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jueves, 1 de septiembre de 2011

Jauretche y Rosas

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año V N° 20 - Setiembre 2011 - Pags, 11 a 15 

Jauretche, Rosas y el Revisionismo histórico

                                                                    Por Marcelo Gullo*

 

Revisionismo histórico
Arturo Jauretche

Desde hace algunos años han proliferado historiadores, biógrafos y ensayistas que definiéndose todos ellos, de alguna manera, como admiradores y continuadores del pensamiento de Arturo Jauretche que dieron a luz una copiosa producción de escritos en los cuales, paradójicamente, opinan sobre Juan Manuel de Rosas todo lo contrario de lo que expresara sobre el Restaurador de las Leyes, don Arturo Jauretche durante toda su vida. Los mismos, ubican a Rosas como una expresión más del centralismo porteño, e interpretan la traición de Urquiza que -en momentos en que la Confederación Argentina se encontraba en guerra contra el Imperio esclavista del Brasil- decidió marchar sobre Buenos Aires y no sobre Río de Janeiro -como una reacción de los pueblos del interior contra la hegemonía porteña. Ven a Rosas -a quien San Martín le legara su sable, el sable que lo acompañó en la guerra de la Independencia de España, por considerar que Rosas había combatido una segunda guerra de independencia contra Francia e Inglaterra- como una expresión más de la concepción portuaria de la Patria Chica, como un Rivadavia, vestido de colorado.

En esta nueva y curiosa versión de la historia -como en la elaborada por Mitre- la batalla de Caseros tiene un sentido positivo. Rosas, aparece como un unitario disfrazado de federal y la batalla de Caseros, como una importante victoria del campo nacional y popular. Podría tratarse, pensaran algunos, de que estos nuevos historiadores, que se declaran jauretcheanos, tienen apenas una diferencia de matices con el pensamiento de Jauretche. Sin embargo, creemos que estos ensayistas no plantean una simple cuestión de matices sino que, por el contrario, contradicen el nudo o la piedra angular del pensamiento de Jauretche. Podría pensarse también que aun siendo así, esa diferenciación con el pensamiento del maestro, no tiene hoy una mayor relevancia política, que no tiene implicaciones prácticas y que, en nada afecta al presente y futuro de los argentinos y de la Argentina. Creemos, sin embargo, que esta nueva tergiversación de la historia realizada irónicamente en nombre de don Arturo Jauretche -que combatió durante toda su agitada vida intelectual y política contra la falsificación de la historia- tiene una importancia fundamental porque, como enseñara justamente don Arturo, sin el conocimiento de una historia auténtica, es imposible el conocimiento del presente y el desconocimiento del presente lleva implícita la imposibilidad de calcular el futuro. Lo de “ahora” -nunca se cansó de repetir Jauretche- no se puede resolver sin entender, previamente, “lo de antes”.

 

Rosas, pivote histórico

Rosas
General Rosas. Litog. de época
Fue el rescate de la figura histórica de Juan Manuel de Rosas -quien fuera el objetivo táctico principal del primer revisionismo histórico- el elemento que le permitió a Jauretche articular, definitiva y sistemáticamente, su pensamiento: “De mí, puedo decir que sólo he integrado mi pensamiento nacional a través del revisionismo, al que llegué tarde. Sólo el conocimiento de la historia verdadera me ha permitido articular piezas que andaban dispersas y no formaban un todo.”  (1)

Desde su conversión al revisionismo histórico, Jauretche se convirtió en uno de los más agudos y perseverantes predicadores de ese “revisionismo histórico” y de la reivindicación de la figura del Brigadier Juan Manuel de Rosas. Fruto directo de esa incansable prédica, fue su libro “Política Nacional y Revisionismo histórico”, un texto que Jauretche construyó con los apuntes de dos conferencias que pronunciara en la sede central del Instituto Juan Manuel de Rosas y en la filial “Fuerte Federación” de la ciudad de Junín en la Provincia de Buenos Aires. En dicho libro, Jauretche afirma: “El revisionismo histórico se ha particularizado en un momento de la historia argentina: el que va del año veinte a Caseros, aunque cada vez se extienda más, hacia atrás y hacia adelante. Su pivote ha sido la discusión de la figura de don Juan Manuel de Rosas y su momento. Explicaremos que no podía ser de otra manera porque es figura clave; tan clave, que la falsificación de la historia hubo de hacerse tomándolo como pivote a la inversa. Nada se puede entender sobre esa época ni lo que ocurrió más adelante, sino se trata de entender lo que significó Rosas.”  (1)

 

El retorno de la política nacional de la Patria Grande

En su libro “Ejército y Política” -escrito poco después del derrocamiento del General Juan Domingo Perón el 16 de setiembre de 1955-, Arturo Jauretche, tratando de explicar el significado histórico de Rosas afirma: “La PATRIA GRANDE resurge por la aparición, en Buenos Aires, de una tendencia opuesta a los directoriales y unitarios, cuya expresión política es Rosas. Esta tendencia, que no se divorcia del pasado hispanoamericano, tiene la concepción política de la PATRIA GRANDE, es celosa del mantenimiento de la extensión, y si bien representa las tendencias  predominantes del puerto, comprende la necesidad de una conciliación con los intereses del interior y representa los primeros pasos industrializados del país, en la economía precapitalista del saladero, que es propia.” (2)

Más adelante en el tiempo, en su libro “Política Nacional y Revisionismo histórico” -al que ya hemos hecho referencia-, Jauretche le contesta a aquellos historiadores que, para negar la figura de Rosas argumentan que el Restaurador mantuvo tercamente en sus manos el control de la Aduana tal como habían hecho antes los unitarios y que la verdadera figura que expresó el federalismo, por aquellos días, fue el gobernador de Corrientes, Pedro Ferré, que: La necesidad de mantener la aduana para conservar el poder unificador que exigía la permanente guerra internacional, como garantía del orden en peligro, es cosa que se olvida, se le impuso cualquiera fueran sus puntos de vista teóricos. Anótese en cambio la ley de aduanas que significó la defensa de la industria del interior, que reverdeció bajo su influencia restableciendo el trabajo estable y organizado en las provincias. Se pretende reeditar un viejo argumento falsificador, presentando a Rosas como a un unitario vestido de colorado, para lo que es necesario aceptar que los cándidos federales se engañaban. Por el contrario éstos eran políticos realistas; tal vez para ellos Rosas no fuera lo más federal pero era lo más aproximado a un federal que podía dar Buenos Aires, pues la opción eran los rivadavianos y sus continuadores. Es cierto que un antirrosista, Don Pedro Ferré, intelectualmente era el federal más profundo, pero éste, en los hechos, actuó siempre a favor de los unitarios, y en política son los hechos y no las ideas abstractas, los que valen.” (1)

Y, como precisamente son los hechos los que valen, por aquello de que la única verdad es la realidad, conviene, en este momento de nuestra argumentación, realizar una breve reseña histórica del gobierno de Juan Manuel de Rosas para poder situar, en su real dimensión, las afirmaciones realizadas por Jauretche sobre Rosas y su gobierno.

 

La insubordinación ideológica de 1830 y la Ley de Aduana de 1835

El primer gobierno de Rosas fue una época de salarios altos donde la economía creció más que la disponibilidad de mano de obra pero, no rompió con el esquema de libre comercio heredado de la época colonial borbónica y de los primeros gobiernos autónomos que se sucedieron a partir de 1810.

Rosas, en su primer gobierno, no supo, no quiso, o no pudo, manifestarse en contra del libre comercio. Sin embargo, esta posición pro-librecambista, cambiaría radicalmente cuando fuera nuevamente elegido, por una amplia mayoría popular, para ejercer un segundo mandato.








Poncho de seda natural, bordado en sus cuatro lados con rosas y flecos.  Se lee en su boca: “Obsequio de Felipe Heredia a Don Juan Manuel de Rosas. Fue realizado por monjas catamarqueñas. (Fuente Revista El Federal)




En los primeros años de la década de 1830, comienza una asombrosa Insubordinación Ideológica, que rechazará al liberalismo económico y su doctrina del libre comercio, identificándola como una ideología de dominación al servicio de los intereses británicos. En 1831, en ocasión de discutirse el Pacto Federal, Pedro Ferré planteó la necesidad de una política aduanera proteccionista. El diputado por Corrientes Manuel Leiva -partidario de la reunión de un Congreso Constituyente que estableciera el proteccionismo económico y la nacionalización de la Aduana de Buenos Aires- escribe una carta al catamarqueño Tadeo Acuña que será publicada en todas las provincias y hará doctrina. En ella, afirma Leiva: “Buenos Aires es quien únicamente resiste a la formación del Congreso porque pierde el manejo de nuestro tesoro con que nos ha hecho la guerra y se cortará el comercio de extranjería que es el que más le produce…los provincianos debemos trabajar en sentido contrario a ellos para que nuestro tesoro nos pertenezca y para oponer trabas a ese comercio que insume nuestros caudales, ha muerto nuestra industria y nos ha reducido a una miseria espantosa.” (3)

La carta de Leiva a Acuña, vía Facundo Quiroga, llegó rápidamente a las manos de Juan Manuel de Rosas. Paulatinamente, la polémica proteccionismo-librecambio se fue agudizando y caldeando los ánimos de los intelectuales y de la mayoría de la población de las Provincias Unidas. La discusión llega a su punto más alto cuando los amigos de Ferré, publican un folleto anónimo abiertamente anti-librecambista en el que se sostiene: “El proteccionismo resolvería indudablemente muchos de los problemas que afligen al país. Abriría nuevos campos de acción a la actividad económica y proporcionaría trabajo a obreros de ambo sexos. Esa fue al menos la experiencia de Corrientes. Esta provincia solía importar azúcar; ahora el azúcar se produce y elabora en su territorio, y la provincia mejoró su balanza de comercio en cerca de $ 80.000…Este resultado prueba el beneficio que recibiría la provincia de Cuyo, si la nación cerrase la entrada de los vinos y aguardientes extranjeros…El hecho es que la Argentina, después de un régimen de comercio libre de más de veinte años, se halla ahora dirigida por un puñado de extranjeros. Si el proteccionismo diera como resultado el desplazamiento de los comerciantes extranjeros de sus posesiones de preeminencia, el país se podría felicitar por haber dado el primer paso para recuperar la independencia económica…La nación no puede vivir sin las restricciones que pueden desarrollar su industria.” (3)

Minada la firmeza de la doctrina liberal por la Insubordinación Ideológica protagonizada por Ferré, Leiva, Marín y otros hombres representativos de las provincias, una ascendente ola a favor de la instauración del proteccionismo económico, partió  de los artesanos y fabricantes, que fueron acompañados en sus demandas, por numerosos intelectuales de las clases medias.

 

La Ley de Aduanas y el comienzo de la Insubordinación Fundante 

La protesta generalizada contra el liberalismo económico tuvo amplio eco en La Legislatura de la Provincia de Buenos Aires. Fue entonces que el Gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, se decidió por la instauración definitiva del proteccionismo económico. El 18 de diciembre de 1835, después de 25 años de aplicación radical del libre comercio, se sanciona la Ley de Aduanas. La conversión de Rosas al proteccionismo se define “sin cortapisas”. En el mensaje del 31 de diciembre del año 1835, refiriéndose a la nueva ley, sostiene: “Largo tiempo hacía que la agricultura y la naciente industria fabril del país se resentían de la falta de protección, y que la clase media de nuestra población, que por cortedad de sus capitales no puede entrar en empleos de ganadería, carecía de gran estímulo al trabajo que producen las fundadas esperanzas de adquirir con él, medios de descanso en la ancianidad y de fomento de sus hijos. El gobierno ha tomado este asunto en consideración, y notando que la agricultura e industria extranjera impiden esas útiles esperanzas, sin que por ello reporten ventajas en la forma y calidad...ha publicado la ley de Aduanas.”  (4)

Las provincias del interior, Córdoba, Catamarca, Cuyo, Tucumán y Salta, que habían sufrido los efectos desbastadores de la política librecambista instaurada desde 1778 y, reforzada desde 1810, recibieron alborozadas la nueva Ley de Aduanas.

Evaluando la figura política de Rosas, su condición de clase y la política económica aplicada durante sus gobiernos, Arturo Jauretche afirma: “Rosas es uno de los pocos hombre de la clase alta que no desciende de los Pizarros de la vara de medir que en el contrabando y en el comercio exterior fundaron su abolengo. Por eso no tuvo inconvenientes en ser burgués. Fundó la estancia moderna y después fundó el saladero para industrializar su producción, y fundó, paralelamente, el saladero de pescado para satisfacer la demanda  del mercado interno. Y defendió los ríos interiores y promovió el desarrollo náutico para que la burguesía argentina transportara su producción; integró la economía ganadera con la industrialización y la comercialización del producto y le dio a Buenos Aires la oportunidad de crear una burguesía a su manera. Pero, además con la Ley de Aduanas, de 1835, intentó realizar el mismo proceso que realizaban los Estados Unidos: frenó la importación y colocó al artesanado nacional del litoral y del interior, en condiciones de afirmarse frente a la competencia extranjera de la importación, abriéndole las posibilidades que la incorporación de la técnica hubiera representado, con la existencia de un Estado defensor y promovedor, para pasar del artesanado a la industria.” (5) Siguiendo el certero análisis de Jauretche es posible afirmar, entonces, que Rosas, con la Ley de Aduanas, retoma, aunque con limitaciones, el sendero iniciado por Artigas: el camino de la Insubordinación Fundante.

Importa precisar que, cuando Rosas se decidió, durante su segundo gobierno, a emprender un proceso de Insubordinación Fundante, tendiente a completar la independencia política, declarada en 1816, con la independencia económica, es decir a liberar a la Argentina del dominio informal inglés, el gobierno de Gran Bretaña estaba en las manos de uno de los políticos más brillantes de su historia: Henry John Temple, tercer Vizconde de Palmerston, quien fuera autor intelectual de la Guerra del Opio, luego de la cual China no sólo se vio obligada a permitir la importación y el consumo de opio sino que, perdió el control de sus aduanas, debiendo aceptar el libre comercio, así como que quedara en las manos de Inglaterra, la potestad de fijar el régimen arancelario del Imperio chino. Este hecho no puede ser, livianamente, pasado por alto cuando se analiza objetivamente este periodo de la Historia Argentina.

Por otra parte, para  comprender la importancia de La ley de Aduanas, como piedra angular de la Insubordinación Fundante que se inicia en el segundo gobierno de Rosas, hay que ubicarla en el contexto de otras medidas tendientes a la librar a la Argentina de la subordinación británica. La primera de estas medidas fue la disolución del denominado Banco Nacional controlado por el capital inglés, producida el 30 de mayo de 1836. Dicho Banco fue reemplazado por una Comisión Fiscal que, funcionando en la Casa de la Moneda, comenzó a actuar como un verdadero Banco estatal. 

La segunda de las medidas aludidas fue la prohibición de exportar oro y plata decretada el 31 de agosto de 1837. Evaluando esta medida, Vivian Trías sostiene: “Así se enjugó la pérdida incesante de metálico que aparejaba el comercio exterior deficitario (agravado por la guerra) y, también, se entorpeció el funcionamiento del patrón oro en la relación con la economía rioplatense. Es otro certero golpe contra los intereses del Imperio británico que habría de gravitar en los esfuerzos del gobierno de su Majestad por tumbar al gobernador federal.” (3)  Importa precisar además que, en 1837, se reforzaron las normas proteccionistas. Se estableció entonces, que todos los artículos que pagaban un 10% ad valoren o más, sufrieran un recargo del 2 al 4% (el 2% los que pagaban del 10 al 17% y los que tributaban el 24 o más, el 4%).

En 1838, el primer ministro británico, Lord Palmerston, al constatar la insistencia de Rosas en el proteccionismo, “…comunicó al Ministro británico que no hiciera uso del derecho de protesta formalmente, pero que deseaba que el Ministro aleccionara al Gobierno de Buenos Aires sobre las virtudes del libre comercio y la locura de los altos impuestos aduaneros, y que le señalara los perniciosos efectos sobre el comercio del país que con tanta seguridad se seguirían de aquellos.”  (3) 

“No hay duda -sostiene Vivian Trias- de que la virazón en la política aduanera de Rosas, influyó en el cambio operado en las relaciones con Gran Bretaña.” (3) En noviembre de 1845, una flota anglo francesa compuesta por 22 barcos de guerra, equipados con la tecnología militar más avanzada de la época, penetró en el Río de la Plata. El objetivo anglo francés era claro: imponer el libre comercio. La guerra que se desató entonces, de la cual la Confederación Argentina resultó victoriosa, fue calificadapor el General San martín de “Segunda guerra de Independencia”.

Desde el punto de vista económico es preciso remarcar que: Debido a la Ley de Aduanas y quizás por los propios bloqueos se neutralizó la importación de productos extranjeros -tal como había ocurrido en los Estados Unidos cuando éste, en 1812, entró en guerra también con Gran Bretaña- permitiendo la aceleración de un proceso de industrialización importante que, de haberse sostenido a través del tiempo, hubiese convertido a la Argentina en un país tempranamente industrializado. Sin embargo, no todas las provincias respetaron la ley de aduanas, ni estuvieron a favor del proteccionismo económico. “Es importante subrayar que, en Entre Ríos no regía la ley aduanera de 1835, ni la prohibición de exportar oro; Urquiza (gobernador de la provincia) practicaba el liberalismo tal como la City (Londres) lo predicaba”. (3) 


La caída de Rosas y la victoria de la Patria Chica

El gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas que había logrado resistir con éxito la invasión anglo francesa, cayó, el 3 febrero de 1852 en la batalla de Caseros. El gobernador de Entre Ríos, jefe del ejército de vanguardia que la Confederación Argentina había preparado para la Guerra contra el Brasil, luego de entrar en tratos con la diplomacia brasileña, decidió marchar sobre Buenos Aires y no, contra Río de Janeiro.

Creemos que las razones que explican el cambio de bando de Urquiza y la posterior derrota de Rosas, más allá de la conocida flaqueza de principios del General entrerriano, deben buscarse en los cambios producidos en el sistema económico internacional y, principalmente, en su centro: Gran Bretaña.

En 1843, el sistema capitalista entra en una larga onda de prosperidad -a pesar de la recesión de 1847- que va a acelerar la incorporación de las periferias dependientes, al sistema. Se produjo, en ese período, una revolución en los transportes, con el ferrocarril y el barco a vapor, y, una revolución en las comunicaciones, con el telégrafo. La primera, le permitió a Gran Bretaña llegar al corazón de las áreas subordinadas y, la segunda, la aplicación de nuevos procedimientos bancarios como la letra de cambio que le dieron a los movimientos financieros internacionales una inusitada velocidad. Por otra parte, en Gran Bretaña, centro de la economía internacional, las fábricas de tejido de lana se multiplicaron “pasando de 32 mil a 80 mil entre 1838 y 1850.” (3)

Para funcionar, el complejo textil lanero británico necesitaba importar el 70% de la materia prima que consumía, como insumo básico. Los estancieros de la Mesopotamia argentina, con Urquiza  a la cabeza,  advirtieron, perspicazmente, esa situación y se decidieron a emprender la explotación ovina en gran escala para abastecer al mercado británico en mejores condiciones -dada la mayor proximidad a Inglaterra- que lo que lo venían haciendo los ganaderos australianos. Los estancieros entrerrianos estaban “dispuestos a ajustarse a los nuevos requerimientos” (3) del mercado inglés y no estaban, en consecuencia, interesados, en la aplicación de leyes proteccionistas -como la ley de aduanas de 1835-  que eran, para Inglaterra, causal de excomunión. Esta actitud de los estancieros entrerrianos -destaca agudamente Trías- significaba la sujeción política a las exigencias de Gran Bretaña. Es decir, “…la apertura de los ríos al comercio internacional (que Rosas había rechazado con éxito venciendo a la flota anglo francesa), el liberalismo económico y el libre comercio (al cual Rosas ponía un freno con la Ley de Aduanas de 1835), la paz con el gobierno de Montevideo (a la cual Rosas se oponía en la esperanza de lograr, en el tiempo, la reincorporación de la Banda Oriental a la Confederación Argentina), y el abandono de esa áspera e intransigente defensa de la soberanía que Rosas había llevado al extremo.”  (3) La arquitectura económica que Rosas trataba de implantar en la Confederación Argentina, era, claramente, contraria a los intereses de los ganaderos entrerrianos y, por lógica consecuencia, los estancieros mesopotámicos estaban predispuestos a enfrentar a Rosas ni bien las circunstancias les parecieran favorables.

En 1851 Urquiza llega a la conclusión que, con el apoyo, en tropas, armas, dinero y logística del Imperio del Brasil estaría en condiciones de eliminar el principal obstáculo para la “alianza” (léase subordinación) con Inglaterra, ese obstáculo era Rosas. En febrero de 1852, los hechos estaban consumados. Lo indiscutible es, como afirma Manuel Gálvez, que: “Cuando cayó Rosas y con él su ley de Aduanas, nuestras industrias se arruinaron. Ya he dicho que solamente en Buenos Aires había ciento seis fábricas y setecientos cuarenta y tres talleres y que  la industria del tejido florecía asombrosamente en las provincias. El comercio libre significó la entrada, con insignificantes derechos aduaneros, de los productos manufacturados ingleses, con los que no podían competir los nuestros. Y la industria argentina murió.” (6)

Analizando el significado histórico de la derrota de Rosas en la batalla de Caseros, Arturo Jauretche afirma: “Caseros es la victoria de la PATRIA CHICA, con todo lo que representa desde la desmembración geográfica al sometimiento económico y cultural: la historia oficial ha disminuido su carácter de victoria de un ejército y una política extranjera, la de Brasil. Si para los liberales y unitarios la caída de Rosas y la confederación significaba un cambio institucional y la posibilidad de un nuevo ordenamiento jurídico, para los intereses económicos de Gran Bretaña significó la destrucción de todo freno a su política de libertad de comercio y la creación de las condiciones de producción a que aspiraba. Para Brasil fue cosa fundamental. Derrotado siempre en las batallas navales y terrestres, Brasil tenía conciencia clara de que su marcha hacia el sur y hacia el oeste estaría frenada mientras la política nacional de la PATRIA GRANDE subsistiera en el Río de la Plata. Era necesario voltear a Rosas, que la representaba, y sustituirlo en el poder por los ideólogos que odiaban la extensión y que serían los mejores aliados de la política brasileña, destruyendo al mismo tiempo toda perspectiva futura de reintegración al seno común de los países del antiguo virreinato. Caseros significa así, en el orden político internacional, la consolidación de la disgregación oriental, altoperuano y paraguaya y las manos libres para su expansión para el Brasil, para su expansión definitiva sobre los países hispanoamericanos limítrofes, de los que la Confederación constituía el antemural.” (2) Para dejar en claro la errónea visión, actualmente muy en boga entre cierta línea de historiadores que se esmeran en presentar a Caseros como una victoria del federalismo por sobre el unitarismo y de elevar a Urquiza al nivel de adalid de las banderas del interior, Jauretche agrega: “Lo que importa, es dejar establecido que, en Caseros, triunfó la Política Nacional del Brasil por sobre la Política Nacional de los argentinos  y que, su resultado en la política de la guerra significa el abandono de la línea Nacional. Pero lo más grave no consiste en que Caseros sea una victoria brasileña, sino que se la presente como una victoria argentina, porque ese punto de partida falso imposibilita la construcción de un esquema racional de nuestra política exterior y de defensa. Así la revisión histórica se impone como una exigencia lógica para establecer las bases del razonamiento y del punto de apoyo de nuestras acciones. Sabiendo que Caseros es una victoria brasileña y una derrota argentina, la Política Nacional es una e inversa, ignorándolo.” (2)

 

Caseros y Gettysburg

En una nota dirigida a Lord Palmerston, el encargado de negocios británico en Buenos Aires, Mr. Gore, relata que, al recibir al cuerpo diplomático en Palermo, Urquiza lo apartó del resto de los concurrentes y le habló francamente. Resumiendo la exposición de Urquiza, el historiador anglocanadiense Ferns,  anota que, el General entrerriano, le había formulado al encargado de negocios de su Majestad, las mismas “…promesas y esperanzas formuladas en dimensiones más amplia por Rivadavia, un cuarto de siglo antes.” (3)

Juego de Ajedrez
Juego de ajedrez de marfil, de Rosas

Estos hechos demuestran, como bien lo entendía Jauretche, que el que estaba “disfrazado” de federal era el interesado y crematístico General entrerriano y no, Rosas, como está de moda sostener por algunos historiadores que  “lavan la cara y modernizan la historia mitrista.”

En cumplimiento de sus promesas, Urquiza firma, en julio de 1853, el Tratado de Libre Navegación, que le aseguraba a Inglaterra el libre intercambio mercantil. Paradójicamente, el Tratado había sido tramitado por Sir Charles Hotham, el vencedor de Obligado.

Como sostuviera, reiteradamente, Arturo Jauretche, el análisis objetivo de los hechos históricos muestra que, mientras en la guerra civil norteamericana, en la batalle de Gettysburg, triunfó el proteccionismo sobre el libre comercio, en la guerra civil argentina, en la batalla de Caseros, se impuso el libre comercio, sobre el proteccionismo.


Por un debate sin vanidades

A modo de conclusión, digamos que no se trata, por supuesto, que con estas breves líneas queramos clausurar el debate en torno a la figura de Rosas, ni pretendemos, tampoco, establecer una ortodoxia jauretcheana, arrogándonos la vara de medir de quiénes son verdaderos discípulos de Jauretche. Pero, como premonitoriamente advirtiese el propio Arturo Jauretche, para que el debate en torno a la figura de Rosas, “… sea  fecundo no debe ser el producto de la vanidad personal de los historiadores que se apoyan  en los caudillos, simplemente por no dar su brazo a torcer respecto de Rosas.” (1)

Referencias

(1) JAURETCHE Arturo, “Política Nacional y Revisionismo histórico”

(2) JAURETCHE, Arturo, “Ejército y Política”

(3) TRIAS, Vivián, “Juan Manuel de Rosas”

(4) ROSA, José María, “Historia argentina”

(5) JAURETCHE, Arturo, “El medio pelo en la sociedad argentina, apuntes para una sociología nacional”.

(6) GALVEZ, Manuel, “Vida de Sarmiento. El hombre de autoridad”

 

*Marcelo Gullo es Doctor en Ciencia Política por la “Universidad del Salvador”, Master en Historia y Política Internacional por el “Institut Universitaire de Hautes Etudes Internationales” de la Universidad de Ginebra, Diplomado en Estudios Internacionales por la Escuela Diplomática de Madrid. Es profesor de la Universidad Nacional de Lanús y autor de “La insubordinación fundante. Breve historia de la construcción del poder de las naciones”, Ed. Biblos, Bs. As, 2008; este libro fue traducido al italiano y publicado en Firenze por la editorial Vallecchi en 2010, con el título: “La costruzione del Potere”. 

viernes, 1 de diciembre de 2006

Mas Zonceras Argentinas

 Publicado en el Periódico El Restaurador - Año I N° 1 - Diciembre 2006 - Pgs. 3 a 5 

Jauretche
JAURETCHE EN LA PORTADA DE LA REVISTA
TODO ES HISTORIA N° 37 DE 1970

MAS ZONCERAS ARGENTINAS

A fines de la década del 60, Arturo Jauretche publicó su libro MANUAL DE ZONCERAS ARGENTINAS". Después de leerlo en aquél entonces, lo presté, desoyendo así el consejo de un sabio bibliófilo quien una vez me dijo, "Cuando prestás un libro a un amigo, perdés el libro y perdés al amigo".

Efectivamente así sucedió con mi libro, no así con el "amigo"... ya que con el tiempo me había olvidado a quien lo había prestado. A propósito de esto, en una tradicional librería de Buenos Aires - frente al Palacio de Tribunales-, obsequian un señalador que dice: "Se inventaron muchas cosas, pero aún falta un invento, el libro "bumerang" para poder prestarlo y que vuelva...". Y yo agregaría "...y no perder a ningún amigo".

Hace poco, recorriendo las mesas de las librerías de la Av. Corrientes, ví "Manual de zonceras argentinas" y nuevamente lo compré y volví a recordar y a deleitarme con la prosa de don Arturo y con aquellas zonceras argentinas: "Civilización y Barbarie". "El mal que aqueja a la Argentina es la extensión", "La libre navegación de los ríos", "El alumno modelo", "El buen compañerito", "El niño que no faltó nunca a la escuela", "El más grande hombre civil de la tierra de los argentinos"... y otros.

Dice Jauretche: "¿Los argentinos somos zonzos?... Esto es lo que nos faltaba, convencidos como estamos de la "viveza criolla", que ha dado origen a una copiosa literatura que va de la sociología y la psicología a las letras de tango"

"Un amigo mío -sigue Jauretche- que hace muchos años percibió la contradicción entre nuestra tan mentada "viveza" y las zonceras, la explicaba así: "El argentino es vivo de ojo y zonzo de temperamento", con lo que quería significar que paralelamente somos inteligentes para las cosas de corto alcance, pequeñas, individuales, y no cuando se trata de las cosas de todos, las comunes, las que hacen a la colectividad y de las cuales en definitiva resulta que sea útil o no aquella "viveza de ojo "...no somos zonzos, nos hacen zonzos" "El humorismo popular ha acuñado aquello de "¡Mama, haceme grande que zonzo me vengo solo!". Pero esta es otra zoncera, porque ocurre a la inversa: nos hacen zonzos para que no nos vengamos grandes, como lo iremos viendo".

"Las zonceras de que voy a tratar consisten en principios introducidos en nuestra formación intelectual desde la más tierna infancia -y en dosis para adultos- con la apariencia de axiomas, para impedirnos pensar las cosas del país por la simple aplicación del buen sentido. Hay zonceras políticas, históricas, geográficas, económicas, culturales, la mar en coche. Algunas son recientes, pero las más tienen raíz lejana y generalmente un prócer que las respalda. A medida que usted vaya leyendo algunas, se irá sorprendiendo, como yo oportunamente, de haberlas oído, y hasta repetido innumerables veces, sin reflexionar sobre ellas, y lo que es peor, pensando desde ellas".
"Basta detenerse un instante en su análisis para que la zoncera resulte obvia, pero ocurre que lo obvio pasa con frecuencia inadvertido, precisamente por serlo..."

"...muchas (zonceras) tuvieron una finalidad pragmática y concreta que en el caso las hace explicables aún como errores, y que su deformación posterior, dándole jerarquía de principios, ha respondido a los fines de la pedagogía colonialista para que actuemos en cada emergencia concreta solo en función de la zoncera abstracta hecha principio. Esto lo veremos muy particularmente en la increíble zoncera de que la victoria no da derechos, que verdaderamente es un "capo lavoro" en la materia".

"En otras ocasiones, la zoncera no tiene un origen eventual sino que es el resultado de una conformación mental. Es el caso de la zoncera el mal que aqueja a la Argentina es la extensión que, erigida en principio como consecuencia de otra zoncera -Civilización y barbarie- llevó directamente a una política de achicamiento del país que fue la que presidió la disgregación del territorio rioplatense..."

"...la zoncera...generalmente reposa en la "autoridad" del que la enunció... Estas zonceras de autoridad, cumplen dos objetivos: uno es prestigiar la zoncera con la autoridad que la respalda, como se ha dicho; y otro reforzar la autoridad con la zoncera. Así los proyectos de Rivadavia se apoyan en el prestigio de Rivadavia. Y el prestigio de Rivadavia en sus proyectos..."

"...Este es un manual de zonceras, y no un catálogo de las mismas. Doy con unas cuantas de ellas, la punta del hilo para que entre todos podamos desenredar la madeja. Y aclaro que yo no soy "uno" mas "vivo" sino apenas un "avivado", y aún me temo que no mucho, porque ya se verá como he ido descubriendo zonceras dentro de mí..."

"Precisamente para que no nos agarren descuidados otra vez, y a los que nos sigan, es que se hace necesario un catálogo de zonceras argentinas que creo debe ser obra colectiva y a cuyo fin le pido a usted su colaboración... Haremos el catálogo entre todos. Por si usted está dispuesto a colaborar con él, este libro lleva unas páginas suplementarias convenientemente rayadas para que vaya anotando sus propios descubrimientos, mientras lo lee".

Efectivamente el libro trae unas páginas rayadas para que cada uno de nosotros podamos anotar más zonceras argentinas.

A qué viene todo esto, amigo lector?

Que el 20 de abril pasado, se inauguró oficialmente la 32° Feria del Libro bajo el lema "El libro hace historia", y dio un discurso el escritor Tomás Eloy Martínez. Yo había guardado la hoja del diario, donde se informaba de tal hecho y se transcribía parte de tal discurso. A raíz de la nueva compra de "Zonceras argentinas", decidí releer aquél discurso.

En un pasaje de su disertación Tomás Eloy Martínez afirmó: "Fuimos fundados por el libro no por la espada. Fueron los libros los que inspiraron a Moreno, a Belgrano, a Sarmiento. La espada desbrozó el camino, pero el libro creó el camino. Sin el libro, ¿Hacia que clase de nación estamos yendo? ¿Sobre que valores estaríamos construyendo los años por venir"... "fueron Alberdi, Sarmiento, Vélez Sársfield, los que pensaron con pasión el país que querían y las prioridades fueron las mismas: Salud y Educación. Con la idea de apagar con conocimiento los fuegos de la pasada barbarie nació la ley de Educación Común".

Si ese discurso lo hubiera escuchado don Arturo Jauretche, seguro que habría incluido esas afirmaciones como otras más de las "zonceras argentinas", pero como don Arturo ya falleció hace más de treinta años, por lo menos esos conceptos vertidos por ese escritor, disertante en la Feria del Libro, merecen figurar en las hojas que en el ejemplar de "Manual de zonceras argentinas" tiene asignadas para anotar más zonceras argentinas.

Cuando dice que "fuimos fundados por el libro no por la espada", me viene a la memoria también que a fines del año pasado en una serie pasada por un canal televisivo de aire y titulada "Algo habrán hecho", de autoría del escritor mediático Felipe Pigna, devenido en "historiador", éste hizo una "importantísima" revelación: Que a los ingleses en 1806 y 1807 no los echaron los habitantes de Buenos Aires con aceite hirviendo, porque el aceite en aquellos momentos era muy caro! Ahora me pregunto: con la afirmación de Eloy Martínez, ¿los habitantes de Buenos Aires, no habrán echado a los ingleses a librazos limpios...?

Para muchos, en este caso también Tomás Eloy Martínez, parecería que fuera de aquellos intelectuales liberales del S. XIX (Sarmiento, Alberdi, Vélez Sársfield), no hubieron otras personas, intelectuales, militares, industriales, clérigos, gente común, etc. que "pensaron con pasión el país".

Claro... sería interesante saber a qué país, o cual modelo de país es el de Eloy Martínez. San Martín, ¿no pensó con pasión el país?, Artigas, ¿no pensó con pasión el país?, Belgrano, ¿no pensó con pasión el país?, Hernández, ¿no pensó con pasión el país?, Rosas, ¿no pensó con pasión el país?, Quiroga, ¿no pensó con pasión el país? y así podríamos seguir con muchísimos otros.

¿Sólo aquellos tres intelectuales nombrados por el escritor, pensaron con pasión el país?.

Evidentemente el país que soñaron aquellos tres intelectuales mencionados, era muy distinto al PAIS que soñaron San Martín, Artigas, Belgrano, Quiroga, Rosas, Hernández y otros. Según Eloy Martínez, "con la idea de apagar con conocimiento los fuegos de la pasada barbarie nació la ley de Educación Común". Aquí cabe la pregunta: ¿Antes del dictado de la ley de Educación Común, todo era "barbarie"?, ¿Después del dictado de esa ley, todo fue "civilización"?

Cuando se dictó la Ley de Educación Común -año 1884-, durante la presidencia del Gral. Julio A. Roca, ya se habían sucedido después de la caída de Rosas, las presidencias "civilizadas" de Urquiza, Derqui, Mitre, Sarmiento y Avellaneda. ¿Se habrá referido a ellas Eloy Martínez cuando habla de "la pasada barbarie"?...

En actos referidos a la cultura y educación, mucho se lo nombra a Sarmiento, Alberdi y otros, pero cabe la pregunta: ¿Se lo lee a Sarmiento?... o se toca de oído?, porque de haber leído a Sarmiento, Eloy Martínez tendría otra idea de las cosas.

Veamos lo que escribió el sanjuanino: "Más de mil doscientos niños, educándose en Buenos Aires en 1800, dan más difundida la educación relativamente que ahora en que la instrucción elemental aún con la superior, no llega al grado de difusión que traía en aquella época. Se puede probar, con datos a la mano, que la educación estaba más difundida en Buenos Aires en 1800 que no lo está ahora un siglo después. La educación se ha detenido y atrasado en estos últimos años a causa de los gobiernos de doctores mal preparados para la vida civil" (Sarmiento, Conflicto y Armonía de las Razas en América. 2° parte, año 1885, en Obras Completas, Tomo XXXVIII, pp. 223-227).

"...La educación se ha detenido y atrasado en estos últimos años a causa de los gobiernos de doctores mal preparados para la vida civil..."¿Qué tal?. A confesión de parte relevo de pruebas.

Según Eloy Martínez, para aquellos intelectuales, las prioridades fueron las mismas: Salud y Educación. ¿Salud...?. Sabrá Eloy Martínez que Sarmiento aconsejaba el exterminio de la población nativa (en carta a Mitre le aconsejaba "...no ahorre sangre de gauchos"). La idea de estos liberales era la de despoblar el país de su población nativa y reemplazarla por población importada anglosajona! ¿Sabe Eloy Martinez que Alberdi creía conveniente que las mujeres del país fueran fecundadas por hombres anglosajones? Todas estas elucubraciones de índole racial, ¿tenían por finalidad la salud de la población?

Entre enero y junio del año 1871 - durante la presidencia de Sarmiento- tuvo lugar la epidemia de fiebre amarilla en la Ciudad de Buenos Aires. El 19 de marzo el Presidente Sarmiento abandonó la ciudad en un tren especial, con ostentación y rodeado de una comitiva de 70 individuos. El 21, el diario "La Prensa" tituló así su editorial "El presidente huyendo" y se decía en el mismo:

"Hay ciertos rasgos de cobardía que dan la medida de lo que es un magistrado y de lo que podrá dar de sí en adelante, en el alto ejercicio del cargo que le confiaron los pueblos". Contrastando con esa actitud, fueron muchos los que dieron su vida tendiendo a los enfermos en aquellos trágicos meses. Como el lector podrá apreciar el sanjuanino, sí cuidaba su salud!...

Una de las zonceras argentinas, es hacernos creer que con posterioridad a Caseros, con aquello de "Educar al soberano", la educación hizo un "boom". Lo ha desmentido el propio "Maestro del aula", - muy nombrado pero poco leído- con sus palabras arriba transcriptas. También por estos días también leí un artículo interesante que apareció en el N° 65 de la revista "Todo es Historia" hace ya mas de treinta años, exactamente en el mes de setiembre de 1972, escrito por Juan Carlos Vedoya, y titulado "La educación que nos legaron", donde el autor compara y analiza los distintos censos realizados en el país (Censo escolar de 1876, Censo escolar de 1883, Censo Municipal de la Ciudad de Buenos Aires de 1887, 2do. Censo Nacional de 1895, etc), llegando a conclusiones sorprendentes.

Con la nacionalización en 1862, de las tierras ubicadas fuera de los límites reconocidos como tradicionales de las provincias, se crearon los "territorios nacionales", y "...En ellos -dice Vedoya-, como es comprensible, la institución elemental era directa responsabilidad de la Nación. Pero allí, también, su acción fue casi nula y aunque se la quiera disculpar supeditándola a las dificultades emergentes de la poca población y las grandes extensiones, el Censo de 1895 no permite sustentarlas con éxito.

En los territorios nacionales, en ese momento, "el aumento" de la población escolar "no absorbido por las escuelas" llegó al 84,2% y fue el más alto de la república. Existían escolares en continuo aumento: lo que faltaban eran aulas. En la obra realizada en esta jurisdicción territorial no puede asentar, pues, la gloria de ningún gobierno. "

"...se necesitaron, sin embargo, treinta años, corridos entre 1863 y 1892, para completar en cada Estado Federal la trilogía de los institutos superiores de jurisdicción nacional: "los colegios secundarios", "las escuelas normales de mujeres" y "las escuelas normales de varones". En ese lapso se crearon 49 establecimientos, lo cual suministra un promedio de uno y medio por año; el tal no muy demostrativo de la preocupación del poder central por impulsar urgentemente la enseñanza elemental en un país cuyo Primer Censo acusaba un 72 % de analfabetos, y cubierto luego, por una inmigración que en su mitad carecía de todo rudimento de ilustración".

Es interesante también conocer los porcentajes sobre los presupuestos destinados a educación comprendidas las subvenciones a las provincias y establecimientos nacionales de enseñanza en las distintas presidencias: de Mitre 0,83%, Sarmiento 2,23%, Avellaneda 3,31%, Roca 5,42%, J.Celman-Pellegrini 4,45% y Sáenz Peña-Uriburu 3,61%. Ello permite afirmar que únicamente el 4% -como promedio- de los gastos nacionales se destinaban a la Educación Pública.

De acuerdo al Informe General sobre la Educación de la República del Ministro de Instrucción Pública del Gobierno de Avellaneda, Dr. Onésimo Leguizamón en 1875 sobre el déficit de la infraestructura escolar, por ejemplo en Bs. As. Sobre la existencia de 283 escuelas, de acuerdo a la población escolar faltaban 1508. En toda la República sobre un total de 1327 escuelas, faltaban 6880 escuelas para la población escolar.

Según el mismo Informe, las inversiones públicas en la educación primaria según el total del Presupuesto nacional de 1875 de pesos fuertes 21.4287.690, el total invertido en educación fue el 4,29% esto es $ 919.395. De acuerdo al Censo escolar de 1876 (Córdoba, Corrientes, Santa Fé, Entre Ríos) sólo el 18,3% de los niños en edad escolar recibía instrucción elemental (entre escuelas oficiales y privadas) y sobre 578 escuelas censadas había 847 maestros, por lo que cada maestro atendía un promedio de 31 alumnos.

Teniendo en cuenta el total de la población escolar y el promedio de alumnos concurrentes por escuela, veremos el número de escuelas que serían necesarias para que cada escolar tuviera un lugar disponible.... Déficit total de escuelas 3.444 = 496%

Del total de escuelas censadas (578) de ellas no enseñaban: el 17,5% aritmética; el 91,5% geometría, el 49,1% geografía argentina, el 61,1 historia argentina, el 27,7% gramática elemental, etc. Lo que demuestra que no había programas uniformes de enseñanza y que esta se impartía "a piacere". De esas escuelas no tenían: mapas: 17,1%; relojes: 65,7%, globos terráqueos: 83,5%, contadores: 72,1%, pizarrones: 45%, con textos escolares inadecuados para la enseñanza.

Porcentajes de alumnos que no estudiaban materias elementales: lectura: 17,1%, escritura: 23,4%, aritmética: 50,2%, geometría elemental: 96,6%, dibujo: 96,1%, geografía argentina: 77,1 %, historia argentina 85,4%, matemática elemental: 51,6%.

En 1887 en Buenos Aires había mas escuelas privadas (129) que públicas (109) y el 43 % de los maestros eran extranjeros.

El Censo Nacional de 1895 suministra como promedio de los estudios primarios en las provincias, el nivel de "segundo grado". El ciclo primario completo, necesario para ingreso a los estudios secundarios, existía solamente en las capitales y colegios privados pagos.

Si se hace una comparación entre los censos de 1869 y 1895, tenemos que sobre un total de 464.919 escolares, concurrían sólo al colegio 177.174 (38,2%), no eran absorbidos 287.745 niños (61,8%). Ese 61,8% representa el analfabetismo en el país en aquél momento.

Con respecto a la dedicación de los gobiernos de la "civilización" al tema de la salud de la población y tomando en consideración las cifras del Primer Censo Municipal de la Ciudad de Buenos Aires de 1887, Vedoya demuestra "la terrible situación ambiental y las insuficiencias asistenciales que debió padecer la niñez porteña, para que el 70,1 % del total de las defunciones argentinas, fueran de menores de seis años, es decir, ocurridas en la "edad preescolar". Y lo terrible para la perdurabilidad de la raza, fue que el 40 % de la mortandad total ocurría antes de cumplir un año de edad.

¿Estas cifras permiten cantar loas a alguna obra asistencial? ¿Alguien puede vanagloriarse de su contribución al desarrollo "normal" de la niñez argentina? Evidentemente abordado el problema de cerca y visto en la frialdad de los números, los resultados no condicen con los niveles de vida que debían existir en la capital de una sociedad civilizada, sino con el principio darwiniano, deshumanizado y salvaje, de la supervivencia de los más aptos.

Era la ley de la selva transformada en norma ciudadana".

Vedoya también menciona "la ley 1342, del 11 de octubre de 1883, -presidencia de Roca- que autorizó invertir "cien mil pesos en la adquisición de cereales para distribuir entre las clases menesterosas de La Rioja, Catamarca y San Juan", para rescatarlas de la total inanición... Recién por la ley 2423 del 6 de noviembre de 1888 -presidencia de Juárez Célman-, se autorizaron los doce mil pesos necesarios para pagar los fletes del auxilio que había de distribuirse. Ley que suponemos innecesaria por que el problema, sin lugar a dudas, había desaparecido por "la consunción natural" de las clases menesterosas... "

"Según el Censo Municipal de 1887, entre 1872 y 1887 trece enfermedades infecciosas computadas produjeron 19.712 defunciones y de ellas, tantas como 8.367, es decir el 42 %, se diagnosticaron producidas por la viruela. Si esto sucedía en la ciudad capital, donde se concentraba el mayor número de médicos y existía el mejor servicio hospitalario disponible, es de suponer los estragos que el mal ocasionaría en el resto del país. Y esta lamentable mortandad deberá atribuirse al desapego de los gobiernos por los problemas de salud pública, pues habían transcurrido ya ochenta años desde que el Canónigo Segurola introdujera la vacunación antivariólica. No obstante y todavía en 1906, según informa la Revista de la Dirección de Escuelas, se cerraban las aulas en Chivilcoy y Mercedes, nada menos, por la presencia del mal infeccioso. Y recién corridos cien años ...el Congreso sancionó, el 27 de agosto de 1903, la ley 4202 que "declaró obligatoria la vacunación y revacunación antivariólica en la Capital Federal y los Territorios Nacionales". De las provincias, seguramente a la zaga, no tenemos información.

Pareciera que para la mentalidad gobernante, lo mismo daba que la población muriera "naturalmente" de viruela o tuberculosis, que de extenuación por el exceso de trabajo mal retribuido".

Decía Juan Bautista Alberdi: "Falsificar la verdad de la historia, cada vez que no es lisonjera, cambiar el sentido de los hechos, agrandar lo que es chico, achicar lo que es grande, no es hacer un servicio al país y mucho menos a la instrucción de la juventud".