamiento, en respuesta a la carta que le dirigieran Manuel G. Pinto y Eduardo Lahite, autoridades de la Honorable Sala de Representantes, solicitándole que asumiera con premura el cargo de Gobernador.

La correspondencia citada y reproducida de las cartas cursadas a Juan Facundo Quiroga desde la Hacienda de Figueroa en 1834, es otro documento que describe con claridad la situación de grave conflicto que existía en un clima de guerra civil en crecimiento.

Debe ser también estudiada la extensa carta dirigida en abril de 1835 al Brigadier Estanislao López, que contiene entre otras consideraciones las sospechas de Juan Manuel de Rosas sobre los Hermanos Reinafé.

El ataque de 1838 a 1840 contra la Confederación Argentina, junto con la Misión Cullen son receptadas en la correspondencia cursada a Estanislao López desde la Posta de Vergara,y las cartas enviadas a Felipe Ibarra solicitando la extradición de Domingo Cullen y a Pascual Echagüe describiendo la actuación de Francia en el conflicto en la Banda Oriental y la alianza que Cullen y Astrada tramaron sin éxito y que fueran totalmente derrotados por el caudillo entrerriano a quien felicita por su victoria contra los unitarios.

Significativo tratamiento tiene el tema del indulto autorizado a Justo José de Urquiza en relación a Pedro Ferré, una clara muestra de cómo pensaba Rosas a pesar de la alianza establecida por el Gobernador correntino con Paz y Lavalle, y de la hostilidad que ejercitó y declamaba contra la Confederación Argentina.

Un párrafo aparte que merece analizarse es el tratamiento que se dio en 1842 y 1843 al pedido de independencia del Paraguay y la posición negativa de Rosas a reconocer la independencia a un territorio que había integrado el Virreinato del Río de la Plata -que siempre pensó en reconstruir- ,se suma en este capítulo el VATICINIO sobre el padecimiento que sufrirá el Paraguay en la Guerra de la Triple Alianza.

Se pueden consultar también los textos extraídos del Archivo General de la Nación de las cartas dirigidas al General Ángel Pacheco en 1841, sobre la Guerra contra la Confederación Peruano Boliviana. Asimismo se describen, las actuaciones del Coronel Ramón Rodríguez y Juan B. Thorne relatadas por el Almirante Sullivan con motivo del Combate de Vuelta de Obligado y la posterior recuperación de las banderas efectuada en Londres en 1883. Finalmente sorprende el texto de la carta de Carlos María de Alvear en 1845 desde Nueva York a Tomás Guido, en su carácter de representante argentino, que menciona la desaprobación norteamericana respecto al “episodio de la Fragata norteamericana Lexington”, calificando de "atentado" la actitud del capitán de la nave en Malvinas.

Resumiendo, es un gran texto de estudio para los interesados en incorporar conocimientos sobre episodios desconocidos y héroes olvidados que acompañaron la vida de Juan Manuel de Rosas.

                                                Guillermo M. Masciotra


miércoles, 1 de septiembre de 2010

Mariano Moreno y la Revolución de Mayo

   Publicado en el Periódico El Restaurador - Año IV N° 16 - Setiembre 2010 - Pags. 12 a 16 

Mariano Moreno y la Revolución de Mayo

                                                                                                                           Por el Ing. Alberto J. Bondesío

Retrato de Moreno realizado en lápiz -C. 1909- por Juan de Dios Rivera


Mucho se ha escrito sobre la Revolución de Mayo y sus protagonistas. Algunos historiadores lo hicieron con rigor académico y otros con una rara cuando no tendenciosa mezcla de éste y de sus personales posiciones ideológicas.

Para los primeros don Cornelio Saavedra fue el centro sobre el que giraron los hechos de esa trascendente semana de Mayo.

Los segundos trataron y tratan de ver en Mariano Moreno el “numen”, “el motor”, “el espíritu”, “el alma” de la Revolución y mas recientemente como el “prócer del Bicentenario”.

Cigarrera de Moreno
Si separamos, como se dice en el campo, la paja del trigo o sea los panegíricos y apreciaciones personales de lo que los documentos nos dicen podremos tener una lectura más fina de los hechos.

A diferencia de lo sucedido en las gloriosas jornadas de la Reconquista y Defensa de Buenos Aires en 1806 y 1807, la Revolución de Mayo no la hizo el pueblo, la hicieron los Comandantes de los cuerpos militares, con un grupo de eclesiásticos y de civiles, que venían conspirando secretamente.

Buenos Aires, en aquella época tenía aproximadamente 50.000 habitantes, los vecinos “de distinción” (los que debieron ser llamados a resolver el asunto) rondaban los 3.000; el Cabildo invitó solamente a 500 de los que apenas concurrieron 224 y de ellos votaron por la cesación del Virrey 155. ¿Podemos decir que el “pueblo” participó en esta gesta o es mas apropiado decir que solamente un grupo de civiles encabezados por Saavedra fueron los que se jugaron por el movimiento?.

Creo que la palabra “pueblo” se debe utilizar en su mayor acepción… y ésta se puede, de alguna manera, medir por la cantidad de personas dentro del total que tiene una participación activa y decisoria.

Como pequeña muestra de ello traigo a colación el sincero comentario que el Notario Mayor del Obispado (no precisamente un ciudadano común) don Gervasio Antonio Posadas dejaba para la posteridad en sus “Memorias sobre la Revolución de Mayo”: “No tuve de ella la menor idea, ni noticia previa. Yo vivía tranquilo en mi casa, con mi dilatada familia… Cuando recibí esquela de convite a un Cabildo Abierto… no concurrí por hallarme legítimamente ocupado”. Más adelante manifiesta que no estaba de acuerdo con lo decidido por dicho Cabildo Abierto.

Complementaría lo precedente la forma en que se confeccionó la lista de “ciudadanos” pedida por los Sres. Cabildantes, que respaldara lo solicitado por los Comandantes. Esta lista estuvo conformada en su gran mayoría por firmas de soldados, oficiales y clérigos.  

Los criollos que venían desde hacía tiempo sintiendo las ansias de emancipación fueron Belgrano, Saavedra, Pueyrredón, los hermanos Rodríguez Peña, Vieytes y algunos pocos más.

En ese grupo, que venía arriesgando cuanto menos su libertad, no figuraba el Dr. Mariano Moreno.

Cabe aquí acotar que el Virrey Cisneros tenía, nombrados por él, a dos abogados consultores: los Dres. Leiva y Moreno.

Manuel Moreno en su obra “Vida y Memorias del Dr. Dn. Mariano Moreno” nos dice que: “Los informes que el nuevo jefe (Cisneros) recibió antes de su salida de Cádiz de las luces y acendrado patriotismo del Dr. Moreno… le hicieron formar un concepto muy ventajoso de sus conocimientos y consiguientemente lo honró con su más entera confianza eligiéndolo por uno de los consultores sobre los asuntos en que se iba a pronunciar”.

Quizá, cabría preguntarse con algún dejo irónico, haya sido ésta la causa por la que recién el 25 de Mayo por la noche, cuando todo estaba consumado, aparece en el Cabildo aquel a quien Juan María Gutiérrez llama con estrepitosa imagen: “el primero de los patriotas y el alma de la Junta…”

En honor a la verdad debemos comentar que el Dr. M. Moreno tuvo una previa “visita” al Cabildo con motivo del Cabildo Abierto del 22 de Mayo. En la sala del Cabildo se encontraba bastante lejos de las primeras filas habida cuenta que fue el votante número 151. El historiador Vicente Fidel López nos comenta que su padre, don Vicente López y Planes, le había transmitido que el “numen de Mayo” se encontraba “acurrucado en un rincón, parecía cabizbajo” y al preguntarle si estaba fatigado recibe como respuesta “estoy caviloso y muy inquieto… yo he votado con ustedes por la insistencia y majadería de Martín Rodríguez...”

El general Nicolás de Vedia (testigo presencial y votante) escribe en sus Memorias “Los principales sujetos que habían de tomar la voz en nombre el pueblo, eran los más próximos a las autoridades de uno y otro lado. El famoso doctor don Mariano Moreno, se había colocado tras de los bancos del pueblo, como excusándose de presentarse cual uno de los actos principales del momento”.

Respecto a la actuación de don Cornelio Saavedra es oportuno citar a don Manuel Belgrano quien en su Autobiografía nos dice: “No puedo pasar en silencio, las lisonjeras esperanzas que me había hecho concebir el pulso con que se manejó nuestra revolución, en que es preciso, hablando verdad, hacer justicia a don Cornelio Saavedra”.

Bartolomé Mitre en su obra “Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina” nos dice: “El voto de D. Cornelio Saavedra fue el que arrastró tras sí la mayoría”

Es oportuno en este momento hacer un apretado paralelo entre estas dos figuras emblemáticas a través de algunas de sus actuaciones previas a la Revolución de Mayo.

1.- Durante las invasiones inglesas, Saavedra con sus compañeros de armas tuvo un papel descollante luchando junto al pueblo contra el invasor. Moreno, por su parte, no figura en ninguna lista de voluntarios ni de vecinos que aportaron su brazo o dinero para contribuir a la Reconquista y después a la Defensa.

En “Vida y Memorias del Dr. M. Moreno” leemos que el día de la entrada de los ingleses expresaba “he llorado más que otro ninguno”. Se puso, en esos días, a escribir un diario narrando los sucesos. Escribía en su bufete de abogado lo que otros, militares y ciudadanos, hacían en los puestos de combate durante el día. Mientras unos daban el oro y la sangre… el Dr. Moreno dio su llanto y su tinta.

2.- El 1º de Enero de 1809 el llamado partido patriota (los Patricios entre ellos) brindó su apoyo a Liniers, Moreno prestó su apoyo al partido español en la persona del Alcalde de primer voto don Martín de Álzaga.

Manuel Moreno, su hermano, nos dice que Mariano había hecho aconsejar a la Junta de Sevilla el 13 de Setiembre de 1808 la rápida remoción de Liniers a fin de “promover a la defensa de estos dominios”. Probablemente en la errada creencia de que Liniers entregaría a Bonaparte el Virreinato.

3.- Cuando suceden los levantamientos de Chuquisaca del 25 de Mayo de 1809 y el de La Paz del 16 de Julio del mismo año, el Virrey Cisneros, siguiendo los consejos de sus dos abogados consultores (Leiva y Moreno), falla castigando con pena de muerte a los amotinados.

4.- En las reuniones secretas de los conspiradores hay una definida y probada participación de don Cornelio Saavedra en ellas, no así de don Mariano Moreno. Esto último es claramente comprensible, ya que ponerlo a él sobre aviso hubiera sido, posiblemente, entregar a Álzaga o a Cisneros los detalles de la conspiración.

Los más ardientes panegiristas de Moreno nunca se animaron a afirmar de su presencia en esas reuniones. Algunos nos dicen que el Dr. Moreno tuvo un “perfil bajo” durante esas semanas y días. Flaco favor le hacen a Moreno este tipo de adjetivos… Hubiera sido mas honesto y “elegante” decir que Moreno no entendió el proceso de Mayo y que luego metido en él contra su voluntad, trató de hacer lo que estimaba oportuno para los tiempos que vivía.

5.- Finalmente, cuando ya había sido elegido como uno de los secretarios de la Junta nos narra su hermano Manuel en su obra “Vida y Memoria del Dr. Dn. Mariano Moreno” ”Muchas horas hacía que estaba nombrado secretario de la nueva Junta y aún estaba totalmente ignorante de ello, entretenido en casa de un amigo en conversaciones indiferentes. Al cabo de mucho tiempo en que yo mismo lo había buscado para avisarle de lo ocurrido lo vi entrar en casa, envuelto en mil meditaciones, sobre si debía o no aceptar el nombramiento. La legitimidad de los procedimientos que acababan de suceder; lo serio de las funciones que se le encomendaban….eran otras tantas cuestiones que ocupaban su reflexión… Me decía: El sosiego que he disfrutado hasta aquí en medio de mi familia y de mis libros será interrumpido”.

Fue el Dr. Moreno, el único que se preocupó más que de la patria, de la interrupción de su sosiego…

Mientras esto sucedía Saavedra ya estaba, junto con los otros miembros elegidos, trabajando para el mejor inicio de la Junta de Mayo.

Respecto al por qué del ingreso del Dr. Mariano Moreno en la Junta hay dos estudios que si bien están basados en documentación de la época son diferentes en cuanto a la explicación de dicho nombramiento.

Uno de ellos pertenece a Ricardo Levene que sostiene que dicho nombramiento se debió al lobby ejercido por los ingleses a favor de Moreno por haber contado con su apoyo en el asunto de las franquicias comerciales.

Cornelio Saavedra (1)
El otro punto de vista pertenece a Martínez Zuviría, quien sostiene que como el partido español era mayoría en esa época en Buenos Aires, y habiendo el Dr. Moreno apoyado a Álzaga un año antes participando como secretario de la Junta presidida por éste español era conveniente que hubiera un cierto equilibrio en la Junta de Mayo. Moreno venía a acompañar a Matheu y Larrea.

Fuere cual fuere es evidente que el Dr. Moreno no entró por la “puerta grande” en la Junta de Mayo.

Ahora sí es el momento de hacer un análisis de las “Obras” del Dr. Mariano Moreno… escritos y fundaciones… a partir del 25 de Mayo fecha en que según algunos “empieza su protagonismo”.

Nos dicen algunos “historiadores-panegiristas” haciendo una libre interpretación de los hechos y del contenido de los documentos que el día 7 de junio de 1810 fundó la Gazeta de Buenos Ayres. Realmente debo reconocer, nobleza obliga, que hace falta tener mucho coraje para afirmar esto y otras cosas.

Por cierto que antes de seguir, debo afirmar que el Dr. Moreno no es culpable de las opulentas biografías que le han fabricado, cuando él ya no estaba en condiciones de protestarlas.

Pero volvamos al tema de la fundación por parte de Moreno de la Gazeta, dogma que se ha consolidado gracias al Círculo de la Prensa en Buenos Aires, convirtiendo en herejes a quienes lo cuestionan.

Recurrimos al Decreto del 2 de Junio de 1810 por el cual el Gobierno Patrio dispuso fundar un periódico oficial. Si había de ser “oficial” no podía ser resolución de un particular.

En sus considerandos dice la Junta: “El Pueblo tiene derecho a saber la conducta de sus Representantes…Para el logro de tan justos deseos ha resuelto la Junta que salga a luz un nuevo periódico semanal con el título de Gazeta de Buenos-Ayres, el cual sin tocar los objetos que tan dignamente se desempeñan en el Semanario de Comercio anuncie el público las noticias exteriores e interiores que deban mirarse con algún interés.

En él se manifestarán igualmente las discusiones oficiales de la Junta con los demás Jefes y Gobiernos y el estado de la Real Hacienda.

La Junta, a más de incitar a los sabios de estas Provincias para que escriban sobre tan importantes objetos, los estimulará por otros medios que les descubran la confianza que pone en sus luces y en su celo.

Todos los escritos relativos a este recomendable fin, se dirigirán al señor Vocal, Dr. D. Manuel Alberti, quien cuidará privativamente de este ramo, agregándose por la secretaría las noticias oficiales”.

Como es fácil observar el decreto fundacional no menciona en ningún párrafo al Dr. Moreno.

Sí posteriormente, el Dr. Moreno en compañía de don Manuel Belgrano y Castelli es designado redactor.

En este punto me permito decir que los que hemos leído uno de los originales completos de este periódico, podemos afirmar que la redacción de la Gazeta al ser anónima todos los artículos se publicaban sin la firma del autor por lo que era y es imposible afirmar fehacientemente quién los escribió. Visto esto, ¿quién puede asegurar seriamente que, por ejemplo, el texto publicado en la Gazeta el 6 de Setiembre de 1810 pertenezca a la pluma de Moreno?.

Aquellos que a pesar de conocer el Decreto continúan sosteniendo la falsedad a que hice referencia violan a sabiendas lo que el Pontífice León XIII  definió como la primer Ley de la Historia: “No atreverse a mentir”… y la segunda: “No temer decir la verdad”.

En algunos discursos cargados de palabras y vacíos de contenido que hemos escuchado en actos por el día del Periodista, nos han dicho, sin que el que los pronunciara se sonrojara, que el Dr. Moreno “era el alma de la Gazeta”.

Veamos. Desde el 7 de Junio de 1810, en que apareció por primera vez la Gazeta hasta el 12 de Setiembre de 1821, en que la suprimió Rivadavia, se publicaron 810 números.

Gazeta de Buenos Ayres


Desde el 7 de Junio de 1810 hasta el 17 de Diciembre del mismo año fecha en que se presupone que el Dr. Moreno ya no escribía nada habida cuenta que estaba preparando su inminente viaje a Londres, se publicaron 29 números ordinarios, 23 extraordinarios y 3 suplementos.

Estos 55 números contienen 209 artículos, de los que su hermano Manuel, que conocía a su personaje, sólo ha recogido 2 como de su redacción.

¿Cómo es posible que historiadores, que por cierto no trataron al Dr. Moreno, puedan saber con “certeza” los artículos que él escribió y desmientan con ello a su propio hermano, doscientos años después?

Dejemos la Gazeta y centremos ahora nuestra atención en una obra que muchos historiadores mencionan sin siquiera haberla leído y si lo hicieron cometieron el pecado de leerla rápido y mal.

Me refiero a “La Representación de los Hacendados”.

Algunos historiadores-panegiristas para ponderar el interés de Moreno en fomentar la agricultura, las manufacturas y el comercio hacen hincapié en esta obra omitiendo decir que es ésta obra un simple alegato jurídico, trazado en “representación de los hacendados de las campañas del Río de la Plata”, pero realmente destinado a favorecer un franco comercio con la nación inglesa.

Con dicho documento Moreno quería beneficiar a los intereses portuarios, pues el comercio libre interesaba al litoral.

La gravitación que se atribuye a Mariano Moreno en la apertura del comercio del Río de la Plata es otra falacia ya que no tuvo parte alguna en lo resuelto, como que su escrito profesional fue agregado al expediente respectivo cuando ya se habían pronunciado los órganos a los que correspondía intervenir.

No solo no ejerció influencia alguna sino que desagradó a sus mandantes, los Hacendados, quienes se desprendieron de Moreno y encargaron a Castelli y Azcuénaga que los representaran en actuaciones posteriores, como se advierte examinando el expediente.

Nos dicen algunos que redactó este trabajo en momentos en que la causa del comercio libre parecía perdida.

Simplemente limitémonos a observar las fechas de varios documentos para conocer la falsedad de lo expresado anteriormente.

En el manuscrito original se observa que tiene como fecha el 30 de Setiembre de 1809 (pág.106 de la edición original). El 20 de Agosto, el Virrey había dirigido al Cabildo un oficio pidiéndole considerase el mismo asunto y manifestándole su voluntad favorable a las franquicias (40 días antes que Moreno).

El Cabildo discute largamente la nota de Cisneros en su reunión del 31 de Agosto y por mayoría de votos de una resolución favorable a los deseos del Virrey (30 días antes que Moreno).

El 6 de setiembre, Belgrano, Secretario del Real Consulado de Comercio, presenta un notable alegato en que reproduce sus viejas ideas favorables al libre comercio (24 días antes que Moreno).

Pero nada mejor que sea el propio Moreno quien nos diga cuál era su pensamiento y podamos así definir su perfil.

Nos dice en su obra La Representación de los Hacendados:

Pág.9: “La expectación pública reposa sobre las benéficas intenciones que V.E. se ha dignado manifestar”

Pág.11: “Habiendo V.E. indicado la necesidad de abrir el comercio con la Gran Bretaña”

Pág. 24: “Vivimos por fortuna bajo un Príncipe benigno, nacido en tiempos ilustrados y formado por leyes suaves…”

Pág. 48: “Nuestro jefe es prudente, es ilustrado”

Pág.83: “Lo mismo sucedería con las colonias modernas: felices bajo su metrópoli no se atreverían a sacudir un yugo ligero y suave para buscar una independencia que las privara de la protección de su Madre…”

¿No parece lo precedente, apenas unas pequeñas muestras del total, un rosario de alabanzas y una actitud cuanto menos de obsecuencia de la “futura alma” de la Junta de Mayo?. Hoy a un político por lo que hizo o dijo varios años atrás se lo condena si no es funcional al que opina distinto o bien al gobierno de turno. El Dr. Moreno puesto en nuestro tiempo, por cierto no la pasaría muy bien.

Tan poco peso tuvo este trabajo de Moreno que se publicó recién después de la Revolución de Mayo.

Un dato importante nos acercó el historiador Diego Luis Molinari cuando nos informa que en el expediente original no figura ni una sola vez el nombre de Mariano Moreno, y el que firma la Representación es don José de la Rosa.

Esto nos puede inducir a pensar que, si bien cuando se publicó en 1810 lleva al Dr. Mariano Moreno como autor en un principio, éste poca importancia le dio a su trabajo ya que ni siquiera se molestó en firmarlo.

En todo el trabajo hay un rosario de alabanzas al Virrey y al Rey… al estado de colonia y al “yugo ligero y suave”… ¿podemos con este cercano antecedente decir alegremente que Mariano Moreno “fundó” la democracia argentina?.

Durante mucho tiempo se ocultó la existencia de un “Plan de operaciones que el gobierno provisional de las Provincias Unidas del Río de la Plata debe poner en práctica para consolidar la grande obra de nuestra libertad e independencia”.

Es interesante conocer previamente una historia que arranca en el año 1893 cuando por encargo del Ateneo de Buenos Aires, el Dr. Norberto Piñero (declarado admirador del Secretario de la Junta), jurisconsulto de vasta cultura, procede a compilar los escritos del Dr. Mariano Moreno.

Entre ellos publica el “Plan de operaciones” que había encontrado en el Archivo de Sevilla.

El Director de la Biblioteca Nacional y Director a su vez de la publicación “La Biblioteca”  escribe que lo publicado por el Dr. Piñero era “la injuria más atroz que se haya inferido a Moreno…aborto disforme y bestial de un malvado e imbécil”.

Nos preguntamos ¿Qué era, pues, el Plan que tanto afectó al Sr. Paul Groussac, Director de la Biblioteca, órgano oficial?

Nos dice el Dr. Piñero: “En el Plan aludido, que redactó por mandato secreto de la Junta, aconsejaba el empleo del rigor contra el enemigo, la astucia, la intriga, la vigilancia sigilosa, el espionaje, el soborno, la seducción, el engaño y las maquinaciones, como medios para coadyuvar al triunfo de la Revolución. Indicaba que no se desdeñase los servicios de ningún individuo, por malos que fueran sus antecedentes y sus cualidades; que se llamara a los criminales y prófugos y a los desertores, bajo promesa de perdonarles sus delitos, borrarles toda nota desfavorable y entregarles sus causas, para que desapareciese cualquier rastro de sus hechos, siempre que se alistasen en las filas revolucionarias.

Quería producir el terror por la crueldad y por medidas excepcionalmente severas.”

Visto esto comprendemos cómo se sentirían los admiradores del Dr. Moreno al leer los fundamentos del famoso Plan del cual era uno de sus autores.

Más adelante afirmaba el Señor Groussac que unas pocas líneas del Plan “bastarían para deshonrar la causa americana en la persona de su ilustre caudillo”.

En otra parte de ese Plan se lee: “La menor semiplena prueba de hechos, palabras, etc., contra la causa, debe castigarse con pena capital”. Seguimos citando: “Los bandos y mandatos públicos deben ser muy sanguinarios”, “Deben tener el Gobierno en esta Capital seis u ocho sujetos que se empleen en escribir cartas anónimas…”

La Junta, después de leer el Plan, por cuyo encargo preparó Moreno, no quiso apadrinarlo y lo desechó.

Durante muchos años, y aún hoy en día, se escuchó y escucha que el Dr. Mariano Moreno había sido el fundador de la Biblioteca Nacional.

Algunos historiadores serios, por cierto, ya no abonan esta afirmación habida cuenta de la imposibilidad de encontrar documentos que la sustenten. Es que el historiador que repite asertos vulgares nunca dice de dónde los toma.

En un artículo publicado en el Nº 15 de la Gazeta de Buenos Ayres del 13 de setiembre de 1810 se lee: “Los pueblos compran a precio muy subido la gloria de las armas…”, más adelante y ya terminando dice: “esperando que los buenos patriotas propenderán a que se realice un pensamiento de tanta utilidad, abre (la Junta) una suscripción patriótica para los gastos de estantes y demás costos inevitables, la cual se recibirá en la Secretaría de Gobierno; nombrando desde ahora por bibliotecario al Dr. D. Saturnino Segurola y al Reverendo P. Fray Cayetano Rodríguez, que se han prestado gustosos a dar esa prueba de patriotismo y amor al bien público, y nombra igualmente por Protector de dicha Biblioteca a el Secretario de Gobierno Dr. D. Mariano Moreno, confiriéndole todas las facultades para presidir a dicho establecimiento y entender en todos los incidentes que ofreciese”.

El 12 de noviembre de 1810 el Dr. Moreno envía una nota al Cabildo en la que dice: “El honroso cargo que la Excma. Junta me ha conferido de protector de la Biblioteca pública de esta Ciudad, me pone en la obligación de solicitar todos los arbitrios conducentes a la firmeza y duración de este establecimiento. Cuando entraron en esta Capital las tropas del general Berresford se disponía ese Excmo. Cabildo a costear con sus fondos una Biblioteca; y aún los capitulares expulsos no se hallaban distantes de auxiliar la que se está formando”.

Visto lo precedente, ¿puede alguien seguir creyendo en el Dr. Moreno como “fundador” de la Biblioteca?

Veamos ahora su "gran colaboración” a la misma. En ese año de 1810 se abre el llamado Registro de Donaciones. De una exhaustiva lectura del mismo se desprende que los nombres de Belgrano y del Presbítero Chorroarín se repiten como donantes; mientras que el nombre de Mariano Moreno sólo aparece una vez como donante de una obra en latín: “Comentarios de Balbo”, y el de Manuel Moreno directamente no aparece ni una vez.

En el Archivo General de la Nación existe una carta de D. José María Romero, fechada el 18 de febrero de 1812, a don Bernardino Rivadavia en la que le expresa la escasa atención que le había prestado el Dr. Moreno a la Biblioteca y que incluso se habían perdido donaciones que “con indiferencia o desprecio” su Protector las había rechazado.

Terminaremos este aspecto de la vida del Dr. Moreno que durante su misión como Protector, y completando la respuesta a aquellos que aseguran de su gran trabajo y colaboración, desde el 22 de Agosto de 1810 (en que empieza a actuar en la Biblioteca) hasta el 28 de Diciembre de 1810 (fecha de su última participación) el Dr. Moreno escribió 8 notas y 1 decreto, sumando en total con la fecha y firma de cada uno de ellos un total de 116 líneas a distribuir en 128 días de Protectorado (cabe acotar que en ese período se tomó 12 días de descanso).

Manuel Moreno en “Vida y Memorias de Mariano Moreno” refiriéndose a los días previos al fallecimiento de su hermano nos informa que “Desde antes de embarcarse la salud del doctor Moreno se hallaba grandemente injuriada por la incesante fatiga en los asuntos públicos. Los últimos disgustos abatieron considerablemente su espíritu”…Ya embarcado… “Debilitado su sistema, sufrió un mareo demasiado fuerte, después del cual cayó en una languidez tan profunda, que le fue imposible sostener las incomodidades anexas a una navegación penosa. Esta deplorable situación se aumentaba con la total falta de medicinas en que se hallaba el barco… No pudiendo proporcionarse a sus padecimientos ninguno de los remedios del arte, ya no nos quedaba otra esperanza de conservar sus preciosos días que en la prontitud de la navegación…Su último accidente fue precipitado por la administración de un emético, que el capitán de la embarcación le suministró imprudentemente, y sin nuestro conocimiento….”

Algunos historiadores-panegiristas se animan a afirmar que la muerte del Dr. Moreno fue un plan premeditado de Don Cornelio Saavedra… Su propio hermano en ningún momento deja traslucir semejante aseveración y menos aún sospecha alguna.

Cada uno es libre de pensar lo que desee al respecto pero para hacer honor a la verdad histórica toda afirmación debe tener su sustento académicamente documentado. Tirar mantos de sospecha sobre la honorabilidad de las personas como método para explicar un hecho es cuanto menos detestable.

Este último párrafo es un elemento de juicio válido, entre otros, para diferenciar a un historiador de un “cuentista” de la historia, que agrava su situación cuando lo hace desde su ideología política.

(1) Cornelio Saavedra, autor anónimo, Siglo XIX, Museo Histórico Nacional. "La parte más popular y numerosa, la que no vestía de frac o de levita, se inclinó hacia el lado de Saavedra". José L. Busaniche 

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Gazeta de Buenos Ayres

La Gazeta de Buenos Ayres, comenzó a publicarse a partir del 7 de junio de 1810 y salió hasta 1821. Se imprimía en la Casa de los Niños Expósitos y salía semanalmente, sin perjuicio de que se publicasen números extraordinarios, cuando las circunstancias así lo aconsejaren.  Generalmente tenía 12 páginas. Se publicaban documentos oficiales, artículos de opinión y noticias de otras partes de Europa y América. Como lema tenía una frase del historiador romano Tácito, escrita en latín: “Rará temporum felicitate, ubi sentire quæ velis, et quæ sentias, dicere licet”, que traducida, significa: “Tiempos de rara felicidad, aquellos en los cuales se puede sentir lo que se desea y es lícito decirlo”.

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Curiosidades: algunas de la excusas para no concurrir al Cabildo Abierto del 22 de Mayo

Algunos de los invitados al Cabildo Abierto del 22 de mayo se excusarán de concurrir con variados motivos, Benito González de Rivadavia, padre de Bernardino, se excusará "porque tengo que tomar purgante a las 8 de la mañana y sus efectos duran hasta mediodía" y Pedro Díaz de Vivar "porque estaba lloviendo".

(Fuente: Historia Argentina, de Jorge Perrone)